Hola, antes de que la historia, debo avisar que contiene temas delicados; secuestro, sexo, síndrome de estocolmo, mafia, drogas, asesinatos, etc.

Yo no obligo a nadie a seguir leyendo, si decide hacerlo, es tu responsabilidad... Espero que lo tomes con madurez y cómo lo que es, una historia más de ficción.


Isabella (POV)

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Me desperté sintiendo la calidez del sol en mi rostro. Una mano pesada se ceñía a mi cintura. Varios flashes de las últimas noches me asaltaron con la realidad.

Estaba durmiendo junto a Edward, su torneado brazo mantenía su agarre en mi cintura, su cara estaba cubierta con pequeños mechones de su bronce pelo, y su cuerpo, tenía el torso desnudo, pero permanecía con los pantalones de la noche pasada.

Se ve delicioso —mi voz interna se relamió los labios. Asentí dándole la razón.

Todo era maravilloso, pero, ¿qué hace él aquí?

Tenía miedo de moverme y que se despertará, pero debía ir al baño.

Comencé a deslizarme con cuidado, levanté su mano con suavidad, él se removió y se dio la vuelta para seguir durmiendo.

Me levanté de la cama y me dirigí hacia la puerta del baño. Cuando estuve frente al espejo, me incliné a verme a mí misma. El maquillaje sin lavar formó manchas horriblemente negras bajo mis ojos, mi intento de peinado elegante ahora parecía un nido de pájaro.

—Siempre tan cuidadosa, Isabella —me regañé mientras trataba de limpiar las manchas alrededor de mis ojos con una bola de algodón. Cuando terminé, me desvestí y fui a la gran ducha.

Abrí el agua y me sumergí bajo la ducha. Mis músculos se comenzaron a relajar con el contacto del agua caliente. Mi piel se sentía más fresca y relajada. En ese momento, la puerta se abrió y Edward se asomó.

Disimuladamente mis ojos se posaron sobre él. Estaba mirándome sin la menor vergüenza.

—Buenos días, nena —me sonrió adormilado. —¿Puedo unirme a ti? —preguntó limpiándose los ojos perezosamente. En un primer momento, quise acercarme a él y darle una paliza para echarlo del baño. Pero, por la experiencia que he adquirido los últimos días, sabía que no funcionaría y que su reacción sería violenta y no muy agradable para mí. Así que opté por otro plan.

—Claro, entra —le dije sin emoción mientras esparcía jabón por mi cuerpo.

Edward dejó de frotarse los ojos y me miró con cautela. Se quedó de pie como si algo lo hubiera atorado en el marco de la puerta. Supongo que no estaba seguro de lo que escuchó salir de mi boca y por su expresión, ciertamente no estaba preparado para ello.

No puedo cambiar el hecho de que él entró y me vio desnuda, pero al menos puedo mirarlo sin ropa.

Edward se acercó lentamente al cuarto de baño. Yo me recosté contra la pared mientras ponía otra porción de gel de baño en mi cuerpo. No le quitaba la vista de encima a Edward, lo miré de tal manera cómo él lo hacía conmigo. Después de un tiempo me di cuenta que sólo estaba enjabonando mis pechos, y lo he estado haciendo durante más tiempo del que debería.

—Antes de quitarme los pantalones, tengo que advertirte que soy un tipo normal, es de mañana y estas desnuda, así que… —se encogió de hombros mientas se quitaba los pantalones. Su boca se curveo con una torcida e inteligente sonrisa.

Con esas palabras, mi corazón saltó hasta mi garganta. Agradecí a Dios que estaba de pie en la ducha porque esa información me mojó en un segundo.

¿Cuándo fue la última vez que tuve sexo? Bueno, con Jacob, pero era algo ocasional. Así que no he tenido el placer de alguien durante semanas. Y creo que se me estaba acercando la ovulación y las hormonas me estaban pasando una mala jugada.

"Qué tortura" mi voz interior se quejó. Tragué en seco y giré las manijas para que el agua se volviera fría.

