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Capítulo 9

Escape

-¿Oh! ¡Numbuh 5! –exclamó Kuki, primero con una sonrisa, luego con confusión, hasta que su sonrisa acabó por desvanecerse-. Ah. Bueno...

-¡Oye, Numbuh 5! –exclamó 4 por su parte, ajeno a la situación también-, ¿Por qué aún no has pateado a estos tarados de la otra cuadra?

-Hmm, esto me sabe amargo. Y mira que acabo de luchar con un robot gigante de helados. Y vaya que no tenía ni idea de lo que era un buen helado –dijo 2 por su lado.

-¡o sea hello! –gritó 1, tan confundido como los demás-. ¿No era que estabas como su prisionera? ¿Alguien podría explicar qué está pasando aquí?

-Puedo hacer eso. –la morena hizo un gesto a sus nuevos cómplices en el mal, quienes se fueron un instante después, antes de acercarse más a sus antiguos amigos. A la luz de la baja iluminación del sótano, su sonrisa se veía todavía más inquietante-. Pero antes, los villanos me pidieron presidir el espectáculo.

-¿Qué espectáculo? ¿habrán simios arco iris allí?

-¡Claro que no, Numbuh 3! –exclamó Nigel-. ¡Concéntrate!

-¿Sí, no podría soportar a esos tontos animales de peluche! Pero ¿de qué estábamos hablando?

-Oh, en eso coincidimos, Numbuh 4. Pero respecto al espectáculo... ¡es el de su humillación! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!

Con eso, y ante las atónitas y horrorizadas miradas de su antiguo Sector V, abby se marchó, no sin antes soplar las velas del sótano, dejándolos en la más completa oscuridad, obviamente apropósito.

-¿Quién apagó la luz? –dijo Kuki con una voz temblorosa.

-¡Fue Abby, Numbuh 3! –exclamaron sus tres amigos.

-Hmm, estoy empezando a sospechar que Numbuh 5 podría haberme ayudado a derrotar a los escupisaurios –masculló Wally, todavía sin entender nada.

-Ya, apuesto a que Numbuh 5 planea sacarnos de aquí en cuanto pueda –dijo Nemo, esperanzado-. ¡Estoy seguro de que todo esto no es más que un plan suyo! Ella es una gran espía, ¡estoy seguro que, antes de que nos demos cuenta, volveremos a la casa del árbol!

-¡o sea hello! –exclamó el pelón, golpeándose la cara-. ¿Es que no lo ven? ¡Abby empezó esto!

-¿Numbuh 5? ¿Cómo? –dijo Nemo, incrédulo.

-¡No la llames así, no lo merece! –gritó su líder, enfadado-. Mientras, ¿cómo salimos de aquí? Evidentemente, nadie va a venir a rescatarnos.

-Sí. –la voz de Kuki, ya deprimida, adquirió un tono repentinamente bajo-. Ella... Abby me atacó en el parque de diversiones.

-¿Qué? –exclamaron sus amigos.

-Estaba camuflada con un traje negro con capucha.

-¡Espera! ¡A mí me atacó un extraño con una capucha negra! ¿Era ella? ¡No puede ser! –gritó Wally, apretando los dientes.

-Ella me atacó, y me hubiera machacado si no fuera por Ramón. ¡Oh, no! ¿Qué habrá pasado con él?

-Espera, ¿estás hablando de ese simio arco iris de Saturno? –dijo Nigel, algo impresionado-. ¿Dices que él te salvó?

-No estoy segura de cómo lo hizo, pero me dijo que se encargaría de Abby. ¡Ramón, no estés muerto! ¡No lo soportaría!

-Bueno, supongo que eso alcanzará –estaba diciendo la autoproclamada nueva jefa de los villanos, mirando fijamente a los Chicos de la Otra Cuadra, quienes intentaban aparentar calma ante ella-. Ya pueden irse. Padre puede estar tranquilo.

-Sí... gracias.

