Disclamer: Los personajes, la trama y todo lo demás pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag. Yo solo hago esto para divertirme en el mejor de los casos XD.

.

.

.

Lièvre Noir—

.

.

.

Marinette no podía regresar a su casa.

Sabía que si sus padres la veían llegar en semejante estado de alteración se preocuparían y exigirían saber qué le había pasado y ella no podría explicarles nada. Ni ella misma sabía por qué había huido así de su propia fiesta.

Solo había seguido un impulso, quizás egoísta, o al menos así se sentiría más tarde al pensar en Alya y el resto se habían esforzado por organizar esa celebración en su honor. Los había dejado tirados a todos.

Echó a correr, casi enloquecida, por las calles rociadas por el halo luminoso de las farolas y las ventanas de los edificios, sin mirar atrás y sin prestar atención a la gente que se iba cruzando. En algún momento le pareció oír la voz de Tikki preguntándole a dónde iban, pero como no tenía ni idea, no contestó.

Solo siguió corriendo sin pensar en nada. Solo corrió y corrió, ignorando los borrones que pasaban silbando a su lado. Cuando se quedó sin aliento y tuvo que pararse en una esquina para respirar, se atrevió a alzar la mirada y ante ella vio el Puente de las Artes.

¿Cómo he llegado hasta aquí? Se preguntó, agobiada.

Se irguió, con las piernas temblorosas y ardiendo por el esfuerzo tanto como lo hacían sus pulmones. Miró a lo largo de la calle, siguiendo la orilla del río Sena y apenas distinguió a unos cuantos transeúntes a lo lejos, débiles figuras oscuras que se recortaban en la luminosidad de las bombillas y que se alejaban de ella y del puente. Le llegó el susurro del agua y el aullido de algún coche en la lejanía.

Por lo demás… parecía que fuera la única habitante de la ciudad.

Tras recuperar el aliento, se sorbió la nariz y echó a andar de nuevo. La madera crujió cuando sus pies pisaron el puente. Sus ojos recorrieron los tablones hasta el lugar donde estos se volvían blancos por el reflejo de las lámparas que decoraban la construcción. Eran de un tono amarillo pálido que creaba un efecto curioso en contraste con la negrura del cielo. No le dejaba ver las estrellas y Marinette, abatida, se preguntó si estas no habrían desaparecido.

El pecho aún parecía retumbarle con la misma violencia que cuando corría.

Avanzó unos metros, más o menos hasta la mitad y se asomó por encima de la barandilla. El metal estaba frío, como lo estaba el aliento del Sena que ascendía para arrasar su rostro encendido. Sobre el agua bailaban los reflejos de las luces del puente y de los edificios de la orilla.

Al otro lado de la pasarela el Instituto Francés parecía un palacio de cuento, encendido en colores de fuego y fundido en el horizonte negro, con su cúpula y sus tejados oscuros apuntando al cielo.

Respiró profundamente aquel aire helado, cargado de olores a humedad e historias de amor fallidas y sintió un escalofrío cuando la brisa azotó su cabello. Estiró los brazos para separarse de la barandilla y retrocedió hasta una de las bancas de madera. Se dejó caer en ella con pesadez, casi con desidia. Apoyó las manos en el borde y se encorvó de modo que la corona que seguía en su cabeza resbaló hasta rozarle la frente.

—¡Ah! —exclamó, asustada. La cogió antes de que esta se precipitara al suelo. Entonces volvió a mirarla, con más cuidado. Era realmente preciosa, tan delicada y sencilla a la vez. Era perfecta. Y además era un regalo de Adrien—. Tan solo unos meses atrás habría hecho cualquier cosa por tener este regalo.

Siguió contemplándola con una sonrisa triste.

Las piernas le hormigueaban todavía, pero los latidos de su corazón estaban empezando a apaciguarse. Del mismo modo, la complicada madeja en que se habían enredado sus pensamientos comenzaba a deshacerse y mientras repasaba los últimos instantes en la fiesta, sintió que la piel de sus brazos se erizaba.

Adrien… Suspiró frunciendo las cejas.

Al meditar sobre ello ahora, en ese lugar que en el pasado había sido testigo de tantas promesas de amor eterno, Marinette se dio cuenta de que a pesar de todos sus planes, sus fantasías y los ánimos de sus amigas, nunca hubo un solo momento en que hubiera creído de verdad que podría gustarle a Adrien como algo más que su amiga.

Había imaginado el momento en que ella se atrevería a ser sincera con sus sentimientos y el chico los aceptaría pero… ¿y después? Nunca había pensado en cómo podría ser su relación, qué harían juntos, cómo se llevarían en el contexto de una relación romántica. Y si no lo había hecho era, quizás, porque no lograba imaginar a Adrien comportándose como su novio.

¿Qué podría gustarle de ella? ¿Qué podrían tener en común que les mantuviera unidos?

Se había sentido tan pequeña al lado de Adrien que ni siquiera se había percatado de este hecho. Es lo que pasa cuando observas a alguien desde tanta distancia. Él estaba en ese lugar superior donde idealizas los sueños, brillando en todo su esplendor, y ella estaba abajo observando, deseando… pero sin atreverse a hacer un movimiento.

Ya fuera a propósito, por despiste o por acción de su propio inconsciente, todos sus torpes intentos por confesar sus sentimientos al modelo habían resultado un fracaso.

Quizás fue una suerte se dijo, con tristeza. Puede que no estuviera preparada para él.

¿Cómo salir con un chico que en tu mente está tan por encima de ti? Y no era culpa de Adrien; él siempre se mostró amigable, simpático, cercano… ¡No, había sido todo cosa de ella!

Esa misma noche, por alguna jugarreta del destino, el chico le había ofrecido muestras de que tal vez sus sentimientos hacia ella habían cambiado. ¡Lo había visto! Y tenía una de esas pruebas en sus manos, pero aun así seguía resistiéndose a creerlo del todo.

—¿Es posible que Adrien… se haya fijado en mí? —murmuró, haciendo rodar la diadema ante sus ojos.

Ese regalo era demasiado especial e íntimo como para hacérselo a una simple amiga; incluso para alguien como Adrien que nunca tuvo muy claros los límites de una auténtica amistad.

¿Está bien que la haya aceptado?

Apretó los labios y sintió la tentación de ponérsela de nuevo, pero se contuvo, posándola con cuidado en su regazo.

El regalo era lo de menos.

Parecía tan arrepentido por su distanciamiento de aquellos días, incluso apenado. Y había aceptado fingir ser su novio delante de los demás solo por ayudarla, sin siquiera pedirle explicaciones.

Y después… Se llevó la mano al pelo y acarició los mechones sin saber cuál había sido el que él había tocado. Su pecho se agitó de todos modos.

¿Y si es verdad? Se preguntó de nuevo ¿Y si Adrien siente algo por mí ahora?

