Este Fic es una adaptación del libro "Conspiración en la noche" de Jezz Burning la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Troll mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 20
Ichimaru llegó al hotel en menos de veinte minutos. Cruzó la puerta de entrada y se dirigió
directamente hacia los ascensores. Mientras esperaba, el recepcionista lo observó con
curiosidad pero una mirada bastó para que volviera a sus quehaceres. Su visita no tenía nada
que ver con el placer. La persona con la que iba a encontrarse era un viejo conocido, no un
amigo, sino un proveedor.
Vio sus ojos claros reflejados en el metal dorado que formaban los números de la habitación
quinientos diecinueve, mientras golpeaba a la puerta con los nudillos un par de veces.
—Soy Smith —dijo usando el nombre clave por el que lo conocía el ingeniero.
La puerta se abrió lentamente:
—Adelante, señor Smith. —El conocido hombrecillo que le había suministrado armamento
durante los últimos treinta años, mostraba las señales evidentes de la decadencia humana—.
Me gustó recibir un nuevo encargo suyo, hacía tiempo que no sabía nada de usted. ¿Qué tal le
va todo? —preguntó mirándolo por encima de sus gruesas gafas.
—Bien. ¿Ha tenido un buen vuelo?
—Magnífico. Viajar en primera es tan confortable. Ha sido usted muy considerado al tener en
cuenta estos viejos huesos. Le estoy muy agradecido
—No hay de qué.
—Parece que a usted el tiempo lo trata muchísimo mejor. No ha cambiado nada desde la última
vez que nos reunimos. —Ambos quedaron en silencio un segundo más. Ichimaru no estaba de
humor para cortesías y el viejo ingeniero lo captó enseguida—. Sé que tiene usted prisa así que
no le entretendré. Voy a buscar su encargo.
—Gracias.
El hombre abrió la puerta del armario y extrajo de ella una caja blanca decorada con un bonito
lazo color rojo, emulando una envoltura de regalo.
—Tenga, señor, he terminado de montarla hace unos minutos. Pasar la aduana no ha sido nada
fácil en los tiempos que corren.
—Me hago cargo. Mandaré que le ingresen una pequeña bonificación, por las molestias —dijo
mientras abría la caja y apartaba una maraña de delgadas tiras de papeles de colores, para
examinar el contenido con una sonrisa de satisfacción.
—¡Oh! Es usted muy amable, señor Smith.
—Es magnífica. Ha hecho un buen trabajo, como siempre —dijo mientras juzgaba el arma con
mirada apreciativa—. A primera vista cumple con todos los requisitos que le pedí.
—En efecto. He de añadir que no ha sido nada fácil pero, como puede ver, tampoco imposible.
—Una vez que la pruebe haré que le envíen el billete de vuelta a casa —informó mientras volvía
a cerrar la caja y ya se encaminaba hacia la salida—. Mientras tanto, disfrute de su estancia en
Estocolmo.
—Así lo haré —contestó el viejo a la puerta ya cerrada.
XXX
—¿Puedo verla? —preguntó verdaderamente interesada.
Ichigo le dedicó una mirada indescifrable. Rukia ya no mostraba las ganas de pelear de hacía
unos minutos.
—Está bien..., no se diga que alguna vez le dije no a una hembra —dijo Ichigo levantándose y
llevándose los pulgares a la cinturilla del pantalón.
—¡Para! —La risa del sueco resonó en la habitación—. Eres insufrible.
—Anoche no decías eso. —Rukia supo encajar la broma y sonrió.
—Quiero ver tu marca.
—Ya la viste —respondió el sueco volviendo a sentarse—. Recuerda que me preguntaste sobre
lo ocurrido con el portero del local de Kveld.
—Imagino que practicaste con él alguna de tus artes, pero no pude ver la marca, sólo un
resplandor verde.
—Ya tendrás ocasión. Ahora que sabes quién soy no tendré que controlarme para evitar que
surja.
—¿Cómo? ¿Me estás diciendo que tienes que esforzarte para ocultarla? —preguntó alucinada
—. Es increíble.
—¿Por qué?
—Porque con el resto de nosotros ocurre lo contrario. Lo extraño es que aparezca.
—Mejor. No es agradable sentirte como un anuncio ambulante de Heineken.
Ichigo se encogió de hombros. Siempre había poseído el don de leer las mentes de quien tenía
frente a él, igual que hacían los Dominantes. Siendo más joven lo tomaba como un reto a
superar ya que debía concentrarse mucho para lograrlo, pero el poder de hacerlo a más
distancia surgió muchísimos años más tarde.
