Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 11
De camino a mi departamento, tomé la decisión rápida e inteligente de parar en Chipotle para comprar la sustancia necesitada. Ordené mi comida para llevar, de alguna forma logrando comer la mitad del bol de burritos en los semáforos en rojo antes de siquiera llegar a casa.
—Tienes salsa en todo el rostro —señaló tan amablemente Emmett una vez que entré al departamento—. ¿Y qué mierda? ¿Acaso Edward no nos acaba de hacer el desayuno hace media hora?
—Sí, pero como sea. No desayuné mucho. —Limpiándome el rostro, me senté a su lado en el sofá.
—¿Dónde está Rose? —pregunté, apartando mi bol de su alcance antes que pudiera robar un pedazo de pollo.
—En la ducha. ¿Dónde está Edward?
—Tiene una lección al mediodía —respondí tranquilamente, manteniendo mis ojos en el televisor—. ¿Por qué preguntas? —pregunté a la defensiva, preguntándome si las palabras «me besé con Edward» estaban escritas en mi frente. Con salsa.
—Solo pregunto, maldita rara —contestó, observándome con sospecha.
—Toma. —Me puse de pie, tendiéndole mi bol de comida—. Creo que necesito dormir un poco más. Dile a Rose que no me despierte. —Jamás. No hasta que dejara de ser una maldita rara a la defensiva.
Después de dormir unas horas, mi cabeza se sintió más ligera y no me sentía tan avergonzada como pensaba anoche. Por supuesto, aún me sentía confundida, pero no creía que ese sentimiento fuera a irse en algún momento. Especialmente cuando comencé a repetir la conversación que Edward y yo tuvimos cuando me dejó en el estacionamiento. Toda la cosa fue tonta y estaba lista para dejarlo detrás nuestro, si era posible.
Me levanté de la cama y tomé mi teléfono, debatiendo si debería molestarlo o no. Eran pasadas las cuatro, pero no estaba segura que él haya planeado algo para el resto del día. Aunque no tenía idea qué decir, era intensamente obvio que necesitábamos terminar nuestra conversación. Así que le envié un mensaje, esperando que mantuviera al mínimo las bromas.
Hola. ¿Estás ocupado más tarde?
Él respondió un minuto después con: Depende quién pregunte. ;)
Observé la pantalla, parpadeando dos veces mientras mi corazón comenzaba a acelerarse. Diablos. ¿Acabo de embelesarme por un puto emoticón? Sacudí mi cabeza y escribí una respuesta sarcástica para restarle importancia lo que acababa de ocurrir.
No sabía que eras el tipo de persona que envía un emoticón de guiño. Estoy juzgándote un poco ahora mismo.
Intenté contenerme, pero me encontré frenéticamente abriendo su respuesta. Inmediatamente fruncí el ceño cuando lo leí.
¿Me estás juzgando, reina del baile?
Antes de que pudiera responder y llamarlo asno, mi teléfono sonó con un segundo mensaje de él.
Pero, para responder a tu pregunta, tengo planes más tarde. ¿Por qué? ¿Qué pasa?
¿Él tenía planes? Él tenía planes. Escribí diez mensajes diferentes que demostraban curiosidad y celos antes de decidirme por indiferencia.
Nada. Solo veía qué pasaba. Diviértete luego.
Observé, incluso posiblemente fulminé con la mirada, mi teléfono hasta que por fin contestó.
Gracias. Lo haré.
Maldiciéndome, corrí de inmediato al cuarto de Rose para encontrarla doblando ropa y escuchando la banda sonora de Mamma Mia. Me estremecí y cerré su laptop. No sería capaz de despotricar contra Edward si era sometida al canto de Amanda Seyfried.
—Edward tiene una cita esta noche y probablemente ella tenga tetas grandes y solo beba margaritas y ni siquiera tiene un vestido de graduación porque ella no pasó del décimo grado en la escuela.
—Oh —dijo Rose, asombrada, pero mayormente confundida—. De acuerdo, eh, ¿cómo se llama?
—¿Quién?
—La chica que tiene una cita con Edward.
—Virginia —solté.
—¿Edward irá a una cita con alguien llamada Virginia? —cuestionó ella, logrando entrecerrar solo un ojo.