Me excitó verlo, hasta los músculos de mi cuerpo se encogieron sin querer. Por mi propio bien y seguridad, cerré los ojos y me deslicé bajo el agua fría, simulando enjuagar la piel con jabón. Desafortunadamente, ésta vez la temperatura no ayudó, y el agua parecía estar sólo tibia.

Edward entró en la cabina y abrió la ducha que estaba al lado mío. En total había cuatro duchas detrás del cristal y un enorme panel de masaje de agua.

—Nos vamos hoy —el vampiro comenzó casual —Iremos a algunas fiestas cerca de la playa, en algunos eventos oficiales y otras cosas, así que tómalo en cuenta a la hora de hacer la maleta. Alice te va a ayudar.

Escuché lo que dijo, pero no centré mi atención a sus palabras. Intentaba alejar mis ojos y concentrarlos en algo más, pero la curiosidad era más fuerte. Giré mi cabeza y vi a Edward apoyado contra la pared con ambas manos, dejando que el agua corriera por su cuerpo. La vista era impresionante, sus piernas desnudas se movían con impaciencia, sus músculos abdominales eran dignos de un Dios griego.

En ese momento, mi vista dejó de vagar por su torneada figura y se posó en un punto. Una imagen apareció frente a mis ojos, lo que más me asustaba. Su hermosa y extraordinariamente gruesa polla sobresalía como una vela clavada en el pastel que me regalaron en el hotel el día de mi cumpleaños. Era perfecto, no muy largo pero grueso, simplemente perfecto.

Me quedé así en chorros de agua helada y a duras penas pude tragar mi saliva. Edward tenía los ojos cerrados y su cara mirando hacia las gotas que caían. Giró suavemente la cabeza hacia los lados para que el agua se extendiera por su rebelde cabello.

—¿Quieres algo de mí o solo estas mirando? —preguntó con los ojos todavía cerrados.

Mi corazón latía con fuerza y no podía quitarle los ojos de encima. Mi mente maldijo el momento en el que lo dejé entrar a la maldita ducha, aunque probablemente mi oposición no habría cambiado mucho la situación. Su cuerpo está tan cerca de mí, todas mis células querían tocarlo. Me lamí los labios al pensar que podría tenerlo en mi boca.

De pronto una imagen pasa frente a mis ojos. Él, de pie frente a mí, todo empapado de agua, mi mano captando toda su masculinidad. Lentamente mis dedos se aprietan sobre él, y él gime, animado por mi toque. Mis labios recorriendo todo su cuerpo mientras mi mano recorre desde la base hasta la punta de su dura polla. Puedo sentir sus caderas moviéndose a la par de mis movimientos…

—Tu vista, Isabella —su voz me saca de mis pensamientos— Indica que no estás pensando en las cosas que debes llevarte.

Me golpeo mentalmente. El vampiro está de pie en la misma posición, apoyado contra la pared, pero ahora me mira juguetonamente. Entré en pánico, no fui capaz de engañarlo y mi oportunidad de obtener una pequeña venganza, se había ido por la borda. Al parecer, mi pánico lo llamó como un depredador hacia su presa.

Edward se acercó a mí, y yo hice todo lo posible por mirarle los ojos. Le llevo unos tres pasos llegar hasta mí, lo que definitivamente me hizo feliz, ya que hizo que el objeto de mi interés desapareciera de mi vista. Desafortunadamente, mi alivio no duró mucho, porque en el momento en que se enfrentó a mí, sentí su polla en mi vientre.

Yo estaba retrocediendo, y él me estaba siguiendo. Después de cada dos pasos que daba, el daba uno, eso le fue suficiente para estar cerca de nuevo. Aunque la cabina era gigantesca, sabía que en algún momento nos quedaríamos sin espacio.

—¿En qué pensabas al mirarlo? —preguntó, inclinándose sobre mí. —Quieres tocarlo, pero por ahora él es el que te está tocando…

No pude sacar una palabra de mí, solo abrí mi boca, pero los sonidos no querían salir. Me quedé indefensa, aturdida y abrumada por el deseo. Él se frotó contra mí, empujando cada vez más fuerte sobre mi vientre. Su presión se convirtió en movimientos rítmicos y pulsantes.

