¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
Bueno a comenzar :D
La bendición del Caído.
Capítulo 9
Sakura Kinomoto
Habían pasado alrededor de dos horas desde que fuimos encerrados en el oscuro sótano y no teníamos noticias del exterior. El olor de mi ropa era desagradable y estaba segura que mi apariencia no era mucho mejor, a eso debía sumarle el mareo que no me permitía moverme y el temblor en mi cuerpo era tal que hasta mis dientes castañeaban; era una mezcla del frío que hacía y… la incertidumbre.
Me giré y apoyé mi cuerpo en la pared rugosa para ocultar mis manos de la vista de todos, mientras frotaba mis brazos intentando entrar en calor: el brillo había aumentado un poco y se había vuelto intermitente. Cielos… ¿cómo podría usar mi poder si estaba encerrada? Aunque las bendiciones fueran comunes en ese mundo, llevaba tantos años ocultando la mía que revelarla me parecía impensable.
«Pero sabes muy bien que debes hacerlo o se desatará un caos», pensé inmediatamente.
Ya había ocurrido en el pasado y no estaba dispuesta a atravesar por eso otra vez. Era doloroso, desgarrador… como morir en vida, además del cargo de consciencia… No, una sola vez había sido más que suficiente para aprender la lección.
Debía hacerlo, pero ¿cómo llegar hasta la chica?
Cerré mis ojos y refugié mi cabeza entre mis rodillas cuando sentí que las lágrimas comenzaban a acumularse… la idea de volver a casa se veía cada vez más lejana.
―He conseguido algo de agua y un trozo de tela para que te limpies ―mencionó una voz delicada. Alcé la cabeza y me encontré con la sonrisa gentil de la chica que había sido apresada conmigo.
―¿Perdona...? ―susurré, un poco confundida.
―Imaginé que debías sentirte asqueada con tanta suciedad… y no creo que salgamos de aquí en un buen rato. ―Se agachó a mi nivel y dejó en el suelo la jarra que llevaba en sus manos, junto a un retazo de tela que, por su color melocotón, pertenecía a su propia falda―. Por lo menos podrás limpiar tu rostro y tus manos.
Ella tenía razón. Estaba tan abrumada entre el hedor de mi ropa, la mugre y todo lo que había pasado, que no podía pensar con claridad; limpiarme ciertamente aligeraría un poquito la presión en mi interior.
Asentí y le agradecí el gesto. La chica se sentó a mi lado y dándole la espalda, humedecí el trozo de tela para pasármelo por el rostro y cuello; el alivio, aunque mínimo, me hizo suspirar. Recogí las mangas sucias hasta mis codos y pasé la tela por mis manos y brazos, quitando la sensación pegajosa de la sangre seca. Sabía que el olor no se iría por completo y que mi cabello estaría como un nido, pero eso sería suficiente hasta que pudiera tomar un buen baño.
Si me lo permitían…
Sacudí la cabeza para quitar esos pensamientos de mi mente: si quería salir de esa debía mantenerme firme. Subí la falda un poco y humedecí la tela de nuevo para pasarla por las pantorrillas y pies; las zapatillas… eran pérdida total. Preferí quedarme sin ellas.
Estando lista, enderecé mi cuerpo y encogí las piernas, refugiando las manos detrás de mis muslos para mantenerlas ocultas. La agradable chica tarareaba una dulce melodía que era desconocida para mí, pero que era capaz de suavizar, poco a poco, la tensión y el miedo que sentía, lo cual agradecí en silencio.
―Cuando estoy afligida, suelo cantar ―dijo al notar mi mirada sobre ella… y enseguida recordé a mi viejo amigo: el violín de mi padre que me había acompañado desde siempre.
―La música libera el alma ―dije en voz trémula―. Cada nota muestra un fragmento del alma del músico que la ejecuta… Es algo que simplemente no se puede explicar.
―¿Sabes de música?
―A-algo ―respondí, golpeándome mentalmente por dejarme llevar―. Soy Sakura, por cierto.
―Mi nombre es Tomoyo ―dijo, mostrando una sonrisa rebosante de afabilidad―. Tienes un nombre precioso y sagrado, pero me imagino que te lo han dicho antes.
Asentí, observando sus ojos azules y sinceros. Se veía que era una buena chica.
―Es horrible todo esto, ¿verdad? ―mencioné, haciendo una mueca.
―La peor de mis pesadillas… ―susurró―. Pero lo único que me interesa es saber si su alteza está bien…
Su mirada se cristalizó y las lágrimas no tardaron en deslizarse por sus mejillas, inmediatamente se disculpó por su debilidad y trató de limpiarse con las mangas de su precioso vestido, que también estaba teñido de rojo.
