Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Desde el momento en el que la pregunta de "¿Tienes alguna fantasía?" se escuchó saliendo de los labios de Ochako, Katsuki supo que aquello no acabaría bien / Historia escrita para la actividad del "NSFW Kacchako Week".

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.

Modo de lectura: Todos los capítulos están relacionados pero el modo de leerlo, está preparado de tal forma que los títulos de cada capítulo, indica el verdadero orden de lectura. ¡Rompecabezas!

Advertencia: Contenido NSFW (no safe for work) o contenido sexual explícito. Lean bajo su propia responsabilidad.

Notas: Cada Capítulo está inspirado en una canción en particular, el cual está indicado en el título del mismo. / Call me devil – Frinds in Tokyo.


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CAPÍTULO 10 – La bella y el demonio.

(Día 7 – Juego de Rol)

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La noticia de que Bakugo Katsuki y Uraraka Ochako eran una pareja oficial causó furor en todo el instituto porque sencillamente, nadie podía creer que el bully número uno terminara saliendo con la dulce estudiante de segundo año. Bakugo estaba harto de escuchar las referencias de La Bella y la Bestia cada vez que se referían a ellos y Uraraka sólo reía por las expresiones que su novio ponía cuando lo comparaban con la bestia.

Pero muy en su interior, Ochako sabía que Katsuki tenía esa imagen de bestia por fuera pero era cálido y dulce por dentro, o al menos con ella.

―Deberían ir juntos a la fiesta de Halloween que organizará el tercer año ―dijo Tooru emocionada y no tardó en ser secundada por Momo y Mina.

―¡Es verdad! La fiesta es el viernes y podrían hacer disfraces de pareja ―comentó emocionada Momo―. Puedo ayudarles con eso.

―¿Tú y Jiro irán juntas? ―Preguntó Tsuyu entonces y el rostro de las dos jóvenes se coloreó de rojo―. Oh, ¿aún no lo hacen oficial?

―Es… Aún es un poco pronto ―ofreció Kyoka y Momo sonrió a su compañera―. Pero iremos juntas al baile.

―Entonces no es tan pronto ―codeó Mina―. Eiji y yo iremos como Beetlejuice y Lydia.

―Qué ingenioso ―dijo Tsuyu―. Tokoyami-kun sugirió ir como Edward Manos de Tijeras y Kimm Boggs.

―¡Se verán magníficos! ―Dijeron en unísono sus amigas.

El horario de receso había sonado y las jóvenes del curso 2-A se encontraban bajo un árbol, almorzando mientras la fiesta de Halloween que cada año ofrecían los alumnos del tercer año era motivo de emoción entre ellas, pensando en qué disfraces podrían llevar para lucir con sus parejas.

Uraraka sólo se mantuvo en silencio mientras sus amigas decidían los atuendos y cómo los confeccionarían para la tan esperada fiesta de Halloween; metida en sus pensamientos, imaginaba si Bakugo realmente querría ir a una fiesta y más si era de disfraces; conociéndolo no estaba segura de que accediera. Suspiró para sí misma porque al ser ya una pareja oficial, ella esperaba hacer cosas juntos; ir juntos a una fiesta de disfraces era algo que deseaba con ahínco.

―¿Hay algún problema, Ochako? ―Preguntó Tsuyu. Todas sus amigas volcaron su atención a ella, sorprendiéndola.

―¡Ah, no es nada! Sólo pensaba en si Bakugo accedería a acompañarme ―comentó apenada.

―Sería la primera vez ―comentó Jiro―. El año pasado se ausentó diciendo que las fiestas son una pérdida de tiempo.

―Típico de él ―colaboró Tooru.

―Bueno, éste año será distinto porque estás tú ―añadió Mina con una sonrisa―. Y si se niega, siempre puedes extorsionarlo con sexo.

―¡Mina! ―Explotaron las chicas.

―No todo puede solucionarse de ese modo ―dijo Momo recomponiéndose del sonrojo que la sugerencia de Ashido causó.

―Bueno, dile eso a la exprimidora que tienes por amiga, porque todos estos meses ha dejado seco al pobre Bakubro.

―¡Mina!

