BONUS WEEK -
Día 30 / vestirse / desvestirse
Las mentiras que nos decimos Parte 0
Se cuenta que las cosas no iniciaron con esas intenciones.
Como creo que me voy a tardar más en terminar los 4 días que me faltan, aunado al hecho de que tuve un accidente(y que inspira parte de la trama de este Día), regresé a la maestría y mi compu dijo Kaputt und auf Wiedersehen y tampoco los quería tener esperando, aquí les traigo el último día y, a la vez, el primero en la serie de Las mentiras que nos decimos.
Déjenme un review para saber que les pareció
— ¿Te sirvo más limonada, Rukia-san?
— Gracias, Orihime.
La jarra de vidrio hizo un clan clan por los hielos que se movieron mientras Orihime Kurosaki servía un vaso enorme de limonada rosa, su especialidad desde que regresó a estudiar gastronomía a la universidad.
— ¿Qué te parece?
— Deliciosa.
— Me alegro.
Silencio sepulcral
La conversación entre las dos mujeres realmente no era animada, ambas lucían sendas ojeras, no estaban incómodas por hacerse compañía, pero las pérdidas que habían sufrido no les había dejado humor para realmente socializar.
Rukia, a pesar de ya haber pasado varios años, no parecía haber encontrado consuelo por la pérdida de su nonata, una cosita pequeñita a la que habría nombrado Ichika en honor a dos importantes hombres en su vida, aunque lo había disfrazado utilizando otros kanji para escribir su nombre.
Tal vez estaría mejor si intentaba concebir otro hijo con Renji-kun— Cruzó el pensamiento por Orihime, uno que no se atrevió a verbalizar.
Orihime, apenas el año pasado, había perdido a su pequeño Kazui, su único hijo, tras un largo proceso en el que los tratamientos médicos no pudieron ayudarle y, por lo que podía, no lo estaba sobrellevando muy bien.
Habrían seguido en silencio de no ser por el ruido de unas llaves abriendo la puerta principal, y segundos después a Ichigo, que seguramente regresaba de su trabajo, apareció. Él se veía algo cansado, pero alegre.
— Regresé...— Dijo en cuanto vio a las dos mujeres sentadas en la mesa del comedor—, ¿cómo estuvo tu día, Orihime?— La saludó primero y se agachó para darle un beso en la mejilla a su esposa, beso que ella esquivó haciéndose a un lado.
— Eh, voy por unos pastelillos, Ichigo, ponte cómodo...— Y se fue corriendo a la cocina.
Ichigo sólo soltó un suspiro derrotado y Rukia sólo guardó silencio.
— ¿Y tú, Rukia? ¿Cómo has estado?
— Ocupada— Dijo con una alegría que no sentía—, tengo una misión aquí en Karakura por unos días.
— Ah, ¿es por eso que traes tu gigai?
Antes de que pudiera contestar nada, sonó el teléfono de la residencia y fue contestado rápidamente por Orihime que respondió emocionada a lo que sea que le decían del otro lado de la línea.
— ¿Orihime, quién era?— Preguntó Ichigo monótonamente y algo pálido de repente.
— Era Tatsuki-chan, dice que me va ayudar a estudiar para mi examen semestral, así que me voy a ir a estudiar a su casa— Dijo cuando colgó el teléfono, muy alegre de repente.
— ¿Cuánto tiempo vas a estar allá?
— No lo sé, tal vez me vaya directamente a la universidad a presentar mi examen.
Ichigo soltó un suspiro derrotado, más profundo y largo que el anterior, y se frotó los ojos como para tragarse lo que realmente pasaba por su cabeza. Por su lado, y sin esperar respuesta alguna de su marido, Orihime subió y bajó rápidamente las escaleras con una maleta que, obviamente, ya tenía preparada.
— Me voy— Y salió sin despedirse, realmente, de ninguno de los dos.
— Sí, cuidate, amor— Ichigo mantuvo cerrados sus ojos para no verla irse.
— ¿Ichigo, estás bien?— Rompió el silencio Rukia minutos después.
