Katsuki se alertó por el grito de Ochako y apretó su mandíbula al sentir la bala rozar la piel del costado de su abdomen pero eso no fue impedimento para crear una explosión descomunal frente al rostro de Shindo, enviándolo a volar varios metros atrás. La adrenalina y furia del momento le impedían sentir el dolor en sus carnes producto de la bala, a pesar de que esta fuera solo un roce permitió que una herida comenzara a formarse y a su vez la sangre traspasara la tela de su camisa.

La castaña contuvo el aliento al ver que la bala no impactó de lleno en Katsuki y con mucho esfuerzo y una agilidad que desconocía de sí misma logró salir de aquel vehículo logrando su objetivo a pesar de que sus manos temblaran en el proceso.

Corrió para poder reunirse a junto a Bakugo pero la vibración en sus pies le hicieron caer de improvisto dañando sus rodillas con la caída. Katsuki por su parte la observó de reojo salir de aquel vehículo y se centró en Shindo quien había activado su don.

El rubio ignoró aquella sensación de vértigo bajo sus pies y volvió a impulsarse gracias a sus explosiones hasta llegar al muchacho de cabellos azabaches.

—Siempre metiéndote donde no te llaman, Bakugo Katsuki— habló con rabia Shindo esquivando el cuerpo de Bakugo.

—Estás demente— gruñó Katsuki rodeándolo con velocidad para darle una patada en su espalda, provocando que Shindo cayera directo estampándose contra el suelo.

Con su característica fuerza, tomó el gran cuerpo de Shindo y lo lanzó para impactarlo de lleno contra el vehículo, provocando que el parabrisas se trizara a causa del golpe.

Nuevamente Katsuki tomó el cuerpo golpeado del muchacho e impactó uno de sus puños en su rostro.

—¡Eres una animal! — gritó estampando un golpe sobre su mandíbula— ¡Estás enfermo! — Volvió a golpear— ¡Nunca más, y escúchame bien, nunca más volverás a acercarte a ella ni a nadie.— gruñó acercando su rostro hasta el ensangrentado de Shindo, quien no podía abrir sus ojos.

Katsuki impactó con su propia frente sobre la cabeza de Shindo, logrando que este cayera nuevamente sobre el parabrisas, mezclando la sangre de su propio cuerpo con los cristales rotos tras su espalda.

—Siempre…queriendo…hacerte el héroe— murmuró el azabache a duras penas, mientras la sangre salía de su boca—, casi lo logras…Ground Zero.

—¡Ahora, Ochako! — gritó Bakugo de improvisto y la castaña juntó las yemas de sus dedos al escuchar su nombre.

Un dolor de cabeza insoportable la invadió sumado a un montón de nauseas al momento en que activó su don por propia elección después de muchos años. Recordó los entrenamientos que tuvo durante su primer año, se mentalizó y obligó a no perder la concentración y elevar aquel vehículo lo más alto que pudiera.

Solo bastó una mirada de Bakugo hace un par de minutos entre ella y el vehículo para comprender lo que él trataba de decirle; que lo elevara. Estuvo con sus nervios a flor de piel mientras veía la pelea entre el rubio y el azabache pero a su vez la impaciencia la invadía esperando el momento para actuar.

Pero a su vez la propia confianza que tuvo el rubio en ella para confiarle tal misión le bastó para no perder su objetivo, para que todo aquello que estaba pasando a causa de Shindo terminara de una vez.

Ya estaba harta, harta de tener que vivir con miedo e incertidumbre respecto al futuro, de ver a sus amigos y personas que amaba salir lastimadas a causa de alguien que no lograba asimilar la realidad, de que ella no era un objeto al cual podían tener ni mucho menos dañar, ella era una mujer fuerte, decidida, valiente; la cual se había aburrido de todos los abusos que había sufrido en el paso y presente por Shindo y ya era el momento de ponerle fin.

No lo pensó mucho y cuando su cuerpo no resistió más de los diez segundos dejó caer con brusquedad el objeto hasta el suelo, con el cuerpo de Shindo inconsciente sobre el mismo y una ráfaga violenta de viento despeinó sus propios cabellos.

