Ava hace varios días venía pensando dos importantes temas que quería hablar con su amiga Nora.

Por un lado estaba el tema de que había descubierto que le gustaban las chicas, aunque eso también quería compartirlo con Gary. Pero por ahora no había encontrado el momento, o simplemente se ponía excusas así misma para no hacerlo. Ava sabía que sus amigos la iban a aceptar y querer igual, entonces no entendía qué era lo que la detenía de contarselos. Probablemente era que el decirlo lo volvía real, y una vez que lo diga a sus amigos ya no iba a haber vuelta atrás.

Por otro lado, estaba el tema de Damien Darhk, No muchos lo sabían, pero Nora era la hija de ese famoso asesino serial. La mamá de Nora había escapado con su hija para protegerla de él, y desde que lo había hecho habían estado usando otro nombre y apellido para que no las reconozcan. Eleonora Darhk había pasado a ser Nora Adams. Nora vivía el hecho de que su padre fuera una mala persona con cierta culpa y pánico, siempre preguntándose si algún día iría a buscarlas, o si iba a terminar siendo como él.

Pero Ava sentía que tenía que contarle lo que había descubierto que el padre de ella había hecho a Sara y su familia, porque estaba segura que Nora no sabía. Ella se merecía saberlo. Y tal vez era mejor que se entere por ella, que era su amiga; antes que se entere por alguna otra persona.

— ¿Me vas a decir que te pasa? — Preguntó Nora, llamando la atención de su amiga.

— Nada. — Respondió ella, finalmente reaccionado.

— Ava no me estuviste prestando atención a nada de lo que te conté del casamiento y pareces estar en tu propio mundo. — Expusó Nora lo que había notado durante la conversación. — ¿Qué sucede? — Pidió saber.

— Tengo algo importante para contarte, pero no sé cómo te vas a sentir con eso y me preocupa. — Respondió ella con sinceridad.

— Eeyy, somos amigas, sabes que me podes contar lo que quieras. — Le recordó Nora, agarrándole la mano para contenerla un poco.

— Me enteré algo nuevo sobre tu padre. — Confesó ella, nerviosa ante lo que iba a revelar porque no quería que su amiga sufriera.

— ¿Qué te enteraste? — Preguntó Nora, su voz quebrándose un poco ante la sorpresa y el shock, no había estado esperando eso.

Ava le pasó su celular donde tenía la noticia de diario abierta. Nora lo leyó lentamente, sus manos temblaban un poco y un par de lágrimas silenciosas cayeron por sus mejillas mientras iba absorbiendo toda la información. Ava se dedicó a acariciarle la espalda suavemente, quería demostrarle que ella no estaba sola. Ava estaba con ella y siempre iba a estar.

— No puedo creerlo. — Dijo Nora, finalmente animandose a mirar a su amiga después de unos largos minutos de silencio. — ¿Mi papá hizo todo eso? — Preguntó, era una pregunta dirigida más hacia el mundo que a Ava.

— Al parecer si. — Asintió ella.

— ¿Crees que mi mamá lo sabe? — Preguntó Nora.

— Es probable. — Respondió ella.

Ella creía que Ruth -la madre de Nora- lo sabía, pero seguramente no se lo había contado a su hija para protegerla. No estaba de acuerdo en que oculte algo tan importante a su hija, pero por otro lado entendía que lo hacía para cuidarla.

— Sara me va a odiar cuando se entere. — Dijo Nora, dejando escapar un pequeño sollozo.

— Sara no te va a odiar porque vos no sos tu padre, eres una muy buena persona con un gran corazón. — Aseguró ella y la refugió en un abrazo. — Además no tiene que enterarse, al menos que vos quieras contárselo. — Agregó, entregándole el control de la situación para calmarla.

— Pero, ¿ustedes no son amigas ahora? ¿no se lo vas a contar? — Cuestionó Nora sorprendida.

— No es mi historia para contar, es la tuya. — Respondió ella con calma.

— Gracias. — Agradeció Nora, sin salir de los brazos de la otra.

Se mantuvieron abrazadas un rato, compartiendo la comodidad de lo que eran los silencios entre ellas. Luego salieron a tomar un helado, idea de Ava para animar a su amiga. Pensó por un momento si sería buena idea contarle que le gustaban las chicas, pero decidió que no. Nora ya había tenido suficiente en ese día con las noticias de su padre, además le gustaría que Gary también estuviera cuando tuvieran esa conversación.

El sábado Astra pasó a buscarla para ir de compras. Faltaba una semana para la fiesta de Halloween. Los Haywood siempre armaban en su mansión, así que sus amigas querían ir en búsqueda de buenos disfraces. Pasaron a buscar a Kuasa, Lily, Mona y Nora y fueron al shopping.

— Deberíamos disfrazarnos con una estética grupal. — Propuso Mona pensativamente. — Ya sé, ¡Disfracémonos de las Sailor Moon! — Dijo entusiasmada.

— No me gustan las Sailor Moon. — Le dejo saber Kuasa.

