Capítulo 21: Visión de túnel.
¡Hola! Ha pasado mucho tiempo desde la última actualización, mis disculpas por eso han sido meses difíciles en los que la vida real se interpuso en mi diligencia como escritor. Espero poder actualizar más seguido, al menos hasta completar este arco argumental. Muchas gracias a los lectores de esta historia y sus seguidores, sin ellos no tendría las ganas de completar este fic. ¡Gracias y espero que disfruten este capítulo!
"We see what we want to believe" - Robert McNamara
Todo su plan había terminado en la basura, descubierto por Benny, Luan y a su vez visto por todos los miembros del club de teatro mientras se preparaba para escabullirse en su guarida. Acabar con su enemigo habría sido sencillo, lastima que ahora tendría que encontrar otra manera de hacer su trabajo y el solo pensarlo lo exasperaba.
Y para empeorar las cosas, la chica que había echado por la borda su oportunidad dorada se hallaba sentada tranquilamente a su lado, mirando el cielo sobre sus cabezas como si nada. La misteriosa chica de cabello negro y mirada fría lo había salvado de un puñetazo seguro por parte de ese chico grandulón. Después de eso, y en medio de las confundidas miradas de esos chicos, ella tomo su mano y lo arrastrado hasta la azotea de la escuela donde ahora ambos se encontraban, sentados uno al lado del otro en una banca de madera pintada de verde.
No habían intercambiado palabra desde entonces, tal vez por vergüenza, tal vez porque ella era una completa extraña en su mundo y esperaba que la chica comenzara su relato. Pero ya había perdido demasiado tiempo, así que se propuso empezar por quebrar el hielo.
–Bonita vista. – le dijo de pronto.
–Es la misma vista de siempre, no tiene nada de especial. – le respondió la chica en un tono cortante.
Una vez más soltó un audible suspiro, comenzar una conversación civilizada con esa chica estaba volviéndose una tarea más complicada de lo que pensaba. Ella que había llorado frente a él ahora lo trataba con frialdad, como si él fuera de pronto una molestia, con sus labios fruncidos en una fina línea y sus cejas arqueadas. "Es solo una chica rara ¿Por qué me estoy tomando la molestia?", pensó por un momento, pero algo en él le decía que nada era tan simple como lo parecía a simple vista.
No pudo volver a preguntárselo nuevamente, ¿Acaso le había hecho algo a esa chica?, no lo recordaba, de hecho, era él el que debería sentirse molesto con esa entrometida que había arruinado su plan de asesinato, pero por alguna razón, no podía llegar a enojarse con ella. Ver a otros llorar siempre lo dejaba descolocado y ver a una chica llorar por él había sido una primera vez.
–¿Quién eres Maggie, y por qué me protegiste de ese chico?
–No te he dado permiso para que uses mi nombre. – le dijo la chica frunciendo aún más el ceño.
–Mi nombre es Lincoln Loud y te doy mi permiso para usarlo.
–Ya se quién eres, necio.
–¿En serio? Podría estar mintiendo, sabes.
–Tu ingenuidad no te permitiría mentirle a una chica, menos aún a la chica que te salvo de un puñetazo en la cara.
"Eres ingenuo Lincoln Loud, y eso te llevara a la tumba", las altaneras palabras que le había dedicado Carol hace ya tanto tiempo, resonaron nuevamente en su mente y el solo recordarlas hicieron que chasquera la lengua con rabia. Era un calificativo que había escuchado muchas veces y de muchas personas, de Carol, de Fey, de sus otros compañeros de pelotón y ahora la extraña que estaba sentada a su lado. Todos lo habían tratado como un niño ingenuo que no podía dejar atrás sus sentimientos para cumplir sus órdenes y ya estaba harto de escuchar lo mismo una y otra vez.
–¡¿Ingenuidad?! – le respondió molesto y procedió a levantarse de la banca de un salto –Ya está bien, me largo de aquí.
–Venimos del mismo lugar y compartimos una tragedia en común. Eso es quien soy, y eso eres tú, una tragedia.
Esas palabras llenas de dolor y una extraña añoranza causaron un extraño efecto en él. Miro como el semblante de la pelinegra había dejado atrás su frialdad, ahora era tristeza lo que veía reflejada en su hermoso rostro, una pena que extrañamente tambien le causaba dolor. Su mente corrió a toda velocidad, repasando su pasado, en un esfuerzo inútil de recordar lo que no podía recordar. Pero no había nada allí, nada que pudiera darle un ligero atisbo de quien era esa extraña que le hacía despertar esas emociones.
–Pero…No te recuerdo… – le dijo perdido.
–Ya lo sé, pude verlo en tus ojos… La primera vez que nuestras miradas se reencontraron después de tanto… ¿No recuerdas nada del orfanato?
–Claro que si…Tan solo…Solo…Yo…
Trato con esfuerzo de rememorar su estancia en ese lugar que tanto odió de pequeño, pero mientras más se esforzaba por recordar más aún se daba cuenta que las memorias que siempre creyó haber dejado atrás, en realidad no estaba allí. Pánico, un sentimiento familiar que había experimentado muchas veces en el campo de batalla, lo cubrió por completo en esa inofensiva azotea. Su respiración comenzó a agitarse y su corazón comenzó a saltar en su pecho.
El pánico inicial dio paso al miedo y luego a un sutil sentimiento de desesperación, como si hubiera perdido algo sumamente importante, algo que de ninguna manera debió haber perdido. Todo bajo la atenta y gélida mirada de la chica de pelo negro como la noche que seguía viéndolo con un atisbo de tristeza.
–Como lo pensaba. – dijo la chica sonando derrotada, bajando la mirada al suelo.
–¡Silencio! Solo…T-tengo que concentrarme. – dijo Lincoln con la voz temblorosa – ¡Si, eso es! Solo estoy cansado, por eso no puedo recordar nada. U-una vez que me calme y duerma un poco…No…no…
No, no podía. No podía recuperar algo que no había existido en primer lugar. Fey nunca le había hablado de su estancia en el orfanato previo a su encuentro, solo sentía haber vivido esa etapa de su vida, pero ningún recuerdo acompañaba a esos sentimientos.