Una vez se fueron, Abby se encerró en su nueva oficina, mientras se dejaba caer en su silla giratoria.

-Qué ironía. Me dijeron que alguna vez volvería a ser líder de algo, pero nunca pensé que sería de los villanos. ¡Abby, en qué te has convertido?

-¡No te saldrás con la tuya, niña malvada! –gritó una voz al fondo de la habitación.

-¿No otra vez!

La morena se levantó de su silla, furibunda, y se dirigió a zancadas a un rincón, donde presionó un botón, revelando una pequeña celda, de la cual cayó un simio arco iris parlante bastante maltrecho. Le faltaban los dos brazos, y tenía ambas piernas retorcidas en posiciones antinaturales, como si alguien –la propia Abby- las hubiera estrangulado. Un único ojo la miraba con ira, pero ella no se inmuto.

-¡Oh, aquí estás, pequeño animal de felpa despreciable! ¿No te mueres todavía? No importa, tengo que mostrarle a Kuki lo que pasa cuando desafías a la oscuridad.

-¡No!

De repente, una luz rosa se disparó del único ojo del simio, que la chica esquivó por centímetros.

-¿Qué pretendes?

Abby extrajo un puntero de un metro hecho de metal y con él atizó al pobre peluche parlante, que chilló de dolor.

Alguien decidió interrumpir ese embarazoso momento, llamando a la puerta. Abby suspiró, pateando a Ramón de nuevo a su hueco en la pared, antes de cerrarlo y dejarlo fuera de la vista.

-pasa.

-¿abby? –era Cree, vestida con su armadura completa, aunque su mirada denotaba su nerviosismo, que ninguna cantidad de armamento podía ocultar-. ¿Estás bien? No pareces tú misma. Me dijeron que podrían haber... efectos secundarios.

-No hay nada de qué preocuparse. –abby sonrió, pero solo consiguió inquietar más aún a su hermana-. ¿Cómo van los preparativos de la fiesta?

-Bien. Bueno, Barba Pegajosa no respondió a tu solicitud, pero el resto de villanos asistirá al completo. Sin embargo, Abby, me cuesta creer que tus estúpidos amigos sean suficiente.

-Ellos no son mis amigos –dijo Abby, pero su voz acababa de adquirir un tono peligroso, antinatural y siniestro, haciendo retroceder a la adolescente-. Y ya te lo dije, esto es solo el comienzo. Con el mejor sector de los Chicos del Barrio en nuestras garras, será cuestión de tiempo para que el resto se rinda. Si no lo hacen, los obligaremos a que lo hagan.

-¿y cómo planeas hacer eso?

-Vamos, tú de todas las personas ya deberías haberte hecho una idea.

Cree asintió. En el fondo, se estremecía al pensar en las posibilidades. Mirando con más detenimiento a esta nueva abby, apenas podía comenzar a pensar qué cosas horribles estarían vagando por su mente. Ya no la conocía.

-Bueno, hay muchos escenarios posibles. Pero en principio, todo el mundo es igual. Los villanos y nuestros enemigos, todos saben valorar un buen espectáculo. Claro, la muerte es la única conclusión realista, pero solo puede intimidar tanto. En cambio, es lo que conduce a la muerte lo que todo el mundo teme, ante lo que todo el mundo se estremece, lleno de terror. Usaré eso contra ellos, aunque claro, puedo aceptar sugerencias. Y tendremos que negociar alguna medida que beneficie a los niños, al menos por un tiempo corto. Después, cuando menos se lo esperen, los masacraremos. ven, mira esto.

Abby volvió a su escritorio, sacando algo de un cajón. Era una maqueta. Básicamente, era una versión a pequeña escala de Cleveland, pero con un par de detalles obvios. Los más destacables, claro, eran las casas en los árboles, diminutas cajas de cartón encima de árboles en miniatura, unos cinco en total. Al sur, la mansión de Padre estaba rodeada por una serie de líneas y puntos. Una esfera blanca se sostenía con sobre toda la estructura, representando la luna. En su superficie, otra caja de cartón hacía las veces de la Base Lunar; dentro, abby había dibujado una versión reducida de los pasillos y las habitaciones, con la sala de mando en el centro. Allí, habían colocadas dos muñecas de plástico, escalofriantemente semejantes a 86 y 362, la última con un casco samurai completando el cuadro.

