CAPITULO DIEZ
ISABELA
Una triada de soldados me acompaña al techo, las armas fijas en mi espalda como si esperaran que de pronto fuera a convertirme en dragón. Como si fuera súper peligrosa. Es ridículo, pero están asustados. Lo entiendo. Diablos, estoy asustada y conozco a Edward mejor que todos ellos. Puedo sentir sus pensamientos inundando en mi mente, presionando como si intentara descifrar lo que está pasando por mi silencio. Está preocupado.
Conozco eso. Y su calma está disminuyendo con cada minuto que pasa. Tengo que asegurarme de que esté bien. Lo último que quiero es que fría a todo el mundo en el momento que aparezcamos en el techo, porque entonces no sé qué van a hacerle a Ángela.
-Me están llevando a las escaleras- le digo -no lastimes a nadie. Van a liberarme.-
-¿Has sido lastimada?- alarma tiñe sus pensamientos, seguido por un rápido destello de rabia -¿Debo destruirlos?-
-No- digo y me obligo a permanecer en calma -nada de destruir. Solo van a liberarme.-
-Siento infelicidad en tus pensamientos. ¿Por qué eso te pone triste? Eres mi pareja. Cuidaré de ti.-
No digo nada. Estoy frustrada con el mundo. Ángela sigue cautiva. Edward sigue manteniéndome cautiva. No tengo ningún control sobre la situación y es frustrante como el infierno. Lo peor de todo, ni siquiera estoy segura de que mis pensamientos sean seguros. ¿Y si Edward nota que estoy molesta, se enoja y me mata también?
Incluso mientras lo digo para mí misma, sé que ese no es el caso. Claro, podría rasgar la garganta de otros dragones rivales y amenazar con quemar todo el Fuerte Dallas para recuperarme, pero me quiere sana y salva. Pero no significa que no pueda estar enojada por ello. Tomamos las escaleras de emergencia al techo y en la cima de las escaleras nos detenemos ante la pesada puerta de metal que lleva al techo.
Una vez que esta esté abierta, no hay vuelta atrás. Miro a los soldados a mi lado, notando el puro miedo en el rostro de cada uno. Me siento mal por ellos. No es así cómo quieren que las cosas vayan tampoco. Están aterrados de que estén de camino a ser rostizados. Y deberían estarlo. Eso es todo lo que hemos conocido desde que la brecha en las estrellas se abrió. No los culpo por estar preocupados. Uno de los soldados me empuja con el extremo de su arma.
-Adelante. Sube a ver a tu novio- …aunque, no significa que no sean imbéciles.
Le doy una mirada mordaz y pongo una mano en el picaporte de la puerta. Me preocupa volver con Edward. ¿Y si está enojado porque lo dejé? ¿Y si me muerde más? ¿Y si eso solo fue el comienzo? Hay un millón de "y si" y no tengo respuestas para ninguno de ellos.
Respiro hondo, armándome de coraje y abro la puerta. Antes de siquiera abrir una grieta, un enorme ojo me está mirando a través de esta, examinándome. Los ojos se arremolinan en dorado y negro, y eso me llama la atención, la cabeza del dragón se mueve y veo un destello de dientes enormes.
-Mi pareja. Si te han hecho daño…- Incluso desde este lado de la puerta, puedo escuchar el retumbe del gruñido. Los hombres alzan sus armas, apuntándolas al ojo.
-¡No, está bien!- alzo mis manos, deteniéndolos -ya voy, Edward. Retrocede.-
-¿Estás lastimada?- gruñe más fuerte.
-Estoy bien. Nadie está herido. Nadie está siendo amenazado- adquiero un tono de voz relajante y contento que es lo opuesto de lo que siento en este momento -pero si no retrocedes de la puerta, no puedo salir- su gran cabeza desaparece y el edificio tiembla cuando da unos pasos para alejarse. Las armas bajan unos centímetros.
-Jesús- dice un hombre detrás de mí -creo que acabo de orinarme- maldito malnacido aterrador.
-Sal de aquí- me dice otro soldado y me empuja en la espalda con su rifle -aléjalo de la ciudad.-
-Sí, sí. Ya voy- con una mirada fulminante hacia los soldados, salgo al techo.
Edward está esperando en su forma de dragón. Por una vez, me alegra que no esté en su forma humana porque es más vulnerable así. No vacilarían en dispararle si fuera humano. Como dragón, sin embargo, es aterrador. Su enorme corpulencia parece tragar la totalidad del techo, su cola azotándose furiosamente de un lado a otro, claramente agitado. Comienza el bajo gruñido en su garganta nuevamente cuando me acerco.
