«Sé lo que se siente, Naruto. Ver la soledad te lastima por dentro. Yo pude hacer más por ti. Quedé mal. Nadie debería sufrir así, nadie debería estar así de solo».
9. En el pasado.
La mujer en la cama estaba despierta mucho antes del amanecer, inquieta entre las sabanas volteaba de un lado a otro hasta que pudiese conciliar el sueño en cualquier posición. Tarea imposible desde algún momento de la madrugada.
Cuando cerraba los ojos solo concebía dos posibles escenarios en su cabeza. Uno de ellos —el aterrador— era la mirada escalofriante del militar de la noche anterior, sus ojos filosos como los de un felino viendo a través de su mentira y mucho más allá. Como si se burlase internamente de la charada que ambos estaban haciendo. Sakura tenía mucho miedo de él y no se lo diría a su "esposo", eso es seguro.
El segundo pensamiento no era realmente un pensamiento, era más un tipo de fantasía semiconsciente, como aquel momento antes de dormir donde la mente empezaba a proyectar imágenes distorsionadas de su día a día, y se venía la sensación de los brazos de Kakashi, o su olor invadiendo las fosas nasales de la pelirosa. En un abrazo cálido, fuerte, tan unido que sentía los latidos de su corazón contra el pecho de ella.
¿Quién puede dormir así?
Obviamente Sakura no. No podía, ni intentaría dormir hasta que ese momento bizarro estuviera plenamente aclarado ambos.
Cuando estuvo a punto de levantarse, Kakashi despertó.
Sakura nunca había puesto atención a la rutina del peligris hasta ese momento.
Primero se levantó grácilmente, sin restos de sueño en el cuerpo. El abrió la puerta de la habitación y el aire frio entro como una ráfaga que bajo un par de grados a la temperatura del cuarto. La luz del amanecer baño su cuerpo y Sakura tuvo que apretarse un poco más a las mantas convenciéndose de que era por la mañana fría y no por la sensación que le causo ver a Kakashi quitarse la camisa.
Aun así, no pudo aparatar los ojos de él. La manera en la que sus trapecios se tensaban mientras estiraba su cuerpo, las líneas que se trazaban en sus omoplatos, Sakura sentía que estaba viendo una escena sacada de alguna película erótica, como algo que haría el personaje principal luego de despertar de una noche de pasión con su amada.
—¿Nunca te dijeron que es de mala educación espiar a las personas? —preguntó a punto de abrir el closet.
Sakura dio un pequeño respingo y por inercia se cubrió por completo con la sabana.
—¿De qué hablas? No estaba espiándote —se excusó—, solo estaba… Mirando.
Kakashi hizo algo que pareció un bufido.
—Claro. De acuerdo.
—Además, estas desvistiéndote delante de una dama, ¿Nunca te dijeron que es de mala educación desvestirse delante de una dama?
Cuando ella se quitó la sabana de la cabeza, estaba parado frente al closet aun, con una camiseta en la mano a medio vestir.
Apenas la miro cuando dijo: —No. Siempre y cuando ambos nos desvistamos no es de mala educación.
Dios mío santo…
—No pensé que eras del tipo pervertido. Parecías tan decente los primeros días.
Ella se sentó en la cama repentinamente molesta y acalorada. Kakashi salió del cuarto sin darle mucha importancia a la mujer y Sakura le siguió de cerca abrazándose así misma por el frio de la mañana.
—Pervertido es mi segundo nombre ¿no lo sabias? —entró al baño dejando deliberadamente la puerta abierta.
Sakura se sentó en el comedor escuchando como rodaba el agua del lavamanos.
—Era mejor cuando actuabas como si yo no existiera—murmuró.
La noche anterior ambos habían cruzado la línea imaginaria que se había trazado desde el principio como parte del acuerdo tácito de indiferencia. El pequeño momento de complicidad que compartieron al anochecer y luego la súbita demostración de afecto físico había abierto una brecha que Kakashi parecía estar llenando de buena manera.
Kakashi salió con la cara fresca y oliendo a menta, Sakura corrió hacia el baño y se encerró durante un largo rato. Se lavo el cabello, se cepillo los dientes y salió con los pensamientos más ligeros lista para aclarar las cosas.
—Así que estas suspendido—dijo. Se sentó paro en la puerta de la cocina. Kakashi pelaba unas zanahorias de espaldas a ella.
—Si—dijo cortante, luego pareció notar el tono seco en su voz y agregó:— Igual necesitaba unas vacaciones, está bien.
La mujer sospechaba que Kakashi amaba más ese trabajo que cualquier clase de vacaciones que podrían darle.
—¿Y no puedes arreglarlo?