La idea se coló en su mente y activó un ligero cosquilleo en su estómago, pero ella apretó los párpados y negó con la cabeza. Trató de borrarlo, de no pensar en nada durante unos minutos. Se concentró en los estímulos que la rodeaban una vez más; el rumor del agua, la brisa fría barriendo el calor de su rostro, la lisa superficie de la madera bajo sus dedos.

Entonces se dio cuenta. ¡Por eso había salido corriendo de la fiesta!

Porque cuando Adrien hizo ese gesto tan dulce y la miró a los ojos, ella creyó ver algo que la desconcertó, que la asustó y que… la hizo un poco feliz.

Muy feliz… se corrigió haciendo un mohín ¡Soy horrible, horrible! Se recriminó. Sacudió aún más la cabeza y apretó los dientes.

¡¿Por qué aún me hace feliz pensar en Adrien?!

Había esperado tanto para que algo así pasara. No una declaración de amor o un beso apasionado, simplemente había estado esperando por una pequeña señal que alargara la vida de sus esperanzas. Tan solo eso. Y esa noche al fin lo había sentido. Era real y no una de sus fantasías.

¡Pero, ¿por qué ahora?!

Ese era el problema… bueno, era parte del problema. La otra parte es que la posibilidad de que Adrien se hubiera fijado en ella aún le importaba. ¡Y no debería ser así!

¿O tal vez sí?

Su amor por Adrien había sido verdadero, tal vez era inevitable que aún le hiciera sentir algo. Que la posibilidad de ver cumplido su sueño aún arañara sus entrañas provocándole una sensación de intenso júbilo, de euforia, de esperanza…

¡Pero no está bien!

Y no estaba bien porque Marinette tenía a alguien. A un chico encantador y bueno por el que sentía algo muy fuerte y en el que no podía dejar de pensar. Un chico que no era su novio pero… sí había sido el único que le había enseñado cómo era el amor real, uno sincero y apasionado. Había dejado a un lado las fantasías y ensueños románticos gracias a Chat para experimentar algo verdadero.

Había sido correspondida por fin…

Pero, y esto la hacía sentir fatal, lo que tenía con Chat Noir seguía teniendo también una parte irreal. Todos los secretos que se ocultaban el uno al otro, o por tener que esconder la relación como si fuera algo malo, o simplemente por el miedo latente que existía en ella y le impedía poner en palabras lo que sentía.

—No es… un amor completo —murmuró para sí. Eso era lo que sentía. Como algo que duele, no demasiado, lo suficiente para no dejarte ser absolutamente feliz. Marinette soltó la corona sobre la banca y se frotó los brazos, frustrada—. No puedo ofrecerle un amor completo a Chat Noir.

Pero es que tampoco podría hacerlo con Adrien porque a él también tendría que ocultarle cosas, ¿verdad? Y sin embargo, recordar su sonrisa o la calidez de su brazo rodeando sus hombros aún la hacía suspirar.

¿Era normal o es que ella era una egoísta y una persona horrible?

No era posible sentir algo tan intenso por dos chicos a la vez… ¿verdad?

Ellos no eran el problema. Era Ladybug, mientras ella existiera no podría ser del todo sincera con nadie. Y en el amor no valen las media verdades ni los secretos.

Ha sido una noche de muchas emociones se dijo, respirando hondo y echando la cabeza hacia atrás. Estoy pensando cosas extrañas porque estoy sorprendida y confundida. Volvió a mirar la diadema y aunque seguía siendo lo más bonito que jamás había tenido en las manos, el halo mágico que antes la rodeaba se había atenuado un poco.

Seguro que no es tan malo como me parece… Pero necesito calmarme.

Y ver a Chat. Le echaba mucho de menos.

Se alisó la ropa con las manos y volvió a contemplar el suelo del puente, cuando de repente, una sombra alargada apareció tras ella.

—Vaya, vaya, vaya; una preciosa princesa perdida —Marinette pegó un bote y volvió la cabeza. Chat Noir la había encontrado. Colgado de un brazo y apoyando solo una pierna sobre una de las finas farolas del puente, hacía girar su cola en el aire.

Allí estaba, como salido de su imaginación, invocado por sus funestos pensamientos y exhibiendo su dulce sonrisa para ella. ¿Cómo la había encontrado? ¿Cómo había hecho para aparecer justo en el momento en que más le necesitaba?

Marinette había pensado varias veces en la magia esa noche, no en la de los prodigios, sino en la magia de los sentimientos. En esa capaz de unir el alma de dos personas y mantenerlos conectados incluso cuando no están juntos. Por eso había estado sintiendo la presencia del héroe cerca de ella todo el tiempo y quizás había sido esa magia lo que le había atraído hasta ella.

—¿No es un poco pronto para que haya terminado el baile? —Preguntó él, saltando al suelo con elegancia.

Al verle, una cálida oleada de alegría y afecto la inundó con tal fuerza que hasta le temblaron las rodillas. Se puso en pie de un salto y avanzó hacia él, esbozando una sonrisa risueña.

—No había ningún príncipe interesante allí —le respondió, al tiempo que le miraba de reojo.

—¿Tenías alguno en mente?

Marinette se rio un poquito y, con un cosquilleo que se extendía desde las puntas de sus dedos por todo su cuerpo, abrió los brazos.

—Solo uno —respondió. Y lo hizo con sinceridad, porque ahora solo Chat Noir estaba en su mente. Adrien y todo lo demás se esfumó, y el héroe era el único receptor posible de su cariño. Y así era como quería que fuera.

El chico la contempló, hipnotizado, un segundo antes de mostrar una sonrisa verdadera.

—Me encanta cuando haces ese gesto —Le dijo antes de abrazarla. Ella se refugió en sus brazos, suspirando sonoramente y cerrando los ojos. No sabía cómo sería abrazar a Adrien, pero era imposible que se comparara a lo bien que se sentía en esos momentos y por eso, el abrazo se prolongó más de lo que habría sido normal… para cualquiera que no fueran ellos dos—. Al menos, ¿lo has pasado bien?

—¡Sí, claro! ¡Ha sido…! —De repente, la chica separó la cara de su hombro para mirarle fijamente—. Espera… ¿y tú cómo sabías lo de la fiesta?

Chat Noir sonrió de forma enigmática.

—Oh, uno oye cosas… por aquí, por allá… —Se señaló las orejas que se erguían sobre su cabeza—. No creas que tengo esto solo porque me hace parecer más irresistible.

—Por supuesto… —Se burló de ella, poniéndose de puntillas para rozarlas con la mano. Casi de inmediato, Chat ronroneó y ladeó la cabeza sin darse cuenta para acercarla más a su mano. Entonces, sus ojos se abrieron de par en par.

