Capítulo 10
EL CEREBRO de Sakura entró en cortocircuito. Cuando Sasuke hundió el rostro en su pelo, le temblaron las piernas. Su enorme cuerpo la envolvía, llenándola de calidez.
Reconoció en los ojos de él el mismo deseo que esa noche en Londres. Y le llegó al alma. Igual que cuando lo había visto bailar aquella varonil danza griega. Solo había tenido ojos para él.
Sasuke había hecho mucho por ella. Le había introducido a los placeres del sexo. ¿Quizá por eso su cuerpo respondía de esa manera a su contacto? Aunque, si solo se trataba de atracción sexual, ¿por qué tenía ganas de saberlo todo sobre él? ¿Por qué había absorbido con interés toda la información que los invitados le habían dado sobre su anfitrión?
Sasuke levantó la cabeza, mirándola a los ojos.
Ella contuvo la respiración.
–Te deseo, Sakura.
Era una afirmación, clara y directa. También debía de ser una pregunta, porque él no movió un músculo. Sakura percibió la atmósfera llena de tensión.
O, tal vez, era su propio cuerpo, que se negaba a demostrar prudencia y retirarse.
Sin embargo, Sakura no quería irse. Cerró los ojos, mientras una corriente de excitación le atravesó los pechos, con los pezones endurecidos debajo del fino camisón, pasando por el vientre y la húmeda entrepierna, hasta las puntas de los pies e, incluso, hasta las orejas. Todo su cuerpo se había convertido en una zona erógena, estremeciéndose y latiendo con expectación.
–Y tú me deseas a mí.
Sakura abrió los ojos. En la penumbra, no podía ver el color de sus pupilas, pero no tenía duda sobre la intensidad de su mirada.
–Sí –afirmó ella, incapaz de mentir.
La palabra salió de su boca con un hondo suspiro de alivio. El orgullo y el miedo le habían obligado a ocultar su deseo, pero era algo innegable.
–Bueno, pues no perdamos más tiempo –sugirió él con una sonrisa deslumbrante.
La tomó en sus brazos, con uno en la espalda de ella y otro bajo sus piernas y volvió a su dormitorio. Sakura se preguntó dónde había quedado su sentido común. Pero no le importaba. Nunca había deseado nada tanto en su vida.
Sasuke la dejó en el suelo, junto a la cama. Casi en el mismo movimiento, le sacó el camisón por encima de la cabeza.
Ella contuvo la respiración, sorprendida. Automáticamente, se tapó los pechos con una mano y el pubis con la otra.
Él murmuró algo en griego, algo que ella no entendió pero que le resultó sumamente excitante.
–¿Por qué esconder tan hermoso cuerpo?
Sakura abrió la boca para decir que ningún hombre la había visto desnuda jamás, a excepción de él, pero se mordió la lengua. Si se lo decía, no la creería.
¿Como podía ansiar entregarse a alguien que no confiaba en ella?
Pero así era.
Sasuke le apartó los brazos del cuerpo y suspiró, contemplándola con admiración, devorándola con los ojos.
Entonces, en vez de vergüenza, Sakura sintió una inyección de poder y orgullo. Él posó los ojos en su estómago y, luego, la palma de la mano, donde su bebé anidaba.
En esa ocasión, una mezcla de sentimientos invadió a Sakura. Sobre todo, estaba emocionada al pensar en el bebé que habían creado juntos. Y lo mismo leyó en la expresión de él.
De pronto, experimentó el deseo de protegerlo y cuidarlo, no solo al bebé, sino al hombre que tenía delante.
–Llevas demasiada ropa –murmuró ella.
Sasuke parpadeó y sonrió.
–Es mejor que me ayudes a quitármela –pidió él, arqueando una ceja con gesto provocativo. Al instante, comenzó a desabotonarse la camisa.
Sin hacerse esperar, Sakura le quitó el cinturón de cuero con rapidez. Luego, deslizó la mano por la cintura de sus pantalones. Él se estremeció.