―La princesa estará bien, no te angusties ―le dije para tratar de animarla, y sabía que así sería. El picor en mis manos me decía que ella aún estaba viva, aunque no le quedaba mucho.
―De alguna forma… yo también lo creo ―dijo, mirándome con esos ojos tan azules como los zafiros―. Pero no puedo evitar sentirme mal por la pesadilla que están pasando allá afuera. Su excelencia debe estar por perder la cordura… él adora a su prima.
Apreté aún más mis puños y fruncí el ceño. Aunque no hubiera reaccionado en el momento debido a la situación, estaba furiosa por saber que ellos me habían engañado al no decirme que el idiota era el "grandioso" duque. ¿A qué diablos estaban jugando?, ¿qué ganaban con no decírmelo? Demonios, me encantaría poder reprochárselos y mandarlos a la mierda, pero desgraciadamente no podía. O por lo menos no de momento, no me convenía… Primero debía averiguar qué interés tenían en mí, porque era obvio que por eso me habían ayudado.
―¿Crees que nos tengan aquí mucho tiempo? ―pregunté, retomando la plática.
―En cualquier momento deben iniciar los interrogatorios… después de eso no sé qué ocurrirá con nosotros.
Si ella no lo sabía, mucho menos yo, pero no podía perder la calma. La serenidad era la clave para responder a las preguntas que me hicieran con astucia, justo como lo venía haciendo desde que llegué. Un simple error me colocaría en un escenario complicado.
«Como la horca», pensé, tragando grueso.
―Tenga. ―Una tela rojiza apareció en mi campo de visión. Al levantar la mirada, me encontré con los ojos cafés del hombre que había luchado para defender a la princesa.
―Pero…
―La he estado observando y no deja de temblar ―dijo con su voz potente y profunda, colocando la capa a mi alrededor―. Así podrá conservar un poco el calor.
―Yo… muchas gracias, capitán ―dije y le regalé una sonrisa. Él no la correspondió y sólo se limitó a sentarse frente a nosotras.
Me encogí dentro de la capa, dejando que el calor fuera reviviendo poco a poco mis extremidades, y observé a los dos jóvenes que estaban conmigo. Ambos trataban de disimular su angustia tras una máscara, una sonriente y la otra inexpresiva, pero era evidente que deseaban salir para constatar el estado de su señora. Froté mis manos para aligerar el hormigueo y permití que el recuerdo de la princesa llenara mi mente: su largo cabello negro, su rostro pálido y lleno de dolor, y sus ojos carmín llenos de tristeza… Repetí en mi memoria el momento en el que ella se desplomaba sobre Tomoyo sin fuerzas y… su sangre brotando. ¿Sería ella la razón por la cual estaba yo allí? Las voces me habían dicho que era mi destino… ¿Podría ser ese el motivo?, ¿descubrir qué era mi poder y ayudar a esa chica? Y si lograba hacerlo… ¿lograría volver a casa? Maldición, tenía demasiadas dudas sin respuestas y lo peor era que no podía salir a comprobarlo.
«La verdad te hará libre», tapé mis oídos con mis puños, no deseaba escuchar las voces. No en ese momento.
Un chirrido metálico me sobresaltó y me erizó la piel por lo que eso significaba: la puerta que daba con el exterior se había abierto. Viendo que todos se ponían de pie, los imité y a medida que los pasos descendían por las escaleras de madera mis nervios aumentaban, cavando un hueco en mi estómago tan profundo que me produjo arcadas… Cielos, lo último que me faltaba era vomitar otra vez.
Dos hombres uniformados aparecieron, y tras ellos… venía Layla. La joven miró en todas direcciones hasta que sus ojos azules coincidieron con los míos, entonces su sonrisa amable surgió. Sabía que me había mentido en cuanto a la identidad de Li y estaba molesta con ella por eso, pero… me alegraba mucho ver que había regresado sana y salva. Layla era de ese tipo de persona que se ganaba el aprecio rápidamente con sus locuras y su forma de ser tan refrescante, por eso no dudé ni un segundo en acercarme hasta ella.
―Te he traído ropa para que te cambies.
―Te lo agradezco mucho… ―dije, procurando mantener mis manos cerradas al recibirla―. Layla yo… yo soy inocente. ―Maldije para mis adentros cuando noté que mi voz se partió al final.
―Lo sé, lo sé…
―Entonces… ¿por qué estoy encerrada?
No respondió, pero sus ojos lo hicieron por ella: quizás Layla confiaba en mí, pero Li no.
―¿Cómo se encuentra su alteza? ―preguntó Tomoyo, llamando nuestra atención―. Lamento haberlas interrumpido, pero… necesito saber cómo está.