-Apestas a ellos.-
-Sí, bueno, no hueles tan bien, amigo- es una mentira, porque el aroma cálido y especiado de él es extrañamente relajante. Pero estoy cansada, descontenta y preocupada por Ángela. Y ahora un dragón acaba de decirme que apesto. Creo... que quiero acurrucarme en alguna parte y llorar -¿Podemos irnos?- Edward se pone de pie, azotando su cola una última vez y se mueve a mi lado. Su gran cuerpo empequeñece el mío. Espero pacientemente mientras el gran hocico se mueve arriba y abajo por mi cuerpo, comprobando si tengo heridas.
-¿No estás herida? ¿No te lastimaron?-
-No me lastimaron- es raro, porque puedo sentir el placer arremolinándose en su mente ante esa realización y el alivio. Y me siento un poco culpable por estar tan frustrada. Solo un poco, por supuesto. Pasa su nariz de nuevo sobre mí, deteniéndose sobre mi ropa.
-¿Qué son estas cosas que tienes puesta?-
-Son ropas. Me las has visto usar antes.-
-No como estas.-
-No, no como estas. Estas son mejores.-
-¿Por qué?- Me obligo a ser paciente.
-Me cubren más y así estoy más decente.-
-No entiendo este "decente"- tira de una de las mangas de mi camiseta, como si intentara sacarla de mi cuerpo -no me gusta.-
-La gente no camina desnuda- le digo, tirando de la camiseta fuera de su boca antes que su enorme diente la destruya -no tienes nada que decir al respecto-
-Muy bien- sigue pasando la nariz sobre mí, medio como caricia, medio con preocupación -hueles cansada. Descontenta- ¿Puede oler esas cosas? No se equivoca; estoy cansada. Estoy descontenta.
Solo quiero acurrucarme en alguna parte y llorar. Más que nada, quiero acurrucarme con él y que me acaricie y consuele hasta que no me sienta tan aislada y sola... pero me da miedo recibir más mordidas. Me asusta que quiera tener sexo. Y odio que no pueda confiar en la única persona que quiero que me abrace en este momento. Ha sido un día realmente largo y no uno bueno.
-Ha sido el mejor de los días, porque reclamé a mi Isabela como mi pareja- el hociqueo definitivamente se vuelve más caricia. Miro incómodamente hacia la puerta a una corta distancia detrás de mí, donde los guardias siguen esperando.
La punta de al menos un rifle se asoma de la puerta y no sé si están apuntándome o a Edward. Recuerdo que me dispararon antes. Bueno, no estos soldados, sino otros que pensaron que sería una buena idea "salvarme" del dragón matándome. No confío en que ninguno de estos soldados no me dispare de nuevo. Y por alguna razón, eso hace que me sienta más triste y solitaria que antes. Ya no tengo un lugar al que pueda llamar hogar, y nadie en quien pueda confiar, a excepción de Sasha y Ángela... y tengo que dejarlas.
-Si nos vamos a ir, vayámonos- le digo, conteniendo las lágrimas -quiero salir de aquí.-
-Dices eso, pero no es lo que tus palabras quieren decir. Deberíamos quedarnos- me dice, como si la cuestión estuviera decidida.
-No puedo- le digo inexpresivamente, dragón pomposo.
-Mi Isabela está triste. ¿Por qué?-
-Ellos no te quieren aquí porque eres un dragón y no un humano. Y no me quieren aquí tampoco.-
-Eso te pone triste.-
-Así es. Esta es mi casa. O lo fue, alguna vez.-
-Tu casa está conmigo.-
-Pero no eres humano- pienso automáticamente y luego deseo no haberlo hecho. No quiero que se enoje. Pero Edward no está enojado, solo pensativo.
-Humano. ¿Esa es la forma de dos piernas en vez de la forma de batalla? Cambiaré de forma si eso te complace- presiono una mano contra su pecho grande y escamoso, negando con la cabeza.
-¡No, no cambies! Aquí no- no me gusta el aspecto de esos rifles. Ni confío en que el comandante no tome la ruta fácil y simplemente mate a Edward en el momento en que cambie a su forma humana -solo vayámonos, por favor.-
-Haré lo que mi pareja pide- me acaricia de nuevo, la gran boca llena de colmillos rozando levemente mi cabello. Entonces garras rodean mi torso y piernas y Edward extiende sus alas.
