Advertencia: contenido explícito
Iba de aquí a allá en cada rincón de su apartamento, inquieta, estaba tan nerviosa que no estaba segura si iba a poder evitar desmayarse apenas Naruto llegara a casa. Sabía que no podría aplazar más el momento de darle la noticia.
Se dejó caer sin miramientos en el sofá doble de la sala de estar, soltó un sonoro suspiro y dirigió su vista hacia la envoltura que protegía a la semilla de amapola la cual había colocado en la mesita de madera en medio de la sala. Las comisuras de sus labios se levantaron suavemente en una sonrisa. No es que no quisiera decírselo a Naruto, al contrario, se moría por hacerlo.
Resopló con molestia, frustrada con ella misma, parecía otra vez esa chiquilla incapaz de formar dos palabras frente al chico a quien amaba. Era patética.
Incapaz de tranquilizarse se puso de pie de un brinco. Rió un poco para sus adentros pensando que, si su bebé fuera unos cuantos meses más grande, y llega a tener ese carácter enfurruñado característico de los varones Hyuga, seguramente ya hubiese pateado en protesta por tanto alboroto. Ese bello escenario de pronto le llenó de valor.
Caminó a pasos lentos hasta una de las estanterías colocadas en la sala de estar, pasó su vista la corta fila de libros ordenados frente a ella. Pasó sus dedos por lomos de distintos colores hasta que llegó al que buscaba: uno de azul claro con estampado de soles con el centro de espiral. Lo sacó con cuidado y observó la tapa con apremio. Era un álbum que Naruto le había regalado justo la mañana después de su primera cita, recordó esa tarde en Ichiraku donde mientras hablaban de sus pasatiempos ella le contó sobre su gusto de prensar flores para conservarlas y coleccionarlas.
Antes de alejarse de la estantería tomó un segundo libro: uno de tapa amarilla donde el título en letras negras resaltaba de entre una bella ilustración de un prado de girasoles.
El idioma de las flores.
Era un libro ya entrado en años, incluso sus páginas estaban comenzando a ponerse un poco amarillentas. Kurenai-sensei se lo había obsequiado cuando regresaron de una de sus misiones previas a sus primeros exámenes chunnin, luego de descubrirla recolectando un par de margaritas y geranios para llevarlos a casa.
Colocó ambos libros sobre su regazo una vez volvió a sentarse en el sofá, abrió el álbum donde había comenzado a coleccionar las flores que eran importantes en su vida junto a Naruto.
En la primera página había una solitaria camelia roja, recordó que fue la primera flor que le regaló Naruto unos días después del incidente de la luna. En sus labios se dibujó una sonrisa al recordar la risa nerviosa de Naruto al confesarle que Ino le había ayudado a elegir la mejor flor para ella, pues él sinceramente se sentía perdido en medio de la tienda de los Yamanaka.
Debajo de los pétalos rojos que al secarse se habían oscurecido suavemente intensificando su tonalidad había un corto escrito de su puño y letra:
Camelia roja: amor sin condiciones propio de la etapa adulta, cuando existe madurez y se vive al máximo la experiencia del amor. "Deseo estar contigo"
No podía olvidar la ligera risa que se le escapó cuando leyó esa descripción en el libro que le había regalado su antigua maestra. Sin duda su amiga Ino tenía un mensaje que darle a ella y a Naruto con aquella camelia roja.
Ilusionada, siguió hojeando su álbum en el cual poco a poco las flores de su historia con Naruto iban haciéndose de un lugar: la margarita que él cortó de un parque después de su primera cita, uno de los girasoles de los que habían llevado a la tumba de Neji por primera vez como novios, del día de su boda conservaba unas cuantas flores de cerezo que ahora coronaban los bordes del gran lirio blanco que había sido el tocado de su peinado, la flor era tan grande que abarcaba una página entera del álbum.
Página a página llegó a la última de las que estaban ocupadas. Un trío de lirios con sus largos pétalos secos brillando de un intenso amarillo tomaban una página entera, pasó ligeramente sus dedos por la capa transparente que protegía las frágiles flores de cualquier maltrato, podía sentir por encima del plástico la textura de los lirios. Siguió su recorrido hacia la leyenda justo debajo de ellos.
Lirio amarillo: atraen la felicidad y anuncian el comienzo de algo nuevo. "Amarte me hace feliz"
Releyó esa descripción una y otra vez. Podía reconocer su propia caligrafía pero sentía que era la primera vez que leía aquellas palabras.
