Tú eres mi mundo, mi vida, y eso es todo
Sam lo había planeado para de una vez quitarse un peso de encima. Creía que Lincoln no sería feliz si ella no le demostraba su verdadero amor. El sexo podía ser aquella solución que tanto ansiaba para dejar que Lincoln pudiera continuar con su vida. Pensaba todo en él, pero en ningún momento pensó en lo que quería realmente después de eso, claro que el punto era liberar a Lincoln, no obstante, para sí era solo mentirse.
Lincoln sabía que lo que le dijo Sam tenía que ver con algo que sucedería a futuro. Desde hace ocho años ella nunca le había dicho algo como lo que le dijo antes de la visita de Clare. Pero su amiga le reavivó el valor que le dio hace ocho años. Sabía que las cosas no serían las mismas una vez dijera todo lo que sentía… como hace ocho años, pero ya no eran tan jóvenes. Pensó en demostrarle de la forma más pasional su amor… si se llegase a dar… lo haría de la forma más complaciente y amorosa.
Ambos se sorprendieron que sin objetar aceptaran quedar para cenar una noche, no intuyeron que quisieran llegar a lo mismo, por lo menos, a la hora de terminada la cena y una breve charla donde el tema eran los viejos tiempos.
Se besaron sin mediar palabra alguna antes de ese acto, ni siquiera para desprenderse de toda vestimenta, parecía algo que no necesitaba instrucción alguna; sin embargo, ambos no notaron lo brusco y casi salvaje modo en que lo hacían.
Lincoln estaba sobre Sam desnudo, Sam observaba como podía al rostro de Lincoln. Algo no estaba bien, las luces no les brindaban ayuda porque no estaban encendidas, la oscuridad les jugaba en contra, y eso lo demostró cuando Lincoln se vio a sí mismo. En cambio Sam sentía que alguien de su horrendo pasado la sometía.
El poco fulgor nocturno no servía porque no llegaba a la litera, ese poco brillo no pudo evitar que Lincoln tratase de ahorcar al pequeño Lincoln o que Sam no evitara llorar por saber lo que le haría Pad o el jardinero.
Las lágrimas de Lincoln revelaban como la figura de él cuando era pequeño se esfumaba y volvía a Sam que no lloraba por su intento de asfixia y evitar todo el sufrimiento que cargaría el pequeño… ella lloraba porque nuevamente no podía hacer nada. Tanto que hizo antes, durante y después del orfanato… ¡No valía nada para ella en estos momentos! … No valía porque aún cargaba con aquel abuso… ni siquiera intentaba oponerse.
Se notaban con mucha agitación y miedo, pero Lincoln cubrió con la delicadeza que le podía ofrecer a Sam en esos momentos. Al estar cubierta hasta sus pechos, Lincoln solo se acostó dándole la espalda, no tenía fuerzas para ir a su habitación.
Antes de que cayera rendido a todo ese brote de duros recuerdos, Sam lo abrazó. Sam lo tenía envuelto con su brazo derecho con el que tocaba su pecho y su cabeza tocando la espalda de su amigo. Sam se mantuvo sollozando por unos minutos hasta que se durmió.
En la ventana de Sam no se podía observar el cielo, pero no era necesario para saber que estaba oscureciendo como hace años cuando Sam lo rescató de ese tren con destino a alguna ciudad del Estado en donde realizan su vida. Las cosas no podían terminar ahí, se tenían que remediar.
Sam despertó lentamente, sentía que había arruinado mucho más las cosas con Lincoln, necesitaba pedirle perdón. Decidió despertarlo con un beso en la mejilla como mínimo, pero al querer dárselo, notó que abrazaba solo un par de almohadas.
Al caminar desesperada por toda la casa, vio una nota en la mesa, en aquella nota decía que llamó a su empleo y les dijo que estaba enferma. Añadió también que hoy llegaría tarde de su trabajo.
Se sentó en la mesa de la cocina, estaba solo cubierta con la sábana de su habitación. Faltaban pocos minutos para que sean las dos de la tarde.
Regresó a su habitación, se cambió para salir a caminar y al querer tomar unos aretes de su aparador, vio la carta que le había enviado Luna y recordó que Luna quería verse con ella a las cinco en una determinada dirección.
Salió rumbo al centro de la ciudad, notó mucho alboroto por las calles, muchos adolescentes en una fila al lado de un estadio de béisbol. En los carteles de allí se podía apreciar que mañana sería el concierto de Lulu, la promesa de la música.
Almorzó en un restaurante, al mirar alrededor, le impactó mucho que personas más jóvenes que ella disfruten esos momentos con esa persona especial. La terminó deprimiendo un poco porque pensaba que nuevamente lo arruinó con Lincoln.
Faltaban minutos para que ya fueran las cinco de la tarde, al ir a la dirección indicada, se dio cuenta que era una calle paralela a un hotel cinco estrellas.
Faltaban pocos minutos para que sean las cinco y mientras observaba que muchas personas estaban a la espera de que alguien famoso saliera, Sam deducía que Lulu era la que se alojaba allí.
—Sígueme —una mujer vestida con gabardina, pañuelo y lentes le habló.
—¿Disculpe? No la conozco —Sam fue seria con la mujer.
—¿Quieres ver a Luna, no? —le tomó del brazo.
—¿Usted como sabe eso? —eso le daba que pensar.
—Solo sígueme, Sam —dejó de hablar con una voz adulta y retomó su voz joven.
La mujer la llevó por un callejón que, por uno de esos pasajes, daba con la salida de emergencia del hotel, por donde entraron las dos mujeres. Sam estaba asombrada por lo que pasaba.
