—Un clon, un puto clon. Discúlpenme mis estimados televidentes por mi efusividad y mi palabrota, pero ¿cómo se le ocurre a la Liga de la Justicia mandar a una escuela pública a un clon? No es un niño, es una abominación y… —Godfrey detuvo su retahíla ante una sonora llamada en su celular —. Qué pena con ustedes, creí que estaba en silencio… oh, yo debo contestar, es una emergencia —a Kon le pareció que Godfrey lucía muy nervioso mientras colocaba su teléfono en su oído. Kon aguardaba a que Megan terminara sus almuerzos sentado en el sofá de la cueva con Chico Bestia y Lagoon Boy.
—El sujeto está muy pálido —comentó Gar, viendo a Godfrey asentir a quien estuviera comunicándose con él.
—Shh —dijo el atlante verde —. Colgó.
En la pantalla Godfrey se aclaró la garganta.
—Bueno, que vergüenza con ustedes, yo… ¿podrían cambiar la imagen de Superboy y colocar a la marciana? Si, gracias, perfecto. Como les iba diciendo, em, Conner Kent resultó ser toda una caja de sorpresas, el clon de Superman y de Lex Luthor, pero ¿qué me dicen de la Señorita Marciana? Es una cambia formas verde que se hace pasar por una educada y dulce chica en una escuela, incluso consiguió cupo en una universidad para estudiar literatura, ¿cuándos se ha visto algo así?
Lagan le bajó el volumen.
—¿Por qué habrá cambiado de objetivo? Digo, no es por ofender Conner, pero se está ensañando con pez ángel y el discurso que tenía listo para ti lo suprimió.
—¿Sería la Liga? —ofreció Gar.
—La Liga no haría una cosa así —respondió Megan terminando con los sándwiches y ensaladas.
—Fue Luthor —contestó Kon levantándose. No se encontraba en medio de la compañía adecuada para hablar de su padre genético —. Voy por mi mochila.
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—Mi papá no me deja ni mover un dedo —murmuró Tim de malas, entregándole a Bruce una maleta con su uniforme de Red Robin en la limosina que los llevaría al colegio y al adulto a su trabajo.
—Está preocupado por ti. ¿Conservaste tu cinturón?
—Obvio.
—Bárbara te cubrió anoche —comentó Dick recostado en su asiento.
—Y mírale el lado positivo, no tuviste que tratar con la señora Wilson entrometiéndose cada cinco segundos y no dejándonos trabajar —dijo Damián con fastidio.
Tim sonrió, esa parte no la había extrañado.
—Esperemos que ya mañana se solucione este inconveniente, su examen físico fue muy bueno y el psicológico… bueno, esperemos que con el físico baste.
Dick se rió.
—Y ese video tomado por la policía va a ayudarnos.
—¿Cuál?
Bruce recibió de su hijo mayor el celular de este, puesto en un video de YouTube con varios millones de reproducciones. En el video aparecía el depósito donde fueron encerrados los niños secuestrados; Batman y sus protegidos, junto a policías y servicios sociales abrían jaulas sacando a los niños. El video se enfocaba en Batman forzando con un candado para liberar a un niño de unos cinco años en una de la jaulas. Bruce no necesitó ver más para recordar. El niño había salido con las piernas temblorosas, pero caminando en línea recta en su dirección para poder abrazarlo.
El video era justo lo que necesitaban: tierno y dulzón, efectivo con las personas suaves del mundo que se dejaban comprar con la imagen de un cachorro.
—Resultará útil —coincidió Bruce.
La limosina se detuvo ante la escuela de sus hijos y Bárbara. Hubo un saludo de despedida general entre ellos, antes de que los niños bajaran del auto. Bruce sonrió al escuchar los aplausos que los periodistas, el populacho y tal vez los alumnos les dedicaron a los menores. Si, salvar niños siempre daba buena imagen.
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A diferencia de con Wally, la escuela de Kon y Megan tenía pocos periodistas, en mayor parte por la influencia de Luthor, pero si en Central City a Kid Flash lo recibió un mar de fanáticos, a los extraterrestres los recibieron con carteles de odio.