—Quieres tocarlo —su voz salió más cómo una afirmación. Apoyó su frente contra la pared detrás de mí, respirando sobre mi cabeza.

No pude aguantar más y agarré las duras nalgas del vampiro con mis manos. Cuando le clavé las uñas, un gemido bajo salió de su garganta. Le di la vuelta con un movimiento decisivo y lo apoyé contra la pared. Sus manos colgaban inertes a lo largo de su cuerpo, y sus ojos ardían de deseo.

Mis manos recorrieron su torso marcado y duro, viajaron por su cuerpo mojado. El rostro de Edward se contrajo en una mueca de placer y algo en mi mente hizo clic.

Sabía que si no me detenía ahora, en un momento no sería capaz de controlar la situación y algo que no debería suceder.

Me di la vuelta y corrí a través de la cabina y el baño. Agarré una bata que colgaba junto a la puerta y me apresuré a cruzar el umbral. También atravesar el pasillo, aunque no podía oír los pasos detrás de mí. Sólo me detuve cuando pasé el jardín, las escaleras y me encontré en el puerto deportivo. Corrí a la cubierta de una lancha, respirando pesadamente, y me caí en uno de los sofás.

Tratando de recuperar el aliento, pero las imágenes en mi cabeza no me dejaban pensar con lógica.

Delante de mis ojos, como una película tonta, el maravilloso y pegajoso pene de Edward salto excitado Casi sentí su sabor en mi boca y en mi mano el toque de su delicada piel. Volví a sacudir mi cabeza, debía mantenerme fría.

No sé cuánto tiempo pasé mirando el agua, pero finalmente sentí que podía levantarme y volver a la residencia.

Cuando abrí cuidadosamente la puerta de mi dormitorio, encontré a Alice en el medio de la habitación con una gran maleta Louis Vuitton.

—¿Dónde está Edward?— Casi susurré con la cabeza entre la puerta y el marco de la puerta.

La pequeña italiana me miró y sonrió.

—En la biblioteca, ¿Quieres ir con él? —me miró divertida —Ahora está hablando con Carlisle, pero dudo que se moleste si tu los interrumpes.

Negué suavemente y entré, cerrando la puerta detrás de mí.

—Definitivamente no quiero—. dije, agitando las manos. —¿Quién es Carlisle?

—¡Oh! No te preocupes, lo vas a conocer después—dijo cómo si fuera obvio— Es el concejero de Edward, y también es el esposo de Esme, a ella sí la conoces —moví la cabeza afirmativamente. —

—¡Edward te dijo que me empacaras? —la miré mientras seguía desplegando las maletas.

—Debemos irnos en una hora, así que necesitarás ayuda, a menos que no la quieras.

—Deja de dirigirte a mí de esa manera, me estás molestando. —le dí un suave empujón, Alice soltó una risa animada. —¿Tú también vas? —la miré esperanzada.

—¡Cláro! —dio un brinquito. —No pienso dejarte sola con el troglodita de mi hermano.

Ahora ya me sentía más contenta, entre menos pasara tiempo a solas con Edward, menos me arriesgaría a perder el control.

—¿Puedes decirme a dónde vamos? —pregunté.

—A Nápoles, Roma y Venecia— respondió. —Luego a la Costa Azul.

Abrí exageradamente los ojos, sorprendida. Nunca, en mi jodida vida, he viajado tanto como ellos piensan hacerme volar en los próximos días.

—¿Conoces el propósito de cada una de nuestras visitas?— pregunté.—Me gustaría saber qué ponerme.

Alice dejó las maletas y se dirigió al vestidor.

—Básicamente, sí, pero no debería decírtelo. Edward te explicará todo. Te ayudaré a empacar la ropa adecuada, no te preocupes —me guiñó un ojo. —La moda es mi especialidad.

—Lo sé, confió en ti al 100%.—miré a mi alrededor sin saber que hacer— Ya que tengo menos de una hora para prepararme, me gustaría empezar.