—Es bueno verte nuevamente, Sam —lo decía mientras entraban al ascensor.
—Luna… ¿Qué haces aquí? No me digas qu… —las palabras se perdieron.
No se esperaba que Luna se quitara la gabardina y el pañuelo para mostrar su nuevo estilo. El cabello rosa y el maquillaje que cubrían sus pecas la hacían alguien muy irreconocible.
¿En qué momento Luna había decidido tomar ese nuevo estilo? ¿Por qué tomar ese estilo? ¿Por qué después de años de éxito recién la quiere ver?
—L-Lo sé… sorprende un poco… a mi familia también le sorprendió esto… pero no es fácil de contar —se sentía avergonzada.
—Tómate tu tiempo porque yo me tomaré el mío… es algo sorprendente… hace mucho dijimos que nos propondríamos llegar a esto y… lo has hecho… te felicito —le dio un abrazo sincero.
Al llegar al piso indicado y entrar a una habitación de lujo, Luna le contó toda esa travesía para ser famosa, pero no fue algo que quisiera al cien por ciento. Todo fue por necesidad de solventar a la banda.
Luna había decidido dejar la casa para comenzar su proyecto de ser estrella de rock. Nada fue fácil porque pasaron de todo. Rechazo, poco público en sus pequeños conciertos, días donde no podían ni tener algo para comer, entre otras cosas.
Un día ellos al no tener tanta gasolina, tuvieron que pasar la noche en una ciudad de Michigan hasta poder conseguir dinero para la gasolina. Un amigo de Luna vio un cartel que decía que había concurso de canto, habría una paga.
Luna no dudó en entrar a ese concurso y ganar por tener un gran control de voz. Eso entusiasmó a los promotores de ese pequeño concurso, tanto así, que le ofrecieron unirse a un proyecto de música que consistía en lo que sería Lulu.
—No te voy a mentir que por unos momentos la idea me sedujo vilmente. Me rehusaba a dejar mi estilo, pero por todo lo que pasé con mis amigos… el tiempo que estuvimos… yo ya pasaba penurias, por eso no podía verte seguido, yo motivaba a mi banda a seguir… es por eso que me sume a ese proyecto pop… mis ganancias las iba a repartir con ellos —hizo un alto para encender un cigarrillo y ofrecerle a su invitada—. El proyecto sonaba bien, pero en ejecución fue un desastre, ahí fue donde mi banda entró. Todo los álbumes, la producción y las composiciones que Lulu logró a lo largo de estos años es gracias a mi banda —se sentía alegre por estar con sus amigos hasta esos momentos.
—Es grandioso todo lo que me cuentas Luna… quizás no es la forma en que lo querías, pero lo compartes con los que seguían el mismo sueño que tú —le tomó del hombro.
—Pero no todos… —tomó las manos de Sam— faltas tú.
Eso fue un momento tenso e incómodo para Sam, volvía a sentirse como al inicio de la relación, confundida y con un profundo objetivo de escapar a sus verdaderos sentimientos.
—Sé que ha pasado mucho tiempo desde que estuvimos juntas —no le soltaba sus manos a Sam, quería tranquilizarla con sus palabras—, pero mis sentimientos hacia ti no han cambiado —le sonreía de una manera dulce—. Si mis amigos están a mi lado, ¿por qué tú no? —dejó sus manos con delicadeza y se levantó—. Los de la disquera me han dicho que Lulu pronto hará dúo con… ¡Mick! ¡¿Te lo imaginas?! —se sentía alegre— Es un disco que quiere recaudar dinero para África… muchos artistas se juntarán… para el próximo acto benéfico, pero lo más importante es que si esa canción logra buenas posiciones en las listas musicales… Lulu no solo será pop… seremos estrellas de rock, en definitiva… lo que siempre soñamos nosotras y la banda —se sentó frente a ello otra vez—. Te necesito como guitarra principal… es una oportunidad que nunca te imaginaste, te lo aseguro… ¿qué dices? —esperaba una respuesta afirmativa.
Sam se notaba muy conmocionada, muchas cosas sucedían en poco tiempo, aún pensaba en lo sucedido anoche, pero algo le decía que el llamado era para algo grande.
—Es una gran oferta, pero… —tenían que salir las palabras— es algo muy repentino… —se notaba muy insegura.
—Sam… no es para pensarlo tanto… me contaste que eso era lo que tanto querías, ¿no? —se notaba que los ánimos en Luna decrecían.
—Luna, no es tan sencillo… después de mucho tiempo nos volvemos a ver… me ofreces algo muy… muy grande… reunirte con tu artista… me recuerda un poco a ese incidente, pero olvidemos eso —no sabía qué contestar—. No puedo darte una respuesta ahora, lo siento.
La chica de antiguos cabellos castaños abrazó a la rubia, sentía que la estaba presionando de más.
—Tu respuesta puede esperar un mes —le tomó del hombro—. En un mes si lo piensas bien, te espero en la estación de trenes de Nueva York... —sintió que su amiga no dejaba de tener un rostro de confusión—p-pero yo te invité no solo para eso, quiero que me cuentes todo lo que has hecho y yo también contarte muchas cosas mías.
Sam dejó de pensar en la oferta por unos momentos y quiso pasar unos agradables momentos con su amiga y exnovia. Aceptar aquello era el adiós definitivo a Lincoln.
Conversaron tanto que las horas pasaban como si fueran minutos y ya eran cerca de las once de la noche.
