No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.

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Isabella dio vuelta en la cama y se acurrucó contra el cálido cuerpo de Edward. Él suspiró mientras dormía con el brazo apretándola antes de relajarse nuevamente.

El bus zumbaba ruidosamente mientras subía una colina, temporalmente ahogando los suaves ronquidos de Garrett provenientes del camarote debajo de ellos. No habían llegado a Des Moines, entonces ¿Qué la había despertado?

Isabella abrió los ojos en la oscuridad. La cama era bastante cómoda, pero era de tamaño normal por lo que no tenía mucho espacio para moverse. Bien por ella. Eso le daba una excusa para presionarse contra el maravilloso hombre a su lado. Isabella hundió la nariz en su cuello e inhaló profundamente.

En el comedor cercano, una lata chocó contra la mesa. Eso la había sacado de su sueño.

¿Quién estaría despierto a estas horas? Gateó por encima del cuerpo de Edward y se asomó por la cortina. Jazz estaba sentado en la mesa del comedor dándole la espalda a Isabella. Él tomó un sorbo de cerveza, mientras su mirada caía en algo en la palma de su mano. Ella se preguntó si le importaría tener algo de compañía. Parecía solitario.

Isabella se bajó del camarote, poniéndose la camiseta de Edward por encima de su ropa interior. Su equipaje todavía estaba en el coche, así que no tenía nada más que ponerse y Edward no quería que durmiera desnuda cerca de los chicos.

Cuando sus pies tocaron el suelo, Jazz volteó la cabeza para mirarla. Él sonrió ligeramente y deslizo lo que tenía en la mano al interior de su bolsillo. Ella se paró al lado del asiento al extremo de él y esperó que la reconociera.

―No podía dormir. ― Dijo él.

―¿Puedo acompañarte?

―Sí, por supuesto. ¿Quieres una cerveza? ― Ella sacudió la cabeza.

―No bebo. Mi ex esposo era un alcohólico y no puedo soportar el sabor del licor o el olor.

Jazz empujó tres latas de cerveza vacías hacia un lado.

―No… sabía que habías estado casada. ― Ella se encogió de hombros.

―Fue hace mucho tiempo. ― Isabella se pasó el cabello detrás de las orejas y cambió de tema. ―Creo que Edward está muy arrepentido por haberte pegado.

―Sí, lo sé. Pero me lo merecía. Cullen no le pega a alguien a menos que se lo merezca. Edward es un buen tipo. No como el resto de nosotros.

―Creo que todos son buenos.

Él le dio una sonrisa, con sus ojos azules brillando en la baja luminosidad de la cabina.

―¿Incluso, Emmett?

Ella se echó a reír.

―Sí, incluso Emmett.

―Tienes razón. Son buenos tipos. Yo soy el imbécil del grupo. ― Ella se inclinó sobre la mesa y le tomó la mano.

―Eso no es verdad, Jazz. Sé que algo te está molestando. Puedes contármelo si quieres. ― Jazz bajó la mirada.

―No deberías tocarme, Isabella. Edward no se lo tomaría bien.

Ella quería preguntarle algo desde que lo conoció hace dos noches.

―La última chica que lo dejó. Por la que se emborrachó. ¿Tú…? ― Isabella inclinó la cabeza hacia un lado.

―Sí, me la follé. Y también a su anterior novia. Te dije que era un imbécil. Él debería golpearme más a menudo. ― Isabella le apretó la mano.

―No dejaré que me folles. ¿De acuerdo? ― Él levantó la mirada y sonrió.

―¿Estás segura?

El corazón de Isabella le dio un vuelco y dio un soplido. El hombre era hipnotizante. Enigmático. Viril. Nunca había conocido alguien como él.

―Sí, estoy segura.

―Sin embargo, tuviste que pensarlo. ― Él se rió entre dientes. ―Todas las mujeres son iguales. Zorras.