—Podría encontrar la manera— lanzo las verduras en una olla hirviendo—pero no quiero arreglarlo. Si ese mayor quiere investigarlo, lo mejor es dejarle. Estaría muy sospechoso de mi parte intentar escabullirme.
—¿Crees que él sepa? O sea, de mí, de lo de los intrusos…
Kakashi se dio la vuelta y se recostó de la encimera. Sus ojos se encontraron con los de ella, podía ver la duda clavada en sus pupilas, como si estuviera tomando la decisión exacta de que decir.
—Si, debe saber algo. Tal vez no todo, pero intuyo que tiene personas por encima de él presionándolo por eso.
—O sea que te investigan por mi—se mordió el labio esperando su respuesta. Kakashi paso a su lado ignorándole.
Sakura lo siguió.
—No—dijo cuando ella le siguió hasta el patio y se sentó a su lado en el pequeño piso.
Una distancia prudente entre ambos.
—Me suspendieron porque alguien necesita una excusa para sacar a esos hombres del enredo. Culpar a un capitán incompetente viene a ser algo conveniente si quieren demostrar que son hombres inocentes.
—Pero tu-
—Lo resolveré, Sakura—interrumpió—No te preocupes por ello.
Había una frase escrita por toda su cara cuando le dijo eso: No te entrometas.
De igual modo ella tenía muy poco que hacer, solo debía permanecer alerta y mientras más pasiva estuviera, más oportunidad tendría de pasar desapercibida.
—Me temo que el ejercicio de la frontera se prorrogara para mí. Anoche no te lo dije, las cosas tardaran un poco más en darse, tal vez una semana o dos más para la fecha que te di.
—Eso no importa, aquí están pasando cosas mucho más graves, temo por ti.
En parte decía la verdad, ella temía por lo que fuese a pasarle. Entre los juegos de espías se movía algo de poder que pasaba muy por encima de ellos. Sakura se arrepentía mucho de no saber cuándo podría partir de ahí, pero esa empezaba a ser la última de sus preocupaciones, su vida y la vida de Kakashi encabezaban la lista.
Cosas de corruptos o juegos de poder, era difícil predecir qué era lo que realmente estaba ocurriendo.
—No dormiste mucho ¿verdad? —dijo el preligris luego de un rato.
Ella miro a Kakashi confundida: — No. Estaba un poco nerviosa.
—Yo tampoco pude dormir—se llevó una mano al cuello, los músculos de su brazo se flexionaron contra la camiseta de mangas cortas que llevaba.
—Deberías dormir en la cama.
—¿Y tú en el piso?
Ella rodo los ojos.
—Deberías dormir en la cama conmigo. No es gran cosa.
Contrario a sus palabras, su rostro reacciono con un sonrojo potente. Luego de varios minutos de silencio Kakashi se puso de pie para marcharse a la cocina.
—Está bien, pero no te aprovecharas de mí. No soy un hombre fácil, Sakura Haruno.
Sakura chillo de desesperación. Una vez que estuvo sola en el patio, el gruñido fácilmente se fue transformando en una risa tonta. ¿Por qué era tan fácil enojarse y contentarse con la misma persona en cuestión de segundos? La línea no le dejaba ver eso, Kakashi era un hombre insufrible y ella una mujer muy volátil. Compartir unas semanas más seria una completa tertulia.
Como un grano en el trasero, pensó. Mas al instante se encontró disfrutándolo. Le hubiese gustado conocerlo en el Sur, asi podrían haber sido amigos o quizás enemigos, realmente no lo sabía.
El resto del día se guardó sus pensamientos y se dedicó a terminar de leer el libro y colaborar en los quehaceres básicos de la casa. Kakashi primero estuvo mucho rato revisando cartas en su escritorio, luego arreglando el jardín. Ya para cuando el sol caía, la mujer estaba tirada en el patio, libro en mano y el capitán se dejó caer a su lado con un sonoro suspiro cansado. Ella inspiró, el aire húmedo lleno del aroma de Kakashi almizclado con su sudor.
Sakura bajó el libro de cara y se giró en el piso para verlo, tenía la cara llena de tierra y lodo.
—Esto se siente raro—dijo para llamar la atención del hombre— Mi esposo luego de un largo día de trabajo y yo como una dulce ama de casa.
Kakashi soltó una risa por lo bajo.
—No es una escena normal en el sur, supongo—se lanzó en el piso a su lado.
Sakura pensó en regañarlo, sin embargo, decidió que los ánimos eran los correctos para la conversación que buscó todo el día.
