Declaimer: Bleach y todos los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.
La historia es propiedad de Saffron A Kent, esta es solo una adaptación con fines de entretenimiento.
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Rukia
Inicia otra semana de escuela. Momo y yo caminamos a clases juntas y nos sentamos lado a lado, en medio del semicírculo. Toshiro entra unos minutos después y camina directo a Momo, sonríe, y toma un asiento junto a ella. Ellos comienzan a hablar y miro a mi cuaderno, sonriendo. ¿Quién habría pensado que mi vida daría un completo giro en una semana? Hace una semana ni siquiera tenía amigos, y ahora ya los tengo, y he conseguido estar en la Soul Society también, o al menos, puedo pasar el rato aquí hasta que se den cuenta que no pertenezco.
Mi corazón golpea en mi pecho mientras paso las páginas de mi libreta y llego a la última página llena con mi letra cursiva. Estoy asustada de mirar las palabras que escribí. Cierro de golpe la libreta y miro hacia el frente. Poco después, Ichigo entra en la clase, cargando un montón de papeles en una mano y pasándose la otra por su cabello. Se quita su chaqueta, lanzándola en la silla con un fuerte movimiento de su brazo.
—Señorita Kuchiki—. La voz de Ichigo llega desde otro lado de la habitación, y hago una mueca. Me mira, de hecho, me fulmina con la mirada, y mi estómago se llena de mariposas aterradas.
—¿Tiene algún trabajo para nosotros? —.
—¿T-trabajo? —.
—Sí. ¿Tiene alguno? — .
—Eh, yo no… no recuerdo que nos dejara alguna tarea en la última clase—.
Lanza los papeles sobre el escritorio y cruza sus brazos —Es una clase de escritura, señorita Kuchiki. Se requiere que escriba, que sostenga una pluma y la ponga sobre papel… ¿le suena familiar? —.
Trago, retorciendo las páginas de mi cuaderno. Síp, un idiota mayor
—Léanos un poema que haya escrito—. Mierda. ¡Mierda!
Las mariposas en mi estómago se congelan y mueren, cayendo al fondo como peso muerto. Todos los ojos están mirándome y lo odio, odio las miradas penetrantes. —¿Cree que es especial, señorita Kuchiki? ¿Cree que debería ignorar completamente el hecho que ha faltado por entregar su tarea de la semana pasada? O tal vez piensa que sus compañeros de estudio son unos jodidos idiotas por seguir las reglas. ¿Cuál es? —.
Aprieto mis dientes contra el ataque de emociones que parecen misteriosamente similares a la traición y hablo, con la voz ahogada. —Tengo un trabajo—.
Luce sorprendido, y eso me da una pequeña sensación de placer. —Vamos a escucharlo—. Ichigo se inclina contra el escritorio y cruza sus tobillos. Está bien, esto debe ser tan natural para mis compañeros de clase, leer sus trabajos, y aquí estoy temblando en mis botas. Aclaro mi garganta y comienzo.
"El día que nos conocimos mirabas la luna. Mientras yo te observaba.
Alto y solo. Oscuro y solitario. Lucías como mi reflejo.
Agrietado y vacío. Seco y masticado.
Podría haber sido el tuyo.
Si solo me hubieras mirado".
Mi voz es ronca, y las palabras suenan distorsionadas y espesas a mis oídos. Tengo miedo de levantar la mirada y ver la reacción de Ichigo. Sigo doblando la página y moviéndome sin descanso en mi asiento.
—Bueno, una A por el esfuerzo y el coraje de leerlo en voz alta. No, en realidad…— Se rasca la mandíbula con el pulgar —Diría una A+ por el coraje. Debes haber tenido mucho para leer algo así de descuidado y sin pulir. Dígame, señorita Kuchiki, ¿cuántas veces revis ó su trabajo? —.
Casi abro mi boca y lo mando a la mierda. —¿Una vez? —.
—Una vez— interviene.
—Eh, dos veces — Levanto dos dedos; están temblando, apenas siendo capaces de pararse por su cuenta, así que los bajo. Puedo ver que Ichigo no se lo cree.
—Eso parece. La estructura es brusca. Y su elección de palabras es horrible—.
Mi cuerpo se calienta de vergüenza, sus palabras me golpean como dardos de fuego. Derramé cada jodida emoción que tenía en ese estúpido poema y ¿eso es todo lo que tiene que decirme?
—¿No se supone que un poema sea algo del momento?― pregunto con los dientes apretados.
—Si tengo que decirle lo que es un poema, creo que está en la clase equivocada—.
