¿Cuánto puede cambiar la vida de una persona en medio año?

Nada, muy poco o demasiado, eso siempre dependerá de las circunstancias y factores externos que escapan a su control, pero lo que influye aún más son las decisiones que se tomen.

Es por eso que la vida de nuestro rubio protagonista ha dado un giro imprevisible, abriéndose a nuevas experiencias, permitiéndose el sentir y dejar aflorar diversas emociones.

De ser un rebelde sin causa, buscapleitos y enteramente dedicado a sus amistades, ahora es un poco más centrado y mantiene una relación amorosa muy prometedora con el chico que en primera instancia llegó a considerar un rival.

Así pues, empezaba la penúltima semana de clases, la desesperación porque el ciclo finalizara y diera paso a las vacaciones era palpable en el ambiente. Los alumnos transitaban por los pasillos buscando el pretexto para perder el tiempo, total, las ultimas notas ya habían sido entregadas.

Naruto caminaba esa mañana con rumbo al comedor acompañado de sus fieles amigos, a excepción de su novio y Suigetsu, quienes habían sido solicitados por el profesor Itachi para que le sirvieran de apoyo en actividades referentes a la próxima ceremonia de graduación.

Resultaba extraño que no se apoyara de los alumnos de tercer grado, pues estos se paseaban ya muy campantes por el colegio, especialmente Deidara, que no superaba el hecho de haber obtenido notas lo suficientemente altas como para estar entre los 5 mejores promedios se su grupo.

—A partir de ahora deberán llamarme Deidara-senpai —indicaba señalando al resto con los palillos entre sus dedos—. No, mejor refiéranse a mi como Deidara-sama ¿Me están escuchando simples mortales?

—¡Ay ya Dei! Que me tienes mareado con ese tema —profirió Naruto completamente hastiado—. Todos sabemos que si no fuera porque estás loquito por mi cuñad… por Itachi, jamás hubieras intentado tomarte en serio las clases, ni cumplir con las tareas-ttebayo.

—Además de que no lo hizo solo… —agregó cierto pelirrojo de forma casual.

—¿Y tú de qué lado estás, Danna?

—De ninguno, pero tu hermano tiene razón.

Fue necesario cambiar de tema antes de que el par desatara una guerra de la que nadie saldría bien librado, solo continuaron almorzando y hablando sobre asuntos concernientes a sus vidas personales. Como que Hiashi Hyuga les permitió tener un noviazgo a HInata y el Inuzuka, entre muchas otras noticias más.

De las cuales, a comparación del resto de los ahí presentes, Naruto no estaba enterado, porque bueno, todos sabemos con quien comparte la mayor parte de su tiempo.

—No tenía idea, chicos —admitió rascándose la nuca bastante apenado—, pero indudablemente me alegro mucho por ustedes.

—Gracias, N-Naruto-kun…

—Pues claro, cómo vas a saberlo si nos has abandonado por completo —Kiba reclamaba desde su lugar interrumpiendo el agradecimiento de su novia— ¿Sabes? El amor te está cambiando ¿Qué no eras tú el que decía que los amigos deben ser primero…

—K-kiba-kun no le digas esas cosas a Na…

—No, Hinata. Déjame hablar —se giró encarando al rubio—. Yo entiendo que ahora tienes pareja pero oye, que no has hecho a un lado por completo. Además, no me dejarás mentir al decirte que Sasuke es bastante amargadito y eso se contagia…

—¡Kiba! —increpó Shikamaru para que cerrara la boca de una vez por todas al ver como Naruto cambiaba por completo su expresión alegre. El Inuzuka le miró—. Ya cállate.

Solo entonces, Kiba fue capaz de darse cuenta de la mirada de desaprobación que todos los presentes le dedicaban, todos menos el rubio que ahora se encontraba algo desanimado.

Para Naruto existía la posibilidad de que las palabras de su amigo tengan algo de razón, pasar tanto tiempo con Sasuke le resultaba agradable aun desde antes que entablaran un noviazgo. No obstante, esto también le orillaba a distanciarse en cierta medida de los demás y no porque el otro se lo prohibiera, sino por voluntad propia.

La situación actual le recordó aquella frase que alguna vez escuchó decir a su madre:

No pongas todos los huevos en una misma canasta…

Pese a que posiblemente ella lo aplicaba a otros ámbitos, ahora a él le servía para comparar su posición.

—Tranquilo, Naru. Lo que dijo Kiba no es verdad, en realidad a todos nos agrada que te estés dando esta oportunidad —le decía Gaara al notar su aflicción.

