"Su versión (parte 2)"
(Versión Katsuki)
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Albergaba esperanzas, sí. Pero a veces albergarlas no daba tregua de alojarlo en un rincón sobrecogido, en especial, si su mejor amigo tenía el ojo puesto en quien le gustaba.
Lo cual era estúpidamente indignante.
Irrefrenable, por alguna razón. E ilógico por miles de millones de explicaciones que busquen razonar con aquella vaga lógica.
Ponía los ojos en blanco, cada vez que Kirishima veía a Deku con ojos de enamorado.
Detestaba ver esas tonta mirada en su amigo, como tenían idea. Era insultante.
No podía describir lo que pasaba por su interior cada vez que el sentimiento se aglomeraba y la molestia crecía como semillas de incertidumbre.
Su mente nuevamente se apagaba ante la supuesta realidad de que Deku se iría de su lado, para ir corriendo a los brazos del pelirrojo.
Temía cada que pensaba en esos escenarios. De sólo imaginarlo, bullía por dentro.
El fuego quemaba su garganta en una indescriptible sensación de cólera que se apoderaba de sus sentidos, hasta el punto de arder.
No pasó más de un día para notar que Kirishima lo orillaba salir con Deku, en lugar de él tomar la iniciativa de pasar tiempo con él. La situación estaba rarísima. Todo lo que acontecía parecía fuera de lugar. En especial que Kirishima animara la idea de que ellos estuvieran juntos.
Algo no cuadraba para Katsuki, pero por el bien de Deku no diría nada.
Callaría en lo que tuviera la oportunidad de hablarlo todo con Kirishima, puesto que tenían cuentas pendientes en el asunto que respecta a Deku, de quien los dos sentían atracción.
Reprimir lo que para entonces era un sentimiento tallado en su corazón, resultaba una tarea pesada; literalmente imposible.
No bastaba con desearlo, para quererlo.
Gastaba mucha energía en algo que no valía la pena. Puesto que suprimir lo que sientes, es una manera más para torturarse.
Una forma errónea de evitar enfrentarse a lo que realmente quiere.
Sus ideales se vieron estropeados por creer que él no era alguien que valiera la pena, o merecedor de los afectos del pecoso. Pero de una u otra forma, no planeaba rendirse.
No planeaba hundirse en la miseria de su sentir, y dejarse pisotear por sus propias raíces.
Él sabía que debía juntar el suficiente valor para afrontar sus miedos, pues de no ser así, terminaría perdiendo más de lo que ganaría. En todo caso, su fuerza de voluntad se doblegaba ante las adversidades que impedían el paso de lo que deseaba que se volviera tangible.
De igual forma, él no era ningún perdedor.
Es entonces que decidió que no se reprimiría más y cedería a sus sentimientos por una buena vez. Definitivamente se quitaría el miedo que lo arrastraba consigo por una corriente turbulenta que no paraba en un punto certero.
Con sólo imaginarse que probaría la derrota si no ejercía un movimiento directo, sabía que traería consecuencias desastrosas para sus yacentes sentimientos.
Así que tampoco se podía tapar el sol con un dedo, porque de la misma manera perdería.
Así que no había espacio para quedarse parado por el freno que se impuso él mismo.
Además, si seguía con esa estúpida actitud, su madre lo molería a golpes; Lo sabía. Su madre era una persona intuitiva, y sembró en él la semilla de la duda, cuando le preguntó porqué Deku no venía a visitarlos a su casa, como lo hacía en la infancia, a lo que él respondió que no le importaba, porque no eran amigos.
Hizo especial énfasis en que no eran amigos. Lo fueron en algún momento de la infancia, pero esa amistad no podía evolucionar a algo más, porque sus sentimientos estaban de por medio.
Y aunque su madre intuía de alguna manera, sobre su sentir, no admitiría que ella tenía razón al decirle que perseverara con Deku. Que fueran frecuentes sus charlas, que procurara acercársele y ver cómo estaba en general. Pero no hallaba la forma de hacerlo, sin ponerse nervioso y terminar gritando en lugar de conversar amenamente con él.
