Invaluable
-11-
«Hinata»
·
·
Sollocé sobre Naruto durante tanto tiempo que me dio dolor de cabeza. Mis miembros dolían y mis ojos estaban tan hinchados que casi se cerraban cuando volví a la tierra de los vivos y rodé el rostro por su pecho para mirar sus preocupados ojos azules.
—Jesús —murmuró, ahuecando mi mejilla—. ¿Puedes ver?
Podía verlo, y era todo lo que realmente quería ver, así que me encontraba bien. Pero al parecer tardé demasiado tiempo en responder porque se sentó y comenzó a salir de la cama.
—Conseguiré un trapo húmedo y caliente.
Me sentía demasiado débil y hueca como para discutir con él, así que me quedé ahí, exhausta y agotada en la cama; mi cabello se agitó sobre mi rostro cuando me moví para descansar mi adolorida cabeza sobre una almohada.
Cuando Naruto volvió, se sentó a mi lado y quitó con cuidado la maraña de cabello para ver mi rostro. —¿Aún estás ahí? —preguntó con voz divertida.
Resoplé. —No. —Yo era solo una cáscara vacía de miseria.
Pero entonces unos bellos ojos azules se reunieron con los míos, arrugados en las esquinas con una sonrisa suave.
—Te encontré.
Presionó una toallita plegada a mi piel. Tomé aliento por el delicioso aguijón del suave calor. Agarrando la muñeca que sostenía el trapo en mi rostro, me aferré a él como un salvavidas.
—Lo siento por arrastrarte a esto.
Suspiró.
—Te disculpas otra vez, y realmente te haré cosquillas hasta que te orines. Nada de esto fue tu culpa.
Con un resoplido, sacudí la cabeza.
—Entonces, ¿por qué me siento como una idiota? Es decir, ¿qué ingenua tiene que ser una chica para pensar que iba a una cita real cuando el chico solo salía con ella para ganar una apuesta? No me gusta decírtelo, pero soy la única persona que he oído a la que esto le ocurre.
La tela fue arrancada de mi rostro, así Naruto podía dedicarme toda la intensidad de su ceño fruncido.
—No eres idiota, ingenua u otra cosa. Cuando un idiota bastardo te engaña y trata de usarte de la forma en que este lo hizo, eso es problema de él. No tuyo. Y en realidad lo atrapaste antes de que hiciera algo, por lo que honestamente, estoy impresionado de lo inteligente que eres.
Solté una risa aguda.
—¿Inteligente? Sí claro. Es gracioso. Fui tan inteligente que le pedí consejo a Shizune sobre conseguir mi primer beso mientras me preparaba para esta broma de cita. En realidad también quería uno. Quiero decir, de verdad creí... —Cerré los ojos con fuerza e incliné la cabeza—. Yo solo... me siento tan estúpida.
—¿Dejarás de decir eso? No eres estúpida. Ese idiota es un bastardo. Fin de la discusión.
Pero mis lágrimas regresaron, y no parecía poder sofocarlas. Naruto suspiró y frotó un punto en el centro de su frente. Luego soltó un gruñido de irritación. Sabía que era porque él odiaba cuando lloraba. Siempre lo llenaba de una impotente especie de frustración.
Finalmente, murmuró—: En cuanto a tu primer beso... aquí.
Se inclinó hacia adelante, presionó su boca contra la mía. Totalmente desprevenida, me senté ahí, aturdida, sorprendida, frente a él.
—Cierra los ojos —dijo contra mi boca, diversión tiñendo su tono.
Cuando habló, sus labios estaban secos pero suaves mientras se frotaban contra los míos. El calor ondeó en espiral en la base de mi estómago, y al instante cerré los parpados.
Él soltó un sonido de apreciación.
—Ahora regrésame el beso.
No tenía idea lo que eso significaba, por lo que fruncí la boca como lo hacía cuando besaba las mejillas de mis sobrinos y, a continuación, hice sonidos de besos y me alejé.
Naruto se rió, sus ojos azules brillaban con delicioso humor. Luego de comprender que el sonido de besos probablemente fue totalmente innecesario, empecé a ruborizarme por la humillación, pero me dijo—: Una vez más. —Y presionó su boca de nuevo a la mía.
Esta vez, cerré los ojos automáticamente e incliné la cabeza para más comodidad. Sus labios rozaron los míos, y mis pezones cosquillearon dentro de mi sujetador.
Me acerqué más, tan asustada como estaba, me intrigaba la sensación. Naruto tomó mi mejilla en la palma de la mano, y su lengua empujó suavemente entre mis labios. Me abrí para él, más por instinto que racionalmente, diciéndome a mí misma que lo hiciera.
Fue como si mi cuerpo tomara el control y el cerebro se apagara, porque justo antes de que su lengua tocara la mía, el último pensamiento que recordé tener fue que no quería comportarme como un pez muerto con él, y de repente deslicé la mía a través de la suya e investigué la sensación.