Alzo su cabeza y nuevamente observo el cielo, un montón de sentimientos reprimidos se desbordaron como una presa rota, y cayo de rodillas al piso, como una marioneta con sus hilos cortados, mirando hacia la nada, sin ninguna expresión, sin ningún pensamiento coherente. Su camisa había quedado empapada de sudor, tenía frio, aun en ese soleado y caluroso día, sentía frio. "¿Por qué no puedo recordar?", se dijo a si mismo con tristeza.
Pero una nueva esperanza se abrió frente a él, una esperanza hecha mujer, la chica que tenia los recuerdos que él había perdido. La miro rendido, listo para suplicarle como un mendigo, por unas migajas de memorias.
–¿Cómo era? – dijo Lincoln en un murmullo.
–¿Qué cosa?
–¿Cómo era la vida en el orfanato?
La chica de cabellos negros nuevamente frunció el ceño, arqueo las cejas y se cruzó de brazos. La sola mención al lugar donde ambos se habían conocido le causaba una mezcla de repulsión y rabia, lo podía ver reflejado en su rostro. Pero su semblante se suavizo cuando lo miro nuevamente a los ojos, con sus hipnotizantes ojos oscuros como la noche.
–Fue una vida horrible y desesperanzadora, pero... – pero la chica detuvo sus palabras de golpe, y por primera vez le respondió con una ligera sonrisa – "Era el mejor de los tiempos y el peor de los tiempos"
Y algo hizo clic en su mente, unas viejas palabras, unas olvidadas palabras, unas palabras que carecían de todo contexto, pero que valían todo en esos momentos, esas palabras llegaron a él como una epifanía y salieron de su boca.
–"La edad de la sabiduría y también de la locura" – dijo Lincoln.
Y una risita escapo de los labios de la chica, dejándolo sorprendido y un poco asustado. No era como la risa estridente de Lynn, o la risa burlona de Carol Pingrey, ni tampoco era como la risa jocosa de Luan, no, era algo completamente distinto. Una risa monótona, lenta y con un tinte siniestro que lo dejaba extrañado. Creía haberla escuchado en algún lado y eso lo dejo alerta, pero dejo su paranoia atrás y quiso creer estar en una equivocación.
–"La época de las creencias y de la incredulidad" – continuo la chica.
–"La era de la luz…y de las tinieblas" – dijo Lincoln continuando.
–"La primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación"
–"Todo…lo poseíamos…pero nada teníamos"
–"Íbamos directamente al cielo y nos extraviamos en el camino opuesto" – sentencio la chica.
Y sus recuerdos nuevamente se desvanecieron, solo recordaba esas extrañas palabras, pero no su origen. Sentía que estaban asociadas a algo especial, algo que ambos habían vivido. Así que se quedo mirándola, esperando que la pelinegra le revelara el misterio.
–Charles Dickens. – dijo Maggie con una voz monótona, casi carente de emoción – "Historia de dos ciudades", de Charles Dickens. Lo teníamos junto a una colección de libros viejos que leíamos juntos, cuando los custodios nos dejaban en paz. Los guardaba debajo de mi colchón y pasábamos horas enfrascados en mundos imaginarios, lejos de ese blanco infierno.
–Blanco infierno…
Y todo hizo conexión, sus sueños, lo que creía que era solo un mundo imaginado por su subconsciente eran en realidad recuerdos. ¿Cómo había sido tan tonto?
–El lugar de blancas paredes, blancos techos, blancos suelos y pulcras batas de un blanco reluciente.
–¿Ves Lincoln? Tus recuerdos aún siguen allí, solo que algo difusos por el tiempo.
–Mis sueños, esos sueños que me perseguían eran mis recuerdos… Vaya y yo que pensaba que todo eran simples pesadillas.
Todo le parecía bastante confuso, tal como lo eran esos sueños. Un gran cuarto de color blanco, lleno de chicos a los cuales no podía verles sus rostros que se hallaban distorsionados, el lugar donde había vivido con Maggie, el lugar donde había pasado el tiempo con su amiga de la infancia. "Amiga de la infancia", esas palabras hicieron que sintiera una calidez en el pecho y un alivio en su mente. Aun no podía creerlo, frente a él estaba una chica que conocía su pasado, alguien de su pasado que aun estaba vivo y respirando, alguien que lo recordaba. Y eso lo hacía sentir bastante bien.
–La gente no pierde sus memorias, no así como así… – dijo Lincoln a la vez que se levantaba del suelo, con una pequeña sonrisa en sus labios – Lo siento, debo haberme visto como un tonto.
–No te preocupes, cuando eras un niño también me parecías algo tonto.
Ese comentario le hizo soltar una pequeña risita que se no tardo en convertirse en carcajada, y así en medio de ese lugar junto al cielo, pudo sentir de nuevo que tenía el control sobre sí mismo y sus emociones.
–Maggie…Tu eres Maggie, siento haberte olvidado.
–No te preocupes. – dijo la chica – No soy precisamente de las personas que destacan.
–Quiero conocer más cosas acerca del tiempo que pasamos juntos…Y… Quiero saber todo sobre ti. – dijo Lincoln, con un poco de timidez.
–¿No has tenido suficiente por hoy? No quiero sufras un nuevo colapso nervioso.
–¡Claro que no! Ahora que tu estas aquí yo…
Pero el celular de la chica interrumpio su reencuentro, una alarma que hizo a la dueña del aparato saltar de su asiento y caminar a paso seguro hacia la salida.
–¿Espera, adonde vas?
–Mi tiempo aquí termino, ahora debo volver a mi guarida secreta.
Definitivamente era como una Lucy adolescente, y el darse cuenta lo hizo sonreir como un tonto frente a ese chica que se habia ganado en solo unos minutos, su mas absoluto cariño.
–Entiendo… ¡Ya se! Intercambiaremos números de teléfono, así podríamos hablar por chat si quieres.
–Solo uso esta cosa como despertador...Y alarma...Sería bastante inconveniente si me llamaras cuando este ocupada. – dijo la chica titubeando un poco.
–Pues insisto, ahora que estas aquí no quiero volver a perderte. – dijo Lincoln y la chica de cabellos oscuros se sonrojo – Suena tonto, pero es en serio.
–…Esta bien, pero no te molestes si no contesto, tengo una vida muy ocupada.