—¿Kakashi? Acerca de lo de anoche, no pienses cosas extrañas. Estaba teniendo un ataque de pánico, me sentía vulnerable…
A Sakura le pareció una eternidad hasta que él respondió: — Lo sé. No podría confundir las cosas.
—Exacto. Solo necesitaba el apoyo de un amigo, muchas gracias por eso.
Luego otro silencio más cómodo y la ojiverde estuvo a punto de volver a su lectura cuando él salió una nueva pregunta.
—¿En el sur los amigos se abrazan así?
Sakura mintió.
—Si, claro, no hay problema con eso.
Si había un grave problema con eso, en el Sur los amigos no se abrazaban tan fuerte, no se negaban dejar de tocarse y mucho menos se dormían en los brazos del otro. Kakashi no necesitaba saber eso, Sakura temía que decirlo en voz alta provocara una mala reacción en él o en ella misma.
—Entonces somos amigos—declaró.
—Amigos—coincidió ella.
Sus mejillas empezaron a calentarse y Kakashi esbozo algo parecido a una sonrisa, le daba un perfil bonito debía admitir.
A Sakura le costó volver a leer, se suponía que ahora que habían tenido aquella pseudo conversación la incomodidad debía irse. Y lo había hecho, eso podía jurarlo, pero no podía volver a concentrarse en el libro, no con él tan cerca de ella y en su oído afinado las respiraciones pausadas del peligris. Ella había compartido muchos silencios con Sasuke y en ninguno de ellos se había sentido así. Era como una colegiala nerviosa por un chico.
Cuando Kakashi volvió a hablar fue para mencionar que estaba lloviendo, la pelirosa seguía en el mismo capítulo hace más de media hora. Se llevo el libro al pecho y escuchó las gotas en las tejas del techo.
—Kumo es mucho más lluvioso en esta época—dijo.
Pasaron unos minutos antes de que Kakashi contestara:
—¿Y eso a que viene?
—El libro. Iridiscente. Sucede en Kumo. Yo viví unos años allí, era joven, estaba en quiebra y no estaba muy bien de la cabeza.
Él suspiro cansado.
—Ya habías leído antes ese libro—afirmó.
La pelirosa creyó imaginar el tono plano de su voz, uno que segundos antes no había estado ahí. Se sentó para mirarlo. Kakashi tenía el brazo echado en la cara cubriendo sus ojos, sus pies —que salían del piso— estaban mojados por la lluvia. Sakura se preguntó por qué no tenía frio.
—Si, me regalaron una copia mientras estuve en Kumo. Es hermoso. Muy inspirador. ¿Quieres leerlo conmigo?
Su boca se torció en un gesto agrio.
—No.
—No te gusta leer mucho, ¿verdad?
—No me gusta ese libro.
Ella lo cerró y acaricio el lomo rayado y las primeras páginas.
—¿Entonces por qué lo tienes? Genma dijo que la biblioteca era de tu padre, pero este libro no es tan viejo, aunque parece una primera edición.
—Es una primera edición.
—¿Por qué no te has desecho de él si no te gusta? —algo decía que debía presionar un poco más. Se estaba cansando de terminar las conversaciones solo porque él quería—En cambio decidiste destruirle la cubierta y-
—Fue un regalo. No puedo deshacerme de él porque fue un regalo. Dos copias idénticas y debo conservar la mía.
—¿Y la otra?
Sakura paso unos minutos mirándolo y estuvo a punto de creer que estaba dormido. Entonces Kakashi se quitó el brazo de los ojos. Se sentó y la madera crujió un poco bajo su peso.
Sus dos iris onyx se posaron en ella cuando le respondió: —Se ha perdido para siempre.
Se levantó, con los pies lodosos y mojados y atravesó la puerta de vuelta a la casa.
Lucia extremadamente furioso.
Sakura entro minutos después de él, le encontró fregando los platos que quedaron luego del almuerzo. Aunque estaba de espaldas a ella, podía sentir su ira irradiando de su cuerpo. Sakura se aclaró la garganta lista para hablar, pero entonces él dijo: —Fue un regalo de despedida. Ella nunca iba a recibirlo de todos modos.
La pelirosa detuvo lo que sea que iba a decir ante la mención de un Ella. En cambio, se recostó contra el marco de la puerta de la cocina y se tragó todos los comentarios curiosos que tenía sobre eso.
—No te gusta el libro porque la recuerdas.
Kakashi suspiro por lo bajo como preparándose para decir algo. Sakura no le dejo.
—Es increíble como este libro para ti es pérdida y para mí es esperanza.
Él continúo lavando mientras Sakura consideraba que no era prudente acercarse.
—Llegó a mi cuando menos lo espere, de la manera menos esperada. Creo que me salvo la vida. —concluyó.