Nos lanzamos al aire poco después, y Edward comienza a girar alto en los cielos, batiendo sus alas furiosamente para ganar altitud. Mantengo mi mirada baja, observando las pequeñas luces del Fuerte Dallas desaparecer y las lágrimas inundan mis ojos. Se siente como que he traicionado a mi hermana. En alguna parte en el laberinto de las barracas, mi inocente y confiada hermana está cautiva solo porque le gusté a un dragón. No es justo. Regresaré por ti, Ángela, le digo silenciosamente. Lo prometo.
El viaje de regreso a las Tierras para Hurgar se siente extremadamente frío contra mi piel febril. Los vientos fuertes rasgan mi cabello y ropa y estoy llena de derrota. No hay un lugar seguro a donde ir, ninguna manera para cuidar de mi hermana. No sé qué hacer. Para cuando el dragón comienza a bajar en círculos hacia uno de los rascacielos destruidos que componen las ruinas del Viejo Dallas, me siento completamente perdida y sola.
A medida que aterrizamos, me doy cuenta de que Edward me ha llevado de regreso al mismo edificio de oficinas destruido de antes. Tiene lavabos que funcionan, pero no mucho más, y en vez de llenarme de alivio que tenga agua, miro los cubículos destrozados y el suelo de concreto con ojos cansados. Es conveniente, pero no es cómodo.
No es casa. Estoy comenzando a preguntarme si alguna vez tendré una casa de nuevo. Cuando Edward me baja y afloja sus garras para liberarme, me hundo hasta caer de rodillas. Estoy abrumada por todo y no puedo evitar las lágrimas de autocompasión que comienzan a fluir.
-Estás molesta- anuncia Edward dentro de mi mente, sus pensamientos irrumpiendo como un cañón -dime lo que te molesta- ¿Decirle lo que me molesta? ¿Dónde empiezo? Pero no quiero hablar de ello.
-Nada- digo, sorbiendo las lágrimas. No entendería de cualquier modo -solo deseo una manta y una cama cálida- ninguna de las cuales voy a conseguir aquí. Miro alrededor del espacio de oficina vacío y miserable. -Odio este lugar.-
-Pero te gustaba este lugar- responde, evidentemente confundido y husmeando en mis pensamientos -estabas complacida con el agua.-
-Eso es lo único bueno de aquí- me rodeo el torso con los brazos, odiando que, aunque tengo ropa, me estoy congelando. Una camiseta delgada y gastada y vaqueros no van a ser suficientes para mantenerme cálida por la noche. Debería estar agradecida de tener ropa, al menos, pero el viento ha arreciado y se siente más frío que los días anteriores.
No sé qué voy a hacer si no encuentro algo más cálido. No sé qué voy a hacer este invierno. O por el resto de mi vida. Normalmente, soy bastante buena enfocándome en lo que puedo controlar. Pero, ¿ahora mismo? Siento que he perdido a mi hermana y a mi mejor amiga... y la única seguridad que tengo.
Ángela y Sasha van a estar perdidas sin mí. Sasha va a tener que dormir con su amigo de los puñetazos, y Ángela... no sé lo que mi dulce y frágil hermana va a hacer. Me limpio más lágrimas. Parece que no puedo dejar de llorar. Esta no soy yo, pero me siento tan... desamparada y fuera de control.
-Puedo mantenerte abrigada, Isabela. Te sostendré toda la noche- hay una nota ronca en su voz mental.
Oh, cielos. Lo último que deseo en este momento son arrumacos de dragón, ya que un dragón es la razón por la que he sido completamente abandonada por la humanidad en primer lugar. Me doy la vuelta para decirle lo que pienso y veo que está en su forma humana, caminando hacia mí con negro y dorado arremolinándose en sus ojos. También está obviamente muy "excitado" por mi presencia. Sé lo que eso significa. Niego con la cabeza.
-Oh, no. Ahora mismo no- el negro girando en sus ojos de inmediato desaparece, regresando al calmado dorado.
-¿No? ¿No deseas que te caliente? Disfrutaste de mi boca sobre ti antes. Escuché tus gritos de placer y probé tus jugos. Lo haría de nuevo si me dejaras, Isabela. Estuviste complacida cuando te probé- la mirada en su rostro se vuelve persuasiva -¿Debería recordarte?- ¿Antes pensaba que hacía frío? Ahora tengo calor y estoy ruborizada, pensando en nuestro último encuentro.