Mi amiga dio un largo suspiro y la miró con pesar… eso no era bueno.
―Por favor, se sincera ―pidió el capitán que también se había acercado a nosotras, y viendo los ojos cristalinos de Tomoyo, colocó una mano sobre su hombro para darle apoyo.
Layla asintió y nos miró con seriedad para revelar el estado de la princesa:
―El médico familiar ha venido y el pronóstico no es bueno. Le ha dicho al duque que su alteza… no llegará a ver el alba.
El rostro de Tomoyo perdió toda señal de color y sus piernas le fallaron, afortunadamente el joven que estaba a su lado fue rápido y logró evitarle la caída. Se llevó las manos a la boca para acallar sus sollozos llenos de angustia y dolor, pero le era imposible. Era como si luchara por respirar y algo se lo estuviera impidiendo, una carga tan pesada que le oprimía el pecho… y el mío también.
No conocía a la princesa, sólo había podido observarla de lejos cuando tomaba el té con la madre del duque; una chica risueña que apenas empezaba a vivir… y que ahora se debatía entre la vida y la muerte. Apreté mis puños con tanta fuerza que los hice temblar, ¡tenía que hacer algo! Ya no sólo se trataba de mantener en control mi poder… no podía dejar que una vida inocente fuera sesgada de esa forma, no de nuevo.
―Capitana, es hora ―dijo uno de los hombres que bajaron con Layla.
La joven asintió y se acercó al capitán que aun sostenía a Tomoyo contra su pecho mientras ella desahogaba todo su dolor.
―Imagino que ya tienen bajo custodia al resto de mis hombres ―dijo él.
―Supones bien ―respondió Layla y claramente pude ver como tragaba grueso―. Sabes que esto es una formalidad…
―Enfrentaré las consecuencias de mi descuido ―respondió él, posando su mirada fuerte y pesada sobre ella―. Cumple con tu deber, mujer.
Layla, dando un profundo suspiro, se paró firme y entonces habló con voz fuerte:
―Capitán Han, debe acompañarnos para iniciar con su interrogatorio.
El joven asintió y tras darle un par de palmadas a Tomoyo en la cabeza para que tratara de componerse, extendió sus manos hacia Layla para que ella misma se las atara. Mi boca se secó de golpe y el tragar se me hizo casi imposible, debía actuar con rapidez o todo se iría al traste…
―Andando ―dijo ella y guio al capitán hacia las escaleras.
Grité el nombre de Layla en un momento de desesperación. La idea que estaba rondando mi cabeza era alocada y riesgosa, significaba hacer algo que no deseaba… pero no tenía otra salida. Sería expuesta de una u otra forma, pero al menos podía escoger cómo y… ya luego vería que hacer si algo salía mal.
―¿Qué sucede? ―preguntó ella volviendo sobre sus pasos.
Ni yo misma estaba segura, pero ya había tomado una decisión y debía mantenerme firme para lograr mi objetivo. Le indiqué con la cabeza que me siguiera unos cuantos pasos más allá y cuando sentí que ya estábamos lo suficientemente apartadas, le hablé en susurros:
―Necesito que me hagas un favor.
―Si está en mis manos, lo haré con gusto.
―Yo… ―Mordí mi labio inferior y respiré profundo para infundirme valor. Entonces, endurecí la mirada y solté mi solicitud―: Necesito que le digas a Li que quiero hablar con él.
Layla frunció el ceño en respuesta, quizás le parecía una locura… y lo era, pero yo no daría mi brazo a torcer. Él era mi única salida.
―Su excelencia está ocupado tratando de…
―Te recuerdo que yo estaba allí también y pude ver su dolor, Layla. Pero esto es importante ―dije sin que me temblara la voz―. Dile que hablaré únicamente con él y que, si accede a verse conmigo, yo le daré las respuestas que busca, aunque tendrá que aceptar mis condiciones.
―Sakura…
―No comprendo el motivo por el cual me ocultaron todo esto, pero ahora carece de importancia… ―dije y al ver la duda en sus ojos, di el golpe de gracia: chantaje emocional―. Y, así como yo confié en ustedes en un momento, espero lo mismo de su parte.
Layla suspiró pesadamente y me miró con arrepentimiento. Mi tía solía decir que había aprendido demasiado bien el arte de manipular y, siendo sincera, no sentía ni un poquito de remordimiento.
―El duque está demasiado ofuscado y no creo que le haga gracia tu propuesta… pero se lo diré y haré lo posible para que te escuche. Te doy mi palabra.
―Muchas gracias, te prometo que no te arrepentirás ―dije y la observé subir con una sonrisa.
Ahora sólo esperaba que el estirado y siempre recto duque de Terewyll dejara su terquedad atrás y accediera.