Kakashi se dio la vuelta y la encaró, el resentimiento marcado en sus facciones: —No me gusta porque tiene un final feliz, porque es idílico, es estúpidamente idílico.
Sakura dio un paso atrás. No quería comenzar una discusión por algo tan tonto pero sentía la lengua picarle con ganas de responderle, tentar su suerte con él.
—En la vida no hay finales felices. Es solo un tonto libro de fantasía. No existen los finales felices.
Sakura no dijo nada, aunque claramente estaba enojada por eso. Así que cuando Kakashi se dio la vuelta, la mujer salió discretamente al patio delantero y empezó a ponerse los zapatos. Sentía que debía dar un paseo, el ambiente dentro de la casa había cambiado tan rápidamente que se sofocaba de estar ahí a pesar del frio que hacía y la continua llovizna sobre el techo.
Lo hizo lentamente, dándole tiempo a Kakashi para decir algo —o detenerle— pero cuando él no lo hizo, Sakura tomo el paraguas del pórtico y cruzo el portón en silencio.
Estúpido Kakashi y su estúpido libro.
A pesar de la lluvia, aun había personas fuera de sus casa, jugando en la pequeña plaza común o ancianos sentados en los banquillos, la gente del Norte toleraba muy bien el frio. En estas fechas el Sur solía ser un poco más cálido, aunque bastante lluvioso, pero el clima era mucho más predecible que en ese lugar.
Se sentó en la plaza cercana a su casa. La falda se le mojo cuando puso su trasero en el banquillo.
Un par de niños pasaron corriendo por el lodo, entre risas y gritos.
Cuando ella era una niña también disfrutaba de esas cosas. Sakura era una niña pobre que creció en un pueblo más pobre aun, sin un padre que trabajara o cuidara de ella y su madre, su infancia consistió en juegos con los niños del mercado local y los quehaceres con su madre en casa. Ya cuando alcanzó una edad adulta y decidió emprender su propio camino, se convirtió en una persona amargada.
Pobre, amargada e inútil, se recordó.
—¡Sakura-san! —saludó la señora Miyamoto, traía arrastrando una gran carreta cubierta por una lona.
—¡Miyamoto-san! ¿Qué hace por acá bajo esta lluvia? Va a enfermarse.
La anciana soltó el carro y se movió hasta la plaza donde estaba Sakura, el árbol sobre sus cabezas detenía la llovizna.
—Vengo del puesto comercial—y cuando vio la mira confundida de Sakura explico: — es algo como un mercado local, esta de camino a los pueblos vecinos. Aunque no vendí muchas verduras, ahí las traigo devueltas casi todas.
Sakura asintió levemente.
—¿No tienen puestos comerciales en tu pueblo? Están por todo el país.
Es que no soy de aquí.
—No importa—continuó la anciana—. No abriré la boca, pero sé que no eres de por aquí. Evitare indagar más, soy como una tumba.
—Lo agradecería.
—¿Y qué haces aquí? Hace demasiado frio.
Sakura se frotó un poco las manos.
—Quería un poco de aire fresco, Miyamoto-san.
—Ah, ya veo, te has peleado con Hatake san.
La pelirosa se sonrojó y se apresuró a negar furiosamente haciendo gestos con las manos: —No, no, no. No es eso. Solo quería salir un rato, ya ves que no salgo mucho fuera de la casa.
—Vamos, cariño, no tienes que ocultarlo. Yo también estuve casada hace muchas lunas.
—¿Lo estuvo?
—Así es. Y también estuve lejos de mi familia al inicio así que fue muy difícil acostumbrarme. Claro, la vida matrimonial antes debía ser muy diferente a la de ahora, pero éramos igual de jóvenes y enamorados.
Ella rio un poco y la mas joven le dio una risa tímida.
—Kakashi y yo no somos tan jóvenes. Tengo 32 años ya, y él tiene 36.
—¡Se han casado muy viejos! Pero lucen tan jóvenes. Las esposas de militares suelen conservarse tan bien, es porque llevan una buena vida y no suelen desgastarse tanto con lo de las comidas y el trabajo en el campo.
Sakura sentía un poco de pena por la señora, era una anciana demacrada y empobrecida, que debía seguir trabajando duro en el campo a tal edad mientras intentaba conseguir como sobrevivir. ¿Acaso todos eran así? Era una realidad dolorosa de aceptar.
La señora Miyamoto suspiró el aire frio y luego sus ojos soñadores que habían viajado al pasado se abrieron con sorpresa:
—¡36! —exclamo—Entonces ya han pasado tantos años…
—¿A qué se refiere?
La mujer tomo un suspiro grande y luego miro hacia los lados para asegurarse de estar solas.
