Capítulo 8: Un problema de ser independiente
En una tranquila noche donde toda la capital, estaba completamente en silencio, excepto en una habitación del castillo.
En la cama de la habitación, se podía notar un bulto bajo las sábanas, como se movía hasta se podía escuchar gemidos de una yegua que provenía debajo de eso.
Duraba un rato hasta que se escuchó un fuerte orgasmo que se podía oír en todo el castillo, pero alivio que el cuarto tenía un hechizo para que no se escuchara todo el alboroto que producía el cuarto y salía bajo las sábanas, un gato negro de ojos amarillos que era nada menos que Dark.
—Espero que ya estés contenta— decía el felino con algo de fastidio.
—Si… amo Soul… Estoy más que… contenta… Estoy… muy feliz… de que… lo hiciéramos…— mencionaba una yegua que sacaba su cabeza bajo las sábanas. Era Ember Paint que estaba sonrojada con la melena despeinada y respiraba agitada —Vaya… envidio a la ama Zafire… de que siempre lo… haga con usted… amo… ya que en serio, eres bueno… en la cama— agregaba con una sonrisa pervertida acariciando con una pezuña la cabeza de Dark. Él rodaba sus ojos para acostarse a su lado. La unicornio se acostaba de lado para verlo con una mirada seductora.
—Sí, lo sé. He practicado tanto que hasta rompo mi record de hacer que griten como yeguas en celo— comentaba con una sonrisa burlona que estaba acostado boca arriba con sus garras en la nuca. Una partecita de la sábana, le cubría lo necesario en su pequeño cuerpo.
—… Si… No sé cuántos orgasmos tuve desde que empezamos…— mencionó pensativa.
—Más de uno para que no me fastidies de que fue soso o algo por el estilo. Así que bueno, ya puedes tachar de la lista que lo hiciste con el amo del reino— mencionaba rodando sus ojos.
—Je, je, je. Si, lo haré…— la yegua aparecía una clase de pergamino y una pluma para tachar algo para luego desaparecerlo —Listo. Je, je— se reía traviesa.
—Me alegro por ti, nalgona plateada— decía con burla.
—Oh ¿Ese será mi sobrenombre a partir de ahora?— preguntaba con curiosidad.
—No. Eso lo digo cuando sea en "privado" y además, que de verdad tienes unos enormes flancos plateados que hasta creo que les sacaría brillo para ver mi reflejo en ellos. Je, je, je— respondía con su típica actitud infantil.
—Je, je. Ya veo, amo Soul. Lo puedes hacer, si tú quieres. Yo no me opondré ni nada por el estilo. Yo soy tu más fiel guardia… y sierva sensual también…— con una pezuña, le acariciaba una de sus orejitas haciendo que se ruborizara, porque ronroneaba un poco —Tú me puedes ordenar lo que sea, sin cuestionar nada— añadía con una sonrisa seductora dándole un beso en su mejilla.
—Lo tendré en cuenta… o no— rodaba sus ojos, pero en eso, notaba que la unicornio acercaba su rostro con sus labios extendidos — ¿Qué rayos haces?— preguntaba deteniéndola con una garra en su hocico.
—Pues, quiero besarlo, amo— respondió con una sonrisa seductora.
—Nop. No tocarás estos labios, Ember. Solo son de mi nalgona Zafire y de más nadie— habló con seriedad.
—Ay, amo. Solo será un besito profundo— decía haciendo un puchero.
— ¿Ese besito que casi tu lengua llegaría a mi garganta?… No— mencionaba con los brazos cruzados.
—Owwww. Si tuvimos diversión, casi rompemos la cama y usted ¿no quiere que le bese en sus labios?— se preguntó confundida.
—Eso es un límite para mostrar que solo les pertenece a Zafire, a nadie más, ni aunque fueras la guardia más sexy del palacio, me besarás— respondía mirando a otra parte.
—Está bien… pero al menos ¿puedo dormir aquí?— preguntaba con una sonrisa alegre.
—No.
—Ay, por favor. Solo déjame dormir con usted y mi fantasía estará completa… Por favor, mi amo— habló con un tono suplicante rascándole una de sus orejitas con una pezuña.
—… Ok, ok. Solo será por hoy y más nada— mencionó fastidiado con un rubor en sus mejillas apartando la pezuña de su oreja.
— ¡Genial! ¡Gracias, amo!— agradecía entusiasmada abrazándolo contra su pecho y con su magia, acomodaba la sábana para que los dos estuvieran bien arropados.
—…— el gato rodaba sus ojos y dejaba que Ember cumpliera su fantasía o lo que sea su sueño.
—… Amo Soul…
— ¿Qué?
— ¿Tu… crees que soy una buena capitana?— preguntó curiosa teniéndolo en su pecho.
—… Si, eres una buena capitana, aunque… te pasas "a veces"— respondió con un tono bromista.
—Je, je, je. Si, lo sé. Si no soy así, no sería yo misma ¿verdad? Je, je— daba una risita traviesa.
—Sí, supongo. Una yegua sensual hasta "algo" loquita— decía con burla.
—Je, je, je. Si… pero… ¿le molesta?— el tono de la yegua era algo triste.
— ¿Qué cosa?— preguntaba confundido.
—Mi comportamiento. Si quiere… yo… puedo cambiar y ser una capitana mejor… De esas que no mueven sus flancos y no demuestra su verdadero ser en el trabajo…— suspiraba deprimida acariciando la mejilla del felino —Es que a veces pienso que… ¿Mi amo estará molesto? ¿Me sustituiría con otra por ser irresponsable? ¿Por estar siendo exhibicionista? ¿Perderé mi empleo por mi… inmadurez?— su voz temblaba y su abrazo era algo más fuerte.
—… Sinceramente, no me importa— le respondió con tranquilidad.
— ¿Qué?— la aludida estaba extrañada.
— ¿Tú has visto a Zafire? Ella mueve los flancos por todos lados sin importarle lo que otros digan. A mí no me importa si tú también los muevas… No me importa si muestras lo que eres de verdad. Yo prefiero que se comporten lo que son en verdad y no actuar como alguien más. Si a ti te hace feliz estar así y hablarme tan "abiertamente", no hay problema…— alzaba su vista para ver el rostro de Ember que lo había bajado para ver a su amo —Solo se tu misma. Es agradable, pero tampoco te pases— agregaba con algo de burla.
—… Oh, amo… Nadie me había dicho eso en mi vida. Solo papi. Me dijo que actuara como yo misma y que al amo le agradaría que muestre mi verdadero rostro… y creo que tiene razón…— comentaba con una sonrisa alegre y lo abrazaba más poniéndolo cerca de su barbilla —Gracias, amo Soul— agradeció y no podía evitar sacar una lágrima de uno de sus ojos.
—No hay de que… nalgona plateada. Je, je— se reía un poco y se quedaba así por un rato. La unicornio disfrutaba esa sensación, el tacto de su pelaje negro contra su cuerpo y su olor, era dulce… y caótico. Ember no podía sentirse tan feliz de que alguien la aceptara como era ella.
Podía continuar un gran rato estando así con esa misma sensación, si no fuera que…
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… Alguien le gritó en toda la oreja.
— ¡Despiértate, culona holgazán!— gritaba una voz femenina con enojo haciendo que la yegua plateada se sobresaltara del susto y caía al suelo de espalda con dureza.
—Auch… ¿Qué pasó?— preguntó adolorida y ponía una pezuña en su cabeza.
