TU REPUTACIÓN
EPÍLOGO.
Kagome observa la luna redonda a través de la ventana, suspira ilusionada…
Se sentía realmente feliz, parecía que cada quien había encontrado su camino. Kikyo y Naraku estaban en feliz espera del bebé, ya hasta tenían escogidas un par de opciones de nombres para la criatura, se amaban y cualquiera lo podría ver a kilómetros, afortunadamente los padres del futuro Marqués aceptaron felizmente su unión, en cuanto a Rin… cada día su amor por Hakudoshi crecía y ahora era lo suficientemente valiente para admitir que sentía algo por él, Haku regresaría en dos meses a tiempo para la presentación en sociedad de su querida prometida, fue retrasada por el luto pero ya era hora de seguir adelante según palabras de lady Irasue, además, eso la distraía de su dolor…
Su madre seguía de viaje y por tanto Lord Higurashi les visitaba con más frecuencia, en una de esas visitas supo, Sota les visitaría y podría quedarse a tiempo para el baile.
Kagome estrujo el volado del conjunto de lencería que le entregó Yura junto con sus vestidos, no lo había usado hasta ahora debido a las circunstancias pero con su esposo totalmente restablecido y con ella muriendo por descubrir los secretos que habían en el lecho matrimonial, aquí estaba lista para tratar de seducir a Sesshomaru. Se sonrojó de inmediato pero no había alternativa, Taisho estaba fuera de cualquier peligro, el doctor lo había dicho hace semanas y aunque dormían juntos en la misma habitación, él no le tocaba desde aquellas noches antes de la boda de su hermana, estaba cansada de ir tan lento, quería volver a sentir lo mismo de antes, esos calambres y esa sensación tan liberadora, quería sentirse mujer en sus brazos.
Escuchó la puerta ser abierta y volteó con un nudo en el estómago; Sesshomaru entró, se quedó quieta esperando alguna reacción por parte de su marido, sabía que la vería porque colocó muchas velas buscando precisamente, hubiera buena iluminación, así fue…
Los ojos de su esposo se abrieron de par en par quedando una divina expresión de sorpresa en él que le pareció lo más lindo del mundo. Se acercó a él, llevaba los pies descalzos y el cabello suelto.
Sesshomaru solo pudo verla venir hacia él y tragar saliva, se veía tan bonita y tan sensual, no creyó que eso fuera posible pero aquí estaba su esposa demostrando que esa extraña amalgama era posible y era maravillosa; sintió le tomaba de las manos para dirigirlo a la cama, Kagome -tal y como Kikyo le aconsejó- lo empujó sin usar mucha fuerza para que terminara sentado sobre el colchón, acto seguido recogió la tela de su conjunto para sentarse a horcajadas sobre él, lo abrazó por el cuello y sonrió, como le enseñó su hermana. Había practicado frente al espejo mucho tiempo pero logró verse tierna al final. Kikyo sentía que en su hermana menor funcionaría más la ternura que el parecer una mujer con sapiencia en el sexo y vaya que funcionó, Sesshomaru murió en ese momento para revivir en el paraíso.
—Kagome...— murmuró llevando sus manos a las caderas de ese ángel divino que abría sus alas, estaba tan embelesado.
—Sesshomaru, quiero que me hagas el amor, hoy, ahora...— le ordenó con voz temblorosa. Besó la boca de su esposo, apenas un besito casto para callar cualquier pero.
Él cerró los ojos controlando sus nervios… así es, los hombres también pueden sentir nerviosismo a la hora de hacer el acto carnal y Sesshomaru sabía Kagome tenía ciertas expectativas de lo que debería sentir -contando sus orgasmos alcanzados por la masturbación- pero por ella haría lo que fuera, se esforzaría porque fuera una experiencia que le llenara en todo sentido, sobretodo porque fuera algo tierno y no traumante.
Se besaron con paciencia, con ternura contenida y pudieron escuchar sus corazones vibrar en una nueva tonada, una que les llenaba el alma de amor; las manos de Taisho recorrieron el cuerpo de su esposa hasta detenerse en sus pechos, los apretó haciendo que riera divertida, él sonrió más confiado.