— Eso creo...
— ¿Ella sigue mal por la muerte de Kazui?
— Creo que está peor que tú después de perder a tu hija... Cambiando de tema— Trató de hacer sonar más animada su voz—, no me dijiste porque traías tu gigai.
Rukia sonrió ligeramente.
— Para poder venir a visitarte— Se rascó la cabeza—, las misiones que he tenido se han vuelto algo largas y decidí tomarlas como un pequeño descanso.
— ¿Ya tienes dónde quedarte?
— Pensaba ir a casa de tu padre, no lo he visto a él ni a tus hermanas en mucho tiempo.
— Es una pena, en esta época del año creo que se va un congreso de medicina y mis hermanas están de campamento, ¿y si mejor te quedas aquí?
— ¿Seguro? No quiero imponer mi presencia.
La forma en que estaban interactuando no era como la de antes, tal vez por las pérdidas sufridas...
— Por favor, si no te ofrezco quedarte de todos modos encontrarás alguna excusa para hacerlo.
— ¡Cómo te atreves!— La patada que sintió en su espinilla lo obligó a levantarse de la mesa para poder sobarse.
Pero tal vez sólo necesitaban un empujoncito para volver, en su mayoría, a ser como antes.
— Rukia, es hora de cenar— Le gritó Ichigo desde la cocina.
— Ya bajo, dame un momento— Ella estaba poniéndose la pijama que había traído, después de haberse dado un baño. Ésta consistía en una pijama larga de dos piezas, una camisa y un pantalón, de seda rosa que le sentaba muy bien.
Cuando bajó, Ichigo estaba poniendo la mesa y le sonrió al verla entrar al comedor.
— ¿Cómo te fue en tu cacería?
— Muy bien, pero hubiera sido más entretenido si me hubieras acompañado— Se sentó a la mesa e Ichigo le sirvió del estofado sencillo que había preparado.
— Tal vez la próxima.
— ¿Tal vez?, yo creo que sí deberías, parece que has perdido algo de forma.
— No te burles de mí, enana, si me pagaran por ser Shinigami con gusto lo haría pero tengo una familia que mantener.
Comieron y platicaron cómodamente, entre más tiempo lo hacían más sencillo era y las sonrisas en sus rostros eran más reales y suaves.
— Mmm, ¿si pudiera arreglar que te pagaran, me acompañarías?— Dijo Rukia de repente, después de un momento en que guardaron un agradable silencio.
Los cubiertos de Ichigo hicieron un sonoro ruido metálico al caer al suelo de la sorpresa que había en su rostro.
— ¿Hablas en serio, Rukia?— Dijo Ichigo, como no creyendo la cosa, mientras se agachaba a levantar su cubiertos del suelo.
— Por supuesto, necesito ayuda con mi escuadrón y no hay nadie mejor que tú para hacerlo, es una posición pagada, ¿qué dices?
— Bueno, yo creo... ¡AUCH!— Con su cabeza golpeó la mesa al levantarse por lo que tiró varias cosas, entre ellas una tetera llena con té que se derramó hasta caerle encima a Rukia.
— ¡Ay, no!
— ¡Rukia!
Rápidamente y con la presteza de alguien que tiene experiencia, Ichigo le ayudó a Rukia a quitarse la camisa de su pijama para ver qué tan grave era la quemadura. La piel de su estómago estaba ligeramente roja, afortunadamente, ya habían consumido la mayor parte del té y este se había enfriado un poco, por eso las quemaduras no eran tan graves, aunque el área afectada era ámplia.
— Debemos de ponerte hielo, ¡rápido!
— ¡Ichigo, espera!— Él no la escuchó, la arrastró de la mano hasta la cocina y sacó unos hielos del refrigerador que empezó a frotar con la piel quemada.
— No te preocupes, Rukia, es sólo superficial, en unos minut...— Las palabras se quedaron atoradas en su boca al darse cuenta de que había desnudado el torso de Rukia y de que su camisa se quedó en el suelo del comedor.
