➼ 08. LA NOCHE ES BELLA
La lluvia había dejado de caer y Ace no podía parar de comer, realmente tenía bastante hambre después de pasar tanto tiempo persiguiendo a esos malditos pajarracos que no se dejaban capturar. Aparte la peligris había hecho un buen trabajo cocinándolos.
—Oe, ¿no te comerás aquello? —señaló con un movimiento de cabeza pero ella negó de inmediato y rápidamente tomó la última pieza que quedaba.
—A veces me pregunto cómo una persona puede comer tanto —comentó al aire mientras se recargaba en el tronco tratando de reparar su blusa y Ace se sintió avergonzado al recordar lo que había pasado.
—Lamento lo de tu ropa —se disculpó con la boca llena y ella soltó un suspiro.
—Te dije que no te metieras entre esos arbustos y yo de tonta te seguí.
El pelinegro había estado persiguiendo a las aves; eran grandes, tenían un plumaje blanco demasiado reluciente, su pico era negro y tenían pequeñas garras. A primera vista pensó que sería fácil, aunque Suki le reiteró más de una vez que eran ágiles como advertencia, él no le hizo caso.
Lo que provocó que cayeran entre raíces de árbol papel quién sabe cuántas veces y por ende terminaron embarrados de lodo, aunque lo peor de todo había sido que el pecoso se metió entre unos abundantes arbustos verdes sospechosos y —aunque ella tenía la ligera idea de qué eran— le había pedido que no entrara pero él no le hizo caso, al final terminaron envueltos por arbustos enredadera.
Por instinto, Ace terminó quemando cada extensión de la enredadera, dejándola en cenizas en un dos por tres, pero lo que no tomó en cuenta fue que Suki también estaba ahí y sin querer terminó quemando una pequeña parte de la falda de ella y la blusa estaba medio achicharrada y con algunos pedazos rotos por las enredaderas.
Ahora ella estaba tratando de reparar el tirante derecho roto pero no estaba teniendo éxito alguno.
—Creí que sería fácil atraparlos —se excusó.
—Y yo te dije que no era así.
Ace dirigió su mirada de nuevo hacia ella y vio que había hecho un nudo en el tirante pero la blusa le había quedado dispareja, aunque bueno, la parte de abajo estaba asimétrica por lo quemado y estaba seguro que el lado de la espalda tenía uno que otro agujero.
—¿Cómo es que sabes tanto?
Suki dejó de tratar de arreglar la blusa porque sabía que ya no tenía reparación alguna y lo miró.
—Dai me ponía a leer, decía que era muy inquieta y la única manera de mantenerme calmada era dándome libros —relató—. Pero los únicos libros que me gustaban eran sobre animales y plantas, todo lo que tuviera que ver con la naturaleza en sí.
—Eso es genial —halagó—. Marco también sabe muchas cosas, tiene muchos libros en su cuarto, estoy seguro que te los prestará.
—La otra vez me prestó uno de plantas medicinales, Marco es muy amable.
—Cuando entré a los Piratas de Barbablanca, Thatch y Marco fueron quienes estuvieron pendientes de mí en todo momento, sobretodo Thatch, siempre estaré agradecidos con ellos.
—No sé porqué pensaba que sería muy difícil convivir con los Piratas de Barbablanca, realmente todos son muy amables.
Aquellas simples palabras hicieron sentir a Ace orgulloso de sus nakamas y por supuesto, de Barbablanca.
—Padre siempre nos ha tratado así, es lo mínimo que podemos hacer a cambio —sonrió—. Recuerdo que habías mencionado a ese tal Dai antes, ¿quién es?
Suki amplió su sonrisa y el pelinegro podría jurar que hasta los ojos le brillaron.
—Es el cocinero de la tripulación de mi padre, es algo huraño pero es una gran persona, él me cuidó desde que era una niña y me ha enseñado todo lo que sé —explicó con admiración—. Según lo que me han contado era muy fuerte de joven, inclusive cuando perdió uno de sus ojos seguía siendo bastante fuerte y siempre ha sido la mano derecha de mi padre, actualmente ya está medio ciego y la edad se le nota, pero él es genial, le debo mucho… Él es como mi padre.
Ace se sintió identificado al escucharla hablar, él también tenía a alguien a quien admiraba y le debía mucho.