-Hmm, exactamente, ¿qué son esos puntos alrededor de nosotros?

-Oh, una trampa para el enemigo. Tienen que creer que concentramos todas nuestras fuerzas aquí. Y aquí –con una tiza que sacó de otro cajón, dibujó una línea que iba de la mansión hacia la casa del Steve, al otro lado de la ciudad-. Primero, los dividimos; les haremos creer que sus únicos enemigos importantes son, por el momento, el Padre, los DCFDTL y los ninjas adolescentes. Claro, el resto de villanos tienen que hacer todo lo posible para que piensen que tienen el día libre en la playa; incluso si decidieran atacar, cosa poco probable con dos enemigos activos al mismo tiempo, los villanos deben decir que no están planeando nada. Luego, obviamente, y cuando las fuerzas enemigas estén concentradas mayoritariamente aquí y aquí –hizo un círculo en torno a ambos lugares representados por dos cajas con nombres indicadores en la maqueta con la tiza-. Desde la base de los Hice Cream, los villanos desatarán la ofensiva. Será tan sorpresiva que la derrota de KND ha de ser inminente. Finalmente, y mientras la desesperación cunda entre ellos, haré que Padre me envíe con una nave del Sector V a la luna. 362 pensará que voy a pedirle ayuda, pero en realidad allí pienso colocar a algunos villanos, como el Conde y lady Cat, para derrotar lo último que quede allí. Entonces, ¿bam! ¿Adiós a los Chicos del Barrio! ¿A que es perfecto?

-En primer lugar, ¿cómo se supone que haremos eso si esa nave está en tu antiguo sector? Quiero decir, ¿no habrán cambiado las contraseñas o algo? Y, por otro lado, esos idiotas tienen once mil millones de niños de respaldo. Ni siquiera todos los villanos juntos y atacando a la vez podrían acabar con todos. ¡Y no te olvides de la parte en la que llegas a la luna! ¿Qué vas a hacer una vez llegues allí? ¿Volarla al sol? Eso ya se intentó.

-Oh, Es cierto que son muchos. Pero para eso tenemos los días festivos. Aquí, el 4 de julio; pero si queremos aislarnos del resto del mundo, tenemos que coordinarnos bien. –Justo cuando acabó de decir eso, un par más de golpes se escucharon en la puerta, a lo que Abby sonrió-. Oh, y aquí viene nuestra, ejem, fuerza de coordinación global.

-¡No me digas! ¿este par de tontos va a ser nuestro respaldo?

-¡Oye! ¡Mi hermana y yo somos muy eficientes, para que lo sepas!

No eran otros que los gemelos japoneses, ambos parados ahora a un lado de la líder.

-No te preocupes, Cree. Ellos no van a luchar en el frente. Van a estar en las comunicaciones y el espionaje. Después de todo, eso es lo que mejor se les da.

-¿Eh? ¿Cómo?

-Así.

Abby abrió un último cajón, extrayendo un par de notas llenas de garabatos y se los arrojó al par asiático, que los atrapó desconcertado-. Aquí están las claves de prácticamente todas las casas del árbol del mundo, extraídas directamente de la Base Lunar. También están los pasos para hakear las comunicaciones entre países y continentes, y hasta el contacto con el Comando Global y la misma Base Lunar. No tendrán tiempo de cambiar tantas cosas a la vez.

-¡Claro! ¡Gracias! –exclamaron los gemelos al unísono, sonriendo mientras se retiraban.

-¡Espera! Pero pensé...

-Ah, y respecto a lo de volar la luna al sol...

