Ginny se permitió tomar una ducha larga. El agua caliente no sólo relajaba sus músculos, también la ayudaba a pensar.
"Si llego a quedar en Las Arpías seguro tenga un buen sueldo, podría decirle a Hermione que se mudara conmigo, aunque el contrato dice que debería quedarme dos años en esta casa. ¿Quizás vivir las tres juntas? No sé, creo que que hay algo entre Mione y Parkimbecil, algo así dejó entrever. ¿La familia de Pansy ya sabe de Mione? Me olvidé de preguntarle eso. Y si hay algo entre ellas, ¿por qué Pansy pasó una noche con Daphne acá? Incluso, ¿por qué parecía tan interesada en hacer un trío conmigo y Daph? ¡Hasta Mione lo sabía! ¿Se habrá reído de mí? La voy a hacer pagar si sólo se reía de mí. Aunque no sé, no parecía. ¿Entonces sí quería hacer un trío y Mione lo sabía y estaba bien con eso? Y ¿desde cuándo es tan abierta y tan... tan... provocativa? ¿Realmente me pagarán bien en Las Arpías? ¿Quizás tres mil galeones por mes? Wow, eso sería increíble, ¡podría hacer tantas cosas! Tengo que hablar con Mione acerca del paradero desconocido de mis hermanos, podría ayudarlos ahora que casi tengo un trabajo. Y Daphne…¿Cuándo seguiremos el beso? Siento que todo gira en torno a Mione ahora que volvió, ¡maldita sea!"
Sus pensamientos también la acompañaron fuera de la ducha, en su vestidor, donde rebuscó entre la ropa que parecía no terminar de descubrir nunca. Eligio un crop tee verde militar que combinaba muy bien con su cabello rojo suelto y un pantalón deportivo negro que le pareció cómodo para estar en casa.
Bajó descalza, odiaba usar zapatillas y si podía, lo evitaba.
—¿Qué pasó Weasley, no te alcanzó para comprar la camiseta completa y te la dieron cortada?
Daphne y Hermione se dieron vuelta para descubrir a Ginny terminando de bajar las escaleras. Estaban cerca y ambas escucharon como la otra tragó en seco ante la imagen. Compartieron una mirada sorprendida y divertida.
—¿Y me lo dice alguien que no sabe lo que es vestir casual? —enarcó una de sus cejas, delineando el cuerpo de Pansy que traía un conjunto formal de pantalón, camisa y chaqueta.
—¿Qué tiene de malo mi vestuario? —se observó a sí misma—. Es de diseñador, está hecho a medida.
—No dije que tuviera algo malo, pero no te vas a morir por usar un jogger algún día, sólo digo.
—¿Este tipo de discusiones tuviste que soportar todo este tiempo? —cuestionó Hermione a Daphne, interrumpiendo a las otras dos.
—Y peores también, parece que simplemente no pueden estar en paz en la misma habitación.
—Eh, seguimos acá, podemos escucharla ¿saben? —se quejó Pansy.
Ginny compartió una mirada pícara con la morena.
—¿Qué pensas del estilo de Daphne? —le consultó a su ahora aliada.
Las dos brujas se acercaron a la rubia que intentó alejarse pero quedó en medio. La observaban fijamente mientras daban vueltas a su alrededor como depredadoras con su presa.
—¿En serio? ¿cuántos años tienen? ¿doce?.
Hermione soltó una risa que intentó disimular cuando Daphne la miró mal.
—Tiene buen gusto, eso salta a la vista —habló Pansy—, siempre con telas de la mejor calidad.
—Le gusta mostrar sus piernas —se deleitó con la falda a medio muslo—, es bastante equilibrada entre ropa formal y casual.
—Usa tonos claros que combinan con el azul de sus ojos.
—Tiene un fetiche con las túnicas.
—¡Ey! —se quejó la rubia.
—¿Qué? ¡Es cierto!
—Apoyo a Ginny en esto.
—¿No nos reunimos para abrir tu carta de Las Arpías?
