Capítulo 9: Enfrentamiento.
—Buenos días, Inaba-sama.
—Desayuno. — Es todo lo que dice la mujer mientras la ve con fastidio.
—En seguida. — Ya estaba acostumbrada a su clasismo y mal humor de la mañana.
Senna se sienta en su mesa circular y de caoba, soltando un gruñido por odiar levantarse temprano luego de haber estado trabajando hasta en la madrugada. Ni siquiera se había vestido, seguía en su bata de satín, pero no importaba en cuando tome su café, tendrá la mente más despierta a la hora de elegir el vestuario de hoy.
Con una orden, el televisor se enciende y lo pone en su programa de cotilleo favorito, aunque suene ridículo, es importante saber los chismes, incluso tontos, de las celebridades y gente importante, puedes obtener a cambio una pista que te ayude a ganar.
Como al anunciar en los diarios la verdad de esa zorra que se consiguió Ichigo por desesperación.
—Y hablemos de lo que rompió las redes sociales. — Dice la comentarista Meninas McAllon, una mujer de cabello rosa hasta la cintura, un vestido que le da aspecto de princesa inocente y una boina en forma de mariposa. — Que desde ayer se ha hecho oficial… ¡Kurosaki Ichigo tiene una novia nueva!
Senna mira la televisión perpleja. Ni siquiera nota la presencia de su criada colocando en la mesa el desayuno. En silencio y atónica escucha a Meninas relatar lo que había pasado en el hipódromo, incluso enseña una grabación de Ichigo admitiendo en público que la pelinaranja es su novia e iba a destruir a cualquiera que la ataque.
—Si de verdad es su novia… ¿Por qué entonces no ha hablado antes de los comentarios negativos que salieron hace días? — Pregunta una acompañante.
—Pero si ha hecho algo. — Reclama Meninas contenta del drama. — ¿Acaso no escuchaste que las tres cadenas de periódicos y noticias que divulgaron la noticia fueron cancelados y en bancarrota por culpa del pimpollo?
—¿De verdad? — Asombrada.
—Sí… parece que Kurosaki no es de palabras pero si de acción… ¡Y vaya acción! — Se abanica con las manos. — De seguro su ex novia se debe estar retorciendo de rabia en su casa.
Oír que la mencionan la sacan de su estupor y ve la imagen de la pelirrosa con rabia, como si la tuviera al otro lado de su mesa y no separadas por ciudades.
—Es decir, Kurosaki Ichigo nunca ha dicho públicamente que salía con ella, fue la misma Inaba Senna quien lo confirmó medio año después… ¡Y ni siquiera con eso el empresario ha dicho que era su novia mientras salían!
—¡Perra! — Senna golpea la televisión con el tenedor, aquel pequeño objeto rebota sobre la pantalla y se pierde por ahí.
Maldita sea, ahora iba a ser el chiste negativo de la sociedad.
¡Cuando debería ser esa zorra!
Una mujer pelirroja que anda en ropa interior por su departamento también escucha el programa de Meninas con una sonrisa divertida mientras comía su desayuno.
—Estos ricos y sus rarezas… ¿No amor? — Mira al susodicho… que mira el aparato tecnológico como si de su enemigo se tratase. Eso le extraña. — ¿Ocurre algo?
Él no responde, sólo se queda mirando la imagen de la mujer que dicen que se llama Inoue Orihime, una mujer bonita que agarra el brazo de su novio millonario.
—Nada grave. — Responde por fin.
Orihime libera a su hijo una vez ha terminado de ayudarlo en vestirse y va al baño. Luego de hacer sus necesidades se pone frente al espejo y gruñe ante su apariencia de recién levantada. Su pelo mal recogido en un tomate, la marca de las sabanas en sus mejillas y el rímel por no quitarse el maquillaje anoche por morirse de sueño, destacando más las pequeñas ojeras bajo sus ojos por el estrés.
Se lava bien la cara hasta que ya no siente sus manos, luego se quita los rastros que quedan de rímel con un algodón y busca su cepillo de dientes. Se los anda lavando cuando ve a través del espejo como Ayame se deja ver en la puerta… que ande con el ceño fruncido es sinónimo de malas noticias para ella.
—¿De dada? — Se le escucha por tener el cepillo aun en la boca.
—No nos dijiste que tenías novio.
Qué suerte que el escupo de pasta caiga en el lavamanos y no en el espejo.
—¡¿Qué?!
—Sales en la televisión como la novia del Kurosaki delincuente millonario Ichigo… están mostrando un video de su declaración en el hipódromo.
Orihime se le escapa una grosería mientras se pega la frente.
Se había olvidado que al aceptar todo esto iba a afectarle en que su cara ya no iba a ser privada en el país.
—¡Mamá! — Shigure se apareció también, luce molesto. — ¿Por qué no sabíamos que salías con un millonario? ¡Ni siquiera lo aprobamos Ayame ni yo! ¿Cierto? — Ve a su primo.
—Cierto.
—¡¿Ves?!
—A ver, my boys, no voy a tener esta conversación con ustedes. Vayan a terminar de desayunar.