— A mí tampoco. — Coincidió Lily.

— A mi no me gusta la idea de un disfraz compartido. — Agregó Nora.

— Para mi lo de hacer un disfraz puede estar bueno, pero deberíamos ponernos de acuerdo en algo que nos guste a todas. — Opinó Astra.

— tres a dos. — Dijo Mona. — ¿Ava, vos qué pensas? — Preguntó expectante.

— Creo que lo mejor es que cada una se disfrace de quien quiere. — Respondió ella.

— ¡Que ortivas! — Se quejó Mona. — Bien, yo voy a ir de Sailor Moon igual. — Decidió.

Y así cada una terminó eligiendo su propio disfraz. Astra de vampiro, Ava de vikinga, Kuasa de shadowhunter, Lily de zombie, Mona de Sailor Moon y Nora de hada.

Los días fueron pasando, y llegó el día que le tocaba ir con su madre a clase para que ella presente su profesión. A Ava le gustaba que sea su madre quien fuera con ella, porque su padre sino iba a acaparar gran parte de la atención de los demás por ser una figura política importante. Pero a la vez se sintió también un poco decepcionada… Cuando ella les contó la propuesta pensó que su padre iba a ser quien quería ir a la clase, porque seguramente iba a dar buena imagen para su trabajo que lo hiciera. Pero él dijo que estaba muy ocupado, sin siquiera pensarlo o chequearlo en su agenda. Ava se sentía frustrada de que él últimamente nunca tuviera tiempo para la familia.

Su madre se saludó alegremente con la mamá de Nate y Ray, ellas eran muy buenas amigas, y se ubicaron todos cerca en el aula. Ava se tomó un momento para ver a las madres y padres de sus compañeros, y haciéndolo se dio cuenta que Sara estaba sola. Agarró su celular y le escribió a Zari por whatsapp.

Ava:

Y la madre de Sara?

Zari:

No va a venir.

Ava:

Por qué?

Zari:

Sara dijo que no le avisó de la tarea.

Ava:

Pero si no viene va a reprobar.

Zari:

Lo sé.

Por primera vez Ava pensó más en lo perjudicada que se vería Sara por reprobar, que el grupo de baile. Sara no se merecía reprobar, ella era una buena alumna, era inteligente y responsable. Si ella se sentía frustrada con la idea, se imaginaba que Sara debía sentirse mucho peor.

Ava se concentró en la clase y disfrutó el momento que le tocó pasar con su madre. Pam y ella siempre se llevaban bien exponiendo como equipo, porque respetaban sus tiempos y ninguna acaparaba toda la atención. Ava habló sobre su informe sobre biotecnología y su madre habló sobre su carrera como doctora militar.

Cuando era el turno de Amaya, una madre interrumpió llegando tarde. La mujer se disculpó y se ubicó en un un asiento detrás de Sara. Ava la vio hablarle a Sara al oído, y ahí fue que comprendió que esa era su madre. La miró con curiosidad, y notó lo incómoda que Sara parecía con la situación. Evidentemente no se había esperado que su madre fuera a la clase, si ella no le había avisado de esta.

Sara y su madre pasaron al frente, y mientras ambas hablaban Ava entendió porque la chica había querido evitar la situación. Su madre la insultaba en cada oportunidad que podía, incluso lo siguió haciendo a pesar de que Claire intentó mediar y defender a Sara. Ava intercambió miradas preocupadas con el resto de las Leyendas, le hizo bien saber que todos estaban del lado de Sara. Nadie se merecía ser tratado de esa forma delante de sus compañeros, pero Sara recibió los ataques con gracia y hasta los devolvió. Parecía fuerte, pero Ava tenía la sensación de que era una pantalla.

De pronto, Claire echó a Dinah del aula. Pero para sorpresa de todos, Sara le hizo caso a su madre y se fue con ella.

Ava miró por la ventana del aula y pudo ver como Dinah y Sara estaban peleando en el pasillo. Al parecer la discusión continuaba, y de hecho parecía intensa. Y de repente tuvo una sensación de angustia, ella odiaba ver cómo a Sara se le rompía el corazón, y esa era una de esas situaciones. No estaba segura de cuando Sara se había empezado a ganar su cariño y un lugar en su vida, en sus pensamientos. Ava la apreciaba y no quería verla sufrir. Y como le pasaba con toda buena amiga, le salía su lado protector y quería defenderla.

— Tengo que ir. — Le dijo Ava a su madre, señalando hacia afuera.

— De acuerdo. — Aceptó su madre.

Salió al pasillo sin saber bien qué iba a hacer, pero dispuesta a intervenir si Sara necesitaba alguien de su lado.

Antes de que pudiera llegar a donde estaban ellas, Dinah le pegó una cachetada a Sara. Ava se quedó congelada en el lugar, totalmente desprevenida para el desenlace que ocurrió ante sus ojos. Sara preparó su puño, por un instante pareció que iba a devolver el golpe. Finalmente no lo hizo, sacudió su cabeza y se echó a correr.

