No era su problema y Dazai no era particularmente afecto a meterse en asuntos ajenos. Difícilmente se interesaba en los que lo involucraban directamente, ni decir en los demás. Era curioso por naturaleza y por fines prácticos hubiera sido útil saber cómo logró adaptarse a su nuevo entorno, qué clase de ser era ese tal Fyodor pero la boca de Chuuya sólo dejaba salir murmullos irritados en su lengua madre y el ave no dejaba de mirarle y de vez en cuando abrir su cola para advertirle que un sólo movimiento y le sacaría los ojos. Dazai perdió el interés al intuir el trabajo exhaustivo de dialogar con el genio, por lo que se concentraba en el paisaje mientras eran llevados a la residencia de Mori. La calle comenzaba a estrecharse más conforme subían la colina y todo eran sólo edificios y una pequeña enredadera de la casa vecina colándose a la pared del edificio que correspondía al de Mori. Le indicó que habían llegado y cambiando su actitud ligeramente agradeció al conductor que les había llevado, una sonrisa más amplia cuando el hombre le ayudó a bajar su maleta. La espalda recta, con una confianza absoluta se colocó al lado suyo esperando a que le guiara al interior.

— Llegó su pedido, señor— la voz cantarina de Dazai se coló por la habitación hasta la figura de Mori que reposaba su mentón entre sus manos, viendo distraídamente a Elise hacer figuras con hojas de colores en el suelo—. Los dejaré para que hablen a solas.

Dazai se quedó en la puerta y Chuuya ni siquiera se giró para agradecerle, caminando hasta el escritorio haciendo una perfectamente bien ejecutada reverencia de protocolo, logrando que el hombre sonriera y Elise se fijara en el ave en su hombro, incorporándose.

— Es muy linda— sonrió, balanceándose en sus pies, y Chuuya le devolvió la sonrisa, notando que esa niña era un yokai. Probablemente un fantasma—. ¿Puedo acariciarla?

— Lo lamento, pero no está domesticada y es un poco violenta con los desconocidos.

— Me refiero a tu gargantilla— los dientes en la sonrisa de la niña lucían amenazadores de una manera que no podía explicar,su atención fija en la media luna que pendía de su cuello—. Luce importante.

— Elise, querida, te he dicho que seas más amable con los invitados— el hombre sonrió con vergüenza, haciéndole un gesto al genio para que se sentara. Chuuya jaló la silla un poco más lejos, evitando darle la espalda a la niña—. Lo lamento, ella también es un poco violenta con los desconocidos. Mi nombre es Mori Ougai ¿Te ha dicho Fyodor por qué has venido hasta aquí?

— Me ha dicho lo necesario.

— En ese caso no creo necesario perder tiempo en detalles. Puedes instalarte en la habitación del fondo a tu derecha, la he mandado ambientar especialmente para ti, hoy puedes tomarte el día libre si deseas, mañana temprano Dazai te llevará a la zona de entrenamiento. Por las palabras de Fyodor estás más que calificado para enfrentarte a cualquier criatura, pero es por cuestiones técnicas.

— ¿Hay algún estimado del tiempo que estaré aquí?

— Eso depende de Fyodor y cuánto tiempo planea usar a mi tengu.

— ¿Tengu?

— Le diré a Dazai que te muestre uno, debemos tener todavía otro encadenado en las mazmorras. Suelen tener un temperamento horrible, pero si quieres hacer una tormenta perfecta pocas criaturas compiten con ellos. No quiero ser descortés, Chuuya, pero todavía tengo un par de asuntos por arreglar así que si no tienes ninguna otra pregunta te agradecería que te acomodaras en tu habitación.

El genio se incorporó volviendo a hacer una reverencia, tan contrariado que no notó la maliciosa mirada de la niña al pasar a su lado. Apenas se permitió mirar las puertas y llegar a la más apartada. La temperatura era mucho más elevada que en el pasillo o la oficina, además que los decorados tenían un estilo diferente. El dosel y el cabezal, los cojines eran estilo árabe en una suave tonalidad rojiza. Junto a la cama había un perchero de madera negra para aves, lugar donde su amiga enseguida fue a descansar, sus alas haciendo sombras que cruzaban toda la habitación mientras Chuuya dudaba si desempacar o dormir un poco. Dejó la maleta a sus pies, recostándose en la cama, aspirando el sintético perfume de lo que pretendía ser incienso.

— Me gustaría ir a una casa de té. Fyodor dice que el sabor del samovar no puede sustituirse con ningún otro tipo de preparación pero por lo que he leído aquí también se toman muy en serio el té.

— Quizá sea buena idea irnos ahora.

— ¿Tan pronto extrañas casa? Apenas llevamos un par de horas aquí.

— Hay algo que no está bien. Fyodor nunca ha sido de confiar y temo por lo que esté tramando en realidad. Desde hace unos meses he tenido la sospecha de que Fyodor es...

— Fyodor es mi amo. Es todo lo que hay por decir— Chuuya se incorporó, estirando su brazo para invitar al ave a subirse—. Si voy contigo no necesitaré ni un traductor ni un mapa, anda. Sé que también se te antojaron esos dulces que vimos en mi celular.