—Dah, eso puede esperar. Todavía nos falta Mione —ambas brujas dirigieron sus ojos hacia la chica de rizos.
—Ah no, están muy equivocadas sin creen que van a observarme como si fuera un mono de feria —se cruzó de brazos.
—Le gustan los tonos tierra —la ignoró Pansy, caminando hacia ella.
—Prefiere pantalones anchos y pocas faldas, aunque tiene unas piernas que lucen maravillosas.
—¡Yo le digo lo mismo!
Hermione se dejó caer en el sillón de manera dramática.
—¿En serio vamos a tener esta conversación tan poco elevada intelectualmente?
—¿Sabías que la hermana de Daphne es diseñadora y trabaja con muggles? —le contó Ginny como si estuvieran a solas.
—¿En serio? No es así como me imaginaba a la familia Greengrass.
—¡Lo sé! Son una caja de sorpresas —se sentó al lado de su amiga, mientras las slytherin las miraban con ceños fruncidos.
—Supongo que se terminó toda la diversión —Pansy también tomó asiento en uno de los sillones.
—¿Abrimos la carta? —ofreció la rubia, con el papel entre sus dedos.
Ginny se llevó las rodillas al pecho, con cara de pánico.
—Por Morgana, sí, pero hazlo rápido —pidió.
—¡Muestra un poco de decencia, Weasley! Te tenía más valiente.
—¡Pansy Parkinson! No la molestes —acarició la espalda de su amiga—. Va a estar todo bien, bebé, tranquila —Ginny se acercó a ella y le sacó la lengua a Pansy, que puso los ojos en blanco.
Daphne, divertida, abrió y leyó la carta sin cambiar ni un ápice su expresión.
—Bien, dice que…
—¡Esperá, esperá! —aulló, dando un salto del sillón y acercándose a Daphne.
Bajó la carta y deslizó una de sus manos por la cintura de la pelirroja, acercándola.
—¿Qué pasa, señorita Weasley?
Sus ojos chocaron y se reconocieron. Pudo ver el miedo implícito en las orbes avellanas de la jugadora.
—No te vas a escapar tan fácilmente de la familia Greengrass, Ginevra, podés estar tranquila —le dijo en voz baja, como si fuera un secreto sólo de ellas—, y si Las Arpías cometen la idiotez de dejarte libre, tengo otros equipos para probar.
Ginny asintió en comprensión y sonrió nerviosa. Tomó la pálida mano de Daphne y entrelazó sus dedos.
—Leela.
—Estimada Srita Weasley: nos complace comunicarle que superó nuestras expectativas. Estamos seguras de que será un buen fichaje y deseamos empezar a entrenar con usted cuanto antes. Si está de acuerdo, la esperamos mañana a las 10 a.m para firmar el contrato.
Gwenog Jones
Capitana de Las Arpías de Holyhead
—¡Oh por Dios! —exclamó Hermione, levantándose y abrazando por detrás a una Ginevra impactada y preocupantemente callada.
—¡Te dije que no tenías nada que temer, señorita Weasley! —le regaló una sonrisa Daphne— ¿Ginny? —llamó preocupada ante la falta de reacción.
—No me digas que ahora se nos va a morir acá. ¡Después de todo lo que hicimos para sacarte de la cárcel, ten la decencia de no morir Weasley. Y también de no dejarme sola con estas dos, moriría del aburrimiento detrás tuyo.
Hermione sintió como el cuerpo que abrazaba se convulsionaba y preocupada, se alejó para observarla. La risa llegó a la boca de Ginny y al exterior. Reía sin parar, apoyando sus manos en las rodillas para tomar aire.
—Genial, ahora se volvió loca.
—Pansy, no estás ayudando —Hermione le dedicó una mirada de advertencia que la otra ignoró, observando sus uñas como si fuera lo más interesante del planeta.
—Sólo digo la verdad —murmuró.
Daphne reía un poco contagiada por la pelirroja, a quien no sacaba ojo de encima.
—¡Por Morgana! ¡Entréééé! —reaccionó al fin, sintiendo la euforia recorrer todo su cuerpo.