Me gustó su lengua sobre mí. Demasiado. Y me gustó la manera en que se sintió cuando me había hecho acostar sobre los azulejos y muy suavemente se empujó dentro de mí con ese enorme pene. Eso se había sentido increíble. Fue lo que vino después lo que lo arruinó todo.
-Solo quiero dormir, muchas gracias- inclina su cabeza, estudiándome.
-Lo entiendo. Te abrazaré mientras duermes así estás a salvo- antes de que pueda protestar, de inmediato regresa a su forma de dragón. Al minuto siguiente, soy atraída contra el gran cuerpo dorado y metida contra su pata delantera. Un ala se extiende y mueve para cubrirme, protegiéndome de los vientos fuertes -duerme, Isabela. Te mantendré a salvo.-
-Tampoco estoy a salvo contigo- protesto. Pero la calidez está rodeándome y me siento segura acurrucada contra él. El día largo e interminable me ha cansado demasiado y sé que esta es una lucha que no puedo ganar, o una que ni siquiera deseo.
Acurrucada contra una pata cálida de dragón es mucho más cómodo que el duro suelo de concreto. Cierro los ojos y me relajo. A medida que me quedo dormida, Edward hociquea mi cabello.
-Duerme, Isabela. Todo estará bien- ya no pronuncia mal mi nombre. Huh.
Cuando despierto, estoy deliciosamente cálida. Ruedo sobre la cama, acurrucándome contra las almohadas. Una gran nariz toca mi cabello.
-¿Deseas comer, pareja? ¿Tienes necesidades?- Mis ojos se abren. Me incorporo, dándome cuenta de que estoy acunada contra la gigante pata con escamas de Edward en vez de almohadas.
Está acariciando mi cabello sucio como si fuera lo mejor de la vida. Y me siento débil y terrible, porque me siento mimada y amada. Maldito dragón. Estar con él es muy confuso. Paso una mano por mi rostro, intentando apartar el sueño.
-¿Qu... qué?-
-¿Tienes necesidades, mi pareja?- Puaj.
-¿Puedes dejar de decir eso? ¿Por favor?-
-¿Puedo dejar de decir qué?- Odio que suene tan adorablemente confundido.
-¿Que soy tu pareja? Y, eh, eso de las necesidades- ondeo una mano en el aire como si no fuera importante, pero la verdad lo es, cada vez que dice eso, no pienso en comida o agua, pienso en... necesidades pervertidas. Estoy muy segura de que no sabe lo que dice. Creo.
-Eres mi pareja- sus pensamientos son fuertes en mi cabeza, claros como el agua -te reclamé y te di mi fuego. Mi veneno. Eso te ha vinculado a mí. Nuestras mentes son como una. Ahora puedes aceptar mi semen y no te quemará- me enderezo en sus brazos, luchando por procesar lo que estoy escuchando.
-¿Veneno? Entonces, ¿me envenenaste? ¡Imbécil!-
-¿Por qué estás ofendida? He compartido mi esencia vital contigo para vincularnos. Ahora estás a salvo.-
-Sí, pero no me preguntaste.-
-Me aceptaste en tus brazos. ¿Eso no fue un permiso?- Puedo sentir la seriedad en sus pensamientos Y... mierda. Estoy empezando a sentir una mezcla de culpa y frustración.
-¿El sexo casual no es algo que haga tu gente? ¿No podemos tener sexo solo por desearlo y no querer estar emparejados de por vida o algo así?- Sigo enojada por lo que pasó durante el sexo, pero estoy comenzando a estar un poco menos resentida con él por lo que hizo. Si así es como su gente piensa que funcionan las cosas, por supuesto que no va a ver un problema con ello -pensé que estábamos teniendo sexo casual. Solo por diversión.-
-Pero eres pequeña y frágil- hociquea mi cabello de nuevo y luego me baja suavemente en el suelo como si fuera el más preciado de los objetos -solo una pareja vinculada puede tomar la semilla del macho.-
-Entonces, ¿te vinculaste a mí? ¿Con veneno?- mis manos van a mi garganta y mi cuello se siente caliente. De hecho, todo en mí se siente ruborizado y febril, aunque estoy comenzando a acostumbrarme -¿Solo para que pudieras acabar dentro de mí? ¿En serio?-
-No eres tan cálida como los Drakoni. No quería quemarte cuando nos diéramos placer y te diera mi semilla.-
-Noticia de último momento, no fue placentero para mí, no luego de eso- ante la señal de alarma en su mente, niego con la cabeza -olvídalo. No deseo discutir esto. Quiero saber más de esta mierda de la vinculación por veneno. ¿Podemos revertirlo?-
-Eres mi pareja. ¿Por qué cambiaría eso?- La gran cabeza con forma de cuña se mueve hacia mí, sus ojos arremolinándose con ámbar con solo una pizca de negro. Niego con la cabeza.