Total, ya lo había intentado hacer en varias ocasiones y fallaba horriblemente en el acto.
Katsuki era un verdadero desastre cuando involucraba las palabras en el medio. Porque las palabras para bien o para mal, siempre terminaban siendo las incorrectas (al menos en su mundo, eso ocurría). Y por mucho que practicara en el espejo, su mente hacía la manía de apagarse y dejar que su lengua se soltara con infundia y dijera cosas, de las cuales se arrepentía.
Y lo sabe, ya que sus palabras han herido a Deku de muchas maneras. La frialdad de su tono y la crueldad de sus frases, calaron hondo contra Deku y ese daño que le ocasionó, sólo servía como recordatorio de lo estúpido que puede ser si no piensa correctamente lo que dirá en tiempo y forma.
Las jodidas incongruencias que salen de su boca cuando no la frena de soltar golpes verbales de alto calibre, ya que constaba parte de su acto de ser frío y distante. De caminar tajantemente, de que nadie le interesa, de que ni el viento puede derribarlo, pues él acarrea el viento y no al revés.
Las tempestades del clima no lo pueden derribar.
Lo único que lo puede derribar es Deku. El maldito nerd.
Y eso era un hecho irrefutable.
El viernes por la tarde se preparaba para irse a casa de sus padres, ya que quería ir por unas cosas (en realidad quería ir a checar el álbum de fotografías que su madre tenía de cuando él y Deku eran amigos. Pero también, estaban los álbumes recientes, donde salían ellos en la actualidad e iba con la intención de echarles un vistazo, para ver si así se armaba de valor de afrontarse a su peor miedo de decirle a Deku que le gusta).
Se colocó la chaqueta elegantemente, luciendo un poco atropellado con el hecho de que iría a casa de sus padres, donde de seguro su madre le daría una golpiza si desordenaba su siempre impecable orden.
Pero entre ser regañado y quedarse con la duda de que no hurgó los recuerdos del pasado, prefería hurgar, desordenar y descifrar la insaciable intriga que lo obligaba a tomar otro tipo de medidas.
Sin embargo, sus planes se vieron interrumpidos cuando tocaron la puerta del dormitorio.
Se detuvo en seco, frunciendo duramente el ceño.
Carajo.
¿Quién puede ser si ya se iba?
Ajustó la chaqueta con sus manos, y se encaminó hacia la puerta. Al abrirla, se topó con la molestia de que se trataba de sus amigos. Kaminari y Sero. Los dos idiotas lo saludaron con sonrisas y miradas fingidas de amor, que le dieron mala espina.
—¡Qué bueno que estás aquí, Blasty!— Canturreó Kaminari.
Katsuki se tensó.
Odiaba que le dijeran Blasty. Y sobretodo con ese tono cariñoso que sólo le provocaba disgusto.
—¿Ibas a salir?— Le preguntó Sero.
—Estaba por irme— Contestó fríamente. —Así que háganse a un lado, malditos extras.
Dio un paso adelante, pero no pudo avanzar otro paso más, pues sus amigos se interpusieron en su camino, bloqueando el paso entre la puerta y el pasillo.
¿Qué estaba pasando?
—¡Lárguense!— Ordenó Katsuki, furioso.
—Lo lamento, Bakugou— Explicó Sero. —Pero no podemos hacer eso, hermano.
—¿Hah?
—Te necesitamos aquí— Dijo Kaminari, sonriéndole sospechosamente. —No te irás.
—¿Me amenazas, imbécil?— Estuvo a punto de atacarlo con una explosión de su mano derecha, que fue sostenida por una ráfaga de cintas que lo fueron envolviendo en segundos. —¡¿Qué se traen ustedes, bastardos?!— Se jaloneó entre las cintas que Sero iba soltando velozmente hasta detener sus explosiones, puesto que lo tumbó en el suelo, chocando su barbilla contra el piso. —Los voy a matar, malditos extras— Masculló.
En menos de lo que creyó, fue arrastrado por las cintas de Sero, directo hacia la sala de estar del dormitorio, donde posteriormente fue colocado en el suelo y las miradas cómplices de sus amigos lo hicieron retorcerse del coraje.