Se tiró a los brazos de la rubia que trastabilló pero logró equilibrar el peso de ambas, envolviendo el cuerpo por la cintura.
—Lo hiciste, pequeña —le susurró en el oído, sintiendo la respiración de la otra contra su cuello, cosquilleando.
—Gracias —le mordió divertida la piel expuesta, provocando un gemido de sorpresa.
Se soltó despacio y se dio vuelta, observando a su amiga que estaba apenas dos pasos por detrás. Fue su turno de trastabillar cuando el impacto del cuerpo de su amiga chocó con el suyo.
—¡Ginny! No sos liviana precisamente.
—Gracias también, por ser el cerebro detrás de todo esto. ¡Mis dos cerebros favoritos! —gritó, estirando su brazo hacia atrás para atrapar a Daphne y llevarla al abrazo, quedando Ginny en el medio.
—Ahora todo se puso raro, ¿qué tenés con los tríos Weasley? —se burló Pansy desde su posición.
—Envidiosa —se burló—. Podría acostumbrarme a esto —sonrió la pelirroja contra el cuello de Mione, regalandole un mordisco mientras sentía el cuerpo de la rubia apoyarla desde atrás.
—No la tenía por alguien tan codiciosa, señorita Weasley.
—Como para no serlo, con ustedes dos —enarcó su ceja Pansy.
La pelirroja se separó con suavidad del abrazo de a tres y observó a la bruja sentada, que no entendió por qué ahora le tocaba a ella la atención.
—¿Estás celosa Parkinson? ¿También querés felicitarme? —y sin darle tiempo a responder, saltó sobre su cuerpo.
—¿Cómo te fue con la firma de contrato? —saludó Pansy a su jefa.
—Mejor de lo que esperaba.
—Eso quiere decir que Weasley acaba de convertirse en una persona adinerada —afirmó.
Daphne sonrió con suficiencia, recordando el momento en que logró subir el sueldo de la jugadora casi un veinticinco por ciento más de lo que querían pagarle en un principio.
—Tendrías que haber visto su cara, no puede creerlo. Pensé que se me iba a desmayar ahí mismo.
Pansy rió imaginando la expresión de la chica al ver tantos ceros por primera vez en su vida.
—Me hubiera partido de la risa si cinco años atrás me decían que íbamos a ser responsables de que una Weasley gane prestigio —negó con la cabeza, aun divertida por toda la situación.
—A veces la vida se supera a sí misma —reconoció Daphne—. Bueno, ¿salimos para la reunión? ¿Cómo está el equipo?
—Temblando en su mayoría —se encogió de hombros.
Ahora fue el turno de la rubia de reírse.
Bellatrix Black entró en la sala de reuniones cuando ya toda la gente a su cargo estaba dentro. Disfrutó el manto de silencio que se instauró en el lugar una vez que dio un paso y se dejó ver. Tuvo que reprimir una sonrisa, pensando que su poder sólo era comparable al de Voldemort. Caminó hasta la silla que presidia la mesa, estudiando los rostros. En la mayoría encontró miedo, sólo esperaba que ese equipo pudiera desarrollar sus ideas sin tartamudear, estaba harta de incompetentes que no se quedaban en blanco apenas la veían. Draco, su sobrino y secretario, la seguía de cerca, y se sentó a su derecha.
—Daphne Greengrass, ¿qué tenés para mí? —sus ojos se dirigieron a la otra punta de la mesa, donde estaba la Jefa del Departamento.
Encontró muchas cosas, pero miedo sólo en su justa medida. La gota racional de miedo que tendrías frente a Bellatrix Black. Le gustó.
—Ministra —saludó—, tenemos varias novedades —con un movimiento de su varita, apareció un holograma en medio de la mesa, que iba cambiando según hablaba Daphne, graficando sus palabras y profundizando en datos duros como estadísticas.