En una de las tantas conversaciones, Luna mencionó que donde hizo la audición de Lulu fue en donde había sido su ciudad natal, una ciudad que era algo borrosa en sus memorias, por eso no recordó que allí estaba su antigua casa abandonada, en donde pudo haber pasado la noche aquella vez. Mencionó también la dirección de su antigua casa.
Esa mención de Luna hizo que Sam lo asociara con aquel recuerdo incompleto de Lincoln. La dirección encajaba perfectamente con la de su amigo.
—Sam… solo piénsalo… también quiero que pienses en ti… Lincoln ya es un hombre… y tú una mujer… es momento de que forjes tu sueño —le dio un gran abrazo y un beso en su mejilla, no negaba que ansiaba probar los labios de Sam—. Un mes… solo eso.
—Lo pensaré, cuídate —se despidió y salió acompañada de un trabajador del hotel.
Mientras bajaba en el ascensor, le preguntó al trabajador si podía conseguirle una guía telefónica, le contestó afirmativamente.
El trabajador tardó unos minutos y le dio la guía telefónica, ahora la acompañaba a parar un taxi.
Lincoln estaba sentado en un puente, miraba el agua, ya eran más de las diez de la noche. No había ido a su trabajo, no se sentía muy bien. Sentía que había empeorado las cosas con su amiga, recordó la posición que tomó… parecía que la estaba sometiendo como se lo hicieron a él y probablemente a ella. Sam debía intuir cuánto la quería, pero ya no creía que pudiera haber otra oportunidad para hacer aquello que anhelaban sin ser directos con las palabras.
Mientras miraba el río se daba cuenta que si Sam continuaba con él no podría llegar a lo que quiere. Pensaba que quizás el error está en la dependencia del uno por el otro.
—Tal vez —se levantó mientras hablaba para sí mismo— la felicidad en realidad es el alejarnos —suspiró y miró más allá de aquel río—. Juntos somos más propensos a recordar aquellas cosas… supongo que debo dejar a Sam… es lo mejor para ambos —se sentó nuevamente en el borde de ese puente—. Con alguien que no sea yo podrá estar mejor… lentamente el recuerdo de su tragedia se irá… así debe ser… pero —se levantó nuevamente y miró el reflejo del cielo nocturno— trataré de que cada vez que me recuerde no se lleve el recuerdo de su amigo que tiene marca de la tragedia… haré que se lleve lo mejor de mí —bajó de allí y empezó a caminar de regreso—, haré que su estadía en este lugar sea lo mejor porque me voy a la casa de Clare —todo quedaba en su mente.
Sam llegó antes que Lincoln, se sorprendió de no verlo allí, no pensó que el trabajo lo llevara a más de la medianoche. Aprovechó para revisar las direcciones del directorio de Michigan y compararlas con las otras ciudades.
Llegó después de Sam porque notó todo prendido, pero aún estaba avergonzado como para dirigirle la palabra. La rubia escuchó la puerta y apagó la luz de su habitación, no quería que Lincoln se enterara de lo que estaba haciendo. El muchacho se dio cuenta de las luces apagadas así que solo abrió un poco la puerta y notó que Sam estaba envuelta en sus sábanas. Sintió que quizás lo de ayer sí le afectó mucho. Cerró la puerta con discreción.
Ojeaba todas las páginas buscando un Royal Woods en varias ciudades, esa guía telefónica parecía una enciclopedia. En Michigan, específicamente en Royal Woods, estaba la dirección que enlazaba con el recuerdo de Lincoln. Había varias direcciones de Avenida Franklin 1216, pero solo Royal Woods y una ciudad más eran las que encajaban con la "R" y la ya mencionada dirección. Pero eso solo decía dos cosas: Primero que nada, Luna tenía que estar unida a Lincoln, pero ella le mencionó en ese tiempo a sus hermanas y a sus padres, jamás habló de un hermano o un primo. Segundo, tenían que ir sí o sí para estar seguros de eso, algo no andaba bien allí. Todo se tornaba muy confuso y muy irreal.
Un momento, ¿por qué hacía y por qué haría eso del viaje? ¿No era ella la que decía que si lo habían abandonado era porque no lo querían? ¿Para qué crear una posible herida? Todo eso era como una despedida, un agradecimiento por acompañarla en esos momentos. Sabía que su amigo siempre pensaba en eso, aunque, si él no querría saber aquello, ella se abstendría de querer averiguar eso.
En la mañana, Lincoln sirvió el desayuno para él y Sam, necesitaba decirle que se iría de allí. Sam necesitaba decirle dos cosas muy importantes a Lincoln, pero primero una.
—Sam… quiero decirte algo antes de… no sé por dónde empezar —se sentía inútil.
—Lincoln, no es solo tu culpa, ambos no supimos cómo demostrarlo, recuerda que ambos cargamos con eso —le tomó de las manos—, ambos hemos sufrido, y lo superaremos.
Se sentaron y empezaron a desayunar, Lincoln no sabía cómo decir aquello, pero Sam se adelantó a hablar cuando él ya iba a tomar la palabra.
—Necesito que el sábado te desocupes, necesitamos ir a un lugar fuera de Kentucky —lo dijo con algo de seriedad.
—¿Fuera de la ciudad? —eso le pareció extraño.
—¿Recuerdas que antes nombrabas una dirección que recordabas a medias debido a tu amnesia? —quería que la pregunta le infundiera dudas.
—Sí… ¿Y eso que tiene que ver? —no captaba el mensaje.
—Sé cuál es la dirección a la que te refieres —bebió su taza de café y miró su reloj—. Ya debo irme, necesitas saber muchas cosas.