De hecho, aún no lo controlaba completamente. Fue por entonces cuando notó también que su
marca aparecía en los momentos más inesperados. Se encerró durante varios días hasta que
logró someterla a su voluntad, aunque en ocasiones era casi imposible. Tratar de huir de Aizen
y preparar su regreso, operando desde las sombras, para ocupar el lugar que le pertenecía por
derecho con un letrero luminoso en la frente, no era la mejor estrategia para pasar
desapercibido.
—Vale. —Rukia se encogió de hombros imitando el gesto del sueco y Ichigo no pudo reprimir
una sonrisa—. ¿Y qué hay de Aizen? ¿Cómo supo acerca de ti?
—Fue durante su estudio de los integrantes del Consejo. Aizen puede ser un verdadero hijo de
perra pero nunca ha dado muestras de ser estúpido. Cuando inició su carrera hacia lo alto, supo
que necesitaría aliados y recurrió a los documentos de la raza para buscarlos. Estudio a cada
uno de ellos, sus líneas de sangre, sus vidas y cómo habían llegado a ocupar el cargo que
ostentaban. Y, por supuesto, recurrió también a los documentos para estudiar a su oponente:
mi padre.
—Así es como supo que tú eras...
—En efecto.
Rukia permaneció en silencio durante unos segundos, absorta en alguna mancha del suelo.
Carraspeó antes de hablar.
—Hay algo que no entiendo.
—Dispara.
—¿Por qué no haces con Aizen lo que hiciste con el portero del Fotavtrycket? Lo olvidaría todo
y se terminaría el problema.
—¿Por quién me tomas? ¿Por un satélite con armamento láser que puede disparar a cualquier
blanco por muy escondido que esté en el planeta?
—Bueno...
—No puedo hacer eso. Es cierto que puedo comunicarme mentalmente a bastante distancia,
pero tengo mis límites. Además, me es imposible hacerlo sin conocer el rostro del receptor y
jamás se lo he visto.
—¿Cómo es posible?
—Desde el mismo momento en que Aizen supo quién y qué era yo, tomó precauciones.
¡Imagínate lo que tiene que ser para un Dominante saber que hay alguien con más poder!
Alguien que podría terminar con sus planes con sólo leerle la mente, encontrar las pruebas
necesarias y hacer públicos sus trapos sucios.
—Por eso quiere matarte.
—Eso es lo que parece, ¿verdad?
—¿Me estás diciendo que no desea verte muerto? Yo lo desearía. —Ichigo arqueó una irónica
ceja—. Si estuviera en su lugar —aclaró atropelladamente.
—En realidad, sí, ése es el final que quiere para mí, después de robarme el alma, mi espíritu... —
La hembra lo miró sin entender sus palabras—. Existen una serie de... ¿Cómo los llamó el
indio? Rituales prohibidos o algo así, que mediante una oscura magia antigua permite a un lico
inferior robar el poder de otro superior a él. Piensa lo que conseguiría. Además de terminar con
su rival más peligroso, se alzaría como el más poderoso que existe en la raza.
—Pero jamás se ha oído que eso sea posible.
—Lo es, créeme. Aizen lleva intentándolo desde hace muchos años, siglos diría yo. Algún día
tienes que pedirle a Chad que te explique la vida de su padre, lo convirtieron en Original
precisamente para ese menester.
—Pero no es algo que todo el mundo sepa. Ni siquiera los naguales. Conozco a algunos y jamás
mencionaron nada semejante.
—Por eso se llaman rituales prohibidos —se burló.
—No seas idiota.
—Durante los años de gobierno de mi padre, Aizen se dedicaba al estudio de los antiguos
escritos y supo de la existencia de una serie de documentos que lo explicaban todo.
—¿Los robó?
—No —rio Ichigo—. No pudo hacerlo. Alguien se le adelantó.
—Explícame eso.
—Como te he dicho, yo también era asiduo a los archivos. Velkan, subordinado de Einar y un
Original charlatán natural de los Cárpatos, era el encargado del registro de cuantos retiraban
documentos para el estudio. Por él supe que alguien más, aparte de mí, se interesaba por los
más antiguos. Fue por curiosidad al principio que comencé a investigar el proceso de
documentación que llevaba Aizen y más tarde, cuando descubrí lo que se proponía, ya me
motivaba el mismo instinto de supervivencia. »No podía estar seguro de nada, pero... Explicar a
mi padre mis sospechas, no fue lo que se dice divertido. Aunque Aizen jamás ocultó que fuera
su oponente político en el Consejo, Isshin siempre ha creído en la nobleza de espíritu de
cuantos componen ese círculo.
—No te creyó.
—No.