Cuando terminó su exposición, le dio paso al resto del equipo, que profundizó en cada tratado en el que habían avanzado. Salvo algún que otro traspié, la presentación había salido más que decente, Bellatrix no había matado a nadie y parecía atenta a las explicaciones que estaban dando.
—Lo que nos deja —retomó la palabra—, con el último punto a tratar, que preferiría hablar a solas, si le parece bien.
Bellatrix clavó sus oscuros ojos en los de la rubia. Tamborileó sus dedos contra la mesa y finalmente asintió.
—Gracias, pueden retirarse —dio la órden a su equipo, que aunque extrañados, se levantaron y se fueron, quedando sólo Bellatrix, Draco y Daphne.
—¿A qué se debe esta reunión personal, Greengrass? —se apoyó contra el respaldo de su silla.
—Quería informarle que hoy la señorita Weasley firmó contrato con Las Arpías de Holyhead. Como la representante de ella tengo acceso a la dirigencia. Estimo que pronto podré contactarme y hacerles llegar nuestras intenciones. Me siento optimista al respecto, Weasley les impresionó y eso lo hace más sencillo.
Bellatrix asintió, tamborileando los dedos sobre la mesa.
—Bien, confío en que no seas ingenua con los posibles titulares de los periódicos cuando esto se sepa —enarcó una de sus cejas.
—Lo sé, probablemente harán una conferencia de prensa para anunciar las nuevas adquisiciones del plantel. Voy a preparar a la señorita Weasley para entonces. ¿Quizás algún comunicado desde el Ministerio?
—El departamento de Género podría emitir un comunicado al respecto, eso tendrá que bastar. Algo acerca de apoyar la igualdad en la comunidad mágica. Draco encargate de eso —señaló a su sobrino—. Eso es todo, entonces, Greengrass.
—Quisiera preguntar —agregó rápido, cortando el intento de levantarse de Bellatrix—. ¿Cómo vamos con la abolición del estatuto del secreto mágico?
La ministra enarcó una de sus cejas, con una mirada suspicaz y desafiante.
—¿Por qué te interesa?
—Me han estado preguntado, la mayoría de los países están esperando que seamos pioneros en eso.
Bellatrix desvió su mirada a la ventana, pensativa.
—Es uno de mis objetivos a cumplir este año, pero tenemos que hacerlo de manera que no sea reversible ni provoque otra guerra. Morgana sabe que necesitamos un poco de paz.
Si Daphne se sorprendió por los dichos de la Ministra, no dio muestras de ello.
—¿Entiendo que estamos en fase de investigación y planificación? Digame si necesita mi ayuda.
—Así es, tengo un departamento dedicado a eso. Yo misma estoy de lleno en eso. Estoy segura de que nos vas a ser de mucha utilidad, Greengrass. Te mantendré al tanto. Vigila a la chica Weasley.
Y se levantó sin dar más opción a réplica.
Cuando Daphne llegó a su casa, lo primero que escuchó fueron las risas que provenían del living. No pudo evitar el cosquilleo que sintió recorrerla. Se había acostumbrado tanto al silencio de su hogar, a trabajar y volver a encerrarse, solamente ella y un libro o ella y más trabajo, que este era un cambio que no había previsto pero le alegraba enormemente. Tampoco había esperado besar a Ginny, sólo Morgana sabe cuánto tiempo deseo hacerlo, durante su estancia en Hogwarts, siendo demasiado miedosa como para arriesgarse. No creía que las estadísticas estuvieran a su favor en aquel momento en que todo se resumía a Slytherin vs Gryffindor.
Se recordó con fastidio que su hermana sí había logrado traspasar esa barrera. Claro que Tori no tenía la presión de cumplir las expectativas de su familia, al ser la hija menor, la que siempre parecía estar en las nubes, en su propio mundo creativo, todo el peso de los negocios e imagen sangre pura había recaído en Daphne. También su personalidad estaba más inclinada hacia eso. Le gustaba aprender, vincular gente entre sí, hacer contactos, expandir sus negocios y por consiguiente: su poder. Era tan estratega que estaba segura de haber podido insertarse en el mundo mágico de haber ganado Harry Potter. Se imaginó que en aquel escenario, la Ministra de Magia sería Hermione Granger, en vez de la actual Bellatrix Black. Le asombraba la manera en que se habían dado las cosas. Parecía como si, la más fiel lugarteniente de Voldemort, sólo hubiera estado luchando para conseguir ese propósito. Recuperar el poder que alguna vez había tenido la noble y ancestral casa Back.