Abby saltó sobre la mesa, asustando a su propia hermana en el proceso y, sin previo aviso, arrancó la esfera de tergopol que simulaba la luna, antes de arrojarla sobre la pequeña Cleveland de cartón, derribando varios edificios y árboles falsos en el proceso.

-No voy a arrojarla al sol, voy a arrojarla a la tierra. Cuando la mitad de las casas del árbol de esta parte del mundo esté completamente arrasada y solo queden escombros, ¡la victoria es indubitable!

-Ejem.

-¡Sí?

-Acabas de quemar la bola de papel.

-¡Oh! ¡Qué tonta!

En medio de su discurso, sus manos habían empezado a arder en negro, comenzando un pequeño incendio, antes de apagarlo con un rayo de sus ojos.

-recuérdame pedirles a tus sirvientes más madera y cartón. Esta maqueta ya no me sirve.

-Hmm... Claro.

-¿Por qué todavía estás aquí? ¡Vete!

Sin decir una palabra, Cree salió corriendo por la puerta, que se cerró de un golpe.

-¡maldición! ¿cuánto más puedo seguir con esto?

"hasta que no quede nada de tu tonta organización. Ja, ja, nos vamos a divertir mucho haciéndolos pedacitos."

-¡Tú! –abby se sujetó la cabeza con ambas manos, frustrada-. ¿Por qué dejé que me convencieras de poseerme? ¡Estoy generando mucho caos y horror!

"¿Y no te gusta?"

-¡claro que no! ¡No quiero sentirme enojada con mis amigos! ¡Los quiero de vuelta!

"No. Deben pagar por lo que te hicieron. No son tus amigos. ¿Qué clase de amigos te tiran a la basura en tu peor momento?"

-Solo estás jugando conmigo. Utilizándome, hasta que puedas completar tus planes. Luego, en cuanto acabes, me desecharás como ropa vieja. ¿Qué te hace diferente?

"me lo agradecerás un día. Cuando todo termine, ambas gobernaremos esta sucia roca, y todos se inclinarán a nuestros pies."

-¿Qué quieres? Es decir, ¿qué harás una vez destruyamos el mundo? No... no soy así. Ésta no soy yo, me estás transformando en un monstruo.

De repente, el cuerpo de Abby se movía por sí solo, moviéndola a sentarse en la silla giratoria, antes de quedar inconsciente. En su mente, la negrura más absoluta la rodeó, hasta que una segunda figura la saludó.

Se parecía remotamente a ella, con la salvedad de que sus ojos eran completamente negros, tenía colmillos en lugar de dientes, era al menos un metro más alta, y que sus manos se asemejaban más a garas que a manos de un ser humano.

-¿Qué quiero, Abby? Primero, tu alma. Después, cuando ya no sientas diferencia alguna entre las dos, tu mundo. Durante siglos, he hecho lo imposible con tal de dominarlo. Pero siempre algo ocurre, algo que lo arruina todo; la última vez, el adulto que controlé, ya completada mi tarea, sufrió un accidente de tráfico y murió. Antes de eso, un espécimen anterior, decidió suicidarse en pleno ascenso. Pero tú no lo harás. Tú me seguirás hasta el final. ¿Lo entiendes?

Estando cara a cara, Abby se sintió mucho más intimidada que en toda su vida. Este enemigo era el peor que hubiera enfrentado nunca; no controlaba a sus amigos o a sus enemigos, no quería sus dulces o su tarea; no, era peor que eso, porque estaba empezando a imitar sus pensamientos, a disfrutar de su oferta, a identificarse con su maldad intrínseca; incluso, estaba empezando a dudar dónde empezaban y dónde terminaban sus propias emociones. Esto la horrorizó hasta tal punto que, sin saberlo, había empezado a retroceder.

-¿asustada? –la figura se rió, obviamente extasiada en su sadismo-. ¿Te asusto? ¿O eres tú misma lo que te da miedo? Piensa en el miedo que puedes infundir en tus enemigos; hazles desear rendirse, hazlos tirar sus armas, haz que teman siquiera mirarte directamente. Que lo único que deseen cuando estás cerca es agradarte por encima de todo, para evitar sufrir su propia muerte. ¿O preferirías experimentarlo por ti misma para comprenderlo? A ver.