El receso continuó con tranquilidad posterior al último comentario de Pinky para que la campanilla que indicaba el culmino del horario de descanso, sonara y todos ingresaran a sus respectivos salones.


Bakugo frunció su ceño al mirar a su novia que con una fingida inocencia se llevaba un mochi a la boca, sonriéndole. La sugerencia de ir juntos a una fiesta de disfraces había sido lanzada y ella se encontraba sentada cómodamente junto a él, aguardando su respuesta.

―Ni siquiera lo pienses ―respondió tajante. Ochako hizo un puchero y él negó rotundamente―. Olvídalo, no me disfrazaré para una estúpida fiesta de disfraces.

A la salida de sus prácticas, se encontraban a las afueras de los dormitorios ya aseados con ropas casuales, solían dejar las instalaciones del instituto para caminar juntos por los alrededores; ella solía acompañarlo a comprar cosas del supermercado y él le terminaba comprando dulces para sentarse juntos en algún café a pasar el rato hasta que la tarde comenzaba a ceder espacio a la noche y la hora del toque de queda se aproximaba.

Esa tarde en particular, ella insistió para comer algo en la tienda de dulces que adoraba ir a comprar con la idea de pasar un rato juntos; las citas clandestinas para tener sexo como antes fueron incluidas por los encuentros a la luz del día y tarde y aunque él no estaba acostumbrado a las demostraciones de cariño en sitios públicos, tomaba su mano por debajo de la mesa o rodeaba los pequeños hombros de su novia con su brazo mientras terminaba su café.

―Oh, por favor, Bakugo ―insistió―, todos irán y las chicas con pareja tendrán disfraces en conjunto.

―¿Y qué disfraz sugieres para nosotros? ―Preguntó de mala gana. Ella parpadeó un par de veces, no sabía que accedería tan pronto―. ¡Aún no dije que iría! Sólo tengo curiosidad.

Los ojos de Ochako se iluminaron como los de una niña y enseguida, de su bolsón sacó una pequeña libreta en donde tenía anotado cosas personales, recordatorios, detalles para sí y su bendita lista de disfraces en pareja. Bakugo la veía tan emocionada que por un momento, sonrió sin que ella lo percibiera y es que le resultaba gracioso que la joven tuviese tantas facetas que podían conquistarlo, porque sabía, con ella no sólo encontraba sexo.

Había más. Mucho más.

―Bueno, como sabes, muchos nos llaman la bella y la bestia y pensaba que…

―No.

―Entonces, podría ser algo retro como Fred y Daphne, ya sabes, eres rubio y yo…

―Ni siquiera lo pienses.

―Ok… ¿Qué te parece algo sobre series viejas? Quería que fuese original, ¿recuerdas "Hey, Arnold?"

―Uraraka, cada sugerencia que tiras, es un rotundo NO. ―Ochako infló los cachetes molesta y él sólo dio otro sorbo más a su café sin prestarle atención o eso ella pensaba que volvió a enfrascarse en los mochi que tenía delante suyo; Katsuki la observó un momento―. Yo sugeriré los trajes ―no terminó de hablar cuando Ochako volteó a verlo con la emoción colmando sus expresiones aniñadas―, pero serán de verdaderos personajes de terror.

La emoción comenzó a menguar en las expresiones de su novia y él sonrió ante ello.

―Pero, no he visto ninguna película de terror.

―Eso se arregla ―respondió―. Ven a mi habitación ésta noche, tengo algunos en la laptop.

―Pero si tengo miedo, no querré dormir sola ―dijo. Katsuki le dedicó una sonrisa que la hizo sonrojar.

―Esa es la idea, Cara Redonda.

Ella no se mostró molesta con su invitación y él tampoco disimuló las ganas que tenía de que la noche se acercara para tenerla para sí.


Todos los alumnos fueron a sus respectivos cuartos terminada la cena, la conversación de la fiesta de Halloween, los preparativos, los disfraces, la música fue el centro de atención entre los estudiantes que hablaban emocionados sobre ello. Se sentía la algarabía inmersa entre ellos por la festividad cercana.

Por su parte, Ochako estaba feliz de que su fiesta de Halloween lo haría en pareja y que Katsuki accediera a disfrazarse con ella era un punto a favor para sí, el asunto estaba en qué película de terror la haría ver esa noche para decidir el atuendo que llevarían juntos.