–¿Oh? ¿Haciendo hechizos y hablando con fantasmas?
Esta vez la chcia lo observo molesta, la broma no le habia caido bien. Debia controlar sus palabras frente a esa chica, despues de todo, ella era una persona especial que no queria perder.
–Solo era broma, lo siento. – dijo Lincoln apologetico.
–No hay de que…
La chcia acerco su oscuro y viejo celular al suyo, y le mostro su numero de telefono el cual anoto con rapidez entre sus contactos.
–Lincoln. – le dijo la chica despues de terminada la transaccion.
–Mmmm. – dijo el peliblanco aun viendo su teléfono con extraña fascinación.
–¿Eso era todo lo que deseabas preguntarme?
–¡Claro que no! – dijo Lincoln dandole una gran sonrisa – Tenemos muchas cosas de que hablar, cuando estes desocupada, claro.
La chica solo le respondio asintiendo con la cabeza, para partir corriendo hacia la salida de la azotea. Mientras Lincoln la veia partir, abrazaba su celular como un tesoro otorgado por el destino, aunque este habia sido tan cruel con él. Definitivamente era un milagro del cual estaba agradecido.
Llego a casa con un renovado espíritu, una sonrisa en el rostro y una extraña alegría en su corazón. Y como no sentirse alegre, había encontrado a una compañera con la que compartía un pasado común, alguien que podría responder sus muchas interrogantes y aún más importante, una amiga en ese solitario mundo al que llamaba "su vida".
En medio de su alegría, y justo cuando estaba a punto de tocar la puerta, sintió el inconfundible sonido de la tierra siendo removida en el jardín trasero de la casa. Extrañado, fue a echar un vistazo, y allí encontró a Lucy tratando de cavar una zanja. Decía tratando, porque sus movimientos se veían bastante torpes, levantando y bajando esa gran pala de acero que se veía más pesada que la pequeña sepulturera. Era un día soleado, y su típico guardarropa oscuro absorbía todo el calor del sol, haciendo que su pálida frente se cubriera de una película de sudor que podía ver brillar desde lejos.
Incapaz de seguir viendo sus esfuerzos, se acercó a ella decidido a prestarle una mano. Pero se sentía algo reticente después de todo lo que había pasado con el cambio de escuelas. Pero debía empezar por algún lado si quería que las cosas con las menores volvieran a estar en equilibrio.
–Hey Lucy ¿Aun sigues enojada? – le dijo a la gótica como si nada.
Esta vez fue su hermana la que pego un salto al escuchar su voz. No había sido su intención el asustarla, pero la había tomado desprevenida. Algo molesta, la pelinegra continuo con sus fútiles intentos con su pala en mano, ignorando del todo su presencia, pero al notar que el chico no dejaba su lado, decidió por fin dirigirle la palabra.
–No del todo…Solo algo triste por tu preferencia hacia nuestras hermanas mayores. – dijo Lucy sacando otra palada de tierra.
–Déjame ayudarte con eso.
–No es necesario… – le replico, pero Lincoln ya había tomado la pala de sus manos y comenzaba a excavar con vigor.
Poco a poco ensanchaba la pequeña zanja que había excavado su hermana, hasta que después de unos momentos ya tenía un gran agujero, perfecto para meter cualquiera problema en él, taparlo con tierra y olvidarse. Un lúgubre presentimiento recorrió su mente al observar su obra, pero fue rápidamente interrumpido por su hermana que tiraba de su camisa, algo tímida, como señal de que ya había hecho suficiente.
–Y listo, creo que hice un buen trabajo. – dijo Lincoln, descansando su mentón en la empuñadura de la pala – ¿Qué vas a enterrar en esta cosa?
–Todos los recuerdos que nos ligan como hermanos. – dijo Lucy en un tono lúgubre.
–Oye…Tampoco fue para tanto. – dijo Lincoln algo sorprendido.
–…Es broma, solo estoy entrenando para mi competencia en el club de sepultureros.
–¿Club de sepultureros? Eso suena bastante horripilante.
–Gracias. – dijo Lucy esbozando una pequeña sonrisa – Este año espero llevarme el gran premio.
–Entonces, supongo que solo interrumpí tu entrenamiento. – dijo Lincoln entregándole la pala a su hermana – Lo siento Lucy.
–No importa… – dijo la pelinegra en un murmullo.
Dejando la pala en sus pálidas manos, se dispuso a volver a casa para dejar de molestar a la pequeña, pero la chica lo tomo nuevamente de la camisa, evitado que su partida. Tenía la mirada baja y una sutil expresión de tristeza en su rostro, la cual observó con preocupación.
–Lincoln siento haber escrito ese poema, no debí haberte tratado así... Lo siento. – le dijo Lucy.
"Así que solo era eso", pensó aliviado. No estaba enojado con ninguna de ellas, solo sentía algo de pavor por Luan y su posible confabulación con sus enemigos, pero estar molesto con las pequeñas por haber sobre reaccionado a su cambio de escuela hubiera sido muy tonto de su parte. Debía aclarar ese malentendido, no quería que ellas se sintieran tristes por su culpa.
Se arrodillo frente a Lucy hasta quedar frente a frente y posó sus manos sobre los pequeños y en ese momento temblorosos hombros de la chica.
–Lucy, no estoy enojado contigo, así que no tienes por qué disculparte. – dijo Lincoln dándole una sonrisa confiada – Además, a mí me gusto tu poema, tienes mucho talento para expresar tus sentimientos con las palabras.
–¿En serio crees eso? – dijo Lucy sorprendida de pronto.
–Claro que sí, hasta me hizo sentir un poco triste.
–Lo siento…
–¡Ah! Solo bromeaba, no te preocupes por eso. Nunca podría enojarme con una de ustedes, son mis hermanas menores, que clase de hermano mayor seria si me enojara por cualquier cosa.
–Eres la primera persona… – dijo Lucy y su voz se quebró de pronto.
La chica negó con su cabeza, tratando de recomponerse frente a su hermano. Como lo pensaba, ella no era para nada buena demostrando sus emociones ante todos, pero aun así esos sentimientos lo tomaron por completo desprevenido.
–La primera persona de nuestra familia que aprecia mis poemas. – dijo la pequeña viéndolo con un dejo de tristeza, con esos ojos cubiertos por su flequillo.