Ochako se cayó al segundo y vomitó luego de que su objetivo se cumpliera, sintiendo unas pequeñas y cálidas manos sujetar sus cabellos.

—Ochako-chan, tranquila.

Era Tsuyu, pudo reconocer su voz a pesar de estar devolviendo su estómago en aquel momento; además de sentirla temblar a su lado mientras una de sus manos acariciaba su espalda.

—Tsuyu— gimió Ochako a su lado, tratando de limpiar su boca, momento en que la muchacha de cabellos verdosos le pasó un pañuelo. Ella le agradeció con una sonrisa. — ¿Cómo es que llegaron? — murmuró tomando aire para que el dolor de su cabeza disipara de una vez por todas.

—Fue Yaomomo, ella mandó a alguien avisarle a Katsuki, quero, luego él salió rápidamente y nosotros fuimos a buscar a Momo-chan, aún estaba en el baño. Ella está bien, tranquila.

Ochako asintió mientras trataba de imaginarse aquella escena en su mente, recordando también que Momo fue otra víctima de las locuras de Shindo.

—Cara redonda.

Ochako sintió su labio temblar al escuchar aquella voz rasposa tras su espalda, y contuvo el aliento. Las manos de Tsuyu la ayudaron a ponerse de pie y se giró lentamente para encontrarse a un Bakugo hecho un desastre tras la pelea que había llegado a su fin minutos tras.

Sintió sus piernas flaquear pero no fueron impedimento para ella al ver una sonrisa asomar por los labios del rubio, impulsándola a lanzarse hasta sus brazos.

Rodeo con fuerza el cuello de su novio mientras este apretaba su cuerpo junto al suyo, creyendo que si se separaban se desvanecerían en algún momento. Ochako aspiró con ganas el olor de Katsuki sintiéndose a salvo, completamente segura y feliz de que nada malo le haya pasado; agradeciendo al cielo y todos los héroes de que por fin esta pesadilla estaba llegando a su fin.

Katsuki volvió a apretarla mientras los desordenados cabellos de Ochako hacían cosquillas en su nariz, queriendo a su vez rodearla con todo su cuerpo, sentirla, cuidarla y amarla; sintiendo a su vez la culpa por no haberse percatado con mayor rapidez de su ausencia y temiendo perderla de su lado en solo un segundo. Agradeció a su vez a que llegaran a alertarlo a tiempo, porque de ser tan solo unos segundos más de demora Ochako quizás no estaría a su lado. Pero se sentía aliviado de tenerla de esa forma junto a él a pesar de estar todos lastimados y heridos por culpa de aquel imbécil el cual estaba inconsciente.

—Ochako— suspiró Katsuki en su oído, descargando a su vez toda la preocupación que sintió hace unos momentos.

—Estoy bien, estoy bien— repitió Ochako guiando sus ojos para encontrarse con los de Katsuki. —Nada malo ocurrió. — gimió la chica tratando de contener las lágrimas, siendo consiente de todo lo que había pasado.

—Perdón por no llegar antes.

—No te culpes, amor— Ochako acarició su mejilla con delicadeza— ¿Tú estás bien? — preguntó llevando su mano hasta el abdomen del rubio, sintiendo la tibia sangre de su novio manchar sus dedos.

—Sólo fue un rasguño— le restó importancia—, pero arde como la jodida mierda.

Uraraka esbozó una sonrisa al escucharlo maldecir, acercándose a besar sus labios con cuidado, anhelando su aliento, la calidez de su boca y el sabor de sus besos; experimentando aquella sensación de paz que Katsuki le entregaba solo con sus labios.

—¡Ochako! — se escuchó el grito de Momo tras su espalda.

La castaña se separó avergonzada de los labios de Katsuki y vio cómo su grupo de amigos se acercaban hasta ellos; Momo, Tsuyu, Iida y Todoroki, quienes dejaban ver la preocupación en sus rostros.

—Chicos— susurró Ochako al verlos llegar.

