XIII

Lazos.

Se dice que se necesita un pueblo para criar a un niño, Ordon era la prueba de ello.

El día que Rusl llegó con un pequeño bebé de no más de seis meses todo fue un caos, la cruel verdad de que el niño fue abandonado en medio del bosque fue pesada y empeoró una vez el herrero les comentó sobre el rastro de sangre en la maleta que estaba junto a él, era un huérfano, pero no un cualquiera, él era un hylian, nacido con las orejas largas para oír a las diosas como los cuentos decían, una rareza en la aldea más alejada y en el mismo reino al que pertenecían, pero no cabía duda el pequeño Link, que fue no como le llamaron sino como su ropa venía bordada en uno de sus extremos interiores, era distinto a ellos.

¿Pero qué clase de personas serían si le dejaran a su suerte?

Nadie tenía el corazón tan frío y aunque la vida podía ser dura una boca más que alimentar nunca sería un impedimento para la gente de esfuerzo de Ordon y fue así como ese peculiar día durante las últimas semanas del mes de la cosecha el pueblo de Ordon recibió a su primer hijo.

Desde ese día Link de Ordon nació.

El tiempo pasó y Rusl junto a su esposa tomaron bajo su ala al niño, la leche de cabra le dio fuerza y la amabilidad de Uli nutrió su alma hasta que el pequeño Link creció.

El niño tenía un corazón de oro y eso era algo que todos sabían, siempre con una expresión gentil y dispuesto a ayudar, Link fue un soplo de alegría para la aldea durante su infancia correteando junto a Ilia y luego el resto de niños, pero algo cambió sutilmente poco después del incidente del lobo, cuando buscó con tanto desespero empuñar una espada y aunque él creía que nadie lo sabía, no fue así, pues el primer indicio fue uno tan claro que ninguno pudo pasarlo por alto pues el día que los cálidos, papá y mamá pasaron a ser unos respetuosos, pero distantes Rusl y Uli nadie en Ordon pudo evitar preocuparse. Poco antes de que cumpliera quince años se mudó a una nueva casa ubicada a las afueras de la aldea, pero no fue hasta el día en que vieron los pendientes en sus orejas que todos comprendieron que su querido niño no les pertenecía, no, él no era de ellos y él lo sabía.

Fue así como nació un acuerdo tácito en la aldea, Link nunca sería atado por ellos, pues él tenía que encontrar lo que buscaba incluso si eso estaba lejos de su gran familia.

Se necesita un pueblo para criar un niño, pero solo una familia puede amar tanto a alguien como la gente de Ordon amaba a Link.

.

.

.

Cuatro semanas se cumplieron desde el regreso de Link y ahora todos sabían que algo estaba mal, su amigo, hermano e hijo ya no sonreía, no al menos como solía hacerlo, pues Link había desaparecido por todo un día hace tres noches y cuando volvió no solo estaba herido de una mano, sino que también su expresión llena de pesadumbre preocupó a todos.

Pero nadie dijo nada, incluso los niños omitieron sus preguntas al notar las expresiones de sus padres y de cierto modo eso fue un alivio para él.

Avanzaba con lentitud hacia el rancho mientras con su mano derecha guiaba las riendas de Epona tras él, era temprano y distinto a lo que todos acostumbraban de él ahora madrugaba, claro, cuando lograba dormir.

Rusl le observó desde la entrada de su casa, había pasado mucho desde la última vez que hablaron de hombre a hombre y mucho más de padre a hijo. El herrero sabía que pasaba, al menos en la superficie, pues Link no había sido el único recibiendo correo, no, Auru le había escrito hace dos semanas contándole el motivo del regreso del chico, sobre la propuesta de la princesa y su misión de devolver la espada que aún se mantenía en su espalda pero ahora envuelta por una manta blanca.

Link había cambiado, pero no necesariamente para mal como algunos podrían creer, era solo lo normal para alguien que había visto más de los que muchos verían en un par de vidas y quizás en ninguna, porque era un hecho de que el joven luchó una guerra solo, pues incluso acompañado de aquella otra princesa Rusl podía entender que el chico había sufrido en silencio y lo seguía haciendo, porque Link hizo algo que nadie nunca podría hacer, que probablemente ni un ejército entero lograría y sobrevivió, pero eso no era lo que le acomplejaba sino algo más antiguo y él como su padre lo sabía.

Lo supo desde la primera vez que le pidió una espada.

.

.

.