Se levantó, tomó su abrigo y salió antes de que él le dijera lo que tenía que decirle, pero Lincoln se había quedado muy estático. Él ya planeaba dejar eso atrás y ahora ella, que tanto le exigía olvidar eso, le decía que sabía la donde estaba la dirección que él dijo a veces.
Cada uno pasó momentos un tanto deprimentes, Sam pensaba en lo genial que debía ser la vida de músico, pero dudaba de que todo fuera real, era tan repentino. Lincoln pensaba en cuál sería el siguiente paso después de volver a ese pueblo. Ninguno dijo lo que quería realmente decir. Decir adiós no era fácil.
En el transcurso de esos días, Sam le dijo que le diría todo allá, pero si él ya no quería saber sobre eso, solo debía decírselo. Lincoln no dijo nada porque quería saber sobre su pasado.
Lincoln actuó de manera deferente con Sam esos días. Ella se siente como si fuera alguien muy importante o al menos eso parecía con el trato de su amigo. Era como una forma de compensar lo de esa noche, pero… ¿en verdad era eso? Y si lo era… ¿debía compensarse de esa forma?
El día viernes acababa, se notaba al muchacho ansioso, la chica estaba muy pensativa. Cada uno estaba en su habitación, viajarían el sábado por la mañana.
—Lincoln, ¡alto! —habló en voz alta al escuchar unos pasos y ver que su amigo se quería ir solo.
—Sam… —no dijo nada más porque hizo que entrara a la habitación de ella.
—Siéntate y espérame —lo trató como un niñito.
Las luces estaban encendidas, Lincoln estaba impaciente, pero esa impaciencia se transformó en nervios y tornó su rostro de un color claro a uno rojizo.
Sam se estaba desvistiendo frente a él para ir de una vez por todas a ese lugar y saber, si es que se pudiera, el pasado de Lincoln.
—No entiendo cómo quieres ir solo si se supone que estamos juntos en esto —se ponía su pantalón—, yo fui la que terminó descubriendo eso —se puso un sujetador—, no solo es Royal Woods, también es otra ciudad, no seas presuroso —se puso una blusa—, no te confíes… es solo una corazonada —se terminó de vestir.
—¿Por qué exactamente Michigan? —preguntó mirando a otro lado.
—Te lo diré después —tomó su bolso y salió de la habitación.
Ambos salieron para abordar el tren de la medianoche e ir a Royal Wood lo más rápido posible.
En el camino, Sam se quedó dormida en el hombro de Lincoln. Él solo inclinó un poco su cabeza para estar más cerca de ella, pero sabía que era mejor guardar todo lo que siente. Miró por la ventana todo el camino.
Llegaron cerca de las ocho a Royal Woods. Lincoln sintió algo en su cuerpo al entrar a esa ciudad, su rostro mostraba poca sorpresa, en lugar de eso sintió escalofríos.
Al descender del tren y salir de la estación, decidieron ir caminando al vecindario porque, según un mapa que tenían, no era tan lejano.
Al pasar por la escuela primaria de allí y un parque le vino un dolor de cabeza que casi lo desmaya. Pero dejó en claro que seguirían.
Caminaron hasta llegar a la dirección indicada, era de día y había muchas personas en aquel lugar. Decidieron esperar a que fuera de noche y cerca de las cero con cero horas. La casa se notaba algo antigua, poco cuidada y no era nada agradable a la vista.
La entrada a esa casa había sido forzada previamente porque se notaba la manija algo doblada. Al entrar evitaron pisar fuerte porque quizás alguien haya invadido el lugar, tal vez un vagabundo o un adicto.
La casa tenía una mesa enorme, una vieja televisión, una cocina con artefactos de hace veinte años, pero lo más extraño fue ver muchos cuadros de fotos, pero sin nada y dejados en el mismo lugar. Tenía un sótano, que al revisar no había nada, solo una vieja lavadora, y una habitación, en el primer nivel como lo anteriormente mencionado.
Al subir al segundo nivel, notaron que había siete estancias, cinco eran habitaciones, una un baño y la última era algo parecido a un almacén, pero no lo aparentaba tanto porque había un aparador que no había sido quitado junto a algunos juguetes. Lincoln al observar el cuarto, comenzó a decir que tenía un dolor de cabeza.
—Si quieres mañana podemos seguir —le dio otra opción.
—N-No, sigamos —trató de dar quejas.
Las habitaciones de ese nivel parecían que habían compartidas porque las separaciones eran de dos, excepto por la última que solo había una cuna y la que parecía almacén.
Sam decidió revisar el ático y después revisar el patio, aunque no era necesario.
Bajó la escalera al ático, lo raro era que no estaba empolvada, eso le advirtió que posiblemente alguien esté o haya estado allí.
Lincoln subió primero porque quería acabar con ello de una vez por todas, no había indicios de que él tuviera algo que ver con eso.
Al subir se dieron cuenta que todo estaba sucio, pero nada empolvado. En ese momento alguien enciende una lámpara.
—¿Qué hacen aquí? —dijo un hombre.
—Disculpe, solo estábamos investigando algo —dijo Lincoln con seriedad.
—Lo que dice mi amigo —respondió de la misma manera.
—No hay porque ser agresivos, no les haré nada, ¿pero saben que esto es propiedad privada? —les preguntó con amabilidad.
—Le preguntaría lo mismo a usted —respondió Lincoln.
—Sí, pero yo hago algo a cambio, la cuido como puedo —dejó en claro eso mientras abría una lata de atún.
—¿Usted conoció a la familia de esta casa? —preguntó la rubia.