—Desde lo de ya-sabes-quien…
El tono cómplice la desconcertó poco.
—¿Quién?
—Lo de Sakumo Hatake.
¿Hatake?
—Treinta años es un largo trecho, las cosas han cambiado mucho desde entonces. Estaría tan orgulloso de su hijo. Me pregunto si Kakashi-san recuerda bien a su padre.
—¿El padre de Kakashi? Kakashi no habla mucho de su familia.
Tres noches atrás Sakura se había enterado que no tenía padres, ahora esta anciana salía con un nombre para la figura paterna y bajo algo que parecía secreto de estado.
Sakura curiosa pico en su lengua ansiando saber más. Afortunadamente la anciana continúo hablando:
—Si. No me digas que no sabes lo que le paso—Sakura negó—. Bueno, los jóvenes pueden no saberlo, es una historia de la que en un principio se prohibió hablar. Una cosa es la versión oficial y otra los rumores que giran en torno a eso. Imagino que Kakashi san ha enterrado ese pasado, pero tal vez es el único que sabe lo que realmente paso. Aunque era un niño pequeño algo debe saber.
La anciana volvió a mirar alrededor.
—Hatake Sakumo era el hombre más galante que he conocido en mi vida, más apuesto que mi señor esposo, que en paz descansen ambos.
—¿Mas apuesto que Kakashi? —preguntó Sakura.
Ambas intercambiaron una risa.
—Mas apuesto que tu esposo. Creció en este pueblo con nosotros, con mi esposo, con Emiya-san, con mis hermanos, pocos quedamos de aquella época querida. La gente en esta aldea es relativamente nueva, poco menos de quince años acá. La mayoría de los verdaderos fundadores ya empezamos a partir con el de arriba.
—¿Y la madre de Kakashi?
—Keiko apareció cuando ya estábamos más grandes. Era una de las huérfanas que habían traído a trabajar al mercado local. Todo sonrisas, toda llena de esperanza. Se enamoraron desde que se vieron por primera vez. ¿También caíste a primera vista?
Sakura pensó un instante.
—Umm ¿La primera impresión? Cuando vi a Kakashi por primera vez me sentí tan aliviada, luego pasaron cosas, digamos que fueron sentimientos ambiguos, tenía mucho miedo.
—La juventud es una cosa impresionante.
—Ella murió antes que él, eso lo sé.
Miyamoto asintió.
—Tenía algo en el corazón, murió en un hospital de Konoha. Luego Sakumo tomo a su hijo y se fueron lejos hasta las provincias del Este. Es tan trágico lo que les sucedió, esa familia estaba marcada por la tragedia aparentemente.
—¿Qué les paso?
—Bueno—la anciana retorció las manos en su regazo— Sakumo-san era un general muy importante en Konoha, decían que estaba muy cerca del mismísimo Lider Supremo Danzo.
No me imaginaba eso.
—Luego de la muerte de Keiko aparentemente cayo en depresión y para ese tiempo el país de Fuego Norte tenía conflictos con el Arrozal, así que según la historia oficial el general Hatake ordeno la movilización de algunas tropas en una de las fronteras y las cosas no salieron bien, decidió retirar a los soldados antes de que murieran más y se perdió el territorio.
Ella se aclaró la garganta.
—Muchos le culparon, estaba deprimido desde antes, no pensaba muy bien. Otros decían que lo hizo a propósito, no era muy partidario de las políticas de Danzo-sama. De igual modo, se suicidó poco tiempo después, no aguanto la presión.
Sakura trago el nudo de su garganta. Mas trágico de lo que pensaba.
—El rumor tras su muerte nunca se aclaró.
—¿Y qué piensa usted, Miyamoto-san?
—¿Yo? Bueno, es difícil decir que pensar, fue mi amigo durante muchos años y lo veía cada verano que venía a vacacionar con su familia hasta acá, pero no creo que lo conocí realmente. Eso sí, era un buen hombre y hacia amigos a donde fuese y tal vez ese fue el problema.
—¿Ser sociable?
—Ser popular. La gente confiaba demasiado en él, tenía muchos seguidores leales, muchas personas de su lado, influyentes. Algunos dicen que no fue un suicidio, ya sabes, Sakura-san, no todas las ejecuciones son públicas.
El termino ejecución asociado muerte no entraba dentro del diccionario de la pelirosa, ella venia de una sociedad diferente con una historia personal contraria a la de cualquiera allí, especialmente a la de Kakashi.
—Marcada por la tragedia—repitió Sakura en voz baja.
—Ya su nombre no se dice en voz alta. Kakashi san debe sentirse más aliviado por eso y además, te tiene a ti, Sakura san. Es bueno ver que su vida no va por el mismo camino.