—¿Y qué hiciste?
—Escapé cuando aún estaba a tiempo. No podía saber cuándo Aizen iniciaría su ataque contra
mí, así que puse pies en polvorosa antes de que fuera demasiado tarde.
—Bien hecho.
—Gracias. Lamentablemente acerté al pensar que ese cabrón no tardaría demasiado en dar el
golpe. Lo hizo utilizando a los Infectados. Esos excrementos de gusano hacen cualquier cosa
por el pago adecuado. No sé cómo, pero de algún modo, mi padre se percató de que algo
andaba mal en Skoktoster. Extrajo los documentos que hablaban sobre mí y cualquier otro que
sirviera para hacerme daño. Los entregó a Einar, su mejor amigo y confidente, un Híbrido
completo por lo que no dependía de un amuleto, para que los llevara lo más lejos posible de
Suecia.
—Mataron a tu madre.
—Lo sé y le arrancaré el corazón a ese hijo de puta por ello y por lo que le está haciendo a mi
padre —sentenció apretando un puño como si tuviera el mismo corazón de Aizen en él.
—Sabes dónde encontrarlo, cómo llegar hasta él, ¿por qué no lo has hecho ya?
—Porque tiene a mi padre. Antes tengo que sacarlo de donde está. Además, Aizen es uno de
los integrantes más importantes del Consejo, ¿cómo crees que sería recibido su asesino?
—Tienes razón.
—Pero nadie podrá rebatir a mi padre. Él es la prueba viviente de la conspiración de Aizen.
—¿Por qué lo mantiene con vida entonces?
Ichigo la miró casi con furia durante un segundo antes de levantarse y caminar hacia el panel de
las fotografías para pararse frente a ellas.
—Por dos motivos: le viene perfecto para mantenerme a raya y, además, Isshin es todo un
misterio para él. Y para muchos —añadió—. Ten en cuenta que tuvo descendencia con otra
Pura. —Ichigo no ocultó el dolor que le producía hablar sobre ese tema y agachó la cabeza un
par de minutos antes de recuperar la compostura. Rukia se acercó a él y puso una mano sobre
su hombro para confortarlo—. Comprenderás que no es agradable saberse el causante de las
desgracias familiares.
La Pura no contestó, prefirió ofrecerle el silencio como respuesta afirmativa. Respetó su
postura y no intentó seguir hurgando en una herida que al parecer aún estaba abierta.
—¿Y qué me dices de ellos? ¿De mí? —preguntó haciendo un gesto con la cabeza hacia las
fotografías—. Has dicho que formamos parte de algo.
Ichigo no contestó a la pregunta inmediatamente. Giró sobre sus talones y ocupó la butaca tras
el escritorio. Rukia permaneció de pie, observando atentamente cada uno de los rostros
fotografiados.
—Cuando escapé —comenzó el sueco a su espalda—, estaba completamente solo. La noticia de
la muerte de mis padres fue terrible, aunque no me pilló por sorpresa como puedes imaginar.
Era aún muy joven, no sabía qué hacer ni a dónde ir. Vagabundeé durante años, incluso tuve
que robar para sobrevivir. No confiaba en nadie y tampoco deseaba compañía de ninguna clase.
Mi único pensamiento era la venganza pero al no tener los medios necesarios para ello, la
impotencia no me dejaba salir de aquel círculo vicioso de odio, necesidad y dolor. »Pasados
varios años la angustia pareció apaciguarse un poco, al menos exteriormente ya que sentía su
latido dentro de mí permanentemente. Un puñado de años más y ya apenas podía recordar una
imagen nítida de mis queridos padres y la tristeza pudo más que ninguna otra cosa.
Esos tiempos fueron muy duros, llenos de rencor hacia mi propia raza y hacia mí mismo por no
haber intentado, con más empeño, hacerme oír por mi padre. »Después, traté de unirme a
alguna manada. No estamos hechos para estar solos ni aislados, nuestra propia naturaleza
clama la compañía, formar comunidades. Pero mis intentos de llevar una vida tranquila y
olvidarlo todo fueron en vano. Soy un Alfa, el Alfa con mayúsculas, se podría decir, e incluso
ignorándolo, el instinto sí parece saberlo. Por eso jamás logre encajar mucho tiempo en una
manada. Lo intenté muchísimas veces, en diferentes países, tantas que perdí la cuenta. Las
hembras se excitaban únicamente con mi presencia, con mi olor. Y, los machos... Me veía
involucrado en una pelea diaria hasta que decidía marcharme. Y vuelta a empezar.