Con un destello de su mirada, me despide, y soy dejada hirviendo. Siento a Momo apretando mi mano sobre el escritorio y quiero apartarla de un golpe y encogerme en mi asiento. Ichigo llama otros nombres, pidiéndoles que lean. Es impaciente con sus comentarios, conciso y rudo, pero no tan rudo como lo fue conmigo. Jodido ególatra. La única persona que consigue una fracción de positivismo de él es Momo. Ichigo le dijo que su poema tenía potencial. Potencial. Estoy tan celosa, y es tan ridículo que jadeo. Y no tiene nada que ver con estar excitada.
Todo el día he estado hirviendo por lo que pasó en la clase de Ichigo, tanto así, que una vez que mis otras clases terminan, me dirijo de regreso al lado de norte del campus y entro a la Soul Society. El edificio está tan vivo como siempre. Me pregunto cuándo esas personas incluso van a casa. Son casi las cinco de la tarde y todavía puedo escuchar el golpeteo de pisadas arriba, la pandilla de teatro. Jodidos hippies.
Tomo el tramo de escaleras al segundo piso, con su largo pasillo y habitaciones flanqueándolo. Unos cuantos son salones de clases, pero la mayoría en este piso son oficinas. Me detengo en la última puerta. Está justo sobre nuestro salón de clases abajo y se lee: "Ichigo Kurosaki, Poeta en Residencia". Hago una mueca. La puerta está entreabierta y la empujo. Ichigo está sentado en una silla de respaldo alto, una pluma en sus manos, la cabeza inclinada sobre un puñado de papeles. Levanta la mirada cuando se abre la puerta.
—Señorita Kuchiki. ¿Teníamos una cita? —. Entro y cierro la puerta detrás de mí
—No—.
—Entonces debería hacer una y volver después —. Vuelve a leer los papeles que tiene enfrente—.
Si no levanta la mirada en cualquier momento, podría lanzarle algo. Por lo que parece, va a ser la pequeña lámpara al lado de la puerta.
—¿Qué fue eso?— Suelto un aliento reprimido —Me humilló en clase—.
Por un largo momento, lo único que escucho es el raspar de su pluma, y todo lo que veo es el cabello en su cabeza inclinada. Mi mano se acerca a la lámpara, casi tocándola. Lo haría. Estoy así de molesta y soy así de temeraria. Al final, termina. Pone su pluma a un lado y levanta la mirada.
—¿Y cuándo exactamente fue eso? — Una risa de incredulidad sale de mis labios.
—¿Habla en serio? Me humilló, destrozó mi poema como si fuera algo… algo… —Maldición, no puedo encontrar una palabra para eso. Sus dedos están entrelazados sobre el escritorio y sus ojos me mira luchar.
—¿Cómo si fuera algo qué? —.
—¿Está disfrutando esto, no es cierto? —Trago el grito que pica en mi garganta.
—No—. Se pone de pie y rodea el escritorio, inclinándose contra él —No disfruto ser acorralado por dar mi opinión honesta. Tal vez no lo entendió la primera vez: Esta es una clase de escritura creativa. Si no puede soportar la presión, entonces váyase. Además, usted no esta en mi clase —
—Oh, ¿de verdad? —Traigo mi mochila hacia el frente y busco el documento impreso. Camino hacia él y lo pongo en su pecho—. Tome, mi confirmación oficial de registro. Ya no soy una intrusa—.
Deja que los papeles floten hasta el suelo donde terminan junto a sus botas.
—¿Hay un propósito para esta visita? —. Me concentro en su rostro.
—Sí—.
—¿Y exactamente cuál es? —.
Miro la inclinación de su mandíbula. El indicio de barba ha crecido más grueso en el trascurso del día. Proyecta una sombra que contrasta con el brillo de sus ojos. Hay mucha rabia en ellos… rabia, irritación, frustración. Debería ser cautelosa con él. Debería desear permanecer lejos. Pero no lo hago. Ichigo Kurosaki es un animal herido. Es una herida del corazón, sangrando y abierta. Eso lo hace estar malhumorado. Quiero…. Quiero besarlo.
Mi corazón roto quiere besarlo. Estúpido, idiota corazón. Tragando, lamo mis labios, estudiando la curva de los suyos. Quiero chupar esos labios molestos, succionar su boca llena entre mi boca, entre mis dientes, hasta drenar la rabia y dejar solo su fuego. Bajo mi mirada, el pulso en su cuello salta rítmicamente, como mi corazón. También quiero chupar su cuello, acariciarlo. Quiero succionar el dolor de su corazón. Oh Dios, estoy loca. He perdido la cabeza. Mi boca está seca incluso aunque estoy resbaladiza entre mis piernas.
—Tengo que irme. —Jadeo como una tonta y levanto mis ojos a los suyos. Su mirada es aguda. El tic en su mandíbula es violento en conjunto con sus fosas ensanchándose. El animal herido está listo para matar. Trago y retrocedo.