Sakura abrió la boca para terminar el silencio incomodo, ningún sonido salió. De hecho, minutos después se encontró bajo la lluvia empujando el carro de la anciana hasta llegar a su humilde casa al otro lado del pueblo. Intercambiaron un par de trivialidades en el camino, la más joven trato que la anciana no se percatara de lo repentinamente incomoda que se estaba sintiendo.
Regresó en silencio bajo la lluvia sin siquiera molestarse en abrir la sombrilla y entró a casa del mismo modo silente en que había salido. No se molestó en anunciar su llegada y corrió al baño de una buena vez. Cuando salió ya había parado de llover y Kakashi estaba en el patio puliendo el piso que antes había ensuciado.
Sakura se mordió el labio.
—¿Te ayudo en algo?
Él la miro desde el piso.
—No, está bien.
—Nunca quieres que te ayude con las cosas. Yo si te dejo que me ayudes.
—Yo nunca te pregunto.
Sakura se agachó y le arrebató el trapo. Minutos después Kakashi estaba riéndose a su costa.
—No sabes lavar, no puedes sacudir ni barrer por las alergias, no sabes ni pulir el piso ¿Qué haces en casa?
Sakura arrugó la frente.
—No porque sea una mujer debo saber hacer estas cosas, tú, descarado machista.
Él se volvió a reír.
—No hablo de eso, es solo que vives sola en el Sur ¿Quién hace estas cosas por ti?
—Le pago a alguien. Antes sabía hacerlas, viví sola durante años… Es solo que las cosas cambiaron. Ya no soy pobre, digamos.
Él asintió y ella se levantó del piso y le lanzó el trapo.
—Eres de un círculo social diferente a todo esto, entonces.
Algo podría decirse de eso. Sakura era una mujer influyente en su ámbito y se mataba trabajando para darse una buena vida, pero nunca se sentó a pensar a que circulo social pertenecía. Se prometido —ex prometido — era el heredero principal de un gran conglomerado, su mejor amigo el hijo de un cenador importante, incluso mantenía una relación cercana con uno de los dirigentes políticos más importantes de Suna.
—Podría decirse. En realidad, estoy rodeada de personas influyentes—admitió—. Mi desaparición podría ser un escándalo.
Kakashi levanto una ceja incrédula: —Quizás no—admitió—Es el tipo de cosas que mantendrías bajo la mesa.
—Bueno, supongo. Solo quiero creer que aún me buscan.
—Lo hacen. Si mi prometida estuviera desaparecida no pararía de buscarla, no me daría por vencido hasta encontrarla. Viva o muerta—añadió un poco más suave.
A Sakura le provoco risa eso y sabía que no era gracioso.
—Es curioso, Naruto, mi mejor amigo, es como mi hermano, y me lo imagino en mi búsqueda. Sasuke, mi ex prometido, se daría por vencido al instante. No es la persona más entusiasta del mundo.
Ella río.
—Tu tampoco, en realidad. Pensé que por eso no podríamos llevarnos bien y ahora somos amigos. ¡Soy amiga de un soldado del Norte! ¿No es la cosa más rara de oír?
—¿Tu? —una sonrisa bailando en sus labios— Yo conozco una mujer del sur, es muy extraña, pero me agrada bastante…
A la noche, luego de la hora de cenar, Sakura estaba un poco inquieta. Se debatían entre salir del baño e irse a dormir de una vez o tener que aclarar nuevas cosas con Kakashi. Como toda una ilusa, por la mañana le había mencionado que era mejor que durmieran en la misma cama ahora por la noche tenía miedo de salir y decirle que se había arrepentido de eso.
En la mañana había sonado como una buena idea.
Pésima idea.
Abrió la puerta del baño y se fue de puntillas hasta el cuarto por el camino tenuemente iluminado.
El hombre estaba a medio camino de acomodar la cama y ambos se miraron en un momento incómodo. Kakashi la miro de arriba abajo y por un momento Sakura pensó que diría algo, cualquiera cosa, pero apretó los labios en una delgada línea como si en último momento hubiese desistido de ello.
Definitivamente el tema de la cama era algo delicado para él también. Si tal vez lo hubiese mencionado en la mañana no sentirían el aire tan tenso ahora.
—Apaga las velas, por favor— dijo finalmente y se lanzó en la cama del suelo que ya previamente había arreglado.
Sakura se quedó parada unos momentos más frente a la puerta, pensando si debía decir algo o seguir sus órdenes. Opto por permanecer en silencio y soplar las velas, no quería dar charla incomoda, no luego de un día incómodo.