Rukia sabía de lo que hablaba. Ella misma experimentaba esa atracción cada vez que Ichigo se
le aproximaba. Y si a ella, siendo Pura, le era imposible controlarla, podía imaginar en qué
estado sumía la cercanía del sueco a hembras de rango inferior, sobre todo aquellas que no
estuvieran emparejadas.
—Durante esos viajes —prosiguió—, una tarde en la que me alojé en una fonda en las costas de
Galicia, di con alguien a quien jamás imaginé volver a ver. Einar.
—El confidente de tu padre —dijo Rukia volviendo a sentarse, esta vez en el suelo.
—Así es. Recuerdo que me impactó mucho más ver el estado de abandono en el que se
encontraba que tropezármelo después de tantos años. Durante el tiempo que sirvió a mi padre
siempre había mostrado el señorío que guardaba su sangre humana como señor de Tavastia,
ahora estaba sucio, desnutrido y casi dado por completo al alcohol. Lo subí hasta la habitación
y lo acomodé lo mejor que pude. Entre balbuceos, sin preguntarle nada, me habló de la noche
en la que todo ocurrió y de cómo mi madre había muerto en los brazos de Isshin. Él pudo
verlo, escondido tras uno de los paneles que ocultaba una vía de escape que mi padre no quiso
utilizar. Por él supe que no había muerto sino que lo mantenían preso aunque ignoraba el lugar.
Y también supe por dónde comenzar a buscar y trazar el plan que llevo ejecutando desde
entonces. »Einar, había llevado los documentos a las costas de lo que después, con la llegada
de Colón, se conoció como el Nuevo Mundo.
—¡América!
—Sí. Me contó su periplo hasta llegar a aquellas costas, tan similares a las nuestras debido al
frío extremo. Me habló de sus habitantes, en particular de una; Nanue Nanook. Ella era chamán
de la tribu Inuit que las habitaba y la había amado durante el poco tiempo que permaneció con
ellos, o eso pude entender entre fuertes ataques de tos y balbuceos causados por la
embriaguez. A ella entregó los documentos y allí debía buscarlos.
»Después de su relato decidí que encargar algo de alimento, para llenar su estómago, era lo
mejor y me dio las gracias de una forma extraña. Le pregunté si me reconocía, si sabía quién era
yo. Einar me miró con ojos vidriosos y retomó su narración.
»Cuando bajé, el tabernero me sonrió y halagó mi buena voluntad. Comentó que aquel hombre
había llegado varios días atrás y no paraba de contar la misma historia a quien deseara
escuchar. Sin duda estaba loco de atar. El alcohol, dijo, hacía estragos en la mente del que caía
112bajo su dominio. No debía perder tiempo ni dinero con ese pobre desgraciado. Eso me hizo
pensar en cuántos habrían buscado a Einar y en que, si habían dado con él, como yo había
hecho, quizá Aizen también poseía la misma información.
—¿Lo ayudaste?
—Por supuesto. Era el único licántropo, después de cientos de años, que tenía alguna relación
conmigo y que podía arrojar un poco más de luz sobre el asunto que me interesaba: vengarme y
recuperar mi estatus.
»Tardé más de una semana en devolverle parte de su compostura. Aún recuerdo la mañana en
la que abrió los ojos y por fin me miró con reconocimiento. Si te digo la verdad, ya había
perdido la esperanza de encontrar un camino por ese lado. Sin embargo, cuando Einar me
reconoció pensé que finalmente los dioses se apiadaban de mí y me enviaban algo de buena
suerte.
—Jamás hubiera dicho que fueras creyente.
—Y no lo soy, sólo utilizo un poco de poesía para hacértelo más ameno —sonrió.
—Ya veo. —La sonrisa de Rukia fue de auténtico humor.
—Por mediación suya, conseguí afianzar el apoyo de algunos integrantes del Consejo que aún
eran fieles a mi padre y que jamás creyeron la patraña de su asesinato a manos de Infectados.
Gracias a ellos, tuve acceso a cierta información vital y a la riqueza personal de mi padre.
—De ahí que tengas propiedades.
—En efecto. Extraer sumas importantes de dinero habría llamado la atención de los aliados de
Aizen, así que las transacciones se realizan a través de agentes.
—Muy adecuado.
—Gracias.
—Continúa.
—Cuando estuvo todo a mi disposición, decidí que era el momento de comenzar a buscar los
documentos. Bajo las indicaciones de Einar, viajé hasta América para localizar al descendiente
de Nanue Nanook; Chad.
»Como te he dicho antes, Einar y Nanue mantuvieron un romance durante el tiempo que
estuvieron juntos, fruto de aquel interludio romántico nació una niña: Ideth.
—Extraño nombre para una nativa americana.
