Parte 8 Alma de Fuego
─Capitana, aterrizaremos en cinco minutos.
─Perfecto. Quiero pedirles una cosa: en cuanto bajemos, ustedes deben sobrevolar el área señalada para el duelo a la distancia que les indicaré apenas arribemos. Si reciben mi señal, vayan por nosotras; pero si ya han pasado más de seis horas y no tienen señal nuestra, entonces váyanse. ¿Entendido?
─Sí, capitana.
Setsuna fue a su camarote, seguida de Hotaru.
─Bonito discurso. Muy inspirador ─bromeó Hotaru, a veces Setsuna era demasiado seria.
─¿Podrías ir por Kino y por su amiguita?
─Claro, no tardo.
La joven de ojos violeta fue al camarote de Kino, tocó la puerta pero no le abrieron. Insistió una vez más y de nuevo no hubo respuesta. Tuvo que forzar la puerta para poder entrar y, oh, sorpresa...
─Kino, ya llega...
Se encontró con ambas acostadas en la cama, dormidas, desnudas y abrazadas. Enrojeció por completo.
─... mos.
La primera en notar la intromisión fue Minako, que se sentó en automático mientras bostezaba. De inmediato, Hotaru les dio la espalda para no seguir viéndolas.
─Tomoe ─murmuró Minako, sorprendida y cubriendo su cuerpo y el de su acompañante con una sábana.
─Lo siento... No quise... Bueno ─estaba muy apenada─. Este... Ya prepárense, hemos llegado a Urano, aterrizaremos en unos minutos.
─Um. Sí, gracias, yo despertaré a Makoto.
─Con su permiso.
Hotaru huyó de inmediato y regresó con Setsuna. La joven mujer adivinó lo que Hotaru había visto, le bastó con verla nerviosa y aun roja de pena hasta las orejas. Imposible no notarlo siendo Hotaru tan clara en todos los sentidos.
─¿No te habías dado cuenta? ─le preguntó, burlona.
─No... Yo creí que sólo eran amigas ─se cubrió el rostro.
─Ay, Hotaru, aún te falta crecer.
─¡No digas eso...!
Hotaru se disgustó un poco mientras Setsuna soltaba una ligera carcajada.
Por fin aterrizaron. Dejaron la nave y montaron una carroza, ahora en dirección al punto acordado. Si no pudieron acercarse más en la nave fue porque no había zona segura para que aterrizara la nave, Urano era in sitio con montañas y picos muy altos y escarpados. Sería un largo día de viaje. Las cuatro se notaban nerviosas, se acercaba la hora final.
~ o ~
─Ami, Rei, ¿están listas?
─Sí, maestro.
─¿Michiru?
─Sí, ya estoy preparada.
─Perfecto, ve a recibir a nuestras invitadas, ustedes dos vayan a sus posiciones ─las tres obedecieron al acto. Haruka sonrió y sacó su espada─. Hora de pelear...
~ o ~
La entrada de la guarida cavernosa de Tenou era muy vistosa, demasiado llamativa, pues pudieron verla con claridad incluso antes de llegar. La carroza se fue y las cuatro se acercaron a la entrada, donde una joven de cabellos marinos, que les era completamente desconocida, les esperaba.
─¿Quién eres? ─le preguntó Setsuna.
─Soy Michiru Kaiou, su guía, gusto en conocerlas.
Y Michiru se percató que había alguien más en el grupo de retadoras. Más o menos se daba una idea de quién era.
─No la esperábamos a usted, Señorita Aino, pero bienvenida. Ahora síganme y no se alejen o podrían perderse en el laberinto.
La obedecieron, no muy confiadas.
Pero eventualmente le confiaron por completo su camino. Ese sí que era un verdadero laberinto. Oscuro hasta el último rincón, repleto de engañosos pasajes y cuevas, abismos y peligrosas trampas por doquier. Solo la luz de la antorcha de su guía daba una tenue luz a todo. Caminaron hasta topar con una puerta metálica. Michiru se detuvo y les dio las instrucciones a seguir.