—¿Cómo te encuentras? —Todoroki tomó la palabra en un segundo, frunciendo su ceño mientras rodeaba el cuerpo de Momo a su lado.

La chica cojeaba levemente y su rostro estaba hinchado; se sintió culpable de arrastrarla a ella a todo aquel desastre pero su amiga le sonrió y acarició sus cabellos con delicadeza.

—Bien, Shindo está inconsciente— lo señaló desviando rápidamente sus ojos, no queriendo verlo.

—Necesitamos que se lo lleven— Bakugo tomó la palabra, rodeando la cintura de Ochako.

—Algunos héroes vienen en camino— irrumpió Iida—, también llamé a la policía, es importante que al fin lo capturen— habló con seriedad y preocupación al ver las condiciones en que se encontraban los afectados.

Katsuki asintió al escuchar al médico hablar, asegurándose a su vez de que Ochako estuviera segura con sus amigos. Observó el lugar completamente destruido, el suelo deformado a causa de las vibraciones provocadas por Shindo y rastros de sus explosiones en el pavimento.

Se separó del grupo y gruñó al sentir su herida doler, esperando salir luego de aquel lugar para que los revisaran, sobre todo a Ochako ya que esforzó su peculiaridad a pesar de tener alteraciones con la misma.

A lo lejos la música del evento le recordaba que había más civiles en el lugar, quizás varios fueron lastimados por Shindo para camuflar su entrada al recinto y por lo tanto debía asegurarse de su seguridad. La puerta por donde habían salido dejaba ver a algunos curiosos que se asombraban al ver tal desastre y a las personas involucradas pero él decidió ignorarlas; necesitaba asegurarse de que Shindo no escapara otra vez.

Observó con rabia el cuerpo golpeado del muchacho, su respiración lenta indicaba que aún seguía vivo por mucho que él quisiera que la condición fuera otra.

Aquel hombre que atormentó a la mujer que amaba al fin iba a pagar por todo lo que hizo, dejando que ella pudiera vivir en paz y de forma libre, sin miedos ni preocupaciones.

Aquel hombre que deformó la idea del amor pasando a una obsesión insana en donde varias personas resultaron lastimadas, donde él no supo seguir sin la mujer que creía amar a su lado, buscando de todas las formas posibles llegar hasta Ochako y llevársela al sufrimiento.

Se giró cuando escuchó los gritos asombrados del resto de personas que acababan de llegar al lugar y frunció su ceño con molestia, él deseaba que la menor cantidad de personas se enteraran para que Ochako no tuviera que responder a preguntas incómodas por parte de sus compañeros de trabajo.

—Mala…jugada, Katsuki.

Bakugo se dio vuelta de inmediato al sentir a la rata de Shindo hablar tras su espalda pero el aire se fue de sus pulmones al sentir un ardor y dolor en su abdomen, abriendo sus ojos con sorpresa luego de escuchar el sonido del gatillo.

Todo fue en cámara lenta para Ochako; ella estaba en compañía de su amigos cuando escuchó una bala salir disparada, se giró y observó a Katsuki caer de rodillas frente al vehículo donde estaba Shindo aparentemente inconsciente y sintió su corazón detenerse.

Rápidamente Todoroki actuó y activó su don congelando a Shindo quien sonreía triunfantemente para luego cerrar sus ojos y dejar caer el arma de sus manos.

Los ojos de Ochako comenzaron a llorar al ver el cuerpo de Katsuki en el suelo y sus pies la llevaron rápidamente a su lado, ahogando un sollozo al ver la cantidad de sangre que salía del abdomen del rubio.

—Katsuki— gimió Ochako recargando la cabeza del rubio en su regazo, tratando de cubrir su herida manchando sus manos temblorosas.

—No…fui tan rápido…cara de ángel—murmuró con dificultad Bakugo, sintiendo las manos de Ochako rodear su rostro, bañándolo con su propia sangre en el proceso.

El cuerpo completo de Uraraka temblaba al ver la palidez que adoptaba la piel de Katsuki, gimiendo ante el dolor y la idea de perderlo en sus brazos, observando como su novio comenzaba a respirar con mayor dificultad con el paso de los segundos.