—No. Dios. ¿Qué estoy haciendo? —gruñí—. Él no dijo que tenía una cita, simplemente dijo que tenía planes. Pero eso suena como si tuviera una cita con alguien llamada Virginia, ¿cierto?
—Solo asumiste, como cualquier persona cuerda haría, que él tiene una cita... con alguien llamada Virginia —comentó, juntando todos los hecho mientras esperaba a que asintiera en acuerdo—. Eres una jodida idiota.
Abrí mi boca, pero ella tenía razón. Era una idiota. Una jodida idiota.
—Lo soy. Realmente lo soy. ¿Qué me pasa, Rose?
—Quieres a Edward, tonta. No te pasa nada.
—Acabo de fabricar una historia sobre Edward teniendo una cita con alguien que no se graduó de la secundaria —me quejé, dejándome caer en su cama.
—Sí. Sí, acabas de hacer eso. Pero, ¿honestamente? Estaría más preocupada si no estuvieras celosa de esta cita imaginaria. —Esbozó una sonrisa, dejando su ropa limpia de vuelta en el cesto antes de sentarse a mi lado en la cama.
—Prácticamente le rogué para que se acostara conmigo anoche. Maldito tequila. —Fruncí el ceño, cubriéndome el rostro en vergüenza.
—Diablos, Bella. ¿Esperaste todo el día para decirme esto? ¡Detalles! Quiero detalles.
—Bueno, hubo besos... ¿y un vestido de graduación? —Sacudí la cabeza frenéticamente, sin darle importancia a su confusión. Diablos, yo sabía todos los detalles y seguía confundida—. Los detalles no importan porque él se negó a dormir conmigo.
—¿No jodas? —Ella jadeó—. ¿Dijo por qué?
—Él dijo que estaba muy borracha. —Me encogí de hombros—. Pero... ¿por qué importa eso? Las personas borrachas tienen sexo todo el tiempo en the Real World.
Los ojos de Rose brillan, la misma mirada soñadora que solo reservaba para las donas de Krispy Kreme... y supongo para lo que estaba a punto de decir.
—Bella. —Ella sonrió ampliamente—. Le gustas. O sea, más de lo que siquiera pensé que era posible.
—¿Eso crees? —pregunté, mi boca se secó—. Rose creo que lo sabría...
—Él siempre abre las puertas por ti. Oh, y te deja tener la última porción de pizza —señaló.
—Eso es porque él sabe que le patearía el trasero si no tengo esa última porción. —Me reí, tratando de aliviar el tema. Rose meramente sacudió la cabeza con compasión.
—Está bien. Probablemente tú no lo has notado, pero hay una cosa que hace cuando estás cerca que siempre me ha llamado la atención.
—¿Qué?
—Él siempre te está mirando antes que mires en su dirección —afirmó, sonriéndome con los labios cerrados.
Ella estaba equivocada. Sí notaba eso. Era una de las cosas que más amaba, pero nunca lo quería comentar porque no quería que él dejara de hacerlo.
—Ya sabías eso, ¿no? —preguntó, envolviendo mis hombros con un brazo—. Porque si no lo hiciste, eres una jodida idiota.
—Basta con los insultos. Ya hemos establecido que soy muchas cosas que son sinónimos de la palabra "idiota".
—¿Y bien? ¿Qué vas a hacer?
—No tengo idea. Eh... ¿nada? ¿Por qué tengo que hacer algo?
—Eso puede que funcione. Espera a que él haga su jugada —concordó ella.
Eso no era exactamente lo que quise decir, pero podría hacerlo. Especialmente si eso significaba que no tendría que quedar como una tonta al lanzarme sobre Edward.
—Ven al cine con Em y conmigo esta noche. Te hará bien salir de la casa e ir a un lugar donde el alcohol no sea la principal fuente de entretenimiento.
—Está bien —acordé, pero no sin fulminarla con la mirada por su comentario del alcohol.