—Por supuesto, como algunos de los vecinos de edad adulta de esta calle —comenzó a reír, pero hizo un alto—. Todos conocimos a los Loud, a los escandalosos del vecindario —su semblante cambió a uno serio.
—¿Sabe si ellos tuvieron un hijo? —Sam no quería perder el tiempo con ese hombre.
—¿Que si tuvieron un hijo? Tuvieron once en total, aunque… —fue interrumpido.
—Me refiero a si tuvieron un hijo hombre —trató de ser más específica.
—Aunque su hijo número once llegó después de que perdieran a unos hijos —dejó su lata de atún a un lado—. Entre ellos estaba un niño.
—¿Cómo era el niño? —preguntó con seriedad.
El hombre solo fijó su mirada en Lincoln, el cual se notaba desconcertado y algo agitado por observar todo lo que lo rodeaba. Sam no se dejaba llevar por el asombro.
—Pero si quieres comprobarlo, puedes rebuscar en las cajas y encontrar una foto —dijo eso y procedió a comer su atún.
Lincoln se le adelantó y empezó a rebuscar con desesperación en las cajas, pero mientras más observaba las fotos, más dolores de cabeza tenía hasta que al observar una en específico hizo que cayera al suelo. Sam lo iba a levantar, pero Lincoln le entregó la foto para que corroborara.
En esa foto se podía ver a una familia enorme, entre ellos estaba un muchacho similar a Lincoln con una edad parecida a la que tenía cuando lo conoció. Y una chica muy similar a su amiga y antigua novia.
—D-Duele… d-duele mucho —trataba de levantarse, pero el dolor producido por los recuerdos se lo impedía—. F-Fuimos a Arkansas por... —empezaba a contar su historia, pero con mucho miedo.
El señor Lynn Loud decidió ir a esa ciudad para presentarse en un concurso de comida que posiblemente le dé algo de fama, pero también porque era algo parecido a una feria.
Para llegar allí más rápido, la furgoneta de la familia que manejaba el señor Lynn se desvió del camino para llegar más rápido, estaban retrasados y tenían poca gasolina.
Al adentrarse por unos caminos de fango, vieron a lo lejos, ocultos por unas ramas y arbustos, como a unas mujeres y niños se las llevaban atadas de pies y manos dentro de un camión. Las personas de allí tenían armas, eso alertó a los señores Loud.
Al querer retroceder, un neumático se atascó en un hoyo de ese fango. El señor Lynn y su esposa Rita Loud se dieron cuenta que los hombres se dieron cuenta del ruido del auto al querer salir de eso.
Los niños estaban aterrorizados, el hermano abrazaba a sus hermanas mayores, en especial a Luna. Un hombre apareció detrás del auto e hizo que bajaran porque los amenazó con un rifle.
En ese lugar torturaron a las niñas Loud; a sus padres, a su hermano y a la bebé llamada Lisa no les hicieron nada. Lincoln solo fue puesto a observar las torturas hechas a sus hermanas por esa organización que traficaba con menores y mujeres.
Fueron dos días de una tortura no solo física, sino psicológica en todos. Los padres no entendían cómo podían hacer eso a unos menores. Uno de los hombres le respondió que no debió pasar donde no debía, aunque eso se podía poner en cuestión debido a los temblores y sonrisas que mostraban en esos actos.
Al tercer día, ellos debían dejar ese bosque e ir a otra ciudad para seguir moviendo el negocio. Se dieron cuenta que la familia estaba quebrada mentalmente, no parecían los mismos de hace dos días atrás.
Les dijeron que usualmente a las familias que están bajo su mirada, le quitan a todos sus hijos, pero nunca se toparon con una tan numerosa. Uno de los hombres le dijo que debía dejar a tres hijos.
Los señores Loud sin decir nada hicieron que sus hijas mayores se colocaran detrás de ellos. En los menores… ahí fue lo más difícil… la señora Rita y Lynn no sabían qué hacer, pero la presión aumentó cuando uno de los tipos le apuntó con un arma a su bebé, les dejó en claro que debían ser más rápidos o perderían a todos, empezando por la bebé.
Rita le tomó la mano a Lucy. El niño tomó la mano de sus hermanas gemelas y trató de irse con sus padres, pero fue imposible, esos hombres se los llevaron. Sus padres no dieron la vuelta para nada.
Los hombres les dijeron que si dicen una sola palabra de esto a la policía o a alguien, ellos le quitarán a sus demás hijas para abusar de ellas a la vista de ellos. Le confirmaron eso al tener la identificación del señor Loud.
Los hombres al irse con los tres en su coche, recibieron la llamada de un jefe que les dejó en claro que no necesitaban niños en las ventas.
Un hombre llevó al niño a una parte elevada de ese bosque, justo donde había una cascada, sin hacer tanto drama lo lanzó. Una caída de esa altura nadie sobreviviría, aunque… si el mundo quería que el niño sufriera más de lo que debía… viviría. Aquellos hombres tenían una visión nihilista de la vida.
El niño fue arrastrado por ese río, por varios minutos, hasta que el niño logró llegar a la orilla. Caminó y caminó por todo el bosque para hallar una salida y poder encontrar a su familia, pero el cansancio, el trauma por la tortura vista y la decisión de sus padres le quitaban las ganas de seguir. Encontró una pequeña colina, la trató de trepar, pero al estar cansado en todos los aspectos, terminó cayendo a pocos metros de llegar a la autopista. Se golpeó la nuca con un árbol que estaba cerca a la parte baja y se quedó inconsciente por dos días...
El hombre ayudó a que Lincoln se levantara, sonrió al verlo, no había dudas de que era él, pero… ¿cómo puede estar allí?
