Día 21. Deseo
Número de palabras: 642
Sinopsis: Ese era el deseo más profundo de ambos, ese deseo amargo que dolía como mil puñaladas y que nunca admitirían.
Algunas noches, sucedía aquello que era un secreto entre voces en el cielo y el infierno. Aquello que no era más que otra una muestra de la hipocresía que podía haber en ambos lados, algo que escandalizaba aún más al recordar el poder que ostentaban ambos involucrados. Pero al fin y al cabo eran noches, aquellas donde uno de los arcángeles más poderosos y el príncipe del infierno podían despojarse de sus títulos y dejarse caer en una retahíla de deseo y lujuria.
En esas noches, era como si hubieran vuelto a sus tiempos en el cielo, cuando simplemente eran dos ángeles que, inocentemente, se habían enamorado el uno del otro.
Sucedía, sin más. Ambos líderes, con sus recuerdos aun intactos sobre sus tiempos celestiales, dejaban a un lado sus rivalidades y antagonismo y se enfrascaban en pequeñas conversaciones en la que a veces se hacía presente el dolor y el rencor, pero que ambos, de tácito acuerdo, intentaban arrinconar para quedarse sólo con las buenas memorias.
Ocasionalmente, llegaban los besos y las caricias. Y los dos se sentían ángeles de nuevo (bueno, aunque uno de ellos lo seguía siendo), probando y experimentando, perdidos en el cuerpo del otro. No tenían que fingir, presionar o buscar el control, simplemente se dejaban llevar adonde sintieran la necesidad, sin importar quién dominaba a quién, sólo en sentir placer.
No era hacer el amor. No podía serlo. Ellos follaban, eso era un hecho. Cualquier otra cosa implicaba sentimiento y si había algo que siempre, absolutamente siempre, se negaban a sí mismos, era que aún estaban enamorados. Era ya bastante con no poder resistirse, con someterse a sus deseos a pesar de que fuera el opuesto de tu propio bando o tu peor enemigo, al que se suponía debías odiar.
El concepto "amor" era un tabú para ellos. Cuando rememoraban sus tiempos celestiales, jamás mencionaban que habían sido pareja. Pareja, no amantes o amigos con derecho a roce. Novios. Nunca decían, cuando comentaban alguna noche memorable, que al final siempre se dormían en los brazos del otro tras susurrarle "te quiero".
No, para ellos era como si esos sentimientos, mutuamente correspondidos, no hubieran existido. Además, ¿Qué razón había para sacarlo a colación en ese momento? Querían creer que siempre terminarían así, enredados entre las sabanas, en una cacofonía de gemidos y suspiros, no tenían necesidad alguna de traer al presente los recuerdos dolorosos de algo que ya fue y nunca volverá.
Pero aún así, al día siguiente, Gabriel se sentía aún más culpable que cuando simplemente era puro sexo. Porque su cerebro le decía que eso no debía pasar, que su cuerpo no tenía que morirse de ganas de que Beelzebub lo tocara ni su corazón debía estremecerse cuando compartían escenas de tiempos primigenios en los que no tenían miedo de mezclar el amor con el placer más instintivo, porque lo único que importaba era que estaban juntos y se querían.
Ahora, era tan sólo un lujo que no se podían permitir. El amor no existía para ellos, sólo el odio. Y el sexo era una simple necesidad biológica, nada más.
En el fondo, ambos querían creer que eso era verdad y daba igual que fueran los únicos. Quizá era demasiado tarde para ellos. Mejor no pensar en ello e intentar olvidar esas noches, había un plan que tenían que seguir y si todo salía bien, próximamente serian enemigos en el campo de batalla y nada más, aunque una parte de ellos deseaba fuertemente no tener cumplir con los designios de las cabezas de ambos bandos y tener no sólo una noche sino toda la vida para volver a ser como antes, cuando no existían ni el demonio Beelzebub ni el arcángel Gabriel.
Porque sabía que ese era el deseo más profundo de ambos, ese deseo amargo que dolía como mil puñaladas y que nunca admitirían.