—Sé…que estarás…bien— murmuró Katsuki, temiendo en silencio cerrar sus ojos por completo y ver el rostro de Ochako desaparecer en la oscuridad.

No quería irse, no después de batallar tanto para por fin estar juntos en completa tranquilidad, pero la herida en su torso dolía y podía jurar que había perforado algún órgano porque respirar le estaba costando más que la propia mierda. Sentía su boca secarse y su cuerpo perdía la calidez, y ver a Ochako devastada frente a sus ojos no era la escena que había proyectado para su futuro.

Él no era creyente pero se encomendó a todo lo que su madre creía que existía cuando temió no ver más la sonrisa de Ochako, temió no verla despertar a su lado con su cabello desordenado, temió no poder volver a abrazarla y sentir el calor y olor de su propio cuerpo, tenía miedo de perder esa conexión que los mantenía unidos y miedo de que ella sufriera por su culpa.

Ochako lloró cuando sintió un par de brazos levantarla y observó a Tenya con rostro serio y Todoroki se acercaba al rubio para poder revisar la herida.

—Necesita atención médica urgente— habló el muchacho. Tenya asintió y con un movimiento de cabeza llamó a sus amigas para que sujetaran a Ochako.

¿En qué momento habían llegado sus amigos hasta su lado? Ella solo era consiente de tener el cuerpo de Bakugo en su regazo perdiendo a su vez la conciencia de lo que ocurría hasta el exterior.

Tampoco fue consiente de los vehículos policiales que se acercaban al lugar emitiendo su característico sonido, una ambulancia y a su vez un par de héroes ingresaban con velocidad por la puerta que los conducía desde el interior del centro de eventos.

Deku acababa de llegar y se acercó con rapidez y seriedad en su rostro al ver lo que acababa de pasar; Yaomomo fue quien tomó las riendas de la situación y le explicó con detalle y señaló a Shindo sobre el destruido vehículo. En compañía de un par de policías se acercaron hasta el muchacho quien estaba aprisionado por los hielos de Shoto.

—Hay que dejar que viva, debe pagar por todo lo que provocó— habló Deku con seriedad, utilizando su don para eliminar el rastro del don de Shoto.

Los policías asintieron, esposaron a Shindo y lo cargaron con rudeza hasta uno de vehículos policiales.

Los otros héroes se encargaron de evacuar a las personas y asegurarse de que no hubieran más lastimados, dando a su vez por finalizada aquella gran celebración.

Todo ocurrió muy rápido frente a sus ojos, los paramédicos se acercaron hasta el cuerpo de Bakugo, lo acomodaron en una camilla y lo ingresaron al interior de la ambulancia seguidos por Shoto e Iida.

—Es importante que te revisen, Uraraka-san— se acercó Deku a su lado, saludando con un asentimiento de cabeza.

Ochako estaba concentrada observando la ambulancia que había llevado a Katsuki y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

—Se lo llevan…— logró murmurar, recargándose en Asui.

—La sala de urgencias está operativa en el hospital— Momo tomó las riendas de la conversación—, lo ingresaran en unos minutos, debes estar tranquila, Ochako, Shoto lo operará junto a Iida— le habló su amiga con voz maternal mientras acariciaba sus cabellos.

—Necesito que algún testigo pueda testificar lo antes posible— comentó Deku mirando a las tres mujeres frente a sí— Kacchan hizo todo lo posible por capturarlo, él estará bien Uraraka-san, es fuerte y más cuando tiene algo por lo que luchar.

La castaña observó los ojos verdes del héroe y comprendió sus palabras; aferrándose a ellas como bálsamo para su dolor en aquel momento.

—Gracias, Deku— logró articular a pesar de que su garganta ardía, recordándole todo lo que había gritado hace un par de minutos.

—Yo iré, quero— intercedió Tsuyu, observando con decisión al héroe quien asintió con sus palabras—, así Ochako-chan y Yaomomo podrán ir lo más rápido posible al hospital.