—¿Qué es eso? —preguntó, señalando hacia el banco. Marinette siguió la dirección de su mano y sintió un nuevo peso en su estómago. Había olvidado la diadema sobre la madera al levantarse.

—Oh, es un regalo que me han hecho esta noche.

—¿Y… no te ha gustado?

Retrocedió sobre sus pasos para tomar la diadema.

—Es lo más bonito que nadie me ha regalado nunca —confesó. Se giró hacia Chat, este seguía sonriéndola como si nada—. Es una diadema en forma de corona.

—¡Vaya! Muy apropiado —comentó él sin más. Se colocó ante ella y cogió el objeto para estudiarlo con detenimiento—. Sí que es bonita… —Alzó sus ojos, emocionado—. ¿Puedo?

La joven sintió que se atragantaba con su propia respiración.

—Ah… claro.

Chat Noir le colocó la diadema sobre la cabeza con la misma delicadeza con que Adrien lo había hecho tan solo un rato antes, incluso adoptó una expresión de asombro y ternura parecida a la del otro que no hizo sino aumentar las dudas y el estrés en ella.

—Estás guapísima, Marinette —le dijo con los ojos brillantes—. Una verdadera Prrrrrrrrrincesa.

Se sonrojó, a pesar de que el malestar de su estómago se estaba haciendo cada vez más pesado.

—Ha sido un regalo de Adrien —se vio obligada a decir, pero para sorpresa suya, Chat apenas se inmuto.

—Pues tu querido Adrien ha resultado tener buen gusto por una vez, ¿no crees?

Marinette frunció el ceño ante esa reacción.

—No es mi querido —repitió de un modo un tanto cortante. Se apartó del chico y se quitó la diadema, desviando la mirada—. Deberíamos irnos de aquí, alguien podría vernos o hacernos una foto o…

—Espera —dijo él. Tomó una de sus manos y la atrajo de nuevo—. No tenemos muchas oportunidades de estar juntos en un sitio como este.

—¿Cómo este?

—Tan romántico…

—Ya veo… ¿ya te has cansado de mi habitación?

—¡¿Qué dices?! —exclamó Chat Noir—. ¡Por supuesto que no! Tu habitación se ha convertido, de hecho, en mi lugar favorito del mundo —Esa afirmación hizo que el corazón de la joven se acelerara—. Pero este puente es precioso, ¿no crees? ¡Mira las vistas!

. Además, es muy tranquilo…

Aunque cualquiera podría pasar por aquí y descubrirnos pensó ella sin poder evitarlo.

No tardó mucho, de todos modos, en entender que a Chat Noir le gustara estar al aire libre con ella. Sí, reconocía que era un cambio agradable; otro escenario, otras sensaciones… era lo más parecido a lo que haría una pareja de verdad. Así que cuando el chico la condujo hacia la barandilla y se puso a hablar de las luces, del agua y los barcos de turistas que lo cruzaban a lo lejos, ella le observó sonriente y contenta por verle tan entusiasmado.

Se deleitó con la imagen nocturna y la verdadera presencia de Chat rodeándola y casi pudo olvidar sus preocupaciones por unos instantes. Aquel lugar sí que tenía algo calmante, o sería la voz grave de Chat arrullándola como hacía cada noche hasta que casi se quedaba dormida. No importaba lo que dijera, para ella era como oír: todo está bien una y otra vez.

Y esperaba poder confiar en esa sensación.

La brisa comenzó a soplar más fuerte sobre ellos y como si fuera la llama de una vela, la voz del chico se fue apagando hasta que el silencio los envolvió con suavidad. Marinette dejó que su cabeza reposara sobre el hombro del héroe, incluso permitió que este la rodeara con un brazo sin pensar en que estaban muy expuestos.

Pero cuando sintió que algo más se cerraba en torno a su cintura, dio un ligero brinco de incredulidad. Bajó los ojos y se encontró con la cola cinturón del héroe estrechándola.

—Chat Noir… —Le llamó con un ligero resoplido—. ¡Ya está otra vez!

Él rodó los ojos hacia el cielo.

—Lo siento, princesa. ¡Sabes que no lo hago a posta! —Se quejó. Cogió el trozo de tela y tiró de ella, intentando soltarla, pero esta se resistió—. Oh, venga… ¡suéltate!

—Nunca ha servido que se lo pidas…

—Lo sé, lo sé… —Por más tirones que daba, la cola se negaba a soltar la cintura de la joven que a su vez tuvo que agarrarse a la barandilla para no perder el equilibrio.

—¡Chat! ¡Si alguien nos ve ahora…!

—Ya está soltándose —Pero era mentira. Marinette notaba el agarre cada vez más fuerte. Chat dio un último y poderoso tirón que hizo que la chica soltara una exclamación y sus manos se escurrieran de la barandilla. Sus pies tropezaron entre sí y se vio empujada sobre el pecho del chico que logró atraparla antes de que cayera, pero que del impulso, trastabilló y los dos quedaron incrustados contra el borde—. ¡Lo siento! ¡Marinette! ¿Estás bien?

—Sí… tranquilo —dijo ella. Alzó los ojos y se encontró con el rostro del chico prácticamente pegado al suyo y sintió un escalofrío. Fue extraño porque habían estado cerca el uno del otro muchas veces, pero Marinette sintió esa increíble conexión de la primera noche. Su corazón palpitó con fuerza.

Entonces recordó otra cosa. Algo que había pasado en ese mismo lugar hacía ya mucho tiempo.

Melocotón como sus labios y menta, para sus ojos…

La voz nasal, pero musical y entusiasta de André, el heladero de los enamorados, emergió desde algún lugar de su mente. Esas habían sido sus palabras aquel día. Y ese había sido también el día en que por primera vez Chat Noir había aparecido en su balcón; no para salvarla, sino para estar con ella. No como un héroe, sino como un simple amigo aunque en realidad no lo era…

—¿Qué ocurre? —preguntó él al notar su intensa mirada.

Pero ella no respondió, su mente era un caos. Siempre dio por hecho que esa escueta descripción debía ser por Adrien pero… ¿y si no lo era?

Disfruta del helado, te aseguro que él vendrá…

No tuvo ánimo de comerse el helado pero… Chat Noir apareció poco después en su casa. Justo ese día. ¡Era demasiada casualidad!

—Marinette —Su voz llamó su atención. La miraba confuso, sin parpadear y con el tono verdoso refulgente de sus pupilas resplandeciendo en mitad de la oscuridad.

Verdes…

¿Serían los ojos del chico tras la máscara también de ese color?

¡Sí que lo son! Recordó aquella única vez que intercambiaron los prodigios, él usó sus pendientes y pudo verlos sin magia. Sí que eran verdes.

—¿Es posible? —murmuró, para sí misma. Antes de que Chat preguntara, extendió la mano para rozar su rostro. Su pulgar cayó suavemente hasta acariciar los labios del chico que permaneció en silencio—. ¿Es posible que hayas sido tú todo el tiempo?