—Vaya, por fin se despierta la bella durmiente— habló una voz femenina muy conocida para ella y más con ese tono de burla. Alzaba su cabeza para ver a Aural de cabeza ya que estaba a un lado de un sofá con su expresión de fastidiada.
— ¿Aural?— en eso, se sentaba en el suelo con una pezuña en su cabeza sintiendo esa horrible resaca, aunque más por el chichón que traía en su nuca —Ay ¿Qué haces aquí?— preguntaba adolorida.
—Este es mi apartamento, traserona— respondía Aural rodando sus ojos.
— ¿En serio? Entonces ¿Qué hago yo aquí?... … ¿Qué hacen ellas aquí?... ¿Por qué mi acosador está sin camisa?— daba preguntas sin parar al observar alrededor y lo que notó era a Tempest sentada en una silla del comedor leyendo un libro mientras Blue Moon estaba cocinando algo en la cocina que se veía a plena vista. Además, lo que la extrañaba, era mirar al gorila antropomórfico sentado en un sillón comiendo un sándwich, pero no tenía su camisa puesta dejando su torso musculoso desnudo y solo usaba sus pantalones. Él notó la mirada de la unicornio plateada y la saludó con una de sus manotas.
—Buenos días, señorita Ember— lo decía para luego seguir comiendo.
—Pues, te lo diré por orden. Uno, estabas borracha, loca, te comportabas como una potrilla y te trajimos en mi apartamento para no dejarte que te pudrieras en el basurero. Dos, Tempest y Blue Moon se estaban quedando conmigo por unos días, y tres, le vomitaste en su camisa y entonces, se lo quitó y lo incineré, porque no pienso lavar ropa de alguien más— hablaba la yegua gris con fastidio.
—Ooookei… Pero ¿Por qué me duele tanto la cabeza? Yo sé que uno es la resaca, pero lo otro es más fuerte— mencionaba Ember con mucho dolor de cabeza.
—Pues, Andrés te noqueó para que dejaras de comportarte como una imbécil en un bar de imbéciles— respondió la aludida con burla.
—Oh, ya veo…— se quedaba callada mirando el suelo con seriedad.
—Por cierto, te tuvimos que bañar, cepillar tu apestoso hocico para tirarte al sofá, porque no pensaba dejar que te acostaras en él para que después huela más horrible de lo que ya está— comentaba Spear fastidiada y ruborizada por lo que tuvo que hacer.
—…— Paint ponía su pezuña al frente para exhalar y trataba de oler su propio aliento —Si, se nota. Je, je—se reía algo burlona haciendo que Aural bufara para luego empezar a caminar hacia la mesa ya que la batponi empezaba a poner el desayuno en la mesa. La unicornio plateada se quedaba viendo en la mesa a sus ex compañeras.
—Oye Ember ¿Quieres desayunar? He preparado unos panqueques— decía Blue Moon poniendo en el plato de Tempest unos panqueques.
—… …— la aludida observaba los panqueques y le empezaba a darle nauseas —No, gracias. Todavía no me siento bien— ponía una pezuña en su hocico para evitar vomitar.
—Ok. Entonces, recuéstate en el sofá y descansa por mientras nosotras comemos— sugería la batponi terminando de poner los panqueques y se sentaba para comer.
—Claro. Lo haré— decía Ember levantándose algo mareada y se acostaba de espalda en el sofá con un casco delantero en su frente.
Había pasado un minuto en silencio, nadie hablaba, solo se escuchaba alguien masticar o como usaban las unicornios sus cuernos para usar los cubiertos.
—… Chicas… … … ¿Qué harán ustedes ahora al ser despedidas?— preguntaba Ember Paint con curiosidad sin moverse de su lugar.
—… Pues, buscar otro trabajo. Eso es lo que haré yo para pagar la renta— respondía Aural con fastidio después de tragar.
—Pero ¿no extrañas ser guardia?
—… Nop. Ser guardia solo era otro trabajo. Tampoco es que me encariñara tanto ser una guardia, ni loca seré la guardia de Celestia, porque Dark me despidió y no pienso tratar de entrar a otra guardia que son un montón de inútiles— contestó Spear dándole una mordida a su comida.
—Ya veo… ¿Y no piensas ir a ese nuevo mundo?
—… Solo diré, no lo sé. Eso es lo que oirás de mí, porque no tengo ni la más remota idea de si ir o no— fue lo único que dijo antes de meterse en su hocico, un pedazo de panqueque.
—Ok… ¿Y tú Tempest?— preguntaba Ember a la unicornio de la cicatriz en su ojo.
—…— la aludida masticaba y tragaba para responderle con seriedad —No lo sé. Dark me dio algo que nadie pudo hacer y fue restaurar mi cuerno— con una pezuña, tocaba un poco su cuerno —Yo sigo sin saber cómo pagarle por lo que hizo por mí. Le di mi lealtad hasta que me muera, pero ahora que nos despidió y que ahora nos dejó libre para hacer lo que "queramos", pues, haré algo que debí hacer hace tiempo. Además, que no se si ir a ese nuevo mundo… Así que no se— mencionó Tempest dando una mordida a su panqueque.
—… Ya veo… ¿Y tú Blue?
—No lo sé. Estoy igual que Aural y Tempest de si ir o no ya que no se si tengo algo que hacer en ese nuevo mundo o no… Lo único que haré, es volver a Hollow Shades para reunirme con los míos y pensar mejor en que hacer al ser despedida— habló la batponi algo pensativa mientras le daba una mordida a uno de sus panqueques.
—…— Ember se ponía triste —Por lo visto, a nadie le importó ser una leal guardia del amo Soul. Para ellas, solo es un trabajo…— pensaba deprimida.
—Deberías ser cocinera, Blue. Tus panqueques están deliciosos— le daba un cumplido Aural con una pequeña sonrisa al tragar otro pedazo de panqueque.
—Ji, ji, ji. Gracias, Aural. Es que en mí tiempo que estuve lejos de mi aldea, estuve practicando cocinar para tener buena comida para mí y no comer tierra, ni nada por el estilo— decía Blue Moon con una sonrisa ruborizada por el cumplido de la yegua gris, aunque le sorprendía mucho que fuera ella quien le daba el cumplido.
Después de unos minutos, las tres yeguas terminaban de desayunar para luego llevar sus platos al fregadero como también el vaso vacío. La unicornio plateada seguía acostada en el sofá mirando el techo pensativa con un semblante de tristeza.
—Señorita Ember— la aludida giraba su rostro para ver al gorila parado a un lado suyo. Era tan alto y musculoso que la tapaba con su sombra. Él la veía con preocupación.
— ¿Si? ¿Qué pasa, Andrés?— preguntaba con curiosidad.
—Debemos salir de aquí. Tu pa… digo el señor Miles estará esperándote afuera para llevarte a tu casa— respondía el gorila y la susodicha ponía una expresión molesta.
— ¿Qué? ¿Acaso se preocupa por mí?— preguntó con molestia en su voz.
—… Señorita Ember, sé que no es de mi incumbencia meterme en asuntos "familiares", pero… también yo me preocupo por usted y no quiero que le pase algo malo igual que el señor Miles. A pesar de lo que dijo, se sigue preocupándote por ti. Todos nosotros como los gorilas, águilas, osos polares, pardos, pandas, todos nosotros nos preocupamos— respondió con un tono calmado y preocupado.
—Solo lo hacían, porque era la hijita de Miles…— decía Ember cruzándose de pezuñas fastidiada.
—Puede ser, pero también nos importabas ya que te defenderíamos de lo que sea que te hagan daño— comentaba Andrés con una sonrisa algo presumido.