Aguardó a que todos estuvieran dentro de sus cuartos para circular por los pasillos en camino al cuarto de su novio y cuidando de no ser descubierta, tocó su puerta un par de veces. No pasó ni dos segundos antes de que Katsuki le abriera y la jalara a su interior. Ella rio por lo bajo ante la efusividad de su novio, él la acorraló contra la puerta de su cuarto una vez cerrada y la observó un momento.

―¿Lista para el terror, Uraraka? ―Preguntó en un susurro que la hizo morderse los labios.

―No tengo opción ―respondió y él besó sus labios después―. ¿Qué película veremos?

―Una italiana. ―Bakugo tomó su mano para guiarla a su cama en donde se encontraba la laptop del joven. Ochako tomó asiento en el colchón y se acomodó sin esperar más―. Uraraka ―llamó. Ella lo miró con curiosidad y él le acercó un pequeño bolsón de papel color madera―, me adelanté y te compré tu disfraz.

―¿Disfraz? ―Preguntó―. Creí que decidiríamos de qué iríamos después de ver la película.

―Ya lo decidí ―respondió y ella frunció su ceño al mirarlo―. De hecho, póntelo. Quiero ver cómo te queda.

―¿Ahora? ―Él asintió―. ¿Y la película?

―La veremos ―dijo acercándose a ella peligrosamente, Ochako comenzaba a sentir el cosquilleo que se concentraba en sus partes bajas cada vez que Katsuki usaba esa voz y esa mirada en ella―, pero luego de que te pongas el disfraz que te compré.

―De acuerdo. ―Ella tomó el bolsón de papel y poniéndose de pie para probárselo, se dio cuenta de lo que venía en el interior―. Eh… Bakugo… ―Sacó un conjunto de lencería negra, un vestido de encaje negro con un escote, medias finas con ligas pero lo que realmente llamó la atención de Ochako fue…―. ¿Un tocado de monja?

―Es lo que hay ―respondió con diversión.

―Bakugo, no me vestiré de monja.

―Es Halloween.

―¡Pero es una monja prostituta! ―Katsuki rodó los ojos ante sus palabras.

―Me vestiste de perro para cogerme el otro día, ¿lo olvidas? ―Preguntó cruzado de brazos. Ochako se sonrojó.

―Habías dicho que podía hacer contigo lo que quisiera… ―Ella comenzó a acercarse, poniendo ese rostro que sabía que calentaba rápido a su novio―. ¿O no te gustó?

―Sabes que sí ―se rindió―, pero accediste a que yo elegiría los disfraces para ir a la puta fiesta de Halloween.

Ochako aspiró profundo para responder pero sabía que Katsuki había ganado. Dejó caer sus hombros, vencida. Bakugo se acercó a ella e introduciendo sus manos por debajo de la tela de sus shorts, apretó sus nalgas despacio, acercándola contra él.

―¿No quieres jugar a algo? ―Susurró contra su oído, recorriendo su oreja con sus labios para ir mordiendo un poco su lóbulo. Ochako dejó escapar un suspiro y una risita―. Vamos, prometo que te divertirás.

―Bien, pero no usaré esto en la fiesta ―respondió a su insistencia. Katsuki apretó su trasero en sus manos.

―Claro que no… Esto es sólo para mí ―dijo mordiéndole el cuello; Ochako suspiró ante su tacto brusco, compartió una sonrisa con su novio y asintió.

Bakugo se alejó de ella, dándole espacio para que pudiese cambiarse frente a él y Uraraka, sin apartar los ojos del joven, llevó sus dedos a la tela de su playera y lo fue subiendo despacio hasta finalmente, enseñar su cómodo sostén deportivo que usaba para dormir, no había ya conjuntos atrevidos bajo sus prendas pero no había forma de negar que en los ojos rubíes de Katsuki, él seguía hallando sexy todo lo que ella tuviese puesto.

Su playera y su sostén terminaron en el suelo y el siguiente en el camino de sus manos fueron sus shorts cortos de algodón, los desajustó en su cintura y fue bajándolos aunque con un poco más de rapidez quedándose sólo con su ropa interior rosa. Bakugo se relamió los labios al verla en ropa interior frente a él como si fuera la primera vez que lo hacía y saberse deseada hasta ese punto, la hacía sentirse aún más confiada de sí misma.