—¿Se supone que esto nos tiene que afectar? —preguntó Kon al aire caminando por el estacionamiento de la escuela. A ellos les asignaron guardaespaldas, pero sus escoltas estaban ahí más por la seguridad de la escuela que de ellos.
Megan frunció el ceño al cartel de «Cuando un extraterrestre muere, Dios se ríe» (1).
—Es bastante molesto. Mira a Mal.
El grandulón y fornido muchacho afroamericano se unió al bloque de docentes y guardaespaldas que facilitaron la entrada de los héroes a la institución educativa. Su novia y los otros amigos del grupo no estaban a la vista.
—Viejo —saludó Mal a Kon, a dos metros de la puerta de ingreso —. Con razón siempre me ganas en las luchas.
—Eso se lo agradezco a Canario Negro, no a mi genética —se burló empujando la puerta de entrada para que Megan pasara; detrás de ellos ingresaron los maestros, quienes los adelantaron con cabeceados en lugar de saludos, yendo a sus respectivas aulas —. ¿Y Malvin, Wendy y Karen?
—Las chicas se encuentran en una reunión extraoficial del Los Abejorros y Malvin…
—¿Una reunión? Yo no me enteré —jadeó Megan.
Mal se lamió los labios, inquieto.
—Lo lamento, Megan, no sabría decirte el motivo de la reunión.
—¿Karen no te dijo?
En lo que Mal daba su negativa, Kon echó un vistazo al pasillo de la escuela, los estaban mirando embobados, algunos alumnos incluso se tropezaban y chocaban entre ellos por no estar pendientes de sus entornos. Aquello era inquietante, demasiados ojos sobre él, pero nada del otro mundo, les iría mejor que al chico de ultimo año con tatuajes en el rostro que causaba conmoción en la diminuta ciudad. Los guardaespaldas, al menos, se asegurarían de que él no tuviera que tener su sentido del oído activo al máximo en clase para vigilar que no les implantasen una bomba.
A pesar de estar separados, el rostro entristecido y dudoso de Megan lo conmovió. Ella aun carecía de una personalidad sólida y su puesto en Los Abejorros era parte de su identidad.
—¿Y Malvin?
Mal sonrió.
—Cuidando sus asientos, hay un grupo de chicas deseosas de sentarse con el hijo de Superman.
Kon negó con diversión.
—Y de Lex Luthor, que no se les olvide.
—Sus millones compensan su calva y su historial criminal. Lo que yo muero por ver es la siguiente junta de padres de familia.
Los chicos rieron, la perspectiva no se merecía menos.
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La respuesta es la A.
—¿Quieres callarte? —se susurró Jaime, sentado en su pupitre con una prueba de ciencias en las manos —. Estudié para esto.
Tu esfuerzo es valeroso, pero innecesario. Yo sé las respuestas de los temas impartidos en este centro de educación y tú necesitas dormir. Me parece un trato justo, dado que estoy implícitamente relacionado con tus desvelos.
—¡Jaime! —la maestra alzó la voz, distrayéndolo del discurso del escarabajo —. ¿Algún problema?
Jaime aguardó a mofas o risas entre sus compañeros, pero no llegaron; nunca lo hacían y él estaba agradecido.
—No señora, disculpe.
Él era nuevo en El Paso cuando descubrió al Escarabajo Azul, a los ojos de sus compañeros Jaime siempre fue un esquizofrénico sin remedio, lo que increíblemente no le deparó en las burlas crueles que él esperaba. La mayor parte de los estudiantes de su escuela eran latinos, legales o no, chicos afroamericanos, indios y uno que otro estadounidense. En general, todos ellos compartían la escases de recursos económicos y provenían de hogares disfuncionales o rotos, muchos de sus familiares padecían de estrés y depresión, por lo que estaban familiarizados con las malas pasadas que jugaba un cerebro alterado. No era que se compadecieran de Jaime, pero lo respetaban y por ello lo ignoraban.