Se veía frágil, y más triste de lo de costumbre. Al parecer la pequeña Lucy había soportado su buena dosis de soledad aun rodeada por una familia tan numerosa. Eso lo hizo sentir triste, pero a la vez aliviado, ya que tanto él como la pequeñita de pelo oscuro compartían ese fatal sentimiento. El sentimiento de sentirse solo ante una multitud de personas.
–Pues yo los aprecio. – dijo Lincoln levantándose del suelo – Tu solo sigue escribiéndolos, me asegurare de leer tus poemas cuando tú quieras.
–Gracias, eso significa mucho para mí.
–No hay de que Lucy. – le dijo a su pequeña hermana y acaricio sus oscuros cabellos con ternura. Ella le dio una pequeña sonrisa y sus pálidas mejillas despidieron un leve rubor. – Oye… – dijo Lincoln dudando un poco – Se que es una molestia ¿Pero podrías ayudarme a convencer a Lola y Lana para que dejen de evitarme?
–Lo intentare…Pero me temo poder prometer nada, las dos continúan bastante enojadas.
–Con intentarlo me basta Lucy, te debo una.
–Algún día me cobrare este favor, Lincoln.
Camino hasta la puerta con la pequeña gótica a su lado, en medio del trayecto la chica había tomado su mano, lo cual le pareció un gesto poco común en ella, pero a la vez bastante tierno. Una vez adentro, él fue directo hacia la cocina mientras la chica subió a las escaleras, dando pequeños saltitos de felicidad. Realmente era mala para demostrar sus emociones, pero en momentos como esos, esos pequeños gestos parecían traicionarla.
En la cocina su madre hablaba animada por teléfono, mientras él asaltaba el refrigerador buscando un bocadillo diurno. Allí lo único apetitoso era un bote medio vacío de mantequilla de maní, junto a un envoltorio de chucrut. "Excelente", pensó, tenía los ingredientes para hacer su sándwich favorito. Los saco a ambos y los puso sobre la mesa, pero su madre le dio unos toquecitos en el hombro y llamo su atención.
–Lincoln, Lisa esta al teléfono dice que quiere saludarte.
La sola mención de su hermana menor casi le saltar del susto. ¿Lisa? No era posible, en esos momentos ella estaría encerrada bajo cuatro llaves en la guarida de sus enemigos, siendo imposible para ella comunicarse con él. Pero para no verse sospechoso a los ojos de su madre, tomo el auricular y respondió, por suerte en esos momentos ella salía de la cocina para atender a Lily que lloraba en su habitación.
–¿Hola?
–Hola Lincoln Loud, es un placer volver a hablar contigo. – dijo una voz desprovista de emoción al otro lado de la línea.
–*suspiro* Lulu.
Como lo pensaba, no era Lisa sino el pedazo de chatarra que ella había inventado. No le quedaba otra que seguirle el juego a esa cosa, no quería levantar sospechas. Luan estaba en la casa y podía estar asechándolo en cualquier parte, incluso podía haber intervenido todos los teléfonos, quien sabe valia la pena ser precavido.
–Hola Lisa ¿Como ha salido tu conferencia en California?
–Llamar a tus padres para dejarlos tranquilos fue una directiva que dejo la doctora antes de partir, nadie de su familia más que tu debe saber todo lo que ha ocurrido.
–Me alegra escuchar eso, todos te extrañamos en la casa.
–Te recuerdo también que el reactor entrara en estado crítico en 12 días, 15 horas y 23 minutos. Te recomiendo busques una manera de detenerlo, tal vez, avisar a las autoridades gubernamentales para reunir un grupo de científicos y buscar una manera de...
–Oye no me digas que hacer, a veces te pones demasiado protectora para ser una niña de cuatro años. – dijo Lincoln interrumpiéndola.
–La doctora cumple cinco en un mes más, pero ese no es el punto. Lincoln Loud, debes comenzar la evacuación de Royal Woods si quieres evitar esta catástrofe…
–Ok, esperare tu llamado, nos oímos luego Lisa.
–Lincoln…
Colgó el teléfono con más fuerza de lo debido, estaba harto de ese pedazo de chatarra diciéndole que hacer. Ya tenía un plan en mente, ahora solo le quedaba esperar unos días más para saber el resultado, eso era todo lo que podía hacer en ese momento.
"Avisarles a las autoridades", si claro, lo único que lograrían seria hacerle perder su tiempo en una celda junto a Fey, mientras un grupo de científicos del gobierno recopilaría toda la información posible para poder recrear ese condenado reactor y convertirlo en una nueva arma en el arsenal de los psicóticos del Pentágono. ¿Y cómo se podrían resistir? Esa cosa no producía radiación y generaba una enorme cantidad de poder, en unos años podrían hacerle la guerra a medio mundo sin consecuencias molestas como la radiación.
El solo pensarlo lo hacía sudar frio, estaba solo contra las cuerdas y sus enemigos más cerca de lo que pensaba. Luan, de la cual desconfiaba, se paseaba libremente por la casa, Benny estaba en la segundaria junto a sus demás hermanas y ahora sabia de su presencia. Para que decir de los otros que aún no había identificado.
Se había quedado perdido en sus pensamientos, observando la pared de la cocina, cuando escucho a su hermana mayor bajando las escaleras, con una cartera de cuero sujetada de su hombro y una radiante sonrisa.
–¡Mama voy a salir con Bobby, regresare antes de la cena!
–¡Esta bien cariño, diviértete!
–¡Gracias! Lincoln tu vienes conmigo.
–… Espera ¿Qué?
–Vamos, a la camioneta. – dijo Lori tomándolo forzosamente de su camisa y levantándolo en el aire – No me obligues a convertirte en un pretzel humano.
–¡Esta bien! ¡Esta bien! No tienes por qué recurrir a la violencia.
–Me alegra que entiendas, ahora vamos. – dijo la rubia soltándolo de su agarre.
Su hermana mayor abrió la puerta y salió directo hacia la camioneta. Resignado a su destino, no tuvo otra opción mas que seguirla, realmente no quería hacerla enojar mas de lo que ya estaba con él. Quien sabe, tal vez esa era la oportunidad perfecta para que ambos limaran asperezas y comenzaran a comportarse como verdaderos hermanos, o al menos eso era lo que deseaba.
