Disclaimer: Todos los personajes conocidos son de JKR


¡Un poco atrasada, pero ahí vamos!

Reto FICTOBER, 2020 del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos"

Día 10: Fantasma


De fantasmas sociales

.

.

Si en algo se había vuelto bastante bueno Draco Malfoy al cabo de dos años después de la guerra, era en ser un fantasma social.

Trabajaba en el ministerio por orden del Wizengamot, dormía en su departamento -recién remodelado- y ocasionalmente se dejaba ver con sus amigos en algún bar de moda.

Las páginas de Corazón de Bruja se llenaban de imágenes de Blaise bailando con muchas chicas guapas al mismo tiempo, muggles, mestizas o nacidas de muggles con carteles tipo "El heredero Zabini, destructor de prejuicios", "Una chica bonita es una chica bonita, no importa de dónde venga", "¿Has escuchado sobre el Rey Felipe de Edimburgo? Renunció a sus lealtades para casarse con una Reina y le ha ido bastante bien".

Incluso había fotos de Nott sentado en algún sofá elegante bebiendo vino y riendo como si siempre estuviera posando para una revista de moda. Siempre controlado, siempre melancólico, la caricatura del joven solitario que mojaba a las adolescentes.

Y luego estaba Draco.

Se sentaba entre ellos con alguna bebida en su mano, girándola y mirando la puerta cada dos minutos, ansioso de desaparecer. A Corazón de Bruja ya no le podía enamorar su aspecto de ex mortífago torturado, debido a una petición pasivo agresiva del propio Ministro de Magia que les pedía amablemente dejaran de usar su pasado para buscar audiencia. Así que lo dejaron en paz.

Y las demás noches que no salía con sus amigos, se enterraba en el terrible papeleo que representaban los negocios de los Malfoy, no entendía la mitad de lo que ahí se decía y sin embargo, sus padres habían considerado que tenía la edad y madurez suficiente para casarse, dirigir los negocios e incluso ya tener uno o dos herederos en camino. Draco se limitaba a mirarlos mientras le relataban que, a su edad, Lucius llevaba las riendas de su apellido sin ayuda de nadie, con una flamante recién estrenada esposa y todo el mundo que importaba en su bolsillo.

Maldito mentiroso, a su edad estaba besándole los pies a Lord Voldemort mientras su abuelo amasaba una fortuna creando artefactos oscuros.

Y todavía sabiendo la verdad, Draco a sus veinte años, se sentía bastante estúpido por no entender qué era un juicio ejecutivo mercantil. A veces, le preocupaba su nueva necesidad de beber para poder deshacer ese nudo de ansiedad que se formaba en su garganta al no entender un carajo qué se suponía que tenía que hacer con los negocios de la familia.

Incluso había sufrido alguna clase de ataque de ansiedad cuando se enteró que habían perdido algunos miles porque Draco olvidó pagar sus multas anuales Post-Guerra en Gringotts. Su madre se había reído y dijo algo sobre aprender a aprender mientras bebía su taza de té… Pero Draco, que toda su vida había sido absurdamente rico y despreocupado, por primera vez sentía el peso del apellido y los galeones en sus hombros. Si perdía algunos miles o cientos, no tenía ni una puta idea de cómo recuperarlos o cómo hacer más.

Finge que sabes hasta que sabes, había sido el consejo de Blaise mientras gastaba su fortuna sin pestañear. Maldito arrogante.

Afortunadamente para él, Theo Nott que se encontraba en la misma posición, pero con varios millones por debajo de su fortuna, le sugirió contratar un equipo y unirse en una asociación.

Pero había días como hoy que no entendía ni un knut. Sobre todo, porque parecía no poder equilibrar su suerte. Todos los días eran terriblemente malos de maneras que no podía ni mencionar de lo absurdas y delirantes que eran.

Ahí estaba aquella mañana que intentó abrir la regadera y de pronto, la tubería estaba oxidada, escupiendo agua rojiza que casi parecía sangre, bañándolo en el proceso. Tardó tres días en quitarse el color de bronceado mal hecho.

La semana siguiente, mientras Nott ponía a decantar una botella de vino para cenar con una invitada especial, todas las botellas habían explotado nada más Draco pasó para recoger un informe que había olvidado. Theo lo miró inescrutablemente goteando de vino tinto mientras él limpiaba todo, evitando su mirada.

—¿La viste?

Draco tragó y negó con la cabeza, enfocado en la limpieza.

—Por favor, Malfoy —susurró Theo mientras lo miraba fijamente, habría sido bastante gracioso su rostro enrojecido, su cabello pegado y sus lágrimas rosadas de no ser por su tono de voz: hastiado—. Esto solo pasa cuando te la "encuentras".

