La Niña Maldita
o El destino de aquellos que sufren el pasado.
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter (Wizarding World) es propiedad de J.K. Rowling
Capítulo XXI
25 de diciembre de 2021. 12:05 AM.
—¿Dónde estabas? —preguntó Delphini.
Lo esperaba a las puertas del gran comedor, distante de toda la compañía y el afecto que se hallaba en el interior. Albus le había fallado por no estar con ella cuando el reloj marcó las doce, pero el joven aún estaba perplejo por la charla con aquella mujer, más aún cuando pensaba en el nombre con el que se había identificado.
«Genevieve Gryffindor», recordó.
Los fundadores del colegio eran magos y brujas misteriosos, eran prácticamente leyendas pues lo que se sabía sobre ellos era en base a relatos y cuentos que se pasaban de boca a boca. De la creación de Hogwarts y el final de su era, se sabe apenas más que de sus orígenes y vida previa al colegio.
Muchos de esos datos históricos se habían perdido en el tiempo debido a distintos eventos que comprometieron los textos y relatos sobre los fundadores. La inquisición, la caza de brujas y la represión que el mundo mágico había sufrido a lo largo de los siglos, hicieron que escasa información llegara a los oídos de magos modernos.
«¿Es posible qué Godric Gryffindor tuviera herederos que la historia y el tiempo se encargaron de ocultar? ¿O se trató de los delirios de una mujer abandonada y triste?» se cuestionó el joven.
Su cabeza solo podía pensar en aquella charla, no por la índole ni los temas filosóficos que rodeaban a la mujer, sino por lo extraño que había sido encontrarse justo esa noche, cuando sus pensamientos se habían llenado de miedo ante el asecho de MAE.
—¡Albus! —gritó Delphini—. ¿Me estás ignorando?
Fue entonces que el muchacho se percató de que ella lloraba. Había sido un completo idiota.
—Lo siento, enserio lo siento —expresó mientras la acogía en sus brazos—. Me ha pasado algo extraño esta noche y debo contártelo para que entiendas qué pensamientos surcan mi mente.
Se sentaron a los pies de la escalinata y el joven explicó todo lo que había ocurrido en la última hora de su vida, comenzando con la presencia de los directores de las escuelas mágicas y concluyendo en su encuentro con la misteriosa mujer.
Incluyendo los pensamientos libidinosos que habían acaparado su mente y que lo avergonzaban rotundamente, pero que sentía que debía nombrar pues conllevaban algo más poderoso que una mera excitación.
Al concluir su historia, la muchacha portaba el mismo semblante de duda y extrañez que él.
—Sin lugar a dudas, eres propenso a que te ocurran cosas extrañas —afirmó Delphini—, pero esto es demasiado. No he visto a ninguna mujer de apariencia remotamente similar a la que describes y, exceptuando los directores de los colegios que nombraste, solo estudiantes y familiares eran bienvenidos al baile.
» ¿Qué hacía una mujer solitaria aquí? En un baile escolar cuya entrada era restringida… sin mencionar qué se presentó utilizando el apellido de Gryffindor.
—¿No me crees?
—No dije eso —aclaró, mientras miraba a Albus con sus ojos negros—, solo digo que es extraño.
Escucharon pasos provenían del gran comedor y dirigieron la vista hacia la persona que caminaba con rumbo a ellos.
—La directora McGonagall dirá algunas palabras —exclamó la mujer con voz áspera, producto de la cicatriz en su garganta—, se perderán el postre si se quedan aquí.
La mirada intimidante de ojos grises lo hizo pararse de inmediato. Albus conocía a la mujer debido a que, por muchos años, había trabajado en el ministerio junto a su padre y su tía Hermione.
Los ojos grises, grandes y penetrantes, el cabello corto castaño claro y la cicatriz que rodeaba su cuello, hacían que el porte de la mujer lobo fuera intimidante y denotara su fuerte personalidad.
—Si, señorita Brown —atinó a decir, mientras la observaba marcharse en busca de otros estudiantes rezagados.
—¿Otra mujer de la que debo preocuparme? —cuestionó Delphini, quien no había recriminado al joven por su confesión erótica hasta ese momento—. Supongo que en cualquier momento me cambiarás por una mujer madura…
Albus la calló con un beso que fue recibido con gusto por la muchacha, que lo conocía mejor que nadie y sabía que, lo que fuera que hubiera ocurrido, tenía una explicación. ¿Si nunca había actuado así en su vida, por qué comenzaría esa noche?