―¿Dónde has conseguido éste traje? ―Preguntó Ochako extendiendo el vestido al cuerpo con un gran escote que terminaba atándose en el pecho como un corsé.

―¿Me dirás donde conseguiste el atuendo sado? ―Preguntó Katsuki y ella rio por lo bajo―. Entonces, tampoco te diré de dónde compré esto.

―No seas egoísta ―respondió colocándose el vestido que se adecuaba a su cuerpo a la perfección, el collarín blanco no llegaba al pecho, permitía que sus senos estuviesen expuestos y sobresalientes gracias al corsé que poseía el vestido―. Si te hace feliz, Yaomomo me lo hizo.

―¿Involucraste a tus amigas en tu retorcido juego? ―Bakugo dejó la cama para ponerse de pie frente a ella, sonrojado hasta las orejas al oírlo.

―Ellas no sabían que eran para ti, tonto. Ni siquiera que yo lo usaría. Les dije que tenía un encargo para alguien, intenté pagar por ello y por su tiempo pero ella no quiso aceptarlo. ―respondió dándole la espalda―. Ayúdame con el hábito―. Él se acercó a él para abotonar tras su nuca el collarín y ayudarla a colocar el hábito―. Sólo Mina sabía que nos encontraríamos en ese motel, así que me ayudó a reservarlo poniendo el nombre falso de una mujer mayor.

―Carajo, eres más retorcida de lo que pensaba, Uraraka ―rio Katsuki. Ella se cruzó de brazos.

―Y así me quieres. ―Bakugo dejó de reír un momento para observar su espalda, no dudó en abrazarla por detrás, apegando sus labios a su hombro descubierto―. Bakugo, me haces cosquillas.

―Llámame por mi nombre ―dijo él aún apegado a su piel.

―Pero te llamé por tu nombre, Bak…

―Mi nombre. Dilo… Ochako ―susurró. El escuchar su nombre en sus labios con esa voz grave la hizo sonreír. Era la primera vez, en todos esos meses que llevaban intimando, que él la llamaba por su nombre.

―Katsuki ―respondió. El abrazo del joven se hizo un poco más fuerte, podía sentir su calor rodeándola cada vez más―. Hazme tuya, Katsuki…

Escucharla decir esas palabras caló fuerte en él, se abrazó un poco más a ella y la hizo girar hasta tenerla frente a él, no tardó en besarla con las ganas que crecían en su interior cada vez que sus rubíes orbes se encontraban con los otoños ajenos. Ochako lo atrajo más a él jalando de su playera, estrujando su tela y rogándole porque no parara, que no dejara de hacerle sentir de ese modo.

―Aún no empieza el juego, Ochako. ―La interrumpió Katsuki, frenando el beso. Ella lo miró con el ceño fruncido, claramente para ella el juego había iniciado desde que comenzó a quitarse sus ropas―. Vamos, no pongas esa cara.

―¿Qué quieres jugar ahora?

―Lo mismo que hicimos en el motel ―respondió―, pero otro juego de rol.

―¿Por eso querías ver esa película conmigo? ―Preguntó y su novio asintió a su pregunta―. ¿De qué trata? Puedes resumírmela porque ya no creo que pueda aguantar al final.

Katsuki rio, tomó su mano y la guio a la cama para hacerla sentar. Él se mantuvo de pie ante ella y se quitó deprisa la playera que tenía puesta, enseñando el arnés utilizado la vez que ella lo dominó, pero a diferencia de aquel día, él no llevaba medias finas ni nada similar; se quitó los pantalones enseñando un conjunto de ropa interior oscura.

―Me gusta cómo te queda el cuero, Katsuki.

―Lo sé. ―Sonrió con socarronería―. Pero aún falta un detalle.

El rubio se dirigió a su escritorio y bajo una tela oscura, sacó a relucir un juego de cuernos negros similar a los de un carnero pero un poco más pequeño. Uraraka parpadeó un par de veces sin saber qué tipo de juego extraño quería realizar su novio.

―¿Seguro que la película que querías ver era de terror?

―Es italiana ―reiteró―. Es erótica.