Marca la D en la quinta pregunta.
Jaime suspiró, estaba seguro que era la B.
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—¡Helena!
Medio corredor se detuvo.
—Tienes huevos para dirigirle la palabra, Grayson —dijo uno de los muchachos presentes con un tono agresivo.
Helena Bertinelli, en vía a una clase en el tercer piso, se detuvo y enfrentó a Dick, su ex novio. Durmió, no lleva tanto maquillaje, se apuntó el gitano fijándose en el bello rostro de la morena.
—¿Qué necesitas?
—Aclararte un par de cosas —y de la manera más pública posible para que uno de sus idiotas compañeros los filmara y el vídeo se filtrara a la internet. Dick se aproximó a ella, buscando falsamente privacidad —. Quiero confirmarte que sí, existió la misión Bertinelli y que sí, yo participé de ella como espia en tu casa.
La joven resopló.
—¿Por qué me lo dices?
—La misión se completó en el momento que entré a tu casa a cenar con tu padre; mientras fui al baño me infiltré en la seguridad electrónica, robé el mapa virtual y obtuve acceso a las cámaras. Lo que sucedió después entre nosotros no tuvo que ver con la misión —la chica separó los labios, sorprendida —. No te usé, aunque ciertamente me ayudaste con lo de la contraseña.
—No —lo interrumpió abruptamente —. Tapé con mi cuerpo el tablero.
—Yo soy un profesional, Helena —sonrió y aguardó una respuesta que no llegó —. Me separé de ti porque me sentía culpable por estar relacionado con todo el caos en el que se tornó tu vida. No fue mi intención hacerte daño, no se me ocurrió que pensarías que te manipulé, pero bueno, tampoco esperaba que mi identidad se revelara. Igualmente, lo siento —le hizo una pequeña venia con la cabeza a modo de disculpa, dio media vuelta y se retiró por el pasillo. En cinco recibió la notificación de la publicación del video en YouTube.
Oh, pero esto no se va a quedar así, Helena. No, Dick no era idiota ni se dejaba convencer con unos hoyuelos lindos, él conocía lo maliciosa que era Helena, un vistazo le bastó para saber que ella no le creía ni media palabra.
«¿Listos los chips?», escribió a Bárbara, quien compartía clases con Helena.
«En posición.»
Perfecto.
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Mordiéndose el pulgar, Kon debatió en que hacer. Estaba en la cafetería en su mesa usual, las porristas no estaban a la vista, entre ellas sus dos amigas.
—Seguro te preparan una sorpresa —intentaba animar Malvin a Megan —. Tal vez unos pastelillos con pequeños hombrecitos verdes.
Megan le dedicó una pequeña sonrisa.
—De hecho, somos más altos que el humano promedio —reveló.
Kon, ¿te has enterado de algo?
Dame un minuto. Y salte de mi cabeza.
Megan frunció el ceño y masticó su cucharada de maíz; la señora de la cafetería les sirvió más comida de lo normal a ambos. A ellos si les permitían comer de la comida de los alumnos porque la Liga de la Justicia hizo un comentario público al respecto, admitiendo que los venenos no harían efecto en sangre kriptoniana y que la Señorita Marciana podría inmunizarlos, por lo que no había sentido en intentar envenenar las porciones en la cafetería.
El muchacho de ojos azules intentó concentrarse en la voz amable de Karen en medio del hervidor de chismes que era una cafetería escolar con dos héroes y más de 10 escoltas apostados en paredes y puertas. La halló en la biblioteca, con Wendy y las demás porristas.
—Esto es ridículo —comentaba Karen con fuerza, su pacifismo extinto —. Es Megan, hemos coreografiado docenas de rutinas con ella.
—Ni siquiera sabemos si es mujer —acusó una. Kon no se había molestado en memorizar sus nombres antes.
—Es una mujer, de otro planeta, pero mujer.
—Aceptémoslo, siempre ha sido muy rara —añadió otra —. Vestía como mi abuela y no deja preparar comida quemada.