Shigure es el único que le hace caso, no sin antes gritar que no lo aprueba porque no lo conoce. Ayame se cruza de brazos, devolviendo el mismo ataque de su tía.
—Ayame, haz lo que digo.
—Ya desayune y estoy suspendido. ¿Esto del novio tiene algo que ver con Ulquiorra?
Oír el nombre de su ex en su sobrino le dispara una descarga eléctrica en su columna… porque había mucha rabia en ese tono que usó. Hay fuego y hielo en sus ojos, en la forma en cómo mencionó aquel nombre maldito.
—Sé que él ha vuelto a molestarte.
—Todo está bien. — Repite su mantra para que no se preocupe. — Él no es un problema.
—Esa basura llevo a mi padre al hospital paralitico en casi todo su cuerpo y no retiene sus recuerdos… también es responsable de que los yakuza nos acosaran durante años, te dieran una paliza y nos robaran la casa… es el culpable que perdieras tus manos de violinista… ¡No lo tomes a la ligera!
—Ayame, Shigure te puede oír… — Tomándolo del hombro, mira con discreción en la puerta y suspira de alivio que no haya señales. — Hey, a mí me molesta también esto que ande fastidiándome la vida otra vez… pero Ichigo no tiene nada que ver.
—¿Segura que no estás con él sólo por protección? Grimmjow-jiisan, Tatsuki-baa y yo podemos hacerlo, podemos cuidarte… protegernos a todos.
Al escuchar aquello, Orihime toma a su sobrino de las mejillas, acariciándoselas con los pulgares, recién anda notando que le está pasando de altura un par de centímetros. Sonríe y lo abraza.
—Es mi trabajo cuidarlos, no al revés.
—No puedes hacerlo todo por ti misma.
—No te preocupes, sé que puedo contar con ustedes… pero déjame esto a mí, ¿De acuerdo?
Ichigo se levanta de su escritorio apenas suena el primer ring de su alarma que le avisa la hora de comer. Normalmente lo ignora y sigue de largo hasta que el hambre le afecte el sueño o la vista, dependiendo de su nivel de agotamiento; pero hoy no iba a pasarlo por alto.
Porque iba a almorzar con Orihime.
Era ese día de la semana en que se juntarían para agendar sus horarios y coincidan en algunos eventos. También sirve mucho a su imagen de pareja ser vistos en algo más "cotidiano", no sólo en fiestas.
—Kurosaki-sama. — Su secretaria se hace presente a paso rápido, se le nota preocupada.
—Si no es una emergencia, se puede esperar a mi regreso.
—Hay un Asistente Social del Servicio Judicial esperando. — ¿Ha escuchado bien? ¿Qué hace allí una de esas personas? No ha estado borracho en meses como para hacer otra estupidez ilegal… y sin hablar que ya no es menor de edad para que lo vea un Asistente Social y no un Oficial de policía. — Pregunta por usted… dice que es por su relación con Inoue Orihime.
¿Orihime? Ve su reloj, no entiende lo que está pasando pero aun le queda algo de tiempo necesario y averiguarlo.
—Dígale que pase y tiene quince minutos.
—Sí, señor.
Toma asiento en su sillón de cuero y espera en silencio.
Aparece un hombre de la edad de su padre y tío Ryuuken más o menos, es más, no le sorprendería que fuese un pariente lejano de su tío por los lentes y la mirada seria que dice "soy superior que todos ustedes, escoria". Un bigote y peinado bien corto y arreglado color miel y ojos oscuros. Viste un traje completamente blanco, incluso los zapatos, y carga un maletín negro.
Más que Asistente Social, parece un juez a punto de dar condena de muerte.
—Buenas tardes, Kurosaki Ichigo… lamento esta visita inesperada, imagino lo ocupado que está. Mi nombre es Robert Accutrone.
—Así es… ahora mismo sólo puedo darle quince minutos de mi tiempo, no lo desperdicie.
—No se preocupe, me voy a asegurar de ser rápido. — Se sienta frente a él, separados por el escritorio. — Necesito hacerle unas rápidas y sencillas preguntas para el caso de custodia.
—¿Custodia?
—Custodia de Jaegerjaquez Inoue Shigure, el hijo de su novia, por supuesto… ¿No le habló de ello?
El empresario piensa en aquel niño que conoció en el estacionamiento del gimnasio. La misma cara de Orihime, sólo que pelo negro y ojos verdes.
—Sé que tiene un hijo si eso quiere insinuar… pero no voy a agobiar a Orihime acosándola en querer saberlo todo de ella… existe algo que se llama respeto.
El hombre lo mira tan fijamente que siente Ichigo un cosquilleo en la nuca, señal que debe tener las alarmas encendidas… o quizás es sólo un auto reflejo porque de verdad es cómo tener a Ryuuken frente suyo.
—El tiempo corre señor Accutrone… dígame sus preguntas.
—Por supuesto… primera pregunta: ¿Cuánto tiempo lleva saliendo con ella?
—¿Oficialmente? Hace una semana… pero antes de eso hemos salido, como puede comprobar gracias a la prensa con sus mentiras de mierda.
—Segunda pregunta: ¿Su novia trabaja de prostituta?