— ¿I-i-ich-chi-igo?— Subió su mirada al rostro de su amiga por ese llamado nervioso.
— ¡L-l-lo siento!
Rukia estaba roja, pero ella no quitó la mano de Ichigo que seguía, a pesar de su bochorno, frotando el trozo de hielo en su estómago, por el contrario, guió su mano de vuelta cuando Ichigo intentó quitarla.
— Está bien, me alegra de que te preocupes por mí— Subió su mano, lentamente, desde su estómago pasando cerca de uno de sus turgentes pechos y la llevó a su boca y le dio un pequeño lengüetazo a cada uno de los dedos fríos hasta meterse a su boca el pedacito que quedaba del hielo—, puedes ayudarme a curar con kido.
Lentamente, tomados de las manos, Ichigo guió a Rukia a su habitación y la recostó en la cama antes de prender las luces de las mesitas de noche para poder contemplarla.
Cuando volvió con ella pasó sus manos por su torso, comprobando la suavidad de su piel, dio un ligero pellizco a uno de sus pezones y comprobó, por el gemido y sonrojo de Rukia, de que eran muy sensibles al tacto.
— No juegues conmigo— Le suplicó ella con la mirada y la voz.
— Nunca lo haría.
Tomó la mano de Rukia y la dirigió a la pequeña quemadura, que apenas y era visible, y la observó atentamente mientras la luz verde de su kido curativo hacía su trabajo.
Cuando la luz desapareció, Ichigo estaba listo para alejarse y dejarla dormir en su recamara, pero ella lo detuvo.
— ¿No vas ayudarme a buscar si tengo otra quemadura?— Sus ojos brillaban suplicantes a Ichigo.
— ¿Vas a ayudarme a ver si tengo alguna quemadura?— Ella sólo asintió y se levantó ligeramente para desabotonar la camisa a Ichigo, mientras él se desabrochaba el cinturón.
Rukia besó el cuello de Ichigo, después de haber invertido las posiciones de ambos, luego bajó a su estómago y a dejar besos ligeros mientras descubría la piel que se iba mostrando ante ella cuando le quitó la camiseta interior. Subió sin prisas por su pecho, con su lengua dibujó círculos en uno de los pezones de Ichigo, regresó a su cuello y, finalmente, llegó a la boca de Ichigo que la recibió ansiosamente. Sus lenguas jugaron a entrar y salir de sus bocas parsimoniosamente.
De vez en cuando salían gemidos de sus gargantas e Ichigo, sin romper el beso, pasó su mano por la espalda de Rukia hasta llegar a las caderas de la mujer y comenzar a jugar con el elástico de su pijama y meter una de sus manos por debajo del pantalón y dar un suave apretón al glúteo.
— Ah, Ichigo...— Gimió Rukia en la boca de Ichigo.
Eso hizo que Ichigo la volviera recostar en la cama y, desde su posición, regresara su mirada al rostro de la pelinegra y, sin emitir palabras, le pidió permiso para quitarle el pantalón. Ella solamente levantó ligeramente su cadera para que Ichigo pudiera quitarle el pantalón.
Con suavidad, Ichigo comenzó a quitarle el pantalón y el calzón al mismo tiempo, los pasó por sus piernas con suavidad tortuosa, disfrutando las expresiones que pasaban por el rostro de Rukia y le dedicó una mirada apreciativa a la mujer que cerró, muy apenada por lo que estaba sucediendo, sus piernas y cubrió sus pechos de lo profundo que sentía los ojos de Ichigo en ella.
— Eres hermosa, Rukia, no te escondas o no podré ver si tienes alguna otra quemadura en tu delicioso cuerpo.
Eso la relajó un poco y le dio la oportunidad a Ichigo volver a besarla, ahora empezando desde los dedos de sus pies, pasando por sus piernas, dando pequeñas mordidas por sus muslos, que aceleraron su respiración conforme se acercaba a su vagina. Probablemente ella esperaba que la atendiera en su centro, que se veía caliente y mojado, pero él siguió subiendo por su cadera hasta llegar a sus pechos a los que les dedicó varios minutos, que sólo se vieron interrumpidos porque Rukia lo sujetó de sus cabellos y lo llevó hasta su boca.
