21. Preocupación
—Es suficiente.
Heero dirigió su mirada hacia la voz terminante. Duo estaba de pie a un lado de su cama, vestido como si fuera a hacer deporte, lo que era obvio, pues sostenía una pelota de baloncesto con el brazo izquierdo. Lo estaba mirando fijamente.
—¿Qué quieres? —preguntó seco.
—Ponte tu uniforme —pidió Duo, aunque a sus oídos fue una clara orden.
Heero se sentó en la cama, entendiendo al instante sus intenciones.
—¿Por qué te preocupas tanto por mí? —inquirió. Simplemente no podía entenderlo.
—¿Ah? —se sorprendió Duo, rascándose la cabeza—. Pensé que ibas a decirme que te dejara tranquilo —reconoció, echándose a reír.
—Soy la razón por la que la paz no reina en este momento —siguió Heero, ignorando su risa—. ¿No es ese tu objetivo también?
Duo se puso serio.
—Si de verdad quieres saber, te espero en la cancha. No tardes.
Sin decir más, se dio media vuelta y se fue.