—¡¿Qué?! — Enojado de su comentario se pone en pie, dando un golpe en el escritorio con su mano. Robert no se inmuta. — ¡¿Quién se cree?! ¡No permitiré que hable así de ella!
—Por favor, señor Kurosaki… es parte del proceso, sólo diga sí o no.
—¡No! — Se sienta con unas ganas de romperle la cara. — Es sólo una camarera. — No olvida las reglas del contrato, lo que debe decir si le preguntan de la profesión de la Escort. — No entiendo qué tiene que ver esto con Shigure.
—Ya le dije, hay un caso de custodia por el menor… el padre del niño ha hecho una denuncia a la madre por negligencia, incapaz de cuidarlo por… un trabajo indigno. Yo, cómo un observador asignado por el Juez encargado del caso, debo reunir información y darle a mi jefe un Informe de mi opinión… eso es todo. — Extiende sus manos. — Parte de mi labor de buscar información también requiere hacer visitas sorpresas a los allegados de los padres con el fin de no darles tiempo en mentirme.
—E imagino que el trabajo indigno que alega ese sujeto es prostitución, ¿No?
—Entre otras cosas… ¿Sabe usted si se ha visto o hecho negocios con la mafia?
—¿La mafia? ¡No! ¡Eso es una estupidez! Ella no se relaciona en ese mundo.
—¿Seguro? —Sus ojos nuevamente lo miran de forma acusatoria, exigiendo las páginas faltantes de un libro. — ¿Pone sus manos al fuego por ella?
—Inoue Orihime es una buena persona, una camarera que lucha para sacar adelante a su hijo. — Improvisa, no tiene los detalles pero las limosnas que ha visto o escuchado ahora por este hombre le da una vaga idea de lo que debe estar pasando o lo que debe decirle. — ¿Mientras su padre qué? Lo único que sé de él es que la ha agredido. Una persona así no debería tener la custodia de un niño.
—Estoy de acuerdo con usted… siempre y cuando de verdad el padre es un agresor.
—¡¿Cómo dice?! ¡¿Piensa en poner en duda las agresiones?!
—Como ya le he dicho, mi trabajo consiste en recaudar información y verificar que es verídico o no. — Se pone en pie e inclina la cabeza. — Ha sido un placer… si ve a Inoue Orihime, dígale que la visitaré pronto.
No espera respuesta, simplemente da sus palabras y se marcha.
Ichigo deja que su asiento sostenga su peso y nota sus puños temblar en la necesidad de golpear a alguien. En preferencia a ese Robert… pero sospecha que aquello no causará más que problemas a Orihime.
Orihime…
Luchando contra el padre de su hijo… el padre que posiblemente sea el mismo que ella le dijo es quien la tiro por las escaleras. El pensar nuevamente en esa mirada asustadiza y derrotada en lo que le admitía aquel episodio traumático le hierve la sangre por la rabia.
Ahora entiende el por qué aceptó ser su acompañante durante un año.
Por las apariencias.
Mujer astuta.
Por fin se encuentra capacitado en ponerse en pie e irse sin la necesidad de golpear al primero que se le atraviese.
Ya que el restaurante se encuentra cerca a cuarenta minutos caminando, decide tomarlos y así calmar más la adrenalina causada por esa entrevista corta pero intensa. Con las gafas oscuras el sol intenso no le molesta en los ojos e ignora las miradas de la gente que se cruza a su camino.
Entra al restaurante y el mesero encargado de recepción se inclina en respeto.
—Buenas tardes Kurosaki-sama.
—¿Por casualidad ha llegado mi cita?
—Así es señor, lo espera en la mesa que reservó.
—Gracias.
Le abren la puerta y no tarda en encontrar entre el mar de mesas el cabello de Orihime… en especial si está sentada en su puesto favorito por la iluminación de la ventana. Como está sentada de perfil en su vista periférica, puede ver sin problema el atuendo que lleva: va totalmente de negro, zapatos con tacón de aguja, de esos que la hace llegar un par de milímetros por arriba de su hombro; una falda hasta las rodillas, ajustada a su trasero y piernas; y para finalizar una blusa de mangas largas y transparente con encaje en la zona de los omoplatos, pecho y brazos. Gracias a que se había recogido el cabello pudo notar mejor aquellos detalles, como también los aretes de perlas adornando su oreja.
Anda atenta a un libro que se había traído y tenía ganas de saber cuál era, quizás si se acercaba en silencio, aprovechando la sorpresa, pueda averiguarlo y leerlo… se ve inmune, siempre fuerte, nadie notaría a primera ni segunda… ni decima vez los problemas que tiene… y posiblemente hayan más. Ichigo nunca ha sido caracterizado por la paciencia, su certificado de antecedentes es prueba de ello por todas las veces que ha tenido enfrentamientos con la justicia por peleas callejeras de todo tipo que lo llevó en elaborar trabajos comunitarios; por lo tanto tampoco le ha sido sencillo ocultar sus problemas o estados anímicos, motivo por el cual prefiere ir al grano, tanto en los negocios como en las mujeres… pero Orihime no, ella ha tenido que ser paciente, en armarse un caparazón que la obliga a actuar o sería golpeada porque ya le habían dado demasiadas puñaladas, tantos físicas como mentales.