–Se puede saber qué papel pinto yo en tu cita con tu novio. – dijo Lincoln mientras caminaba junto a Lori hasta la vagoneta familiar.
–Ya lo veras cuando lleguemos, y no me distraigas en medio del viaje, no quiero atropellar a alguien…De nuevo.
La chica abrió la puerta del conductor y él solo se limitó a sentarse en el asiento del pasajero, lo que hizo que su conductora le levantara una ceja en señal de molestia.
–Siéntate atrás, te dije que no quiero distracciones.
–Vamos Lori, el asiento de adelante es el más cómodo y solo somos nosotros dos.
–Dije que atrás. – le dijo la rubia con rabia en su voz.
Solo soltó un suspiro y le hizo caso a su hermana mayor, salió de la van y entro de nuevo, esta vez para sentarse en esos asientos dilapidados y agujereados de atrás. Un resorte se clavo en su trasero, haciendo que soltara un bufido de molestia, mientras que su hermana lo miraba molesta desde el retrovisor.
–¿Contenta?
Pero su hermana no le respondió, ella solo piso el acelerador y salió disparada hacia la calle, haciendo que perdiera el equilibrio y se fuera de bruces en contra de la ventanilla de la van, golpeándose en la frente. Ya molesto, le dirigió una mirada furiosa a la maniática de su hermana, pero ella solo estaba concentrada en el volante. ¿Qué le pasaba ese día? La verdad, estaba más antipática que de costumbre.
–¡¿Al menos espera a que me ponga el cinturón?! – le dijo a su hermana con rabia.
Lori solo le dio otra mirada molesta por el retrovisor y continúo manejando, sin siquiera dirigirle la palabra, menos aun disculpándose. Sabía que ella lo odiaba por alguna estúpida razón, pero ya estaba rayando en lo absurdo. Antes de llegar a una curva se ciñó el cinturón con premura y pudo evitar otro golpe en la frente por los pelos.
Fue un viaje bastante movido, pero ya estaba acostumbrado a la loca manera de conducir de Fey, y Lori ni siquiera se le acercaba en el irrespeto por las leyes del tránsito que tenía su maestra. Su mente volvió a recordarla, esta vez con tristeza, había fallado su misión y ahora le tocaba a ella recoger los platos rotos. No se habían contactado hace días, pero estaba seguro de que los jefes debían estar furiosos con su capitana.
Cuando llegaron al estacionamiento del restaurante despues de unos minutos de viaje, la chica ya respiraba por la boca, cansada ante la concentración y la habilidad que tuvo que usar para manejar de esa forma tan alocada. Algo estaba ocultando su hermana, algo que la estaba carcomiendo por dentro y que lo tenía preocupado.
–¿Lori estas bien? – le dijo casi como una súplica.
Pero nuevamente la chica lo ignoro y bajo de la camioneta, azotando la puerta del conductor con rabia. Se quedo mirándola allí sentado, mientras la chica se perdía de vista al entrar en el restaurante. Tenia los hombros caídos y caminaba con cierto desgano, como lo pensaba, algo le pasaba y debía averiguarlo por si mismo, así que se desabrocho el cinturón, bajo de la van y camino por el estacionamiento hasta llegar a las puertas del restaurante.
El bufet franco-mexicano, o eso era lo que decía el anuncio. Era un lugar bastante hogareño, un restaurante de comida mexicana y francesa con poca concurrencia a esas horas. Pudo ver a su hermana junto a una de las mesas del fondo, abrazando con ternura a su novio, el buen Bobby.
–Está bien, bebé. – dijo el chico dándole un pequeño beso a su hermana para luego poner su atención en él – Hola hermanito menor.
–Hola Bobby. ¿Cómo has estado?
–Pues… – dijo el Bobby mirando a su novia de pronto – Es un tema algo complicado…
–¿Lincoln? – dijo una inconfundible voz a sus espaldas.
Vio hacia atras y era la hermanita de Bobby la que llegaba del labatorio, se veia casi igual que Lori, desganada y un poco triste, a diferencia de esta, tenia el ceño fruncido y se veia molesta como siempre. No podia negarlo, el verla en ese lugar fue una grata sorpresa, habian pasado poco tiempo juntos en la escuela primaria y era junto a Clyde, una de las pocas personas que podia llamar su amiga.
–Hola Ronnie que sorpresa.
–Cierra la boca, apestoso.
–¿Te levantaste de malas esta mañana? – dijo Lincoln en son de burla – Es muy temprano para andar tan rabiosa.
–¡¿Rabiosa?! – dijo la latina enrabiada – Oh te las veras con estos puños, canoso.
–Nini, nada de peleas en el restaurante. Ahora vayan a su mesa y denos un momento en privado ¿sí? – le ordeno Bobby.
–Lo que digas Bobby. – dijo la latina, extrañamente resignada.
Ambos se sentaron en una mesa algo alejada de la pareja, en ese lugar no podia escuchar lo que ambos hablaban, pero parecia ser bastante serio. Mientras esperaba al mesero para ordenar algo, su compañera de esa velada tenia puesta su mano en su menton y trataba de no mirarlo a los ojos, o decir palabra alguna.
–¿Y qué cuentas? – le dijo de pronto a la chica que ya se veia aburrida.
–Uno de mis compañeros se cambió de escuela porque no aguanto unas cuantas bromas. Debilucho.
–¿Clyde se cambió de escuela?
–¡Hablaba de ti, tonto! – dijo la chica viéndolo bastante molesta.
–Ah…Ya entiendo, solo di que me extrañas y termina con las indirectas.
–¿Extrañarte? – dijo la latina recuperando su ímpetu – ¡Ja! En tus sueños.
–Aclaremos esto, no me cambie de escuela, solo estaré dos semanas. Algo así como un programa de estudiantes avanzados.
–¿Tu? ¿Estudiante avanzado? – dijo Ronnie con extrañeza.
–Claro, mi personalidad singular no es el único de mis atributos.
