Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


CAPITULO 12

Viviendo el Amor

Días después…

Fueron los días más maravillosos para Candy y Albert en Florida, donde disfrutaron de su amor recorriendo miles de hermosos lugares, playas y románticas noches de pasión, demostrándose lo mucho que se amaban. Pero, ya era tiempo de regresar tanto porque Albert tenía que retomar su trabajo, como por que ambos añoraban por ver a su hija Katherine y contarle que los tres ahora estarían siempre juntos, como la bella familia que siempre debió ser.

—La niña se pondrá feliz con todos los regalos que le compramos –dijo Candy guardándolos en una maleta.

Albert se acercó a ella y la tomo por la espalda, dándole un beso en la nunca.

—Si…pero se pondrá más feliz cuando sepa que ahora viviremos juntos en la mansión.

—¿En la mansión?

—Si…¿por qué supongo que regresaras a vivir conmigo a la mansión?

Candy volteo su cuerpo quedando frente de él.

—Bueno…no había pensado en eso.

—No quieres volver, ¿verdad?

—No sé si deba regresar a tu mansión, tú sabes que me llevo muy mal con tu tía y los Legan.

—Lo se mi amor, pero ellos tienen que entender que eres mi esposa. Además, ya es hora de que sepan sobre la existencia de Katherine.

—Sí, tienes razón –le dijo Candy abrazándolo –. Te amo Albert y ya no quiero separarme más de ti.

—Yo también quiero tenerte siempre a mi lado, junto a nuestra hija.

—Bueno…entonces regresaré a la mansión. Voy a terminar de ordenar la maleta, quiero que quede todo listo para mañana.

—Hazlo después, ahora tengo algo que decirte –le dijo Albert mirándola a los ojos.

—¿Qué pasa?

Albert saco del bolsillo de su pantalón una pequeña cajita que se la pasó a Candy.

—¿Y esto que es? –preguntó ella con curiosidad.

—Ábrela, es para ti.

La rubia abrió la cajita, dándose cuenta que era un bello anillo de diamante.

—Es precioso, pero no debiste…

—¿Candy White quieres casarte conmigo?

Ella lo miró con sus ojos verdes muy abierto, sonriendo por la propuesta de su esposo.

—Albert, si ya estamos casados.

—Lo se…pero solo nos casamos por lo civil, además fue de una manera muy fría, recuerda que fue solo por la herencia de tu abuelo. Ahora quiero que todo sea diferente, que nos casemos por la iglesia ante Dios. Deseo tanto verte vestida de novia y con un ramo de flores en tus manos. ¿Qué me dices te casas conmigo?

—¡Claro que sí, mi amor! –le respondió Candy abrazándolo sintiendo su corazón inundado de felicidad –. Quiero estar contigo el resto de mi vida.

Albert le colocó el anillo en el dedo de ella y le dio un apasionado beso sellando su compromiso de amor.

En Chicago Dorothy había llegado a visitar a Candy.

—Hola, tía Dorothy –le dijo Katherine al abrir la puerta ya que Pony estaba en la cocina.

—Hola princesa. ¿Y tú mamá?

—Mi mamá no está.

Pony apareció en ese momento.

—Dorothy, pasa –le dijo.

La joven entro a la sala luciendo un bonito vestido corto estampado.

—Katherine me contó que Candy no está.

—Mi sobrina se fue a Florida.

—¿A Florida?

—Si…fue a buscar a su esposo.

—¿No comprendo?

—Dorothy, tenemos mucho de qué hablar. Así que ponte cómoda que voy a preparar una rica taza de café con galletas.

—Claro señora Pony, me muero de la curiosidad de saber de lo que está pasando con mi amiga.

Pony rápidamente preparo las tazas de café y se sentó a platicar con Dorothy, contándole sobre la decisión de Candy de regresar con el padre de su hija.

—Me alegra mucho lo que me cuenta, ellos merecen estar juntos –dijo Dorothy comiendo una galleta.

—Si…yo también lo deseo, sobre todo por la niña que necesita a sus padres unidos.

—Me da tristeza por Terry, después de todo el ama mucho a Candy.

—Si…es un buen muchacho, pero mi sobrina no podía seguir a su lado porque al que ama es al señor Andrew.

—Lo se…

En ese momento tocaron la puerta.

—Voy abrir –dijo Pony caminando hacia la puerta.

—Hola, señora Pony –le saludó Anthony.

—Pase joven Anthony –le dijo ella con amabilidad.