―¿Quieres que te cubra mientras te cambias? ―preguntó Tomoyo a mi espalda―. Podemos usar la capa de Zhao.
―¿Estás más tranquila?
Ella asintió y me guio hacia una esquina oscura, ocultándome tras la capa del capitán de las miradas curiosas de las otras personas que estaban encerradas con nosotras y de los guardias que nos vigilaban. Desaté los cintos de la parte superior del hanfu y dejé que se deslizara al suelo, por lo menos usando ropa limpia el hedor disminuiría muchísimo. Me coloqué la parte superior del que me había traído Layla ―me llegaba hasta los muslos― y luego desaté los cintos para que la falda cayera, cambiándola por la nueva.
Cuando todo estuvo en su lugar, volví a sentarme en el suelo; Tomoyo no tardó en hacerme compañía y seguido trató de instalar una conversación conmigo. A pesar de las circunstancias y de su dolor interior, ella trataba de mantener una sonrisa afectuosa y maternal en sus labios mientras conversábamos; su fortaleza era admirable.
―Entonces eres una doncella de su alteza. ―Ella asintió―. Me imagino que debe ser genial vivir en un palacio.
―El lugar es hermoso, pero es como estar preso en una jaula de oro ―dijo―. Así se sentía su alteza y por eso cuando el rey le comunicó que vendría a Zhuran se puso muy contenta.
―Entiendo…
―Sólo espero que ocurra un milagro que la salve… y esto se convierta en un mero recuerdo desagradable para todos.
Hice una mueca… el milagro lo tenía en mis manos, pero el cuarto de la princesa estaría más resguardado que Gringotts y por eso no podría llegar hasta ella sin la ayuda de cierto mentiroso. Con los nudillos ejercí presión sobre mis sienes, aun me parecía una locura, pero ya lo había decidido y rezaba a todos los dioses existentes para que él accediera a mi petición.
El tiempo pasó lentamente, los parpados me pesaban por el cansancio… y estaba por ceder ante Morfeo cuando las puertas superiores volvieron a abrirse, poco después vimos aparecer unos cuantos guardias. Sus ojos observaron a su alrededor entre todos, y cuando repararon en nosotras, se acercaron.
―Debe venir con nosotros ―dijo uno de ellos, mirándome a mí específicamente.
―No te resistas y no muestres temor, eres inocente ―susurró Tomoyo para que sólo yo pudiera oírla.
―Gracias por todo y por confiar en mí… ―le dije, dándole un abrazo―. Espero poder seguir hablando contigo cuando todo esto pase.
―Claro que sí ―respondió con una sonrisa que yo correspondí.
Tomé aire profundamente y al dejarlo ir, me levanté y enderecé toda mi espalda antes de extender mis manos cerradas en puños para que las ataran. El hombre trató de no presionarlas tanto para evitar las rozaduras; posiblemente asumía que era inocente y no quería hacerme daño. Punto a mi favor.
Subimos las escaleras y salimos al exterior de la mansión, traté de vislumbrar algún punto flojo, pero sin importar hacia donde mirara había guardias apostados por todos lados. Iba a tener que jugármela muy bien para que Li no me mandara a la horca si quería sobrevivir porque… no me creía capaz de escapar en esas circunstancias. Me cuestioné inmediatamente si eso tenía que ver con los tipos que nos habían atacado, ¿Layla habría podido cumplir su misión? no se me ocurrió preguntarle en el momento que hablé con ella, pero me imaginaba que lo sabría tarde o temprano. Los chismes siempre corrían y estaba segura que ese sería igual a pesar de la lealtad que parecían tener todos al gran señor de Zhuran.
La gente siempre hablaba, era naturaleza humana.
Las pequeñas piedrecillas del camino de grava se iban incrustando en mis pies causándome molestia, pero no detuve mi andar hasta llegar a la escalinata de la entrada principal de Zhuran. Sacudí mis pies disimuladamente y dejé que me guiaran hacia el interior de la mansión, extrañándome en sobremanera cuando ellos tomaron camino hacia la majestuosa escalera central. Si bien ya tenía una semana en Zhuran, todavía había sitios que no conocía, especialmente en las plantas altas porque yo sólo me dedicaba a ayudar a la señora Wu en la cocina, por eso no pude evitar sentirme nerviosa al no saber hacia dónde me estaban llevando.
Estando en la segunda planta, seguimos por un pasillo largo hacia la derecha y al llegar al final tocaron dos veces a la puerta, una voz grave dio el consentimiento para ingresar, y aunque estuviera amortiguada por la madera, pude reconocerla: era Li. Los latidos de mi corazón se aceleraron de golpe y hasta sentí la garganta seca, pero no podía perder la calma. Cerré mis ojos y traté de enfocar mis pensamientos; él había accedido a verse conmigo, ¡tenía una oportunidad y debía aprovecharla!