Ella solo le respondió, solo se quedo viendolo con una mirada molesta, como la Ronnie Ann de siempre. La conversacion murio en ese momento, algo estaba ocupando espacio en la mente de su ruda amiga. El mesero no tardó en llegar, ordeno un plato de tallarines napolitanos y la chica solo ordeno un plato de patatas fritas y mucho ketchup. Bromeando, le dijo que tratara de comer más sano si quería mantener su figura, lastima que solo se gano un fuerte golpe en el hombro por su tonta broma, pero de cierta forma, eso parecio animarla un poco.
–Y bueno… ¿Cómo te va en tu escuela nueva cerebrito? – le pregunto Ronnie, mientras deberaba las patatas.
–Pues bastante bien. – dijo Lincoln mientras le echaba un ojo a su hermana en la mesa de atrás – Las clases no son tan difíciles como pensaba, y mis compañeros son bastante agradables.
–Mmmm – dijo la chica algo distraida.
–Al principio pensé que me meterían en un casillero y se olvidarían de mi hasta el otro día, ya sabes, como en las películas.
–Mmmm Ajá.
–Pero nada de eso, de hecho, muchas chicas estan pidiéndome que sea su novia, pero estoy muy ocupado para esas cosas. – dijo Lincoln, dandose cuenta de que la chica no escuchaba ni una de sus palabras.
–Mmmm Que divertido.
–Solo espero que Benny no lo arruine poniendo bombas en la escuela. Eso me tiene algo preocupado.
–Mmm… ¿Espera, que fue lo que dijiste antes?
–No estas escuchando nada de lo que digo, ¿cierto?
–¡Claro que te escucho!... Yo solo…
Nuevamente una mirada de tristeza opaco el talante siempre fuerte e inamovible de su amiga. Fue en ese momento que escucho a su hermana sollozar en la mesa de atrás, y a su novio tratando de consolarla. Puso nuevamente su atención en Ronnie, y noto que tenía los ojos algo rojos, su amiga había estado llorando.
–Ronnie solo dime que te sucede. – dijo Lincoln, viéndose sumamente preocupado – Si es posible, me gustaria ayudarte.
–Mi tonta familia se mudará a Great Lakes. – dijo la chica con resignacion – Mamá encontró un buen trabajo en el hospital de allá, los tres nos mudaremos con nuestra otra familia, los Casagrande. *suspiro* Mañana.
–Eso es muy repentino…– dijo Lincoln absorto ante la subita noticia– No sé qué decir, Ronnie.
–Pues si no tienes nada que decir ni lo intentes, tonto. – dijo la chica, esta vez molesta – No puedes cambiar nada y yo tampoco.
Podía entender su frustración de la chica, en Royal Woods tenía amigos, conocidos, la escuela, un hogar, y ahora debía dejar todo eso atrás e irse a vivir a otra ciudad y comenzar de cero, y todo en un solo día. En ese momento, supo que no debía tratar de compadecerla, sino comprenderla, tal vez hacerle saber que ese no era el fin de su corta amistad. Así que saco su teléfono de su bolsillo y le mostro su nuevo número a la latina.
–Este es mi nuevo teléfono, si necesitas algo o hablar con alguien, no dudes en marcarlo.
–¿Y por qué querría hacer eso? – dijo la chica desafiante.
–Ronnie Ann. – le dijo Lincoln con firmeza.
Y ella lo vio sorprendida por usar ese tono autoritario justamente con ella, una de las chicas rudas de la primaria de Royal Woods. Por suerte no se ganó un puñetazo en la cara, por suerte la chica comprendido que solo quería que ella lo escuchara.
–Es normal preocuparse por tus amigos ¿No lo crees? – dijo Lincoln y la morena se quedó por un momento pensativa – Aun cuando compartimos solo unas semanas como compañeros de clases…Aun así te considero una amiga.
–Solo una amiga… – dijo la chica en un murmullo que Lincoln no pudo oír.
–¿Disculpa?
–Nada, dientón. – dijo la chica con un pequeño sonrojo en sus morenas mejillas – Tomare tu oferta, pero no esperes que te llame todos los días. T-tengo una vida ocupada.
–Y que lo digas. – dijo Lincoln, recordando también lo ocupado que estaría en esas dos semanas – Ahora dame tu número.
–¿M-mi número?
–Claro, asi puedo llamarte en las noches y hablar de cualquier cosa. – dijo Lincoln – ¿Suena raro?
–¡Por supuesto que no! – dijo la chica mostrandole la pantalla de su celular – Tonto.
Después de ese intercambio de números, la conversación se volvió mucho más animada y no tan desalentadora. Hablaron de muchas cosas, descubriendo cosas uno del otro, especialmente cuan diferentes eran ellos dos. Ronie era una deportista y aventurera, que le gustaban los retos y los peligros, no para ganar laureles como Lynn, sino para superarse a ella misma en cada oportunidad, lo que consideraba genial en ella.
Él era un espécimen raro, aun para los ojos de Ronnie Ann, no buscaba las emociones fuertes mas bien disfrutaba los pequeños momentos de paz a lo largo del día, las conversaciones en la mesa familiar, el hablar con sus amigos en la cafetería, ver las aves volar desde la ventana de su salón de clases, dormir todo un día sin ninguna presión u obligación serian un regalo en esos momentos de tensión. La razón de esa actitud frente a la vida no podía explicarla, pero el riesgo y el peligro eran dos demonios que conocía bien, y la verdad, estaba aburrido de seguir batallándolos de frente. Eso era lo que había querido decirle, pero nadie podía saber lo que había sufrido y lo que le quedaba por sufrir.
Era feliz solo siendo visto como un raro en sus ojos, y el haber podido levantarle el ánimo en esos momentos delicados para ella, lo hizo sentirse bien consigo mismo. Eso era lo que sus compañeros de pelotón hubieran hecho por él.
Estaban en lo mejor de la conversación cuando a su mesa llegaron Bobby y Lori tomados de la mano. Era el momento de partir, y ninguno de los dos quería hacerlo, pero no tenían otra, el mundo debía seguir su curso y la familia Casagrande debía reunirse nuevamente, esta vez en Great Lakes.
Se levantaron de sus asientos y caminaron hasta el estacionamiento, mientras la chica a su lado caminaba cabizbaja y Lori no dejaba soltar lágrimas, era una velada de adiós, una velada de lágrimas, si es que podía llamarla así. Lori se despidió con un largo abrazo de su novio, y el solo le dio la mano, deseando volverlo a ver en un futuro no muy lejano. Luego se acerco a Ronnie, la que seguía cabizbaja, desanimada, frágil.