—¿Y qué? —intervino Wendy —. Es mala cocinera, ¿qué culpa tiene? ¡Se esfuerza! Y lo de la ropa se lo pregunté a Conner esta mañana, ella veía en Marte clips de la tierra de los años 60, cuando llegó acá transfiguró su traje en lo que conocía para intentar encajar, ¡Megan qué iba a saber que los tiempos habían cambiado!
—Escuchen —habló otra, la capitana del equipo —. Me agrada Megan, en serio, pero mis padres no la quieren cerca de mí, tampoco al kriptoniano, es un Frankenstein.
—La culpa la tiene Luthor y los jodidos científicos locos, no Conner. Ni siquiera has cruzado dos palabras con él.
—Y no quiero hacerlo, es un error de la naturaleza.
—¡Concentrémonos! ¿Quiénes a favor de sacar a Megan del equipo de porrismo?... Ok, ¿cuántos en contra?... Somos mayoría entonces.
—Conner —Mal paseó su mano frente a Kon para llamar su atención.
—¿Eh?
—Te elevaste viejo —comentó Malvin antes de brincar en su asiento —. ¡Espera, espera, espera! ¿Súper audición?
Kon asintió.
—A veces me pierdo en el zumbido de muchas voces —justificó levantándose —. Mal, ¿podrías acompañarme un momento? Necesito hacerte una consulta.
—Claro —respondió extrañado.
¿Qué sucede?, le susurró Megan. Kon se inclinó en su oído al pasar junto a ella.
—Largo de mi cabeza.
Por la forma en que Marvin abrió los ojos, supo que él no fue tan silencioso como debió serlo. Haciéndole un gesto a su parte de la escolta para que permanecieran en su sitio protegiendo a los alumnos de la cafetería, Kon guió a Mal al corredor desierto.
—Traes cara de estreñimiento.
—Ojalá fuera eso. Megan me pidió que buscara a Wendy y a Karen.
—¿En serio? No lo noté.
—Un enlace psíquico —explicó señalándose con un dedo su cráneo. Mal chifló impresionado —. Las encontré con mis oídos en la biblioteca.
—Wow. ¿Y? ¿Dónde está mi princesa?
—Con el equipo de porristas, votando para sacar a Megan del grupo.
—Ay hombre, que mal —dejó caer los hombros —. ¿Por qué lo hicieron? ¿Karen y Wendy…?
—Se opusieron, pero fueron minoría. La van a echar porque es marciana. ¿Cómo se lo digo a Megan? Los Abejorros es la mitad de su vida.
—Lo sé… no tengo idea. ¿Alguna vez has dado una mala noticia?
—Fallecidos.
—¿Es fácil?
—Jamás, pero es impersonal. Aun cuando Megan y yo terminamos en pésimos términos, ella es mi compañera en el Equipo y vive conmigo. No sé cómo decírselo.
Mal elevó los ojos a la luz parpadeante y desactualizada del techo.
—¿Y si le pedimos consejo al señor Carr? Él ha sido el más educado hoy con ustedes.
Kon se encogió de hombros.
—Voy a buscarlo, cúbreme, por favor.
—Claro viejo.
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Tardó algunas clases, pero finalmente Helena fue al baño y Dick, en el otro lado del colegio, recibió un aviso. Bárbara no le hizo preguntas cuando le pidió instalar los chips de rastreo e inhibidores de señal satelital y tecnología en Helena, se limitó al guardar los pequeños objetos metálicos en el bolsillo de su falda escolar.
—Necesito ir al baño —anunció a su docente de química, interrumpiendo su discurso sobre el sistema molecular.
—Tienes cinco minutos, Grayson.
Sonriendo, Dick salió con su guardaespaldas colgado de él, quien no preguntó cuando el chico echó a correr, contaba solo con minutos para alcanzar a Helena en baño de chicas de la primera planta. Cuando Dick empujó la puerta del baño de mujeres, Helena se lavaba las manos en el grifo del agua. La morena se sorprendió de verlo, si sus cejas alzadas eran indicativo de algo.