Cada vez que la entiende un poco más, comprende por qué no quiere una aventura con él y termina admirándola por cómo ha construido su castillo con los ladrillos que le han tirado… y ahora alguien quiere echarlo abajo y arruinar su seguridad que le ha costado obtener.
—Como me digas que estás leyendo After, me voy a decepcionar… y si es Cincuenta Sombras de Grey, me ofrezco de voluntario a recrear todas las escenas.
Como se esperó, la mujer alza la ceja en señal de enojo… pero, puede jurar que hay una pisca de diversión.
—¿Y cómo tú sabes de After?
—Tuve una ex que se leyó la saga.
—Ah. — Alza un dedo. — Eso explica por qué salió contigo.
—Muy graciosa. — Se sienta frente a ella. Un mesero se acerca a ellos y les entrega la carta a cada uno. — ¿No te han atendido?
—Quise esperar… así no me alegas por pedir cosas sin tu permiso.
—No tienes que pensar en esas estu-… — Se corta al notar el título del libro en lo que ella lo aguarda en su bolso rojo, lo único que destaca con todo lo negro. — ¿Hamlet?
—¿Eh?... ah sí. — Se encoge de hombros. — Mi sobrino tiene examen del libro y no lo he leído desde la escuela… — Frunce el ceño, ¿Cómo ha tenido confianza en decirle eso? Que estúpida, él no tiene que saber de su vida. — Como sea, había olvidado lo quejica que era Hamlet.
—¿Por querer vengarse de su tío?
—Porque se pasa casi todo el libro lamentándolo en vez de tomar al toro por el cuerno. — Se da cuenta. — Espera… ¿Leíste Hamlet?
—Soy fan de Shakespeare. — Admite mientras se encoje de hombros.
—¿Bromeas? — Sorprendida se inclina un poco. — ¿El mimado millonario que estrello el auto de su padre en un casino tiene una colección de Shakespeare?
—Tenía trece años. — Se justifica inútilmente. — Y sí… tengo un estante con libros de Shakespeare en diferentes idiomas y ediciones.
—¿De verdad? — Aunque se esfuerza, la sonrisa igual sale de sus labios. — ¿Un estante sólo para él? Eres un friki.
Ichigo suelta un gruñido pero por dentro le gusta haber provocado aquella sonrisa.
Y para que no desaparezca, decide no comunicarle aún la visita que tuvo de Robert.
Pasaron, para sorpresa de Orihime, un almuerzo agradable. Como que el asunto fanboy de Ichigo al escritor muerto ha sido el catalizador a una conversación sin disputas o estar a la defensiva constantemente o él iba a cazarla. Aquello hizo que la comida fuese disfrutable y el tiempo pasase rápido.
Ni siquiera ha reprochado la sugerencia de ir del brazo con él mientras caminan con el fin de engañar a la gente con la apariencia de una pareja normal.
—¿Dónde quieres que te deje? — Dice él de pronto.
—¿Qué?
—En vez de esperar contigo en la parada, ¿Por qué no dejas que te lleve personalmente? Ya sabes, como un novio normal.
—Los novios no siempre andan dejando al otro.
—Sí si uno de ellos tiene un auto.
—Tienes la agenda apretada.
—No me des evasivas Orihime… de verdad no me molesta.
—Nada importante, sólo… debo ir a una reunión con mi abogado.
Que mencione la palabra abogado le hace pensar nuevamente en la visita del tal Robert y el comentario de la demanda por la custodia. Ya lo había pospuesto demasiado.
—Anda, vamos a mi edificio por el auto y te dejo.
—Que no tienes que hacerlo.
—Orihime. — Consigue llamar su atención, ella ya sabe que cuando pronuncia su nombre en ese tono serio y urgente es señal de algo importante. — Por favor… debo decirte algo que te involucra.
Esas palabras le preocupan, pero bastaron para que aceptara. No por curiosidad, sino porque sabe que es importante por el tono.
Entrar a Kurosaki Company ha sido una odisea, la gente se los quedaba mirando, especialmente a la "famosa novia" que han visto en la televisión o revistas. Una vez más, y lamenta ser repetitiva, da gracias al entrenamiento de Escort que la ayuda a permanecer indiferente y con la cabeza en alto como si fuese de la aristocracia y no como un cachorro bajo la noche lluvioso y llena de peligros.
Habían ido al estacionamiento y, dejándose guiar por su cliente, se da cuenta por primera vez de unas personas en trajes y hablándose entre ellos con un aparato en sus orejas. Sospecha que deben ser los guardaespaldas de Ichigo al verlo despreocupado de tenerlos acosándolos. Si de verdad fuese su novia… ¿También pasaría por eso? El solo pensar que sus movimientos serían vigilados por cuatro mastodontes produce tener lastima de la mujer que se quede con el pelinaranja. O sea, es la novia falsa y ya se siente agobiada.
Se detiene abruptamente al notar a qué auto la lleva Ichigo. No es una experta en la marca de vehículos, sólo le interesa que funcione, pero ha visto fotos de Grimmjow y lo ha escuchado tanto con sus amigos cuando reparan sus motos y autos que ya le da una idea cuando se sube a los transportes carísimos de sus clientes.