—¿Eh? —soltó él—. No entiendo a qué te refieres… —Colocó su mano sobre la de ella y la apretó contra su rostro—; y creo que no me importa.

Marinette abrió la boca dispuesta a contarle el asunto del helado, pero entonces decidió no hacerlo. La suavidad que sentía bajo sus dedos la distrajo.

—No deberíamos, aquí… —dijo ella, nerviosa, cuando el chico empezó a bajar la cabeza hacia ella—. Alguien nos puede ver y será… —Sus narices se rozaron y luchó para que no se le escapara un suspiro—; un desastre.

—No hay nadie más, ¿no te has dado cuenta? —respondió él—. Nos tenemos el uno al otro y no existe nadie más en el mundo.

Sintió una punzada en la nuca al oír eso. Ella ya había estado en un mundo donde solo existían ellos dos…

Chat Noir la besó, tan dulce y apasionado como siempre y apartó esos pensamientos de la mente de la chica, que para esas alturas se sentía perdida y confundida por la cantidad de cosas que habían pasado esa noche.

Y aun así, se olvidó de todo y se aferró a los hombros de él, atravesada por una felicidad inmensa. Separó los labios conmovida, confiada, deseosa por creer que André llevaba razón y que su magia podía estar por encima de cualquier otra. Y ese temor molesto que nunca desaparece todavía estaba allí, anunciando que si no se andaba con cuidado, todo eso tan bonito que tenía podía acabar destruido en mil pedazos. Pero cuando el héroe la miró y ella vio la luna flotando sobre su hombro, estaba lista para salir volando hasta sus sueños más cursis y románticos.

Todo está bien se repitió a sí misma. Sonriendo, de puntillas sobre el Puente de las Artes, rozando con sus dedos congelados el cabello despeinado de Chat, quiso creer de verdad esa sensación.

—Marinette —dijo él, con las mejillas encendidas—. Te quiero.

Pero entonces él dijo esas palabras.

Te quiero.

Y Marinette notó una desagradable sacudida en el centro de su cuerpo. Y que caía. Desde el punto más alto donde el cariño de ese chico la había llevado, el suelo se abrió con estrépito y ella cayó, se estrelló y se rompió… en mucho más que mil pedazos.

No…

Se le secó la garganta, un sudor frío empezó a correr por su cuerpo y la temperatura del mundo se volvió gélida.

Es nuestro amor, mi lady, lo que le hizo esto al mundo.

Esa voz histérica y enloquecida sonó en su cabeza (¿dónde si no?), pero a ella le pareció que provenía de todas partes. Marinette se quedó sin aire, las fuerzas le fallaron y creyó que caería al suelo pero en realidad no se movió un milímetro porque estaba paralizada. Chat Noir la abrazó sin percatarse de nada. Y ella permaneció estática, mareada y aterrorizada.

Un aluvión de imágenes horribles, de un mundo descolorido y vacío, acudieron a su mente como una ráfaga de disparos que mutilaban su cuerpo. El terror le estaba agarrotando todos los músculos del cuerpo. Parpadeó tratando de regresar al presente pero solo consiguió que su vista se llenara de puntitos luminosos. Puntos blancos que aparecían y desaparecían. Tembló y quiso echar a correr.

Te encontraré, mi lady…

Chat Blanc apareció en su mente y ella gimió asustada.

—¿Qué ocurre? —preguntó Chat mirándola al fin. Puso sus manos en sus hombros y notó su expresión aterrorizada—. Marinette, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?

Dame un abrazo… ¡Marinette!

—¡Chat Noir! —chilló, nerviosa y cerrando los ojos.

—¡¿Qué te ocurre?!

Los abrió con la respiración acelerada y se obligó a mirar al chico que tenía ante ella. Era Chat Noir; con sus ojos verdes, su traje negro, su mirada cariñosa… Era él, solo él.

¡Cálmate! Se apremió a sí misma.

—Lo siento —murmuró y él se recompuso, esbozando una triste sonrisa.

—Tú… no me quieres, ¿verdad?

El corazón le dolió, entonces, como si una terrible flecha envenenada se hubiera clavado en él. Le faltó el aire una vez más y tuvo que sujetarse a él porque ahora sí las piernas le temblaron con debilidad.

—Sí —respondió y los ojos se le empañaron sin remedio—. Sí te quiero —admitió y sintió que Tikki se revolvía en su bolso, hincándose en su cadera, protestando o desesperándose. Ella también se desesperó al mirar al chico que sonreía, feliz, ante ella—. Pero no podemos seguir juntos.

. . .

Sí te quiero.

Cuando Chat Noir oyó, al fin, esas palabras sintió la mayor felicidad que jamás había experimentado. Todos los momentos pasados felices palidecieron ante la magnitud de la alegría que lo embargó en ese instante único, debía ser el momento más importante de su vida.

No era solo ese momento, sino lo que significaba. Que por fin era correspondido, que su amor estaba destinado a alcanzar un lugar y no a perderse en la nada como había pasado siempre. La nube de soledad que le había perseguido desde la pérdida de su madre por fin se alejaría de él porque tenía el cariño verdadero de alguien. Y tenía también a quien entregar el suyo, sin contenerse más. ¿Cómo no estar contento si aquello era lo que había estado esperando desde hacía tanto?

Para él, amar a otra persona representaba no estar solo nunca más.

Y debía sentirse afortunado por haber recibido aquel prodigio milagroso hacía ya casi un año, porque le había traído la libertad en todas sus formas. Y le había conducido hasta ese instante de dicha infinita.

¿Infinita?

Así fue por unos cuantos segundos.

No podemos seguir juntos.

Después su mundo se vino abajo.

Chat Noir se quedó helado, aún con los brazos extendidos y los ojos muy abiertos.

¿Qué? Las luces se apagaron en el interior de su cabeza, todas a la vez y se desconectó. Pero hubo un chispazo, casi de inmediato y notó que algo movía en su cerebro pero de un modo lento y forzoso.

No, no… debo haber oído mal. Se dijo, primero. ¡Por supuesto! Porque ella le había dicho que le quería, de eso estaba seguro. Y no tenía sentido que casi a la vez le dijera que no podían estar juntos. Me he equivocado o… tengo los oídos tapados. Podía haber mil motivos para no oír bien.

—Marinette…

—No podemos vernos más —repitió ella al instante.

Al mirarla, se dio cuenta de que había retrocedido con sus brazos envolviéndose a sí misma como si tuviera frío o… huyera de él. ¡Pero eso era absurdo! ¿Por qué huiría de él?

—¿P-por qué dices eso? —preguntó Chat. Su voz le sonó rara, ajena y robótica. ¿Era él quien hablaba? ¿Era a él a quien le estaba pasando eso?—. Si nos queremos —murmuró. Ella hizo un puchero sosteniendo su mirada hasta que los ojos se le llenaron de agua. Y aun así siguió lejos, no intentó si quiera acercarse para que él la consolara.