—Ey, volviste —saludó la pelirroja desde el sillón, con la cabeza apoyada en el regazo de la chica de rizos.
—Buenas tardes, señoritas —sonrió—. ¿Cómo anda la nueva rica del mundo mágico?
Hermione rió al ver la cara sonrojada de su amiga.
—¡Morgana! Ni lo digas, todavía no puedo creerlo.
Daphne se sentó en uno de los sillones individuales, sintiendo como sus músculos se relajaban después del largo día.
—Disfrutá tus últimos días de paz y anonimato, pequeña. En cuanto empieces a entrenar y a jugar, no volverás a ser la hija de, la amiga de. Empezarás a formar tu propia marca con tu nombre. Ginevra Weasley.
—Okey, ahora quiero vomitar —dramatizó—, no sé cómo hacer mi marca.
—¿Por qué crees que soy tu representante? —le guiñó un ojo—. Van a amarte apenas te vean jugar. Por cierto, Hermione, me mandaron a decir que esta noche te esperan en la mansión Parkinson.
La chica rodó sus ojos.
—¡Qué poco aguantó! Es increíble cómo le cuesta compartir la atención —negó con su cabeza, divertida.
—Tenemos que hacer un régimen de visitas o algo así, no quiero que estemos separadas mucho tiempo —se quejó Ginny.
—Estaba pensando hacer una fiesta el fin de semana, para festejar que entraste en Las Arpías —añadió Daphne.
—Me encanta ese plan.
—Qué sorpresa…
—¡Mione! Hace siglos que no tengo una fiesta. Mi cuerpo está en abstinencia. De eso y de otras cosas —movió sus cejas sugestivamente, mirando a Daphne.
—Innecesario, Ginevra. Ya me voy entonces —movió a la chica de su regazo, que le dio un abrazo antes de dejarla partir.
—Mm, señorita Weasley…
Ginny levantó una de sus cejas.
—¿Creí que ya habíamos dejado esa formalidad?
—Lo siento, son los nervios —se encogió de hombros, de manera elegante—. Me preguntaba si… Quisieras… O sea, si no estás cansada, claro…
La pelirroja la observaba con el ceño fruncido.
—Daph, no estás diciendo nada. ¿Qué pasa?
La rubia asintió y respiró para calmar su mente. Maldijo su suerte de no tener la valentía de los Gryffindor.
—¿Te gustaría salir a cenar? Quiero decir, en una cita. ¿Te gustaría tener una cita conmigo?
Ginny sonrió, para nada acostumbrada a esa timidez.
—¡Si! Claro que sí, pero tengo que advertirte. No soy una chica de citas, soy más bien… Una chica de acción —se sonrojó—. No es que no me gusten, simplemente nunca se dio la oportunidad y no sé qué hay que hacer, si es que estás esperando algo en particular.
—Nada en particular, sólo pasar el rato, compartir una cena en un ambiente distinto al de cada noche.
—Suena bien —sonrió—. ¿Tengo tiempo de bañarme?
—Por supuesto, ¿crees que voy a ir con la ropa del Ministerio?
—Debí suponerlo —se burló, ya escapando escaleras arriba.
—Imaginate cuando entré en mi cuarto y me encontré con una pequeña Tori, completamente manchada de pintura y mi vestido favorito antes blanco, ahora rojo, azul, verde, amarillo —negó con la cabeza, escuchando las risas divertidas de Ginny.
—La hiciste sufrir ¿no?
Daphne agitó su mano.
