—Inuyasha espera un momento ¿Qué sucede? —exclamo el bonzo cuando noto que su compañero de trabajo había salido corriendo, a pesar de estar cerca de la aldea, algo no andaba bien, «acaso podría ser Kagome» pensó Miroku— espera Inuyasha ¿tiene algo que ver con el pozo?
—Así es, estoy seguro —asintió ante la pregunta sin desacelerar el paso «es su aroma, pero, ¿Qué es esto?» se cuestionaba, estaba llegando, cerca de aquel pozo que vigilaba, pero no vio nada, no hallo rastro de la mujer a quien esperaba—maldición —se maldijo, sabía que esos monjes que "buscaban a la miko que viajaba en el tiempo" no se rendirían tan fácil, posiblemente querían dañar a Kagome
Las esperanzas de Inuyasha se vieron trizas en cuanto no encontró rastro de ella, sintió su aroma pero no era tan intenso como siempre, es que acaso su mente le estaba jugando una mala pasada, vaya broma cruel le gastaron, al fin Miroku le alcanzo el paso, agitado pudo ver la decepción reflejada en la cara de su amigo, sin decir una palabra lo vio subirse a aquel árbol donde vigilaba el pozo, el monje no tuvo más opción que dejarlo solo y regresar a la aldea que minutos antes había pasado de largo.
Cuando llego a su casa, se sorprendió al no encontrar a ninguno de los miembros de su familia, las gemelas, Sango hasta el pequeño Hisui, no estaban por ningún lado, angustiado se dirigió a la cabaña de la anciana sacerdotisa de la aldea, su preocupación inicial fue mitigada al encontrar a su familia entera, y a Shippo quien regresaba de su prueba, parecían estar en una reunión llamada de urgencia, que ni siquiera lo escucharon entrar, y aquella mujer que amaba, ni siquiera le respondió cuando pregunto el motivo de su reunión, algo resignado el monje se asomó a ver el centro de la reunión de su familia y demás.
—¡Qué demonios! —exclamo con una mano en su pecho tranquilizando su acelerado corazón, ya sea por el trote previo o por la impresión del momento— ¿Quién es? ¿De dónde salió? ¿En qué momento?
—Nee Miroku ¿Verdad que es muy parecida? —cuestiono Shippo
—¿Muy parecida, pero si es ... espera de quien estamos hablando?
—Estaba regresando de mi prueba, y de pronto vi unas luces extrañas saliendo del pozo, pensé que era Kagome, así que fui rápido —contaba el no tan pequeño zorrito— pero cuando llegue no vi a Kagome por ningún lado, me acerque, pero, no vi señal de ella, pensé que solo estaba imaginando cosas, pero cuando regresaba escuche a alguien llorar y pues...
—Debemos decirle a Inuyasha —reflexiono Sango...
—acabo de dejarlo en aquel árbol, del que no se mueve, él dijo que percibió el aroma de Kagome, ahora entiendo por qué,
—pero la pregunta es ¿Dónde está Kagome? —esta vez fue la anciana Kaede quien dijo en voz alta lo que todos se preguntaban— sus ropas son tan extrañas como las que ella usaba.
—es cierto —respondió Sango
—Anciana Kaede, el pozo no ha funcionado por años, ¿Por qué de repente? —los mayores se estaban haciendo la misma pregunta que Shippo.
—clap —el sonido de una manita golpeando su nariz los trajo a todos a la realidad.
—¿Por qué todos me hacen lo mismo? —se lamentó una pulga bastante conocida, ahora aplastada —aunque no me arrepiento de nada, su sangre es tan deliciosa como la de mi amo...
—Pero si es la pulga Myouga —presento Sango
—anciano sáquenos de la duda —esta vez el encargado de hablar fue Miroku— Ud. puede confirmarnos lo que ya sabemos ¿el padre de esta niña es...?
—a ver, a ver, con permisito —dijo incorporándose— pues yo creo que...no —reflexionaba haciendo sus malabares— estoy seguro que es cierto
Todos exclamaron al unísono, "Lo sabía", mientras se alegraban, tornando su atención al centro del circulo que habían formado. Dos enormes ojos negros, los miraban confusos, divertidos, asustados, sorprendidos y ¿a punto de llorar?
—oh no, no, no llores pequeña —calmo Sango— lo sentimos, debes estar hambrienta ¿verdad? —cuestiono, mientras la aludida solo negaba con su cabecita, sus ojos seguían expectantes y los demás no sabían que hacer.
—deberíamos decirle a Inuyasha, estoy seguro que definitivamente se daría cuenta —pronostico Shippo
—es cierto, cualquiera podría darse cuenta, hasta un tonto como Inuyasha debería adivinarlo —añadió Miroku— muy bien iré a buscarlo —el monje se levantó, acomodó sus ropas, y se puso en marcha a buscar al mencionado— traten de tranquilizarla, mientras llegamos.
Sango hizo algunas preguntas más a la pequeña sobre el nombre de su madre, a la que la pequeña asintió, solo con la cabeza, ella estaba bastante intimidada, toda aquella energía que desbordaba siempre ahora parecían haberse suprimido, la exterminadora al ver su miedo y como madre que es, hizo lo posible por calmarla, le dio algo de fruta, le sonrió, la apapacho y es que era tan linda, fue con Sango la única con la que se halló la pequeña y se refugió tras de ella.