—Cuando me uní a Barbablanca yo no estaba de acuerdo ni me sentía cómodo, pero Marco me ayudó a decidirme cuando me habló sobre la relación que hay entre todos, de como padre ve a todos como sus hijos —hizo una pausa—. Realmente lo admiro y él jamás me ha juzgado, definitivamente es mi único padre.
Suki apretó una sonrisa, le fue inevitable no acordarse de lo que había visto y escuchado al adentrarse en la mente del pecoso por accidente, la duda aun la carcomía pero sabía que no era lo correcto preguntar, aparte no había manera alguna de hacerle la cuestión. No podía simplemente soltar la pregunta: «¿Ace tu eres hijo del Rey de los Piratas?» O «¿Tienes algo que ver con Gol D. Roger?» Era imposible que le pudiera hacer semejante pregunta sin que se lo tomará a mal, así que simplemente se guardó sus dudas.
—Supongo que tienes muchas historias —comentó ella tratando de mantener la amena plática.
—Sí, he vivido de todo un poco —sonrió simpáticamente—. ¿Quieres que te cuente de la vez que olvidamos a Thatch en una isla?
La peligris asintió energéticamente, se llevó las rodillas al pecho, apoyó su mentón en ellas y se abrazó las piernas con los brazos, mientras que Ace se acomodó para mirarla directamente. Él pelinegro se dedicó a contar sus historias sin parar, deseó con todo su corazón que la narcolepsia no se atreviera a atacarlo pues la conversación se estaba dando de manera fluida.
Suki complementaba las historias con uno que otro comentario sarcástico y ella también se dispuso a contar sus historias sin vergüenza alguna, ambos hablaban como si fueran amigos de toda la vida. Habían creado una confianza en cuestión de horas, la tranquilidad y fluidez que había al contar sus historias era una sensación única para ambos.
No se sentía como cuando Ace habla con sus nakamas o padre, ni cuando Suki hablaba con Dai. Era un sentimiento y experiencia totalmente diferente, una emoción nueva.
Un silencio se hizo entre ambos al darse cuenta que ya era demasiado tarde, el fuego de la fogata estaba casi extinguiéndose así que Ace se encargó de reavivar la llama, Suki dirigió su mirada al cielo y vio que estaba completamente estrellado, era una vista demasiado bonita.
Sin decir nada se levantó y se acercó a Ace extendiéndole la mano, quien la miró confundido.
—¿Qué?
—Te quiero enseñar algo.
El pelinegro tomó la delgada mano de ella y en cuanto estuvo de pie, ella lo jaló con fuerza y se dispuso a correr entre los árboles sin soltarlo.
—¿A dónde vamos?
—Solo espera y verás.
Cuando llegaron a su destino se dio cuenta que estaban en el orilla del mar, no había nada más que el mar, donde el agua se mecía de manera tranquila y se escuchaban las olas chocar, la espuma acercarse a sus pies, mientras que el cielo estaba lleno de estrellas y el aire corría un poco fuerte.
—Oh, creo que es hoy —murmuró en voz baja impresionada sin despegar su mirada del oscuro cielo ni soltando la mano del pecoso.
Ace estuvo a punto de preguntar a qué se refería cuando vio un movimiento en el cielo: una delgada línea brillante se movió y pasó de manera recta por el cielo, seguido de muchas más. Él jamás había visto algo como eso, eran tan brillantes y bonitas, el cielo se iluminaba de manera natural por el esplendor de las estrellas.
—Es una lluvia de estrellas —dijo sorprendido, después de unos segundos giró su rostro hacia la ojiazul y su corazón latió con fuerza.
Suki miraba el cielo maravillada, sus ojos estaban abiertos de par en par, el color de ellos combinaban con el mar y el oscuro cielo con decenas de estrellas se reflejaban en sus brillantes ojos, sus labios estaban entreabiertos, las mejillas sutilmente arreboladas y el corto cabello grisáceo estaba un poco ondulado debido a la lluvia meciéndose con suavidad por el aire.
«La noche es bella, muy bella. Las estrellas son bellas también pero… hay algo mucho más bello que todo eso» pensó sin esfuerzo al verla.
Cuando ella se giró a mirarlo, le sonrió enormemente emocionada y Ace solo sintió su corazón latir con más fuerza y rapidez, una extraña sensación le recorrerió el cuerpo y se sintió tontamente embobado con su sonrisa, pero de pronto todo se puso oscuro. Sólo alcanzó escuchar la voz de ella llamándolo.
—¡Ace!