— Ichigo... hazme sentir bien, por favor...
— Tanto como quieras...
Ichigo se alejó un momento de ella y de la cama para terminar de desnudarse, el pantalón terminó en el suelo seguido de sus calzoncillos para mostrar un orgullo y presto falo. Tan sólo verlo, Rukia sonrió y abrió sus piernas para que Ichigo pudiera ver y acceder sin problemas a su desatendido centro.
Ichigo tomó una de las almohadas de su cama y la puso debajo de la cadera de Rukia para poder comenzar el viaje al interior de ella. Cuando su pene se hundió por completo en la pequeña mujer se detuvo un momento para disfrutar de la forma en que ella lo estrechaba en su interior.
— Ah, te siento, Ichigo, están tan adentro...
Rukia también parecía encantada y acariciaba su vientre, que se veía ligeramente distendido con la forma exacta del miembro viril que descansaba en su interior. El hombre, encantado por su respuesta, la tomó de la mano derecha, y le dio besos a cada uno de los delgados y elegantes dedos antes de dirigirlos al punto en que sus cuerpos se unían. Rukia, entusiasmada, pasó sus dedos por la base del pene de Ichigo, sintiendo una de sus venas hasta llegar al punto exacto en que terminaba él y empezaba ella, siguió el camino entre sus pliegues hasta el botón de nervios sensuales que corona la vulva de Rukia.
Al ver que Rukia comenzó a estimularse, Ichigo entendió que debía de de comenzar a moverse y eso hizo, pero lento, aún sentía extraño estar en esta situación con la que considera su querida amiga y compañera de batallas. Sujetaba sus caderas con suavidad, no quería dejar marca alguna en su nívea y delicada piel y, también quería prolongar lo más posible ese encuentro que no debía de volver a repetirse.
Poco a poco, penetración lenta tras penetración lenta, ambos podían sentir la presión que se acomulaba en sus vientres, llenandolos de un placer que no habían conocido antes. Rukia sentía a su corazón acelerarse y como sus paredes vaginales se cerraban en torno al falo que la complacía más potentemente con cada ir y venir de las incursiones del potente miembro. Ichigo, por su parte, sentía que le faltaba la respiración y se le nublaba la vista de lo estrecho que volvía el interior de Rukia y lo apretados que sentía sus testículos, alistandose para correrse en el interior de la pequeña mujer.
— Ah, Ich-chigoooo...— Gritó Rukia porque, gracias a las poderosas caderas de Ichigo y la estimulación conjunta sobre su clítoris, empezó a ver en colores al haber alcanzado de mayor deleite que jamás antes llegó a sentir con Renji en sus encuentros sexuales.
— R-Rukiaaaaghhhh...— Gritó Ichigo cuando, contrario a su instinto inicial, logró, con algo de dificultad, ya que las paredes vaginales lo sujetaban con fuerza, sacar su pene y correrse, en su mayoría, en el estómago de la mujercita.
Pasados unos minutos, Ichigo logró recuperar su vista. Rukia lucía hermosa y aún estaba atrapada en las delectables oleadas que era su orgasmo. Sus ojos estaban apretados, su rostro rojo, sus pechos subían y bajaban con la respiración acelerada, su estómago y parte de sus pechos brillaban a contraluz por la corrida derramada en ella y parte de ella había logrado dejar rastro en su bello púbico y vagina.
Gozoso por semejante imagen, que Orihime nunca le permitió disfrutar por apenarse y cubrirse con las sábanas inmediatamente después de que él se corriera, pasó su índice derecho por el rastro de semen y recogió un poco, que después metió en la boca de Rukia, que comenzó a lamerlo como si fuera un raro y costoso manjar hecho sólo para ella. Cuando dejó el dedo limpio de cualquier rastro del salado líquido, fue cuando finalmente abrió sus hermosos ojos.