Se adentraron en el gran comedor y notaron que los presentes se habían acomodado frente al estrado donde la directora se disponía hablar.
Fue un discurso corto, pero inspirador, que buscaba alentar a los estudiantes a seguir sus sueños y a los familiares a apoyarlos con esmero.
—Con paciencia y perseverancia, sus sueños se convertirán en el destino del viaje que emprenden. Su voluntad es capaz de cambiar nuestro mundo…
El sermón concluyó con aplausos y la dispersión de la gente hacia las mesas o la pista de baile. Albus se quedó estático, repitiendo la frase final del discurso para sí, notando que su noche no podía estar dotada de tal cantidad de coincidencias.
Dejó a Delphini y se dirigió hacia el estrado, apresurándose a interceptar a la directora antes de que estuviera ocupada con sus allegados.
—Directora…
—¿Sí, Potter?
—Esa frase… la última que dijo—comentó—. ¿Se trata de una cita?
—Más bien parafraseo —reconoció—. Convengamos que la voluntad y la valentía son temas de los que todos pueden reflexionar, pero curiosamente, una frase similar se le adjudica a uno de los fundadores del colegio. No es una cita muy conocida, se encuentra escrita en el libro máximo que pasa de director a director… pero no la recuerdo al pie de la letra.
—«La paciencia y la serenidad te permitirán llegar a donde deseas estar, con valentía y determinación, cualquiera puede cambiar al mundo» —replicó Albus sin pensar, diciendo las palabras en el orden que su mente parecía conocer.
McGonagall lo observó en silencio por un instante, con el ceño fruncido y denotando clara intriga por la frase que acababa de citar.
—Si, creo que la conocías —pronunció finalmente—, aunque no deberías…
—Directora McGonagall —interrumpió—, ¿Godric Gryffindor tuvo herederos?
El gesto atónito de la anciana no hacía más que pronunciarse sobre su frente, Albus sabía que, luego de que ella asegurara que la cita solo se encontraba en un libro privado de los directores, se había metido en problemas, pero no le importaba.
La mujer pareció pasar por alto su intromisión y, como si estuviera acostumbrada a esta clase de situaciones, respondió con normalidad.
—Debes saber, Potter, que la historia de los fundadores se compone de mitos y leyendas —aseguró, algo que el joven sabía bien—. De los cuatro, solo Rowena y Salazar tuvieron hijos reconocidos. Helena Ravenclaw murió joven y su fantasma vago por los pasillos del colegio por siglos hasta que la diadema de su madre fue destruida.
» Salazar por otro lado, tuvo un linaje mucho más extenso, llegando a nuestros días de la mano de la familia Gaunt y concluyendo con la muerte de Voldemort. De los otros… nada puede darse por sentado, no sería extraño que Godric Gryffindor hubiera tenido herederos que pasaron desapercibidos o, a pesar de la pureza y nobleza que su imagen refleja, haya engendrado hijos bastardos. Pero eso no lo escuchaste de mí. Disfruta el resto de la velada, luego hablaremos de esa cita y cómo la obtuviste.
Albus sufría migrañas a menudo, pero la de esa noche era particularmente fuerte. La cabeza le daba vueltas y sentía el corazón acelerado. Sintió la mano de Delphini sobre su hombro, pero no deseaba que nadie lo tocara.
La muchacha insistió y logro apaciguar un poco su malestar.
—Albus…
—Lo siento, hoy no me siento bien.
—No, no es eso —afirmó—. En el portal, afuera del gran comedor. ¿Esa es la mujer con la que hablaste?
Albus dirigió su mirada rápidamente hacia donde Delph le indicaba, encontrando sin problema el vestido exuberante y la mirada penetrante de la mujer. Desde esa distancia, percibía que su presencia era diferente a la que había visto por última vez.
Incluso el ambiente no se sentía igual para él. El clima era festivo y los presentes disfrutaban de la velada, pero Albus sabía que algo andaba mal. Y todo tenía relación con esa mujer de ropajes…
—Rojizos— susurró, llamando la atención de Delphini.
Tomó a la muchacha por los hombros y le exigió que fuera con su padre, quien hablaba tranquilamente con la directora.