Dos semanas después y los zapatos favoritos de Zabini se habían perdido mientras utilizaba la recién conectada red flu e inexplicablemente, las llamas habían dejado de ser mágicas para convertirse en un fuego voraz. Draco, que había estado sentado en el sofá de enfrente mirando a la nada, perdido en sus pensamientos contando cuántos galeones había perdido su familia ese fin, sólo atinó a tirar de su amigo lejos del fuego. Perdió sus zapatos en el proceso.

Blaise se había ido unos días a su finca en Italia para pasar el mal trago que estaba siendo la mala suerte de Draco y Nott huyó a su maldito castillo.

—Lo siento, Draco —dijo Theo mientras tomaba su capa—, sabemos demasiado de tu mala suerte como para quedarnos contigo. Mándanos una lechuza cuando se termine.

—Y por lo que más quieras, Draco —dijo Blaise mientras salía después de Theo—, no te acerques a ella, no de nuevo. Nada de acostarse, nada de verla, hablarle o pensar en ella.

—Oh, mierda —murmuró Theo mirando a Blaise y luego a Draco—, pero claro que no solo tenías que verla, sino acostarte con ella. Idiota.

—Dos semanas, Malfoy —dijo Blaise antes de irse—. Dos semanas para que desaparezca tu mala suerte o tendremos que hacer el ritual de desnudarnos contigo… de nuevo.

Draco se quedó parado unos minutos mientras la puerta se cerraba, estremeciéndose ante el recuerdo del Beltanario de hace un año y la idea de sus amigos para equilibrar su suerte después de haberse encontrado a Hermione en un pub, a varios metros de distancia, por menos de media hora.

Genial, sus únicos amigos, las únicas personas que habían aceptado quedarse con él después y a pesar de todo y se marchaban por fin, porque no había podido alejar sus manos de Hermione, pese a que conocía las consecuencias.

Tomó su abrigo y se dirigió a la salida de su departamento, debería empezar a reponer la biblioteca de Theo...


—Entonces, te acostaste con Draco Malfoy —dijo Ginny mientras daba vueltas frente a Hermione—. Y apenas hoy, un mes después, me lo estás contando en mi prueba de vestido de novia, ¿por...?

—Porque me siento terrible por haberme ido —murmuró Hermione mientras bebía de su champaña—. Entré en pánico y todos los pensamientos negativos que jamás he tenido, comenzaron a bombardearme. Cuando llegué a mi departamento, me sentí totalmente ridícula por salir corriendo. Todavía ahora no entiendo mi necesidad de… huir. Era en lo único que podía pensar mientras lo veía dormir… Huir.

—¿Y yo lo voy a solucionar haciendo qué? —preguntó Ginny mientras una dependienta le ponía un velo y se lo ajustaba.

—Quizá podrías decirme dónde trabaja, sé que sabes esas cosas —sugirió Hermione mientras sacaba una foto de su amiga. Luego tomó otra cámara, una pequeña cosa muggle de plástico y giraba el rollo para tomar otra fotografia—. Estás preciosa, Harry va a llorar.

—Por supuesto que va a llorar —contestó Ginny mirándose con picardía—. La cosa es cuándo. Te apuesto tres galeones a que llora justo antes que la música suene en el altar.

—Pero claro que no voy a apostar por cuándo Harry llorará —exclamó indignada Hermione—. Harry es mi hermano, no podría apostar sobre cosas como esas —Ginny arqueó una ceja frente al espejo y Hermione sonrió—. Porque sé que llorará en su despedida de soltero y aparecerá en donde sea que estemos para verte.

—Eres malvada —sonrió Ginny mientras daba vueltas en su vestido—. Trato hecho.


Las chicas salieron de la tienda una hora después. A estas alturas, habían terminado de hacer todo lo que se suponía que debían por la boda, así que cenarían en algún sitio alejado de los reporteros de Corazón de Bruja o El Profeta.

—¡Espera! —exclamó Hermione mientras daban la vuelta en una esquina—. Hace dos semanas encargué un libro, iré a ver si ya llegó.

Ginny siguió a Hermione al interior de una librería muggle y comenzó a merodear mientras su amiga se dirigía al mostrador.

Sonrió como gato al ver una figura agazapada detrás de unos estantes y se deslizó por detrás. Era la mirada Weasley. La que hacía temblar a Molly y Arthur.

—¿De quién nos estamos escondiendo? —preguntó Ginny en un susurro.

Draco pegó un brinco y algunos libros se deslizaron a su alrededor. Se giró, blanco como un fantasma. Ginny Weasley le sonreía con algo que intentaba parecer ¿inocencia?