Por lo menos tiene sentido común, pensó.
Luego de un par de vueltas en la cama, cuando Morfeo ya la estaba reclamando, escuchó a la distancia la voz de Kakashi llamándole.
—¿Sakura? Sé que estás despierta.
—¿Cómo lo sabes? Ya estoy dormida.
—No estas roncando aún.
La mujer suspiro. Ni siquiera sabía que roncaba.
—¿Qué pasa? —se movió un poco más al borde de la cama, pero estaba demasiado oscuro para verlo. Apenas podía distinguir su silueta entre las mantas.
—Temprano dijiste que no importaba si tardaba una o dos semanas más ¿Qué pasa si se tarda más?
Sakura se demoró en comprender de qué hablaba hasta que cayó en cuenta de que se refería al escape por la frontera.
Había dicho que no importaba, pero si importaba. Bastante.
Mas tiempo ahí era estar más lejos de su vida normal. Ella difícilmente se veía ahí un par de meses más, y si bien su prioridad era su vida y la de él…
—¿Qué tanto? —preguntó.
Kakashi no respondió la pregunta.
—Habrá más problemas—dijo ella—. ¿Hay más cosas que no me estás diciendo, verdad?
—Te estoy diciendo todo lo que necesitas saber.
—Ese hombre, Takashi, esta presionándote de algún otro modo—se percató de que su voz se estaba elevando—, por eso dices que tardara mas ¿Qué tanto tardara, Kakashi?
Un nuevo silencio.
—No lo sé—admitió—. Como te dije, si lo soluciono ahora tal vez una o dos semanas más… Pero Takashi se está acercando mucho, temo que este tramando algo más. He pensado eso durante todo el día, me gustaría dejar que las cosas se durmieran un poco más, salir del foco, deberíamos esperar.
—O sea que me quieres secuestrar aquí de verdad.
—No quise decir eso—en su voz se notaba que estaba molesto.
—No sé si pueda sobrevivir más tiempo aquí, Kakashi—admitió.
En el fondo ella sabía que Kakashi tenía razón. Si se supone que sus vidas eran sus prioridades, era mejor procurar salir del foco. Pero eso no quitaba las ganas de llorar que sentía, seguiría atrapada por un rato y ni siquiera sabía cuánto seria eso.
—Esto apesta—gimió cubriéndose la cara con la almohada—¿No has querido salir alguna vez de acá? Imagino que no, todos ustedes parecen tan felices.
Él hizo un ruido y Sakura lo interpreto como un sonido solo para que supiera que la estaba escuchando, sin un significado real. Pero luego dijo:—¿De verdad crees en los finales felices?
Vaya manera de cambiar los temas, pensó Sakura, sin embargo, no tardó mucho en responder.
—¿A qué te refieres?
—El libro. Dijiste que te daba esperanza. ¿Es porque de verdad crees en los finales felices?
Ella creía en ellos, pero Kakashi ya había dejado claro que no lo hacía. El tema del libro ya se había cerrado, Sakura se sentía incomoda de discutir las cosas luego de que realmente pasaba el conflicto, el capitán era un hombre esquivo que no podía enfrentar ese tipo de discusiones al momento.
—Si creo en ellos, en libros y en la vida. Si no es un final feliz significa que no es el final.
—No hay finales felices para la gente como yo.
¿Y como es la gente como tú?
—El autor de libro es un soñador—dijo ella—, escribió el mejor final posible para sus personajes. Al final estuvieron juntos, se reencontraron en la casa de la montaña preparados para amarse. Y es un libro semi-biografico, lo dice en la última página, así que los finales bonitos existen.
—Semi es la palabra clave, estoy seguro que ese realmente no fue el final.
Ella no tenía como contradecir eso.
—¿Cómo llegaste a leerlo? —le preguntó.
Una sonrisa nostálgica broto en la cara de la pelirosa:—Casi una casualidad. Era una joven rota y empobrecida, no tenia muchas esperanzas sobre la vida o el futuro, y una mujer extraña me lo dio en plena calle, dijo que lo vio ahí cerca y pensó que era mío. Me pase la noche en vela leyéndolo, me dio mucho que pensar.
Kakashi no dijo nada.
—Y luego llegué aquí y le encontré de nuevo, esa es la mejor de las señales—suspiró ruidosamente—¿Qué hay de ti? ¿Por qué no lo entregaste?
Otro silencio. La pelirosa empezó a arrepentirse de su pregunta.
—Era algo como un regalo simbólico, ella ya había muerto para ese entonces. Me deshice de la otra copia, pero me quedé con la mía y no sé por qué…—Su voz se fue apagando hasta convertirse en un susurro.