Ino le había regalado aquellos lirios hacía ya poco más del mes…
"Uno para ti y otro para Naruto"
Sin embargo, luego su amiga decidió darle un tercer lirio.
Llevó su mano derecha hasta la parte baja de su abdomen y volvió a acariciarlo como al parecer poco a poco iba a volverse un hábito. Al menos hasta que su bebé estuviera por fin entre sus brazos.
Esa tercera flor, esa felicidad, ese nuevo comienzo…
—¡Estoy en casa! —se anunció en la puerta principal con energía, los escalofríos la recorrieron de pies a cabeza, cerró ambos libros con rapidez y los abrazó contra su pecho. Su corazón latía tan fuerte que golpeaba contra su piel—, ¿Hinata?
—Bi-bienvenido, Naruto-kun —su propia voz parecía lejana a ella, no podía ni siquiera levantarse del sofá de lo tembloroso que estaba su cuerpo. Su esposo asomó su rostro por el marco de la entrada a la sala de estar. La vió arqueando una ceja dando unos pasos hacia ella, Hinata se aferró más al par de libros sobre su pecho cuando lo vio hacerlo.
—Hinata, ¿está todo bien, verdad? —Naruto dio otro cauteloso paso hacia ella, la madera del suelo crujió suavemente cediendo a su peso. Hinata dio un trago pesado de saliva y asintió con un movimiento de su cabeza.
—S-sí, querido, está todo bien —le respondió dedicándole una sonrisa que esperaba fuera suficiente para tranquilizarlo—. Estoy realmente feliz que estés de regreso, a salvo y por fin en casa. Muchas gracias por tu duro trabajo, Naruto-kun.
Naruto se sentó a su lado en el sofá tenía la mirada fija en la suya, queriendo descifrar que había en ella, Hinata se mordió suavemente el labio inferior, bajó su mirada tratando de esquivarlo y aferró su abrazo al par de libros que mantenía contra su pecho.
—Hey, ¿qué es?, ¿qué es lo que te tiene tan ilusionada? —Hinata dio un pequeño salto en su lugar al notar que él podía ver eso reflejado en sus ojos. Sus mejillas se encendieron cuando lo vio acercar su mano hasta ella para juguetear con uno de los mechones de su cabello para terminar posada en su mejilla, levantó nuevamente su mirada y él le sonrió suavemente—. Es raro, por primera vez no puedo descifrar que hay en tu cabeza. Sí que es algo nuevo, ¿no?
Bajó su mirada nuevamente, apenada por su egoísmo, Naruto merecía saberlo. Este bebé era tan hijo de él como de ella. No era justo que siguiera ocultándoselo.
Aflojó el abrazo que mantenía en el par de libros y los colocó con cuidado sobre la mesita frente a ellos, a causa de esta acción la mano que su esposo mantenía en su mejilla resbaló pero ella la atrapó en el aire, sintió los dedos de Naruto envolver los suyos y entonces volvió a mirarlo fijamente.
—Naruto-kun...muchas gracias —comenzó sin apartar su mirada de la suya, los ojos azules de Naruto temblaban ligeramente inquietos, sin entender por qué le daba las gracias, ella aprisionó su palma con ambas manos y las bajó hasta su regazo, podía ver como sus propios dedos temblaban—. ¿R-recuerdas lo que decía Sandaime-sama sobre los habitantes de la aldea?
—Todos son mi familia —respondió casi de inmediato, Hinata le sonrió con dulzura, él parpadeó un par de veces sin poder ocultar su curiosidad—. Pero, Hinata, ¿por qué eso es…?
—Sé que así será cuando te conviertas en Hokage, las palabras de Sandaime-sama serán muy importantes para ti ¿no es así? —ella le interrumpió suavemente, Naruto afirmó con un despacio movimiento de su cabeza. Hinata aprisionó la mano de su esposo con ambas palmas—. Has trabajado muy duro, has luchado cada día de tu vida para llegar a alcanzar tu meta, Naruto-kun y estoy segura que no falta mucho para que lo consigas. Serás Hokage y toda Konoha se convertirá en tu familia. P-por eso te estoy dando las gracias, por iniciar conmigo, por elegirme para ser parte de tu familia.
Las palabras se aglomeraban en su garganta, era difícil decirle lo que pasaba por su cabeza sin sentir que iba a atragantarse. Sus ojos temblaban y comenzaban a ponerse acuosos, su esposo la veía con los ojos bien abiertos. Sentía que su corazón iba a salir disparado por su pecho.
—Hinata… —la voz de Naruto casi era un solo hilo apenas perceptible. Hinata sintió un nudo en su garganta, sujetó firmemente la mano de Naruto y la acercó más a ella.