— Tengo miedo de tu destino, amigo— trinó con tristeza, recogiendo su cola y sus alas—. Estoy algo cansada y preferiría dormir.

— Está bien, descansemos. Pero mañana no tendrás excusa para ir conmigo.

El ave abandonó el perchero, aceptando la invitación de Chuuya de recostarse sobre su cuerpo, cerrando los ojos ante el confort de la cálida piel del genio.

—x—

La mañana llegó mucho después pero antes que la notara. Se suponía que sólo cerraría los ojos un momento, él de todas formas ya había perdido la capacidad de soñar así que raramente dormía. La puerta siendo llamada lo hizo abrir los ojos y el ave se levantó, graznando de manera amenazadora a la puerta. No necesitaba verlo para saber que se trataba del kitsune y aunque hubiera preferido ajustar cuentas con él, Fyodor había sido muy claro al ordenarle que no causara problemas. Suspiró, echando de menos el peso del sable en su cintura. Se acomodó el ligero abrigo negro, acariciando el pico del ave antes de salir. Pasó por el costado de Dazai sin siquiera darle una mirada. Rodó los ojos, adelantándose unos pasos para irlo guiando.

— No sabía que los genios duermen.

— Sólo te lo voy a repetir una vez, estoy aquí porque Fyodor me ordenó que hiciera tratos con Mori pero en cuanto regrese volverás a ser mi enemigo y personalmente te reclamaré como mi trofeo.

— Qué apasionado. Esperemos que ese demonio no decida que un tengu le resulta más útil que un genio y decida quedarse con él.

Chuuya tenía un sentido muy fino de atención, era capaz de comprender las cosas entre líneas más fácilmente de lo que pudieran dar a entender sus maneras desordenadas e impulsivas de actuar. Podía notar fácilmente que Dazai no era la clase que ofrece información gratis y había soltado aquello esperando que preguntara, porque el kitsune había detectado desde el primer segundo que Chuuya no sabía algo que era de suma importancia y lo estaba provocando.

— No sé qué clase de entrenamiento planean darme pero supongo que será mejor que guardes fuerzas. Soy muy bueno en batallas cuerpo a cuerpo.

— ¿Batallas? ¿Para qué querrías pelear con alguien? Nuestros métodos son muy diferentes, menos sutiles.

— ¿Ustedes también están participando en la guerra? Sirviendo a los humanos y como traficante me cuesta imaginarlo.

— ¿Guerra?— el kitsune se sostuvo el mentón, conteniendo una carcajada que sin embargo asomaba ácida e hiriente por sus ojos—. Oh, claro. Se me olvidaba que Fyodor te hizo creer que había una guerra entre criaturas. No sólo a ti, es una táctica que ha usado en todo su país para que sus víctimas no peleen mucho. Las criaturas eslavas son muy antiguas, además que después de haber sido amenazadas por las nuevas religiones se mantuvieron muy ocultas, debió ser fácil engañarlas. Nada menos el ave que tienes contigo. Fyodor le contó a Mori que él mismo destrozó su nido y le lanzó flechas hasta que cayó en su palacio para que creyeras en su palabra. Es un ser despreciable, pero no puedes esperar otra cosa de un demonio.

— No tengo por qué creerte.

— Y yo no tengo por qué decirte esto, velo como una compensación por haber lastimado a tu estúpido ángel. Debe ser horrible, los ángeles tienen buena memoria pero los humanos son más frágiles y dos años sin saber de ti, seguro los huérfanos que te llamaban padre ya te han de haber olvidado. Todo por volverte el perro guardián de un demonio.

— Hablas como si tú mismo no estuvieras atado a un humano. Y por voluntad propia ¿No es eso más despreciable?

— Es verdad— Dazai se giró, acariciando con los ojos la media luna que colgaba del cuello, balanceándose con la respiración tan agitada del genio por estarse conteniendo—. Si te quitan esa tonta baratija del cuello vas a enloquecer porque los genios no pueden estar lejos de sus amos ¿A qué consciencia se le habrá ocurrido crear a un ser tan patético? Atado a lo que se te imponga, perdiendo toda tu dignidad por complacer a un amo. Incluso ahora no puedes cuestionar lo que te ha dicho ese demonio porque eres incapaz de ir en contra de quien te ha tomado como sirviente ¿No es así? Porque estoy seguro que más de una vez te has cuestionado lo que se te ha dicho.

— No espero que una bestia como tú entienda algo tan complejo como mi naturaleza ¿Quieres humillarme por ser leal? No me hagas reír. No me avergüenzo de servirle a Fyodor ni de confiar ciegamente en su palabra. Lo llamas demonio, deberías estar agradecido con él por pedirme que no cree líos aquí o ya te hubiera arrancado los ojos.

— Eres un simple perro, Chuuya, no puedes asustarme.

El genio apretó los puños, los dientes, andando más deprisa para no cambiar de idea y prender en llamas todo el edificio con el kitsune incluido.