—Puedo ver a mi prima.

—Claro que si…

Anthony entro cuando se encontró con la niña que corrió a sus brazos.

—¡Anthony!

—Hola preciosa…

Dorothy al verlo se puso de pies y Anthony la miro fijamente como si entre ellos hubiera existido una intensa conexión,

—Dorothy, él es Anthony el sobrino del esposo de Candy –le dijo Pony presentándolos.

Ella caminó hasta él.

—Mucho gusto en conocerte –le dijo con una sonrisa.

—Lo mismo digo…Dorothy –le contestó el dándose cuenta que ella era una joven muy agradable y dulce.

—Yo soy la mejor amiga de Candy.

—Lo se…he escuchado a ella hablar de ti, aunque no me dijo que eras tan encantadora.

Dorothy se sonrojo con las palabras del joven.

—Bueno… ya tengo que irme.

—Qué lástima, voy a llevar a la niña a dar una vuelta. Tal vez tú nos podría a acompañar –le sugirió Anthony.

—Si tía, vamos –insistió Katherine.

—Está bien…

—¡Fantástico! –Exclamó el joven –. Entonces nos vamos.

—Si vamos –contestó Dorothy con una nerviosa sonrisa.

Esa misma mañana Karen llena de furia regreso a Chicago. Donde de inmediato se dirigió al departamento de Terry para hablar con él.

—¿Karen que no estabas en Florida? –le preguntó Terry al verla entrar a su departamento.

Ella lo miró como si quisiera matarlo.

—¡Eres un idiota! ¿Cómo fuiste capaz de dejar a Candy que fuera a Florida?

—¿Candy está en Florida?

—La muy estúpida llego a la inauguración del hotel y lo peor de todo es que ella y William se quedaron en Florida todos estos días. Ves la clase de novia que tienes.

Terry frunció el ceño.

—Ella ya no es mi novia. Candy terminó conmigo, sigue enamorada del padre de su hija.

—¿Cómo dejaste que terminara contigo?

—¡Que querías que hiciera que la retuviera a la fuerza a mi lado!

—Entonces, todo indica que ellos regresaron.

—Lamentablemente si…

—¡Maldita sea nuestro plan se arruinó! –exclamó Karen eufórica –. Pero algo tenemos que hacer para separarlos.

—Si…yo no voy a permitir que Candy sufra nuevamente al lado de ese desgraciado. ¿No creo que el haya cambiado?

Karen pensativa dio unos pasos por la sala del departamento.

—No te preocupes…pero algo se me va a ocurrir para destruir esa relación -dijo Karen pensativa.

Al día siguiente Candy y Albert regresaron a Chicago, donde se reunieron con su hermosa hija.

—Mi pequeña te extrañe mucho –le dijo Albert sentándola en sus piernas.

—¿Dónde estaban? –preguntó la niña.

Albert y Candy se miraron con una sonrisa.

—Estábamos en Florida –le respondió Candy.

—Te trajimos muchos regalos –le dijo Albert.

—Papá quiero verlos.

—Claro mi pequeña…

Albert le pasó los regalos a su hija y la sentó en una alfombra para que los viera.

—Me alegra mucho verlos juntos –le dijo Pony emocionada.

—Gracias a ti tía…-le dijo Candy que estaba sentada al lado de su esposo–. Tú me dijiste que tenía que darle otra oportunidad a Albert.

— De nada sobrina, yo sabía que ustedes se aman.

—Yo sé que me equivoqué con Candy en el pasado –reconoció Albert tomándole una mano a ella–. Pero ahora todo será distinto. Nos vamos a casar por la iglesia.

—¡Felicidades! Ahora su matrimonio será por amor y no por la herencia.

—Bendita herencia que le dejo el señor White a Candy, que hiso rencontrarme con la mujer que amo y descubrir que tenía una hermosa hija.

—Tienes razón Albert. Gracias a la herencia de mi abuelo ahora estamos juntos.

—Desde ahora en adelante tú y mi hija siempre estarán a mi lado.

—¿Eso significa que Candy y la niña se irán con usted a la mansión? –preguntó Pony.

—Si…hoy mismo Candy y Katherine se irán conmigo a la mansión para vivir juntos como una hermosa familia.

Pony sonrió con tristeza.

—Las voy a extrañar mucho a las dos.

—Pero tía, tú también te iras con nosotras –le dijo Candy.

—¿Yo ir a vivir a la mansión Andrew?

—Claro señora Pony…usted es como una madre para Candy, además se ha portado tan bien con mi hija, no podríamos dejarla sola.