―Es ahora o nunca ―susurré cuando abrieron las puertas. Eché hombros atrás y caminé a paso firme hacia el interior de la habitación; cerraron atrás de mí.
Estaba tan nerviosa que mi cuerpo temblaba. Apreté mis puños mucho más hasta sentir el dolor de mis uñas encajadas en la piel, eso me permitió recobrar un poco del control sobre mí misma, porque si quería que él me escuchara y accediera a mi solicitud, debía aparentar imperturbabilidad. Como me había enseñado mi tío, esa era la primera regla para ganar en el póker y en las negociaciones.
El lugar en el cual estaba parecía ser un despacho, pero mucho más pequeño y privado que aquel donde… sacudí mi cabeza para no pensar en eso. Aun así, no perdía su elegancia. Cuadros hermosos decoraban las paredes, había varias estanterías de libros a un lado de la habitación, y un escritorio sencillo de madera estaba frente a la ventana por donde se colaba la luz plateada de la luna. El suave crepitar del fuego me hizo girar la cabeza hacia la izquierda y entonces… lo vi. Li estaba apoyado en la dura superficie de mármol, a un lado de la chimenea. El fuego le brindaba un brillo a sus ojos que los hacía parecer de oro líquido.
Justo como los ojos de aquel lobo en el bosque.
A diferencia de mí, él seguía con las mismas ropas, así que podía distinguir algunas manchas rojizas en sus mangas y otras más oscuras en sus pantalones. Quise preguntarle si estaba bien, pero me mordí la lengua para abstenerme de hacerlo. Estaba segura que él no contestaría, su mirada dura y fría me lo decía. Ese hombre… era como si estuviera acechándome, esperando el momento perfecto para atacarme.
―Me… ―Aclaré mi garganta al notar mi voz demasiado aguda―. Me alegra que hayas accedido a reunirte conmigo. ―Él no respondió, pero sus ojos seguían fijos en mí―. Entonces… eres el duque de Terewyll. ¿Por qué no me lo dijiste?
―Quien responderá preguntas es usted, por eso estamos aquí ―dijo en tono sereno, pero era como estar presenciando la calma antes de la tormenta―. Y créame cuando le digo que no la dejaré salir de aquí hasta que me diga la verdad: ¿quién es usted?, ¿de dónde viene?, ¿por qué vino a mis tierras? Y lo más importante: ¿está involucrada en lo que ocurrió esta noche?
―Sabes muy bien que la respuesta a lo último es "no" ―dije, recuperando mi valentía―. Estaba huyendo, querían asesinarme también.
―Pudo ser una treta.
―¡No lo fue! ―alcé la voz―. Sé que en esta situación dudas de todos, pero en tu interior sabes que no estoy involucrada en esto. Fue una simple coincidencia.
―Las coincidencias no existen ―me desconcertó que dijera las mismas palabras que solía recitar mi madre―. Me ofreció algo y espero cumpla porque si no, créame que no dudare en acusarla de traidora.
―No necesitas de amenazas, duque ―espeté, aparentando no tener miedo, aunque por dentro estuviera aterrada―. Pero también debes recordar que dije que sería bajo mis términos.
―No está en posición de exigir.
―En realidad no se trata de exigir, sino más bien de un ganar y ganar ―dije, sonriéndole con astucia―. Porque resulta que la única que puede ayudar a tu prima, soy yo.
El duque comenzó a acercarse a mí con actitud amenazante y por inercia di dos pasos hacia atrás, pero fue todo lo que retrocedí, no podía demostrarle lo mucho que me intimidaba. Teniéndolo ya a un escaso metro de distancia, sentí que el aire escaseaba y sólo pude encomendarme a los dioses para que no se me dificultara el habla y que la coherencia no me fallara. ¡Maldita sea! ¿Qué tenía ese jodido hombre que me paralizaba de tal forma? ¿Sería su mirada, su estatura… o su voz poderosa? Odiaba esa sensación de sentirme indefensa y más cuando necesitaba mantenerme firme en mi decisión.
Teniéndome acorralada contra la puerta, colocó ambos brazos a mis lados, y aunque mi cuerpo temblaba como una hoja en otoño, me negué a desviar la mirada de la suya.
―Sus palabras me hacen creer que sí estuvo involucrada.
―No tiene que ver una cosa con la otra ―susurré―. Sólo estoy ofreciendo lo que tengo: una forma de salvar a tu prima a cambio de tu confianza.
―Eso me suena a extorsión. ―Su ceño se frunció.