Pese a que ya nadie más agregó nada al respecto, la incertidumbre en su corazón ya había despertado.

¿De verdad estaba descuidando a sus amigos de toda la vida solo por una relación?


De regreso a las clases, Sasuke llegó al aula para integrarse a esta junto con su fiel amigo peliblanco. Apoyar a su hermano les llevó más tiempo del planeado y ya ansiaba volver para compensar el tiempo que no pudo pasar con el Namikaze durante el almuerzo.

Él está completamente enamorado.

Hechizado, perdido, fascinado.

Totalmente atrapado en las redes y los encantos de ese rubio atolondrado, quien es con el único que puede bajar la guardia, derribar todos los muros de su arrogancia y permitirse sentir.

La magia del primer amor le ha pegado de lleno para bien o para mal.

El viento que se colaba por las ventanas mecía suavemente los cabellos dorados de ese chico que mantenía el rostro ladeado hacia afuera, como si su cuerpo estuviera ahí pero su mente en otro lado.

—Naruto —le llamó colocándole una mano sobre el hombro.

El nombrado tardó unos instantes en devolver su atención al presente, encontrándose con Sasuke ya en su sitio, observándolo con cierta preocupación en sus profundos ojos negros.

—Hola —susurró— te has atrasado, más tarde te presto mis apuntes si quieres.

—Claro… ¿me extrañaste? —preguntó el azabache con voz tierna de manera que solo el pudiera escucharlo.

—Solo te desapareciste dos horas-ttebayo.

—¿Me tomaste el tiempo? Vaya, eso es un sí.

—Bastardo —espetó tratando de atestarle un golpe pero Sasuke lo evadió.

Así era su relación, donde quizás el rubio no expresa sus sentimientos con palabras cursis o amorosas, pero su lenguaje corporal lo delata. La manera en la que se ruboriza y la mirada tímida, son pequeños detalles que solo Sasuke podría provocar en él.

Después de un rato, Asuma-sensei salió del salón para hacer quien sabe qué cosa, esto permitió que el salón se saliera de control. Algunos alumnos comenzaron a armar relajo, a platicar, a mover sus asientos para agruparse. En fin, lo común en esos casos.

Ahí fue donde el Uchiha aprovechó para acercarse más a su pareja y tratar de descubrir que le ocurría este día, pues lo veía ausente, como absorto en sus propios pensamientos. Algo demasiado extraño tratándose se Naruto.

No dijo nada, solo se acomodó frente a él y lo analizó con detenimiento. Una punzada en su interior le alertaba, le incitaba a pensar que algo andaba mal con su chico de ojos azules.

¿Será culpa suya?

En silencio repasó sus acciones en los últimos días, pero no pudo recordar nada que estuviera causando esa actitud en el contrario. En realidad, seguía esforzándose por transmitirle seguridad e infinito amor a pesar de que ya ha logrado llegar muy lejos con él.

No debía permitir que terminara por creer que no iba en serio, mucho menos después de aquel momento tan íntimo y especial.

—Sasuke… —la delicada voz de Naruto lo hizo reaccionar, pues ahora él también estaba divagando— ¿Te molestaría si…—

—¿Si qué? —interrumpió dirigiendo su entera atención hacia él.

—Si yo… quisiera pasar la tarde con los chicos jugando videojuegos en lugar de…

—A ver… ¿Me estás pidiendo permiso o yo estoy alucinando? —inquirió confundido y el rubio solo agachó la cabeza encogiéndose de hombros tímidamente—. Si serás dobe…

Eso era todo, el chico quería pasar un rato con sus amigos como en los viejos tiempos y Sasuke puede comprenderlo a la perfección. Lo que no entendía del todo es qué le hizo pensar que debería pedirle consentimiento para hacerlo.

—Naruto, soy tu novio, no tu dueño ni algo por el estilo —prosiguió inclinándose para acariciarle la mejilla—. Estás en todo tu derecho de hacer lo que gustes, yo no me voy a molestar.

—Bah, me haces sentir como un tonto-ttebayo —expresó haciendo un puchero.

—Lo eres —el azabache sonrió ladinamente y el rubio frunció el ceño—. Estoy bromeando y lo sabes… Diviértete con los chicos, de todas formas yo tengo que ir a hablar con Itachi al terminar las clases.

—Vale.

—¿Estamos bien?

—Claro que si…

Dejando ese problema de lado, pudieron darse un pequeño beso ignorando el bullicio a su alrededor.