— ¡Sara! — La llamó ella un par de veces, pero la otra no se detuvo.

Finalmente había reaccionado, y todo lo que pudo hacer fue llamar a la otra. Pero fue demasiado tarde, Sara se esfumó a toda velocidad.

— No te molestes, ella no vale la pena. — Le dijo Dinah.

Ava miró a la mujer por un segundo y no pudo creer que la madre de Sara fuera tan distinta a ella, y hasta que siguiera con la tonta idea de seguir rebajando a su hija. Allí, observándola, tuvo una revelación y entendió perfectamente porque Sara le había dicho que no se llevaba bien con su madre. De pronto sintió un dejo de olor a alcohol, pero tan rápido cómo lo sintió desapareció, y se preguntó a sí misma si estaba empezando a inventar cosas en su cabeza solo porque esa mujer le caía mal.

— De hecho sí vale la pena, Sara es una gran persona, si fueras una buena madre podrías notarlo. — Le dijo ella con enojo.

La mujer la miró de una manera curiosa que la hizo sentir incómoda, pero cuando estuvo a punto de responderle su madre interrumpió la situación.

— Ava, regresa al aula por favor. — Le indicó Pam.

Ava le hizo caso a su madre, y volvió con ella al aula. Su madre le agarró la mano durante lo que quedó de la clase y por momentos se la acariciaba suavemente, en señal de apoyo. Ava apreció el intento de su madre, y valoró tenerla en su vida. Tal vez la relación que tenían no era perfecta, pero ninguna lo era. Por lo menos Ava estaba segura de algo, se amaban. Aunque tenía miedo de que eso cambie cuando se entere que le gustaban las chicas… Ava se detuvo a ella misma, ese no era el momento de pensar en eso, ahora lo que necesitaba era concentrar sus energías en Sara.

— Creo que lo que pasó en la clase puede responder parte de tus preguntas que me hacias la otra vez. — Comentó Pam, refiriéndose a Sara.

— Si, y de hecho hay más. — Le dejó saber ella, pensado en lo relacionado a Darhk.

— ¿Más? — Preguntó Pam preocupada.

— Si, después en casa te cuento. — Aseguró ella, no quería tener ese tipo de conversación en el colegio.

Sara no apareció en el resto de las clases, tampoco en el almuerzo, y tampoco en la práctica de baile. Ava había intentado llamarla durante el almuerzo, pero ella no respondió. Después de lo que había pasado estaban todos preocupados, pero habían tenido la esperanza de que tal vez sí aparecía para la práctica. Porque bailar siempre era una buena forma de descargar y porque Sara había demostrado durante ese tiempo que le importaba el equipo.

— ¿Qué sucede? — Preguntó Rip al notar que estaban todos desanimados. — ¿Dónde está Sara? — Pidió saber al notar la ausencia de ella.

Entre todos explicaron lo que ocurrió durante la clase. Rip se sintió apenado ante lo que había ocurrido, y dijo que tal vez deberían darle tiempo, que estaba bien si ella hoy no venía a la práctica. Todos tenemos malos días dijo, y era verdad.

Leyendas de Beebo

Ray:

Sara, ¿dónde estás? ¿vas a venir a la práctica?

Nate:

Necesitamos que vengas a iluminarnos con tus conocimientos de hip-hop.

Charlie:

Pero está bien si no queres venir a la práctica con el día que estás teniendo.

Zari:

Sara tenías razón sobre tu madre, es detestable.

Amaya:

Z, no digas eso!

Zari:

Pero es verdad.

Mick:

Z tiene razón.

Jax:

Sara podrías contestar los mensajes privados por lo menos?

Ava:

Contestanos por favor, estamos preocupados.

Constantine:

Si respondes te regalo una caja de cigarrillos.

Sara:

Perdón chicos no estoy de humor para ir a la práctica hoy. Y no se preocupen, si no respondo es porque no tengo el celular conmigo. Nos vemos mañana.

Nadie quedó tranquilo con esas palabras. Por eso, cuando terminaron la práctica del día fueron a buscarla. Pero no la encontraron en ninguno de los lados que se les ocurrió buscarla. Sara no estaba en el parque de patinaje, no estaba en la biblioteca, no estaba en Danver's Dinners, no estaba en la feria artesanal callejera (a Zari se le había ocurrido buscar allí porque Sara iba a veces a hacer dibujos)… Al final decidieron dejar la búsqueda y darle tiempo. Pero Ava continuaba preocupada, si Sara estaba sin ganas de bailar y tampoco de patinar, en verdad debía estar triste.

Estaba por entrar a su casa y ponerse a hacer las tareas o algo, cuando todo cambió con un mensaje de Kuasa.

Kuasa:

Recién vi a Sara en el gimnasio

Maze estaba intentado convencerla de que deje de boxear por el día de hoy.

Ava:

Gracias por la info amiga

Ava guardó su celular nuevamente en el bolsillo de su campera y se fue al gimnasio.