–Te veo luego Ronnie. – dijo Lincoln extendiendo su mano –Te llamare cuando vuelva a casa.
–¡Pues más te vale tonto! – dijo Ronnie dandole una palmadita en la mano – Y gracias, por todo.
–No hay de que Ronnie, nos estamos hablando. – dijo Lincoln dandole la espalda.
Pero Ronnie, se acercó detrás de él, y de manera furtiva, le dio un sorpresivo beso en la mejilla. Sorprendido, se quedó viendo a la chica salir corriendo a toda velocidad en dirección del automóvil de Bobby. Y luego partieron, hasta perderse en el horizonte. Lori se alejó de él y la siguió, notando en cada paso la tristeza en su hermana mayor. La chica abrió el asiento del conductor y él se sentó en los asientos de atrás. Ella puso su mano en la llave de encendido y se quedó un momento congelada. Debía hacer algo, algo para aliviar sus pesados sentimientos, esa era su misión en esos momentos.
–Lo siento Lori, debe ser difícil alejarte de pronto de la persona que amas.
–¡Y tú qué sabes de eso! – dijo Lori, mirándolo con los ojos encendidos de rabia – Solo has vivido toda tu vida en un apestoso orfanato, dudo que hayas amado a alguien en toda tu desagradable vida.
Su reacción lo dejo con la boca abierta, no esperaba esa respuesta y mucho menos el maltrato, pero su hermana estaba herida, así que pudo empatizar con la rabia que sentía en esos momentos.
–Tienes razón… Ni siquiera recuerdo bien el orfanato en que me crie…Y tampoco he amado a alguien de esa forma… Lo siento, solo quería hacerte sentir mejor.
Dejando sus palabras sin respuesta, la rubia encendió la camioneta y piso fuerte el pedal, quemando las ruedas y dejando una mancha negra en el pavimento. Se ajusto el cinturón mientras la camioneta daba vueltas y vueltas por el centro de Royal Woods, fue un viaje corto y furioso. En medio de este, pudo darse cuenta que la chica estaba tomando otro camino, uno que precisamente no los llevaba a su hogar, un camino que termino en un callejón sospechoso donde la rubia puso el freno de mano y aparco.
–¡Lori eso fue peligroso! – dijo Lincoln nuevamente enojado – ¡Podríamos haber…!
Pero sus palabras se cortaron de cuajo, al sentir las manos de su hermana apretar su cuello con rabia. Todo había ocurrido en un instante, y fue tan sorpresivo que no pudo ofrecer resistencia, menos aún correr, estaba atrapado por el cinturón de seguridad. Alzo ambas manos, pero se quedó congelado al ver sus ojos, unos ojos llenos de una furia que, de cierta forma, le parecía familiares, era la furia asesina que sentían él y sus enemigos cuando intentaban matarse los unos a los otros.
–Se tu asqueroso secreto, tú no eres nuestro hermano. – dijo Lori apretando con más fuerza – ¡¿Vi el cuchillo de carnicero que escondes en tu cuarto?! ¡¿Qué quieres de nosotros, porque viniste a arruinar a nuestra familia?!
La miro con calma, directo a esos ojos que pedían sangre, pero no se movió, aunque sentía como poco a poco el aire se agotaba en sus pulmones, no movió un solo dedo, curioso de la determinación de su hermana. "¿Tendrá acaso el valor de matarme?", pensó con calma. Ya debía estar quedando rojo, la hipoxia estaba comenzando a dejar su vista nublada y su mente mareada.
–¡Responde la puta pregunta! – le espeto la chica en un nuevo arranque de ira.
Y el agarre alrededor de su cuello se hizo más débil, "No, no tiene el valor", pensó para sus adentros. Levanto sus manos, apretó sus muñecas con fuerza y la chica dejo escapar un gruñido de dolor. A la fuerza alejo sus manos de su cuello y nuevamente pudo respirar oxígeno, todo sin dejar de mirarla a los ojos. Su hermana tenía la fuerza necesaria, pero no la voluntad para asfixiarlo. Era como cualquier persona normal, compasiva, empática, débil y emocional, no, ella no era uno de los monstruos que estaba detrás de su cabeza. Solo era una niña asustada, y extrañamente eso lo hizo una gran ira contra esa debilucha que ya mostraba signos de remordimiento en su rostro.
–Lincoln…Yo… – dijo la rubia.
Pero esta vez fue él, el que capturo sus brazos y la atrajo al asiento trasero donde la lanzo contra la puerta de la van. Su nuca golpeo con la ventanilla y ella coloco ambas manos en su cabeza, como aliviando el súbito dolor que sentía. Pero sintió aún más dolor, cuando su hermano le propino una fuerte cachetada que la dejo con los ojos desorbitados.
Ahora ella lo miraba suplicante, ambos sentados en el mismo asiento de la camioneta, la chica que estuvo a punto de torcerle el cuello, lo miraba con un terror que no había visto antes en ninguna otra persona. Sus labios temblaban, sus ojos derramaban lagrimas que corrían su maquillaje, su rubio cabello estaba hecho un desastre. Nuevamente sintió un incomprensible deseo de destruir cada parte de su cuerpo.
–N-no me hagas daño. – dijo Lori temblando.
–Hace unos segundos quisiste matarme con tus propias manos. Ahora veras lo que se siente quedar sin aire en los pulmones. – dijo Lincoln dándole una aterradora sonrisa.
–¡Ayuda, por favor sáquenme de aquí! – dijo Lori ahora forcejeando con la puerta para salir de la van.
"¿Qué haces Lincoln?", dijo su conciencia resonando en su mente distorsionada, dándose cuenta de la crueldad que había estado a punto de cometer contra su propia hermana. Sintió ganas de vomitar, ese extraño deseo asesino que lo asaltaba, nuevamente había tomado posesión de él.
–Lori…
–¡No me toques! – dijo la chica ahora forcejeando con él.
–¡Lo siento, por favor, perdóname! – dijo casi gritando, clamando por su perdón. Lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas y vergüenza era lo que sentía en su corazón. Estaba volviéndose un monstruo ante sus propios ojos, y ese encuentro con ella le basto para confirmarlo.