Demasiado tarde, el pelinegro había caído como un costal de papas al suelo, sus ronquidos se hicieron notar y ella soltó un suspiro cansado, Suki ya sabía que el pecoso se había tardado demasiado en caer dormido de imprevisto.
La primera vez que ella lo vio caer dormido sobre su plato de sopa casi se infarta pues nunca había visto algo así, pero al ver a todos tan tranquilos y uno que otro riendo se dio cuenta que era algo muy usual que pasaba. Thatch se encargó de explicarle que era algún tipo de "mal" que le pasaba a Ace en cualquier momento, podía estar comiendo, caminando, platicando y la narcolepsia lo atacaría sin piedad, dejándolo noqueado prácticamente.
Suki levantó el cuerpo del pelinegro como pudo, estuvo tentada en irlo arrastrando hasta donde estaba la fogata pero sería muy cruel de su parte llevarlo por todo el lodo. Así que colocó el brazo de él por detrás de su cuello y ella apoyó su brazo alrededor de la cintura de él, con toda su fuerza lo llevó hacia el pequeño refugio.
Cuando Ace se despertó, se dio cuenta que aun era de noche y que estaba apoyado en el tronco del árbol, recordó que estaban en la orilla observando la lluvia de estrellas antes de que él cayera dormido por la narcolepsia.
Mientras que Suki estaba a su lado dándole la espalda, con su cabeza y costado izquierdo apoyado de igual manera en el árbol, manteniéndose lo más cerca a la fogata —casi extinta— tratando de dormir.
El pecoso miró fijamente a la chica y se sorprendió al ver una cicatriz desde el omoplato hasta la columna de manera diagonal, lucía dolorosa, nunca le había prestado atención. En su mente se hizo mil escenarios de cómo pudo habérsela hecho y aunque dudó en preguntar, lo hizo.
—Suki —la llamó para ver si estaba despierta, aunque estaba seguro que sí pues la había visto moverse.
—Mmh, ¿qué pasa? —preguntó en voz baja.
—¿Cómo te hiciste esa cicatriz? —no pudo evitarlo y estiró su brazo tocando la cicatriz con su dedo índice y ante su simple tacto la sintió estremecer.
—Fue un accidente de niña —comentó con simpleza sin voltear, aún dándole la espalda, pero vio que se había encogido más en su lugar.
—Es bastante profunda y larga, ¿con qué te la hiciste?
—La verdad no me gusta hablar de eso, preferiría que dejáramos el tema de lado —trató de decir de la manera más amable posible.
El pelinegro comprendió de inmediato, tal vez era algo muy personal y no eran más que conocidos como para tomarse tales libertades de preguntar, así que solo se quedó callado. Pero no pudo evitar sentirse mal, un sentimiento extraño se albergó en su pecho pues había pensado que su relación había mejorado muchísimo. Se sintió decepcionado.
Suki se había dado cuenta de lo mal que se habían escuchado sus palabras a pesar de que trató de ser amable, así que se mordió la mejilla interna antes de hablar.
—Algún día te la contaré —susurró—. Pero no hoy, tengo mucho sueño y el frío no me deja dormir.
Ace se recorrió hacia la izquierda, acercándose más a ella, la ojiazul sintió el calor del pelinegro emanar cerca de su espalda y solo giró un poco su rostro mirándolo sin entender.
—Todos se burlan de mi porque dicen que soy un horno, yo ni siquiera me doy cuenta pero mi piel es caliente, siempre estoy emanando calor —comenzó a explicar sin pensárselo—. Durmamos juntos, así podrás descansar… es lo mínimo que puedo hacer después de todo lo que te he hecho pasar.
Ni siquiera le preguntó, sólo la tomó de los hombros y la empujó hacia él. Suki terminó apoyada en el costado izquierdo del pelinegro y efectivamente emanaba calor, su cabeza estaba sobre su hombro izquierdo y podía escuchar los latidos de su corazón.
Las mejillas de ella se encendieron, su propio corazón latió con fuerza al sentir la piel directa de él contra su cuerpo y que el brazo de él terminara enrollando su cintura no le ayudaba. Ace no volvió a pronunciar ninguna palabra y Suki cerró los ojos con fuerza, tratando de dormir lo más pronto posible.
Aquella noche Ace no se dio cuenta de lo nerviosa que puso a Suki y Suki no se percató del esfuerzo que estaba haciendo Ace para calmar su acelerado corazón.
Lo que sí es que ambos disfrutaron de la noche como nunca, había sido una noche muy agradable para ambos.