—Yo me puedo defender sola…— inflaba sus mejillas mirando a otra parte —Pero igual… gracias por deshacerse de unos idiotas que me molestaban hace mucho tiempo cuando todavía no entraba a la guardia de Dark— agradecía un poco sonrojada.
—No hay de qué. Para eso estoy o estamos. Je, je— se reía poniendo una pose algo presumida haciendo que la yegua plateada al mirarlo, hacía que diera una risita.
—Ok, ok. Entonces, llévame. Cárgame como si me estuvieras secuestrando— mencionaba con una sonrisa traviesa levantando sus cascos delanteros.
—Claro, señorita Ember— decía el gorila obediente tomando a la unicornio de sus axilas para ponerla en uno de sus hombros y ponía una de sus manotas en sus flancos para que no se cayera mientras ella dejaba sus cascos colgando en el aire como si estuviera inconsciente, aunque mantenía sus ojos abiertos y el susodicho empezaba a caminar a la puerta sin importarle estar sin camisa.
—Bueno, vámonos. Adiós, chicas. Nos veremos después o no. Las extrañaré— se despedía Ember viéndolas de reojo cuando Andrés pasó al lado del comedor donde se hallaban ellas sentadas.
—Adiós, Ember. También te extrañaré— se despidió Blue Moon con tristeza agitando una de sus pezuñas para despedirse. Tempest también se despedía de su ex compañera plateada, aunque Aural estaba callada mirando cómo se retiraban por la puerta y se cerraba detrás de ellos.
—Vaya, por fin se han ido. Este apartamento se hacía muy pequeño con un enorme gorila en el centro del lugar— decía Spear con fastidio.
—Sí, supongo— alzaba los hombros Shadow e iba por una alforja que estaba en una pared para ponérselo usando su magia —Bueno, yo también me voy. Tengo cosas que hacer y remediar— añadía con seriedad empezando a marcharse también.
—Ok. Adiós, Tempest y suerte— se despedía Aural de la unicornio de la cicatriz en el ojo.
—Adiós. Espero volver a verte— se despidió la batponi deprimida.
—…— se detenía en el marco de la puerta para mirarlas de reojo —Igualmente, espero verlas pronto— fue lo único que dijo antes de salir y cerraba la puerta.
—… Supongo que te irás también ¿verdad?— preguntaba la unicornio gris a Blue con seriedad.
—No, todavía no. Descansaré por el día y me voy en la noche para Hollow Shades— respondía con una sonrisa dirigiéndose al sofá —Bueno, si no tienes problemas de que me quede por unas horas— agregaba sentándose y estiraba sus cascos traseros.
—No, no tengo problema. Total, es… agradable tener algo de compañía antes que vaya a buscar un trabajo y lo destroce dejándolos en ruinas— comentaba Aural caminando y se sentaba al lado de la batponi.
—Ok, amiga— fue lo único que dijo la nocturna antes de recostarse en el sofá con la vista al techo para descansar un poco. Spear la miraba fijamente y tomaba con su magia, una revista para ponerse a verla en silencio.
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Tempest Shadow salía del edificio, pero podía observar como el gorila de antes, estaba agachado a un costado de una… ¿limusina negra con rines dorados? Y metía a Ember dentro para luego meterse él. La puerta del vehículo se cerraba para acto seguido, empezar a moverse en una dirección en concreto.
—… Sinceramente, si esos vehículos existieran, sería bueno para moverse por el reino o también sería la perdición del reino— habló en voz baja la unicornio antes de marcharse al camino contrario que tomó la limusina teniendo un objetivo fijo en mente.
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Mientras tanto, en Ponyhattan
El lugar era un completo caos, la salida de la ciudad estaba cerrada con una pared virtual que decía:
Bloqueado
Los edificios les faltaban una que otra parte, las ventanas se hallaban desaparecidas, las calles estaban destrozadas. Lo único que se escuchaban, eran los gritos furiosos a los 8 bit y los gritos asustados de los ponis que se encontraban huyendo o se escondían como podían ya que cualquier escondite que agarraran, desaparecía ya que se lo comía pacman.
— ¡Yo no me quiero ir de mi restaurante! ¡Teníamos una buena racha de clientes!— exclamaba el Mario Verde… digo Luigi enfadado.
— ¡Sí! ¡Era tan buena que casi conseguíamos otro restaurante en otra ciudad!— gritaba Mario muy molesto.
— ¡Que racha ni que nada! ¡Yo tenía los mejores especiales picantes para todos! ¡Todos aprendían a lanzar lanzallamas!— gritó Bowser con una vena virtual saliéndole por un costado del personaje.
— ¡Váyase al carajo con sus restaurantes! ¡Yo solo quería cantar y bailar!— exclamó Kamek con su escobita en alto.
— ¡TU NO TE METAS, KAMEK!— gritaban los tres al unísono que mandaban a volar al pobre hechicero al quinto pino.
El gran pacman tenía una expresión de enfado y se comía los postes que veía hasta los buzones. Los marcianitos disparaban cualquier edificio que observaban, las navecitas de Star Force disparaban también.
La ciudad era un descontrol con los personajes pixelados que hacían una huelga, habían sitiado Ponyhattan cerrando todas las salidas posibles.
Sin embargo, a pesar del alboroto de esos personajes, dentro de una repostería, observaban por la ventana… aunque no había ninguna ventana. En ella, estaban viendo Coco Pommel preocupada igual que Rara que se encontraba a su lado, pero al lado de las dos, se hallaban nada menos que Sonic el erizo con una mano en su frente y encima de la cabeza de Coloratura, estaba Kirby que miraba eso extrañado.
— ¿Cómo pudo pasar esto? Todo estaba bien y después… se comportan así— habló Pommel con preocupación recordando la detonación del caos.
Flashb…
— ¡Nada de flashback! Porque no hay nada que mostrar— decía el erizo mirándome con fastidio. Así que haciendo caso al gruñón espinoso, no se ponía el flashback, si no era un recuerdo que pasaba por la mente de la yegua que nadie verá. El susodicho suspiraba fastidiado —No puedo creer que se comporten así de repente. Solo el amo Soul dio el anuncio y todos pierden la cabeza… literalmente— agregaba mientras pasaba frente del local, una cabeza rodante de un zombi pixelado y lo perseguía su cuerpo.
—Pero debes hacer algo, Sonic. Tú eres su líder, debes ordenarles que se detengan— mencionaba Coco preocupada por la situación.
—Yo no soy líder de ellos. Solo fui el líder o alcalde, o lo que sea en esta ciudad. Además, nadie me va a escuchar. Están tan molestos de perder este hogar ya que era la primera vez que no estaban en un bucle infinito donde tenían que hacer las cosas un millón de veces— comentó Sonic con fastidio.
—Pero ¿debe haber algo que podamos hacer para que se calmen?— preguntaba Rara con preocupación.
—… Pues, esperar y que se maten entre ellos— respondía el erizo con los brazos cruzados.
— ¡Sonic, no puedes estar hablando en serio!— exclamaba la yegua modista sorprendida.
—Aja ¿Y qué quieren que haga? No pienso arriesgar mis cuatro vidas metiéndome en esa guerra pixelada. Me muero— hablaba Sonic con dramatismo.
—… Con razón que todos empezaban a odiarte— susurraba la cantante con molestia.