—Muchas gracias, Naruto-kun, muchas gracias por hacerme parte de tu familia y gracias...p-por darme la oportunidad de darte una… —jaló la mano de Naruto y la posó sobre su bajo vientre, el sentir su palma sobre su abdomen le provocó severos choques eléctricos en todo el cuerpo, por la manera en la que su esposo tembló supuso que el mismo escalofrío le recorrió, lo escuchó soltar un jadeo de sorpresa que pareció dejarlo sin aire, sus ojos azules se abrieron tanto que parecieron hacerse más grandes—. Naruto-kun…¡gracias por darme la oportunidad de ser la mamá de este bebé!
Inclinó suavemente su torso haciendo una reverencia, bajó el rostro y cerró los ojos tratando de evitar que las lágrimas se le escaparan. El silencio que invadió la habitación, la mano de Naruto de pronto pesó tanto que se le resbaló de entre los dedos y cayó sin miramientos sobre su regazo haciendo un ruido sordo.
Hinata abrió despacio sus párpados y volvió a enderezar su espalda enfocando su vista hacia su esposo. Naruto estaba congelado en su lugar, con los ojos bien abiertos. Ella abrió sus labios tomando aire pero de inmediato lo perdió en un fuerte suspiro de sorpresa cuando su esposo se abalanzó sobre ella, el peso de ambos la hizo caer de espaldas aterrizando sobre los asientos del sofá, Naruto le rodeo la cintura con los brazos y hundió su rostro entre las telas de su vestido que le cubrían el vientre.
Sus perlados ojos blancos se abrieron hasta el límite dejando que las lágrimas le recorrieran el rostro cuando se dio cuenta que frías y pesadas gotas de agua comenzaban a empapar todo su abdomen. Podía sentir los brazos de su esposo abrazarla con más fuerza mientras hundía un poco más su rostro en ella.
—N-Naruto-kun —murmuró nerviosa, Naruto levantó su cuerpo para dejar de aplastarla pero no se atrevía a levantar la cabeza para dirigirle la mirada, Hinata podía ver las lágrimas de su esposo cayendo como lluvia sobre ella.
—Hinata… Hinata, gracias —la voz de Naruto se entrecortaba, volvió a sentarse en el sillón, tomó la mano de su esposa y la ayudó a levantar su espalda nuevamente, la atrajo hasta ella abrazándola con fuerza—. Gracias por ser mi esposa, por ser mi familia, por creer en mi sueño de ser Hokage…
Naruto escondió su rostro entre el hombro y el cuello de Hinata, parecía que luchaba contra su propio llanto para poder hablar. Hinata apenas podía ver culpa de sus propias lágrimas. Pudo sentir una de las manos de Naruto posada en su cintura acercarse despacio hasta su abdomen descansando en el centro de su vientre.
—¡Gracias por darme la oportunidad de ser el papá de este bebé-ttebayo! —levantó su rostro de su hombro para poder encararla, le veía fijamente con sus ojos inundados pero con una de las sonrisas más amplias y sinceras que jamás había visto.
Naruto empezó a reír y ella, entre sollozos, también lo hizo. Entonces recordó la pregunta que se había hecho la última noche que habían pasado juntos antes de que se marchara a su misión.
¿Era posible ser así de feliz?
Increíblemente se había vuelto mucho más feliz de lo que ya era.
Acercó sus delgadas manos hasta el rostro de su esposo y limpió de su rostro el rastro de lágrimas que habían viajado desde sus ojos hasta caer por su barbilla. Naruto acercó sus manos hasta las suyas sujetándola con fuerza, como si quisiera evitar que se alejara, podía sentir el cuerpo de su esposo temblar como si fuese un niño pequeño.
—¿C-cuándo te enteraste? —Naruto intentó que su voz sonara lo más normal posible a pesar que continuaba hipando por culpa del llanto.
—Esta mañana fui al hospital —respondió serenamente, su esposo acariciaba sus dedos con los suyos—. Ayer después de regresar de una misión comencé a tener muchos malestares…
—¿Estuviste sintiéndote mal? —Naruto le quitó la palabra un poco exasperado, Hinata se dio cuenta que en la mirada de sus ojos se reflejaba un "y yo no estaba aquí contigo…" ella alejó sus manos de sus mejillas pero Naruto no le soltó, ambos entrelazaron sus dedos cerca de su regazo.