Encantada, ella le desabrochó el pantalón y le bajó la cremallera, rozando su impresionante erección en el proceso.
Él contuvo el aliento, estremeciéndose otra vez.
–Se hriazome. «Te necesito».
–No entiendo griego –repuso ella. Pero entendía el mensaje de su cuerpo. Lo observó mientras él se quitaba los pantalones, los calzoncillos, los zapatos y los calcetines.
–Se thelo. Te deseo.
El fuego en las venas de Sakura se convirtió en un infierno en erupción, mientras contemplaba su imponente cuerpo desnudo, varonil y musculoso.
–Se hriazome. Te necesito.
Como una caricia sensual, su voz hizo que a ella se le erizaran los vellos. Sakura había visto hombres desnudos, pero todos habían estado en las páginas de libros de arte o tallados en piedra o en bronce. Recordaba el cuerpo de Sasuke de su noche en Londres, aunque la memoria no hacía justicia a su magnificencia.
Ella se encogió, de pronto, sintiéndose abrumada.
–¿Sakura? –llamó él con tono de preocupación–. ¿No estarás asustada?
¿Asustada? ¡Estaba aterrorizada!
Sakura tragó saliva. No tenía sentido. Sabía que él no iba a hacerle daño.
Cada parte de su cuerpo ansiaba los placeres que Sasuke le prometía. No era como si fuera todavía virgen.
Aun así...
–Esa noche, en Londres, después de que tuvimos sexo, lloraste. ¿Alguien te hizo daño?
El único hombre que la había herido había sido Sasuke, cuando le había dado la espalda. Pero, por alguna razón, sus palabras le sirvieron a Sakura para centrarse.
Sexo. Se trataba solo de eso. Eso era lo único que habían compartido en Londres. No había por qué estar asustada.
Durante un momento, sobrecogida ante la visión de su cuerpo desnudo y ante los intensos sentimientos que se agolpaban en su pecho, Sakura había temido que aquello pudiera ser otra cosa más profunda. Algo mucho más peligroso. El corazón se le aceleraba solo de pensarlo.
–¿Sakura?
–No me pasa nada –contestó ella. Incluso en la oscuridad, podía adivinar su torso musculoso e imponente–. Solo es que impresionas un poco –confesó. Era mejor admitir eso que admitir sus sentimientos.
Pero, en vez de sonreír o hinchar el pecho de orgullo masculino, Sasuke se quedó quieto, observándola.
–Estás a salvo conmigo, Sakura. Te lo juro –afirmó él con palabras lentas y firmes.
Ella tiritó y se pasó las manos por los brazos, de pronto, consciente de que estaba por completo desnuda.
–Si prefieres volver a tu habitación, te prometo que no te seguiré.
Sakura no pudo evitar clavar la vista en la impresionante erección que la apuntaba directamente al vientre, como un misil atraído por el calor.
La risa de Sasuke la sorprendió.
–No digo que sea fácil, pero puedo hacerlo. Si quieres.
El peso de sus palabras llenó el silencio. Sakura levantó la vista.
–Me quedo –dijo ella. No tenía elección. No era capaz de irse de allí sin haber sentido sobre ella ese precioso cuerpo.
–Bien –dijo él. Le tomó una mano y besó su palma. Luego, deslizó la lengua por su piel.
De inmediato, a Sakura se le endurecieron los pezones, mientras su cuerpo se prendía fuego.
Estremeciéndose, se acercó a él. Sasuke la agarró de las caderas y se puso en pie, delante de ella. Luego, se agachó a sus pies, trazándole un camino de besos desde el ombligo hacia abajo.
–No puedo describirte lo que siento al pensar que llevas a nuestro hijo en tu vientre.
Otro beso. Y otro, mientras la apretaba entre sus brazos.
–Inténtalo –susurró ella–. ¿Qué sientes? –quiso saber. Sasuke solo le había hablado de cosas prácticas, sobre la paternidad y las obligaciones. ¿Pero qué pensaba sobre el niño que habían concebido?