—Te escuché, Rara. Y si, admito que soy un mal líder o alcalde, o lo que sea. Todos empezaron a no gustarle lo pixelado hace como dos o tres semanas. Después empezaron a exigir cualquiera. Ellos empezaron a arrecharse por X motivo. No soy un buen líder y nunca quise serlo. Soy un erizo libre, me gusta correr de aquí y allá— decía el erizo apareciendo unos segundos al frente de la ventana y desaparecía para estar al lado de las dos yeguas haciendo que se revolotearan sus melenas —Peeeero al ser el líder, no podía tener tanta libertad, porque tenía que cuidar la ciudad, ver las mismas calles una y otra vez… y al final, me amargué, amargué a otros y supongo que si no lo hubiera hecho, no estarían así, creo o daba igual— se recostaba en la ventana deprimido con los brazos cruzados para apoyar su cabeza en ellos —Solo… quería ser libre...
Las dos yeguas se miraban un momento hasta la bola rosada para luego ver a Sonic con tristeza y se acercaban a la ventana. Kirby se bajó de Rara para pararse en el marco de la ventana.
—Sonic, si tu no querías ser el líder de la ciudad ¿Por qué no se lo dijiste a ellos… o a Dark?— preguntaba Pommel con curiosidad.
—… Porque esa situación se repetiría. Nadie de nosotros quiere ser el líder de la ciudad, porque todos dicen que nunca más serás libre, o sea papeleos, que esto, que aquello, sin diversión, sin nada… Si hubiera elegido entre mi mundo bucle o ser "alcalde", elegiría el bucle, porque las responsabilidades, no son lo mío— respondía el erizo con una pequeña sonrisa burlona.
—Ya veo… pero tampoco debiste hacer infelices a los demás, solo porque tú estabas infeliz— habló Coloratura con preocupación.
—Debiste… decírselo a alguien, como tu amo ¿no?— mencionó Coco ladeando la cabeza a un lado.
—Sí, debí, pero… lo gracioso de esto… es que…— se alejaba de la ventana para rascarse la nuca apenado —Yo fui que motivó a ellos para unirse al amo Soul y poder ser libre, y con eso, era un motivo suficiente para que yo fuera el líder. Je, je, je. Era bueno por un tiempo que yo fuera el líder…— dejó colgando sus brazos poniendo una expresión de cansancio —Pero después se volvió cansado, estresante, que casi mando a volar el escritorio por la ventana usando mi movimiento especial y todo eso. Solo quería sentir el viento en toda mi cara— agregaba con depresión ya que tenía una aura depresiva en su cabeza.
—… Ya veo. Comprendo. Fue una carga muy dura para ti. Debiste pedirle ayuda a alguien con el liderazgo de la ciudad y no estarías tan estresado— sugirió la modista con una sonrisa.
—Sí, lo sé, pero ya es demasiado tarde y ahora todos se quieren matar por mi culpa— decía Sonic preocupado.
—Todavía no es tarde. Puedes ir y hablarles de lo que sientes— le animaba Pommel con una sonrisa.
—Podría ser, pero no me escucharan si se están gritando entre ellos y más por los ponis que gritan asustados— mencionaba con los brazos.
—Pero debe haber algo que podamos hacer…— dijo Rara preocupada con la situación que pasaba afuera.
—…— Sonic se quedaba pensativo mirando el exterior como unas balas daban a un edificio de por ahí cerca —…— bajaba un poco la vista al observar a Kirby que miraba afuera con asombro —…— después miró a la cantante. La yegua al darse cuenta que la observaba, se ponía nerviosa.
— ¿P-Pasa algo?— preguntó con una sonrisa nerviosa.
—Mmmmmm. Creo que tengo una idea, pero antes… tienes un micrófono a casco— respondió el erizo con una sonrisa y la aludida lo veía con la cabeza inclinada a un lado, y le salía un signo de interrogación encima de su cabeza al no saber de qué estaba hablando.
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Devuelta con Ember Paint
La unicornio plateada se encontraba sentada en un largo asiento con las pezuñas cruzadas y tenía una pata trasera cruzada mirando con molestia a través de la ventana. Al lado de ella, se hallaba un topo marrón, era del tamaño de un potro, tenía puesto un traje elegante morado con un sombrero también elegante. Estaba callado con una copa en una de sus garras que le daba un pequeño sorbo mientras al frente de ellos, estaba sentado Andrés en otro asiento que silbaba disimuladamente, porque la tensión que había entre el ex padre y la ex hija, era demasiado que debía secarse la frente por el sudor que tenía.
—… ¿En serio que no quieres una copita, querida?— preguntó el topo al terminar el líquido de la copa.
—No, gracias. Ya tomé mucho en la noche— respondió la yegua secamente observando el exterior.
— ¿Ya volviste a caer en eso? Tomar de más, no es bueno para tu salud— mencionaba Miles mirándola con un tono preocupado.
—Tú no eres mi padre para decirme que hacer. Aunque de todas formas, no le haría caso a nadie si tomo o no. Es mi p*ta vida y yo hago lo que quiero— decía Ember con enfado.
—… Ok… Entiendo, querida… Entiendo que ya eres mayor y… eso…— comentó desvió su vista a la copa y pasaba una garrita en él —Solo… me preocupaba por ti...
—… ¿Qué te preocupabas por mí? ¿Por qué te preocupas si no me amas ni a mi madre?— preguntaba la unicornio girando su cabeza para verlo con enojo.
—…— el topo no dijo nada quedándose con la mirada a la copa.
—…— lanzaba un bufido viendo a otra parte molesta.
—… Lo lamento…— la poni escuchó la voz de Miles para verlo de reojo —Sé que tú y tu… madre me odian, pero era por su bien— susurró con tristeza.
— ¿Bien? ¿Cuál bien? Si tu no nos hubieras dicho eso y si te hubieras quedado con nosotras para mostrar que tú eres mi nuevo padre, y esposo de mi madre, estaríamos bien y felices hasta creo que nosotras hubiéramos ido contigo a ese nuevo mundo— mencionaba la yegua con seriedad.
—Sí, lo sé, pero… era mejor así… para todos…
— ¿Cómo que para todos?
—Tu, tu madre y yo… Estuve pensando que… este amor no es verdadero. Ustedes dos son tan… maravillosas que… terminaron como una simple apuesta cuando llegué a este reino…— respondía mirando el reflejo a través de la copa.
—Sí, lo sé y nos sorprende que mi padre real estuviera metido en una carta… Habíamos pensado que desapareció o que huyó para no vernos la cara, porque ese cabreo de mi madre, no era normal— decía algo bromista Ember, pero volvía a estar seria.
—Sí, lo se… y pues, no quiero que ustedes dos estén… forzadas o mejor dicho, me quieran o me amen por ser apuesta o trofeos que me dieron por ganarle a un idiota— mencionó con algo de fastidio.
—… Miles ¿tú crees que el amor de mi madre a ti… es falso?— preguntó la unicornio con seriedad.
—…— no sabía que responder a ello ya que solo giró su cabeza para mirar la otra ventana con tristeza.
— ¿Tú crees que… no te quise como padre?— su semblante era de tristeza.
—…
—…— ese silencio la hacía deprimirse —… ¿Acaso… nunca nos amaste?— preguntó Ember apretando su pezuña derecha con la izquierda. Su voz se le había quebrado al preguntar eso.
—…
—Miles…
—…
—Miles… por favor… dime algo…
—…
—Miles… Papá, dime que siempre me quisiste… por favor— decía saliéndole una lágrima de uno de sus ojos.