—Sí, bueno, durante la misión comencé a debilitarme más rápido de lo normal entre otras cosas que luego me explicaron en la clínica eran porque estoy embarazada —comenzó a explicarse despacio, sintió los dedos de Naruto estrecharse a los de ella con fuerza cuando mencionó esa última palabra, como si aún no la creyera del todo—. Nuestro bebé aún es tan diminuto que no desarrolla todavía su red de chakra, así que estamos compartiendo la mía.
Nuestro bebé.
Decir eso se escuchaba como la melodía más hermosa que había entonado jamás.
Salió de su ensoñación al sentir la palma de Naruto posarse sobre su vientre, le presionó suavemente con la yema de sus dedos.
—Sí, ahora mismo será muy pequeño, ¿no es así? Aún no se deja notar —la voz de Naruto estaba llena de ilusión y de una apasionada curiosidad, su vista no estaba fija en Hinata sino en la parte baja de su abdomen, sus ojos brillaban como un par de zafiros—. Recuerdo la primera vez que vi a una chica embarazada, fue Kurenai-sensei, y parecía que se había comido una sandía completa.
Su esposo soltó una sonora carcajada cuando terminó su anécdota, Hinata no pudo evitar reírse con la misma. Dirigió su mirada hasta el pequeño paquete que estaba formado por los retazos de su vestido sobre la mesita frente a ellos, justo a un lado del par de libros que hace un momento mantenía entre sus brazos.
Soltó las manos de su esposo, estiró su brazo para alcanzar el pedazo de tela y lo acercó hasta ellos. Lo sostuvo con su mano derecha mostrándoselo a su esposo, Naruto observó la tela hecha un nudo parpadeando repetidas veces, sin entender qué era eso.
—Me dieron esto en el hospital —le explicó al mismo tiempo que deshizo el nudo de la tela y esta cedió mostrando su contenido: la pequeña pepita gris oscura—. Es una semilla de amapola, nuestro bebé es exactamente de este tamaño.
Naruto vio embelesado aquella pequeña semilla, pero su expresión cambió un poco cuando se dio cuenta que el retazo de tela que había transportado el diminuto objeto era del mismo color del vestido que llevaba puesto Hinata. Sus ojos volvieron a abrirse de la sorpresa, bajó su mirada y tomó la falda del vestido por el borde que estaba destrozado, con la tela hecha un girón e hilos colgando sin cuidado.
—Hinata...tú…tu vestido...¡¿Cortaste tu vestido para guardar esa semilla?! —preguntó completamente atónito, parecía incluso incapaz de parpadear por el asombro. Hinata se ruborizó, apenada.
—Y-yo… lo siento, Naruto-kun, pero es tan pequeña que no quería maltratarla o perderla de camino a casa. Necesitaba protegerla —trató de justificarse, quizá para alguien más podría ser una situación tonta o exagerada pero ella simplemente hizo lo que le dictó su corazón hacer. Vio las manos de Naruto rodear su mano derecha, su esposo con cuidado le cerró los dedos obligándola a encerrar la semilla y el pedazo de tela entre ellos para después rodearle el puño con sus manos.
Naruto se acercó tanto como pudo a ella, le besó suavemente la nariz y juntó su frente con la de ella. Se quedaron en silencio por un momento que pareció eterno, cerca uno del otro, con la semilla protegida dentro de su mano que a su vez eran protegidas por las de él.
Juntos iban a cuidar de esa diminuta semilla.
Juntos la verían crecer.
—Dijiste que es una amapola, ¿verdad? —la voz de su esposo la sacó del letargo en el que ambos habían caído. Hinata afirmó suavemente con un movimiento simple de su cabeza. Naruto se alejó despacio de ella, retirando igualmente sus manos, Hinata lo vio estirar su mano hasta la mesita de la sala de estar alcanzando el libro color amarillo que descansaba sobre esta.
Volvió a acercarse a ella mientras comenzaba a hojear el libro con intenciones de descubrir el mensaje que la flor que nacería de esa semilla tenía para ellos. Hinata y Naruto estaban lo más cerca posible el uno con el otro, leyeron en silencio la descripción debajo de la foto de una bella amapola roja. Ambos soltaron un suave jadeo de sorpresa, apartaron su vida de las páginas del libro y se miraron fijamente. Completamente sin aliento.
Naruto fue el primero en sonreír y ella le imitó.
Amapola: La fragilidad y la esperanza. "Muy pronto estaremos juntos".