—Dile que ella está aquí y que debe protegerte…
—¿Albus, de que hablas? —cuestionó, pero ya se había marchado.
Albus esquivaba a paso veloz a los estudiantes y sus familias, mientras no despegaba la mirada de la mujer que yacía inmóvil bajo el portal. Llegó a ella rápidamente y sus miradas se cruzaron al estar frente a frente.
—Deberías ir al baño a asearte —le dijo, con voz dulce, pero tono de orden—, no querrás terminar tu vigilia transpirado.
Sintió una gota helada de sudor recorrerle el rostro. A diferencia del resto de la noche, su mente solo era gobernada por un único pensamiento. Uno que, de ser cierto, implicaba el mayor temor de toda su vida.
Al ver que no había aceptado su sugerencia, la mujer suspiró con desgano.
—Es una pena —exclamó Genevieve—, de verdad no quería asesinarte…
El siguiente segundo se sintió extremadamente lento. Albus había anticipado el movimiento de la mujer y esgrimía su varita en posición de defensa, pero había subestimado la velocidad de la hechicera.
Un hechizo de aura verdosa y destellos blanquecinos recortaba velozmente la distancia entre ambos. Si algo había aprendido de sus días con Lysander era a reconocer la estela de los hechizos, incluso de los que nunca había visto.
No había duda, era una maldición asesina.
«¿Es así como moriré?» se preguntó.
Sabía que no sería capaz de detener el hechizo, ni su protego más poderosos habría podido y esa noche, no se sentía capaz de pronunciar siquiera un débil escudo. Cerró los ojos con resignación y esperó a que el hechizo impactase. Por un instante, cuando su mente se hallaba en completa oscuridad, encontró una luz que lo fortaleció.
—Protego.
Una extraordinaria cobertura circular apareció frente a él. Los colores azulados y destellos blanquecinos, además del magnífico tamaño que cubría, no solo su propio cuerpo, sino también gran parte del salón, denotaba que se trataba del encantamiento más poderoso que había conjurado en su vida.
La maldición impactó sonoramente contra el escudo y se reflejó hacia la mujer, qué apenas pudo esquivar su propio conjuro por la sorpresa.
Albus intuyó que deseaba decirle algo tras la extraña sonrisa que bañaba su rostro, pero el tiempo pareció volver a transcurrir con normalidad y un sonoro rugido devolvió a ambos al mundo real.
Lavender Brown saltó sobre la cabeza de Albus cual depredador en busca de su presa, arremetiendo contra la mujer sin darle tiempo a conjurar nuevamente y trasladando la pelea al patio del colegio.
Una mano se posó sobre su hombro, evitando que siguiera a las mujeres al exterior. Albus cayó en cuenta de que gritos de pánico habían invadido el gran comedor y que la mujer vestida de rojo no era el único enemigo.
Su padre lo empujó hacia adelante, logrando así que esquivara un hechizo que habían lanzado desde su espalda. Cuando Albus recuperó el equilibrio, se volteó para ver a su padre desarmar y reducir a varios de los agresores.
—¡Albus, ve con tu madre! —exclamó Harry Potter, a la vez que protegía a algunos estudiantes de los encantamientos enemigos—. ¡Debo detener a estos sujetos y no puedo protegerte!
Por primera vez, Albus no deseaba contradecir a su padre ni recriminarle por no confiar en sus habilidades. La mirada que Harry Potter portaba era una que nunca en su vida había visto y supo de inmediato que el peligro era real.
Se disponía a correr hacia su madre cuando notó que uno de los magos que su padre había reducido no se había desmallado. El hombre se irguió detrás de Harry, quien ignoraba el peligro por completo, y estaba a punto de atacar.
—Desmaius —conjuró Albus.
Una estela blanquísima recorrió velozmente los escasos metros que lo separaban del agresor e impactó justo en el rostro del hombre, haciendo que callera inconsciente de inmediato.
Harry dirigió la mirada hacia su hijo y luego hacia el hombre que no había sido rival para él. Volvió la mirada esmeralda hacia Albus y asintió en silencio, devolviendo la confianza que había mermado ante el miedo segundos atrás.
—Ve —le dijo—, ayuda a Lavender.
Albus asintió y corrió lo más rápido que pudo hacia el exterior del castillo. La pelea había atravesado el patio principal, ocasionando que varias estatuas de la fuente se rompieran, y desembocado en los jardines del colegio.