―Bien, cuéntame de qué trata. ―Uraraka se puso de pie para caminar hacia él―. Imagino que eres un tipo de demonio o algo similar.

―La historia va así, la protagonista es una monja que se termina enamorando de un granjero pero a consecuencia de una enfermedad, el hombre termina muriendo… ―Las manos de Katsuki fueron a los hombros de su novia, acariciando la piel visible―; ella no puede soportar vivir sin él así que una noche, un demonio se acerca a ella para ofrecerle un trato, ―a cada palabra dicha por Katsuki, iba caminando y ella retrocediendo, hasta acorralarla contra la pared de su cuarto―, a cambio de traer al alma de su amado una noche al año, ella debe complacer al demonio con su virgen carne el resto del año.

La voz de Katsuki iba agravándose a medida que el relato iba avanzando y su tacto recorría sus brazos hasta volver a subir a los senos expuestos de la mujer, acariciando sutilmente con el dorso de sus dedos, sus erectos pezones. Ella no podía apartar su mirada de la rojiza frente a él, sus labios se entreabrían ante cada palabra y el tacto que iba haciéndola ceder de a poco.

―¿Ella acepta? ―Preguntó en un susurro.

―Tú dímelo… Hermana ―dijo Bakugo apretando uno de sus pezones, indicándole que el juego había iniciado―. ¿Qué me darías a cambio del alma de tu amante?

Ochako exhaló un suspiro al sentir cómo su pezón era presa de sus dedos, se mordió los labios sin dejar de mirar al joven ante ella, intentando pensar en cómo continuar el juego.

―No tengo nada para ofrecerte… ―Susurró y una de las manos del supuesto demonio, acudió a su cuello, apretándolo entre sus dedos―. Ah… ―No podía negarlo, la brutalidad del juego estaba excitándola cada vez, ver a su novio infundado en el rol del dominante demonio la ponía más y más húmeda―. Por favor… Soy una simple mortal…

―Adoras a un patético dios, el mismo que te quitó a tu amado ―respondió apretando un poco más su agarre.

―¡Él lo hizo para apartarme del pecado! ―Respondió exaltada, haciéndolo sonreír―. Nunca haría algo tan ruin como pactar con un ser oscuro como tú.

―¿Y crees que una simple mortal puede resistirse a un demonio? ―Acercó sus labios a su barbilla y deslizó su lengua desde su cuello hasta el inicio de sus labios―. No me tientes, hermana.

―Soy una fiel sierva de dios. Nunca podría…

―¿Nunca? ―La interrumpió riendo. Él dejó de jugar con su pezón, alejó su mano de éste y fue hacia la parte baja de su vestido introduciendo su mano entre sus piernas―. Tus sucios pensamientos me invocaron, hermana. Sé con lo que fantaseabas mientras ibas a ver al estúpido mortal… Soñabas con que te hiciera esto ―dijo acariciando con sus manos su intimidad y apartando un poco su ropa interior, introdujo sus dedos bajo ésta, acariciando sus labios superiores―. Cuán húmeda está, hermana. ¿Acaso esto no es pecado también?

―Blasfemo… Yo no… ―Ochako comenzaba a ceder ante los dedos que Katsuki utilizaba para acariciar sus labios inferiores, podía sentir su índice colándose entre ellos hasta rozar su entrada que no dejaba de gotear―. No te temo… Podrás tocar mi cuerpo, pero nunca mi alma…

―Puedo tocarte muchas cosas, hermana ―dijo antes de arrodillarse ante ella, levantó más su vestido hasta el inicio de sus caderas y bajó su ropa interior lo suficiente para que ella pueda abrir más las piernas―. Y no sólo me devoraré su alma.

―No se atreva… ah… ―Muy tarde, él comenzó a lamer su intimidad, apretaba con sus manos sus muslos para separarlos más, hincaba sus uñas en sus carnosas piernas e introducía cuanto podía de su boca en su vulva, degustando el sabor que su humedad le permitía―. ¡No, deténgase! ¡Soy un templo puro!