Mis pechos pulsaron de nuevo, y la sensación entre mis piernas coincidió con ellos con la misma necesidad zumbante. Cogí la parte delantera de su camisa y la empuñé entre mis dedos mientras él movía la cabeza, inclinándola para conseguir más de mí.
Gemí, y él hizo eco del sonido con un gemido gutural.
Mientras nuestras lenguas se anudaban juntas, me rodó sobre la espalda y se deslizó parcialmente encima de mí, pasando los dedos por mi mejilla, hacia mi cabello antes de agarrarlo y hacer que inclinara la cabeza a donde él quería.
Todo mi cuerpo palpitaba, ansiando más. Liberando su camisa, planté las manos en su cabello, mis dedos deleitándose en la sedosidad. Él se movió inquieto, deslizándose un poco más encima de mí, y separó su boca para besar un camino a lo largo de mi mandíbula. Me faltaba el aire y jadeaba mirando hacia el techo sobre mí mientras sus labios trazaban mi oreja antes de que su lengua saliera para provocar el lóbulo.
Solté su cabello para curvar la mano bajo su brazo y aferrar los músculos de su espalda. Naruto siguió mi ejemplo liberando sus propios dedos de mi cabello, bajándolos por el lado de mi cuello antes de aferrar mi caja torácica, por lo que su pulgar rozó el lado de mi seno.
Arqueándome hacia el contacto, clavé las uñas en su espalda y jadeé.
Su boca volvió a la mía. Esta vez, nuestras lenguas se encontraban ansiosas y necesitadas, en duelo por más. Mientras se atacaban entre sí, su mano se movió, subiendo más por el lado de mi seno. Me retorcí, adolorida por sentir sus dedos cubriendo el duro y tenso pezón cuando una vocecita apagada al otro lado de la pared de mi habitación gritó—: Mamá.
—¡Mierda! —dijo Naruto entre dientes, quitándose de encima de mí y rodando hasta quedar tendido de espaldas a mi lado y aspirar aire—. Santa mierda.
En el pasillo, pasos se arrastraron por delante de la puerta de mi dormitorio mientras Shizune iba a ver lo que sea por lo que el bebito la llamó.
A mi lado, mi mejor amigo colocaba el dorso de la muñeca contra su frente mientras se esforzaba por respirar. El oxígeno ingresaba como loco a través de mis pulmones mientras inclinaba la cabeza hacia un lado para verlo.
Se veía... conmocionado. Tenía las mejillas completamente sonrojadas y sus ojos lucían vidriosos mientras dejaba caer la mano de su cara para poder girar para mirarme. Luego se pasó la lengua por los labios y tragó ruidosamente.
—Así que sí. Ahí lo tienes. Primer beso.
—Está bien —dije, sintiéndome tan perdida que no me encontraba segura de que más decir excepto guau. Como, realmente... guau—. ¿Es siempre tan...? —Me callé de repente, comprendiendo que haría esa pregunta en voz alta.
Naruto dejó escapar un sonido divertido.
—Mmm... no. Eso fue... —Sacudió la cabeza antes de murmurar—: Condenadamente espectacular. —Como si ese hecho lo dejara aturdido.
Una sonrisa se formó en mi rostro cuando la alegría me calentó el pecho.
—¿En serio? —Gracias a Dios no fui la única que lo sintió.
Gracias a Dios no apestaba en eso.
—Sí. —Me miró de nuevo, pero esta vez, cuando nuestras miradas conectaron, sus ojos se encendieron por el horror. Antes de saber lo que sucedía, se colocó rápidamente en posición vertical y se rascó la cabeza—. Yo, eh, debería irme.
Se dirigió a la ventana. Pero tan pronto como la levantó, dije—: Naruto.
Todo su cuerpo se estremeció, pero dejó lo que hacía. No se giró para mirarme cuando dijo—: ¿Eh?
—Entraste por la puerta principal... no por la ventana.
—Cierto. Mierda. —Cerró la ventana y se frotó la mano en la boca—. Lo siento. —Cuando por fin me miró, hizo una mueca. Mis ojos aún se hallaban un poco resentidos por llorar, así que estaba segura de que parecía bastante sombría.
—¿Estás bien? —preguntó, luciendo increíblemente culpable.
—Por supuesto. —Le sonreí, siendo totalmente honesta. Debido a que me sentía bien. Estaba mejor que bien. Ese beso fue... guau.
Todo.
Sabía que su prisa por salir debería preocuparme, posiblemente incluso herirme, pero me hizo sentir mejor. Besarme lo afectó hasta su núcleo.
Como que me encantó eso.
Mi boca podía afectar a Naruto Uzumaki.