Dick miró debajo de cada cubículo del baño. Estaban solos.
—¿Me asechaste?
—Si —se encogió de hombros, confiando en que por la cláusula de confidencialidad el guardaespaldas no fuera a revelar una palabra de la conversación. No era la opción perfecta, pero si lo descubrían en el baño de chicas amenazando a Helena la presencia de un tercero mitigaría cualquier sospecha de abuso sexual.
—Y diría que fue Gordon quien te avisó que salí al baño, pero es mi culpa por no buscar un inodoro diferente al del piso en el que veo clases. Eres un profesional —se burló con la última frase, sonriendo descaradamente, como si no se intimidara con la abrupta aparición de Dick, que se negó a seguirle el juego.
—Lo que hiciste en televisión fue una movida astuta, lo admito. No creí jamás que una adolescente tendría el coraje para revelar al aire que tuvo sexo.
—¿Por qué estás aquí? ¿No te bastó el espectáculo del corredor? Ya está en internet.
Dick mostró un esbozo de ironía.
—¿Recuerdas el debate que se realizó el año pasado a final de semestre sobre la mujer en la sociedad?
Helena frunció el ceño.
—Si, fui una de las voceras, ¿cuál es tu punto?
—Dijiste que la reputación de un hombre era solida solo por ser un hombre y que, sin embargo, la reputación de una mujer, solo por ser mujer, era tan corrompible como una hoja de cuaderno.
—Ve al grano —espetó, cruzándose de brazos.
—Voy a hacer lo que esté en mi poder para que tu show sea olvidado en un baúl —habló empleando una voz serena que ella no le conocía, su voz de Nightwing —. Si lo que hiciste daña a mis hermanos, a Bruce o a mí, te destruiré.
Con su promesa registrada, Dick dio media vuelta para retirarse del baño.
—Dick —lo interrumpió ella sonriendo como el gato que tiene al canario —. ¿Y si yo hubiese grabado, de casualidad, nuestra conversación? —dijo con un tono sugerente —. Me preparé para esta confrontación
El muchacho soltó una carcajada.
—Lo hiciste, pero no se grabó —desvió el cuerpo para verla a ella y al sereno guardaespaldas. Tiene compostura, me agrada —. La grabadora y el micrófono que destinaste para ello y que se ocultan en tu sostén se apagaron en el momento que me acerqué a ti en el pasillo, a tu teléfono le puse un virus —se echó la culpa, alejando la mente de Helena de Bárbara —. Actualmente no grabas o transmites nada, no tienes más tecnología contigo, salvo tu inofensivo reloj.
Lo miró con horror.
—Me tienes vigilada.
A Dick le gustó y molestó el miedo en la voz de ella. No era agradable para él intimidar mujeres, pero hacia el trabajo sencillo.
—No soy un amateur como tú. Y no te molestes con tu teléfono, no encontrarás el virus y así lo remplaces yo instalaré otro, si compras uno desechable lo sabré. Ya lo dijiste, te tengo vigilada. No vas a volver con la prensa a hablar negativamente de mi familia o de mí, si te piden una declaración en la corte negarás lo que dijiste en televisión. Hasta luego, Helena… oh, por cierto, si te manipulé, Batman basó su investigación en lo que yo obtuve, pero él no me pidió tener sexo contigo, esa fue mi paga por la misión, un beneficio.
Y con esto dicho, se retiró, no queriendo ver más el rostro de miedo, angustia e ira de Helena. Dick se coló en el baño de los hombres soltando un suspiro.
—No hay que meterse con usted o con su familia —se burló con seco humor le escolta.
—La mitad de lo que le dije es mentira —contó recostándose en el muro. Los pasos de Helena resonaron en el pasillo —. ¿Me podrías dejar a solas un minuto?
—Por supuesto, joven Grayson.
