Tormenta
Finalmente Leo logra conciliar un sueño ligero y plagado de visiones que no recordará al día siguiente. Nico, mientras tanto no logra hacerlo. La conversación con Nico le da mucho que pensar, no puede dejar de notar las similitudes en su relación con Will.
Hay otra cosa que le preocupa y es que asumía que lo que sentía por Percy estaba en el olvido. Pero ese tipo de enamoramientos no se arrancan tan fácil del corazón. Mucho menos cuando vienen mezclados con tantas contradicciones. Admiración, odio, resentimiento, agradecimiento… Y al final no sabe qué es exactamente lo que siente por Percy. Sólo espera que no sean como las nubes acumulándose antes de la tormenta. Ya había logrado reprimirlos una vez, hacerlo una segunda no debería ser difícil.
Casi al final de la madrugada logró dormitar un rato, y cuando parece que va a conseguir dormir más profundo lo despierta una sacudida suave.
Despertar y ver a Percy no le ayuda. Su estómago da un giro cuando sus ojos de mar lo observan brumosos de sueño.
Se talla los ojos y asiente. Leo le extiende un sándwich apenas se incorpora. Está ligeramente aplastado y en realidad no tiene hambre. Pero no quiere rechazar la amabilidad del chico así que le da una mordida en la esquina. La comida siempre sabe a cenizas, menos las granadas del jardín de Perséfone, pero al comer ese sándwich el sabor se extiende por su boca sacándole un jadeo sorprendido.
—¿Eftá ´alo? —pregunta Leo con la boca llena y cara de preocupación.
Nico niega con la cabeza y vuelve a morderlo para asegurarse. Efectivamente, el sándwich sabe como lo más rico que ha probado en… años y se lo zampa con un apetito que había creído inexistente. Leo lo mira con los ojos castaños abiertos y una sonrisa en el rostro mientras come su propio desayuno. Luce adorable.
—¿Quieres otro? —hurga en su cinturón y le pasa otro sándwich que Nico vuelve a devorar.