—Recuerdo haber escuchado de mi madre las siguientes palabras: "Son menores, no recordarán, hasta se olvidarán de nosotros" —Lincoln empezó a llorar—. ¿P-Pero por qué y-yo no conté?
—Usualmente la frase dice: "Poner a salvo a mujeres y niños, pero eso aplica cuando hay hombres adultos que puedan salvarlos" —lanzó su lata de atún a un lado—. Pero en una familia donde la mayoría son mujeres, tienen una bebé, un varón está sobrando —lo dijo muy serio.
—¿Pero qué me dices de las gemelas? —le replicó Sam con enojo.
—Son gemelas… es como perder a una; además, eran menores, ellas serían las que no recordarían nada. Disculpen por mi frialdad, pero así yo lo veo —suspiró de tristeza.
—Pero… ¿Qué pasó después de eso? Dijiste que los llamaban la familia escandalosa, ¿eso tiene algo que ver con mi anterior pregunta? —Sam tenía más dudas que su amigo, o al menos parecía eso.
—Cuando los señores volvieron… nada fue lo mismo en este vecindario —sacó un cigarrillo—. Las niñas gritaban por las noches y eso causaba malestar e inquietud en los vecinos —exhaló el humo al techo—. La policía llegó a entrar a su casa para averiguar aquello, pero determinaron que no había nada raro —expulsó el humo a un lado—. Los vecinos sabían que ellos empezaron a frecuentar a una psicóloga, la doctora López analizó a todos allí, pero el diagnóstico quedó en habladurías —exhaló nuevamente al techo—. En verdad, las niñas desarrollaron un mecanismo de defensa parecido a la negación, mejor dicho de represión. Todo eso era como una consecuencia de pasar por lo peor. Lo que más me asustó es que no solo ellas reprimieron eso, sus padres entraron en ese mecanismo de defensa —arrojó la colilla y la pisó—. Recuerdo que ellos al inicio decían que su hijo y sus gemelas estaban donde unas tías, pero… —miró con tristeza al chico— cuando le pregunté al señor Lynn nuevamente sobre su hijo y las gemelas antes de que abandone la casa, me dijo que no sabía de qué hablaba, que él nunca había tenido un hijo —señaló las cajas—. Deduje que las niñas estaban aterradas por la decisión que tomaron sus padres, es por eso que ellos retiraron todas las fotos, porque te recordaban a ti junto a las gemelas —se levantó—. Si vinieron acá es porque alguien que estuvo en torno a los Loud les ha dicho esto, no creo que por unas simples investigaciones hayan llegado a esta conclusión… ¿me equivoco? —miró a Sam.
Sam solo miró a Lincoln que se incorporaba con dificultad y se acercó al hombre.
—¿Usted qué era de ellos? —se le notaba inexpresivo.
—Yo trabajé para el señor Loud —le dio la mano aquel hombre rubio—. Mi nombre es Grant, solo vengo acá a veces, procuro proteger estas cosas porque espero que algún día Lynn y Rita o sus hijas recuperen su cordura y vengan para recogerlas —se quitó el saco que le daba la apariencia de vagabundo—. Si quieren pasar la noche en mi casa y saber algunas cosas más, están invitados.
—Gracias, nos encantaría —expresó Lincoln llorando.
Salieron de la casa de manera cautelosa de allí. Al llegar a la casa de Grant, les dijo que las niñas en sus últimos días en la ciudad, se recuperaron, pareciera que no eran esas chicas que no salieron por un buen tiempo y gritaban en las noches. Les dijo que antes de ir tuvieron a una mujercita más los Loud. Él era como un mejor amigo para el señor Lynn.
—¿Irás a buscarlos? —fue directo.
Sam solo permaneció en silencio, Lincoln miraba el plato de la cena que les ofreció Grant. Parecía que se iba alargar y volver incómodo el momento.
—He pasado por cosas tan terribles como eso, esos señores y sus hijas han formado una nueva vida. Si llego yo… probablemente les haga revivir ese infierno que de una manera lo han logrado enterrar… —recordó cuando conoció a Luna, rápidamente asoció su primer desmayo— créame cuando le digo que lo deben haber logrado enterrar bien —reanudó la degustación de la cena, Sam se dio cuenta a lo que se refería.
Grant lo miró con tristeza, pero era lo mejor que podía elegir después de tantas tragedias. El hombre se dio cuenta con solo observarlos detenidamente, se notaba claramente que sus palabras acompañadas con su comportamiento denotaban una oscura experiencia. Pero también un apego notorio con la chica rubia.
En la noche ambos se acostaron en una sola habitación porque Grant no dudó en que ellos eran algo parecido a novios.
Sam y Lincoln durmieron con una lámpara encendida. No hubo acuerdo mutuo, solo acciones paralelas que mostraban lo atemorizados que estaban por la noche pasada.
Se fueron en la mañana de allí, agradecieron a Grant por aquel gesto, caminaron hasta la estación de trenes. Lincoln no dejaba de observar con tristeza todo.
—Luna hizo mención a esta ciudad y dirección… nos reunimos hace días… —lo decía mirando a las personas de la otra acera.
—Era más que obvio, pero no pensé que te hubieras reunido con ella, suponía que lo habías recordado de alguna antigua charla —lo dijo con amabilidad.
Sam hizo un alto, Lincoln se detuvo después de un par de pasos, se podía sentir una atmósfera de impaciencia.
—Y-Yo voy a irme con Luna… —fijó su mirada en Lincoln— es lo mejor… —trataba de ser firme.