Katsuki ni siquiera opuso resistencia, porque de haberlo hecho hubiera destruido el pasillo entero con su particularidad. No emitió quejas, por la misma razón.
Además, tampoco quería ser castigado por Aizawa, eso dañaría su currículum como aspirante a héroe. No podía darse le lujo de explotar todo a su paso, por que sus amigos lo molestaran.
Se dejó mangonear por el rato que permaneció sentado con las cintas apretando sus muñecas y manos al nivel de llegar a cortarle la circulación. Sus amigos estaban determinados por retenerlo a como diera lugar. Sin importar los daños que hicieran, dado que la razón por la que lo comprimieron con las cintas, era con el motivo de que él participara en el juego de verdad o reto.
Otra vez ese estúpido juego que inició la sala de tortura que vivía hasta la fecha. Desde ese juego se sentía comprimido emocionalmente; y, más que nada por la insistencia de sus amigos. Su perniciosa necesidad de emparejarlo con Deku sin importarles nada, empeoraron su estado anímico, en lugar de mejorarlo, puesto que sentirse obligado, no era agradable.
Y para acabarla de amolar, Deku participaba en el juego.
Genial.
La impotencia de no poder huir de sus sentimientos, junto con la mirada que percibía venir de Deku, éranse bochornosos acercamientos que lo orillaban a lo que se aferraba en ocultar.
La mirada de Deku podía derretirlo con sólo conectar unos segundos. Lo que le quedaba era resistirse. Aguantar hasta que el maldito juego se terminara.
Se lamentaba con las palpitaciones que ofuscaban su espíritu, asimismo sometiendo a su dañado corazón a una decena de situaciones de las que no quería lidiar, porque no estaba listo para hacerlo.
Primero lo atacó Kirishima, luego el maldito cargador con patas y después ojos de mapache, que con una estocada en su pecho, derrumbó su orgullo por los suelos.
Esa mujer no tuvo piedad con él.
Se sintió peor que humillado. Peor que ser golpeado por los poderosísimos golpes de All Might durante el examen. Peor que saberse derrotado por Deku en su primer enfrentamiento.
Peor que cualquier cosa que pudiera descubrírsele en el momento.
Su orgullo fue pisoteado y roto por dentro.
Para joderle la vida, lo habían descubierto. Y en vez de guardarse el secreto (como los buenos amigos que se suponía que eran), lo utilizaron para ponerlo en su contra de la manera más humillante e indignante que se les pudiera ocurrir.
Con ver los ojos de Kirishima dirigidos a él, supo que todo había sido un plan para humillarlo en cara de Deku.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Lo colmó por completo.
Sus amigos lo habían traicionado y burlado de él.
Decidió que había tenido suficiente para un ridículo juego, lo que lo llevó a explotar las cintas que lo sostenían y marcharse de ahí. El cuerpo se le retorcía del enojo, la garganta escocía ardiente por el cuello.
La sensación de saberse humillado, lo devoraba por dentro en un dolor indescriptible. Decepción y tristeza se mezclaron consigo mismo en un movimiento cegador.
Se marchó al aula de casilleros con la mentalidad de que nadie lo molestaría ahí, puesto que nadie entrenaba a esas horas de la noche; en especial en viernes.
Lo que desconocía era que sería abordado por Kirishima, quien le dio un discurso todo elaborado sobre sus sentimientos hacia Deku y de la envidia que sentía con respecto a él, por ser el elegido del nerd.
Obviamente mentía, cuando Kirishima dijo que Deku lo quería de verdad, que no era una broma, por que su amor es real.
A todo esto, no flaquearía con el maldito discursito que se aventó. Ni de broma le creería aunque durara toda la noche tratando de convencerlo de lo contrario.
El pelirrojo no lo haría ceder, por mucho que lo intentara, porque Katsuki se mantenía firme en su postura.
Sin embargo, se sorprendió cuando vio que Kirishima dio unos pasos atrás y dijo que si había escuchado, centrando su vista hacia otro lado. No a él.