—Tuve toda la intención, pero se veía tan tierna con sus manitas pintadas, el pelo despeinado y pegado a la cara con pintura —se encogió de hombros—. Y la verdad, ¡tenía talento! Había mejorado el vestido considerablemente, aunque por supuesto jamás me atreví a usarlo.
—Uff, me hubiera gustado tenerte de hermana —entrecerró sus ojos, negando rápidamente con la cabeza—, en realidad no, eso hubiera sido muy Black.
La rubia dejó escapar una risa suave y le envió una mirada pícara a través de sus ojos azules.
—¿Tus hermanos eran muy terribles? Siempre me parecieron muy divertidos los gemelos.
—Los gemelos me dan vida, pero crecer con ellos… No podía dejar de estar alerta jamás. ¿Te conté que me subieron a una escoba a los tres años? ¡Sola! La hechizaron para que volara bajo y no me pudiera caer, mi madre casi los mata cuando nos encontró en el jardín —sonrió ampliamente recordándolos.
—Siempre me dio curiosidad tu familia —Ginny la miró enarcando una ceja—, quiero decir, cómo habría sido tener tantos hermanos. Suena divertido —se explicó.
—Fue divertido la mayor parte del tiempo, sí.
Se quedaron en silencio por un rato, cada una perdida en sus propios recuerdos. Ginny tomó un sorbo de su cerveza, mientras Daphne hizo lo mismo con su vino.
—Por cierto, gracias por elegir este lugar —paseó su mirada por aquella terraza con luces mágicas que flotaban arriba suyo—, es íntimo y tranquilo. Pensé que sólo salías a lugares lujosos.
—No te puedo culpar, mayormente lo hago. Este bar lo descubrí por casualidad, una noche que estaba cansada de los lugares pomposos —se encogió de hombros—, me alegro que te guste.
—¿Y qué hay de tu adolescencia? No sé nada sobre tu estancia en Hogwarts. ¿Estuviste con muchas brujas?
La rubia se sonrojó al recordar su actividad favorita en los pasillos del castillo.
—¡Esa cara esconde una buena historia! —exclamó Ginny, divertida.
—¿Pedimos más bebida? —preguntó cambiando de tema, ante la ceja enarcada de la pelirroja.
Llamaron al camarero que llenó sus copas, dejándoles una jarra con más bebida a cada una.
—Hubo alguna que otra bruja. No tengo tu expediente, debo admitir —sonrió cuando la pelirroja le sacó la lengua—, pero me divertí mucho con Pansy. Practicamente descubrimos nuestra sexualidad juntas, como un juego mayormente. No como una relación.
Ginny la observó clavando sus ojos almendras en ella.
—Hacen una buena pareja, es imposible no pensar en eso —movió sus cejas de manera pícara—. ¿!Por qué no me invitaron a hacer un trío en el colegio!? —se le ocurrió.
Daphne se rió y la miró con deseo mal disimulado. Se escondió brevemente tras su copa antes de responder.
—No lo sé, a mí me gustabas pero Pansy estaba con esa estupidez acerca de ser la princesa de slytherin —puso los ojos en blanco.
Ginny se incorporó en su asiento, mirándola con intensidad.
—¿Te gusto desde Hogwarts?
La rubia se fijó en que no había vanidad en su tono de voz, sólo sorpresa. Asintió suavemente, sintiendo cómo le cosquilleaba el cuerpo por la confesión.
—Pensé que había quedado claro desde la primera noche que conversamos —enarcó una de sus cejas, sonriendo de lado.
—¡Cierto! Parecías enamorada hablando de mí, es cierto —se rió cuando Daphne le tiró un maní que rebotó en su mejilla.
—¿Te vas a burlar, Ginevra?
—Planeo hacer cosas mucho más interesantes con mi boca.
La rubia sintió cómo sus pezones tiraban hacia delante, endureciendose. Mordió su labio inferior y Ginny la devoró con la mirada. El tiempo se electrificó a su alrededor. Podía sentir la magia de la pelirroja acariciarla, llegando en oleadas de deseo que erizaban su piel. Cruzó las piernas, apretandolas entre sí para calmar el ardor que sentía en su clítoris. La pelirroja no perdió de vista sus movimientos, parecía una felina midiendo a su presa. Recorrió con los ojos el vestido que se le subió y reveló tanta piel que estaba segura que llegaba a vislumbrar su ropa interior roja.