Momo asintió y tomó la mano de la castaña, Deku invitó a Tsuyu a seguirle y ambos subieron a una patrulla policial mientras seguían evacuando a las demás personas en el recinto.

—Necesitamos llevarte a un hospital, Ochako.

La castaña asintió ante las palabras de su amiga percatándose del nudo en su estómago que se estaba formando a causa de la incertidumbre, no quería separarse de Katsuki pero sabía que podía confiar en sus amigos, ambos eran excelentes doctores y sabía darían todo de sí en aquella operación.

Momo se acercó hasta un policía quien se ofreció a llevarlas hasta el hospital, ninguna estaba en condiciones de conducir en aquel momento y necesitaban llegar lo más rápido posible.

Con rapidez se bajó de la patrulla policial y corrió hasta el mesón de informaciones de la sala de Urgencias.

—¡Bakugo Katsuki, acaba de ser ingresado!— se apresuró a hablar la castaña.

—Está siendo intervenido por los doctores Todoroki e Iida— respondió la chica asombrada por el aspecto de Uraraka y Yaoyorozu.

—¿Tienen alguna información al respecto? — preguntó la chica de cabellos azabaches.

—Nada por ahora.

Ochako asintió y se acercó a una de las sillas para tomar asiento y cubrió su rostro, mezclando a su vez sus propias lágrimas con la sangre de Katsuki que aún permanecía en sus manos.

—Todo saldrá bien, Ochako— Momo trató de tranquilizarla con su dulce voz.

Ella asintió pero sin dejar la preocupación, era inevitable, quería que aquella pesadilla terminara de una vez por todas luego de que Shindo fuera arrestado pero el miedo de perder a Bakugo acrecentaba con los minutos de espera.

—Debo llamar a sus padres— murmuró la castaña, mordió su labio con nerviosismo de tener que darle aquella noticia a Mitsuki y Masaru; no quería preocuparlos pero ellos necesitaban saber.

—Yo lo haré— la interrumpió Momo.

Ochako asintió y le dio el número de teléfono de Mitsuki, le agradecía a su amiga porque ella no estaba en condiciones de comunicarles tal novedad a sus suegros; no quería que la culparan, no aún.

Esperó a que Momo se alejara y se armó de valor, después de tanto rehuir y mirar su propio teléfono con indecisión, decidió marcar sin pensarlo dos veces.

La voz de su madre tras la línea provocó que liberara todo el aire de sus pulmones.

Ochako, cariño— saludó su madre, alegre como de costumbre pero con extrañeza debido a lo tarde de la llamada.

—Mamá…—sollozó llevando su mano hasta su boca, reprimiendo un gemido de dolor.

—¿Qué ocurre, hija? — preguntó haciendo evidente su preocupación.

—Shindo ya está detenido— habló sin poder contenerse, soltando todo de sopetón sin contextualizar a su madre—, y le disparó a Katsuki.


Mitsuki ingresó de forma precipitada a la sala de urgencias y seguida de Masaru quien estaba en las mismas condiciones que la mujer; de inmediato ambos se percataron de la presencia de Ochako y se acercaron hasta la muchacha.

—Mitsuki— susurró la castaña tratando de contener el llanto—, lo siento tanto.

—Niña tonta— la mujer de rubios cabellos se acercó a rodearla con sus brazos, entregándole la calidez que tanto necesitaba en aquel momento—, si ese estúpido de mi hijo no sale con vida yo misma lo traeré de vuelta a patadas.

Ochako sonrió pero pudo percatarse de la tristeza y preocupación que desprendían los ojos rojizos de los ojos de Mitsuki, a fin de cuentas su hijo estaba en el pabellón y no tenían ni idea de lo que estaba ocurriendo con el avance de la operación.

—Ten Ochako, la temperatura está descendiendo— habló Masaru tendiéndole una mediana bolsa de papel a la castaña.

Ella obedeció, recibió el paquete y saco de la bolsa una sudadera de Katsuki, pudo reconocerla por su peculiar olor.