-No puedo ser tu pareja. Soy humana. Una cosa no es como la otra. No soy como tú, no puedo cambiar a forma de dragón con tanta facilidad como pensarlo.-
-Tu raza es pequeña y frágil, pero eres fértil. Tendré cuidado contigo. Lo prometo. Mi pene encaja entre tus piernas dulcemente y sabes deliciosa. Podría lamer entre sus piernas por horas. Especialmente te gustó cuando toqué el pequeño nudo allí. Tus gritos me complacieron.- Oh dios, la charla pervertida de dragón no debería ser caliente. De alguna manera, esto es mucho, mucho más sexy que cuando estuvo en silencio e infundiéndole a nuestros nombres todo tipo de insinuación -¿No deseas que hable de lo mucho que me gusta complacer a mi pareja? ¿Debería cambiar a mi forma de dos piernas y mostrarte?-
-¡Eep! ¡No! ¡No quiero que me muestres nada en este momento! Soy un desastre- quiero golpearme por usar eso como excusa. Estar sucia no es la razón para que no quiera que me toque. Al menos, no debería serlo.
Pero cada vez que estoy cerca de él, me pongo toda roja y comienzo a pensar en cosas que no debería. Como el hecho de que su lengua sea áspera incluso en forma humana. Para, Isabela. Callejón sin salida ahí. Los pensamientos de Edward irrumpen en los míos.
-¿Qué es "desastre"? no lo entiendo- agarro un puñado de mi cabello sucio y lo sacudo.
-Esto. Esto es un lío. Apesto, ¿recuerdas?-
-Hueles como cualquier otro humano, mi pareja. No aprecio el olor tampoco. Pero lo tolero por ti.-
-Diablos, gracias.-
-Hablas de gratitud, pero eso no está en tus pensamientos. Puedo escuchar la burla irónica en su mente. No creo que estés completamente honrada.-
-Y no sé si me gusta esto de la cosa mental. ¿Cómo es que puedes hablar en mi cabeza?-
-Nuestra especie toma el aire y los mares. Nuestro mundo es tempestuoso, tiene vientos fuertes y violentos que pueden ser muy extremos de un lugar a otro. Aprendimos hace muchos años a hablar a través de la mente y conectarnos a nuestras familias. Es la mejor manera de hablar directamente. Nuestro mundo no es como el tuyo. No es como este horrible lugar que huele a humanos y decadencia. No me gusta aquí- a medida que habla, sus pensamientos adquieren un tono salvaje y desesperado, y casi espero ver que sus ojos se vuelvan negros con la intensa emoción.
Automáticamente, alargo una mano para calmarlo y acariciar las escamas en su pierna. De inmediato, sus pensamientos se tranquilizan y las emociones preocupantes se dispersan nuevamente.
-Si odias aquí, ¿por qué no regresas? Estoy segura de que los humanos estarían de acuerdo con eso- diablos, en general, la humanidad probablemente saltaría de alegría.
No estoy muy segura de cómo me sentiría y odio que tenga que pararme y cuestionarlo. En general, los dragones son el enemigo. Pero Edward... Edward es distinto, y la idea de que se vaya y que nunca vuelva a verlo me llena de alivio como de un anhelo salvaje y desdichado.
-No hay manera de regresar. Los cielos se abrieron y nos arrancaron de nuestra casa. Desde entonces, existimos en la locura. No hay nada salvo destrucción, muerte e interminable necesidad de crear ambos- he sentido ese toque de locura en sus pensamientos.
-¿Cómo estás manejando la locura comparado a los otros?- Sigo acariciando sus escamas para tranquilizarlo -quiero decir, has sido agresivo, pero no conmigo.-
-Nunca contigo- se inclina y su hocico toca suavemente mi cabello -eres lo que me mantiene anclado a la cordura. Vincularte evita que pierda el control. Sin ti, sería... Puedo sentirlo detenerse. No quieres saber.-
-Sí quiero- le digo en voz baja -tengo que entender- siento como mucho entre nosotros fuera malentendidos y complicaciones. Si vamos a hacer las paces, tenemos que descubrir cómo funciona el otro -¿Puedes mostrarme?- Sus ojos encuentran los míos, y mientras lo hacen, lo siento abrirse.