Diario a Dick se le acumulaban notificaciones de alertas de la Liga y del Equipo. Normalmente eran sucesos de talla mundial o susurros de criminales que prometían taques futuros, pero en los últimos días la mayor parte de las notificaciones se relacionaban con él y los demás héroes cuyas identidades cayeron. A Wally le fue bien, ingresó a la escuela escoltado por Flash, Kon y Megan tenían una turba furiosa afuera, pero no había muchas personas dispuesta a irse cara a cara contra un kriptoniano y una marciana, la mamá de Artemis fue reubicada de su apartamento a una casa de seguridad secreta, a la rubia la protegían a la par que con Bárbara. Las cosas marchaban bien, salvo en Wayne Enterprise.
Se abre investigación contra Wayne Enterprise por presunta corrupción corporativa.
No era que no tuviese sentido para los ojos agudos, empresa corrupta tumbada por Batman, empresa absorbida en subastas y en la bolsa por Bruce. No era la única compañía que se aprovechaba de las desgracias ajenas, aquello era una táctica usual, pero bastaba para hacer guerra publicitaria contra Bruce. Dick se enfrentó mil veces a intentos de desacreditación destinados a Batman, pero ni uno, de tal tamaño, contra Bruce Wayne.
La segunda noticia, más pacifica, era una rueda de prensa donde un periodista listo preguntaba por la seguridad de la familia murciélago y de su propia hija después de asestarle un golpe brutal a una organización internacional de tráfico de niños. La respuesta del comisionado fue directa: si antes no los querían muertos, ahora sí. No era que a Dick le preocupara o le robara el sueño el francotirador que pudiesen contratar; el honor de matarlo a él o a su padre era tal que Deathshot u otros de su talla acabarían con los posibles asesinos para asegurar una probabilidad de enfrentarse a Batman y sus apadrinados en persona.
Con la misma idea del día anterior en mente, Dick marcó a Kon.
—¿Qué pasa? —gruñó su amigo.
—Estas enojado —señaló.
—Megan está llorando, te explico luego. ¿Me necesitas?
—Si, voy a llamar al alguien más, espera en línea para conectarnos.
—Bueno.
Billy se demoró más en contestar.
—Dime que es una emergencia y me puedo ir de este examen de matemáticas.
—Lo siento cap, es otro asunto un tanto urgente.
—¿Para que nos necesitas Nightwing? —pidió Kon.
—Hay una investigación abierta contra Wayne Enterprise. Si Batman estornuda, la Liga se resfría, ¿me siguen?
—Si —dijeron a dúo.
—Las cosas van a calentarse, nos están intentando amarrar las manos y me atrevo a decir que es la Corte de los Búhos o Luthor.
—Roguemos que ese par sigan siendo enemigos o nos darán problemas colosales —agregó Billy —. Pero, ¿en qué voy yo? Son asuntos corporativos, yo soy fuerza bruta.
Dick inhaló. Aquí vamos.
—El Equipo cayó, la Liga va a empezar a tropezarse, más de la mitad podría ser desenmascarada. Con Wally viene Barry, con él los Linterna, los Halcones, Superman, Flecha Verde y Canario Negro.
—Ve al grano.
Dos veces en el día que me lo dicen, creo que no me estoy midiendo en palabras.
—Quiero formar un equipo que cuide de la Liga.
—Ya tenemos al Equipo —recordó Billy con obviedad. Sonaba agitado, se estaba trasladando de lugar para no ser visto por uno de sus docentes. Y su examen ya lo había perdido por salirse a las malas del salón.
—Si, pero el objetivo es que funcione por fuera de la ley —hubo un silencio en la línea —. Escuchen, sé lo que les estoy pidiendo, esto se me ocurrió con lo de los niños secuestrados: dado que no podíamos oficialmente realizar la misión, lo íbamos a hacer nosotros de modo extraoficial. Es tomar ese concepto y ampliarlo de forma que cubra al Equipo y a la Liga.
—Y que nos echen de paso —se burló Kon —. ¿Cómo lo vamos a hacer?