Pero, al menos con ella, nunca los ha visto con un…
—¿Bugatti? — Escapa de sus labios con los ojos aun fijos en ese deportivo color negro. — Eso es un Bugatti, ¿No?
— Bugatti La Voiture Noire. — El tono casi paternal orgulloso le da la pista definitiva que es un amante de carros total. Se lo imagina lavando a todos sus autos mientras les habla como si fuesen bebés. No sabía si reír o sonrojarse por imaginarlo sin camisa. — No te has subido a uno antes. — Afirma más que preguntar.
—Es de los más carísimos, ¿No? — Rememorando varios comentarios repetitivos de su amigo con derecho sobre ello. — Quizás mis clientes no querían que lo rayara con el tacón. — Bromea despreocupada.
—¿Sabes de autos?
—Para nada… sólo paso tanto tiempo con hombres que ya sus conversaciones se me quedan en la cabeza de lo repetitivos que son. — Finaliza con un encogimiento de hombros.
—Anda, psicóloga experta en hombres, sube al auto. — Bromea abriendo la puerta del copiloto y le ofrece su mano.
A Orihime le sorprende que se le haya escapado una risa.
Porque no es actuada.
Y ver lo emocionado que está Ichigo de su victoria, sin malicia de por medio, le produce calor y frío al mismo tiempo en el pecho.
Estás bajando demasiado tus barreras Inoue Orihime.
¿Quieres meterte en más problemas?
Pero, a regañadientes, sabe que no será así.
Toma su mano y permite que él la ayude a meterse dentro. Lo ve dar la vuelta y ese tiempo que se toma ella lo aprovecha en agarrar la falda y recordar que debe calmarse. Que esos descubrimientos no cambiaran las cosas.
—Bien… — Dice Ichigo ya dentro del Bugatti. — ¿A dónde vamos, mi bella dama?
—¿Bella dama? — Arquea sus cejas. — Dices eso otra vez y te doy un puñetazo en la cara.
—Como diga, ilustre señorita.
—Para. De verdad. O me bajo. — Que el sinvergüenza lo ande gozando no ayuda tampoco, ¿Lo peor? Es que hace un esfuerzo por no contagiarse de esa sonrisa picara. — Llévame al buffet de abogados Las Noches y dime en el camino lo que querías contarme.
Que la sonrisa del hombre haya desaparecido le alegra y molesta al mismo tiempo. Necesita su semana libre urgentemente o teme cometer un error.
Ichigo había comenzado a conducir, se nota la velocidad del vehículo y, si tuviese vida, el Bugatti estaría reprochándole a Ichigo el estarse conteniendo, que mejor corra con el viento. Su cliente mantiene el silencio y la vista al frente, intuye que está pensando qué estrategia usar a la hora de revelarle lo que esconde y por primera vez le prende la curiosidad de verlo en su ámbito laboral. ¿Será relajado como su tío Aroniero o despiadado como Aizen? Presiona sus labios, aquello no debe encenderla.
—Sólo suéltalo de una vez. — Reprocha, aunque el reclamo es más a sí misma por sentirse así.
—He recibido una visita de un Asistente Social encargado de la demanda en custodia.
Menos mal que ella no maneja o habría ocasionado un accidente.
Parece que no se podía postergar por siempre.
Sus manos en forma de puños hacen tanta presión que se lastima sin darse cuenta al encontrarse perdida en sus pensamientos. La imagen de Ulquiorra invade su cabeza nuevamente, se lo imagina llevándose a su hijo a la fuerza, casi a la rastra, inmune a los gritos de madre e hijo. Debe bajar la ventana en busca de aire o iba a tener una crisis. Jadea hondo, atrapando todo el oxígeno en cada inhalación, y no se detuvo hasta ya no sentirse en el fondo del océano.
Ichigo había mantenido la vista al frente pero sus manos presionando el volante es prueba de los furioso que está, enojado como en esa visita, enojado como ese momento que escuchó que su ex la tiro por las escaleras. Debe mantener la ira bajo control o iba a cometer una estupidez. Ya no es un puberto después de todo. ¿Cómo ese canalla puede dormir sabiendo todo el daño que hizo? Él, ha sido todo el canalla que uno de pueda imaginar, pero respetaba la moral.
—¿Qué preguntas te hicieron?
—Solo querían confirmar que salíamos y si eras de verdad una camarera o prostituta… ah, y algo relacionado con la mafia. — La escucha gruñir mientras maldice un nombre (Ulquiorra, lo memoriza bien) y se frota los parpados. — Como que voy entendiendo el por qué has cambiado de opinión con nuestro negocio.
—No perderás el tiempo en tribunales si eso es lo que te preocupa.
—Despreocúpate de esas nimiedades, si ir me ayuda a encontrar a ese ex tuyo, con gusto voy y lo mato a puñetazos… o con mi auto.
—Oh sí, porque eso si sería de ayuda. — Sarcástica.
—Lo que trato de decir es que si quieres que te ayude, necesito más información.
—No.
—Orihime.