─Detrás de ésta puerta les espera una de las discípulas del Amo Tenou, sólo una de ustedes podrá retarla. Será un duelo justo de uno contra uno. Si logran derrotarla, seguiremos muestro camino. Ahora, decidan quién será la primera en pelear.
Las cuatro se miraron entre sí, pero la primera en hablar fue Minako.
─Yo pelearé primero, confíen en mi.
─Minako, ten cuidado.
─No te preocupes, Makoto, déjamela a mi.
─Más vale que lo hagas bien, niñita.
─¿Niñita?
Makoto sujetó a Minako antes de que se lanzara sobre Setsuna.
─Muy bien ─dijo Michiru, abriendo la puerta─. Señorita Aino, su contrincante será...
La puerta se abrió por completo, escupiendo sobre ellas una tremenda oleada de asfixiante calor. Lo primero que admiraron, una vez que se acostumbraron al calor, fueron las decenas de piras que salpicaban el piso del gran salón. Entre todo ese fuego se levantaba una figura femenina.
─... Rei.
Ahí estaba, la chica de cabello negro y ojos de fuego, les miraba con furia y los brazos cruzados.
~ o ~
─Alma de fuego. Ella es fuego puro y ardiente.
Haruka se encontraba sobre en su cojín púrpura bebiendo un poco de vino. No sabía con exactitud quién sería la primera en pelear del grupo de Kino, pero sí sabía que su primer oponente sería Rei.
Rei. Rebelde, visceral, explosiva, sanguinaria... Capaz de controlar el fuego a su total y completo antojo. Fuerte y ágil. Desde pequeña demostró ser toda una fiera a la hora de pelear, no se rendía. Terca a más no poder. Extremadamente peligrosa.
Sonrió.
Rei era única e imparable, no podrían vencerla.
─Alma de fuego, quémalas a todas.
~ o ~
Minako hubiera deseado pelear primero contra Ami, pero Rei parecía igualmente peligrosa. Apretó los puños y se preparó mentalmente para iniciar la pelea. Ahora vería si valió la pena entrenar tan duro, comprobaría si en verdad merecía el corazón de Makoto y la confianza de su familia. Se adentró a aquel infierno y sostuvo la mirada azabache de aquella joven.
─Estoy lista ─dijo Minako en pose ofensiva.
Rei sólo la miró. Esa rubia era del clan Aino, una familia de poderosos ninjas. A primera vista no lucía tan peligrosa, pero prefirió no confiarse ante esa desconocida. Ami le contó que, la vez que se encontró con ella, no le costó trabajo mandarla a volar, pero la misma Ami supuso que le fue relativamente sencillo atacarla porque la rubia estaba distraída, quizá por eso fue fácil. Se les había enseñado a no confiarse.
─Comenzaremos cuando quieras ─murmuró Minako.
Rei sonrió. Era hora de pelear.
Un aura roja rodeó el cuerpo de Rei dejando boquiabiertas a todas, con excepción de Michiru. Daba la impresión de ser una pira viviente. Las llamas se alzaban con fuerza y sólo ayudaban a ver más sobrenatural a la discípula de Tenou.
Minako contempló a Rei por un par de segundos que parecieron una eternidad, pero no tardó en sacar su habitual sonrisa burlona. Comenzó a concentrarse y su aura naranja la rodeó por completo. Sus compañeras estaban asombradas, hasta Michiru lucía un gesto de sorpresa, pero Rei se mantuvo seria, como si eso no le impresionara en lo absoluto.
─¿Lista? ─le preguntó Rei en pose ofensiva.
─Cuando quieras.
La primera en moverse fue Rei. Corrió hasta la rubia y le soltó un par de puñetazos, golpes que Minako esquivó con visible velocidad. La chica de fuego, sin perder el tiempo, siguió atacándola con golpes y patadas. Minako los evitó todos, percatándose de lo peligroso que sería si alguno la tocaba. Ya tenía un plan: cansaría a Rei para después usar sus técnicas secretas. En ese momento agradeció a la suerte no haber peleado primero contra Ami, pues Rei era un poco más lenta que ella.