Mi cerebro de inmediato se llena con un intenso revoltijo de imágenes, todas gritando e imposible distinguirlas. Es como ser golpeado por cientos de canales de televisión a la vez, todos al máximo volumen y me tambaleo. Un breve segundo después, la riada de imágenes se detiene y me hundo contra él con alivio. Mi cabeza está latiendo solo por esa pequeña "parte". Toca mi mano con su nariz, como intentando consolarme.
-Así es como estar en tu mundo es para mí. Pero contigo como mi ancla, no lo escucho más. En vez de un rugido constante, es un suave zumbido en el fondo, lo puedo ignorar fácilmente. Traes luz y calma a mi mundo. Eres mi mundo- estoy abrumada, no solo por lo que he acabado de aprender, sino por sus dulces palabras. No es de extrañar que tenga ataques de violencia.
Con toda esa basura en su mente un día sí y otro no, es una maravilla que incluso pueda hablarme en este momento. Froto mi frente, solo pensando en todo ese caos.
-Entonces, ¿esta es la razón por la que no me dejarás? ¿Porque puedo mantener tu cabeza en paz?-
-Porque eres mi pareja. Me traerá gran alegría cuidar de ti y protegerte. Vivo por tu felicidad. Un macho Drakoni es completamente devoto a su pareja. Te demostraré cuán devoto puedo ser a tus necesidades- el ronroneo bajo comienza en su garganta otra vez -y me encantaría probarte de nuevo, mi Isabela- Oh, santo cielo.
Automáticamente cierro las piernas en respuesta. Tan rápidamente como el deseo y la necesidad me golpean, también lo hace el miedo. Mi mente recuerda esos grandes dientes hundiéndose en mi garganta y el dolor ardiente que trajeron con ellos.
-No creo que quiera que me toques. Creo que quiero ir a casa.-
-Tu casa está conmigo- sacude sus alas, agitado.
-No, mi casa está en el Fuerte Dallas- le digo, tercamente aferrándome a eso -tengo una hermana allí y amigos. Pero no puedo regresar, solo porque tú has decidido que me quieres como tu pareja. Lo has arruinado para mí. Me has quitado mi vida, y mis elecciones, todo porque piensas que te pertenezco.-
-Tú... ¿no deseas estar conmigo?- Su tono es de sorpresa, como si no comprendiera del todo que podría decirle que no.
-Me gustas, Edward. En verdad. Pero odio lo que hiciste. Ni siquiera pensaste en preguntarme. Solo decidiste elegir lo que querías por mí y vinculaste mi mente a la tuya. Y ahora porque decidiste que debes tenerme, toda mi vida está arruinada. No solo la mía, la de mi hermana y amiga también- solo pensar en Ángela hace que un nudo duro se forme en mi garganta -no puedes simplemente aparecer y elegir que soy tu pareja. Tengo que quererlo también.-
-Tú... ¿no quieres ser mi pareja?- Ira destella en su mente y recuerdo el aluvión de imágenes abrumadoras que me había enviado. Sé que no lo está haciendo a propósito. Y dice que no me lastimará, así que presiono más.
-¿Por qué querría ser tu pareja? No tuve elección, Edward. No pareces comprender eso, pero déjame aclarártelo de nuevo. Esta es mi vida, no tuya. Desde que te conocí, he estado en peligro, amenazada, y alejada de mis seres queridos. ¿Por qué te escogería?-
-¿Tomarías otra pareja?- De nuevo, destellos de locura cubren los pensamientos.
-No necesariamente, pero…- el dragón se pone de pie, tirándome al suelo desde mi posición cómoda sobre sus piernas.
-¿Escogerías otra pareja por encima de mí? ¿Dónde está él? ¡Lo destruiré!- la locura es tan densa en su mente, incluso puedo sentirla escapándose.
-Eso no es lo que dije- comienzo a decir.
Pero mi dragón se lanza a los cielos, soltando humo y fuego en un ataque de ira. Suspiro, poniendo las manos en mis caderas y observándolo irse. Bueno, eso salió bien. Intento ser un poco independiente y un dragón se vuelve loco. Imagínate.