—Con un equipo de elite en sus respectivos ámbitos. Yo haré el trabajo de inteligencia, Billy será nuestro señuelo y Kon… no lo sé aún, pero quiero contar contigo, amigo.
Billy suspiró y rió.
—Cuenta conmigo.
—Y conmigo, viejo.
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Por milésima vez, Bruce se arrepintió de haber ido a la oficina esa tarde. Era ridículo el caos que una investigación podía causar en los ejecutivos de su empresa.
—Jamás tomo decisiones sobre lo que sucede aquí, ustedes son los que producen el dinero y quienes deciden como distribuirlo —se quejó —. Que los abogados hagan una defensa con eso.
—Señor Wayne, usted si toma decisiones en esta compañía —le dijo Lucius —. Le recuerdo que ha interferido varias veces en el pasado cuando Wayne Enterprise quiso incursionar en armas nucleares, ese será un argumento a considerar ante el juez. Y es obvio que usted conoce de empresas lo suficiente para desmantelar a estas compañías —palmeo el listado de empresas corruptas absorbidas por Wayne Enterprise.
—Lucius, todas las empresas de la ciudad les cayeron a estas, son como leones devorando juntos una gacela, ¿cómo somos los únicos investigados? Es una tontería.
—Pero es a lo que nos enfrentamos. Ahora, propongo…
Un zumbido en el pantalón distrajo a Bruce. Era uno de los teléfonos de Batman, uno público y con escasos contactos registrados. Sin delatar su sorpresa Bruce revisó el mensaje de don Falcone, el antiguo jefe de la mafia de Gotham. (2)
«Un cargamento de hombres se apostará en cinco minutos en sus puertas.»
—¡¿Qué?! —su chillido interrumpió la reunión. Recobrando la compostura Bruce se levantó —. Continúen, no salgan de aquí —miró a Lucius —. Sube la seguridad del edificio al máximo.
—¿Qué va a pasar? —lo interrogó el hombre de piel oscura.
—En eso estoy.
Para cuando Bruce llegó al primer piso acompañado de sus doce escoltas su sueño de ver la acera de su edificio libre de periodistas se cumplió, el brote de alegría del hombre se opacó al ver a los maleantes corriendo a los paparazzi. Don Falcone aguardaba de pie y apoyado en su bastón frente a las puertas del edificio.
—Señor Wayne —el pobre guardia de seguridad de la entrada acudió con desesperación a Bruce al verlo —. Hay un alboroto afuera.
—Sube la seguridad, cierra el edificio al salir yo. Ponte a salvo.
—S-si señor.
Aspirando fuerte por la nariz, Bruce salió por la puerta de vidrio blindado. Don Falcone lo recibió con una sonrisa. Las cámaras los apuntaron, los maleantes cerraron la calle; un bus escolar repleto de pandilleros desembarcaba.
—Un placer verlo, señor Wayne.
—Don Falcone —estrechó su mano —. ¿A qué se debe esta sorpresa?
—Vengo a proporcionar una actividad aerodinámica para usted.
Bruce resopló.
—Deje a mis empleados y a mis propiedades fuera de esto, don Falcone.
—Y así será. He prohibido de muerte dar un solo balazo o usar cualquier arma de fuego a quince kilómetros a la redoma de su empresa y de la escuela de sus hijos.
—Y, no obstante, aquí estamos. Sus amigos no parecen dispuestos a tomar el té de la tarde.
Falcone rió entre dientes.
—Por favor, señor Wayne, dele el gusto a este viejo de verlo pelear mano a mano con un ejército.
Bruce frunció el ceño analizando a la multitud que lo rodeaba; la policía ya llegaba. El hombre lució enojado dos segundos para después sonreír y empezar a retirarse el saco.
Es una referencia al grupo religioso de la Iglesia Bautista de Westboro; se hace la mención por agregar un poco de realismo a la historia, no busco ofender o desprestigiar a ningún tipo de culto o congregación religiosa.
Todos mis conocimientos de los criminales de Ciudad Gótica provienen de la serie Gotham.