—Estoy deseosa de comprobarlo, señorita Weasley —al fin encontró su voz, aunque sonó más ronca de lo que solía ser.
Ginny cerró sus ojos por un segundo, sintiendo el deseo en la voz de la rubia colmarla. Estaba abrumada por los estímulos que le llegaban de su magia alborotada. Se terminó su cerveza perdida en aquel azul que ardía.
—Enseguida vuelvo —desconcertó a su compañera, perdiéndose de camino al baño.
Daphne observó la silla vacía que antes ocupaba la pelirroja. Suspiró audiblemente, tratando de relajar sus hombros con suaves movimientos circulares. Intentó apagar el fuego bebiendo su copa de vino, fijándose que la mayoría de las mesas se habían vaciado, sólo quedaban algunas parejas en mesas separadas entre sí. El clima era cálido, quizás por eso no se habían percatado del paso del tiempo. O quizás, y lo más probable, la habían pasado tan bien compartiendo detalles íntimos de sus vidas, que se habían olvidado de la hora. Aún siendo lunes.
Un beso en su cuello la tomó por sorpresa, jadeando sin poder evitarlo y mirando a su alrededor. Notó la mirada de las otras personas, que al no ver nada extraño, volvieron a sus conversaciones rápidamente. Daphne frunció su ceño, pensando si acaso lo había imaginado. Pero el tacto de una mano deslizándose por su brazo la sobresaltó nuevamente. No podía ser. ¿O si?
—¿Señorita Weasley? —susurró.
Nadie le respondió y no había nadie a su alrededor. Respiro lentamente, estaba tan caliente que imaginaba cosas. ¿O no?. Unas manos subieron por su cintura hasta rodear sus pechos, por encima del vestido. Gimió de nuevo, imperceptiblemente. En nombre de Morgana, ¿qué estaba haciendo esta criatura?
—Mione me enseñó a extender la duración del hechizo desilusionador y tenía ganas de probarlo —escuchó en su oído.
Se estremeció. Sus pupilas se dilataron y la sangre se le disparó dentro de sus venas. Su centro volvió a arder mientras la boca de Ginny capturaba el lóbulo de su oreja y lo chupaba y con sus dedos torturaba sus pezones.
Cerró los ojos, aguantando las ganas de tirar de la pelirroja y besarla apasionadamente. La cálida lengua ahora recorría su nuca descubierta por el moño alto que se había hecho. Su piel se erizó. Le apretaron los pezones con fuerza y los soltaron. Dejó de sentirla por un segundo para cambiar la atención hacia sus piernas. Una fuerza las descruzaba y abría. Alzó sus cejas, sorprendida. Barrió el lugar con los ojos, asegurándose de que nadie se diera cuenta de lo que estaba pasando.
No podía creer lo que estaban haciendo. ¿Y si las descubrían? ¿Si aparecían reporteros y capturaban a una Ginevra Weasley arrodillada entre sus piernas, debajo de la mesa? La perturbó darse cuenta que aquella idea le excitó aún más y se incorporó en el asiento, para darle mejor acceso a su amante. Con la mano temblorosa se sirvió más vino, tan perdida en sus sensaciones que olvidó que podía usar magia. Aferró la copa con fuerza y se obligó a tragar el líquido al tiempo que sentía unos dedos aventurarse debajo de su vestido. Mordió su labio otra vez. Los dedos corrieron la tela que cubría su vulva y a cambio sintió una cálida lengua recorrerla de abajo arriba.
—Morgana. —susurró extasiada, volviendo a revisar el entorno.