Alice asintió con la cabeza y desapareció en el abismo del gran vestidor.

Entré en el baño, donde el olor del deseo todavía estaba presente. Cobardemente me giré para volver al dormitorio, me uní a Alice en el vestidor.

—¿Ya llegaron mis cosas de Seattle? —dije mientras analizaba a mi alrededor. La pequeña mano de Alice me apuntó unas cajas.

—Edward me ordenó que no las moviera —dijo pausadamente.

—¿Puedes dejarme sola un momento? —antes de que pudiera voltearme para mirarla, estaba de pie sola en el medio de la habitación.

Me lancé a escarbar en cajas, buscando lo único que me interesaba en ese momento. Mi amigo rosa con tres puntas, o Pink, cómo yo lo llamaba. Cuando finalmente lo tuve en mis manos, me di cuenta que había hojeado docenas de cajas. Lo escondí en el bolsillo de mi bata y fui al baño.

Alice estaba de pie en el balcón, esperando una señal mía. Crucé la habitación con rapidez mientras le dedicaba un pequeño asentimiento con la cabeza, Alice regresó al vestidor con rapidez.

Saqué a Pink de mi bolsillo y lo lavé a fondo. Me quejé al verlo, era mi mejor amigo en ese momento. Miré alrededor del baño, buscando un lugar conveniente. Me gustaba masturbarme, tumbarme cómodamente, no podía hacerlo con prisas ni en posición inclinada. El dormitorio sería lo mejor, pero la presencia de la duende era una distracción.

En la esquina del baño, junto al aseo, había una moderna chaise longue de cuero blanco. No será el lugar más cómodo, pero es duro, pensé. Estaba tan desesperada que me tumbaría en el suelo en un momento.

El chaise longue era sorprendentemente suave y se adaptaba perfectamente a mi altura. Solté el cinturón de mi bata de baño, y cayó a ambos lados de mi cuerpo. Me quedé desnuda y sedienta de un orgasmo. Lamí dos dedos y los deslicé juntos para reducir la fricción.

Encendí el vibrador y lentamente deslicé su punta media en mi palpitante interior.

A medida que la parte más gruesa se hundía más y más en mí, la otra punta en forma de conejo se deslizó en mi entrada trasera. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y supe que no necesitaría mucho tiempo para ponerme cómoda. La tercera parte de mi compañero de goma fue la que más vibró, apoyándose en mi clítoris hinchado.

Cerré los ojos. Sólo tenía una vista en mi cabeza y era la única que quería ver ahora: Edward de pie en la ducha, con su hermosa polla en las manos.

El primer orgasmo se produjo después de unos segundos, y los siguientes fueron llegando en oleadas con un máximo de medio minuto de diferencia. Después de unos momentos estaba tan agotada que apenas podía sacar a Pink y deslizar mis piernas.

Treinta minutos después estaba de pie frente al espejo, empacando mis cosméticos en una de las bolsas de cuero. Miré mi reflejo; no me parecía en nada a la mujer que era hace una semana. Mi piel estaba ligeramente bronceada, y se veía saludable y fresca. Mi pelo estaba recogido en un suave moño, mis ojos estaban ligeramente coloreados y mis labios estaban claramente marcados con un lápiz labial oscuro.

Alice me eligió un conjunto blanco de Chanel para mi viaje. Largos, anchos y ligeros pantalones blancos de seda translúcida fusionados casi en un overol con una delicada blusa. El conjunto se completó con zapatos de agujas de Prada con una pequeña punta.

—Tus maletas ya están hechas—, dijo Alice, dándome una bolsa.

—Me gustaría ver a Edward —le dije a la duende.

—No sé si sea conveniente —lo dudó un poco— Aún no ha terminado la reunión, pero...

—Bueno, terminará en un momento. —dije decidida mientras salía del dormitorio rumbo a los pasillos.

La biblioteca era una de esas salas cuya ubicación recordaba. Atravesé el pasillo y el golpe de mis agujas se extendió por el suelo de piedra.