–Me siento sobrecogido –admitió él y le plantó un beso en una cadera–. Excitado –añadió y la besó otra vez–. Decidido –dijo, trazándole un camino con la lengua sobre el vientre–. Nervioso.
Cuando Sakura observó su cabeza pelinegra inclinada sobre la piel, el corazón se le encogió en el pecho. Había más honestidad, más sentimiento entre ellos en ese momento del que nunca había habido.
Ella enterró los dedos en su pelo y tiró con suavidad, para hacer que levantara la vista.
Sin embargo, Sasuke se agachó todavía más. Se sentó sobre los talones con los ojos fijos en el triángulo de vello rosa de su pubis.
Sakura jadeó, vulnerable y excitada al mismo tiempo. De pronto, su cerebro dejó de pensar, cuando él alargó una mano y, con un dedo, le recorrió el pubis. Luego, deslizó el dedo entre sus pliegues. Ella se estremeció, lista para él. Pero Sasuke se tomó su tiempo, jugando con su parte más sensitiva y deslizando el dedo más abajo, más dentro.
Soltando un grito sofocado, Sakura arqueó las caderas.
–Por favor.
Él no levantó la vista. Se acercó más, la agarró del muslo y se lo apartó. Luego, cuando comenzó a lamerla, una explosión del más delicioso placer sorprendió a Sakura.
–Sasuke, no puedo... –musitó ella, sintiéndose dentro de un caldero de agua en ebullición.
Cuando él se apartó, al instante, Sakura se encogió. Le temblaban las piernas. Sus miradas se cruzaron. El aire estaba cargado de tensión y de un olor que ella solo había probado en una ocasión antes. A feromonas y sexo.
Sasuke se puso de rodillas, todavía sujetándola de las maderas y la echó hacia atrás. Ella cayó sobre la cama, que había estado justo a su espalda. Abrió los ojos y los brazos para recibirlo a su lado. Pero él se quedó donde estaba, arrodillado entre sus piernas.
–No –negó Sasuke, acariciándole el estómago con una mano–. Esta vez, quiero verte entera cuando llegues al orgasmo –dijo con voz ronca y aterciopelada.
Sujetándola de las caderas, la atrajo un poco más cerca al borde del colchón. En el mismo movimiento, ella lo sintió en su parte más íntima, luego, dentro, con fuerza.
Sakura contuvo el aliento, mordiéndose el labio inferior, hipnotizada por la intensa mirada de su amante.
–¿Te duele? –preguntó él y comenzó a salir.
Ella se incorporó para agarrarlo del brazo.
–No. ¡No te vayas! ¡No me duele! Solo es que... –susurró ella y cerró los ojos, cuando él se movió en su interior, solo un poco.
–¿Te gusta? –preguntó él, esbozando una sonrisa tintada por el placer.
–Más que eso –admitió ella, acariciándole el fuerte brazo bañado de vello oscuro.
Sasuke siguió moviéndose, despacio y con seguridad. Sakura pensó que iba a morir de placer. La sujetaba con gesto posesivo de una cadera, mientras con la otra mano le acariciaba el borde de un pecho y le trazaba círculos en un pezón, haciéndola retorcerse y gritar de gozo. Luego, sus caricias bajaron, centrándose en su vientre, en el lugar donde anidaba su bebé.
Una extraña emoción explotó dentro de ella con intensidad, mientras observaba cómo él la miraba y sentía sus suaves caricias, como contrapunto a la firme invasión de su cuerpo. Se quedó paralizada un instante, sumida en el más puro gozo, mientras él la devoraba con los ojos. Entonces, Sasuke murmuró algo urgente en griego y, con la siguiente honda arremetida, el cuerpo de ella llegó al clímax como un volcán en erupción.
Cuando Sakura se retorcía entre espasmos de placer, su amante subió encima de ella, sujetándose sobre poderosos brazos.