—¡No! — Lo encara molesta. — ¡Es mi problema, siempre ha sido mi problema! ¡Tú sólo limítate en cumplir tu parte!
—¡Piensa un momento! — Cerca estuvo de frenar en derrape pero se contiene. — ¡¿Si me hacen preguntas al respecto, no será sospechoso que tu supuesto novio no sepa algo al respecto?!
—¡Lo sé, no soy estúpida! — Mira el paisaje de la ventana consciente que ambos no pueden hablar en ese estado y también sabe que es su culpa, dejándose llevar por la rabia y el miedo nuevamente, desahogándose con la persona equivocada. Parece que Ichigo entiende ello también porque no le da más presión… o solamente quiere que su cabeza pare de calentarse por la adrenalina negativa. Orihime respira hondo y cierra los ojos. — Lo siento. Lo siento, yo… no debí gritar.
—No, no debiste. — No se lo dijo con rudeza, se había calmado al instante que la oyó bien.
—Solo… no quiero meter a mi novio falso en la mierda que estoy hundida. Ya es suficiente la gente real que se ha metido al hoyo por mis errores. — Vuelve a respirar hondo. — ¿Puedes simplemente quedarte con lo que sabes y lo dejamos por la paz?
—No. — Sabiendo que se podría ganar un puñetazo usa la mano derecha en sostener la izquierda de Orihime. — Hey… escucha, quieras o no, sabes que tengo razón.
—Quizás… vale, sí, tienes razón. — Agradece que ya se estén acercando al edificio.
—Solo piénsalo bien. Con la mente fría, no a punto de ir a llorar al baño… ni con ganas de darle a un inocente puñaladas.
—I-… Kurosaki… ¿No crees que ya has tenido demasiadas dificultades en tu vida como para meterte en las mías?
—Puede ser. — Admite en lo que se estaciona. — Pero vale la pena.
—¿Tanto deseas meterme en tu cama?
—No negare que sueño con ese momento mínimo veinte veces en el día, aunque el verdadero motivo es que quiero aportar en mi heroico camino en salvar mujeres de canallas como tu ex.
La Escort abre ligeramente sus labios, mirándolo de verdad, no de una forma superficial o con aburrimiento como otras veces, ni siquiera lo está juzgando o buscando la trampa. No es necesario… porque ve en esa fracción de segundos a Kurosaki Ichigo de verdad.
Y antes que se dé cuenta, el calor ha llegado a sus mejillas y no puede culpar en esa ocasión al alcohol.
—¿Y qué piensas hacer con el canalla que ves todos los días en el espejo?
—Que graciosa. — Se queja, pero sonreía animado de ver ese adorable color carmín en ella.
Tanto que por primera vez se olvida de sus propias alarmas sobre no confundir el sexo con el amor.
—Sí, bueno… la comedia es mi pasión. — Y no es mentira, desde niña se ha pasado pegada en la tele mirando programas de comedia. — Gracias por dejarme. — Murmura abriendo la puerta. Necesita bajar ya.
—Espera, no hemos terminado en…
—Sólo… déjame pensarlo. ¿De acuerdo? — A pesar de no querer lo mira a los ojos. — ¿Por favor? — Suplica en un tono bajo.
Ichigo piensa si debería besarla en ese momento y arriesgarse a tener el ojo morado.
—Claro… esperare.
Aguantarse valió la pena por la sonrisa pequeña pero honesta que le obsequia.
—Gracias. — Y se baja.
El empresario se queda mirando en silencio la fémina figura caminar hacía el buffet y apenas se pierde de vista, llama a Keigo apretando unos botones en la pantalla de su auto.
—¿Diga? — Le habían aceptado al tercer tono.
—Keigo, quiero que rastrees a todos los Ulquiorra que pilles registrados en Japón, de preferencia de nuestra edad.
—¿Sin un apellido o algo?
—No, solo tengo ese nombre.
—Joder Ichigo, ¿Qué tiene que ver ese tipo con Inoue-san?
—No todo en la vida tiene que ver con ella.
—¡Ichigo! — Lo escucha gruñir. — ¡Desde que la conociste, todo tiene que ver con ella! — Ahora es turno del pelinaranja en gruñir porque tiene razón. — Tira la toalla de una vez y sigue adelante.
—No te pago para que me des consejos amorosos.
—Me pagas para que te mantenga en la realidad y esto viene en el paquete.
Orihime echa llave en el departamento de Grimmjow, quien andaba roncando en su cuarto aún, anoche estuvo trabajando con su banda hasta las cinco de la mañana y a las siete fue puntualmente a un asilo de ancianos hasta las tres de la tarde como el voluntario responsable que es. Sí, sabe que es difícil de creer con su apariencia de punk pandillero pero su amigo siempre ha sido un aliado de los ancianos, debe ser por su abuela al criarlo ella sola hasta sus veinte años porque le llegó la hora. Conociéndolo, sólo se había comido un pan con cualquier cosa que pilló y se fue a dormir y debe estar realmente cansado si no la escuchó entrar ni el olor de la comida fue capaz de levantarlo, por lo tanto será toda una sorpresa despertar y ver su comida favorita, aunque siendo ya cerca de las siete de la tarde, de seguro despertará luego con ayuda del despertador.