La cargó, se puso de pie girando y luego recostó a la dama en el lecho, suspiró parado viendo el cuerpo de su esposa en ese conjunto sensual, se colocó sobre ella y comenzó otra sesión de besos pero esta vez más demandantes y fogosos, la temperatura comenzaba a subir en la habitación demasiado rápido. Retiró el corsé azul con agilidad, removió cada prenda del cuerpo de su dama que le impidiera disfrutar de su piel desnuda, la besó en cada centímetro haciéndola retorcerse. Sabía que esta noche debía atenderla, Kagome no sabía nada del sexo así que no podía pedirle ciertas cosas que las mujeres pueden hacer por sus esposos, así que, se dedicaría a ella por completo para otro día pedirle a su dama usar esa boquita en otra cosa aparte de hablar y dar besitos. Dejó de lado sus locos pensamientos para chupar los pezones de Kagome mientras sus dedos exploran el interior de la mujer, sonrió comprobando que ya estaba, aparte de empapada, muy dilatada; podía usar cuatro dedos y eso significaba que estaba lista y él también más que listo. Jugó con el clítoris haciéndola jadear, usó los dedos buscando ese punto que volvía locas a las mujeres y luego de tanto estímulo la hizo estallar de placer. Sacó los dedos, besó a su esposa quien seguía agitada y sin aliento por el orgasmo, Sesshomaru se quitó la ropa y finalmente le mostró a Kagome ese misterio que ocultaban los hombres entre las piernas, ella se sonrojó y tragó saliva imaginando cómo… entraría en ella.
Sesshomaru se colocó, le pidió abrir las piernas, ella obedeció nerviosa; los besos y caricias de su esposo poco a poco se llevaron sus miedos y las palabras "Te amo" en su oído terminó de llenarla del valor necesario, lo abrazó por el cuello con fuerza abriendo las piernas mientras su esposo acerca el pene a su cavidad, lo besó y asintió segura de desearlo. Taisho juntó sus frentes, le vio a los ojos y susurró.
—No temas, te amo cariño...—
Entró despacio, afortunadamente la humedad y la dilatación eran las adecuadas y pudo introducir el miembro en la cavidad vaginal sin muchas dificultades y sin mucho dolor de por medio para ella. Se detuvo unos segundos dejando que su esposa se acostumbrara, cuando la sintió mover las caderas por instinto supo era la señal y comenzó la faena, hasta que Kagome nuevamente vio el cielo y mientras caía al suelo, su esposo comenzó a volar derramando su ser dentro de ella. Nueve meses después conocerían a sus gemelas, pero hoy solo las velas, la luna y las estrellas fueron testigos de lo sucedido esa noche es la recámara, solo ellos sabrían la fuerza, intensidad y el amor con que sus cuerpos hablaron, finalmente hicieron el amor y era hermoso.
El salón resplandece, los bailarines comienzan la danza y Rin baila de la mano de su prometido, sonríe totalmente enamorada.
Irasue casi derrama un par de lágrimas contenta, si Toga estuviera allí seguramente también estaría feliz y complacido que su sobrina esté tan radiante, dirigió la vista a su hijo, cuidaba de más a su esposa desde que supo estaba embarazada, la joven apenas lleva un mes y medio más o menos y él se comporta como un loco, Toga también estaría feliz por ellos y saber su hijo cambió para bien.
Naraku cuida a su esposa, decidieron asistir al baile muy a pesar de su embarazo avanzado, Kikyo dijo querer divertirse un poco y como buen marido, Spider le dio el gusto. Los señores Spider simplemente podían alabar a su nuera por llegar a sus vidas, su hijo había dejado un poco las locuras y era un esposo dedicado, se veía sería un padre ejemplar aunque con una lengua de guasón, pero Kikyo le ponía freno con su inteligencia y comentarios afilados.
Las dos hermanas ríen haciéndose confidencias, los amigos conversan amenos y se impresionan de ver al inalcanzable Bankotsu bailar por segunda vez con lady Hitomiko, allí había algo y parecía que otro había caído.
La felicidad no podía ser más grata e inmensa…
Lord Higurashi le presenta a su nieto una dama castaña de ojos dulces y sonrisa tímida, Sota la saluda y es el comienzo de un nuevo despertar romántico.
Sesshomaru pidió a su esposa un baile, ella aceptó puesto que sabía que la pieza no era muy agitada, comenzaron la danza y se miraron.
Taisho observó ese cielo abierto en su mirada, estaban abiertos a él, podía zambullirse en ellos totalmente seguro de encontrar amor en ellos; vio las pecas de su esposa, esas que ahora adoraba con el alma, vio la sonrisa encantadora y estaba seguro que si fuera artista le haría un cuadro o una pieza musical, pero se conformaba con besarlos en la intimidad, ella había abierto las fantasías de amor que jamás imaginó un hombre podría tener.
Tomó su mano para hacerla girar, el vestido se alzó unos centímetro por el movimiento, ella rió suavecito.
La amaba con el alma, la amaba por ella misma, la amaba porque le enseñó lo tierno que puede ser su corazón, la amaba por ser una mujer decidida, la amaba porque logró derribarlo a punta de carácter y ternura, la amaba, la amaba a pesar de cualquiera reputación, la amaba con todo su corazón...
Bailó con ella, con la promesa en sus corazones que esa noche también se amarían en la cama, se besarían y volverían a susurrarse un "Te amo" al oído al compás de sus jadeos, porque desde el primer día, no pudieron parar de amarse.
Fin.