-o-
Con la partida del sol la temperatura se fue apaciguando poco a poco, además el viento soplaba apaciblemente refrescando la noche. Por eso cuando su estómago comenzó a rugir exigiendo una cena digna no le pareció una mala idea salir en busca de un gran tazón de ramen, después de todo la noche pintaba muy agradable como para dejarla pasar en las solitarias paredes de su apartamento.
El miso con cerdo siempre fue la opción ganadora entre las participantes descritas en el menú, sorbió los fideos con singular alegría apenas la atenta chica de cabello castaño claro colocó su orden frente a él, se limitó a cenar mientras escuchaba el ir y venir de clientes que, quizá tan solitarios como él, se sentaban a su lado en la barra del negocio a degustar sus bien servidos cuencos. Algunos metidos en sus asuntos otros, un poco más animados, intentando entablar una conversación que no iba más allá de dos a tres palabras amistosas.
—Tan delicioso como siempre, Ayame-chan —felicitó a la castaña al mismo tiempo que le extendía un par de billetes para cubrir su cuenta, la joven hija del dueño del lugar aceptó el cumplido y la paga con una amable sonrisa.
—Siempre es un gusto atenderle, Iruka-sensei —le respondió la sonriente chica extendiéndole el cambio que le correspondía después de abrir la caja registradora—, por cierto, Iruka-sensei, ¿sabe usted algo de Naruto? No lo hemos visto por acá en más de un mes. Debe estar en una misión muy difícil, ¿no es así?
—¿Naruto?, bueno sí, eso escuché —el hombre de piel morena levantó la mirada hacia el techo como si buscara en sus recuerdos. Había ido a buscar a su viejo alumno dos semanas atrás para pedirle por favor que le ayudara con unas clases de demostración en la academia, la siempre amable esposa de Naruto le informó que se encontraba fuera de la aldea hasta por lo menos otro par de semanas más. Regresó su mirada hacia los ojos oscuros de Ayame y le sonrió con cortesía—. Seguro que las ventas bajan considerablemente con él tanto tiempo lejos, ¿no es así?
Ayame se encogió de hombros al tiempo que soltaba una divertida risa.
—Ni que lo diga, sin duda es el cliente estrella —corroboró sin borrar su sonrisa, la vio hacer una ligera reverencia hacia él en una respetuosa despedida—. Que tenga una bonita noche, Iruka-sensei.
—Nos vemos después, Ayame-chan, envía de mi parte un saludo a tu padre —se despidió cortésmente alejándose del mostrador, apenas atravesó la cortina para salir del establecimiento cuando escuchó unas carcajadas llenas de emoción y energía.
—¡Naruto-nii chan, Hinata-neesan esto es increíble! —un chico de alborotado cabello castaño brincaba emocionado frente al joven matrimonio quienes le sonreían de una manera tan deslumbrante que incluso a Iruka, ajeno a esa conversación, de cierta manera le reconfortaba—. ¡Esto es increíble-kore!
—¡Escucha bien, Konohamaru! —sentenció Naruto señalando a su pupilo con la mano derecha mientras la izquierda permanecía sobre la espalda de su esposa quien solo se limitaba a disfrutar la divertida escena—. Debes entrenar duro y dar lo mejor de ti, ¡debes ser un buen hermano mayor-ttebayo!
Por la espalda de Iruka corrió un escalofrío tan fuerte que quedó paralizado en su lugar.
¿Hermano mayor? Él sabía muy bien que los padres Konohamaru no estaban más con él… ¿se referían acaso a la hija de Asuma? No tenía sentido, para Mirai, Konohamaru ya era todo un hermano mayor.
Un momento…
¿Eso significaba que…?
—¡Voy a enseñarle todo lo que he aprendido de ti, nii chan! —sentenció con entusiasmo el adolescente elevando sus puños, Naruto puso los ojos en blanco del susto y palideció un poco. Hinata se echó a reír suavemente cubriendo su boca con sus dedos.
—¡E-espera! —Naruto movía sus manos de un lado a otro, preocupado— ¡N-no tiene que ser todo-ttebayo!
—Naruto… —reconoció su propia voz en apenas un hilo, la joven pareja levantó la mirada hacia él.
—Ah, Iruka-sensei —Hinata fue la primera en saludarlo con una apacible sonrisa en los labios—. Buenas noches.
—Iruka-sensei —Naruto de pronto había abandonado al lado la pinta bromista con la que había hablado a Konohamaru, había enderezando su espalda tomando una postura más seria.
—¡Iruka-sensei! —Konohamaru llegó hasta él de un salto, los ojos azul grisáceo del chico Sarutobi brillaban de felicidad—. ¡Naruto-nii chan y Hinata-neesan van a tener un bebé!