No fue difícil encontrarlas, la luz centellante que provocaban las varitas y los gruñidos que naturalmente se escapaban entre los filosos dientes de la mujer lobo hizo sencilla la tarea.
Ambas conjuraban a diestra y siniestra sin mediar palabra alguna. Genevieve, si se trataba de su verdadero nombre, era incapaz de mantener la posición ante la ferocidad de Lavender, quien arremetía salvajemente con encantamientos y los ágiles movimientos de una cuasiluna.
El aspecto de la mujer lobo había cambiado radicalmente desde la cena, sus cejas eran más pronunciadas, el cabello castaño se le había erizado y los ojos aumentado en tamaño, al igual que las garras en sus manos.
Albus tomó aire y recorrió los últimos metros que lo separaban de la mujer de rojo, arremetiendo contra ella a la carrera y expresando ante Lavender que deseaba ayudarla.
La mujer lobo asintió y ambos conjuraron en equipo. Rotaban entre atacante y defensor, algo que aprendían en el club de duelo y que servía precisamente para estas situaciones de combate dual.
Albus pronunciaba todos los hechizos que conocía, incluso aquellos que nunca había usado en los entrenamientos por ser demasiado peligrosos. Desgraciadamente, a diferencia de su compañera, su incapacidad para realizar encantamientos no verbales hacía que sus ataques fueran fáciles de bloquear.
Un estruendo sonó a su espalda, ocasionando que el combate se detuviera por un instante. De reojo pudo observar que del interior del castillo emanaba un intenso fuego y que algunos de los magos agresores huían e intentaban reagruparse con la mujer.
Rápidamente se encontraron rodeados por una decena de magos y brujas que blandían sus varitas hacia ellos. La razón por la que aún no habían muerto, era la misma que lo había llevado a enfrentarse a esa mujer en primer lugar. Ella era la líder.
Detrás de la mujer, revelándose cómo si un manto de invisibilidad dejara de cubrirlo, una enorme estructura de metal se aparecía ante sus ojos. Nunca lo había visto en persona, pero había escuchado de ellos cuando su abuelo Arthur hablaba de maquinaria muggle.
«Un dirigible» recordó.
—Fue divertido, Albus y… chica lobo —exclamó Genevieve—, pero se acabó. Debemos irnos y ustedes no sobrevivirán esta vez.
Levantó el brazo parra dar una señal a sus secuaces, pero Albus se apresuró a hablar y ganar un poco de tiempo, con la esperanza de que eso sirviera para algo.
—¡Espera, detente! —clamó, captando la atención de la bruja—. Quiero que me respondas algo antes de morir. Ustedes son MAE, ¿cierto?
La mujer bajo su brazo lentamente, sus seguidores hicieron lo mismo con sus varitas. Era imposible que Lavender y Albus escaparan, por lo que optó por responder sin tapujos ante una situación que estaba claramente a su favor.
—Si, veo que has escuchado de nosotros.
—Y sé lo que han estado haciendo —afirmó Albus—, planean revivir a un mago tenebroso y traer la oscuridad al mundo mágico.
—Me pregunto cómo habrás sacado esas conclusiones, Albus —expresó sarcásticamente, haciendo que el joven dudara—. Es presuntuoso suponer que una antigua secta, que debía su nombre a un ritual de resurrección, comparte objetivos con una organización multinacional anárquica moderna, cuando tu única conexión es una mujer de ropajes rojos…
Albus tragó saliva, durante su charla, algunos comentarios oportunos le habían hecho creer que podía leer sus pensamientos, pero había descartado la idea pues es una rara habilidad. Ahora no cabía dudas que podía hacerlo, aunque era demasiado…
—No tuve que leer tu mente para saber eso, Albus —afirmó, mientras lo miraba directamente a los ojos—. Es decir, puedo hacerlo y lo haría con gusto si tuviera tiempo, pero no en este caso. ¿No creerás que se trata de una coincidencia qué encontraras el libro de ritos durante un castigo, o sí? ¿Supongo que no eres tan tonto para pensar que un niño como tu deduciría todo por su cuenta, si no plantaba las pistas necesarias para que lo hicieras? ¿No sería algo extraordinario que tu padre se convirtiera en profesor este año precisamente y tú fueras capaz de resolver algo que carcomía su mente durante meses?