Katsuki subió una de las piernas de Ochako contra su hombro abriéndole más las piernas y así, lamer el clítoris de la joven, introduciendo sus dedos a su vagina mientras la estimulaba. Ochako intentaba sostenerse por la pared, sus piernas se sentían débiles ante tanto placer recibido, comprendía por qué el juego de rol era tan efectivo para el erotismo y es que fingir esas escenas de poder, el intentar no ceder ante su novio y sentir su brutalidad, le sabían tan sucio, ella se sabía sucia, más atrevida y deseaba aún más.

―No te escucho quejándote, hermana. ¿O acaso estás reconsiderando mi oferta? ―Preguntó. Ochako no podía hablar, estaba demasiado concentrada en recibir el placer que la boca de Katsuki le daba.

―No… Nunca me entregaría por voluntad propia ante un ser despreciable… Ah, dios… Dete… Detente… ―Las manos de Ochako fueron a los cuernos de Katsuki y sentirlos tan puntiagudos le generaba más realismo y placer por partes iguales. Jaló su cabello, cada oleada de placer, ella estrujaba las hebras rubias entre sus dedos y trataba de reprimir sus gemidos―. No… Para…

―Sabes que no miento, tu cuerpo siempre deseó ser tocada como una mujer ―seguía diciendo Katsuki sin dejar de penetrar su vagina con dos de sus dedos―. Puedo darte más que el alma de tu amado… Puedo darte el placer que ningún mortal podrá darte nunca.

―Más… Más fuerte… ―Pedía sin medirse, Katsuki sonreía y aceleraba sus dedos―. Ah… Ya casi… Más, muérdeme…

Él así lo hizo, volvió a acercar su boca a su clítoris y lamiéndolo con más ganas, su mano libre pellizcaba la piel de su muslo, ella gemía ante cada pinchazo y pedía más. Bakugo mordió ligeramente su clítoris y luego siguió lamiéndolo sin dejar de penetrarla. Ochako no tardó en venirse en sus dedos exhalando un gemido largo y pronunciado, abrazándose a sus cuernos pero a pesar de eso, él siguió estimulándola.

―Ah… Detente… Ser maligno… Monstruo…

―¿Acaso no te gustó esa sensación? ―Katsuki se puso de pie, apresó las muñecas de Ochako por encima de su cabeza con sus grandes manos y la observó a los ojos con esa intensidad que podía hacerla flaquear fácilmente―. Dime la verdad, si no te ha gustado, si no lo has disfrutado, te dejaré en paz… Me iré y nunca volverás a ver a tu amado granjero.

Ella guardó silencio un momento pero bajó la vista al suelo fingiendo sumisión, le dedicó un asentimiento lastimero que causó gracia en él.

―¿Qué significa eso? ¡Habla!

―Yo lo… Lo he disfrutado… ―Susurró. Katsuki dejó de apretar sus muñecas y encaminó sus manos hacia los pechos de su novia apretándolos, estrujándolos suavemente, sintiéndolos como le gustaba hacerlo.

―Entonces, ¿qué quieres que haga?

―Tráeme el alma de mi amado… ―Respondió cerrando los ojos, el tacto de Katsuki la excitaba tanto.

―¿Qué me darás a cambio, Hermana?

Uraraka mostró un rostro afligido para comenzar a descender hasta acabar apoyada sobre sus rodillas y con sus manos, acariciar la erección notoria de su novio por encima de su ropa interior, lo acarició con sus manos y luego apoyó sus labios contra éste, elevando sus ojos a los rojizos del joven que cada movimiento hecho por su novia, se excitaba más y más.

―Me postraré ante tus pies noche tras noche, me entregaré a ti en cuerpo y alma y rezaré por tu alma de rodillas ―dijo con tono sensual sin dejar de mirarlo con los ojos del papel que interpretaba en aquel juego de roles―. Seré tuya si traes a mi amado a mis brazos aunque sea por un día.

Bakugo podía jurar que con aquel diálogo dicho por Uraraka, casi terminó viniéndose; carajo que la joven había encarnado el papel de la casta monja y eso lo ponía más caliente que nunca, además de verla sumisa ante él. No, no podía esperar más para cogerla.

La tomó del brazo y la levantó del suelo, Ochako lo miró con duda, pero al hacerla girar para acabar con su pecho contra la pared, supo que no habría más por hacer. Sonrió para sí al tiempo que Katsuki levantaba aún más su vestido, ella obedeció a los impulsos de su novio, se agachó un poco más permitiendo que él tenga mayor vista de su húmeda vagina y de ese modo, él no tardó en penetrarla.