Su corazón pareció detenerse un segundo y todo el aliento en sus pulmones lo abandonó. Levantó su mirada hacia Naruto y Hinata quienes le sonreían con calidez confirmando silenciosamente la noticia.
Sus ojos se clavaron en ellos sin poder emitir una palabra. Primero reparó en ella: la recordó en sus tiempos de academia tan menuda y tímida que apenas hablaba en clase, pero también sabía que era poseedora de una intensa bondad. Iruka había confiado en ella cuando se casó con Naruto, sabía perfectamente que nadie más podría cuidarlo y amarlo tanto como el rubio se merecía. En su cabeza no cabían las dudas: ese niño iba a tener la mejor madre que alguien pudiese tener.
Su corazón dio el verdadero vuelco cuando dirigió su mirada hacia Naruto, podía notar con facilidad lo increíblemente feliz que el rubio estaba ante lo que se avecinaba. Aquel chiquillo cabeza dura, travieso y demasiado inquieto como para pasar desapercibido ya había quedado muy atrás. No solo era el ninja más poderoso en las cinco naciones, un héroe de guerra y sin dudas el próximo Hokage. Era todo un hombre.
Un hombre que estaba apunto de embarcarse en la aventura de ser padre, conociendo a Naruto iba a ser la más difícil de su vida, pero confiaba en que con ayuda de Hinata saldría adelante.
Regresó del mar de sus pensamientos cuando se dio cuenta que un hilo frío de agua le recorrió desde su ojo, pasó por su mejilla y cayó desde su barbilla. Apretó los labios cuando sus ojos se hicieron más acuosos, enderezó su espalda
—Naruto, Hinata —empezó de forma solemne, con la voz tan ronca como pudo para evitar quebrarse, Konohamaru se hizo a un lado para darle la oportunidad de hablarles de frente—. No tienen idea de la dicha que me da escuchar eso, los felicito muchísimo.
—Iruka-sensei —la voz de Naruto era tan seria como la que había utilizado él, lo vio tomar la mano de su esposa—. Te pedí antes que tomaras el lugar de mi padre en nuestra boda. Por favor acepta seguir siendo parte de mi familia y ve a mi hijo como parte de la tuya.
Naruto y su esposa inclinaron su cuerpo hacia adelante en una suave y respetuosa reverencia. Pudo notar al rubio temblando de los nervios buscando la calma estrechando los pobres dedos de su mujer. Iruka abrió tanto sus ojos que temió que salieran huyendo de sus cuencas.
—Será un honor para nosotros que nuestro hijo pueda ver en usted una figura parecida a la que ha sido para Naruto-kun —complementó Hinata con toda la solemnidad y educación tan característica del clan Hyuga cuando terminaron su reverencia, le dejaba ver que ella apoyaba plenamente los deseos de su esposo.
Iruka vio atónito a la pareja, giró su cabeza un poco para ver al joven Konohamaru a un lado de él sonriéndole con apremio dándole ánimos para responder a la petición, su nariz se arrugó al tiempo que sus ojos ardieron por las ya casi incontrolables ganas de llorar. Les respondió su reverencia con otra más, cerró con fuerza los ojos para evitar que las lágrimas le ganaran.
—El honor va a ser todo mío. Naruto, Hinata, muchas gracias —irguió de nuevo su espalda y volvió su vista hacia el matrimonio. La felicidad que sentían era tan grande que estaban decididos a compartirla con todas las personas que querían—. Naruto, de verdad estoy muy orgulloso de ti.
Agradeció que él estuviera incluido en esa lista.
-o-
La noche ya había tomado pleno control del cielo, ahora oscuro con una luna brillante adornada por estrellas.
Haciendo de esa oscuridad su cómplice, se deleitó con las melodías que dentro de su habitación él era quien orquestaba. El rechinido contínuo de su cama, los golpeteos húmedos de una piel contra la otra, los dulces jadeos que se escapaban de la garganta de su mujer cada vez que él volvía a sumergirse en su interior.
Por todos los dioses, la había extrañado tanto…
Poder saborear su piel, morderla, acariciarla y apretujar los suaves montículos de su pecho para poder arrancarle una vez más su nombre entre gemidos, entrar en ella...que ella le recibiera tan gozosa como cuando se marchó, sus pliegues lo rodeaban tan calientes y mojados como los recordaba, cómo los había anhelado mientras estuvo lejos.
Se había prometido que esa noche sería gentil, no buscaría nada más que volver a hacerle tiernamente el amor a su esposa para demostrarle que la había extrañado, que la amaba muchísimo y para agradecerle que iba a darle un hijo.