Pero cuál fue su sorpresa de que Deku estuvo escuchando toda la conversación que tuvieron en el aula y para colmo, lo escuchó sincerarse con sus sentimientos de manera casi desgarradora.
Katsuki había dicho todo lo que llevaba reprimiéndose mediante gritos, sin detenerse a pensar que alguien los escuchaba desde el otro extremo de los casilleros.
Palabras no alcanzaban para describir la traición que sintió por que su amigo obligara al nerd a escuchar su confesión.
Quiso que la tierra se lo tragara en un ofuscado movimiento para no aparecer más por la UA hasta el día de graduación.
Estuvo a punto de golpear a Kirishima, de no ser por que Deku lo detuvo, interponiendo su cuerpo entre ellos dos. Luciendo extrañamente decidido y convencido de lo que haría.
Se esperaba el rechazo, la desilusión de que tuvo esperanzas vagas, la desesperación de no poder enmendar el pasado, la soledad de que no tendría a Deku de su lado.
Pero el rumbo de las cosas fue demasiado distinto de lo que su mente lo convenció. Lo que sucedió fue todo lo contrario. Tuvo lugar lo inesperado.
En menos de lo que creyó posible, Deku le confesaba que le gustaba, le decía palabras de amor que lo alentaron a no divagar en otro lado, que no fuera ese.
Fue un paraíso hecho de palabras afectuosas que se enterraban en su corazón en maneras inimaginables.
Al principio opuso resistencia, debido a la incredulidad de lo sucedido, pero poco a poco iba cediendo a la fuerza de sus deseos, cayendo profundamente por los brazos fuertes que lo abrazaron sin anticiparle. Que lo arroparon cuando la esperanza parecía tan lejana, como la distancia que lo esperaba de él.
Después de tanto alejarse, después de revolcarse en las miserias, llegó a una meta que se rehusó en perseguir.
Las palabras de Deku lo acogieron gentilmente, haciéndolo encontrar el camino que antes creía perdido. Olvidado.
Lo abrazó de regreso, aferrándose a su presencia lo más posible. Sentía su esencia tan real que hacía cosquillas en su estómago.
Su resplandor, su fuerza, su persistencia, su determinación, traspasaron las barreras que se auto impuso por miedo a dejarse querer.
Katsuki había sido demasiado terco para permitirse ser abrazado por quien añoraba.
Lloraría de no ser porque no estaba en un lugar privado y presentía que Kirishima los miraba desde su posición. Sin embargo, cuando abrió los ojos, no vio la figura de su amigo por ningún lado. Lo que significaba que los dos se encontraban solos.
Sin interrupciones.
Entonces, no había necesidad de fingir ser un insensible, pues Deku se encontraba ahí y él no lo juzgaba. Por tanto, se separó del abrazo, reposando sus brazos alrededor de su cuello.
—¿Kacchan?
Katsuki unió sus frentes, mirándole fijamente.
—¿Estás bien?
—Perfecto, inútil— Espetó él.
Sintió una ráfaga cálida adentrarse por su mejilla, al notar que Deku con su mano, acariciaba su mejilla.
—Yo también— Respondió suave. Y soltó una risita gustosa, derrochando la buena vibra que los rodeaba.
—Deku— Musitó, inclinando su cabeza hacia la mano que lo acariciaba.
—¿Sí?
Se sonrojó, teniendo en mente lo que diría.
—Te quiero— Dijo en un hilo de voz ronco, que sonaba a una ola tempestuosa.
—Yo también, Kacchan— Contestó el pecoso de inmediato, luciendo muy contento por escucharlo. —Te quiero mucho.
Y depositó un beso en su frente, que fue descrito en la expresión perpleja de su rostro, que demostraba lo aturdido que se sentía por recibir una muestra de cariño.
—Deku, ¿qué haces?— Apuntó Katsuki, avergonzado.
Deku respondió con otro beso, pero está vez en la mejilla contraria.
—Quererte, Kacchan.
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NOTA: Ya casi termino con esta historia.
Espero que les guste estos capítulos dedicados a Katsuki, la estrella del fic.