Algo no va bien reflexionó el chico. Marinette sí que parecía asustada, no dejaba de mirar a su alrededor, angustiada, aunque seguían estando solos. Debe tratarse de un malentendido que podemos resolver.

—Podemos ir a tu casa —propuso él, recordando que ella lo había mencionado un par de veces antes. Se regañó por no haberla hecho caso, seguro que ahí estaba el problema—. T-tenías razón, aquí puede vernos alguien y…

—No, Chat —replicó ella. Se sorbió la nariz—. No debes volver a mi casa nunca.

Nunca… Esa palabra prendió la mecha del pánico en Chat Noir. Era tan firme, tan definitivo. ¿Nunca? No entendía nada de lo que estaba pasando, ni siquiera encontraba un sentido lógico para los acontecimientos que había vivido en el corto rato que llevaban en ese puente.

Un malentendido era la única explicación posible y sin embargo, ella parecía tan convencida a pesar de su actitud esquiva y alterada. Parecía estar hablando totalmente en serio.

—No te entiendo —Se acercó a ella y le rozó los brazos—. ¿Qué ha pasado? Hace un momento has dicho… ¿Q-qué he hecho mal?

Marinette sacudió la cabeza a toda prisa.

—¡No has hecho nada mal!

—Entonces… ¿por qué dices que no quieres verme más? —preguntó, asustado. Los ojos azules se perdieron, la nariz se le estaba poniendo roja y las lágrimas atascadas en sus pestañas estaban por caer—. Por favor, dime qué ocurre. ¡Puedo arreglarlo! Si me lo dices, yo haré lo que sea.

La chica apretó los párpados y las lágrimas parecieron abrir grietas en sus mejillas al caer.

No llores…

—Lo siento —le respondió bajando su rostro, avergonzada—. No está bien que estemos juntos.

—¿Por qué no?

—Porque… porque yo… —De repente, Marinette se llevó la diadema al pecho y apretó con fuerza—; creo que todavía quiero un poco a Adrien.

Chat Noir dejó caer sus brazos, impresionado.

—¿Qué?

—Esta noche, cuando me ha regalado la diadema… me ha hecho muy feliz y creo que es porque aún le quiero —Respiró hondo, alzando su rostro. Las líneas dibujadas por el llanto brillaban de forma apagada y los pelillos de su flequillo estaban revueltos sobre su frente—. Y aunque también te quiero a ti… no está bien.

. No es justo que me sienta así.

Algo parecido al alivio (aunque mucho menos agradable) reanimó en parte al héroe. Logró erguirse y fue consciente de que el oxígeno regresaba a sus pulmones, aunque el cuerpo le pesaba una tonelada. Al menos esa triste confesión le ofrecía una explicación que él podía entender.

Marinette le quería, pero estaba confusa y eso era, sobre todo, culpa suya.

Él se había acercado a la chica con sus dos personalidades y la había estado mareando. Ahora se daba cuenta de que había sido un egoísta. Él ya había elegido luchar por su amor como Chat Noir y sin embargo, no había podido resistir la tentación de arreglar las cosas con ella como Adrien.

No debería haberle regalado eso se dijo.

Sabía que Marinette sufría creyendo que Adrien estaba enfadado con ella, había notado sus miradas de pena cada vez que se cruzaban y la forma en que ella se mantenía alejada cuando él conversaba con Nino y Alya. Y claro, a él también le dolía esa distancia aunque horas más tarde pudiera ir a verla como Chat.

Si hubiera renunciado a su amistad como Adrien, nada de esto estaría pasando ahora. Era imposible que Marinette se olvidara del todo del modelo porque al fin y al cabo, él y Chat eran el mismo. Y tal vez ella podía intuirlo y por eso seguía presente en su cabeza y en su corazón. Era tarea suya poner distancia entre la chica y su identidad civil para no confundir más las cosas, pero no lo había hecho.

Quería estar cerca de ella todo el tiempo.

Su egoísmo había provocado esa situación.

Pero puedo arreglarlo se dijo. Seguro que puedo conseguirlo y todo volverá a ser como antes.

Esbozó una débil sonrisa y la piel del rostro le dolió por el pánico que había experimentado. No estaba muy seguro de cómo actuar pero se dijo que lo más importante era conseguir que Marinette se calmara.

Adrien volvería a alejarse, pero para eso necesitaba tiempo. Lo que podía hacer ahora era tratar de convencerla de que no debía precipitarse.

—Está bien, no pasa nada —murmuró, tragando saliva. Hasta los labios los notaba secos y tirantes—. Lo entiendo.

Ella le miró con el ceño fruncido.

—¿Qué? ¿Cómo puedes entenderlo?

—Pues… lo hago.

—¡Lo que te estoy diciendo es algo horrible! ¡Yo soy horrible!

—¡Claro que no! —contradijo él. Alargó las manos para tocarla pero ella retrocedió despertando una punzada de inquietud en el chico, que se frotó la nuca un tanto perdido—. No eres horrible. Entiendo lo que te ocurre y… no importa.

—¡¿Cómo podría no importarte?!

El pánico volvía a alzarse ante él, atrapándolo en esa parálisis que acabaría por arruinarlo todo.

Tengo que pensar se dijo. No podía decirle que no le importaba que le gustara otro chico porque él era ese chico, pero en cambio era imprescindible que la convenciera de ello.

¡Pero, ¿cómo?!

¿Cómo lograría algo así sin desvelar su identidad?

—Yo… yo… comprendo que no puedo ofrecerte las mismas cosas que un chico normal —contestó, quizás, sin pensárselo demasiado. La idea apareció en su mente y se aferró a ella—. Nuestra relación es complicada y tú te mereces más que estar encerrada en un cuarto a oscuras conmigo, lo sé. Es lógico que sientas algo por otro chico que sí podría ser el novio que mereces.

. Pero… si me quieres, eso es lo único que me importa.

Marinette se frotó los ojos apartando los últimos restos de lágrimas. Parecía tan sorprendida por lo que oía que el llanto se había detenido aunque su rostro seguía igual de rojo y angustiado.

—Pero… ¿qué estás diciendo? —Le soltó aún con la voz rota—. Chat, tú eres un chico maravilloso y… ¡no mereces tener que compartir el amor de nadie, ¿entiendes?!

—Pero… ¡No me importa! —insistió—. Porque el amor no se trata de poseer a una persona sino de permanecer a su lado y comprenderla siempre.

Marinette se quedó observándole, con gran intensidad o con la extrañeza de quien no reconoce a la persona que tiene frente a sí. Poco a poco, sus enormes y redondos ojos se fueron entornando en una expresión de dolor aún más desgarradora y Chat Noir se dio cuenta de que lo que estaba diciendo no funcionaba.