Después de una ducha hirviendo y dos tazones de cereal, Emmett, Rose y yo estábamos sentados en nuestras butacas en el cine. Fingí concentrarme en la trivia de la pantalla mientras que Rose regañaba a Emmett por no haber visto las películas de Star Wars. Mantuve mi teléfono en mi regazo, chequeando constantemente si se había apagado por accidente. La falta de respuesta de Edward comenzaba a hacerme creer que realmente tenía una cita.
Una voz profunda y familiar de repente llamó mi atención. Me incliné para ver de dónde y quién era, solo para ver a Edward haciéndose camino por el pasillo, disculpándose cuando pisaba a algún extraño.
—¿Qué está haciendo él aquí? —siseé en el oído de Rose. Ella meramente sonrió en respuesta, tocándose la nariz.
Mi corazón comenzó a latir rápido en mi pecho al verlo. No había digerido apropiadamente lo que estaba pasando cuando él se encontraba frente a mí, sus piernas rozando mis rodillas. Me ofreció una sonrisa y un paquete de M&M's de mantequilla de maní.
—Qué sorpresa verte aquí. —Él se inclinó para murmurar suavemente, aún bloqueando mi vista de la pantalla.
—Me pierdo de la trivia —susurré, robando los M&M's de sus manos y jalando de su sudadera—. Siéntate.
—Da igual. Eres mala con las trivias. Me necesitas —insistió, acomodándose en el asiento vacío a mi lado.
Tragué, inclinándome hacia él instintivamente.
—Pensé que tenías planes —acusé, curiosa sobre qué planes eran en primer lugar y por qué aparentemente se cancelaron.
—Así es. Los tengo. —Se rio de mi mirada furiosa y abrió un paquete de Twizzlers—. Emmett me invitó al cine —respondió, luciendo demasiado feliz consigo mismo.
Apartándome, entrecerré los ojos, sintiéndome tonta de repente por estar celosa de Virginia.
—Eres un asno. Sabías que estaría aquí, ¿no? —pregunté.
Él se acercó, cerrando la distancia que yo había creado cuando me aparté.
—Sabía que estarías aquí —confirmó con un asentimiento y una sonrisa engreída.
Las luces se apagaron y obligué a que mis ojos se apartaran de él así podía ver la pantalla. Crucé una pierna sobre mi rodilla, fingiendo no notar que mi pie tocaba su pierna.
Edward se inclinó después de que terminara el primer tráiler, respirando deliberadamente en mi oreja antes de pronunciar una palabra.
—Esa película parece ser una mierda.
Me giré hacia él, nuestras narices casi se tocaban.
—Como sea —dije suavemente—. Seguramente llevarías a una pobre chica a ver eso.
—¿Sabes algo ya? —preguntó vagamente, su voz más bajo que un susurro. Sabía exactamente a lo que se refería.
—Sí. Lo sé. —Exhalé y llevé mi atención de vuelta a la pantalla.
Él abrió más sus piernas y se hundió en su asiento. Intenté no concentrarme en lo que él estaba haciendo cuando deslizó su zapatilla sobre el pegajoso piso de cerámico así mi pie estaba debajo de su pantorrilla.
—Esta película ya es horrible —susurró a diez segundos de que hubiera comenzado la película—. ¿La elegiste tú así podíamos besarnos?
Esbocé una sonrisa y giré mi cabeza.
—No. Emmett eligió la película.
—Claro. De alguna forma no creo que Emmett es el que quiere besarme. —Se echó contra su asiento y se extendió, colocando su mano izquierda sobre mi muslo como si fuera nada.
Mi pecho jadeaba avergonzadamente mientras observaba sus dedos largos, su pulgar dibujaba círculos en mi muslo.
—¿Qué estás haciendo? —susurré finalmente.
—¿Anoche prácticamente me violas y me interrogas cuando coloco una mano sobre tu muslo? —Levantó sus cejas, sus ojos llenos de diversión.
—Tengo que hacer pis. Mucho. Bebí toda esa soda, así que tengo que hacer pis —dije, poniéndome de pie y saliendo de la sala.
Estaba a mitad de camino al baño antes de sentir la mano de Edward en mi codo.
—¿Pasa algo? —preguntó él, jalando de mi brazo para evitar que me fuera—. Oye, Bella. Cálmate —ordenó, bloqueando mi camino.
—No pasa nada.