—…— el topo seguía sin mirarla y no dijo nada en unos cinco segundos —… No sabes cuánto significan ustedes dos para mí. No sabes cuánto las amo que hasta las llevaría conmigo para que nunca se aparten de mí y de mi querida Assiel— mencionó sin voltearse haciendo que sonriera la poni un poco e iba a hablar, pero Miles se adelantó —Pero… solo es una ilusión, una fantasía… Solo están conmigo por ser solo trofeos que me gane en una apuesta… que ese amor es falso… ese cariño también… Solo porque estaban obligadas a ser los trofeos de alguien más…— al escuchar eso, la expresión de Ember se volvió depresiva —… ¿Sabes una cosa curiosa?... Cuando vi por primera vez a… tu madre… entrar por esa puerta… No sé lo que pasó en ese momento, pero… todo se desvaneció… solo… estaba ella y yo… ¿Fue amor a primera vista? … No lo sé… ¿Me cautivó su belleza? Como no tienes idea… ¿La usaría como mi sexy objeto para presumir a todos que tengo a una sexy esposa igual como lo hacía tu padre?... No lo sé… Puede ser que hice eso sin darme cuenta… Puede ser que… Assiel nunca me amó y solo fingió amarme para estar rodeada de lujos— al decir eso último, la unicornio se ofendía.
— ¿Tú crees que mi madre fingió amarte?— preguntó indignada. El aludido por fin se giró para verla a los ojos con un semblante serio.
—Pues, querida, tu deberías saber mucho de esto. Soy el topo más rico de todo el mundo hasta posiblemente, del universo o multiverso, quien sabe. Tengo muchos guardaespaldas musculosos. Tengo muchas mansiones en cualquier parte del multiverso. Tengo muchas discotecas. Tengo sirvientas hasta las que gané por apuestas de idiotas desesperados… No quiero que… ustedes terminen igual como todas las apuestas… Como sirvientas o esclavas…— bajaba la vista para volver su vista a la ventana —Si mis otras apuestas terminaron así, no quiero que… ustedes terminen igual… Que todo eso, solo fue un amor falso… de querer amar a alguien por capricho… … Así que… por eso hice lo que hice… Eran por su propio bien… Las amo tanto que no quiero que terminen lastimadas por mi culpa…— no habló más ya que su vista estaba fijamente a la copa que aun sostenía.
—… Creo que ya lo hiciste…— susurraba Ember con la voz quebrada y tenía lágrimas saliéndole de sus ojos que los secaba con rapidez para no mostrar debilidad ante nadie, y miró nuevamente a la ventana con tristeza. El topo no dijo ni hizo nada por lo que oyó, solo veía de reojo a su ex hija. Alzaba una garra con la intención de tocarla para reconfortarla, pero se detenía y lo alejó lentamente para volver con su mirada triste a la copa.
El gorila los observaba en silencio. No dijo ni comentó nada ya que no era asunto suyo, pero de igual forma, se entristecía por la conversación que tuvieron.
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La limusina se detenía en frente de una gran mansión. La puerta de un costado se abrió de golpe saliendo Ember Paint con fastidio, pero solo avanzó unos pasos antes de girar un poco la cabeza y miraba de reojo a Miles que seguía sentado en su asiento viéndola fijamente.
—… Adiós, Ember Paint… Cuídate… y haz caso a tu madre— habló el topo con tristeza y se cerraba la puerta del vehículo. La yegua se quedaba observando la limusina hasta que empezó a moverse y se alejaba de la mansión.
—… Adiós…— susurraba la unicornio volviendo su vista al frente deprimida. Suspiraba y empezaba a caminar hacia la puerta de la mansión, y lo abría con su magia para entrar a pasos lentos para acto seguido, cerrar la puerta detrás de ella.
La susodicha estaba mirando al suelo, no tenía ganas para nada, solo caminaba hacia la escalera que tenía el sitio, sin embargo, antes de que pisara el primer escalón, fue detenida por una voz femenina.
—Vaya, por fin llegas, Ember ¿Dónde estabas? El desayuno ya se sirvió hace una hora— decía una hermosa yegua unicornio de ojos color rubí, pelaje dorado con crin plateada larga al igual que su cola y su cutie mark era una flama azul alquímica. Era Assiel, su madre. Se acercaba a su hija con preocupación.
—… Lo siento, mamá… He estado con unas amigas y se me fue la noción del tiempo— mencionaba sin muchas ganas de hablar.
—Ok… Y supongo que… te trajo ¿verdad?— preguntó la yegua dorada inexpresiva.
—Si… Supongo que ya no lo veremos más…— la unicornio plateada alzaba su vista a los escalones.
—… … ¿Ya desayunaste? Si no lo has hecho, deberías venir al comedor y comer un poco. Lo tapé para que no se enfríe, pero… creo que ya está frio— comentaba con una sonrisa nerviosa intentando cambiar de tema.
—… No desayuné… pero tampoco tengo tanta hambre— habló su hija con seriedad.
—Ay, por favor, Ember. Al menos come un poco…— insistía su madre intentando tomar la pezuña derecha de la plateada, pero lo apartó.
—Te dije que no. No comeré… mientras él está aquí— mencionó con enfado.
—Yo sé que estas enfadada, hija, pero sé que… esta vez, él…— fue interrumpida por la joven.
— ¿Esta vez, que? ¿Qué mi padre real cambiará y no se abusará de ti o de mí? O sea cuando Dark y los juguetes se vayan, todo volverá a la normalidad y eso implica nuestra miserable vida de siempre con mi "padre"— comentaba con desprecio.
—P-Pero hija, tal vez haya cambiado después de estar encerrado y pues…— intentaba defender a su esposo real, pero su hija la interrumpió.
—Quizás o quizás no. En los primeros días, muchos regalos, perdón para después volver a la misma rutina de todos los días. Esa es la "normalidad" para nosotras— habló con seriedad y se iba por las escaleras sin mediar más palabras. Assiel intentaba detenerla, sin embargo, no dijo nada y la veía desaparecer al subir por completo las escaleras.
—…— suspiraba deprimida y se daba media vuelta para caminar hacia el comedor. Al entrar, se encontró con un unicornio azul oscuro, crin negro igual que la cola y una cutie mark de cuatro cartas de póker con ases quemándose en un fuego color azul cielo. Era Phantom Play, el padre real de Ember. Que se hallaba sentado a un costado del comedor con un periódico en sus cascos. Al escuchar los pasos de la yegua, apartaba su vista para verla con una sonrisa.
—Entonces… ¿Nuestra hija va a venir a desayunar?— preguntaba con curiosidad.
—No— respondía su esposa con inexpresividad caminando por un costado de la mesa para llevarse con su magia, el plato que era para su hija.
—Ya veo…— el unicornio miraba a su esposa que ponía el plato en el refrigerador —No sé porque, pero desde que volví, ha estado evitándome y la veo poco. Solo la veo al salir o entrar de la mansión— agregaba pensativo.
—No se… ¿Por qué será?– preguntó aun inexpresiva mirando la puerta de la nevera como si evitara algo.
—Ay, querida ¿todavía sigues molesta por eso?— preguntaba decaído poniendo el periódico en la mesa.
—No, que va ¿Por qué iba a estar molesta si mi marido me apostó igual que a su hija con cualquier extraño que aparece por la puerta?— hablaba mirándolo con molestia siendo sarcástica.
—Assiel ¿Cuántas veces te tengo que pedir perdón?— preguntó Phantom levantándose y se acercaba a la yegua que se volteó para no verlo.