Sakura se mordió el labio inferior y tomo una gran bocanada de aire. Parecía que Kakashi tenía una vida tan trágica como la de sus padres. El corazón de Sakura se estremeció ante ese pensamiento.
Cuando Kakashi no dijo nada más, Sakura decidió no seguir ese hilo, lo último que quería era terminar la conversación con algún comentario erróneo, ella no tenía palabras de consuelo para eso y estaba segura de que él tampoco las quería.
—¿Sabes? Nunca pude encontrar algo mas de ese autor, ni siquiera en internet. Sukea, debió ser alguna especie de seudónimo o tal vez dejo de escribir ¿tú que crees, Kakashi?
—No te escucho, ya estoy dormido.
-o-
Kakashi tenia demasiado frio para seguir durmiendo, dio un par de vueltas en la cama incomodo, hasta que se percato de que le habían quitado la sábana de nuevo. Rin solía hacer eso cada noche, dormía por su lado y terminaba por dejar a Kakashi a merced de frio. Abrió los ojos y se pegó a su diminuta silueta.
Ella estaba cálida, como siempre. Kakashi se metió bajo las sábanas nuevamente con ella y le lanzó un brazo en la cintura atrayéndola más hacia él.
Ella se removió y pego su cuerpo para frotarlo con el de él, al peligris se le quitó el sueño automáticamente. Movió las manos por los muslos de su amada, la piel suave y tersa le dio la bienvenida y le obligo a ir mas arriba, debajo del camisón donde le esperaban los pechos.
—Kakashi—escapó de sus labios como un suspiro o un gemido.
Kakashi bajó las manos de nuevo hasta la cuerva de su cintura y la obligo a girarse, sus ojos chocolate se encontraron con los suyos, encendidos en el fuego del deseo.
—Kakashi—trató de decir algo, pero él le callo con un beso hambriento que ella devolvió con la misma pasión.
Sentía como si hubiesen pasado eternidades desde que provo su boca sabor cereza. Atrajó mas su menudo cuerpo hasta él, intentando fundirse en ella. Le anhelaba tanto que su cuerpo empezó a reaccionar sin su control.
La tomó por las caderas y la levantó con facilidad hasta ponerla encima de él, justo donde quería, donde sentía el calor de su centro empezar a frotarse con él. Ella echó la cabeza hacia atrás complacida y empezó a rodar sus caderas sobre él.
El peligris soltó el aire de sus pulmones en un gemido estrangulado.
Ella acercó su cara hasta él para darle un beso en los labios, su cabello cayendo como una cortina rosada sobre su rostro.
Su aroma se fundió en sus fosas nasales.
—Kakashi, ¿lo ves?
Frotaron sus narices y su aliento le hizo cosquillas justo encima del labio. El hombre sonrió y abrió los ojos para mirar a su amante, ella le devolvía la mira hambrienta de deseo en sus orbes color jade. Sakura era jodidamente hermosa, más aún ahora que le miraba con deseo, con el olor de su excitación el aire y las mejillas encendidas en rubor.
Ella se mordió el labio y se enderezo, para quitarse una de sus camisetas, la piel pálida brillando bajo las velas mientras iba liberando poco a poco su pecho.
—Te lo dije, Kakashi, te dije que podíamos dormir en la misma cama—Kakashi llevó sus manos a ella, su boca a los pequeños pechos, ella contuvo un gemido—No es la gran cosa.
Entonces Kakashi despertó, sobresaltado del sueño con una capa de sudor bañando su frente y su pecho. El cuarto estaba mucho mas frio que cuando se acostó a dormir y sin embargo él se sentía sofocado y acalorado.
Parpadeo un par de veces para ajustarse a la oscuridad. En la cama de arriba, Sakura hacia los ruidos y voces que solía hacer al dormir, y a pesar de ellos no se despertaba; sumida profundamente en el mundo de los sueños.
Kakashi se levantó, ahora irritable y malhumorado, e hizo camino recto hasta el baño. Sakura trajo grandes problemas a su vida, pero aparentemente el más preocupante de ellos se alzaba con orgullo bajo la tela de sus pantalones.
Alguien me escribió al Fb preguntando por el destino del fic ya que ve muy lento el desarrollo. Dejare la aclaración para todos por acá: Este fic tendrá un desarrollo muy paciente, primero estoy estableciendo las personalidades y el papel de cada personaje, las debilidades, el curso de acción... Es lento, lo sé, pero pronto llegara la acción, lo prometo. ¿Se quedaran conmigo hasta entonces?
¿Qué les gustaría ver pronto? Déjenme sus opiniones.
¡Gracias por leer! ¡Manténganse saludables!