De repente, un alo verduzco empezó a emanar de la mano izquierda de la criatura maligna, en dirección a la aterrada afroamericana, que salió corriendo para escapar de su alcance. Pero sin importar cuánto corriera, su espacio mental era infinito; al final, el alo la alcanzó, quitándole las fuerzas y derrumbándola al suelo, de cara a su atacante, quien sonrió al verla así, antes de agacharse y colocar ambas manos bestiales en torno a su cuello, matándola lentamente. Le faltó el aire, y el alo que ahora la rodeaba, empezó a ser absorbido por su cuerpo imaginario, mientras el horror más paralizante que jamás hubiera imaginado la consumía.

-¿Qué estás viendo? ¿Una pesadilla de tu infancia? ¿El momento cuando cree te traicionó? ¿O cuando lo hizo Nigel? Oh, no importa. Veo lo mismo que estás viendo, pero el miedo es como un dulce y frío helado para mí, que he visto las cosas más aterradoras que puedas imaginarte. Incluso, puedo mostrarte algunas de esas cosas, para que disfrutes conmigo.

De pronto, Abby sintió cómo su cuello se liberaba, mientras un torrente de imágenes indescriptibles pasaban como un río ante sus ojos. Vio guerras, masacres, torturas, desmembramientos, asesinatos, incendios, depravaciones de todo tipo y color, lleno todo de gritos o de horroroso silencio, todas cosas que nadie, ni siquiera una niña como ella, tendría que ser obligada a ver. Dos segundos después, el torrente infernal se detuvo, dejándola respirar. Claro, ya para entonces respiraba normalmente, pero solo después de unos momentos sintió que el aire volvía a ella realmente. Darck la levantó, abrazándola con sus brazos de oscuridad y de vileza.

-Eso... –Abby estaba llorando, horrorizada a la vez que aliviada de que solo fueran imágenes-. Eso... ¿fue real? ¿Hiciste que esas personas hicieran todas esas cosas terribles?

-Oh, la mayoría no. Pero sí algunas. Pero despreocúpate, no necesitamos tanto para que las débiles mentes de tus amigos caigan de miedo ante nosotras. Lo sabes, ¿verdad?

-Mi mente es igual a la de esos niños. Esas cosas que acabas de mostrarme... ¡son abominaciones!

-Ah, nada que no puedas llegar a asimilar, incluso a desear. Al final, incluso el ser más inocente puede, si se lo corrompe lo suficiente, convertirse en el más malvado y depravado del universo.

-¿Qué eres tú?

-Un demonio. ¿Que no quedó claro?

Al volver a la realidad minutos después, se despertó en su escritorio, con la tiza en toda su cara. Se la quitó como pudo, mientras los gemelos volvían a ingresar a la oficina, que había estado abierta sin que ella se diese cuenta.

-hmm, ¿qué pasó?

-Hm, ¿jefa? –dijo el Hermano, algo nervioso-. ¿recuerdas? Dijiste que querías que te enseñáramos las artes del mal. Manipulación, lavado de cerebros, tortura, asesinato, rapiña, etc., etc.

-oh, ¿sí?

-¡Sí! –la hermana rió de júbilo, llena de una alegría en apariencia inocente, pero que en realidad era como una pútrida inocencia, una inocencia hecha de no entender cómo algunas personas no disfrutaban ver a otros sufrir o morir lentamente de agonía-. Vamos, se nos hace tarde. ¡y la humillación de esos tontos empieza en dos horas!

Abby sonrió, sin imaginarse en qué la convertirían esos dos, obviamente en sincronía con Darck, aunque ella sospechaba que era contra su voluntad, cosa nada evidente en sus caras sonrientes.

-Tiene que haber alguna forma de salir de aquí –estaba diciendo Nemo, pensativo.