―Pactemos entonces, Hermana ―dijo Katsuki en un gruñido, se sentía tan bien sentir el estrecho espacio de Ochako abrazando tan crudamente su carne―. Ah… Te haré mía todas las noches… Hasta el cansancio… Hasta que las mejillas de tu dios se enciendan y se corra de sólo verme cogiendo a su hija.

―¡Ah, blasfemo! ¡Demonio! ―Gemía Ochako intentando sostenerse de la pared, se sentía tan bien el cómo Katsuki la penetraba, con esa fiereza suya, diciendo esas cosas mientras apretaba con sus manos sus caderas, jugaba con sus pechos que rebotaban ante cada embestida.

La velocidad fue aumentando, ambos gemían a la par, diciendo el nombre del otro; Ochako rogaba porque sea más fuerte, que lo hiciera más rápido y él nunca se hacía para atrás ante sus palabras. Sentir la piel de Ochako, escuchar sus gemidos, absorber el aroma a su sexo entremezclado con el suyo, su sudor reinando la habitación era el complemento ideal que hacía que todo sea aún más placentero.

Él detuvo sus movimientos por momentos, salió de su interior y la llevó a la cama, se sentó sobre el colchón y la hizo abrir las piernas para ubicarse en su interior, la siguió penetrando entonces. Ochako se abrazaba a él, abrazaba sus cuernos y repetía lo maldito que era para hacer algo tan ruin. Él disfrutaba la actuación de su novia, se sentía sumamente embebido en su belleza y en la confianza que demostraba, finalmente, ambos podían ser tan sucios y retorcidos como quisieran con el otro porque, aunque no se hayan dado cuenta de ello, estaban hechos el uno para el otro.

―Katsuki… ―Gemía su nombre y él sólo podía besarla con más ganas, adoraba escucharla decir su nombre, adoraba que lo gimiera de ese modo―. Ah, ya no puedo soportarlo más…

―Yo tampoco ―respondió. La ayudó a acomodarse sobre la cama, de rodillas al colchón enseñándole su trasero para finalmente correrse en su interior―. ¡Ah, Ochako! Mierda, qué bien se siente…

Estuvieron un momento disfrutando de los espasmos que el orgasmo les causó antes de que él saliera de su interior y la ayudara a acostarse en la cama. Él le quitó su hábito y su collarín y ella desajustó el arnés de su pecho y también sus cuernos. Se miraron dulcemente y rieron por lo bajo. El disfraz de cada uno cayó al suelo, el juego había acabado. Katsuki la abrazó y ella se dejó contener en su cuerpo.

Desnudos, agotados, enamorados. Así se sentían.

―Entonces, ¿de qué iremos disfrazados a la fiesta de Halloween? ―Preguntó Ochako mientras peinaba el cabello de Katsuki con cariño. Él la observó un momento en silencio.

―Caperucita y el lobo, supongo ―dijo Katsuki y la sonrisa de Ochako iluminó su rostro. La muchacha se abrazó con fuerza a su novio―. Es mejor que lo de la bella y la bestia.

―¡Sí! Será un disfraz muy bonito ―Dijo Ochako subiéndose sobre su pecho para acostar su cabeza contra éste―. No creí que accederías.

―Lo haré si llevas arnés puesto. ―La sonrisa de Katsuki se amplió al reconocer el sonrojo en las mejillas de su novia.

―¿Frente a los demás? ¡Los maestros me verán con eso!

―Así es, si no, no hay trato ―aguijoneó divertido. Ochako dejó escapar un suspiro dramático haciendo un puchero infantil.

―Bien, pero sólo porque me gustas demasiado, Bakugo Katsuki.

Y el del sonrojo fue el rubio que no esperaba esas palabras. Ochako comenzó a reír para besarlo y relajarlo.

―Tonta ―respondió besando sus labios. Si supiera que él ya había aceptado mucho antes porque sólo deseaba hacerla feliz y si ir a una estúpida fiesta de disfraces la haría sonreír de ese modo, él se pondría el maldito juego de orejas peludas en la cabeza.