"Mi nombre es Ikuya Kirishima. El segundo hijo de la familia más noble, descendiente directo de los reyes de este país, futuro gobernante de la costa oeste y sus alrededores. Un territorio inmenso y rico en metales. La mayor potencia militar del continente."
Un muchacho muy hermoso (la piel rosada, el cabello verde sedoso y los ojos color almendra) se despertó con el primer rayo del sol para empezar su día, en una elegante cama cubierta por almohadones bordados con hilos de oro y cortinas transparentes.
"Soy Ikuya Kirishima, y no se me permite olvidar nada de eso."
El dormitorio del joven noble estaba dividido en varios sectores. Una biblioteca con un fino escritorio con grabados de plata y sofisticados instrumentos para realizar experimentos científicos. Un área de descanso con una pequeña sala y un comedor perfecta para recibir visitas a la hora de la cena. Un balcón con un moderno telescopio y un caballete para pintar al aire libre, rodeado de un precioso jardín flotante. Además, un vestidor lleno de atuendos caros y adornados con joyas, diseñados para resaltar la belleza de su dueño.
- Buenos días, su alteza. – Un viejo mayordomo se presentó en la entrada de estos aposentos con un séquito de otros cinco sirvientes e hizo una reverencia. – Ahora, estaba a punto de ir a despertarlo.
- Ya no hace falta. – dijo el príncipe, manteniendo la distancia correspondiente a su rango. – Estoy levantado desde el amanecer.
- ¡Esplendido, señor! El desayuno está servido y sus majestades lo esperan en el comedor principal.
- Entiendo, iré enseguida. – Ikuya le devolvió el saludo con un movimiento de la mano y se retiró. – Gracias.
Este magnífico palacio es una fortaleza enorme e impenetrable con cuarenta habitaciones, ocho salones y cinco comedores para fiestas. El principal de esos se encuentra en el centro de la propiedad y puede contener hasta cien invitados, su piso está cubierto por mármol pulido, sus columnas poseen acabados en pan de oro y unas resplandecientes lámparas con cristales coloridos adornan el techo.
- Querido mío. – La dueña de casa llamó a su hijo menor, mientras disfrutaban una exquisita comida (en una mesa para treinta personas.) – ¿Qué horario tienes para el día de hoy?
- Mis clases acaban por la tarde, antes de la cena. – respondió Ikuya, con todo respeto y dispuesto a cumplir cualquier pedido.
- ¡Perfecto!, porque quiero que me ayudes a organizar los preparativos del baile para la caridad de la próxima semana. Las familias reales deben recibir sus invitaciones dentro de dos días.
- ¿Dónde está Natsuya? – El padre interrumpió la conversación para hablar con el jefe de los mayordomos.
- Mis más sinceras disculpas, su majestad. – suplicó el sirviente. – El príncipe Natsuya pidió no ser molestado en toda la mañana porque lo aqueja un insoportable dolor de cabeza.
- ¿Está enfermo? – La madre cayó en la mentira y dio una orden a su dama de compañía. – Llama a un médico, inmediatamente.
- Sí, mi señora.
- No seas tan inocente, querida. – le dijo su esposo, acostumbrado al comportamiento de su hijo mayor. – La fiesta de anoche debió dejarlo en ese deplorable estado... ¡No sé qué hacer con este chico!, huye de sus responsabilidades con el reino ¡Es vergonzoso!
- No te enojes, mi señor.
"Natsuya es mi hermano mayor y el primer heredero de estas tierras. Sin embargo, a veces siento que soy el único sucesor, porque mis padres siempre me encargan las tareas a mí y él se la pasa en fiestas, paseando por el pueblo o saliendo de viaje a países lejanos, como si no pudiera estar tranquilo dentro de este palacio. La verdad, existe una razón para eso, aunque nunca me imaginé que ocasionaría tantos problemas."
- Ikuya-kun. – El profesor privado del príncipe no tardó en darse cuenta de que su mente estaba en otra parte. – ¿Estás distraído?
- ¿Eh?... No. – El muchacho trató de concentrarse en sus estudios. – Lo lamento, Nao-sensei.
- No te preocupes, me enteré de que estarás a cargo de organizar el baile para la caridad. – Este joven de cabello plateado le sonrió con una mirada amable. – Esos ejercicios son la última parte, terminarlos y podrás ir.
- Sí, gracias. – Ikuya también lo hizo, demostrando que sentía un tierno cariño por su tutor.
"Él es Nao Serizawa. Un genio de las matemáticas y experto en todas las ciencias y artes, trabaja para esta casa desde mi infancia."