Ahora sí, Rei estaba asombrada de buena manera, la única persona que podía esquivar sus ataques con tal facilidad era Ami, y aparecía esa chica con esa gran velocidad para decirle que también podía hacerlo. No obstante, no estaba preocupada, aún tenía mucho por mostrar.
─¡Mi turno! – gritó Minako, contraatacando.
Una lluvia de golpes cayó sobre Rei y ésta los evitó todos, dejando sorprendida a Minako.
Pasaron varios minutos intercambiando golpes y patadas hasta que ambas se detuvieron para tomar un poco de aire y planear otra cosa. Lucían agitadas.
─Eres increíble ─dijo Rei con seriedad, casi respetuosa─, pero no has visto nada.
─Tú tampoco, querida ─respondió Minako, sonriendo.
─¿Qué te parece si nos dejamos de tonterías y atacamos de verdad?
─De acuerdo.
Volvieron a concentrar sus auras. Rei fue, de nuevo, la primera en atacar.
─¡Mándala Ardiente!
Una serie de esferas de fuego salieron de sus manos en dirección a la ninja. Minako estaba sin habla. Logró esquivar algunas esferas, pero otras le dieron de lleno, lanzándola contra una pared.
─¡Minako!
─¡Bien hecho, Rei!
La chica de fuego sonrió al ver que la rubia estaba malherida. El Mandala Ardiente era una técnica ancestral del dios de la guerra, Ares, que se encontraba descrita en un viejo pergamino que Haruka encontró. como Rei era adecuada para usar esa técnica, Haruka se la enseñó, ayudándola a controlar su aura y su elemento natural: el fuego.
~ o ~
─¡Rei, inténtalo de nuevo!
La pequeña Rei concentró su aura y metió sus manos al fuego. Al principio el fuego no le hacía nada, pero no tardaba en encontrar a la intrusa y expulsarla de su territorio quemándole las manos. Llevaba todo el día y la tarde haciendo eso, sus manos le dolían mucho, sin contar que estaban muy malheridas y llenas de ampollas.
Reprimió unas lágrimas de dolor, sin quejarse, y trató de mantener sus manos en el fuego; pero no resistió mucho y las sacó de inmediato.
─Descansa un poco, Rei ─le dijo Haruka con un tono casi paternal─. Vas muy bien. Ve con Michiru para que te cure, está con Ami en la cascada.
─Sí, Amo, gracias.
─Estás mejorando, te aseguro que muy pronto serás tú quien le diga al fuego qué hacer y cuándo hacerlo. Él te obedecerá, sólo debes ser más fuerte y domarlo.
─¿Usted cree que pueda hacerlo, Amo?
─Claro.
Rei sonrió y asintió con la cabeza, feliz, antes de ir a la cascada. Desde que Michiru vivía ahí, su amo se había vuelto más cariñoso. Ciertamente seguía siendo muy estricto y severo, pero era más tierno y cálido a la hora de darles ánimos. Deseaba dominar esa técnica a cualquier costo.
~ o ~
─¿Qué te pareció mi Mándala Ardiente? ─le preguntó a Minako al ver que intentaba ponerse de pie.
─Eres increíble, lo reconozco, pero ésta pelea aún no acaba.
Minako se recuperó y se dispuso a atacar. Concentró su aura, era hora de usar el Rayo Creciente. Rei se lanzó sobre la rubia y le mandó varios golpes, mismos que Minako esquivó una vez más.
─¡Me toca! ─gritó Minako, tomando a Rei por la espalda─. ¡Rayo Creciente!
La chica de fuego sólo sintió cómo el rayo de luz le atravesaba la pierna derecha. Pese al dolor no gritó pero sí cayó de rodillas al suelo. No esperaba un ataque así.
─¿Rayo Creciente? ─preguntó Setsuna, genuinamente asombrada.
─Es una de las técnicas secretas del Clan Aino ─explicó Makoto─. ¿No lo recuerdas, Meiou? Un ninja de ese clan estaba con nosotras durante la guerra contra Beryl, usó esa técnica muchas veces.
─Cierto, un ninja rubio, muy callado ahora que hago memoria.
─No pensé que Minako la supiera.
─Es increíble ─murmuró Hotaru.