Se lo había prometido pero la forma en la que su mujer se aferraba a él encarnando sus uñas en su amplia espalda masculina provocando también que aquel lugar que lo recibía apretara aún más toda su longitud...le estaba complicando muchísimo mantener su promesa.
Sin parar de embestir contra ella abrió con pesadez sus párpados, su propia respiración era tan agitada que esa simple acción era tremendamente demandante. Gracias a la luz de la luna que se colaba por las ventanas de la habitación pudo verla debajo de él, con su largo cabello oscuro regado en todas direcciones sobre la almohada, ella permanecía con los ojos cerrados y sus labios entreabiertos de donde escapaban sus suspiros y jadeos cada vez que él volvía a entrar en ella empujando sus caderas.
Pudo sentir sus mejillas arder cuando en la oscuridad pudo ver el brillo violeta del par de perlas que su mujer tenía por ojos, brillaban no solamente por las pequeñas lágrimas que se arremolinaban entre sus gruesas pestañas y rodaban en su rostro, también estaban llenos de alegría, de ilusión, de amor por él.
Fue sencillamente imposible contenerse más, la tomó por la cintura y arremetió con fuerza llegando hasta lo más profundo de ella, el entrar y salir de ella provocaba sonoros choques húmedos que se combinaban con los apasionados gritos que su mujer soltaba mientras gemía su nombre. El suyo y el de nadie más.
Era suya, era su esposa, su mujer...era la madre de su hijo…
Se acercó hasta ella, la besó con ansias, con mucha sed de ella. Fue tan vehemente correspondido que se permitió morderle los labios y enredar sus lenguas. Empujó fuertemente un par de veces más sin dejar de besarla cuando potentes escalofríos le recorrieron el cuerpo entero. Ella le abrazó de fuerza lanzando al aire un último suspiro cuando él derramó dentro de sus paredes toda su esencia.
Él era suyo, era su esposo...era el padre del bebé que dulcemente esperaba…
Apenas salió de ella se dejó caer justo a su lado en la cama, queriendo así evitar aplastarla y provocarle algún daño. Ahora solo la respiración exhaustiva de ambos era lo único que se escuchaba en la oscura habitación.
En medio de la oscuridad la buscó, ella se acurrucó con ternura en su pecho y él la rodeó con sus brazos. Volvió a encontrarse con los perlados ojos de Hinata, ese mismo brillo de hace un rato continuaba presente en ellos. Posó su mano en la delicada mejilla de su mujer, bajó hasta sus labios para besarla una vez más, esta vez el beso fue dulce casi tímido, muy parecido al primero que habían compartido frente a la gran luna.
Separó sus labios de los de ella y la vio sonreírle, él le sonrió también.
La vio cerrar los ojos lentamente, quizá deseando estar despierta un rato más pero terminó por ser vencida por su propio cansancio. Él volvió a sonreír esta vez solamente curvando ligeramente sus labios hacia arriba, debía ser verdad eso que ahora estaba expuesta a agotarse con más facilidad.
Con cautela posó su mano sobre la cintura de su mujer acercándose suavemente hasta el centro de su vientre. Lo acarició suavemente, era la primera vez que lo hacía desde que se enteró que su hijo estaba ahí sin la barrera que significaban las ropas de Hinata. Ella le explicó que cuando él fuera un poco más grande podrían incluso sentirlo moverse, quizá incluso le gustara patear para hacerse notar.
Esa idea le hizo reír a carcajadas cuando su esposa se lo contó como una posibilidad. A ver, era su hijo, definitivamente iba a querer hacerse notar.
Teniendo cuidado de no despertar a Hinata, dejó de abrazarla y comenzó a descender en la cama hasta estar a la altura del aún plano abdomen de su mujer. Despacio volvió a abrazarla posando su mejilla sobre la suave piel blanca, juntó su oído lo más que pudo al vientre de Hinata, aun cuando sabía que aún no podía escuchar nada.
Sus ojos se entrecerraron levemente, una punzada se clavó en su corazón con pesar. Un semi amargo recuerdo pasó por su mente, un trío de chiquillos en sus tiempos de academia esperaban de pie a las afueras de su salón de clase a que su sensei les revocara el castigo por no haber puesto atención a las lecciones de ese día. Se vio a sí mismo, tan delgado y bajo de estatura como era entonces recargando su espalda contra una de las paredes del edificio, a su lado un niño regordete de cabello castaño y espirales en las mejillas se frotaba los ojos mientras hipaba tratando de controlar el llanto.