Así no lograría nada. Intentó pensar algo más. ¡Debía haber algo más que pudiera hacer!

Todos los problemas tienen una solución. Eso era lo que siempre decía Ladybug, ¿no? Y ella nunca se equivocaba. Solo tenía que calmarse y encontraría la manera de arreglarlo todo. ¡Tenía que hacerlo! Solo necesitaba tiempo, unos minutos de silencio para pensar y lo sabría. Las palabras correctas que lo resolverían todo.

—Lo siento —repitió Marinette. Sus pupilas se habían apagado y perdido en el suelo—. No puedo permitir que hagas algo así por mí —Le dijo—. No es justo.

. Tengo que irme.

—¡Espera! ¡Por favor! ¡Yo…!

Marinette negó con la cabeza y retrocedió. Volvió a mirar a su alrededor con temor y suspiró. Le lanzó una última mirada y después se dio la vuelta y echó a correr.

—Marinette… —No gritó. Se había quedado sin fuerzas.

Permaneció quieto y dejó que su mirada se perdiera entre los recovecos de esa ciudad vacía que, a pesar de las horas, resplandecía tanto que incluso le hizo daño.

Cerró los ojos con fuerza y también los puños.

Garras Fuera —dijo las palabras sin molestarse en comprobar antes si estaba solo y era seguro.

Plagg apareció frente a su cara y sin atreverse a hablar. Adrien respiró despacio, asimilando lo que había ocurrido, sintiendo que la pena y la tristeza más ominosas empezaban a llenar su cuerpo, su alma… Sabía que era peligroso pero no pudo evitarlo.

Tampoco quería hacerlo.

Estaba harto de poner buena cara siempre. Cansado de esforzarse en ser el chico perfecto, el que aceptaba todo lo malo que le ocurría y sonreía con esperanza, el que se esforzaba a pesar de los injustos obstáculos que se le presentaban. Siempre había tenido una naturaleza positiva, esperando que lo bueno llegaría a él cuando menos lo esperara. Paciente, agradecido, complaciente. ¿Para qué? Todas las veces descubría que no era suficiente. Fingir buen humor, agradar a todos… ¿por qué nunca era recompensado con un poco de suerte?

No era justo.

¿Debía aceptar que la persona que quería, la única que también le quería a él, se fuera… cuando podía hacer algo al respecto? Algo que no estaba bien, que se salía de las normas establecidas pero… Si seguía haciendo lo correcto, jamás sería feliz.

Cuando abrió los ojos, Plagg se acercó volando y abrió la boca pero el chico fue más rápido.

—Esto es una locura —le dijo en primer lugar—. ¡Yo soy Adrien! —exclamó, molesto—. Marinette cree que ama a dos chicos pero no es así… —Se llevó las manos a la cara y soltó un berrido de frustración—. Tengo que decírselo.

—¿Decirle el qué?

—Que Adrien es Chat Noir —respondió con contundencia—. Que no tiene que sentirse mal por sus sentimientos.

. Y que los dos la queremos.

—¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! ¡No, no, no! —Plagg se revolvió en el aire, con una de sus patitas en alto fingiendo severidad, pero Adrien echó a andar sin más dejándole atrás—. ¡No! ¡Lo prometiste! —Enganchó al chico del cuello de la chaqueta y tiró con fuerza, tratando de pararle, pero fue arrollado por su fuerza superior. Así que lo intentó tirándole del pelo—. ¡Para! ¡Detente! ¡Es un grave error!

. ¿No te das cuenta de que no hace falta? ¡Si ella ama a Adrien, solo tienes que ir como tú mismo y…!

—Eso no servirá, Plagg —Siguió caminando hasta llegar al final del puente y miró la hora en su móvil. Era tarde, pero aquello no podía esperar hasta el día siguiente—. Ella tampoco querrá estar con Adrien mientras crea que ama a dos personas diferentes.

. La única solución es decirle la verdad.

—¡Si lo haces, se acabó todo! ¡Tendrás que devolver tu prodigio!

—Bien. Lo haré.

—¡¿Qué?! —Plagg se soltó de golpe por la impresión y salió disparado—. ¡Ahhh! —vociferó, rompiendo el silencio. Adrien corrió y lo atrapó al vuelo antes de que cayera por encima de la barandilla hacia las heladas aguas del Sena.

Lo sostuvo entre sus manos y le pasó un trozo de queso para que se recuperara. Aquella fue la primera vez que el Kwami lo rechazó; o al menos, no se lanzó a mordisquearlo como si no existiera otra cosa en el mundo. Se quedó sentado en la palma de su mano con el ceño fruncido.

—Plagg, lo siento, pero tal vez sea lo mejor —le explicó con pesar—. Puede que todo esto que ha pasado con Marinette signifique que ya no soy el más indicado para llevar tu prodigio. Si Ladybug se hubiera enterado de que lo he estado usando para visitar a una chica… me habría dicho que ese era un uso irresponsable y egoísta. Y la verdad, no la habría hecho caso aunque me hubiera pedido que dejara de hacerlo.

. A lo mejor debo entregárselo y que ella busque a alguien que esté más centrado que yo para pelear a su lado.

—¡Tonterías! ¡Nadie sería mejor Chat Noir que tú!

—Te lo agradezco, Plagg, pero ahora mismo yo…

—¡Te estás precipitando! —Le advirtió el Kwami, enfurruñado—. No hablas tú, sino ese estúpido amor que te ha sorbido el cerebro. ¿Has olvidado cómo era todo antes de ser Chat Noir? ¿Y quién te dice a ti que esa chica será tan importante en tu vida como para que tengas que renunciar a todo por ella?

. Adrien, has sido elegido por una razón. Por una mucho más poderosa que los sentimientos que tienes ahora.

—Plagg, tú no lo entiendes.

—¡Pues claro que sí! ¡Lo he visto miles de veces! No eres el primer humano que veo haciendo tonterías por amor —Le regañó. Sus ojillos verdes refulgían como diminutos fuegos—. Cuando Lepidóctero sea derrotado, serás libre de contárselo todo…

—¡Puede que falten años para eso!

—O puede que no.

—Cuando Bunnix vino del futuro dijo que Ladybug y yo aún peleábamos contra villanos —comentó Adrien—. Siempre habrá villanos que vencer. Esto no va a terminar nunca y… estaba dispuesto a seguir así para siempre si hacía falta, porque pensaba que podía ser feliz tan solo siendo Chat Noir y compartiendo esos momentos con Ladybug, aunque ella nunca me amara a mí.

. Pero ahora sé cómo es cuando alguien también te ama. No tengo que conformarme con estar detrás de Ladybug para siempre y suspirando por los escasos y débiles gestos de afecto que ella me dediqué. El amor es mucho más que eso.