Si pudiera tener algún súper-poder, ese podría ser el que yo quisiera por encima de todos los demás. Pero lucía tan miserable, culpable y agotado, que no podía dejar de preguntar—: ¿Estás bien?
—Joder, no —espetó antes de presionar un puño en la frente, haciendo una mueca y tratando de revisar—. Quiero decir... sí, por supuesto.
Mi sonrisa creció, lo que solo pareció ponerlo más irritable.
—Me tengo que ir —murmuró, girando y escapando a través de la puerta del dormitorio—. Nos vemos.
Una risita revoloteó en mis pulmones. Cayendo hacia atrás en la cama, miré fijamente el techo y suspiré.
—Nos vemos —le dije a la habitación vacía. Y justo ahí estaba la única razón por la que todavía me sentía feliz. Porque sabía que lo volvería a ver. No habría un Naruto asustado para siempre. No importaba lo mucho que nuestro beso lo pudo haber asustado, lo único en lo que siempre podía confiar, era en el hecho de que volvería a verlo, no importaba qué.
Desde el momento en que me defendió en el pasillo de la escuela de Amaru Hilliard la primera vez que nos vimos, él era la presencia más fiel en mi vida. Se podía tomar todo el tiempo que necesitara para adaptarse a esto. Yo sabía que regresaría.
Y me sentía feliz.
—Así que, ¿qué tal ese primer beso, eh?
Aturdida por la pregunta, quité rápidamente los dedos de mis labios, donde tocaba con consternación reflexiva y me giré boquiabierta para mirar a mi cuñada tras el volante de mi SUV.
—¿Qué?
¿Cómo diablos lo sabía?
Era la media mañana del sábado, e íbamos en camino a un chequeo porque mi médico tenía un nuevo medicamento antiespasmódico que quería que tratara.
Ahh, las alegrías de la parálisis cerebral.
Tokuma planeaba ir conmigo a mi cita, pero a último minuto, Shizune tomó su lugar, dejándolo en casa con los gemelos. Debí saber entonces que era porque quería tener una charla de chicas, pero me hallaba demasiado ensimismada como para comprenderlo.
Mirando hacia mí, movió las cejas.
—Fue igual a como pensaste que sería, ¿verdad?
Sacudí la cabeza.
—¿Qu-qué te hace pensar que me besaron?
—Oh, no lo sé —respondió, aunque se rió con conocimiento—. Tal vez sea esa mirada aturdida que tienes en el rostro, como si aún te estuvieras recuperando de él. Como si hubieras sido arruinada para todos los otros besos para siempre. Debió ser muy bueno, ¿eh?
Bueno ni siquiera podía acercarse a lo que fue ese beso.
Aún me sentía como un charco de estrógenos todas estas horas después.
—Tokuma estaba muy seguro de que Utakata hizo algo malo después de que Naruto terminara llevándote a casa anoche, pero seré honesta. Brillas demasiado para que algo malo te hubiera sucedido.
Mi cuerpo se sacudió por la sorpresa ante la mención de Utakata. Y estaba segura de que el resplandor desapareció de mi rostro.
Pero demonios, ni siquiera pensé en Utakata esta mañana. O anoche. No después de que Naruto se fue.
Lo único que fui capaz de hacer fue tocarme los labios hormigueantes y solo... sonreír.
Al recordarlo ahora, el remolino de malestar en el estómago regresó con fuerza. Los mensajes de texto que leí, la expresión del rostro de Utakata cuando volvió a la sala de estar con dos vasos de vino, como si estuviera siendo forzado a hacer algo que temía... estaban repentinamente ahí, de regreso en mi cabeza.
Lo último que él quería hacer era tocarme. Me hizo sentir vil, como si no fuera digna del toque de alguien. Nunca.
Y aquí estaba Shizune, sonriéndome alentadoramente. Probablemente supuso que él fue quien me besó.
—No. —Sacudí la cabeza, incapaz de dejar que pensara eso ni siquiera por un segundo más—. Quiero decir... Utakata y yo... no lo hicimos... no. No hubo beso ahí.
Con un pequeño gemido de derrota, Shizune dejó caer los hombros e hizo una mueca.
—Entonces fue una mala cita, ¿verdad? Mierda. Tokuma nunca le sacará a Naruto qué pasó.
Cuando me miró como si esperara la historia completa, suspiré. Decírselo era lo último que quería hacer. De hecho, había estado muy feliz olvidando por completo hasta que ella lo sacó a flote. Pero todos seguirán preguntando hasta que les dijera algo, así que miré por la ventana del lado del pasajero.
Yendo por la media verdad, murmuré—: Él... Utakata me dijo... la palabra.
Shizune se quedó sin aliento.
—¿Zorra?
Me reí en voz baja y sacudí la cabeza.
—No. Lisiada.