—Era su favorita de cuando estaba en la U.A—comentó con nostalgia Masaru, observando como la castaña se cubría rápidamente con aquella prenda.

—¿Hay alguna información? —preguntó Mitsuki, adoptando completa seriedad.

—Nada por el momento, han pasado casi dos horas, mis amigos están a cargo de la operación.

El matrimonio asintió y se acomodó a su lado para esperar noticias; Momo apareció luego de unos minutos con café para los presentes en compañía de Tsuyu quien estaba de vuelta luego de declarar y pasar a recoger cambios de ropa para sus amigas. Luego de casi cuatro horas de completa agonía y miedo, los rostros cansados de Todoroki e Iida aparecieron tras la puerta.

Todos se pusieron de pie esperando noticias por parte de los médicos quienes se acercaron hasta el grupo de personas; ambos realizaron una reverencia al reconocer a los padres de Bakugo con su notoria preocupación.

—Shoto— habló Ochako sin poder contenerse.

—Logramos sacar la bala— comenzó el médico provocando que tres personas liberaran el aire contenido—, perforó el lóbulo inferior del pulmón izquierdo.

—Al actuar a tiempo detuvimos la hemorragia y cerramos la herida, brindamos el oxígeno que él necesitaba en el momento del traslado lo que nos facilitó el procedimiento, Bakugo-san está fuera de peligro— finalizó Iida con una sonrisa de tranquilidad.

Mitsuki se dejó caer en una de las sillas del lugar y abrazó a su esposo quien se limpiaba un par de lágrimas luego de escuchar a los médicos hablar, liberándose del miedo y temor.

Ochako no pudo contener la felicidad que inundaba su pecho y se lanzó a los brazos de sus amigos quienes la recibieron con sorpresa.

—Gracias, gracias, gracias— repitió la castaña mientras sentía como su alma volvía al cuerpo luego de escuchar la noticia.

—Uraraka-san— habló Iida entrecortadamente—, no podemos respirar.

—Lo siento, perdón, lo siento— repitió la chica separándose de sus amigos dejando escapar una pequeña carcajada; se sentía completamente feliz.

—Ahora Katsuki estará bajo tratamiento médico y durante el día podrán pasar a visitarlo; él aún está bajo los efectos de la anestesia y necesita reposo— Shoto tomó la palabra, provocando que tanto Mitsuki, Masaru y Ochako asintieran.

—Te lo dije, Ochako, ese niño tonto es bastante fuerte— comentó Mitsuki acercándose a rodear a la castaña en un abrazo.


Katsuki intentó abrir sus ojos al escuchar un aparato bastante molesto a lo lejos, hizo un amago de pestañeo y divisó una rubia figura a su lado, esta acarició sus cabellos y él volvió a dormirse.

Esta vez sintió un leve apretón en una de sus manos; juró reconocer los dedos de su padre.

Los rayos de luz lo obligaron a abrir sus ojos lentamente y sintió su cuerpo completamente maltratado; era extraño respirar pero al ampliar su campo de visión se dio cuenta de que una máquina de oxigeno lo ayudaba a respirar.

Los recuerdos volvían de forma brusca a su mente y pudo ser consciente de su propio estado luego de un par de segundos. Volvió a pestañear tratando de acostumbrarse a la luz de aquella habitación y sintió un cosquilleo en su antebrazo.

Guio sus ojos al borde de la cama sonrió al ver a Ochako; la muchacha estaba durmiendo recargada al borde de la cama mientras mantenía un débil agarre a una de sus manos. No podía ver su rostro, solo su desordenado cabello y el lento subir y bajar de su cuerpo.

Movió la mano que estaba entrelazada con la de Uraraka e hizo una leve presión, al no ver respuesta rio y volvió a presionar su mano esta vez con un poco más de fuerza.

La chica levantó parcialmente su cabeza y comenzó a buscar algún movimiento extraño en la habitación, hasta que volvió a sentir el apretón de Katsuki en su mano y dirigió su mirada somnolienta hasta el rostro de Katsuki.

Sus ojos grandes brillaron con sorpresa y emoción al verlo despierto apretó su mano con fuerza, sintiendo la calidez propia de la mano de Bakugo.