—¡NARUTO y SASUKE! ¡VAYAN A LA DIRECCION AHORA MISMO!

La parejita se separó de golpe, solo para ver como cierto individuo de dientes afilados y cabello blanco comenzaba a carcajearse junto al resto.

Solo era Suigetsu siendo Suigetsu.


Al haber finalizado la jornada escolar de ese día, cada uno salió del aula con destinos diferentes, no sin antes dirigirse una mirada de complicidad que servía para confirmar que más tarde pasarían un rato juntos. No tenían necesidad de palabras para esos detalles.

Su noviazgo aún estaba en los primeros meses, por lo tanto era natural que pasaran la mayor parte de su tiempo solo ellos dos, o por lo menos así es como el azabache lo percibía. Lamentablemente por parte del rubio aun había una espinita que le desconcertaba de vez en cuando.

Aunque si hay algo que este no podía negar era el cambio de actitud del Uchiha, donde el mayor beneficiado resulta ser el´.

Sasuke le ama, lo protege, se interesa en todo lo concerniente a él, le da su lugar. Aunque es cierto, su personalidad es algo que no varía mucho, pero admite que ahora es incluso más sociable que al principio.

—Adelante, caballeros —enunció burlesco Kiba y con una reverencia les invitó a pasar.

El lugar era un muladar, tanto así que, si hubiera una competencia por el sitio más insalubre del colegio, con seguridad seria la habitación de ese cuarteto. Bolsas de papas, botellas de refresco, ropa sucia y sobres de comida para perro engalanaban el interior.

Pero bueno, nada que no se pudiera arreglar.

Solo patearon lo que hiciera estorbo y pronto se hallaban acomodados sobre las camas para una tarde de videojuegos y frituras como hace mucho no se permitían.

Media hora después, cierto pelirrojo observaba en dirección al rubio, que se esforzaba por integrarse a la plática y mostrarse interesado en lo que ahora hacían los demás.

—Naru —le llamó y este inmediatamente volteo para verle— ¿Te diviertes?

—Claro, cómo no hacerlo-ttebayo

—Yo creo que no —opinó Sai despegando la vista de uno de sus preciados libros. El solo estaba ahí debido a la insistencia del resto —Debiste pedirle que viniera.

—Sai tiene razón —apoyo el pelirrojo—. Él también es parte de este grupo tan… diverso —Gaara no pudo evitar reír con lo último.

—Iba a hacerlo, pero Sasuke tuvo que ir a ver Itachi.

—Entonces envíale un mensaje para que venga cuando se desocupe.

—Vale —dijo Naruto sacando su celular entusiasmado con la idea, pero arrepintiéndose al instante— ¿Saben qué? Mejor voy a buscarlo —volvió a poner su teléfono en el bolsillo derecho de su pantalón y se dirigió hacia la puerta— Ya regreso.

Con el ruido de la puerta todos se giraron para ver, pero el Namikaze ya había echado a correr.

—¡Ay el amor! —soltó Suigetsu con un suspiro prolongado.


Las ya tan acostumbradas charlas con su querido hermano mayor cada vez lo perturbaban más, cuando no era un consejo o sugerencia que implicaba hacer el ridículo y doblegar su orgullo por el dobe, era alguna decisión alocada en relación al otro rubio desquiciado.

Un día de estos recibiría una llamada del extranjero avisándole que Itachi y Deidara se escaparon y contrajeron matrimonio en las Vegas… bueno no, esperaba que no llegaran a los extremos.

Si es que el extremo no era el que su hermano planeara vivir con ese rubio estrafalario, pero ese no será problema suyo. Cada quien se complica la vida como mejor le parece.

En su caso, ha elegido hacerse novio de un sol que quema todo rastro de su raciocinio. Su Naruto.

—Sasuke Uchiha —el profesor Kabuto se detuvo frente a él cargando unas cajas con libros en su interior— ¿Me harías el favor de llevar esto a la biblioteca? ¿Sí? Bueno, te lo agradezco.

El docente ni siquiera le dio oportunidad de oponerse y él lo único que deseaba era llegar al dormitorio. Cargó las cajas con cuidado sorprendiéndose de lo pesadas que estas eran.

—Ah, se me olvidaba… —el mayor prosiguió hablando—. La señorita Haruno está acomodando los libros en los estantes, le das una mano también.

Kabuto le dio la espalda sin esperar respuestas y a Sasuke no le quedó más que resoplar frustrado.

¿Desde cuándo tenía cara de mandadero?