—Anda, Choji, no es para tanto —escuchó su propia voz muchísimo más aguda e infantil—. Iruka-sensei no está en serio enojado con nosotros.
—No es eso...es solo que… —el pobre Choji intentaba controlar sus hipos—. Papá hoy me había prometido acompañarme todo el día y...cuando desperté mamá me dijo que se había marchado a una misión. ¡Eso es romper una promesa!
El pequeño Naruto parpadeó un par de veces, dirigió su mirada hacia sus pies, enfocándose en sus sucias y maltratadas sandalias. No tenía idea de lo que era que tu padre te faltase a una promesa, no tenía idea de lo que era tener un padre en primer lugar, se dio cuenta que no era capaz de aconsejar bien al chico que parecía bastante ofendido con la falta de compromiso de su papá.
—Eso a veces pasa, los papás son personas ocupadas —el tercer niño intervino con naturalidad y un poco de desgana. Naruto levantó su mirada para ver al niño de cabello negro atado en una coleta alta. Shikamaru se encogió de hombros y negó con la cabeza, como si lo que estuviera diciendo fuera lo más normal del mundo—. Los viejos del clan Nara dicen "es de humanos fallar, es de padres fallar el doble"
Aquella frase fue un golpe tan duro que le hizo regresar al presente, de nuevo sintió su corazón siendo clavado y abrazó con más fuerza la cintura de su mujer dejando que el calor de su vientre le reconfortara la mejilla que aún mantenía sobre este.
—Estás asustado —la profunda voz del nueve colas retumbó en toda su cabeza. No había sido una pregunta. Naruto apretó los labios y no respondió—. No deberías estarlo, al menos no tanto.
—Voy a fallarle —se decidió por fin a responderle—, muchas veces…
—Jamás lo harás con intención de hacerlo —Kurama tenía razón, Naruto tendría que morir antes que dañar a Hinata o al hijo de ambos de manera voluntaria—. Además, no pasarás por esto tú solo.
Naruto levantó su vista hasta el rostro de su esposa, ella dormía de manera tan profunda completamente ajena a esa conversación. Recordó como Hinata había sido capaz de rasgar uno de sus vestidos favoritos con tal de asegurarse que la semilla amapola que llevaba en las manos llegara segura hasta casa. Hinata era maravillosa...y este bebé seguramente lo sabía, por eso la eligió para ser su madre.
Él esperaba ser digno de ser elegido por su bebé para ser su padre. Podría llegar a fallarle, sí, pero jamás se apartaría de su lado, iba a amarlo y a protegerlo con su propia vida si resultaba necesario.
Vendrían momentos dulces, otros quizá fueran más amargos. Unos llenos de sol, otros donde la tormenta parecería no detenerse jamás. Pero estaba seguro, los días buenos superarían a los malos. Estaba decidido a hacer a su familia feliz.
Su familia.
Uzumaki Naruto, tenía por fin una familia.
Él, Hinata y ese bebé. Ese lirio amarillo que llamó a la felicidad.
En el idioma que tienen las flores los lirios amarillos atraen la felicidad pero incluso, a veces, la multiplican.
FIN.
Dios mío, he soltado un suspiro pesadísimo cuando escribí ese "Fin" Quiero agradecerles la paciencia con este último capítulo, sé que anuncié que lo publicaría este fin de semana y traté dar todo de mi para que estuviera arriba desde el sábado pero me fue humanamente imposible. Aún así espero que cumpliera con lo que ustedes esperaban para el final de esta historia!
Me he encariñado de una manera exagerada con este fic, va a ser muy difícil el acostumbrarme a no escribir cada semana un nuevo capítulo. Amé este fic, amo a esta pareja y amo relatar solo momentos bellos para ellos, siento que se lo merecen.
Por mi cabeza pasó varias veces la idea de escribir un epílogo, pero sinceramente no estoy segura sobre qué trataría, así que no quiero crear ilusiones. Si les gustaría un epílogo pueden dejarlo en sus comentarios que con todo gusto leeré!
No tienen idea de lo mucho, de verdad lo mucho que valoro toda la buena aceptación que tuvo este fic. Siendo mi primer NaruHina estaba nerviosa pero al leer todos sus comentarios, la cantidad de vistas, los votos, los comentarios. Solo pude motivarme y sentir mi corazón llenarse.
De nuevo les agradezco con toda el alma y espero me dejen saber qué opinan de este final. Espero encontrarme con ustedes de nuevo en una nueva historia.
Un beso enorme
-Kao