—Escribir no es para todos, señorita Kuchiki —dice Ichigo cuando estoy casi en la puerta. —Se necesita cierta profundidad en el alma, un cierto tipo de sensibilidad, por decirlo así. No mucha gente posee eso. Es bueno saber cuándo rendirse—.
No sé si está burlándose de mí o diciendo la verdad, y no tengo la energía para averiguarlo. Mi lujuria me volvió estúpida, más estúpida de lo normal.
—Gracias por el consejo, profesor—. Me giro para mirarlo. — Pero lo profundo es engañoso desde la superficie. A veces zambullirse es la única manera de averiguar si el agua es demasiado profunda—.
Nos miramos uno al otro. No sé qué ve cuando me mira. Sin embargo, cuando lo miro, todo lo que veo es a alguien con el corazón roto. Lo veo tratando de atrapar a su esposa mientras ella se le escapa. Lo veo siguiéndola, como yo hice con Renji.
Ichigo aprieta su mandíbula y camina de regreso a su silla. Las patas chillan mientras se sienta y sus manos se ocupan revisando los papeles. Me doy vuelta también, enfrentando la puerta. Justo al lado de la lámpara que estaba planeando lanzarle, yace un libro pulcro y negro. En mi rabia, no lo había notado antes "Discurso de un Amante: Fragmentos de Roland Barthes"; aunque esta copia es. Mientras salgo de su oficina, estiro mi mano y agarro el libro. Lo acuno en mi pecho y me marcho.
Más tarde en la noche estoy entada en mi cama con la voz de Lana sonando a través de mis audífonos, abro la primera página del libro robado. Tiene un mensaje en letra cursiva.
"Para Ichigo. Espero que disfrutes leyendo esta pieza de literatura (otra vez) que ninguna persona cuerda puede entender. Con amor, Orihime".
Con un suspiro, me concentro en las páginas que se han puesto amarillas, pasándolas. Cada cierto tiempo, me detengo cuando veo un pasaje subrayado o una palabra garabateada. "No correspondido". La palabra está escrita junto a un pasaje que ha sido subrayado con gruesas líneas negras. Dice que el amante no correspondido es el que espera. Él espera y espera, y entonces espera un poco más. Él es quien deja pasar momentos vitales de su vida, los deja dispersarse, se permite dispersarse a sí mismo pieza por pieza por esas dos palabras. Te amo.
Ichigo y yo compartimos la misma historia. Podríamos haber llegado ahí de forma diferente, pero ahora compartimos el mismo destino. Miro la hora: 12:15. Me levanto, me pongo ropa de invierno, y me dirijo a la puerta.
Estoy afuera de la casa de Ichigo, su dirección fue fácil de encontrar. Estaba en el portal de la universidad, bajo el directorio de empleados. Enfrento el salvaje y frío patio y camino alrededor de la casa. Un solitario árbol se eleva sobre el techo, es puntiagudo, ramas desnudas llenando el revestimiento. Mis ojos se posan en la última ventana. La luz está encendida, y las blancas cortinas revolotean con movimiento. Me arrodillo para esconderme. Escucho murmuros y me toma un momento reunir el coraje para mirar. Las cortinas están parcialmente abiertas, dejando una apertura. Veo a Ichigo, está de pie, dándome su perfil. Está usando pantalones de chándal negros y lleva el pecho desnudo. Santa mierda. Está casi desnudo. Ichigo es alto, cada músculo definido y ondulado. Mis ojos viajan sobre el tendón de su cuello fundiéndose en sus fuertes hombros. Las venas en sus tonificados brazos destacan mientras abre y cierra su puño. Su anillo de bodas brilla contra sus pantalones.
Los murmullos son difíciles de identificar. Las palabras se mezclan. Sus voces son bajas pero la tensión es inconfundible. Capto algo sobre Kazui, sobre dejarlo solo, sobre ir a algún lugar por unos días. Todo esto con la voz aguda y femenina de Orihime. No sé lo que Ichigo dice a eso, pero está agitado. Se pasa una mano por el cabello, tirando de los contornos de sus costillas y estómago.
Queremos solo besarlo. Como si mi único beso mágicamente curaría su corazón herido. Además, esto no es en lo que se suponía que estuviera pensando. No estoy aquí para ponerme pervertida por él. Estoy aquí para… verlo, sin su mierda usual. Estoy aquí para ver a alguien como yo.
Un destello de amarillo; ¿un camisón?, pasa hasta que desaparece. Los murmullos se detienen. El silencio es denso y oscuro. Ichigo se voltea lejos de la ventana, dándome un destello de su espalda. Es fuerte y tensa. ¿De qué estaban hablando? Cambia su postura y levanta un jarrón vacío. Levanta su brazo, preparándose para lanzarlo con rabia. Ya estoy encogiéndome por el inminente estruendo, pero al último momento, baja el jarrón y se va, siguiéndola…. Siempre siguiéndola.