¿En qué momento se colocó un letrero en la frente con la leyenda "Se hacen favores"?

¿Qué no era suficiente su cara de culo para repeler a los demás?

Maldiciendo mentalmente, caminó al lugar que el profesor cuatro ojos le indicó, una vez ahí dejó las cajas sobre otras que se encontraban apiladas al fondo, supuso que este las había acarreado hasta ahí, pero se aburrió y le dejo todo el paquete a él.

Qué conveniente.

Paseó su vista hasta toparse con una figura de cabello rosado que caminaba de aquí allá, clasificando los libros y posteriormente colocándolos en el anaquel correspondiente. Para su sorpresa no se encontraba nadie más ahí, ni siquiera la bibliotecaria.

—Me mandaron a ayudarte —Sasuke habló, era más una aclaración que otra cosa.

—¿En serio? —dijo Sakura bajando de la escalerilla que le permitía alcanzar más altura—. Gracias a Dios.

—Hm

—Bien, te explico. En esta caja hay libros de biología…

En un par de minutos la chica pudo explicarle como ir acomodando el resto de los textos, él no se opuso pues así terminarían más rápido y pronto estaría de regreso con Naruto.

Se mantenía enfocado en la labor, pero aun así fue capaz de percibir la mirada insistente de la pelirosada, llevaba un buen rato observándolo de reojo aparentemente de manera disimulada.

—¿Qué me vez? —cuestionó.

—Oh, disculpa —desvió sus ojos verdes algo avergonzada por haber sido descubierta—. Es que…

—Si así como me miras, acomodaras los libros, hace tiempo que habríamos terminado —le cortó algo irritado.

Ella solo asintió y se dispuso a trabajar más rápidamente, aunque no por mucho…

—Sasuke-kun…

—¿Qué?

—Eres el novio de Naruto ¿no es así?

—Sí

—Y… —Sakura vaciló— mmm…¿Cómo les va?

El Uchiha dejó lo que estaba haciendo, se recargó contra el estante más cercano y se cruzó de brazos. Nunca le ha gustado que la gente trate de hurgar en su vida personal, ahora muchos menos en su relación con el rubio.

—Escucha Sakura… —la mencionada dejó el libro que tenía entre sus manos y centró toda su atención en el—. Tengo entendido que fuiste la mejor amiga de Naruto durante muchos años y puede que ahora estés tratando de retomar ese lugar, pero hay cosas que no se pueden arreglar con un simple lo siento. Ahora, te agradecería que no te metas en nuestros asuntos.

Fue sincero. A lo largo de su corta vida, probablemente, esta era de las pocas veces en las que soltaba más de una simple oración.

La Haruno entreabrió los labios con asombro, el tipo era directo, nada parecido a su antiguo amigo rubio.

—Vale, lo siento —tímidamente se acercó hasta quedar a un par de pasos de el—. Es solo que…

—Será mejor que no invadas mi espacio personal —amenazó al empezar a sentirse incomodo, pero ella parecía no escucharle.

—Olvídalo —dijo suspirando profundamente—. ¿Sostendrías la escalera mientras subo para dejar estos? —señaló un conjunto de libros a su izquierda.

El Uchiha no dijo nada, solo tomó la escalera por ambos lados y Sakura subió. Dejó los libros en el sitio designado y comenzó a descender con calma, pero dio un paso en falso haciéndole resbalar.

Sasuke no vio venir algo así, por lo que sus fuerzas flaquearon y acabó yéndose de espaldas, terminando con la chica encima suyo. El que se llevó todo el impacto fue el.

El golpe en su cabeza fue leve, más fue suficiente para aturdirlo. Cerró los ojos apretándolos con fuerza y cuando los abrió, la jovencita aún permanecía sobre él, al parecer no tenía intenciones de apartarse.

—¿Podrías hacerte a un lado? No eres precisamente liviana

— Yo… lo siento —en lugar de ponerse de pie, la chica deslizó una de sus manos sobre el rostro del azabache. A este, importándole poco parecer grosero, se la apartó de un manotazo.

— ¡Que te levantes, Sakura! —bufó.

— No puedo… Esto no es justo. Yo- yo también… —se inclinó un poco más hasta quedar a centímetros de su cara—. Yo también merezco tener a un buen novio…

Antes de que los labios de Sakura alcanzaran a rosar los suyos, Sasuke la empujó sin ninguna delicadeza, no pensaba permitir ser besado por alguien más. Mucho menos por la mujer que se supone pretendía retomar una amistad con su rubio novio.

