Peligro

No era un juego, eso estaba claro. Pero nadie podría culpar a Sirius de emocionarse cada que les tocaba alguna misión. Muchas veces eran cosas aburridas: vigilar lugares, buscar información, interrogar personas. A él lo que le gustaba era cuando lo mandaban al frente. Saber que estaba deteniendo realmente a esos hombres malvados y crueles.

La única queja que tenía Sirius, era que Remus nunca iba a las misiones con él. Dumbledore le había pedido algo especial y aunque Remus insistía en mantenerlo en absoluto secreto. Sirius sospechaba de qué iban. Él mismo se los había dicho: Voldemort estaba reclutando hombres lobo, y tenía que ver con eso.

Mientras estaba en misión al frente no pensaba en ello. Se concentraba en lo que ocurría, cualquier distracción era peligrosa. Además, era emocionante.

Cuando las misiones salían bien y los mortífagos salían corriendo la sensación de triunfo era embriagante. A veces eran ellos los que tenían que correr, y la frustración lo enloquecía. Eran sensaciones demasiadas intensas.

No era un juego, pero a veces lo sentía como uno, retos a vencer, todo iba demasiado bien.

Hasta que dejó de serlo.

El día que Caradoc regresó vomitando sangre a la base en la que estaban en ese momento Sirius tuvo un encuentro con la realidad. La mirada de odio que dirigió a Sirius lo confundió. Pero cuando Dorcas le explicó lo entendió todo.

—Estaba tu hermano ahí, él fue el que le lanzó la maldición.

Algo se rompió dentro de Sirius y tuvo que salir corriendo para que su amiga no lo viera llorar. Ni siquiera lo había pensado, pero tenía sentido. Regulus era uno de ellos. Y quizás un día, tendrían que enfrentarse.

Llegaron tarde. La hora estaba mal o los mortífagos habían cambiado sus planes. Para cuando llegaron la familia estaba muerta, menos uno de los niños. Emmeline se lo llevó mientras que James y Sirius se quedaron a combatir, para al menos intentar capturar a uno de ellos. Eran tres contra dos. Si Emmeline no se hubiera ido estarían parejos, pero la prioridad era rescatar a alguien.

Los hechizos volaron de un lado a otro y a pesar de la desventaja parecía que iban a ganar. Uno de los mortífagos había caído al piso amarrado y los otros dos seguían peleando. Y en eso uno de los maleficios le pego a Sirius, cientos de cortes en su brazo lo obligaron a bajar la guardia y si no fuera por la intervención de James hubiera quedado ahí. El hechizo de James golpeó el rostro del mortífago.

La máscara cayó al piso. Los ojos negros de Regulus le devolvieron la mirada.