—Muchas gracias…pero es mejor que no, no me sentiría bien viviendo en aquella mansión.

—Pero, tía…no podría dejarte aquí sola.

—Si…señora Pony, vengase con nosotros –le insistió Albert.

—Hazlo por la niña tía, ella te quiere tanto.

—Bueno…me iré con ustedes, pero después que se casen por la iglesia.

—Ok tía…Bueno voy a arreglar algunas cosas para llevar a la mansión –dijo Candy levantándose del sillón.

—Yo te ayudo, mi amor –le dijo Albert siguiéndola.

Antes de que fuera la hora de la cena Albert junto a su esposa y su hija llegaron a la mansión Andrew. Cuando ingresaron al salón principal, se encontraron con la abuela Elroy y Anthony y la señora Legan y Elisa que estaban de visita.

—Buenas tarde a todos –los saludó Albert con seriedad.

La abuela Elroy y la señora Legan miraron extrañada la presencia de Candy y sobre todo de la niña.

—¿Qué bueno que llegaron de Florida? –les dijo Anthony con amabilidad.

Katherine al verlo corrió a los brazos de él.

—Hola Anthony –le dijo la niña.

—¿Se puede saber quién es esa niña? –preguntó Elroy.

—Esa niña es la misma que vi con Elisa, el día que nos encontramos con Candy –dijo la señora Legan.

—Ósea que es la hija de la miga de Candy –añadió Elroy.

Candy y Albert se miraron.

—Esa niña no es hija de la amiga de mi esposa –aclaró Albert –. ¡Esa niña es hija de Candy y mía!

Las tres mujeres se miraron asombradas.

—¿William que locura estas diciendo?

—No es ninguna locura tía, esta niña es mi hija.

Elroy movió la cabeza sin comprender lo que estaba pasando.

—No comprendo, ¿cómo esa niña va ser hija tuya?

—Eso es mentira, esa niña debe ser de otro hombre -dijo Elisa.

—¡Elisa no te metas! -la regañó Anthony.

—Si no te metas, es mas es mejor que ustedes se vayan de aquí -les pidió Albert.

—Claro que nos vamos…-dijo Sara molesta -. Hija, vamos.

—Si, vamos mama.

Cuando Sara y su hija se fueron Albert le pidió a su sobrino que llevara a Katherine al jardín.

Albert comenzó su relato con tranquilidad confesándole a su tía el romance que tubo años atrás con Candy, lo mal que se había portado con ella al haberla abandonado, sin imaginarse que ella había quedado embarazada. Elroy no dejo de escandalizarse por aquella historia, sintiéndose decepcionada por su sobrino mayor, que nunca imaginó que hubiera sido capaz de engañar a Candy. Ahora comprendía la fría y dura actitud de la rubia cuando vivió en la mansión.

—¿Querido me da mucha tristeza lo que me has contado –le dijo Elroy levantándose de su sillón -? Nunca pensé que fueras capas de algo así ¿Pero estas seguro que esa niña es tuya?

—Claro que lo es, tía...No te voy a permitir que dudes de eso.

—¡Katherine es hija de Albert! -exclamó Candy con seguridad.

—Yo no estaría tan segura de eso. Mejor me voy a mi habitación, esto es demasiado para mí -dijo Elroy subiendo a su cuarto.

Candy y Albert también se dirigieron a la habitación, para hablar más tranquilos.

—Albert es mejor que yo me vaya con la niña –le dijo Candy abrazándolo para sentir su protección.

—No voy a dejar que te vayas mi amor…-le contesto el pasándole una de sus manos por el cabello de ella –. Eres mi esposa y tienes todo el derecho de vivir aquí.

—Pero tu tía me odia, está dudando de que Katherine sea tu hija.

—Que piense lo que quiera, ella tendrá que aceptarte o me perderá como su sobrino.

—Albert, no quiero que por mi culpa te pelees con tu familia.

—Candy, ahora mi hija y tú son mi familia y no voy a permitir que nadie las lastime.

La rubia lo miró a los ojos emocionada.

—Gracias por protegerme de esa manera.

—Siempre lo voy hacer. Te amo Candy y no voy a dejar que nadie nos separe.

—Yo también te amo –le dijo la rubia dándole un corto beso en los labios.

Continuará...


Hola mis lindas chicas.

Aqui les dejo otro capitulo de este fic, con mucho cariño para cada una de ustedes.

Besitos a la distancia.