—Eso nunca se olvida, Phantom. No somos objetos para que nos pongas en una apuesta como si no fuéramos la gran cosa— respondió decepcionada.
—Sí, lo sé y lo lamento— el semental se ponía detrás de la unicornio para abrazarla, pero la aludida no dijo ni hizo nada. Solo miraba a otro lado molesta —Sé que no podré reparar lo que hice, querida, pero…— rompió el abrazo para verla de frente con una sonrisa —Se cómo te haré feliz de nuevo igual que mi hija— añadía con una sonrisa.
— ¿Ah sí? ¿Y cómo?— preguntaba con seriedad.
—Pues ¡tengo mi casino devuelta! ¡Ese topo me lo devolvió y podré poner en marcha mi casino para ganar mucho dinero como siempre, y así…!— fue interrumpida por el grito de enfado de su esposa.
— ¡Ay, ya basta!— el unicornio se sorprendió por la forma que gritó — ¡A mí que me importa tu tonto casino de m**rda! ¡Estoy cansada de siempre escucharte que casino esto, casino lo otro! ¡Al menos Miles, no hablaba de su casino cuando está con…!— se calló de golpe la yegua y bajaba la vista haciendo que su melena ocultara sus ojos.
— ¿Qué cosa?— Phantom no entendió lo que dijo en lo último.
—No, nada… Olvídalo… Que… tengas suerte con tu casino…— murmuraba Assiel inexpresiva y empezaba a caminar para salir del comedor dejando un muy confundido semental que no entendía del actuar de su esposa.
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En Ponyhattan
El caos continuaba en la ciudad. Los personajes pixelados discutían entre ellos con enfado y los edificios tenían más hueco que un queso. Los ponis se encontraban asustados y escondidos como podían alejados de ellos dentro de los mismos edificios o por detrás.
Pero en eso, en la mitad de la calle, estaba caminando alguien con tranquilidad. Una potra que se escondía entre los cascos de su madre que estaban de milagro escondidas detrás de un buzón, pudo fijarse quien era.
—Mira mami, es la adorable bolita rosa— decía la pequeña señalando con su pequeño casco teniendo una sonrisa. La aludida se fijó también en eso igual que los demás. Kirby que caminaba a su aire, llevaba unos audífonos y un pequeño micrófono pixelado como todo su cuerpo.
Seguía avanzando sin miedo hacia donde se encontraban todos sus amigos molestos hasta que se detenía unos cinco metros de ellos. Estaba observando fijamente como discutían muy rabioso.
No hacía nada. Los ponis adultos y potrillos se quedaban mirando expectantes de lo que haría la bola rosada igual que Rara, y Coco que seguían en el local.
—Necesitaran esto— las dos yeguas giraban sus cabezas para ver que Sonic les mostraba unos tapones de oídos, dejándolas confundidas —Créanme. Es para su propio bien— agregaba con una sonrisa y les guiñaba un ojo.
Las dos ponis no entendían a qué se refería, pero sin decir nada, tomaban los tapones para colocárselos en sus oídos y volvían sus miradas a Kirby que ya tenía el micrófono cerca de su boca.
—…— la bola rosada movía su cabeza… o sea su cuerpo en general como si estuviera asintiendo con la cabeza hasta que tomó una bocanada de aire que se inflaba un poco.
En eso, Samus que disparó al cielo molesta, se fijó en Kirby de golpe y se preocupó.
—Ay no. Esto no puede ser bueno— decía nerviosa por la mala espina que sentía y era verdad, porque la bola rosa soltó un fuerte grito en el micrófono que en el lugar donde estaba, surgió una onda expansiva que mandó a volar a todos sus amiguitos al quinto pino como si fuera el smash hasta los edificios que estaban a su alrededor, se destruían por completo. Lo que se hallaba cerca de él, no sobrevivía. Duró unos segundos hasta que dejó de gritar y sonreía de forma inocente, aunque al mirar alrededor, se quedó extrañado.
En el sitio donde estaba el pequeño, se encontraba solo con escombros en donde estarían los edificios, pero más allá de ese punto, los edificios tampoco se salvaban y los ponis que estaban escondidos… no lo estaban ya que sus escondites se los llevó el viento, los que se encontraban afuera y tenían sus crines, y colas para atrás teniendo también una mirada impactada.
En el local, Rara y Coco estaban impactadas con el hocico abierto al ver cómo quedó el lugar, y más que no tenía techo en el edificio en donde se encontraban.
—Sip. Así quedarían sus expresiones al ver eso— comentaba el erizo con una sonrisa burlón para luego ponerse algo serio —Bueno señoritas, iré afuera para calmarlos. Nos vemos en diez o veinte minutos— añadía Sonic desapareciendo de su sitio dejando a las dos yeguas con el mismo semblante mientras el erizo aparecía al lado de Kirby —Hola, pelota rosada— lo saludaba con una mano y él le devolvía el saludo con una sonrisa tierna.
Sonic observaba a todos los personajes pixelados regados por el suelo que estaba a unos metros alejados de los dos.
—Ay, que grito…— Samus se sentaba aturdida y se tocaba la cabeza —Espera un momento ¿¡Dónde está mi casco!?— exclamaba la mujer mirando alrededor.
— ¡Auxilio! ¿¡Quién me apagó la luz!?— gritaba un Goomba que corría en círculo con el casco de Samus tapándole los ojos. La chica tenía que levantarse para atrapar su casco con patas.
— ¡Mis patas, no siento mis patas!— exclamaba una voz femenina asustada.
—No tienes patas, tarada— decía uno de los fantasmita a la fantasma rosada con fastidio.
—Ah sí, cierto. Ji, ji, ji— daba una risita apenada. Poco a poco, se levantaban, flotaban, se estabilizaban y entre otros hasta que escuchaban la voz de Sonic haciendo que todos giraran sus cabezas en dicha dirección.
— ¡Escúchenme todos, calmaos de una vez! ¿¡No ven lo que están haciendo!? ¡Esta ciudad no nos pertenece por más que lo quisiéramos!— exclamaba el erizo con los brazos cruzados estando serio. Los aludidos observaban alrededor, aunque se fijaban en los ponis que estaban alejados del sitio — ¡Yo sé que están enojados, porque ya se habían establecidos en sus lugares, hogares o de los peores restaurantes de la historia!— gritó molesto.
— ¡Oye!— se quejaba Mario, Luigi y Bowser con una marca de vena en un costado de sus cabezas.
— ¡Es verdad! Nadie le gusta comer champiñones todos los días ni siquiera el picante que les quema la lengua— protestaba Sonic rodando sus ojos.
—Eso es verdad… No pude hablar por dos semanas— habló un semental sacando su lengua que estaba un poco roja como si hubiera comido algo muy picante hacía mucho tiempo.
—Así que bueno, compañeros, yo se lo enfadados que están, pero ¿no escucharon a Dark de que crearía un nuevo mundo?— preguntó el erizo.
—Si lo escuchamos, pero…— empezaba a hablar Samus con su casco nuevamente en la cabeza.
— ¿Nos hará un lugar para vivir?— preguntaba ahora uno de los fantasmitas del pacman.
—Solo somos personajes que se unió para no estar en un bucle para conquistar y ser este nuestro hogar, pero… — decía Mario con tristeza.
—… Ese era nuestro propósito ¿no? Solo que si conseguíamos conquistar, nos quedaríamos aquí como nuestro hogar— mencionaba Luigi deprimido.
—Sí, lo sé, lo sé. Yo también estoy dudoso, pero sé que… Dark hará algo para nosotros allá— comentó Sonic con una sonrisa.