Dejó la copa en la mesa y apoyó su mano derecha donde estaba la cabeza de Ginny. No se veía, pero la sentía y deseó poder enredar sus dedos en el cabello. Se conformó con la suavidad de su vestido. La lengua trazó aquel recorrido tantas veces que perdió la cuenta. Sus ojos estaban idos de placer cuando sintió cómo capturaban su clítoris en una succión y luego lo mareaban dando vueltas y estimulandolo de arriba abajo. No podía formar ningún pensamiento coherente, toda su racionalidad puesta en evitar que los gemidos salieran y alertaran al resto. Su clítoris descansó brevemente cuando la lengua la penetró. Jadeó. ¿Dónde había aprendido a ser tan hábil con su órgano? Arqueó levemente su espalda, sintiendo el orgasmo empezar a formarse. Iba a acabar en la boca de Ginny, era todo lo que podía pensar en ese momento. Su cuerpo recibía la magia excitada y burbujeante que escapaba del cuerpo de su compañera, concentrada y apasionada en su tarea de darle placer. Apretó la mano sobre su cabeza, pegandola más a su sexo. Estaba tan cerca. Había vuelto a rodear su clítoris y lo estimulaba con delicadeza de lado a lado. Deseo que Ginny pudiera respirar, pero no pensaba soltarla para descubrirlo. Su lengua y sus labios seguían torturando su clítoris, cada vez más hinchado y duro, podía sentirlo. Se estremeció. Quería refregar su vulva contra la cara de la pelirroja, sentirla adentro. Arañar su cuerpo. Besarla. Deseaba, no, necesitaba tanto besarla. El mundo empezó a dar vueltas, se sentía en la cima más alta de su placer y veía que tan hondo iba a caer. Con su mano libre se aferró a la silla, su cuello rígido, sus dientes mordiendo su labio inferior con fuerza. Una, dos, tres caricias más de aquella lengua en su centro nervioso y cayó. Se rindió al placer y sintió cómo caía en picado, se hundía, salía, volvía a caer. Sintió olas de placer que la arrastraban y la mareaban y salían de su cuerpo e iban directas a la boca de Ginny que no paraba de chuparla. Jadeó. Abrió su boca como si acabara de salir del agua y necesitara llenar de aire sus pulmones. Su cuerpo relajado amenazaba con dejar de sostenerla en la silla. La lengua de su compañera ahora lamía los restos de su orgasmo, mientras ella intentaba recuperarse. Acalorada, debilitada, extasiada de placer. Una fina capa de sudor cubría todo su cuerpo. Su cuello y rostro estaban sonrojados, como si hubiera corrido una maratón.
No supo en qué momento dejó de sentirla, perdida en la marea de emociones que la invadían.
—Tus feromonas me están enloqueciendo, vamos a casa —la tensión en su voz podía palparse.
Cuando se giró, esta vez si descubrió a la pelirroja. Quería asesinarla por haberle hecho eso en público. Pero se sentía tan bien… Apoyó su frente en la cintura de Ginny, que parada a su lado, le acarició la cabeza, dándole unos segundos. Sus uñas rasguñaban la nuca de Daphne, se estaba volviendo loca de deseo, la magia de la rubia jugueteaba con la suya, sus núcleos se tanteaban y se sentía tan sensible. Tan dispuesta, tan mojada. Un gemido la sacó de sus pensamientos. Tiró suavemente la cabeza de Daphne hacia atrás y se perdió en sus ojos azules, dilatados. Le pareció extraño que siendo un color frío, se sintieran tan cálidos. Puro fuego. La consumían. Pasó su pulgar por los labios pintados de negro, se veía tan expuesta, tan distinta a la mujer de negocios que solía ser. Acercó su boca y se entregaron en un beso necesitado, hambriento. Daphne sintió su propio sabor en la otra lengua y ahogó un gemido en el beso. Se separaron sólo cuando necesitaron llenar de aire sus pulmones.
—Vamos o te juro que follamos acá y les damos el espectáculo de sus vidas —ordenó Ginevra, con su mandíbula tensionada.
A Daphne no hizo falta que lo dijera dos veces. Si así había cumplido su promesa anterior, no se imaginaba lo que podía llegar a suceder si la desafiaba.