—Oh. —Enderezó la espalda y frunció el ceño mirando a través del parabrisas, con los labios planos por el desagrado. Para ella, diablos, para todos nosotros, ese era un delito peor que ser llamada zorra—. Bueno, él está fuera, entonces —dijo con ligereza, cuando en realidad yo sabía que ahora Utakata estaba completa y absolutamente muerto para ella—. Lo que, honestamente, me parece bien porque siempre pensé que terminarías con Naruto.
Me atraganté por la sorpresa y la miré boquiabierta.
—¿Qué?
—Sí, ni siquiera actúes sorprendida, chiquilla. Ese chico está completa e irrevocablemente enamorado de ti. Besa el suelo por el que ruedas. Y es claro como el día que le correspondes. Además... —Sonaba un poco demasiado presumida cuando sus labios formaron una sonrisa de superioridad—. Sé que te besaron anoche. Y si no fue Utakata, entonces... eso deja a Naruto.
Maldición. Odiaba lo bien que me podía leer.
Me hundí más profundamente en mi asiento, admitiendo de mala gana—: Me quejé con él acerca de perder la oportunidad de mi primer beso, así que... me dio uno.
—Ajá —murmuró, a pesar de que la mirada en sus ojos decía que sabía lo contrario—. Si tú lo dices.
—¿Qué? —exigí, sorprendida—. Eso es exactamente lo que sucedió.
—Y te creo totalmente. —Extendió la mano para acariciar mi rodilla—. Me resulta curioso que después de nueve años de conocerte y ser tu amigo, sin un solo beso, esperara hasta la misma noche en que saliste con alguien más para darte el primero.
Fruncí el ceño, confundida.
—¿Qué quieres decir?
—Digo que estaba muy celoso. Otro perro olfateaba alrededor de su pedazo de carne, y no le gustó eso.
Cerré los ojos y sacudí la cabeza.
—No puedo creer que me llamaras pedazo de carne. O a él un perro. Y ese no fue el caso. Se sentía mal por mí; eso es todo.
Se rió.
—Oh, cariño. Los chicos no te besan porque se sienten mal por ti. Jamás. —Abrí la boca para discutir, pero levantó un dedo—. Solo alégrate de que los humanos marcan su territorio besando y no orinándote.
La imagen mental de Naruto levantando su pierna cerca de mí me hizo soltar una carcajada.
—Oh Dios mío. Esta conversación es tan rara.
Era demasiado extraño para mí pensar que Naruto en realidad podría estar interesado en mí de esa manera. Me negué a dejar que mi mente vagara. Me dejé ir ahí con Utakata, y mira lo que sucedió. No ocurriría de nuevo. Ciertamente no con Naruto. Su rechazo no solo me haría daño; me mataría.
—Naruto sabe que este otro tipo te dijo la palabra, ¿verdad? —murmuró Shizune, repentinamente seria.
Asentí. —Oh, sí.
Dejó escapar un suspiro de alivio. —Bien. —Curiosamente, había un poco de condimento malévolo en su sonrisa—. Entonces, no tengo que preocuparme por hacerle algo yo misma. Con el señor Labios Ardientes Uzumaki en escena, ese idiota ya está prácticamente muerto.
Mi estómago se revolvió con malestar.
—Eso es lo que temo. —Anoche me las arreglé para mantener a Naruto lejos de cazar a Utakata, pero él no lo dejará pasar—. Si se mete en problemas, será mi culpa.
—No te preocupes. Después de años de ver todas esas películas extrañas que tanto te gustan, estoy segura de que para este punto ya sabe cómo ocultar un cuerpo sin ser descubierto.
—Shizune —grité, aterrada.
Se rió y levantó las manos antes de devolverlas al volante.
—Es broma. Pero, en serio, estoy segura de que sabe cómo herir a un hombre sin meterse en problemas.
Esperaba que fuera así, porque lo único que sabía por seguro era que no dejaría pasar esto. Sus instintos protectores eran así de fuertes.
Dios, amaba a mi estúpido y noble defensor, incluso si me preocupaba.
Sin embargo, él no era el único hombre que se metería en problemas por cuidarme. Aliviada de que podríamos ocultarle la peor parte a mi hermano, miré a Shizune.
—¿Le dirás a Tokuma? —pregunté—. ¿Sobre el beso o la palabra?
Shizune suspiró y se vio momentáneamente indecisa. Sabía que odiaba no contarle las cosas, pero por mí, lo había hecho un par de veces.
—Puedo olvidar el beso, supongo —respondió finalmente—, pero... probablemente no lo otro. —Hizo una mueca y dijo—: Lo siento.
Asentí.
—Está bien. —Aun así seguiría bastante en la oscuridad por lo que estaba segura de que no trataría de hacer algo de hermano mayor.
Naruto, por otro lado... Sí, no sabía qué iba a hacer con eso.
Continuará...