—Ser Chat Noir es muy importante para mí y desearía seguir siéndolo, te lo aseguro —continuó explicándole—. Me encanta ser un héroe, ayudar a los demás y estar contigo, Plagg. Si hubiese alguna forma de no tener que renunciar a nada…

. Pero sé hace tiempo que la vida no es tan amable.

—El futuro no está escrito, Adrien —El chico desvió la mirada, frunciendo los labios y el Kwami resopló—. No voy a poder convencerte, ¿verdad?

—Lo siento.

Plagg asintió, apenado, pero no dijo más. Se retiró al interior de su chaqueta y Adrien sintió como se hacía un ovillo sobre su pecho. En verdad le partía el corazón pensar que tendrían que separarse pero…

Tiene que ser así se dijo.

Miró hacia adelante y se hizo la ruta mental más corta hacia la casa de Marinette. Aún no sabía qué diría cuando llegara, era probable que los padres de la chica se asustaran o se enfadaran por su visita a semejantes horas. Quizás sí podía esperar al día siguiente…

¡No, tiene que ser ahora! Se repitió. Está decidido.

Cogió aire y justo cuando iba a echar a correr, un paraguas negro salido de la nada, se interpuso en su camino y le hizo caer de forma aparatosa contra el asfalto.

Adrien rodó unos metros y sintió el escozor en sus manos que, en el último momento, se interpusieron para evitar que su cara diera de lleno. Se giró rápidamente, aún en el suelo, y vio una figura alta, envuelta en las sombras, que se movía hacia él.

Se puso en pie de un salto y retrocedió.

—¿Quién eres? —preguntó. Las palmas de sus manos ardían así que hizo una mueca.

—Perdona, no pretendía hacerte daño —respondió la figura. Balanceó el paraguas en el aire y lo apoyó en su hombro—. Pero estabas a punto de cometer el peor error de tu vida.

Adrien frunció el ceño. Esa voz le resultaba familiar pero no sabía por qué. La figura seguía acercándose a un ritmo lento y pensó que podía ser peligroso y lo mejor sería huir, pero sus palabras le habían intrigado demasiado.

—¿Qué quieres decir? —preguntó—. ¿Nos conocemos?

—Sí, nos conocemos muy bien, Adrien Agreste —El desconocido llegó hasta el borde del haz de luz de una farola y se balanceó como si no se atreviera a mostrar su rostro. Era un hombre adulto, bastante más alto que él. El resplandor dibujaba un cuerpo atlético, delgado aunque bien formado y le arrancaba reflejos fluorescentes a su vestimenta—. O puedo llamarte Chat Noir, como prefieras.

—¿Quién eres? —volvió a preguntar el chico, impresionado porque conociera su identidad.

El desconocido se adelantó un paso y extendió el paraguas.

—Mi nombre es Lièvre Noir —se presentó, con una sonrisa desteñida. Posó el paraguas en el suelo—. Y vengo del futuro para evitar que lo destruyas todo.

Adrien sufrió un espasmo al verle.

¿Lièvre Noir?

Le miró bien, anonadado. Ese tipo llevaba un traje negro con terminaciones azul celeste en el torso, las piernas, los puños y las botas. El antifaz que cubría la parte superior de su rostro tenía la misma forma que el de Bunnix, pero era igualmente negro y azul. En su cabeza estaban las alargadas orejas de un conejo y ese paraguas…

—Tú no eres Bunnix pero tienes su prodigio, ¿verdad?

El hombre asintió con la cabeza.

—Lo he tomado prestado.

—¿Eres un… héroe del futuro?

—En el futuro del que yo vengo no hay… ningún héroe.

—¡Eso es imposible! —Replicó Adrien—. Bunnix nos dijo que Ladybug y yo peleábamos junto a otros héroes en el futuro.

Lièvre Noir hizo una mueca y meneó la cabeza.

—Olvídate de todo eso —Le cortó y Adrien se fijó en sus ojos, verdes brillantes que se oscurecieron hasta volverse casi grises—. Ese futuro ya no existe. No hay más héroes; ni Bunnix, ni Ladybug… Nada.

—¡¿Cómo es eso posible?!

El hombre le señaló con el paraguas.

—Por ti —Le respondió al instante—. Por algo que tú harás… y que espero poder evitar para que nada de lo que yo he visto suceda — ¿Él? ¿Qué podría hacer él que provocara la desaparición de todos los héroes? Como si el otro le hubiera leído la mente, se puso a hablar de nuevo—. Has decidido revelarle tu identidad a Marinette, ¿verdad?

. Pues esa es una idea horrible y estoy aquí para evitar que lo hagas.

—¿Qué? —Adrien pasó de la sorpresa a la ira. No le gustaba el modo superior y déspota en que ese tipo le hablaba, como dando por hecho que haría lo que le dijera—. Tú no tienes ni idea. Aunque digas que me conoces, yo no te conozco a ti y no pienso hacerte ningún caso.

. Apareces de la nada, echándome la culpa de todo…

—Es que todo es culpa tuya.

—¡Tú no sabes nada de mí! ¡Ni tampoco de Marinette!

—Sé más cosas de ella que tú —le dijo sonriendo con guasa—. Niñato.

—¡Pero, ¿quién demonios te crees que eres?!

El hombre sacudió la cabeza para acabar echándola a atrás soltando un sonoro resoplido.

—¿Todavía no te has dado cuenta de con quién estás hablando? —le preguntó. Adrien aguantó su mirada pero no respondió—. Está bien… Fluff, atrás en el tiempo.

Una luz blanquecina envolvió al joven misterioso e hizo desaparecer todo el azul del traje, la forma del antifaz y las orejas. Un pequeño conejito volador apareció sobre su hombro al instante.

—Hola, Adrien —le saludó este con gran naturalidad.

Adrien abrió la boca, sorprendido. Sin el prodigio del conejo, ante él había un Chat Noir más alto y fuerte, pero que era muy parecido a él. No entendía nada. Retrocedió un paso pero entonces Plagg abandonó su chaqueta y revoleteó hasta el nuevo Chat adulto.

—¡Plagg, no, es un truco! —Le previno Adrien. Pero el Kwami se acercó a la mano donde estaba el anillo y lo olisqueó. Después miró con sorpresa al hombre.

—Hola, Plagg —Le saludó este como si nada.

—¿A-adrien? —murmuró el Kwami.

—¡¿Qué?!

—Esta vez sí la hemos hecho buena, Plagg —le dijo el adulto al tiempo que le frotaba la cabeza con las garras—. Peor que lo de la Atlántida o los dinosaurios, créeme —Chat Noir miró entonces al chico que seguía paralizado—. ¿Aún no lo has entendido? ¡No recuerdo ser tan tonto a esa edad!

Por fin, Adrien reaccionó.

—¿Tú… eres… yo?