Rei se repuso al dolor y se puso de pie, encarando a la rubia. Lucía molesta. Minako estaba satisfecha consigo misma, su técnica era perfecta. Tenía la esperanza de vencer a Rei.
─Si crees que con eso vas a derrotarme, estás muy equivocada ─le dijo en voz baja.
─¿Y qué piensas hacer?
─¡Mándala Ardiente!
De nuevo, decenas de esferas de fuego salieron disparadas hacía Minako, y de nuevo las esquivó, pero Rei apareció detrás de las esferas y logró conectarle varios puñetazos en todo el cuerpo. Minako gritó, los puños de Rei eran como hierro candente. Al verla atontada, la discípula de Tenou aprovechó para volver a atacar con su técnica.
─¡Mándala Ardiente!
─¡Aaah!
Minako quedó en el suelo, todas las esferas le dieron de lleno.
─¡Minako!
─No es bueno jugar con fuego ─murmuró Rei, contemplando el malherido cuerpo de la ninja─, podrías quemarte.
Minako no daba señales de vida. Makoto estaba aterrada al igual que Hotaru y Setsuna. A pesar de que su pierna sangraba copiosamente, Rei aún podía moverse con facilidad.
─Creo que su amiga ya no puede pelear ─dijo Michiru con gesto satisfecho─. ¿Quién sigue?
Makoto, furiosa, estaba a punto de contestar cuando...
─¡Eh, espera, aún no me voy!
Todas quedaron sin habla al ver que Minako se ponía de pie, lastimosamente, pero lo hacía.
─Sólo tomaba un descanso.
─Oh, veo que te gusta el dolor ─sonrió Rei con malicia.
─No exactamente ─respondió Minako con una sonrisa similar.
Rei cerró los ojos y se concentró.
─¡Mándala Ardiente!
De pronto, ante el asombro de todas, Minako dio un gran salto en el aire, evitando por completo el ataque, y volvió a disparar, aprovechando su posición sobre su rival.
─¡Rayo Creciente!
El rayo de luz atravesó la otra pierna de Rei. La chica estaba anonadada por la sorpresa. Minako aprovechó para repetir su ataque varias veces, hiriendo todo el cuerpo de la chica.
─¡Rei, resiste, no te rindas!
─¡Bien hecho, Minako!
Pero Rei ya no podía moverse ni mantenerse en pie. Cayó de espaldas al suelo. Minako se acercó a Rei y le apuntó a la cabeza, justo en medio de los ojos. La chica de fuego le retó con la mirada, la ninja permanecía seria.
─Hazlo ─murmuró Rei─, termina con esto, mátame.
─Yo no asesino, no es mi estilo matar a la gente. Ya no puedes moverte, te he vencido.
─No salgas con esas tonterías y mátame.
─¿Tanto es tu deseo de morir?
─Ya lo dijiste, me has vencido. Soy débil y mi Amo detesta a la gente débil. Si no me matas tú, mi Amo lo hará.
─Tú no eres débil ─le susurró Minako, ya de cerca podía ver lo joven que era Rei─. Por poco y me derrotas, es sólo que has estado peleando del lado equivocado.
─Cállate y lárgate de aquí, ¿tú qué vas a saber de esto? Si no piensas matarme, entonces vete.
Minako sintió genuina pena por ella, pero se alejó. Un poco tambaleante en sus pasos, regresó con sus compañeras, cayendo sin fuerzas en los brazos de Makoto.
Michiru estaba sin habla. Esa ninja había derrotado a Rei, no podía creerlo.
─Estuviste increíble, Minako ─le dijo Makoto al oído─. Estoy orgullosa de ti.
─Te dije que te sorprenderías.
─¿Estás bien?
─Sí, pero bastante cansada. Rei por poco y me vence.
La chica de cabellos marinos recuperó la compostura y se dirigió a las retadoras, tratando de olvidarse de Rei pero sin lograrlo del todo.
─Continuemos, les espera su siguiente rival.
Las cuatro siguieron a Michiru, mientras ésta miraba a Rei de reojo, la miraba con tristeza.
Continuará...