— ¿Ichigo, ya no tengo más quemaduras?— Con ligera taimaduría preguntó a Ichigo por los resultados de su inspección.
— Me falta un lugar por inspeccionar— Con complicidad compartida, acercó su boca a la vagina para iniciar otra exploración con su lengua, labios y dientes. Exploración que culminó con un orgasmo atronador.
Esas inspecciones se repitieron varias veces durante el resto de la noche, Rukia revisaba a Ichigo y viceversa, usaban todos sus sentidos y disfrutaban de manera insospechadas. Tampoco se detuvieron hasta que el amanecer los recibió con el agradable calor de sus rayos del sol sobre sus pieles sudorosas, marcadas y sensibles de tanto haberse inspeccionado con sus manos y bocas y el agotamiento los venció y los obligó a detenerse para poder dormir unos momentos piel contra piel, enredados entre las sábanas y sus extremidades.
Una vez que despertaron, abrazados y pegajosos, no podían verse a la cara, inseguros de lo que había pasado entre ellos. De cómo debían de actuar. De qué debían de sentir...
— V-v-voy a darme un baño rápido, Rukia.
— S-sí...— Apenas y respondió cuando Ichigo se separó de ella y entró al baño. Se quedó recostada sobre el colchón, hecha una bolita de inseguridades.
Lo que pasó no fue nada, sólo éramos dos amigos cuidandonos... de una manera atípica, pero no volverá a suceder— Ella se repitió esas palabras muchas veces tratando de convencerse, quieta y sólo cubierta por las frías sábanas, hasta que escuchó la regadera cerrarse, lo que la impulsó a buscar ropa en la pequeña maleta que había traído para vestirse. Cuando Ichigo salió del baño la vio ponerse un vestido, como los que le robaba a su hermana en antaño, tan acelerada que se dio cuenta de que no se puso ropa interior.
— ¿Rukia?
Ella dio un brinquito aterrado al escuchar su voz detrás de ella.
Él se le acercó, la hizo girar lentamente y notó que ella tenía su mirada hacia el suelo para no dirigirle la mirada. Verla así le hizo darse cuenta de que se sentía igual y que no estaba arrepentido de lo sucedido. Tal vez ella también necesitaba un momento bajo el agua de la regadera para ordenar sus pensamientos.
— Rukia— Dirigió sus manos al cierre del vestido y lo bajó lentamente, lo que puso la temblar visiblemente—, creo que te caería bien un baño— Le subió el vestido por la cabeza hasta quitárselo y dejarla desnuda nuevamente— en lo que yo me visto y hago el desayuno— La tapó con la toalla que se había secado el cabello, no era lo mejor pero sí lo que tenía a la mano en ese momento—. En el baño hay toallas limpias y secas.
Ella no le respondió, pero sí dejó de temblar y le devolvió la mirada, con mejillas rojas y ojos brillantes, antes de ir, a paso veloz, al baño.
Se iba a dirigir a sus cajones a buscar algo de ropa que ponerse, después de escuchar la regadera andando, pero se dio cuenta de que Rukia le había arreglado un conjunto sencillo de ropa que no dudó en ponerse.
Lo que sea que sucedió entre nosotros no debe de volver a repetirse— Pensó Ichigo mientras bajaba a la cocina a hacer algo de desayunar para los dos.
Cuando Rukia bajó, vistiendo el mismo vestido que Ichigo le había quitado minutos atrás, lucía más tranquila y calmada. Incluso ya pudieron hablar como si nada, con amplias sonrisas y miradas prolongadas, cómplices y divertidas.
— Tengo misión en Hueco Mundo la semana entrante, ¿te gustaría participar?— Preguntó cuando terminaron de desayunar y estaban limpiando la cocina y lavando los trastes que habían dejado la noche anterior.
— Con gusto, me caería bien entrenar de vez en cuando.
Y, con esas palabras, dieron inicio una serie de mentiras que terminaron con una sola verdad años después.