Cuando llegué a la puerta, respiré hondo y me agarré al mango. Entré y me dio un escalofrío en la espalda. No he estado en esta habitación desde que hablé por primera vez con el vampiro, justo después de despertar del coma de unos días.

Edward estaba sentado en el sofá. Llevaba un traje de lino ligero y una camisa abierta. A su lado, en el sillón, había un hombre apuesto y duro que definitivamente asustaba. Típico italiano, pensé, rubio, mandíbula marcada, rasgos perfectos. Ambos se levantaron de sus asientos cuando los vi. La primera mirada que el vampiro me envió fue helada, como si me castigara por interrumpir su reunión. Pero cuando sus ojos tocaron toda mi figura, fue como si la suavizara, si se puede llamar así. Le dijo algo al hombre sin perderme de vista, y se acercó a mí.

Se acercó y se inclinó para besarme en la mejilla.

—Y tuve que prescindir de ti... —susurró antes de besarme.

—Yo también me las arreglé por mi cuenta—, añadí en voz baja cuando sus labios se alejaban.

Estas palabras lo detuvieron por un momento, su rostro de dislocó y sus ojos me atravesaron llenos de pasión y rabia. Me tomó la mano y me llevó a su invitado.

—Isabella, te presento a Carlisle, mi mano derecha.

Me acerqué al hombre para estrecharle la mano, pero me agarró suavemente por los hombros y me besó en ambas mejillas. Todavía no estaba acostumbrado a este gesto, en mi país sólo los más cercanos a mí son recibidos con un beso así.

—Consigliere,— dije con un intento de sonrisa.

—Puedes decirme Carlisle —el hombre sonrió suavemente. —Me complace verle finalmente con vida.

Estas palabras me dejaron bajo tierra... ¿Cómo que viva? ¿Esperaba que no viviera para verlo? Mi cara debió de ser un poco impactante, porque Carlisle explicó rápidamente lo que quería decir.

—Tus retratos están por toda la casa. Han estado dando vueltas por aquí durante años, pero nadie esperaba que existieras realmente. A ti también te sorprende la historia, ¿no?

Me encogí de hombros sin poder hacer nada.

—No voy a ocultar el hecho de que toda esta situación es surrealista y abrumadora para mí. Pero todos sabemos que no puedo resistirme a Edward, así que humildemente trato de aceptar cada uno de los más de trescientos cincuenta días que me quedan.

El vampiro soltó una carcajada.

—Con humildad...— Repitió mientras miraba a su compañero italiano, que se divirtió tanto como él.

—Me alegro que mi persona les divierta. Y para que sufran mi ausencia, los esperaré en el coche— mascullé entre los dientes, dándoles a ambos hombres una sonrisa irónica.

Cuando les di la espalda y fui a la puerta, escuché la voz divertida de Carlisle.

—De hecho, Edward, es extraño que no sea italiana. —ignoré esas palabras y cerré la puerta detrás de mí.

Antes de ir a la entrada, me detuve un momento. Delante de mis ojos todavía tenía una imagen de un hombre muerto que yacía sobre losas de piedra. Tragué mi saliva y sin mirar a los lados, me dirigí hacia una camioneta estacionada a pocos metros de mí. El conductor, también un rubio, abrió la puerta y me echó una mano para que pudiera entrar cómodamente.

Mi iPhone estaba en el asiento y mi ordenador estaba al lado. Estaba tomándolo con alegría. Presioné un botón en el panel que cerró la ventana entre el interior del coche y los asientos delanteros. Estaba feliz de encender el teléfono y descubrí con horror docenas de llamadas de mi madre y, sorprendentemente, incluso una del teléfono de Jacob.

"Después de tanto tiempo, ¿eso es todo lo que recibes?" mi voz interna salió a molestarme "Se nota cuanto le importabas."

—Cállate —gruñí mentalmente. Sé que tiene razón, pero, era triste y raro descubrir la verdad.