No le molesta ser atenta con Grimmjow, después de todo él la había ayudado mucho desde que se conocen, en especial en estos cuatro años dignos de un libro, era un poco gruñón pero era como un padre para su hijo y también con Ayame, tratando que no note tanto la ausencia de Sora. Además, vivían en el mismo edificio gracias a que él le consiguió su departamento luego de haber perdido la casa, por lo tanto no tiene que caminar un gran tramo, puede tranquilamente dejar sus niños tranquilos en el departamento en lo que va a asistir al peliazul.
Entro al elevador y mientras subía los pisos piensa en aquel evento con Kurosaki Ichigo. Solos en un auto definitivamente no es seguro tampoco. ¿Hay algo en que sí pueda estar segura mientras comparte espacio con él? Pero eso es el menor de sus problemas. La demanda de custodia ya es oficial y puede sentir a esos trajeados respirándole el cuello… los mismos que ignoraron las evidencia frente a sus narices y la tiraron a los tiburones sin remordimiento.
Una vez más se pregunta por qué ha vuelto.
Sin embargo, siempre ha sabido la respuesta.
Cuando creas que puedes volver a caminar, yo volveré a romperte por completo.
Y así tú serás totalmente mía.
Cierra los ojos, su cuerpo agitado por la adrenalina de querer llorar y romper cosas… o a una persona en concreto. Sería ridículo decir que nunca se ha imaginado formas de lastimar a Ulquiorra o matarlo, debe admitir. Le sienta tan bien y mal al mismo tiempo las veces que se imagino darle el mismo dolor que hizo él con ella… o simplemente abrirle los sesos de la cabeza con un balazo.
El timbre que le avisa haber llegado a su piso la obliga a salir de sus pensamientos perturbadores, sale al exterior y respira hondo. No puede permitir que Ayame y Shigure la vean en ese estado. Giro en el pasillo que daba a su pequeño departamento cuando nota una figura recargada en la pared cerca de la entrada.
Y su mundo vuelve a desmoronarse.
—¡Tú! ¡¿Qué haces aquí?!
Como estaba castigado sin computador ni celular ni la SWITCH, sólo tenía el MP4 de su padre para entretenerse en escuchar música. Lo necesita para hacer sus deberes por los ruidos de los vecinos o las constantes peleas de los gatos y perros. Ahora mismo se lo había dejado a Shigure porque quería ver un video viejo que tenía el aparato guardado, por eso había escuchado sin problema el grito de su tía.
Dando gracias que su primo lleve los audífonos, actúa tranquilo que va por algo de tomar con una imitación con sus manos y sale del cuarto dejando la puerta junta en caso que fuera de nuevo la mafia y deba llevarse al pequeño por la escalera de incendios. No es que se sienta orgulloso de dejarla minutos sola con esos maleantes en lo que se escapa y llama a Grimmjow y la policía, pero entiende las prioridades y Shigure lo es.
Camina tan silencioso como un ninja hacía la puerta principal, que siempre está cerrada con llave. El plan es fácil, iba a mirar por el agujero de la puerta y, si es peligroso, sacar al niño por la escalera de incendios en lo que llama a Grimmjow.
Entonces escucha la voz.
Esa voz que de niño le daba miedo.
Y ahora le hierve la sangre en rabia.
El maldito está exactamente igual.
Figura alta y delgada, cabello oscuro y lacio, piel pálida y esos malditos ojos verdes que en su momento la habían encantado como una estúpida la acuchillaron como dagas.
Su ex novio y padre de su pequeño Shigure: Ulquiorra Shiffer.
—He venido para conocer a mi hijo. — Le hablo con ese tono inexpresivo que siempre usaba. En su momento le había parecido que le daba una actitud "cool" ¡Que estúpida había sido!
—Qué curioso, recuerdo que hace cuatro años nada más te dije la palabra "embarazada" me lanzaste por las escaleras con el fin de perderlo y luego te marchaste al no funcionar, dejándome con mi hijo y endeudada con la mafia.
—Nunca es tarde para cambiar. — Se encogió de hombros despreocupadamente pero Orihime nota, de tanto tiempo juntos, que se había molestado al oír "mafia" y eso le ayuda a tener una idea de al menos uno de los motivos de su presencia.
—¿Me crees tan estúpida para creerte eso? —Le escupió realmente controlando sus ganas de acercarse y matarlo. No es tonta para enseñar a la primera sus cartas, iba a hacerle creer que tenía el poder como siempre y, en el instante que notase alguna intención de agresión o de sólo querer tocarla, le iba a romper la cara como Tatsuki le enseñó. — Largo de aquí.
—Solo quería visitarte y recordar viejos tiempo. — Le sonrío como cuando estaba enamorada y quiso patearlo entre las piernas para quitarle esa sonrisa de los labios.
—Tú aquí no tienes nada, lo has dejado claro en el momento que provocaste el accidente de Sora y me tiraste de esas escaleras. Sólo estás aquí porque ya no puedes usarme para sacar dinero a tu primo. — Se atreve a sonreír victoriosa al verlo arrugar la frente por sus cejas. Justo en el blanco. — Vete y déjame en paz. — Le exigió.