Y esa suplica basto para calmar la arremetida de su hermana, la que se quedó viéndolo absorta por unos largos segundos.
–¿Por qué me odia Lori? – le dijo en un murmullo – ¿Qué te hice para merecer esto?
–Hace trece años… – comenzó la chica, mas calmada y tranquila –Vi como esos malditos secuestraban a mi hermanita de la sala de maternidad.
La miro con incredulidad al escuchar esas palabras, "¿hermanita?", "¿secuestro?", no lo entendía, pero debía llegar hasta el fondo de ese asunto. Los secretos habían estado a punto de matarlos, no quería que una escena así se repitiera.
–La placa era rosa, la placa con tu nombre…Era rosa. – dijo Lori, como adivinando sus sospechas– Así que no puedes ser tú, nuestro verdadero hermano no eres tú.
–No pensaste que tal vez algún medico metió la pata, o tal vez tus memorias se han corrompido después de tantos años.
–¡Eso no es posible! – dijo la rubia negando con la cabeza – No, todo eso fue real.
–¿Has hablado con nuestros padres?
–¡Mama ya no es la misma desde lo del abuelo! – dijo la chica en un arrebato y se callo de pronto, reflexionando en el error que había cometido.
Estaba muy embobado para entender lo que había dicho de su extraño y enigmático abuela, así que se enfocó en los recuerdos de Lori, como un caballo que solo mira hacia el frente de un túnel, su mente no pudo hacer ninguna conexión.
Que haya visto una placa rosa junto a su nombre, podía ser lo más bien producto de una confusión en sus memorias, pero lo segundo era verdad, una parte de él podía sentirlo en sus huesos. Había sido secuestrado, probablemente por militares.
–Está bien, lo de la placa no importa. – dijo Lincoln poco a poco sintiendo como la rabia se acumulaba en su voz – Dime quienes fueron.
–¿Y qué rayos piensas hacer?
–Hacer justicia, por mis propias manos si es necesario.
La chica lo miro nuevamente asustada, confundida e intimidada. No tuvo más opción que responder, al chico que había estado a punto de asfixiar.
–Militares, con ropa camuflada y rifles de asalto. – dijo su hermana con la voz quebrada – M-me…Me dijeron que no le digiera a nadie de su…Su…
–Lori, cálmate. – dijo Lincoln abrazándola de pronto – Estas aquí conmigo, así que respira hondo y sigue hablando.
–No… Debo...Volver a casa.
–Lori ¿Qué dirá mamá cuando vea las marcas que dejaste en mi cuello?
–N-no serias capas. – dijo la rubia, titubeando.
–O peor aún, que dirá la policía cuando te denuncie por maltratos. – dijo Lincoln con una extraña calma en su voz – ¿Me pregunto que dirá Bobby?
–¡No por favor!
Abrazo a su hermana como a una niña pequeña, la estrecho entre sus brazos y acaricio su cabello. Quería tranquilizarla, quería perdonarla, darle el cariño y apoyo que necesitaba en esos momentos, pero había una intención más oscura detrás de sus acciones. Quería más que nada, saber quiénes fueron los malditos que le habían arruinado la vida para siempre.
–Continua con tu historia y dejemos todo esto en el pasado.
–E-ellos te sacaron de la sala de maternidad, ellos m-me amenazaron a punta de cuchillo y…Y-yo solo corrí a esconderme, como una maldita cobarde. ¡Es todo lo que se! Por favor, Lincoln, n-no le cuentes nada a nadie.
La estrechó con cariño entre sus brazos, y deposito un beso en su frente. Pudo sentir su calor, y como su corazón palpitaba con fuerza, y se quedaron un momento así, hasta que la chica no pudo aguantarlo y desbordo en llanto. Entre sus brazos, Lori lloraba como una niña herida en los brazos de un padre comprensivo.
–Perdóname, Lincoln.
–Hiciste lo correcto, yo tampoco confiaría en mi si estuviera en tu lugar.
–Intente ahorcarte… Soy una…Una…*sollozo*
Esta vez paso su mano por sus rubos cabellos, arreglando sus cabellos desordenados.
–¿Recuerdas algo más? ¿Sus nombres tal vez?
–Lincoln eso fue hace 12 años… No recuerdo cada detalle…
–Pero recuerdas algo. – dijo Lincoln aplicando un poco de presión en su hermana – Lori, entiendo que sea doloroso para ti el recordar, pero necesito que me digas exactamente quienes eran esos tipos.
–¿Qué cambiaria eso Lincoln? No nos devolvería el tiempo perdido, tampoco te devolvería… Todo lo que sufriste en el orfanato.
–Solo quiero…Alivianar la carga que has soportado por tanto tiempo, si puedo hacer eso por ti...Tan solo eso…
Lori pareció entenderlo, ella quería cerrar ese horrible capitulo de su vida de una vez por todas. Pero Lincoln solo quería abrirlo, examinar sus contenidos y vengarse de esos malditos.
–Babel, Green y una mujer desconocida. – dijo Lori, ya resignada.
–Está bien. – dijo Lincoln tomando su mano y estrechándola gentilmente – Gracias Lori.
–Fue horrible…*sollozo*…Verte secuestrado por esos malditos…*sollozó*…Lo siento…No pude hacer nada.
–No fue tu culpa Lori, de ninguno de los dos…Solo de esos malditos.
Encontraría a esos tipos y haría justicia con sus propias manos, no le importaba quienes eran, para quien trabajaban, si tenían una familia esperándolos en casa, todo eso le importaba un rábano, quería hacerlos sufrir lenta y dolorosamente. El solo pensarlo lo hacía sonreír, estaba enfermo, se estaba volviendo un asesino, pero si podía joderles la vida a esos tipos, todo valía la pena, al menos eso era lo que pensaba en esos momentos.
–Y tenías razón en algo. – le dijo Lincoln de pronto. – No soy quien crees que soy.
Mientras Lori lo veía sorprendida, se tocó las marcas que ella había dejado en su cuello, ahora las sentía arder en su carne. "Deben verse horrible" pensó en ese momento y llego a una súbita realización. Ya era hora de confiar sus secretos a alguien más, y quien mejor que alguien que podía extorsionar.