Pero estaba demasiado lejos. Ella ansiaba sentir su torso contra el pecho, sus brazos rodeándola, su cabeza enterrada en el cuello. Quería abrazarlo y no soltarlo jamás.
Quería que estuvieran juntos.
–Por favor –dijo ella, agarrándolo de los hombros.
Durante un segundo más, él esperó, para luego tumbarse como una manta viviente sobre ella. Piel sedosa y blanca contra piel morena tintada de vello negro.
Sakura lo abrazó con fuerza. Sasuke bajó los labios al cuello de ella, bañándola de besos.
Sus cuerpos se fundían en uno solo. Pero era sexo nada más, se recordó Sakura a sí misma. Aunque había algo más en la forma en que sentía esa intimidad con Sasuke, el latido de sus corazones galopando al unísono, su respiración jadeante en el cuello. Él deslizó una mano bajo sus caderas, mientras la abrazaba con fuerza con la otra. Luego, inclinó la cabeza para trazarle un camino de besos en un pecho. Se metió uno de sus pezones en la boca, mientras la penetraba una y otra vez. Cuanto más fuerte succionaba, más rápido era el ritmo de sus arremetidas, mientras la sangre se aceleraba en las venas de Sakura.
No era suficiente. Ella levantó una pierna, rodeándolo de la cadera. Como respuesta, él gimió de placer. Ella hizo lo mismo con la otra pierna, entrelazando los tobillos en su espalda.
Sasuke levantó la cabeza con mirada intensa mientras la penetraba. Deslizó una mano por el vientre de ella hasta el lugar donde sus cuerpos estaban unidos, para acariciarle el clítoris.
Una arremetida, dos. A la tercera, Sakura apretó las manos y los tobillos entrelazados. Arqueó la cabeza y gritó el nombre de él, sintiendo que su cuerpo explotaba en miles de estrellas. En medio del éxtasis, vio cómo él se arqueaba también, dejando escapar una riada de palabras en griego, y eyaculaba dentro de ella.
Se quedaron abrazados después, temblando, jadeando, sujetándose con fuerza, como si tuvieran miedo de soltarse.
Al menos, eso sintió Sakura.
Quizá, para Sasuke, el sexo siempre era así.
Ella estaba tan embriagada por el placer que se preguntó si sería posible morir del más puro éxtasis.
–¿Estás bien? –le susurró él en el cuello. Se aclaró la garganta–. ¿Sakura?
–Sí, bien –contestó ella en voz baja y quiso reírse del eufemismo.
–¿Peso mucho? –preguntó él, empezando a apartarse.
–¡No! Quédate –rogó ella. Quería quedarse así todo el tiempo que fuera posible. Sasuke y ella juntos eran algo más grande de lo que eran cada uno por separado, pensó.
Con suavidad, él la besó en la barbilla, levantándose en un codo para no posar en ella el peso de todo su cuerpo.
Sakura se sentía en la gloria. Satisfecha, feliz. Y, cuando la besó de nuevo, como si fuera adicta a su sabor, algo más profundo la invadió.
El sentimiento de que, entre los brazos de Sasuke, estaba en su hogar.
El amanecer pintaba de rojo y naranja el cielo, cuando Sasuke la despertó con sus caricias. Ella se estiró despacio, notando en el cuerpo sensaciones a las que no estaba acostumbrada, después de la noche de placer que habían pasado juntos.
Tras unos largos y deliciosos preliminares, Sakura gimió y se arqueó, mientras la penetraba. Tenía las manos y las rodillas sobre el colchón, mientras la tomaba por detrás.
Sasuke dejó escapar un hondo gemido. Ella le hacía sentir así. Eso le daba a Sakura una sensación de poder. Pero, sobre todo, quería que él disfrutara del orgasmo. Ella acababa de llegar al clímax. Era su turno.