―Puedes verlo como quieras ―dije, sonriendo de lado―. Pero siendo yo la única que puede ayudarla, tendrás que acceder.
Por varios segundos… o minutos, no estaba segura, él no dijo nada. Sólo me miró, quizás buscando algún atisbo de duda o mentira en mis ojos, pero no iba a encontrarlo, estaba decidida a jugarme el todo por el todo en esa apuesta y eso fue lo único que traté de reflejar en mi mirada: decisión.
Y con eso, di el golpe de gracia.
―La salvaré, pero debes prometerme… jurarme por tu honor que no me juzgarás ni me dañaras. ―Tomé aire y continué―: Me brindaras protección y guardarás en secreto lo que veas y te diga. Luego de eso, te doy mi palabra que te revelaré todo lo que deseas saber ―dije, lanzando mi mano de cartas sobre la mesa.
Antes de darle mi verdad, necesitaba garantizar mi protección y sabiendo lo correcto que era Li, sabía que, si me daba su palabra, eso sería como juramento inquebrantable a lo Harry Potter.
―¿Por qué debería confiar en usted?
―¿Se intercambiaron los papeles? ―dije, ampliando mi sonrisa―. No tienes opción, Shaoran Li. Tú lo sabes, yo lo sé. Además, no tienes nada que perder, en cambio yo me estoy jugando el cuello. ―Sus labios se tensaron en una línea y yo me sentía frenética, al parecer esa sería la primera vez que ganaría una contienda y por eso, presioné un poco más―: Con cada segundo que pasa, el tiempo de la princesa se acorta y mis probabilidades de éxito también.
Li se acercó mucho más y cuando su rostro estuvo a escasos centímetros del mío… olvidé cómo diablos se respiraba.
―De acuerdo, pero ni piense que la dejaré sola con mi prima, por si eso es lo que su cabecita está planeando. ―Sentí como mis manos eran desatadas y luego se alejó―. Vigilaré todo de cerca.
―No podía ser de otra forma ―bufé… aunque en realidad me había preparado mentalmente para ello.
―Sígame ―dijo y abrió la puerta para salir del pequeño despacho.
Cielos… aún no podía creer que me hubiera salido con la mía, ¡de verdad era buena manipulando! Pero ya podría festejar luego. Le seguí sin chistar porque no quería darle oportunidad para que se arrepintiera. No, señor.
Me sorprendió que Li no tomara las escaleras para ir al tercer piso donde estaban las habitaciones en las cuales ellos dormían, contrario a eso, avanzó por un largo pasillo y luego giró hacia la derecha… ¿encontrándonos con un corredor sin salida? Se adelantó y movió un viejo cuadro hacia la izquierda, enseguida la pared cedió.
―Si desea que guarde el secreto de lo que sea que vaya a hacer, nadie puede verla entrar a la habitación de su alteza ―dijo, empujando la pared… ¡era una puerta secreta!
―Pasadizos…
―Sólo mi madre y yo los conocemos ―dijo, avanzando en el corredor que estaba iluminando por antorchas.
―Increíble… yo… ―tropecé con algo y casi me voy de bruces, pero como pasó aquella vez en el jardín, Li reaccionó rápido y me evitó el golpe al sostenerme de los hombros.
―Lo mejor será que me de la mano ―dijo, tomándola sin pedir permiso y me jaló para instarme a seguirlo. Afortunadamente, nunca bajó la mirada para ver como mi palma brillaba ligeramente contra la suya.
―Sigo diciendo que eres bastante dictatorial.
―Y a pesar de saber que soy su señor, usted sigue siendo una impertinente.
―Pues eso te pasa por mentiroso.
Li se detuvo y me enfrentó con esa mirada que destilaba firmeza y poderío. Sus ojos eran tan intensos que provocaban estremecimientos en mi cuerpo, ¿por qué dejaba que un sujeto prepotente me afectara así?
―No tense más la cuerda porque puede reventarse hacia su lado.
―O hacia el tuyo, duque ―respondí, sin dejarme amedrentar. Esa noche era yo quien llevaba las riendas, él debía entenderlo y hacerse a la idea―. Además de una tregua, tenemos un trato, Li. Vamos a llevar la fiesta en paz.
―Es usted quien siempre busca la pelea ―dijo, volviendo a jalar mi mano con delicadeza.
Subimos por una escalera de caracol y tras avanzar por un largo corredor, nos detuvimos frente a una pared que tenía una flor de cerezo tallada sobre la superficie.
Li soltó mi mano y pasó las suyas por la pared hasta que logró accionar un botón de piedra; el eco de un mecanismo activo se escuchó y enseguida la pared se movió.
―Venga ―dijo mientras empujaba la pared.