-Y la hay –dijo de repente una voz, una desagradablemente conocida voz de adolescente.

De pronto, un chico rubio con una antorcha en sus manos, alumbró la estancia por segunda vez en toda la hora y media que llevaban despiertos, ante su desconcierto total.

-¡Chad Dickson! –gritaron los cuatro niños al unísono.

-Lo crean o no, sí. Soy yo. Pero preferiría que, por los siguientes minutos, me llamaran por mi viejo numbuh, 274.

-¿Y por qué deberíamos, sucio adolescente? –escupió Wally, con los dientes y puños apretados.

-¡Sí! ¡Eres un traidor! –lo secundó Nemo.

-Seguro que disfrutas ver cómo nos pudrimos en esta estúpida celda –acabó Nigel, observándolo por detrás de sus gafas.

-¿habrá pastel en el cumpleaños? ¿Oh, sí! ¡Un cumpleaños! me pregunto ¿quién será el cumpleañero?

-ojalá fuera un cumpleaños. No, planean humillarlos por turnos –reveló entonces Chad, dejándolos boquiabiertos-. Y respondiendo a tu pregunta, no, Nigel, puede que te parezca imposible de creer, pero esto me disgusta muchísimo.

-¿Por qué te disgustaría? Nos tienes donde nos quieres, ¿qué inconveniente tendrías para hacernos picadillo? –dijo Nemo, confundido tanto como los demás.

-Uh. –Chad suspiró, exasperado-. Miren, Abby le mostró parte de sus planes a Cree, quien me resumió lo que está planeando. Pero decidí hacer mis propias averiguaciones. Resulta que solo es la base del pastel. En pocas palabras, quiere destruir KND en su totalidad. Y, bueno, ya saben cómo son sus poderes, no querrán que los mate.

-Yo sí –dijo Kuki, levantando una mano libre de cadenas.

-Bueno, porque después de distraerlos, planea atacar la Base Lunar y...

-¡Oh, no me digas! –lo interrumpió Wally-, ¿Va a intentar mandar la luna al sol como tu estúpido viejo plan, que fracasó tan estropicosamente?

-Eh, Numbuh 4, se dice estrepitosamente –lo corrigió Nemo.

-en fin, luego de eso –prosiguió Chad, haciendo caso omiso de sus comentarios-, planea destruir incluso a quienes, entre los adultos, no la obedezcan. Quiere someter al mundo entero a un dominio tan terrible que arder por la ira de Padre sería ir de vacaciones a Cancún en comparación. Y bueno, no quisiera que me utilizaran de esa forma. Miren, en parte sabía que algo saldría mal; no dije nada, porque pensé que el rayo del arma que utilicé, una que Abby robó de mi mochila en la escuela el otro día, simplemente le borraría la memoria o algo parecido. Tampoco sabía que Padre tuviera un chocolate maligno, especialmente hecho para demonizar a quien lo tocara, pero eso es lo que sucedió.

-¡Un momento! Bájale la espuma a tu chocolate, hombre –dijo Nemo, tan confundido o más que antes-. Es decir, chocolate, ¿entiendes?

-¡Numbuh 2! ¡No es momento para tus chistes malos! –lo regañó Nigel, volviendo la atención a Chad-. A ver si entendí. Dices que un arma extraña adulta y una tina de chocolate hiperconcentrado, la sustancia más deliciosa para cualquier niño en el mundo, o incluso en el universo, transformaron a nuestra mejor amiga en... ¿cómo era? Ah, una especie de diablo encarnado, ¿me estoy olvidando de algo?

-No, no olvidas nada. Pero antes de que todos empiecen a gritarme, querrán escuchar mi oferta. Cree, ¿sigues ahí? ¿Viene alguien?

-Espera, ¿Cree? –dijeron los cuatro, una vez más en sincronía.

-Ésa soy yo, montón de mocosos. –La susodicha se dio a conocer tras una segunda antorcha, la cual sostenía en una mano, mientras que en la otra llevaba un par de llaves-. Que conste que solo hago esto por mi hermanita.