Pero, enseguida, mientras sus cuerpos se sincronizaban y él le acariciaba un pecho y la sujetaba de la cadera con la otra mano, Sakura fue subiendo cada vez más alto. Siempre había asumido que el sexo en esa posición estaba dirigido al placer masculino. Se había equivocado.
Cuando Sasuke la había hecho ponerse a cuadro patas, cuando la había penetrado con una fuerza que la había hecho temblar, ella había esperado sentirse usada. En vez de eso, se había sentido como una diosa, mientras él la había acariciado con dedos temblorosos de deseo.
Todo lo que Sasuke hacía la llenaba de confianza y seguridad.
Entonces, cuando, en la siguiente arremetida, Sasuke empezó a acariciarle el clítoris y la mordió en el cuello, de pronto, el éxtasis sorprendió a Sakura, explotando dentro de ella al mismo tiempo que Sasuke.
Después, se quedó tumbada, laxa, agotada. Sasuke la cubrió con una sábana y se levantó. ¿De dónde sacaba él tanta energía?, se preguntó, mientras se le cerraban los ojos. ¿Era el embarazo lo que la hacía cansarse tanto?
Oyó la ducha y deseó tener fuerzas para levantarse y unirse a él. Aunque estaba exhausta, ansiaba explorar su cuerpo de nuevo. ¿Qué nuevas posibilidades podía descubrir mientras enjabonaba su piel?
Aunque tampoco la había invitado a ducharse con él...
«¿Por qué iba a hacerlo? Ya le has dado lo que quiere», se recordó a sí misma.
¿Acaso algo había cambiado? Sasuke no creía que había sido virgen antes de estar con él. Creía que se había acostado con Hiruzen por dinero. Lo más probable era que pensara que todas las mujeres hacían eso, tener sexo por dinero.
Porque, a pesar de su actitud protectora, él nunca había retirado esa acusación. Era algo que pesaba entre los dos, haciéndola sentir humillada cada vez que lo pensaba.
«Lo más seguro es que piense que lo de anoche fue un intento de engatusarlo para llevarlo a mi terreno en la conversación que vamos a tener sobre el bebé», caviló ella.
Llevándose una mano a la boca, Sakura se incorporó en la cama. ¿Podía ser cierto?, se preguntó, fijando la mirada en la puerta del baño.
Después de todo lo que habían compartido, Sasuke no la había besado ni la había tocado antes de levantarse. No había pronunciado palabra. De pronto, eso le pareció terrible.
Por primera vez en esa semana, volvió a sentir náuseas. Pero no era por el embarazo.
Desesperadamente, Sakura revivió los sucesos de la noche anterior. Sasuke había dicho que la deseaba, eso era todo. Habían compartido placer mutuo, pero tal vez, para él, dejar saciada a su pareja solo había sido una forma de satisfacción masculina.
¿Y la honda emoción que Sakura había experimentado cuando él le había hablado de su bebé, cuando la había besado en el vientre y cuando le había hecho el amor con tanta ternura?
Se mordió el labio.
Sus emociones estaban desbocadas por culpa de las hormonas, pensó. Había creído que Sasuke había empezado a sentir algo por ella.
Aun así, no tenía ninguna prueba. Sabía que tenía fuertes sentimientos hacia el bebé. Pero se la había llevado a la otra punta del continente, lejos de sus amigos, a la hora de cerrar un trato respecto al futuro del niño. A la primera oportunidad, la había seducido y se la había llevado a la cama sin ninguna dificultad.
Cuando Sakura puso un pie sobre el suelo, le temblaban las rodillas. Detrás de ella, seguía sonando el agua de la ducha.
Tambaleándose, tomó su camisón del suelo y atravesó la terraza en dirección a su cuarto. Se sentía dolida y más triste de lo que había estado en semanas.
Habían tenido sexo solo porque Sasuke había creído que ella era una mujer fácil... disponible.
Nunca se había sentido tan utilizada. Tan estúpida. Despacio, cerró las puertas del balcón y se metió en el baño.
No quería volver a ver a Sasuke en mucho, mucho tiempo.