Sin dudarlo, avancé detrás de él y me interné en lo que parecía ser una habitación. No era la misma en la cual se había dado la batalla. El verde musgo reinaba en el espacio, los muebles tenían diseños serios y todos estaban ubicados de tal forma que convertían el lugar en un refugio agradable, cálido y masculino. Había un aroma en el ambiente que me hizo suspirar, uno que se asemejaba a la hierbabuena. Era el mismo olor que ya había detectado en la persona que estaba a mi lado cuando estábamos demasiado cerca, y debía admitir que tenía cierta debilidad por esa clase de esencias frescas.
Mi mirada fue entonces hacia la amplia y elegante cama, un dosel de terciopelo verde guindaba de los cuatro pilares en las esquinas… y casi gemí ante la necesidad de dormir en un colchón como ese. Cielos… ahora que miraba esa cama me daba cuenta de cuanto extrañaba la mía con mi montón de peluches y mis cobijas que me mantenían calentita.
―Por primera vez en su vida, hágame caso y espere aquí ―dijo, girándose hacia mí―. Mi prima está en la habitación contigua. ―Señaló la pequeña puerta que estaba a un lado.
―Pensé que estaría aquí…
―Despacharé a las personas que están con ella y le avisaré cuando pueda pasar.
―Lo dejo en tus manos ―dije, guiñándole un ojo, pero él ni se inmutó. Antipático.
―No tardaré más de diez minutos.
Li me hizo señas para que me apartara del campo visual de la puerta y luego de eso la abrió para ingresar a la habitación donde debía estar la princesa. No había cerrado bien cuando corrí hacia la cama y, cayendo en lo que hacían las protagonistas de las películas en una situación parecida, me lancé sobre el colchón. Un suspiro de placer salió de mi boca al sentir la mullida superficie y la suavidad de las sabanas.
―Dormir aquí debe ser el paraíso ―susurré.
El aroma que había percibido en un principio, estaba mucho más concentrado en la cama. Me permití aspirarlo y volví a suspirar, deliciosa hierbabuena sin lugar a dudas.
Observé mis manos, podía sentir en ellas el calor de mi poder y la luz parpadeaba ya demasiado rápido… no quedaba mucho tiempo, realmente esperaba que no tardara más de lo que había dicho.
Comencé a llevar la cuenta de los segundos mentalmente, los cuales se convirtieron en minutos, y quizás eso colaboró en que mis párpados comenzaran a pesar.
―No puedes dormirte… no puedes ―susurré, y en contra de mi voluntad me levanté de la cama y me senté una de las sillas que estaban frente a la chimenea, era preferible que Li me encontrara allí y no invadiendo su cama, porque era obvio que era su habitación.
Atenta, esperé por algunos segundos hasta que la puerta volvió a abrirse.
―No tenemos mucho tiempo ―dijo, apenas se asomó, y me hizo una seña con la cabeza para que avanzara hacia él
Bien, había llegado el momento de… liberarme.
Soltando un suspiro, oculté mis manos nuevamente entre las mangas, y me interné en la habitación contigua. Contraria a la del duque, tenía una decoración más delicada: había una chimenea de mármol blanco a un lado, un delicado tocador con un hermoso espejo con bordes dorados, y armarios que estaban vacíos; lo sabía porque una de las puertas estaba abierta. Mi mirada fue entonces hacia la amplia cama, a pesar de que el dosel de terciopelo rosa viejo estaba suelto… podía ver el cuerpo que yacía sobre el colchón. Avancé hacia ella con lentitud, constatando que el color de sus mejillas se había ido, dejando en su lugar el pálido de la muerte. Su frente estaba perlada por el sudor y su pecho subía y bajaba con dificultad, era como si le costara un mundo aspirar cada bocanada.
―Sé que me lo dijiste, pero… no hay manera de…
―Ni lo piense ―dijo, cruzándose de brazos―. Debo estar demasiado desesperado para haber accedido a esto.
Tragando con dificultad, me acerqué un poco más, sus ropas a la altura de su estómago estaban manchadas de rojo… el lugar donde habían encajado la daga. Me llevé las manos al pecho, sintiendo que ambas partes de mi cuerpo compartían el mismo ardor incontrolable.
«Debo hacerlo ya», pensé y me giré hacia él para enfrentar su mirada.
―Escucha, no importa lo que veas, no vayas a interferir ―dije, frunciendo mi ceño.
―Si veo algo que no me agrada, obviamente lo haré.
―No puedo explicarte lo que verás porque ni yo misma lo comprendo, pero te pido que confíes en mí ―dije, volviendo mis ojos a la chica―. Y recuerda la promesa que me has hecho…
―Usted también me ha hecho una promesa y espero la cumpla.