-Espera, ¿no eras tú la que siempre insistió en llevar a Abby al lado oscuro? –dijo Kuki esta vez, sorprendiéndolos a todos.

-Sí, pero nunca imaginé que terminaría convirtiéndose en un monstruo. Incluso yo le tengo miedo, ¿saben? Pero bueno, no sigamos hablando aquí, que tenemos poco tiempo. Chad, tu turno de vigilar.

En menos de un minuto, los cuatro niños ya estaban libres, al tiempo que un sudoroso Chad les entregaba algunas de sus armas, anteriormente confiscadas durante sus batallas.

-Será mejor que nos apresuremos –susurró el rubio, dirigiendo el camino-. Estamos cerca de un puesto de guardia.

-No es problema –dijo Wally, sonriendo con su BAZOOKA lista.

En cuanto un ninja adolescente los vio, Numbuh 4 le disparó a la cara, dejándolo inconsciente al siguiente segundo.

-¿Qué te dije?

-¡Escapan! –gritó otra voz a lo lejos-. ¡Refuerzos! ¿Los prisioneros se escapan!

-Ahora es cuando corremos –dijo Chad, adelantándose, antes de arrojarle su antorcha a un ninja adolescente que venía de frente, y que acabó por deslizarse con la cara en llamas por el suelo-. ¡Corran!

-¡Traición! –gritaban los adolescentes a lo lejos, y por el ruido que hacían, parecía que fueran muchos-. ¡La jefa se enterará de esto! ¿Atrápenlos!

-Aquí es cuando nos separamos y hacemos como si nada –dijo otra vez Chad, pero un gesto de Nigel lo detuvo.

-eso no se lo va a creer ni tu abuelita –dijo el calvo, en posición de ataque-. Hagamos como que ustedes nos dieron caza.

-estoy de acuerdo –dijo Wally y, sin tiempo para que sus aliados temporales respondieran, se lanzó con una patada a Cree.

-¡Te voy a matar, mocoso! –gritó cree, aunque se veía más que como un simple simulacro.

Nigel pateó a Chad en la cara, pero él lo esquivó, devolviendo el golpe con un puñetazo en pleno abdomen del niño. Kuki aprovechó su distracción para hacer una voltereta, saltar sobre su espalda y patearlo al suelo.

Numbuh 2, por su parte, acababa de sacar un control remoto de su bolsillo, para asombro de sus amigos.

-¿Tuviste esa cosa todo el tiempo contigo y no nos lo dijiste? –le gritó 4, incrédulo.

-Bueno, un buen estratega siempre se guarda sus trucos. Si no, no serían trucos.

Chad consiguió ponerse de pie, esquivó la siguiente patada de la japonesa y, girando hacia un lado, envistió al británico en su cara con un rodillazo. Hubiera continuado, de no ser porque tuvo que saltar para evitar un rayo de la BAZOOKA de Numbuh 4.

-¿Ésta es por tu traición, estúpido adolescente!

-¡oye, no se supone que sea de verdad!

Pero 4 se había metido en la batalla, por lo cual Chad no tuvo más remedio que seguirle el juego, disparando su propio láser de muñeca al australiano, quien lo esquivó al dar un salto hacia atrás. 4 siguió disparándole, pero Chad se lanzó desde una esquina y lo barrió con una patada giratoria. Antes de poder disfrutar de su victoria –internamente lo hacía, ya que no dejaba de ser su enemigo, aunque fueran aliados temporales-, Nigel volvió a la batalla, con su propia GUNZOOKA de frente, estrellándola en su cara y derribándolo contra una pared.

-¡Me la debías de la última vez!