—Weasley —saludó Draco mientras se recomponía, como si no hubiera estado escondiéndose—. ¿Qué se supone que haces aquí? ¿Comprando libros para enseñar a leer al tonto de tu hermano?

—Sé más específico, Malfoy —sonrió Ginny mientras se recargaba en una pila que comenzó a mecerse peligrosamente—. Tengo cinco hermanos.

—Y sólo tú eres la lista —dijo Draco mientras se alejaba de la pila con una mirada de aprehensión—, algo hicieron mal tus padres.

Ginny no borró su sonrisa y se encogió de hombros.

—Son buenas personas, los otros.

Draco soltó una risita. De todos los Weasley, ella era la única que le caía bien. No olvidaba cómo había consolado a Hermione cuando la comadreja había roto su corazón en cuarto año o todas las veces que había saltado en su propia defensa mientras él esperaba a Hermione fuera de la Sala Común de Gryffindor. No es que él necesitara que lo defendieran, pero era agradable que alguien no pensara en él como un aprovechado.

Aunque, por lo que pasó al final, probablemente debería odiarlo. Su sonrisa se borró. Tampoco había podido hablar con la pelirroja después de la guerra ni darle su pésame por su hermano...

—Te ves bien, Malfoy —comentó Ginny mientras sacaba un libro de entre la precaria pila y lo hojeaba con fingido interés—. ¿A caso algo relacionado con año nuevo y una castaña?

Draco tosió nerviosamente y la pila de libros se cayó, enterrando a Ginny en ellos.

—¡Ginny! —chilló Hermione a sus espaldas. La pelirroja se asomó de entre los libros, riendo. Draco la estaba ayudando a ponerse de pie para cuando Hermione los alcanzó.

—Estoy bien —reía Ginny mientras salía de entre pesados volúmenes—, fue mi culpa, saqué uno de en medio, ¿Cómo se llama este juego que Harry y tú tienen? Como en el Jenga.

Hermione se había quedado congelada mientras miraba a Draco.

—¡Oh, sí! ¡Hermione, querida! —dijo Ginny con una muy buena imitación del acento afectado de su madre—. ¡No vas a adivinar a quién me encontré! ¿Recuerdas a Draco Malfoy?

Draco no dijo nada, solo la miró. Se veía tan distinta sin las luces mareantes del bar, sin su vestido plateado y sus tacones tambaleantes, sin su cabello demasiado alborotado. Le recordaba mucho más a la chica de dieciséis años de la que se había enamorado. Sí, quizá era unos centímetros más alta, pero no demasiado, sí, sus curvas se habían rellenado y vaya que la hacían lucir muy bien sin ropa, pero había algo más, quizá solo era ella siendo su imán, pero Draco no podía evitar el querer acercarse y pedirle que se fuera con él, a cenar, al cine, a pasear, no sé, lo que quisiera, que se quedara esta vez…

—Sí, claro que me acuerdo de él, ¿cómo estás, Malfoy? —forzó Hermione con una sonrisa educada. La sonrisa de Draco, en cambio, desapareció.

¿Estaba jugando a que no se habían visto?

—Un gusto verte de nuevo, Granger —contestó intentando no sonar contrariado. Ginny miraba de uno al otro todavía entre la montaña de libros. La escuchó exhalar con fuerza y poner sus manos en sus caderas.

—Le estaba diciendo a Draco —dijo Ginny con los dientes apretados—, que nos acompañe a cenar, para ponernos al día, ya sabes, los tres éramos grandes amigos.

Y tomando la mano de cada uno, tiró de ellos fuera del local.

—Y quizá —susurró la pelirroja con fuerza—, podrían dejar de tener esa mirada de haber visto un fantasma y admitir que se encontraron hace menos de un mes.

Hermione hizo un sonido ahogado y tropezó con sus propios zapatos.

Draco quería salir huyendo de ahí, les había dicho a sus amigos que no la vería, tocaría o hablaría con ella, pero al parecer su mala suerte le estaba dando esto, algo que quería, por una vez, al menos.

Aunque incluyera una pelirroja muy habladora tirando de él por el Londres muggle.

Un flash los cegó mientras entraban a un restaurante.

—¡Draco Malfoy! ¿Estás intentando robarte a la novia de Potter antes de la boda? —preguntó un reportero mientras tomaba otra foto de él siendo arrastrado por Ginny.

O quizá, su mala suerte se vería reflejada en Corazón de Bruja esta semana.

O tal vez regresaría a su departamento incendiándose...

Quién sabe, todo podía pasar, excepto, ser el fantasma social que deseaba.


Espero les haya gustado.

Besos draconianos,

Paola