—Tienes razón. Claramente estás calmada. Definitivamente no acabas de salir corriendo de la sala de cine —anunció, tirando de la parte posterior de su cuello.
—¡Esto es muy confuso! —chillé, lanzando un puñado de M&M's a su pecho.
—Vas a tener que recoger eso. —Él rio, acercándose para acortar la distancia.
—¿Qué es tan confuso, Bella? —No me molesté en responder, solo porque literalmente no podía hablar. Me había metido un puñado de M&M's en la boca para no tener que responderle. Él esperó pacientemente mientras masticaba y tragaba.
—Te deseo demasiado —dije con honestidad, inhalando profundo, sin molestarme en evitar inhalar su aroma.
Él levantó sus cejas, riendo suavemente.
—Vaya. No esperaba eso.
—Te deseo —volví a soltar—. Te deseo, pero no quiero cagar esto. ¿De acuerdo?
—Entonces, deja de estar confundida y para, por el amor de Dios, para de cuestionar todo lo que hago o digo.
—Sé que hago eso, pero no puedo evitarlo. De repente me siento atraída por ti, aunque creo siempre me he sentido atraída a ti y tú solo... no cedes —dije exasperadamente.
—¿No cedo? De alguna forma no creo ser el problema aquí.
—Sí, realmente lo eres. Podrías haber cedido anoche y no lo hiciste. Simplemente quiero que las cosas vuelvan a la normalidad así no tengo la oportunidad de cagar todo.
—¿Y crees que acostándote conmigo las cosas volverán a la normalidad? —Resopló—. Vamos, Bella.
—¡Eso hice! ¡Fui hacia ti y me rechazaste!
Edward no respondió por un minuto completo. Fui agredida con sesenta segundos de una mirada intensa; sesenta segundos de un trago largo y fuerte. Fui castigada con sesenta segundos para darme cuenta que era una maldita imbécil que intentaba convencer al chico que gustaba de mí que todo lo que quería de él era sexo.
—Odio los malditos Twizzlers, Bella —dijo de repente, su voz dura—. Los compro para ti porque sé que cuando vas al cine quieres chocolate y Twizzlers, pero aún así nunca los compras.
—¿Y? Soy una gorda. Increíble.
—No, pero eres ridícula.
—No puedo discutirte eso —mascullé, observando nuestras zapatillas.
—Desafortunadamente, puedo lidiar con tu ridiculez porque me gustas —comentó claramente, haciendo que levantara la cabeza rápidamente—. Realmente intento contenerme con lo que digo porque no quiero espantarte.
—No me vas a espantar.
—Acabas de admitir que me deseas, luego fingir que no. No sé lo que haces, pero sé con certeza que mentías cuando dijiste que fue solo el tequila. Te conozco jodidamente bien, Bella. —Su mirada persistió y tragó, hablando con voz áspera—. Solo quiero conocerte más.
—Ya veo —dije en un susurro, mi piel ardiendo por la forma en que me miraba.
Él se rio sin gracia.
—¿Pero lo ves?
Encogí un hombro.
—Quiero. Realmente quiero.
—Está bien. Bueno, sabes cómo me siento, y sé como te sientes... cuando estás borracha —dijo, sacudiendo la cabeza—. Me iré ahora porque no puedo soportar estar cerca tuyo sin tocarte.
—¿Te vas? —chillé confundida, jalando de su camiseta para mantenerlo en el lugar.
Él sonrió, feliz con mi reacción.
—La película es horrible. ¿Necesitas que te lleven a casa?
—No. Vine aquí con Rose y Em.
—¿Quieres que te lleven a casa? —preguntó, tomando de la parte posterior de mi cuello con ambas manos.
—No. Sí. No lo sé. —Exhalé, incapaz de apartar mis ojos de los suyos mientras se inclinaba.
—Vamos. Vayámonos de aquí —susurró, sus labios demasiado cerca, pero no dónde los quería—. Podemos ver películas malas gratis en mi departamento.
Asentí sin hablar mientras se apartaba, solo segura de que necesitaba sus labios en los míos.
Dios, Bella, deja de romperle el corazón a nuestro Edward jajaja.
¡Gracias por comentar y hasta el próximo!