—Me parece… genial —solo respondió eso.
Se quedaron parados, Lincoln le daba la espalda para no mostrar lo mucho que le estaba doliendo eso. Sam esperaba otra reacción de Lincoln, en verdad esperaba algo que la hiciera arrepentirse.
—Yo también me iré, pero donde Clare, me refiero a su casa —miraba lo que faltaba de camino para la estación.
—Lincoln… —su mano se levantó, parecía que quería tomar algo.
—Supongo que una oportunidad para la música se ha presentado, ¿me equivoco? —volteó a verla con una leve sonrisa.
Si él no estaba triste, ella por qué debería estarlo. Si él estaba alegre por la oportunidad suya, ella por qué no mostraba la suya.
En el camino le contó todo lo de Luna y su camino para ser Lulu, eso sorprendió a Lincoln. Y muchas cosas más que le ayudaron a entender el porqué Sam se iba con Luna. Todo antes de llegar a la estación.
Hasta llegar a Kentucky, Sam no habló. Lincoln se sentía feliz porque su amiga lograría algo que su amiga esperaba desde hace mucho, y eso era bueno. Pero siempre había algo a cambio, como dijo alguna vez años atrás: "Lo bueno viene con un sacrificio". Aquel sacrificio era dejar a Lincoln.
Sam no le preguntó las razones de su decisión a Lincoln porque dentro de ella no podía aceptar que su amigo también haya tomado su decisión. No podía aceptar que él lo tomara de la mejor manera mientras ella sufría por dentro.
Los días pasaban y Lincoln tenía una mejor actitud, se notaba muy entusiasmado y alegre por la noticia de Sam.
La rubia poco a poco entendía que su amigo había aceptado que la separación dejaba de parecer inevitable.
Eran sus últimas semanas con su amigo, debían ser las semanas más inolvidables, debían ser algo que recordara en sus noches más oscuras, en sus días más tristes, y en toda situación de adjetivo negativo.
Después de tiempo tienen conversaciones agradables que no se interrumpen por la dificultad de guardar sus sentimientos.
Faltaban tres días para el día que Sam debía partir para encontrarse con Luna. Esos últimos días los pasaba charlando hasta tarde con su amigo, no dejaban de recordar sus anécdotas a lo largo de su vida de amigos.
Pero en esa noche… esa noche era tan distinta, se notaba en lo desbordante y lo transparente que eran al hablar y contarse cosas que en su momento se le escaparon de decir. Sus sonrisas lo demostraban. Un poco de licor ayudó.
Lincoln estaba tan cerca de Sam, sentía penetrante la mirada de su amigo, con una sola vista podía desnudar todo sentimiento en ese instante, con esa sonrisa le dejaba en claro que todo estaba bien… en realidad siempre estuvo bien. Recién aprecia con claridad que lo mejor que pasó en su vida fue que la cruzaran con el camino de Lincoln.
Sin mediar palabra alguna y sin sentirse forzados, ambos se dieron un profundo beso. Uno que los mantuvo desconcertados por varios minutos. Lo hacían con una dulzura que nadie imaginaria.
Lincoln acarició el rostro de Sam al parar por unos momentos aquella muestra de amor. Se levantó y dio su mano a Sam para que lo acompañara a consumar aquello que no pudieron ni empezar bien.
La desvistió con gentileza, se desvistió sin notar impaciencia. Estaban en su habitación, la luz de la Luna les mostraba el lecho donde demostrarían cuando significaron para la vida del otro.
Sam temblaba al estar desnuda, pero no de miedo… era vergüenza e incomprensión… se sonrojaba que Lincoln fijara su vista en su desnudez y no captaba porque sus temores no la seguían.
Lincoln le tomó su mentón y le plantó un beso para que dejara de pensar en otras cosas y se concentrara en lo inolvidable que le haría esa noche.
La acostó sin dejar de besarla y acariciar su hermoso cuerpo, Sam solo se dejaba llevar por el trato de Lincoln.
Nuevamente estaba sobre ella, pero esta vez las miradas no expresaban otra cosa que deseo… el deseo de ser uno… por esa noche ser la felicidad del otro.
—Sam… piensa en algo lindo, en algo que te ayude a seguirme el ritmo —empezó a besar su cuello.
—T-Tú también... —sus manos atraparon su espalda para acariciarla.
Nuevamente, como muestra de que estaban tan unidos, juntos hicieron algo… ese algo fue remontarse años atrás… exactamente cuando trabajaban con Flips… una tarde cuando decidieron descansar juntos en la parte elevada de un viejo granero… nadie más… solo ellos… felices con lo mucho que tenían… eso era la compañía y el cariño del uno por el otro, que en uno era notable y en el otro era discreto.
Sam no dejaba de entregarle todo a Lincoln y él no dejaba de recibir y devolverle todo. Esa noche fueron el uno para el otro, esa noche Sam entendió que Lincoln era algo más que su sueño… era…
Lincoln estaba sentado mirando a la ventana mientras Sam dormía desnuda sobre su vientre y tenía su mano derecha tomada por él. Se dio cuenta que la noche estaba tan clara… era un cielo de tonalidades casi celestes… como si fuera una hermosa mañana. Sam sonreía de una manera que a Lincoln le hizo derramar lágrimas porque era algo tan natural.
Sam despertó alegre y triste, se dio cuenta que Lincoln no estaba allí. Pensó que quizás se había ido como la otra noche. Recordar esa noche ya no le causaba pena o tristeza, parecía que aquello solo era un vago recuerdo que no le generaba algo.