- Me gustaría ayudarte, pero tengo clases por la noche.
- No es necesario. Además, es responsabilidad para mi...
- ¡Buenas tardes!
El hijo mayor de la familia Kirishima irrumpió en la habitación sin llamar a la puerta o anunciar su entrada.
- ¡¿Natsuya?! – El joven amo se sobresaltó por su repentina visita. – ¿Qué estás haciendo aquí?
- ¿Acaso no puedo ver a mi hermano favorito? – preguntó él, mientras recostaba su cuerpo en un asiento y lo rodeaba con su brazo.
- Soy tu único hermano. – Pero Ikuya no cayó en sus mentiras.
- ¡Oh! ¡Qué duro! – Natsuya se echó a reír. – Nuestra madre me envió, quiere que te reúnas con ella lo antes posible, acaban de llegar los encargados del banquete para el baile... ¡Felicidades!, estarás organizando el evento más importante del año.
- ¿Ahora? – El menor de los herederos puso la vista en su hoja de ejercicios a medio acabar.
- Ya déjalo así, Ikuya-kun, seguiremos esta clase el día de mañana.
- ¡Muchas gracias, Nao-sensei!
El profesor se acercó a la mesa para recoger el trabajo y cruzó su mirada con los profundos ojos del sucesor al trono. El ambiente se calentó demasiado con este choque, por lo que Ikuya decidió salir del lugar para no sentir un fuego abrazador.
"Natsuya está enamorado de Nao. Un amor imposible."
El atractivo salvaje de Natsuya Kirishima contrastaba con los delicados encantos de su hermano menor. Esa cara no poseía ningún rastro de inocencia, sus rebeldes rizos castaños le daban un aspecto indomable y su aura candente y sonrisa cautivadora serían capaces de derretir al mundo ¡El hombre más deseado del reino, sin duda alguna!
"Mi hermano debe casarse con una princesa y darle un nieto a nuestro padre."
- ¿Por qué no aceptaste mi invitación?, estuve esperando toda la noche.
- A diferencia de ti, yo sí tengo que levantarme temprano al día siguiente. – El profesor respondió de forma muy seria, ignorando los reclamos.
- Dime, ¿cuándo podré verte? – Natsuya habló con enfado, pero Nao no se dejó conmover y le dio la espalda para continuar sus deberes.
- Tal vez, si retomara sus clases, me vería a diario, su alteza.
El príncipe no soportó esta fría actitud, ¡se arrojó sobre su sirviente y lo acorraló contra el escritorio!
- ¡Tú sabes que yo no quiero ser tu alumno!
Nao no se quedó inmóvil (cualquier persona habría desfallecido entre esos musculosos brazos) y apartó con firmeza a su amo, decidido a no caer en la tentación.
- Ese es el problema. – le dijo. – No puedes insistir con este capricho.
- ¿Capricho? – repitió él. – ¿Mis sentimientos son tan insignificantes para ti?
- Mi señor, pasa todas las noches en fiestas, su fama de seductor es reconocida en el pueblo entero, es probable que encuentre a otra conquista interesante para usted.
Natsuya se sintió avergonzado de sí mismo, pero inmediatamente agarró a su amado por la cintura y lo acurrucó en su pecho para susurrarle frases dulces al oído y jugar con sus mechones de cabello plateado.
- Eres el único que existe para mí, Nao.
- Por favor, no sigas. Ya te lo he dicho, no pienso convertirme en tu amante.
- ¡No quiero eso! – gritó Natsuya, desesperado. – ¡Yo quiero casarme contigo!
¡Nao lo golpeó con una bofetada, entonces!
El impacto resonó por la estancia. El príncipe se alejó sin intenciones de devolver el daño.
- ¡Escuche, su alteza! – La voz del profesor se destrozó por completo. – Lo mejor es que vaya y ayude a su hermano... Los miembros de la realeza asistirán al baile con sus hijas casaderas, es una gran oportunidad.
Natsuya ya no quiso oír estas palabras, pero aceptó la orden para demostrar a lo que estaba dispuesto por su amor.
- No lo olvides. No importa a cuántas me vea obligado a cortejar durante esa fiesta, nunca dejaré de amarte. Tú eres el hombre de mi vida.
Nao rompió a llorar tan pronto estuvo a solas. La situación resultaba cada vez más insoportable y dolorosa, a veces quería renunciar a su trabajo, pero no podría abandonar a su mejor amigo, lo amaba y deseaba ver que se convirtiera en un digno y respetado gobernante.
- Muchas gracias por tu ayuda, querido Ikuya.