—Por desgracia sí —le respondió—. Así que no te queda otra que escucharme, miniyo, porque sé de lo que hablo…

—Pero… ¿cómo es posible?

—Mira, hay cosas más importantes que tengo que explicarte y no dispongo de tiempo ni de paciencia para tonterías —Chat Noir se aproximó a él y Adrien tuvo que estirar el cuello.

—¿Cuándo me haré tan alto?

—Esa es la clase de tontería para la que no hay tiempo —se quejó el adulto—. He venido para decirte que si le revelas tu identidad a Marinette ocurrirá algo terrible.

—¿Algo terrible? ¿Por qué? ¡Ella jamás nos delataría!

—¡No, pues claro que no lo haría! —Chat Noir sacudió la cabeza—. Es algo mucho más complicado y no importa.

. Tú solo haz lo que te digo y promete que no le dirás quién eres en realidad.

—¿Y pretendes que te haga caso sin más?

—No… —Volvió a resoplar—. Me conozco lo suficiente como para saber que no me escucharías a no ser que te lo mostrara —Retrocedió un par de pasos—. ¡Fluff! —Se sacó el reloj del bolsillo y lo levantó—. ¡Adelante en el tiempo!

Lièvre Noir apareció de nuevo y se puso a agitar su paraguas.

—¡Alguien podría haberte visto! —Le recriminó Adrien.

—¿Y qué? Si no logro hacerte entrar en razón, dará lo mismo —le respondió—. Estaremos todos condenados.

¿Qué clase de futuro horrible les esperaba?

Lièvre Noir invocó la madriguera y Adrien la observó con una mezcla de sensaciones atoradas en su garganta. Sentía curiosidad por ver ese mágico lugar por dentro, pero… ¿de verdad visitarían un futuro tan malo?

¿Y de verdad será culpa mía?

—¡Eh! —Lièvre Noir le llamó, asomando solo la cabeza a través del círculo blanco—. Deprisa miniyo, que tenemos prisa.

Adrien intercambió una mirada con su Kwami, este parecía igual de sorprendido pero más inclinado a creer al adulto, le dedicó un gesto de asentimiento. De modo que Adrien dio un salto y se metió en la madriguera del conejo.

.

.

Hola ^^

¿Qué tal? ¿Estáis emocionados porque faltan pocos, poquísimos días para el especial de Nueva York? ¡Yo sí! Y eso que aún no sé dónde lo veré, jajaja, pero no paran de salir spoilers, tráiler, fragmentos… ¡Imposible pensar en otra cosa!

Pero, por ahora, centrémonos en el nuevo capítulo. Un pelín más largo de lo habitual pero es que había muchas cosas que contar. ¡Lo sé! Han pasado muchas cosas y la pobre Marinette, hecha un lío por sus sentimientos y por el miedo que le da Chat Blanc ha dejado a Chat Noir y justo cuando Adrien iba a arreglar la situación, aparece el misterioso Lièvre Noir. Igual estáis pensando que se me ha ido un poco la cabeza; y es posible, estas son las cosas de ir improvisando, jajaja, se me ocurren locuras y no me da tiempo a reflexionar qué hacer con ellas.

Ahora que se va acercando el final me da cosilla… ¡Espero que os guste lo que he planeado!

Mientras tanto, una vez más os doy las gracias a todos los que habéis comentado el último capítulo, seguís la historia o a mí y me brindáis vuestro apoyo para que pueda seguir escribiendo ^^ Creo que he respondido a todo el mundo por MD, salvo a:

Arianne Luna:Jajaja, gracias por tu review. Espero que te haya gustado el nuevo capítulo. ¡Besotes!

Javier Floress: ¡Hola! ¡Gracias por tu review! Me parece que Luka ya se esperaba algo así, jajaja. Espero que el nuevo capítulo te haya gustado ^^ ¡Nos vemos! ¡Besotes!

Manu: ¡Hola! Bueno, a día de hoy no sé lo que escribiré después de esto, así que no te puedo decir qué parejas meteré en la siguiente. Lo que me cuentas de tu experiencia en fanfiction me parece muy triste. Pienso que cada cual tiene derecho a escribir sobre el shipp que quiera y la verdad, no hubiera pensado que si a alguien no le gusta la pareja de la que escribes, vaya a ponerse tan agresivo. Pero en cualquier caso, siento lo que te pasó. En todos los fandoms hay gente que se toma las cosas demasiado en serio y puede llegar a hacer daño a otros. Sí que conozco el anime de Naruto pero no me va mucho, lo siento. Espero que te siga gustando el fic, gracias por escribir. ¡Nos vemos!

Mizuki09: ¡Hola! Jajajaja, ¿se llevaron un buen susto? Yo creo que Adrien no es que no sea consciente de sus acciones, es que directamente le da igual y no piensa en lo que hace, jajaja. Pero de todos modos, es lo que tú dices, son tan ciegos que por más que hagan, ninguno nota nada. Y aquí está el siguiente, con marichat, aunque no sé si del bueno. Espero que te haya gustado a pesar de todo, jeje. ¡Gracias por comentar y nos vemos en el siguiente! ¡Besotes!

La Criticona: ¡Hola! Jajajaja, en verdad me hizo mucha ilusión tu review. Creo que fue la primera que me llegó y mientras la leía me reía, porque por la forma de escribir me recordabas a mí cuando comento, histérica, algún fic y no sé ni lo que escribo de lo nerviosa que me pongo, jajaja. Me alegro que te gustara el capítulo y también que pienses que sigo manteniendo a los personajes en sus personalidades ^^ Bueno, parece que con el regalo ha arreglado las cosas pero no nos adelantemos, que la forma en que Marinette salió corriendo tampoco augura nada bueno… Pues sí, ya falta muy poco. Creo que definitivamente quedan 2 capítulos después de este y se acabó. ¡Se ha convertido en una historia mucho más larga de lo que jamás habría imaginado cuando escribí el primer capítulo como Oneshot! Pues me pasé a ver el comic que me dijiste en Instagram y me gustó bastante el rollito que hicieron para Marinette y Chat Blanc ^^ Estoy deseando ver más. Y fue interesante porque la verdad es que nunca había pensado en cómo podría encajar una historia romántica entre Marinette y Chat Blanc… Aunque una vez vi otro comic en youtube que también era mariblanc (porque Ladybug no existía por alguna razón, pero se supone que había existido en otro universo o algo así) era también muy chulo pero no sé… habría que darle muchas vueltas para ver en qué contexto podría darse una relación así y ver si se puede sacar algo interesante. ¿Quién sabe si algún día surja alguna idea buena?. ¡Gracias por la recomendación del comic! ¡Y gracias por comentar! Espero que te haya gustado el nuevo capítulo. ¡Besotes!

Gracias a todos por vuestro apoyo, me motiva mucho para seguir imaginando esta historia y muchas más.

¡Besotes!