Cree no lo tenía fácil. Ahora, tanto Kuki como Wally la enfrentaban, la primera con brincos que se convertían inesperadamente en patadas, el segundo con rayos de kepchu bien dirigidos. Cree finalmente consiguió patear el arma del rubio, antes de empujarlo con un fuerte codazo al suelo. Kuki, sin embargo, vio esto y, con la pared cavernosa como trampolín, realizó una carambola y saltó sobre la adolescente, tomándola por sorpresa justo cuando ella estaba a punto de disparar su rayo láser a su amigo.

-¡Oye, no me mates, niña estúpida!

-¡Siempre es más divertido cuando el juego se juega a muerte! –respondió la japonesa, obviamente nada impresionada por la actitud de su adversaria.

-¡Ahí están! ¡y cree y Chad están fuera de combate!

-¡No lo creo, adolescentes retrasados! ¿entendieron? Retrasados, porque llegaron tarde...

-¡déjate de tonterías y sácanos de aquí, Numbuh 2! –gritó nigel, con su GUNZOOKA lista.

-ya, ya.

Presionando un botón, se produjo una explosión al otro lado de la cueva de los calabozos que hacía las veces de sótano, arrojando a los veinte o más adolescentes que venían de aquel lugar por el aire. Cuando el polvo se disipó, un COOLBUS humeante se encontraba frente al cuarteto, y los cuatro niños se subieron en él. Diez metros a la izquierda, un enorme agujero con forma de COOLBUS había dejado una marca permanente en su sitio.

-¡Acelera! –gritó Wally-. ¡Vienen más!

Justo cuando se alejaban de la mansión, dos personas se asomaban por la abertura, mirando en su dirección. Eran Mauricio, el ex agente Numbuh 9, y el otro, un canadiense con una gorra naranja, denotaba en ella su Numbuh, gritando a todo el mundo que era, claramente, un traidor: era 555.

-Tontos adolescentes –dijo Numbuh 4, sin mirar atrás.

-No son solo ellos, Numbuh 4 –dijo su líder, en su asiento de mando del COOLBUS-. La mayoría de los villanos que conocemos están reuniendo sus fuerzas, y lo peor de todo, bajo quien fue, durante mucho tiempo, una gran amiga. Abby, no sé si podré perdonarte después de que todo esto termine.

-No es posible que escaparan. Es claro que alguien acaba de traicionarnos –decía 555, enfadado, mientras Mauricio ayudaba a Cree y Chad a levantarse-. Pero ¿quién o quiénes?

-No hay tiempo para eso –lo cortó Mauricio-. EL espectáculo comienza en solo diez minutos, y si no tenemos nada para ofrecer, van a lincharnos a nosotros, no a esos mocosos.

-Entonces –dijo una voz a sus espaldas-, eso es lo que les daremos.

-¡Abby! Qué sorpresa, creía que estabas en tu oficina –dijo Mauricio, claramente asustado.

-pongan a toda la mansión en alerta máxima. Y quiero que cierren todas las salidas. Hasta que no encontremos al autor de este desastre, no pienso ofrecerles nada a ese montón de fracasados. ¿Vamos!

-por mi parte, deben disculparme –dijo 555, bajándose su gorra-. Tengo asuntos que atender. Y no, Abby, no tengo nada que ver con esto, como puedes darte cuenta –agregó, antes de que ella pudiera osar replicarle-. Necesito atender mis propios asuntos.

-Ah, ¿y eso sería? –inquirió ella, furiosa.

-362 –dijo, con una leve sonrisa-, ella no sabe que la he traicionado. Y espero que ninguno de tus tontos amigos me haya visto, tengo que volver a la casa del árbol cuanto antes, si no empezarán a sospechar. Ah, y tengo que visitar a unos amigos. Los chicos del Sector C deben estar ansiosos por verme, después de estos dos largos años de estar lejos.

-Te veremos más tarde, supongo –se adelantó Mauricio a Abby, que echaba humo literalmente-. Nosotros encontraremos a los culpables de esto.

-más les vale hacerlo.

Y con eso dicho, saltó fuera del agujero, y corrió como alma que lleva el diablo hasta la casa del árbol del Sector V, para mantener su tapadera lo mayor posible.

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