Aun así, fue tarde.

Porque al ponerse de pie vio una silueta salir de la biblioteca, alcanzó a distinguir esos inconfundibles cabellos dorados y temió lo peor. Por su parte Sakura si había visto a la perfección de quien se trataba y salió corriendo de ahí antes que él.


Una vez en el pasillo, Sakura corría a todo lo que sus piernas le permitían, para su suerte el chico tropezó levemente y eso le hizo perder velocidad.

—¡NARUTO! —gritó —¡ESPERA! ¡POR FAVOR!

El nombrado no supo por qué, sin embargo decidió detenerse y darse media vuelta hacia ella, dándose la oportunidad de ver cómo su "amiga" comenzó a caminar y pararse delante suyo algo agitada.

—No es… lo que… parece —explicó tratando de normalizar su respiración.

—Tengo suficiente con lo que vi —señaló sin ninguna expresión el particular en su rostro.

—No, claro que no Naruto. Tienes que escucharme, por favor.

—¿Cómo? ¿tengo qué escucharte? —el rubio sonrió irónicamente—. Claro, tal como tú lo hiciste aquella vez ¿no? Dejarte hablar, así como tú me lo permitiste cuando creíste que yo te había quitado a Gaara… ¿Así, Sakura?

La Haruno se quedó sin palabras, todo lo que ahora salía de la boca del Namikaze era completamente indiscutible. Ella nunca le dejó hablar en su momento, solo lo culpó, lo abofeteó, renunció a una amistad de tantos años y a partir de ese instante solo se dedicó a hacerle la vida imposible.

A inventar rumores, a insultarle, a declararle una estúpida guerra sin sentido por alguien que de todas formas no regresó con ella.

—¡¿Por qué debería escucharte?! —continuó ahora encolerizado Naruto— Dame una sola razón que sea completamente válida, Sakura.

—Porque tú no eres como yo ¿o sí? —espetó—. Eres una buena persona, alguien mucho más inteligente y racional que yo.

Sakura sabía de sobra que, un método para hacer a Naruto ceder es halagarlo de una manera sutil, eso le funcionaba muy bien durante sus días de infancia, cuando quería que el chico le ayudara en algo así fuera por un simple capricho.

—Buen intento, lo admito… —las facciones del chico se relajaron un segundo solo para volver a fruncir el ceño con fuerza—, pero no vas a ver la cara de idiota, ni tu ni él. Ganaste Sakura, te has podido desquitar por algo que no fue mi culpa, pero en fin… puedes quedarte con Sasuke como premio por tu esfuerzo e irse a la mierda los dos agarrados de la mano.

Y así retomó su huida al ver que alguien, aun mas indeseable, avanzaba en dirección a ellos para alcanzarlo.

Era Sasuke, quien en un segundo pasó al lado de Sakura dispuesto a detener a Naruto así fuera a la fuerza. No podía permitir que se hiciera ideas erróneas, no ahora cuando todo iba de lo mejor entre ellos.

El corredor nunca le pareció tan largo como en ese momento, corrió manteniendo su vista enfocada en la espalda de aquel rubio que de un momento a otro dejó de andar como alma que lleva el diablo.

«El que no arriesga, no gana. Y si tú no te arriesgas, te van a ganar…»

Detenido justo en medio del pasillo, Naruto recordó aquellas palabras.

¿Qué es lo que el ganó?

Se arriesgó solo para que le vieran la cara de idiota, para quedar como un completo estúpido y darle la oportunidad a Sakura de seguir haciéndole la vida de cuadritos. Y pensar que venía todo ilusionado a buscar a su flamante noviecito mientras el…

No pudo evitar sentirse asqueado, sucio, usado, burlado. No necesitaba saber más nada, la escena anterior captada por sus ojos azules, era suficiente.

Al demonio con la frasecita trillada de su hermana.

Al demonio con los consejos de Shikamaru.

A la mierda todo. Empezando por Sasuke.

Si ese Uchiha quería sentirse un ganador, el sería quien le diera el premio por semejante esfuerzo.

Armándose de valor, Naruto calculó cada movimiento para lo que planeaba hacer a continuación. Esperó solo unos segundos y se dio media vuelta en cuando el azabache estuvo lo suficientemente cerca.

—Dobe, déjame explicarte cómo fueron…

Naruto no escuchó ni dudó, solo empuñó su mano y asestó un golpe rápido pero certero en el rostro del chico que se suponía lo amaba como a nadie.