— ¿Cómo lo sabes?— preguntaba otro de los tantos personajes.
—Solo lo sé. Él no nos trajo aquí para nada, como si nosotros no valiéramos nada ¿Recuerden cuando fue el primer día de nuestra libertad y pudimos interactuar con los juguetes?— preguntaba con curiosidad el erizo.
—…— se escuchaba soniditos que producía Pacman.
—Eso mismo, Pacman. Fue agradable y divertido, y NO encerrada en un estúpido castillo que ya me tiene harta— decía Peach molesta. Hablaban entre sí, estar de acuerdo de no estar haciendo lo mismo por siempre.
— ¿Lo ven? Nosotros y ellos congeniamos como si fuéramos una familia por así decirlo. Así que dejen sus quejas y por favor, no metan a los ponis que no han hecho nada para merecer esto— mencionó Sonic con seriedad y los aludidos se miraban un momento para luego mirar al suelo arrepentidos —Tal vez… tuve la culpa de eso, o sea fui el líder o el alcalde, o como sea de esta ciudad y eso me molestaba mucho, porque no podía hacer nada de nada. Solo estaba sentado mirando papeles por horas— agregaba enfadado.
—Pues, nadie te pidió que fueras el líder— comentaba Samus con seriedad.
—Sí, lo sé, pero tenía que hacerlo, porque si no fuera yo, lo sería alguien más y ese estaría frustrado como yo— habló el erizo con algo de burla en su voz. Algunos de los personajes asentían con la cabeza dándole la razón, porque de verdad, estarían igual que Sonic —Ok, a volver a la normalidad el lugar— añadía poniéndose un brazalete negro pixelado en su muñeca haciendo que brille un poco y de golpe, hubo un brillo cegador y acto seguido, se disipó dejando ver que la ciudad estaba completamente nueva sin daño alguno. Los ponis observaban sorprendidos de que toda la destrucción, había desaparecido y también el bloqueo que tenía la ciudad.
Rara y Coco que miraban con sorpresa que la ciudad se arregló, salían del local para poder observarlos bien. El erizo se volteaba y con una mano, agarró a Kirby para que se volteara ya que miraba a otro lado que le había llamado la atención.
—Esto… Pido disculpas por todo lo que pasó. Sé que la mayoría estarán enojados y no los culpo, pero de verdad, lo sentimos mucho ¿verdad, chicos?— preguntó el erizo con arrepentimiento. Los personajes pixelados bajaban la cabeza pidiendo perdón, aunque Kirby estaba extrañado con eso —Solo espero que por nuestra culpa, no cambiarían sus decisiones de ir al nuevo mundo o no. No todos actúan como actuamos nosotros… Los otros son mucho más amigables, si los conocen mejor— se rascaba la nuca. Los ponis se miraban entre sí, algunos pensativos, otros con una pequeña sonrisa, otros enojados por obvias razones y demás. La cantante y la modista lo veían con una sonrisa —Así que bueno, nos despedimos. Si quieren ir, ya saben a dónde ir, pero si no… los entendemos…— miró el brazalete para tocar un botón que no se veía para nada haciendo que los personajes pixelados empezaran a brillar. Sonic se fijó en Coco Pommel dándole una sonrisa —Gracias, amiga por tu compañía cuando me sentía "algo" estresado— la aludida lo miraba sorprendida para luego sonreír con un rubor en sus mejillas.
—De nada, Sonic— fue lo único que dijo viendo como brillaban sus cuerpos. Rara observó como Kirby se despedía con uno de sus bracitos con esa adorable sonrisa y hacía que le diera ternura para después agitar una pezuña.
De repente, todos los personajes desaparecían del sitio dejando a los ponis callados mientras observaban el lugar donde estuvieron antes los pixelados. Estaban pensativos con unas cosas, aunque de igual forma, empezaban a caminar para regresar a sus hogares, excepto la cantante y la modista que miraban con una expresión triste, en el sitio donde estaban antes, Sonic y Kirby.
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Unos días después
En las Pegasus, más precisamente, en una ventana de una mansión, se hallaba Ember Paint sentada en una silla, pero recostaba casi la mitad de su cuerpo en el marco de la ventana teniendo sus pezuñas colgando y su barbilla en el marco observando el hermoso cielo nocturno.
—… Otro día más… donde mi vida miserable… volverá nuevamente— susurraba dando un suspiro de resignación y su vista iba hacia las grandes luces que se notaba desde ahí ya que era el gran casino de la ciudad con unos reflectores con luces de colores que apuntaban al cielo haciendo que se viera por todo el lugar… para desgracia de la yegua que suspiraba frustrada y ponía su frente en el marco para mirar el suelo deprimida —¿Qué hago?... … ¿Debo quedarme aquí… y esperar que todo vuelva a la… normalidad?...— se quedaba viendo sus cascos traseros pensativa y le venía un pequeño recuerdo que era de ayer en la noche.
Flashback
La yegua plateada caminaba un pasillo de la mansión que estaba oscuro al ser de noche. Se encontraba algo somnolienta, pero al pasar frente a una puerta, se detenía en seco al escuchar unos sollozos.
La unicornio extrañada, se acercaba sigilosamente a la puerta y la abría lentamente con su magia para poder asomar un poco el ojo. Podía notar a su madre que se hallaba en la cama sentada y abrazaba una almohada con fuerza mientras de sus ojos caían lágrimas haciendo que se escurriera su maquillaje. Tenía un vestido rojo corto a un costado de ella, como también medias.
— ¿Por qué… por qué siempre me pasa esto?... Acaso… ¿nunca podré ser feliz?...— sollozaba con los ojos cerrados.
—…
—Solo soy ¿un objeto para ellos? … ¿Ser apostada en un estúpido juego de póker como si fuera una zorra cualquiera?... Solo soy… ¿un premio para cual presumir?... … Acaso… ¿nunca signifiqué nada por ellos?... … …— soltaba su almohada dejándolo caer al suelo y trataba de secarse sus lágrimas —… Supongo que ninguno de los dos… me amó de verdad… Solo soy… una burla… Solo sirvo para ser abusada por cualquiera… Para complacer a cualquier amigo de… Phantom…— miraba al espejo que tenía al frente con inexpresividad —Solo soy una estúpida… Nadie me quiere… Nadie me ama de verdad… Solo soy un objeto sexual para ellos… … …— se levantaba de la cama para mirar el vestido que estaba encima de la misma —Supongo que ya no importa… Todo volvió a la normalidad… … … … Todo volvió a la… normalidad…— susurraba sin emoción en su rostro y tomaba las medias para ponérselas.
—…— Ember estaba sorprendida y sentía lastima por su madre. Quería entrar para abrazarla y consolarla, pero… cerró la puerta lentamente para no alertar a Assiel y se retiró sigilosamente devuelta a su cuarto… Eso la dejaría mucho en que pensar.
Fin del flashback
La poni plateada suspiraba deprimida.
—No puedo irme… No puedo dejar a mi mamá a su suerte con ese tipo… pero… no sé qué hacer… Todo volverá a la normalidad como era antes en nuestras miserables vidas…— se quedó pensativa —… … Dark... Dime que tengo que hacer… … … Sé que tú tendrías la respuesta a mi situación… … … Sin ti, no soy nada…— agregaba con depresión, pero en eso, venía otro recuerdo en su mente, de minutos después cuando el gato la había despedido igual que sus compañeras.