- De nada. – El joven noble reverenció a su bella madre. – Es un placer.
- Por favor, termina las invitaciones y el mapa con la ruta de entregas, yo debo reunirme con el chef para arreglar los detalles del banquete.
- Sí, mi señora.
La dueña de casa se retiró del comedor principal junto a sus seis damas y su hijo menor esperó al encargado del correo.
- Buenas noches, Asahi.
- Buenas noches, su alteza.
Asahi Shiina (Un muchacho pelirrojo y apuesto) es un compañero leal de Ikuya desde la adolescencia, aunque sus personalidades son muy distintas y siempre terminan peleando por cualquier cosa. Asahi es impulsivo y enérgico, mientras Ikuya es tranquilo y callado. La única explicación para su amistad (que ambos aceptan) es porque no existen otros de su misma edad dentro del inmenso palacio.
- Estas son las invitaciones para el baile, asegúrate de que sean entregadas con urgencia.
- Entendido.
- No vayas a confundir ninguna carta, si alguna de las familias nobles no asiste, será mi culpa.
- Sí, señor.
- ¿Qué te pasa? – preguntó Ikuya, sorprendido por esta actitud tan pasiva (Normalmente, ese tipo de comentarios habrían ocasionado una pelea al poner en duda sus capacidades.) – ¿Estás bien?
- ... ¡Sí!... No... No sé... ¡Ah!... ¡Olvídalo, ¿sí?!... Te vas a burlar de mí...
- No me interesan tus asuntos privados, pero podrías cometer un error si te dejo ir en este estado.
El muchacho pelirrojo sintió vergüenza de su secreto y el joven amo lo esperó con infinita paciencia para no levantar la voz, recordando que es la responsabilidad de un gobernante el bienestar de sus empleados a la hora de cumplir su trabajo.
- Estoy enamorado y quiero confesarme en el baile.
- ¿Enamorado? – Ikuya no imaginó esa respuesta. – ¿De quién?
- ¡Ah, no importa! – chilló Asahi. – ¡¿Sabes qué?, no lo haré!... No hay esperanza al fin y al cabo.
- ¿Es un noble?
- ... ¡No!... Bueno, sí... Sí y no.
- ...
"Otra persona ya te habría despedido... Baka-sahi."
- Es Kisumi.
- Ah. – El príncipe asimiló la noticia y no pudo evitar hacer una mueca de desagrado.
- ¡Ikuya!
- Disculpa, pero no podrías haber elegido a alguien más problemático.
Kisumi Shigino no es un miembro de la realeza, pero su padre encontró un yacimiento de plata y su familia se volvió rica y popular entre los líderes poderosos del país.
"Un millonario amante de las fiestas y famoso conquistador."
- ¡Yo no lo decidí! ¡Y ya he tratado de luchar contra mis sentimientos! – continuó Asahi, desesperado. – ¡Es inútil! No dejo de pensar en él... Dime, ¿tengo oportunidad?
- Tal vez... No estoy seguro. – Ikuya destrozó a su amigo sin ninguna delicadeza. – Kisumi es un hombre muy deseado y varios nobles deben estar intentando seducirlo con sus títulos y abundante fortuna.
El príncipe se arrepintió y trató de consolar al sirviente, poniendo la mano sobre su hombro.
- No te sientas mal... Tal vez, sea mejor así.
- ...
- ¿Asahi? – Ikuya se extrañó mucho al descubrir que todo su cuerpo estaba temblando. – ¿Qué te pasa?
- ¡Esos sujetos no pueden ofrecerle lo mismo que yo!
- ¡¿Eh?!
¡El muchacho pelirrojo recuperó repentinamente su ánimo!
- ¡Si no puedo competir con sus costosos obsequios, debo convencerlo de que mi amor es verdadero!... ¡¿No es cierto?!
- ... ¿Sí? – le respondió Ikuya, a causa del miedo.
- ¡Bien! – gritó Asahi, antes de salir corriendo para no oír el resto. – ¡Entonces, me aseguraré de decirle lo siento!... ¡Muchas gracias, mi señor!
"No hay duda, enamorarse es el primer paso para perder la cabeza."
La rabia de Natsuya, el dolor de Nao y la locura de Asahi apartaban al joven noble de su búsqueda del romance, aunque la idea de tener a alguien especial le provocaba una tierna calidez en lo profundo de su corazón.
- ¿Ah?... ¡Baka-sahi, olvidaste la invitación para la familia Toono!
PRÓXIMO CAPÍTULO
Un escape de la rutina (El torneo de combate con espada para novatos.)