—Despertaste, cara de ángel— murmuró con dificultad, acostumbrándose a volver a articular palabra.

—Katsuki— murmuró Ochako llevando una de sus manos para acariciar los cabellos rubios de su novio—, no sabes lo feliz que estoy de que despertaras. — confesó la castaña conteniendo sus ganas de abrazarlo para evitar lastimarlo, además tampoco podía besarlo al tener este la máscara de oxígeno.

—¿Cuánto dormí? — Preguntó el rubio completamente desorientado.

—Sólo un día— respondió Ochako, sin querer alejarse de él— ¿necesitas algo, llamo a tus padres? ¿A Todoroki? ¿A Iida? — preguntó la chica levemente asustada.

—Estoy bien, cara redonda— él tomó la mano que acariciaba sus cabellos y entrelazó sus dedos—, sólo quiero estar contigo.

Ochako sonrió ante sus palabras y sintió como volvía a estar completa, disfrutando de la sensación de tener a Bakugo a su lado, con sus dedos entrelazados, sus ojos rojizos abiertos y aquella sonrisa en sus labios.

—Te amo— murmuró la chica con completa sinceridad.

Katsuki a pesar de la condición en la que se encontraba se sonrojó al escuchar a Ochako y apretó su mano.

—También yo, cara de ángel— cerró sus ojos disfrutando de la suavidad de la mano de Uraraka, sintiéndose completo y en tranquilidad. —¿Qué pasó después del disparo? —preguntó Katsuki; necesitaba respuestas.

—Aparecieron algunos héroes y la policía— comenzó a relatar, jugando con los dedos de Bakugo—, Deku estuvo ahí— sonrió recordando las palabras del héroe— luego se llevaron a Shindo y ahora están esperando una fecha para un juicio.

Katsuki asintió apretando su mandíbula, recordando como aquel estúpido le disparó como un cobarde tras su espalda, pero a su vez era un alivio para él que pudieran capturarlo; al fin, después de tanto tiempo Ochako tendría aquella tranquilidad que tanto necesitaba.

—¿Tú estás bien? — preguntó él.

—Sí, sabes que cuando estoy contigo todo está bien— murmuró ella levantándose un poco para besar su frente con cariño, para luego mirarlo a sus ojos rojizos que tanto amaba y sonreírle como de costumbre.

—Creo que estaba soñando contigo, Ochako— confesó con una media sonrisa el héroe, provocando sorpresa en su novia.

—¿Qué soñaste? —preguntó curiosa.

—Fue extraño— reconoció el rubio tratando de unir algunas partes de su extraño sueño mientras estaba bajo los efectos de la anestesia. —Soñé que eras una valkiria.

—¿Valkiria?

—Ya sabes, guerreras vikingas que lo dan todo en la batalla— habló provocando una sonrisa en la chica—, recuerdo verte mientras ingresabas a una laguna pero no eras consciente de mi presencia.

—Esa es una historia interesante, Katsuki— habló con emoción mientras se acomodaba para seguir escuchando a su novio expectante—, ¿qué más pasaba? ¿Yo usaba algún traje de guerrera como en las series de televisión?

—Estando en una laguna no usas traje, Ochako— se burló elevando una de sus cejas.

Ochako lo miró confundida y luego fue consciente de lo que su novio acababa de decir.

—¡Katsuki! — elevó su voz sonrojándose hasta las orejas.


Tres semanas después.

Ochako movía su pie con impaciencia mientras observaba los labios del juez hablar, hablar y hablar. Camie, quien estaba delante de ella y al lado de su abogado, se giró a observarla y le dedicó una sonrisa esperanzada para luego volver a girarse.

Paso saliva otra vez y sintió la mano de su madre apretar suavemente su muslo, en donde ella llevo su propia mano para darse fuerza en aquel momento.

Estaban en el juicio de Shindo a causa de la demanda impuesta por Camie; la muchacha no había desistido de hacer justicia y se mostraba fuerte y decidida en aquel tribunal.