—¡Cállate! —gritó—. ¿Qué ganarías a cambio de que me involucrara en la investigación de mi padre? ¿Qué obtendrías a cambio de mis deducciones?
—¿De ti? —cuestionó—. De ti no precisaba más que llenaras de miedo el corazón de Delphini, que con cada cosa que le contabas sobre la investigación la consumiera por dentro y que el ataque de hoy fuera el último jinete de su propio apocalipsis.
» Sé que no has hablado tanto con ella como esperaba —acotó al notar que el joven le respondería—, eres noble y antepusiste su bienestar al tuyo, aunque eso no quita que ella esté a punto de derrumbarse por el pavor. SI bien me hubiera gustado que la perturbaras un poco más, supongo que mi premio consuelo será quitarte otra cosa que aprecias.
—¿De qué hablas?
La mujer dio un paso hacia la izquierda, dejando a plena vista la compuerta del dirigible. Pasaron algunos segundos antes de que por ella saliera un rostro conocido para el muchacho, un par de ojos avellana, heredados por su madre, lo observaban con un semblante sumamente serio.
—Scorpius…
El joven de cabellos dorados metió su mano en la túnica y extrajo de ella un libro que arrojó a los pies de su amigo. Albus supo al instante qué había estropeado todo.
—Debiste esconderlo mejor, Albus —afirmó—. Con ese libro, con esos ritos de magia olvidada, podría incluso haber salvado a mi madre antes de su muerte. Ahora sé que puedo traerla devuelta y no dejaré que me lo impidas.
—Scorpius, por favor, escúchame…
El joven mago realizo una diestra floritura con su varita y conjuró un encantamiento aturdidor que su amigo no pudo detener. Lavender se agachó sobre Albus y lo cubrió con su cuerpo ante posibles ataques.
—Vámonos, supongo que dejárselos a ellos…
Los secuaces y Scorpius se adentraron dentro del dirigible, que había comenzado a elevarse lentamente. Genevieve se quedó sobre el filo de la escotilla, observando en silencio a Albus, que se encontraba tendido en el suelo, mareado pero consciente.
Lavender se irguió y empuño la varita, pero la imagen que la esperaba era devastadora.
Genevieve había desabrochado su saco rojo y revelado lo que escondía bajo el mismo. Abrió la solapa y de la sombra que se generaba entre el abrigo y su vestido, emergieron un sinfín de enormes espectros que vestían capas negras.
El ambiente frío que la nevada había dejado, era cálido si se lo comparaba con el gélido augurio del dementor. La nieve alrededor de ellos cristalizaba y la respiración agitada de Lavender Brown generaba bocanadas de vaho.
Albus aún estaba aturdido, la cabeza le daba vueltas y los ojos podían engañarlo. ¿Eran cien? ¿Doscientos? No podía estar seguro, quizás estaba alucinando, pero era probable que se tratara de su fin.
—Expecto patronum —pronunciaron siete voces al unísono desde una colina aledaña.
Sobre sus cabezas aparecieron siete animales blancos, con destellos y aura celeste. Patronus corpóreos extremadamente poderosos. Aunque su cabeza daba vueltas, Albus era capaz de reconocer cada uno de esos encantamientos.
El desproporcionado y gigantesco sapo pertenecía al profesor Longbottom y la urraca a su tío George. El caballo que llegaba rápidamente al galope había sido conjurado por su madre y el russell terrier por su tío Ron. La saltarina liebre era de Luna Lovegood, la nutria que usaba el cielo como mar era de su tía Hermione y el majestuoso ciervo, que portaba unas largas y ramificadas astas, pertenecía a su padre.
Si bien sus problemas habían empeorado exponencialmente y esto no era más que el principio del fin, Albus se permitió desmayarse cuando supo que estaba a salvo, pues la Orden del Fénix había venido a salvarlo.
Nota de autor: ¡Gracias por leer!
La historia llegó a su clímax y ya no hay vuelta atrás, si esto fuera una montaña rusa, estaríamos en la caída más empinada. Esperen con ansias por el próximo capítulo, porque será la última esperanza antes de la desolación.
Falta poco para el final, saludos.
PD: La visión que tengo de Lavender Brown es producto de una lluvia de ideas con mi pareja (Nochedeinvierno13-Friki), así que gracias a ella también :3