Ella se puso rígida, aunque sabía que era una broma, esa palabra la molestó. En el pasado se la habían dicho muchas veces.

―Sí, todas somos unas zorras. Especialmente alrededor de las estrellas de rock que admiramos. ¿Por qué crees que es así?

―¿Huh?

―¿Por qué crees que las mujeres son promiscuas cuando están cerca de ti, de Edward, Garrett o de cualquiera de ustedes?

―No tengo idea.

―Sí, yo tampoco. Sería fascinante estudiarlo. ― Tal vez podría conseguir una investigación financiada en el tema. ¿Las groupies siempre cambian su comportamiento cuando están alrededor de la banda? Isabella sabía que la fama de los Sinners la afectaba. Así como la emoción de estar con un hombre al que miles de mujeres codiciaban. Era una extraña psicología y no tenía tiempo para investigar algo tan divertido como la promiscuidad groupie. Su proyecto actual no iba para nada bien. Tenía que concentrarse en sus esfuerzos para mantener el financiamiento o podía decirle adiós a su carrera académica.

Jazz le apretó la mano, sacando a Isabella de sus preocupaciones. Era curioso como las cosas que por lo general la preocupaban no se hubieran cruzado por su mente desde que conoció a Edward.

―De verdad no creo que seas una zorra, Isabella. ― dijo Jazz. ― Ni siquiera quiero follarte.

Ella se echó a reír.

―Wow, eso duele.

―No lo entiendes. Te respeto. Eres el tipo de mujer del que yo podría… tal vez podría… ― Él sacudió la cabeza.

―Cuéntame de María.

Los ojos de Jazz se entrecerraron peligrosamente.

―No siquiera digas su nombre. ― Un cuerpo se movió en el camarote.

―¿Estabas mirando su fotografía? ― Isabella estaba adivinando y resultó que tenía razón.

Él tomó un profundo respiro y se mordió el labio. Un momento después, dijo:

―Debí de haberla quemado con las otras. Es sólo que no puedo dejarla ir. No del todo. Es como si de alguna manera el dolor la mantuviera cerca de mí.

Ella le apretó la mano.

―Eso es bastante retorcido, Jazz. ― Él le soltó la mano y la frotó sobre su cabello negro.

―Sí, lo sé. ― Jazz salió de la cabina. ―Me voy a la cama. Creo que ya puedo dormir.

Isabella se arrepentía de que haberlo acorralado con su curiosidad.

―Buenas noches, Jazz.

―Buenas noches, Profesora.

Ella dejó la mesa y utilizó el minúsculo baño antes de subir de nuevo a la cama con Edward.

―¿Tuviste una buena charla con Jazz? ― Preguntó.

―Oh, ¿Estás despierto?

―¿Tuviste una buena charla con Jazz?

―Sí. Se siente muy mal.

Edward suspiró.

―No debí de haberlo golpeado. Sé la razón por la que él es así. Por eso no puedo odiarlo no importa cuánto dolor me cause. ― Ella acunó su rostro, deseando poder ver su expresión en la oscuridad.

―Eres maravilloso. ¿Lo sabes? ― Edward la besó suavemente.

―Estoy caliente de nuevo. Eso sí que lo sé.

―Nunca caminaré bien de nuevo. ― Ella se rió.

―Me imagino que, si no puedes, no podrás dejar mi cama. ― Él le besó la mandíbula y uno de los lados de su cuello. ―Nunca.

El sol salió muy temprano. Edward la tocó, la besó, la acarició, le chupó la piel, probó sus labios, la abrazó por horas y no tomó posesión de su cuerpo. No en la manera que ella quería que lo hiciera. Sin embargo, la poseyó en una manera que nunca supuso que sucedería.

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Holi! Hoy habrá doble actualización ya que este cap es bastante corto jejejeje

No olviden pasarse por mi grupo de Facebook, super secreto y exclusivo jajaja "Twilight Over The Moon".

Y no olviden dejar un comentario.

¡Nos leemos pronto!