Flashback
—Amo Soul, por favor, no puedes estar hablando en serio. Yo soy tu mejor capitana. No puedes despedirme— se quejaba o mejor dicho, suplicaba algo desesperada la unicornio plateada que estaba frente al felino negro. Los dos se encontraban en un pasillo muy vacío por unas obvias razones. Además, que Ember impidió el avance de Dark para que siguiera su camino.
—…— él la miró fijamente —Ya lo hice, Ember. Muy pronto este castillo, volverá a ser de las princesitas si siguen con lo de la monarquía. En otras palabras… se quedaron sin trabajo— mencionaba con seriedad.
—… Y-Y ¿Qué tal si… vamos con usted?— preguntó la yegua con una sonrisa ilusionada.
—No— esa dura respuesta, hacía que la sonrisa de ella, desapareciera.
— ¿Por qué no? Somos las guardias más fieles. Nunca te traicionamos, hacíamos todo lo que nos ordenabas y éramos las yeguas más leales que tuviste… pero más yo que las demás— comentaba con un tono de presumida.
—Sí, eran, pero ahora vuelven a ser yeguas normales y pueden hacer cosas de yeguas… "normal"— decía el gato con énfasis en normal y volvía a reanudar su caminata, sin embargo, la chica le bloqueaba de nuevo el camino — ¿Sabías que? Puedo usar mi magia para irme más rápido ¿verdad?— se cruzaba de garras con una vena saliéndole de su frente de que no lo dejaba caminar con tranquilidad.
—… Por favor, amo…— la unicornio se reverenció ante él poniendo su barbilla al suelo y sus flancos en alto —No dejes a tu sierva desamparada… Por favor… sin ti, no sé qué hacer… sin ti, no soy nada…— suplicó con un tono triste, temerosa y sumisa sin cambiar de posición.
—… Dime algo, Ember… ¿Por qué te uniste a mi guardia?— preguntaba con curiosidad.
—Me uní, porque usted…— fue interrumpida por el felino.
—No me vas a decir que lo hiciste para protegerme como la guardia que eras, para mantener el orden y esas cosas típicas que dirían un guardia. Solo te pregunto a ti… ¿Por qué te uniste a mi guardia?— preguntaba con seriedad.
—… Porque… yo…— no sabía que responder a esa pregunta haciendo que se pusiera algo nerviosa.
—Mhp. Ya veo…— fue lo único que dijo antes de reanudar su caminata pasando por un costado de Ember, pero en eso, se detenía detrás de ella que seguía en la misma posición poniendo una expresión triste —Escucha, Ember. Tú ya eres libre de hacer lo que quieras igual que las otras. No están atadas conmigo ni nada por el estilo. Yo… no quiero obligarlas hacer algo que no quieren. Si quieren, no hay problema, pero tampoco tomen una decisión de forma apresurada, o sea…— daba media vuelta y con su garra que brillaba un poco, volteó a la yegua para verla de frente dejándola sorprendida por el repentino cambio de vista —Tu ya estás muy grandecita para tomar una decisión. Tienes ¿Cuánto? ¿18 o 19, o 20? Prácticamente, ya eres legal para decidir por ti misma. Si quieres venir conmigo, está bien, pero… peeero no te tomes una decisión tan apresurada— ponía una uña en su nariz haciendo que la poni entrecruzara sus ojos para ver la garrita que estaba en su nariz —Lo único que pido… es que reflexionen si de verdad quieren esto o no. Si quieren seguir conmigo o volver a la "normalidad". No quiero que vengan conmigo, solo porque se sienten obligadas por la lealtad o yo que sé— el felino podía notar de reojo como las demás ex guardias del gato, estaban alejados de los dos escuchando lo que hablaba Dark, pero Ember no las notó —Quiero que se olviden que alguna vez, conquisté Equestria. Piensen que… les doy una nueva oportunidad para decidir qué hacer con sus vidas. Darles libre albedrio por así decirlo. No quiero que se sientan obligadas. En otras palabras, elijan su propio camino. Decídanse, ustedes mismas. Yo no voy a decidir por ninguna. Ya son muy mayores para decidir qué hacer con sus vidas. Así que entiende, Ember… Tu puedes decidir si seguirme o no… Solo haz lo que tu creas que es correcto. Decide lo que te hace de verdad feliz…— se daba la media vuelta para reanudar su caminata —Solo piensa detenidamente lo que de verdad quieres…— fue lo único que dijo alejándose de ella.
—…— la susodicha se quedó callada sin moverse de su lugar observando cómo se perdía en una esquina.
Fin del flashback
—… Elije tu propio… camino…— murmuraba recordando todo lo que le dijo —… …— se erguía en la silla para levantar su vista y observaba la luna en lo alto —… … A pesar de que no estás aquí… sigues ayudándome, aunque sea en recuerdos… Gracias, Dark— agradecía con una sonrisa y se levantaba para estirarse un poco —Creo que ya sé que es lo que quiero… … Que es lo que de verdad quiero— sonreía determinada y con esa emoción, salía del cuarto galopando y al bajar por las escaleras, se detenía al notar a su madre que estaba cerca de la salida de la mansión y notaba que Assiel usaba un vestido corto muy ajustado a su cuerpo que resaltaba mucho sus flancos. Ember la veía caminando sabiendo a donde se dirigía. Así que galopó rápidamente — ¡Mamá, mamá, espera!— trataba de llamarla y la aludida se detuvo antes de abrir la puerta para mirarla confundida cuando llegaba a su lado.
—Hija ¿Pasa algo?— preguntó su madre curiosa.
—Mamá… quiero hablar contigo— respondió su hija algo agitada.
—Ember, no puedo ahora. Se me hizo tarde. Debo ir al casino para presentarme ante… mi esposo y… sus amigos que estarán jugando en privado en su despacho… y debo atenderlos…— habló con inexpresividad.
—Pero mamá, es urgente— Assiel la veía fijamente estando dudosa —Por favor, es muy importante, muy importante… Si no te lo digo hoy, puede ser demasiado tarde… Por favor, escúchame ¿sí?... Antes de que se vaya para siempre— suplicaba con un puchero.
—…— la susodicha estaba callada por unos segundos estando pensativa hasta que respondió —Está bien, hija. Supongo que los señores pueden esperar un rato más sin mi presencia— decía la yegua dorada con una sonrisa, pero en vez de recibir una respuesta, recibía un abrazo de su hija sorprendiéndola.
—Gracias, mamá por escucharme— agradecía la unicornio plateada con una sonrisa.
—…— estaba pestañeando un poco por su actitud que nunca vio, pero después sonreía y le correspondía el abrazo —De nada, mi pequeñita.
—Ay, mamá, ya no soy tan pequeña— comentó fastidiada.
—Je, je, je. Si, lo sé, pero para mí, eres mi pequeñita consentida— mencionó con una voz traviesa y rompía el abrazo con una risita haciendo que Ember rodara sus ojos con fastidio —Ok. Vamos a mi cuarto para que me digas lo que quieres decirme— añadía empezando a caminar y se alejaba de la puerta principal.
—Ok, mamá— fue lo único que dijo antes de seguirla por detrás y subían por las escaleras en silencio. Assiel la miraba de reojo con una sonrisa triste para luego volver su vista al frente. Sabía más o menos de lo que le hablaría, pero tampoco se lo impedirá… Le daba curiosidad lo que le iba a decirle su hija. Así que sin más, se dirigían al cuarto de la yegua mayor, entraban en dicha habitación y cuando entró Ember, se cerró la puerta detrás de ella para que pudieran conversar con tranquilidad.
Continuará.