Asentí, alcé mis manos y las extendí para que las palmas quedaran hacia ella, entonces cerré mis ojos. Nada pasó por varios minutos, pero no me alteré, siempre que usaba mi poder era así. El calor que estaba acumulado en mi pecho incrementó su fuerza, como si fuera una pequeña chispa que se había convertido en una fogata poderosa. Ese poder fluyó hacia mis manos y se concentró en ellas, podía sentirlo.
Cuando abrí mis ojos, constaté que mis manos resplandecían con tal intensidad que la habitación adquirió luminosidad gracias al brillo, sabía que para ese punto… mis ojos debían estar brillando y mi cabello estaría totalmente blanco.
No sabía dónde o qué estaría haciendo Li, no me importaba, mi consciencia estaba enfocada únicamente en la muchacha. El brillo fue extendiéndose por mi cuerpo, mi cabello flotaba a mi alrededor, faltaba poco… podía sentir como mi poder fluía hacia ella. Y a medida que la luz iba entrando en su cuerpo, mi energía comenzaba a agotarse. Mi corazón latía como si estuviera corriendo una maratón y mi respiración se tornó irregular, pero no podía detenerme.
Recordé la última vez que usé mi poder… había sido justo antes de ser transportada a ese mundo, cuando discutí con mi tío. Había visto caer a una de las chicas de la orquesta por las escaleras, su cabeza se golpeó fuertemente y la sangre bañó el suelo; no lo pensé dos veces, usé mi "bendición" en ella y cuando logré sanarla, acabé inconsciente.
Ese era el verdadero motivo de mis desfallecimientos… ceder mi energía vital para que otro sanara.
―Falta… poco… ―anuncié con dificultad… sentía un ardor en mis pulmones que no me dejaba respirar.
Mis piernas fallaron por un segundo, pero logré mantenerme en pie.
―¡¿Está bien?!
―¡No interfieras! ―le grité cuando sentí sus intenciones de socorrerme.
Un poco más… sólo un poco. La luz que rodeaba a la joven poco a poco fue tornándose azulada, ella estaba aceptado mi energía, haciéndola suya. Cuando el blanco se extinguió y el zafiro dominó la estancia, cerré las palmas de mis manos. Ya estaba hecho.
Toda mi energía se había esfumado y en consecuencia mi cuerpo se desplomó, pero unos brazos fuertes me atajaron y me acomodaron sobre un regazo. Mi vista estaba nublada, mi pecho subía y bajaba con rapidez… estaba por sumirme en la oscuridad.
―Ella… estará bien ―logré decirle con dificultad―. Re… recuerda tu promesa.
Apenas pude vislumbrar la silueta de su cabeza asintiendo, pero… por una extraña razón… su cabello desordenado se veía totalmente… negro. El cansancio ejerció presión en mí y por ello no pude seguir detallando más, la bruma comenzó a tragarme… pero sin saber por qué… tuve la ligera impresión de que mis labios habían susurrado aquello que las voces siempre me repetían…
«Heiran…», viendo un par de ojos dorados como los del lobo aquel… caí en un vórtice oscuro… y no supe más de mí.
¡Hola, chicos! Lo prometido es deuda y aquí tienen el capítulo nueve de esta aventura, bien temprano :D Ahora sabemos cuál es la bendición de Sakura, le ha salvado la vida a Meilin y se ha expuesto ante Shaoran :O ¿Qué pasará con ella ahora? ¿Qué hará Shaoran ahora que sabe cuál es la bendición de Sakura? ¿Lo sospecharía o se habrá sorprendido? ¿Cuál será el próximo paso del duque? Demasiadas cosas deben estar en su mente entre el ataque, los traidores y el poder de la pequeña belicosa, además que ella prometió contarle todo lo que él quisiera saber :O ¿Cumplirá su palabra o huirá? Es turno del duque de respondernos todo esto en el próximo capítulo xD.
Muchas gracias a todos los que se han animado a dejarme sus valiosos comentarios, me muestran cuando disfrutan de la lectura y espero que este capítulo haya sido de su agrado.
Y nuevamente, les agradezco a mis lectores cero Pepsipez y WonderGrinch que me prestaron sus ojitos para la revisión y por sus comentarios oportunos :D
Espero sus opiniones acerca de este capítulo, estaré encantada de leerlas. ¿Siguen embarcados en esta aventura? Espero que sí. Los siguientes capítulos serán interesantes y se acerca uno de mis favoritos XD
Les recuerdo que todos los miércoles dejo adelantos en mi página de Facebook, así que pasen por allí para estar enterados de esto y mucho más :D
Nos leemos en el siguiente.
Un beso para todos y mucho ánimo chicos,
CherryLeeUp.