—En efecto, pero ten en cuenta que era mestiza, hija de un sueco. No sólo su nombre era
extraño, también heredó algunos rasgos físicos de su progenitor como unos hermosos ojos
verdes y otros imposibles de captar a simple vista, debido a la maldición que guardaba el alma
de éste; un amplio conocimiento del uso de las plantas para la curación y cierta inclinación por
la magia. »Aunque Einar se marchó para proteger el secreto del lugar donde se ocultaban los
documentos tal como mi padre le había pedido, jamás dejó de recibir información de la mujer a
la que aún amaba. »A través de esas noticias que le llegaban periódicamente, Einar supo del
emparejamiento de su hija con otro de nuestra especie: Attacullakulla. No hace demasiado supe
que Attacullakulla había sido convertido en licántropo precisamente por Nanue.
—Qué curioso.
—Si tú lo dices. —Ichigo se encogió de hombros antes de continuar.
—¿Quieres decir que hay gato encerrado?
—No puedo saberlo con seguridad, ya que Einar tomó todas las precauciones posibles, pero he
llegado a la conclusión de que quizá llegara a producirse alguna filtración, un chivatazo, una
traición. Es cierto que Nanue era bruja, chamán de su tribu, pero ¿cómo podía saber el
procedimiento de convertir a un humano a nuestra raza? Piensa en ello.
—¿A través de los documentos?
—Puede ser. Ya te digo que no tengo pruebas. Pero da qué pensar, ¿verdad? —Rukia asintió
—. Sea como fuere, la hija de Nanue, Ideth, terminó casada con ese hombre.
—¿Los padres de Chad?
—En efecto. Cuando logré localizarlo me inundó la felicidad. Había dado con el guardián de los
documentos ya que fueron pasando de Nanue a Ideth y a la muerte de ésta, a Chad. Sin
embargo, el destino me tenía preparado un nuevo obstáculo en el camino. Y de envergadura
considerable, he de añadir. »Attacullakulla había cometido el error de revelar su secreto a los
humanos de la tribu a la que pertenecía y eso dio lugar, a la larga, a un terrible enfrentamiento.
—No debió hacerlo, los humanos nos temen.
—No fue ése el caso. En realidad los humanos exigían que se les concediera el mismo don para
poder beneficiarse de nuestra fuerza y longevidad.
—Comprendo.
—La noche en la que llegué, Attacullakulla fue obligado a firmar un pacto que terminaría con su
muerte para poder salvar la vida de su hijo, un Híbrido convertido, para que sirviera a la tribu
como Skinwalker.
—¿Quién lo obligó? ¿Los humanos? ¡Imposible!
—El Consejo.
—¿Cómo? ¡Pero eso es un asesinato! ¡No es legal! ¡Es deleznable! ¡Lo vendieron!
—Así es, pero piensa en esa parte del Consejo que deseaba también hacerse con los
documentos. El Pacto firmado, obligaba a que el cargo de Skinwalker se renovara cada cierto
tiempo pasando de padre a hijo. Si no lograban arrebatárselos antes, sólo debían esperar a que
ese cambio se produjera.
—¡Cielos! Les ayudarías, ¿verdad?
—No.
—¿No? ¿Cómo pudiste? ¡Deberías haber hecho algo! —Rukia estalló de indignación.
—¿Como qué?
—No sé. Rebelarte. Luchar. Ayudarles —dijo con aspavientos.
—Hubiera sido una estupidez. Salir de mi escondite sólo hubiera supuesto echar a perder todo
lo que había logrado hasta el momento.
—¡Pero Attacullakulla murió! —exclamó enfadada.
—¡Muchos mueren durante una guerra! ¿Así libras las tuyas? ¿A cuántos has matado tú sin
preguntarte si tenían una vida, una familia?
—Eso es un golpe bajo —acusó.
—La muerte de ese licántropo fue un daño colateral. Además, no intentes cargarme un
asesinato del que jamás fui responsable. —Rukia no replicó—. Necesito que entiendas que es
mucho más importante recuperar mi lugar que ir salvando las vidas que los secuaces de Aizen
ponen en peligro para lograr su objetivo. Eso fue lo que llevó a Attacullakulla a la muerte, salvar
la vida de aquellos que después lo traicionaron.
—¿Qué hiciste entonces?
—Me limité a dejar que Chad cumpliera con el último deseo de su padre.
—¿Cuál fue? —preguntó Rukia ya con un tono de voz más bajo.
—Vivir bajo la tutela de quien le había salvado la vida en el pasado: Kaien. El fotografiado en
segundo lugar —dijo señalándolo.
—Allí.