—Que bueno que despiertas, preparé el desayuno para los dos —dijo Lincoln al sentir los pasos de su amiga.
—Lincoln —lo dijo muy sonriente.
—Ese soy yo —le respondió y siguió cocinando.
Sam iba a entrar a su habitación para ducharse y empezar el día con la alegría que le dejó la noche anterior.
En su cama estaba la guitarra que vio en el aparador de esa tienda cuando salió a caminar con Lincoln.
Lincoln sonrió al saber que ese beso en su mejilla y abrazo que recibía en ese instante eran porque le gusto el gesto a Sam.
Y llegó el día de la partida, Lincoln ayudaba a Sam a empacar unas pocas maletas, no necesitaba mucho porque iba a empezar nuevamente.
Llegaron para el tren del mediodía, Sam dejó una parte de sus maletas y su guitarra en donde se almacenaba el equipaje extra.
Se quedó mirando a Lincoln queriendo sonreír, pero no podía. Lincoln lo hacía con naturalidad.
—No es una obligación sonreír —le dijo con amabilidad.
—No me digas qué hacer, Blanco —se lo dijo dándole un golpe en su brazo en son de amistad.
—Sam… cuídate… por favor escríbeme —se lo dijo con un fuerte abrazo.
—Lincoln, prométeme que las responderás —lo abrazaba con ternura.
El tren daba el aviso de que ya debían abordar, pero ellos no querían acabar el abrazo. Lincoln tuvo que tomar aire y finiquitarlo.
—Cuídate mucho, Sam —movió su mano.
—Lincoln… —solo mencionó su nombre.
Lincoln se sentó junto a algunos que esperaban el siguiente tren, estaba cabizbajo. Sam estaba sentada acostada en la ventana del asiento de la ventana que no daba para su amigo.
El tren partiría en un minuto, y ambos no dudaron en empezar a llorar al no sentir la presencia cercana del otro.
Lincoln sabía que parte suya se iba con Sam, sabía que nunca encontraría a alguien como ella.
Sam se tapaba sus ojos para evitar derramar lágrimas, ya sabía lo que era Lincoln y aún así lo dejaba.
El tren comenzó a dar marcha, fue en ese momento que Lincoln empezó a correr con muchas lágrimas en sus ojos y a tocar la puerta de uno de los vagones del tren porque necesita hablar con Sam una vez más.
El tren tomaba más velocidad y alejaba el vagón donde iba la rubia. Sam no pudo abrir la puerta del vagón, buscaba la palanca de alarma, pero al estar desesperada, solo hizo una cosa, eso era correr hasta llegar al último vagón.
—No puedo… ya no puedo dejarte… desde el inicio siempre fue así… —hablaba en su mente mientras corría tras el tren— tal vez tuvimos un mal inicio, tal vez fui una carga en ese tiempo… pero me di cuenta que la vida no es lo uno cree… la vida es asquerosa, eso ya lo sé, pero… pero seguiría siendo así si no hago un último intento por no dejarte.
Sam corría y no se disculpaba con nadie, no podía permitir que por una idea errónea ella lo abandonara… lo perdiera otra vez… no podía guardarse otra vez lo que sentía.
—Te dejé una vez por no aceptar que eras mi amigo... te dejé una vez por no aceptar que me gustas… ahora no quiero dejarte solo porque no te dije que has hecho de mi vida algo que contradice todo lo que alguna vez te dejé en claro —en su mente solo rondaba estas palabras.
Lincoln ya estaba llegando a su límite, las lágrimas eran lo que le decían que aún debía dar todo de sí. Sam no dejó que las personas la detuvieran porque pensaran que ella estaba desquiciada.
—¡Lincoln!
—¡Sam!
Se lanzó alguna vez de un tren por él, lo iba hacer nuevamente. Lincoln con lo poco que le quedaba de energías la tomó en sus brazos. Ambos cayeron en el pasto que había al lado de las vías del tren.
Ahora Lincoln era el adolorido, pero poco le importaba porque Sam estaba a salvo. Sam lloró en su pecho.
—O-Otra vez me salvas de algo grave —no dejaba de llorar en su pecho de Lincoln—. Siempre estuviste para mí, pero… pero… ni siquiera sé qué decir.
—Y-Ya no digas nada, n-no digas nada, estás conmigo, estás conmigo… y-ya no quiero que te vayas o t-te alejes de mí —besaba con dulzura sus cabellos y la abrazaba —lloraba aún más.
—Te amo, Lincoln, te amo, te amo mucho —lo miró con lágrimas—. Eres mi mundo… eres la excepción, eres lo que contradice a este horrible mundo —lo llenaba de besos.
—Amor, mi cielo turquesa, eres la luz en esta oscuridad —tomó su rostro con delicadeza— Eres mi vida… eso es… eso es todo para mí —le dio un beso que sería más que inolvidable.
Lincoln entendió que no necesitaba un pasado porque Sam le dio un pasado, era su presente y su futuro. Ya había comprendido lo demás.
Sam comprendió que Lincoln más que un amigo y amor… más que un sueño… era su mundo… no… Él era su vida. Al fin encontró a quien rompía con el pensamiento de ella… el mundo no siempre era asqueroso, porque Lincoln era su mundo, entonces esa premisa anterior perdía valor.
Pasaron por tanto… era tanto… era tanto lo que le contarían a sus futuros hijos y nietos… les dirían que el mundo… el mundo es lo que los unió y nunca más los separaría.
Fin.
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Espero que hayan disfrutado este MiniFic devuelto por los 700 seguidores y terminado paralelo a la llegada de los 800 seguidores en Wattpad.