—¿Y negarle a Shigure el conocer a su padre?
—¿Cómo has sabido su nombre? — Su corazón late en señal de peligro, incluso sus sentidos le advierten de ello y se esfuerza en no desviar la vista en la puerta o él sabrá que está en casa. — Jamás lo viste.
—Tengo mis contactos.
—Mi hijo ya conoce a su padre y se llama Grimmjow. — No quiere cruzar sus brazos, eso es señal de esconderse con un escudo imaginario, por eso mantiene las manos apoyadas en las caderas. — Tú tan solo eres un zángano.
—Auch, haz lastimado mis sentimientos mujer. — Fingió tomarse el pecho adolorido. — pero hace cuatro años lo disfrutaste en la cama.
—¿En serio? ¿Esa es la carta final de Ulquiorra Shiffer? — Se burla con un bufido. — ¿Desesperado, cariño?
—Mi carta final no es esa. — De pronto esos ojos se han vuelto tan fríos y amenazantes como aquel momento en que la tiro de las escaleras… o la drogó para lastimarle los dedos. — Es romperte matando lo que amas. — Ahora es su turno de sonreír por reconocer el miedo en Orihime. — Ni tu novio lo impedirá y lo sabes.
¿En qué momento se había acercado?
¿En qué momento la habían metido bajo el agua?
No puede respirar. No puede moverse.
Quieta mira esa mano pálida acercarse a su rostro.
No otra vez.
No otra vez.
¡Él no puede tener poder sobre ella!
¡Muévete!
El ruido de la puerta abrirse bruscamente destruye el ambiente destructivo que crea Ulquiorra en su mente con sólo verla a los ojos. Los ex novios miran en donde proviene el ruido y el pelinegro debe agacharse rápido o iba a recibir una patada en la cara por cortesía de Ayame, quien no titubea ante su fracaso y ésta vez arremete con un gancho derecho a la quijada mientras Orihime corre a la puerta con el fin de cerrarla. No quiere que Shigure sea atraído por el alboroto.
Ulquiorra detiene sin problema el ataque agarrándolo de la muñeca. Luego detiene el otro puñetazo.
—Ayame, he escuchado que te has metido en karate y ganado torneos.
—¡Imagino tu cara en mis oponentes! — Admite en el momento que consigue darle un cabezazo. Sonríe arrogante al verlo dar pasos atrás y que le caiga sangre en la nariz, como también un futuro moretón feo. — Eso es por mi padre, infeliz.
—Interesante. — Murmura Ulquiorra tocándose la zona dañada y viendo la sangre deslizarse por sus dedos. — Será divertido acabar contigo también.
La sangre de Orihime se hela al escuchar eso.
Sabe que no miente, no tendrá remordimiento en dejar en el suelo lleno de heridas a un adolescente.
O a un niño.
—¡FUERA DE AQUÍ! — Grita mitad aterrada y mitad enojada.
—¿Que sucede aquí?
Grimmjow apareció en ese momento, corriendo y preocupado de oír los gritos de su amiga y Orihime podía sentir que el aire volvía a sus pulmones. El peliazul sonrío como un depredador apenas es consciente que el emo hijo de puta ha vuelto.
—Vaya, he venido justo a tiempo de sacar la basura. — Hace sonar los nudillos, emocionado por la revancha.
—¿La bestia está por aquí también? — En vez de estar atento en él, desvía su mirada en su ex novia. — Parece que no te mueves a ningún lugar sin tu gorila, ¿Eh? —Orihime aprieta los puños con fuerza, sentía las uñas enterrando se en su carne.
—Mira estúpido emo o te vas o te saco… — Grimmjow ya está caminando hacía su presa. —en realidad, quiero sacarte de una forma nada amable, así que para qué preguntar.
—¿Ayame? — Nuevamente la atmosfera seria ha sido cortada, esta vez por la inocente voz de Shigure. — ¿Qué son esos ruidos? ¿Estás afuera? Sabes que estás castigado.
—Largo. Fuera de aquí. — Repite Orihime, con voz insistente.
—Me voy mujer. — El ojiverde comenzó a andar despreocupado del adolescente y hombre o que sigue cayendo sangre de la nariz. — No olvides que nos veremos muy pronto, estoy emocionado de poder tener a Shigure conmigo.
—¡No te acerques a él! —Le grita como una leona defendiendo a su cachorro.
—Eso lo decidirá el juzgado. — En cuánto hubo dicho esas palabras se retiró.
Orihime queda blanca como el papel, estuvo a punto de tocar el suelo si no hubiese sido por su amigo que había alcanzado a tomarla a tiempo.
Otra vez la puerta es abierta. Shigure tuvo que usar su banquito del baño para lavarse los dientes y le preocupa ver a su mamá de rodillas mientras su papá y primo la vigilan.
—¡Mamá! — Corre a ella y se asusta de verla pálida y llorosa. — ¿Qué te duele?
Ella se lo queda mirando un momento y luego lo abraza con fuerza mientras lo pega a su cuerpo como si en cualquier momento fuera a desaparecer.