Ochako fiel a su palabra colaboró en todo lo que pudo dando sus testimonios del tormento que vivió junto al chico en su adolescencia y los recientes sucesos que dejaron a su novio lastimado, sin contar todos los traumas psicológicos y momentos de angustia que se llevó gracias a Shindo.

El chico estaba siendo formalizado, además de la demanda de Camie, por intento de secuestro a un civil e intento de homicidio contra un héroe; generando una gran expectativa por parte de los abogados de las víctimas, comunidades de mujeres y la misma prensa que estaban siguiendo el caso.

Porque todos se enteraron de lo que ocurrió en la noche de celebración del Healer Hospital, generando la indignación en la población, sobretodo en la población femenina luego de que la misma Camie diera una declaración pública de su vivencia junto a Shindo.

Luego de finalizar su monólogo el juez dio una pequeña pausa que Ochako creyó que sería eterna; ya no aguataba más aquella sensación y tener a Shindo como acusado solo a un par de metros de distancia le generaba un poco de temor.

Volvió a apretar la mano de su madre, quien viajo para acompañarla en aquel proceso delicado para ella, y sus ojos se llenaron de lágrimas al escuchar la sentencia.

No supo en que momento los brazos de Camie la rodearon y una sensación de paz y felicidad la invadió, correspondiendo el abrazo y festejando junto a la rubia en silencio.

Antes de salir se giró para observar a quien fue su abusador y lo miró con valentía y desafío por un segundo, para luego tomar la mano de su madre y retirarse de aquel tribunal con una sonrisa en su rostro.

Las puertas se abrieron frente a sus ojos y sonrió de felicidad al ver a Katsuki de pie junto a su padre, sin pensarlo corrió hasta sus brazos y con cuidado de o lastimarlo rodeo su cuello y rio en su pecho.

—¡Le dieron 30 años!— exclamó Ochako sin poder contener su alegría mientras Katsuki la aferraba a su cuerpo. — ¡Y 15 años más por intento de secuestro y homicidio! —volvió a exclamar en una risa mezclada con lágrimas de felicidad.

Katsuki la volvió a abrazar con más fuerza sin importarle la herida en su cuerpo, compartiendo aquel sentimiento de júbilo porque al fin se hacía justicia por la mujer que él amaba; porque después de tanto tiempo Ochako volvía a ser libre de todas las formas posibles.

—Lo hiciste bien, cara de ángel— susurró en su oído para después limpiar las lágrimas de felicidad que caían por las rosadas mejillas de Ochako.

Uraraka se puso de puntitas y besó sus labios, extasiada, para después dejar escapar una carcajada a causa de la vergüenza en el rostro de Katsuki por besarla delante de sus padres. Ellos comprendieron con una sonrisa y les dieron su espacio avanzando para salir del tribunal.

—Ven, vamos a celebrar— habló la chica con emoción.

—¿A dónde iremos? —preguntó entrelazando sus dedos con los de Ochako, guardando en su memoria el rostro de felicidad máxima que desprendía su novia.

—A donde nos lleve el viento, Katsuki.

FIN


Nota de autora:

No me queda más que darles las gracias por acompañarme en esta historia, por todo su apoyo, comentarios, favoritos y lecturas; infinitas gracias gente bella, lxs tkm. Espero que el final sea de su agrado; y como dije antes, siempre imaginé a Ochako saliendo feliz luego del juicio.

Escribo esto con mucha tristeza y felicidad, es un sentimiento extraño pero toda historia llega a su fin.

Para los que no saben soy terapeuta ocupacional (igual que Ochako en el fic jiji) y esta historia vino a mi mente al realizar mi tesis el año pasado, inspirada en muchas vivencias reales respecto a las mujeres violentadas por el machismo que lamentablemente gobierna en cada rincón del planeta.

Lxs abrazo a todxs y gracias por tanto, subiré el epilogo dentro de estos días. Cuidense mucho.

PD: Guiño guiño a mi próxima historia! y me hice un twitter para ir comentando respecto a mis futuros proyectos, pueden seguirme si gustan! shioow_