Marqué el número de mi madre. Había una voz aterrorizada en el teléfono:

—¡Isabella, por el amor de Dios! ¿Apenas te acordaste que tienes una madre? Estoy muy preocupada y muerta de miedo—, dijo mamá, casi sollozando.

—Mamá, me llamaste ayer. Cálmate. No pasa nada.

Desafortunadamente, su extraño instinto maternal le dijo lo contrario, así que no se rindió.

—¿Estás bien, Isabella? ¿Has vuelto de Sicilia? ¿Cómo fue? —Su voz me hizo soltar de golpe el aire de mis pulmones. Sabía que Charlie estaba detrás de ella escuchando la conversación, quizás Renée era fácil de engañar, pero Charlie no.

¿Estaba bien? Bueno, yo... Me miré a mí misma, y luego miré a mí alrededor.

—Está muy bien, mamá. ¿Está papa ahí? Tengo que decirles algo.— Cerré los ojos, rezando para que me creyeran.

—Aquí estoy, Bella —la voz de Charlie se escuchó de fondo.

—Durante mis vacaciones, me ofrecieron un trabajo en uno de los mejores hoteles de la isla.— mi voz estaba sobreexcitada. —Me ofrecieron un contrato de un año, que decidí aceptar —me detuve y esperé a que reaccionara, pero hubo silencio en el teléfono.

—Pero, Bella, tú no sabes ni una palabra en italiano— ella apuntó.

—Oh, por favor. ¿Qué importa? Todo el mundo habla inglés. —la situación se estaba poniendo tensa y sabía que entre menos explicaciones le diera, lo aceptaría más rápido. —Iré a verte dentro de unos días y te lo contaré todo, y ahora tengo un montón de cosas que hacer antes de irme.

—Bien, ¿Qué hay de Jacob?— preguntó. —Ese adicto al trabajo no dejará la compañía.

—Me engañó el día de mi cumpleaños. Lo dejé, y gracias a ello sé que este viaje es una gran oportunidad del destino— le añadí el tono más tranquilo y apasionado que pude sacar de mí misma.

—Desde que ambos se fueron a Seattle supe que no era el tipo para ti, Bella —dijo muy segura. Me aguante las ganas de reír, ella era una de las más entusiasmadas porque me mudara con Jake. Por supuesto, no conoce al tipo actual, pensé.

—Mama, tengo que irme. Voy a la oficina. —le corté la conversación— Los llamare después y recuerden que los quiero.

—Cuídate, cariño. Te queremos —ambos se despidieron.

Cuando presioné el botón rojo, suspiré con alivio. Creo que funcionó.

Ahora sólo tengo que contarle a Black sobre la inevitable visita a Washington.


¡Hola, hola!

¿Qué tal el capitulo? Ya se puede sentir la tensión entre ambos ... 7u7 jajajaja... Y ya apreció Carlisle, aunque les prometo que más adelante veremos más fondo de todos los demás personajes.

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No les he podido responder en privado los Reviews, como saben me gusta hacerlo, así que les responderé aquí...

Chiki Garcia: Lo siento por haberme tardado, y sé lo que se siente quedarse sin la actualización, pero aquí ando de nuevo!

Car Cullen Stewart Pattinson: Jajajaja concuerdo contigo, vaya hombre, y Bella que se le resiste... jajaja también me encanta la lencería de VS, lastima que no han podido ajustarse a a actualidad...

Piligm: Gracias a ti por leer.

Aidee Bells: Gracias por tus Reviews, y te va a encantar Midnight Sun, yo ya lo estoy releyendo y sigo suspirado por Edward.

Somas: Jajajaja me encanta cuando Emmett hace enojar a los demás, sobre todo a Edward.

Lu40: Gracias por leer.

Cary: Gracias a ti.

gmguevaraz: Gracias por leer.

Manu NyM: Me alegra que te guste.

Vanex: Gracias por leer la historia.

: Gracias por tu consejo, ahora pongo más atención, pero si aun sigo teniendo errores, te agradecería si me lo haces notar.

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Sí alguien me falta de responder, por favor díganme! no me gusta dejarlas sin respuesta.

Nos leemos en el próximo capitulo.