EL monje camino con una sonrisa en el rostro, esto definitivamente sería algo buena, claro hay cosas que faltan resolver, pero esto es un gran avance, significa que el pozo aun funciona, y esos dos se volverían a unir..., bueno siempre y cuando Inuyasha consiga el perdón de Kagome, pero buenos, son solo detalles ¿verdad?, además ¿Qué podría salir mal?
—Inuyasha —llamo desde el suelo— bien amigo, será mejor que vengas conmigo
—ahora no estoy de humor Miroku
—vamos Inuyasha es algo que deberías ver
—¿de que estas hablando?
—si vienes lo sabrás de inmediato —soltó unas risitas cómplices
—de que tanto te ríes ¡idiota! —eso solo aumento la ira del hanyo
—hazme caso, es alguien a quien te encantara conocer
—no quiero
—Inuyasha, vamos tiene algo que ver con Kagome
—¿Kagome? —la sola mención del nombre, lo hizo saltar desde lo alto del árbol
—solo sígueme —dijo Miroku, guardando el secreto y dirigiendo a un Inuyasha confundido...
La mente de Kagome estaba hecha un completo lio, como era posible que los sellos estén rotos, acaso de verdad él vino y se llevó a Moroha, «pero ¿Qué estoy pensando?» se reprendió a sí misma, corrió al pozo dentro del templo, y confirmo lo que su madre dijo, es más, encontró uno de sus talismanes en el suelo, pero no había señal de que él hubiese estado en el lugar, solo vio las huellas de su hija.
—cariño, algún día se iban a conocer ¿verdad?, ve, debes cuidar a mi nieta —pidió la mayor de las Higurashi
—mamá —Kagome estaba sorprendida de lo dicho, ella tenía miedo
—hermana, Moroha desapareció hace una hora aproximadamente —debes de ir antes de que algo le ocurra
—Kagome, apresúrate
—¡Sí!, gracias, abuelo, Sota, mamá, iré por ella—dicho esto salto por aquel lugar, y funciono «¿Por qué ahora?», se preguntaba en su mente.
En menos de cinco segundos Kagome piso firme, pudo ver el cielo, aquel cielo que no miraba hace mucho, sin embargo, ahora no debía perder tiempo, o más bien no podía hacerlo, su pequeña sabe Dios donde estaría. No lo pensó dos veces, salió del pozo y llamo el nombre de la pequeña, no consiguió respuesta alguna, camino despacio, volvió a llamar y no hubo respuesta...
—Al fin te encontramos
—¿Quiénes son? — pregunto, «son monjes, no, puedo sentir una presencia demoniaca» debatía en su mente— ¿Por qué me buscan?, un momento... ¿son ustedes?, ustedes tienen a Moroha, devuélvanmela
—Te mataremos —hablo el líder del grupo de monjes
—¿eh?
—y absorberé tus poderes —continuo, mientras con uno de sus largos brazos llego hasta el cuello de la chica, elevándola en el aire, mientras apretaba el ahorque en ella, la verdadera forma del líder apareció, cosa que dejo a los demás miembros del grupo sorprendidos, huyendo asustados del lugar— podré controlar el tiempo, ¡seré inmortal! —rio maliciosamente.
Cerca de la casa de la anciana Kaede, a unos pasos, literalmente hablando, Inuyasha seguía a Miroku, de mala gana, pero si era algo relacionado a Kagome por supuesto que iría, pero, Ay del monje que estuviera jugando o engañándolo, lo mataría;
—es el olor de Kagome —grito, dejando a un Miroku solo
—si es eso de lo que quer...—suspiro y volvió a seguir a su compañero, corriendo de regreso al pozo, ambos se cruzaron con el grupo de monjes, Inuyasha freno en seco y los agarro por las ropas
—Qué demonios hacen ustedes aquí —increpo
—es...es
—habla de una vez o te destazare —amenazo
—Inuyasha espera, déjalo hablar
—es nuestro líder, él es un demonio —hablo el otro miembro del grupo
—quiere a esa mujer, la matara —dijo aun sintiendo las garras del hanyo en su cuello.
—Kagome — susurro su nombre, tiro a un lado al que tenía preso, y corrió, en su mente estaba su imagen, quería verla, deseaba verla, pero tenía miedo de que la estén lastimando «maldición Miroku, te matare» sentencio en su mente.
—así que esta es tu verdadera apariencia —mascullo Kagome bajo la presión en su cuello
—sorprendente ¿verdad? —respondió aquel demonio, tenía una apariencia extraña, cuatro brazos salían de su torso, cual largos tentáculos, aun así, mantenía la apariencia humana
—¿Qué quieres? —hablo la miko, presa en sus manos
—un miembro del clan Jikū, si te como absorberé tus poderes— asevero
—clan Ji-ji.. —Kagome ya no podía respirar, la encontraron desprevenida y ahora no podía respirar
—Kagome —llamo Inuyasha...
