Adrien despertó asustado; alguien tocaba el timbre sin parar.
—Nunca tengo mi propio tiempo de calidad. —Musitó arrastrando sus pies.
Se asomó por la mirilla y frunció el ceño. '¿No es esa la que trajo a Marinette?'
Abrió lentamente la puerta antes de hablar.
—¿Qué sucede?
—Ah, buenos días, Señor Agreste. Lamento despertarlo p-
—Solo ve al punto ¿sí? —Adrien interrumpió.
El chico se movió inquieto.
—Erm... lo lamento pero hubo un error. Debo llevarme a la muñeca-
—¡No!
—Lo siento Señor Agreste pero debo llevarme la muñeca. —Hizo una reverencia.
—¡Claro que no! —Adrien trató de cerrar la puerta.
—Vamos a reemplazarla por otra. Es que hubo un error, y esta muñeca no debió ser enviada aquí.
—¡No! —Adrien gritó enojado y cerró la puerta. —De ninguna forma se llevarán a Marinette. —corrió a la sala y marcó el número de su amigo mientras que el chico afuera seguía tocando con insistencia.
—¡¡Largo!! —gritó frustrado.
—¡Contesta el teléfono, maldición! —dijo nervioso.
—¿Adrien?
—Nino, ¡tienes que evitarlo! Quieren llevarse a Marinette.
—¡¿Qué?!
—Dijiste que Marinette era para mí, ¿no? entonces por favor, diles que no me la quiten. —Pidió desesperado.
—Adrien, cálmate.
—¿Cómo puedo calmarme? ¡¡Quieren llevarse a Marinette!!
—¿Quién?
—¡La compañía, maldición! Dicen que enviaron la muñeca equivocada. Por favor, hermano, Marinette es preciada para mí. No quiero a otra. —Las lágrimas de Adrien cayeron libres sin que lo notara.
—Adrien, llamaré a la compañía ¿ok? Pero por favor, cálmate. Te devolveré la llamada tan pronto pueda.
Adrien miró el suelo, pensando en cómo había cambiado su vida después de tener a Marinette. El timbre había dejado de sonar sin que se diera cuenta.
¿Cómo podría vivir su vida sin Marinette? estaba acostumbrado a – extrañamente – conversar con ella. Para él Marinette no era solo una muñeca. Era más y solo necesitaba algo de tiempo para averiguar con exactitud qué era.
El timbre volvió a sonar pero esta vez la voz de Nino lo llamó. Adrien se puso de pie y abrió la puerta.
—Nino... —dijo débilmente.
—Todo está bien Adrien, yo me haré cargo, ¿ok? —le aseguró.
Nino suspiró sintiendo tristeza por Adrien al verlo irse hacia la habitación. Caminó hacia la ventana y miró a cielo.
—Esto tiene que detenerse, —Nino le dijo a la figura flotando fuera de la casa.
—Solo un poco más, Nino, solo un poco más...
Continuará...