Contemplaba la nada mientras estaba sentado en la hierba, Epona hacia su trabajo con las cabras y la espada estaba a un lado de él.

No podía tocarla.

La Espada Maestra le había rechazado, justo como leyó en libros aquel que fuera indigno de ella sería herido e incluso asesinado.

No era digno.

No merecía empuñar la espada destructora del mal.

No merecía ser llamado héroe.

No merecía nada.

.

.

.

Solía ser un niño como cualquier otro, revoltoso y bullicioso, alegre, un tanto bribón cuando quería y también dulce. Ordon no era un lugar de lujos, los niños siempre fueron mimados en la medida de lo posible y él fue el primero así que sin duda fue el más mimado, Sera le daba dulces, el alcalde Bo tallaba juguetes para él, Rusl le llevaba a explorar, Pergie le invitaba a comer, Hanch y Jaggle jugaban con él, así cada día durante años, Link fue hijo de todos y la algarabía aumento cuando Ilia nació incluso si les llevó a perder a una amiga, pues Link ya no estaba solo, sino que ahora eran Link e Ilia quienes recibieron el amor de todos y así hasta que cada familia fecundó y Ordon creció, pero siempre hubo una verdad en aquella familia y es que su primer hijo siempre sería su guardián.

Nadie le dijo a Link que fuera cuidadoso con Ilia, no al menos de forma directa, desde la primera vez que el niño fue autoconsciente reconoció a la chica cómo su objeto de protección.

Una pareja había nacido, muchas veces bromeaban Jaggle y Hanch para horror del alcalde Bo que no dudaba en amenazar a Rusl cuando la cerveza de calabaza se le subía a la cabeza.

No es que estuvieran derechamente equivocados. No solo crecieron juntos, sino que eran los únicos adolescentes por lo que fue inevitable explorar juntos. A veces solo fue una caminata tomados de las manos en el bosque, otras el abrazarse solo por el deseo hacerlo y los días más osados cualquiera de los dos se sentía lo suficientemente cómodo para plantar un beso en la mejilla del otro. Nunca llegaron a más, nunca parecía que buscarán más, porque no lo hacían, pues para ellos era el curso natural de las cosas y así como inevitablemente sucedió también inevitablemente crecería, pues para nadie era secreto que Ilia suspiraba por Link y así todos sabían de la mirada llena de afecto que el estoico chico podía dedicarle a Ilia, pero era en momentos como ese cuando su mirada estaba fija en ella y toda una marea de sentimientos surgía que su corazón temblaba y sin que ella o alguien más supiera algo se oscurecía haciéndole llevar su mano hasta sus pendientes.

.

.

.

— ¿Qué lees hoy? —preguntó un día Zelda al llegar a la biblioteca.

Tomar a Link por sorpresa era extraño, tenía sentidos más agudos que una persona común especialmente su audición, aunque según le contó los tenía incluso antes de ser convertido en un lobo. El bosque te entrena de formas diversas, decía con una sonrisa bromista.

Por ello le llamó la atención el respingo que dio al oírle, especialmente luego de que básicamente abriera la puerta con ruido y sus pasos resonaron por la piedra ¿Qué le tenía tan absorto como para obviar un posible peligro?

La respuesta fue más extraña de lo que pudo pensar, el héroe del crepúsculo había perdido la noción de la realidad con un pequeño libro de cuentos. Uno desgastado y un tanto maltrecho, un libro que su madre le solía leer.

Ella no dijo nada, no porque no quisiera sino porque él simplemente habló antes.

Link cerró los ojos y se dejó llevar por la nostalgia en el aire.

—Uli solía leernos historias a mí e Ilia cuando éramos pequeños. —dijo dejando fluir su memoria. —En esa entonces era demasiado inquieto, pero ella lograba que me detuviera, cada vez que me llamaba mientras sostenía un libro. Dejaba todo lo que estuviera haciendo para ir a su encuentro. —abrió sus ojos para cruzar su mirada con la de ella y con cierta vergüenza habló. —En Ordon los libros son una rareza, solo el alcalde posee una cantidad suficiente para ser llamada colección, él resto incluido yo apenas tenemos uno que otro libro suelto y maltrecho, digo esto porque aquel libro de cuentos que Uli solía leernos era tan viejo y fue leído tantas veces que no pasó mucho hasta que comenzó a perder sus hojas y ser ilegible, creo que tenía unos seis años cuando simplemente lloré todo un día cuando ya no había un libro de cuentos ¿Sabes qué fue lo que ella hizo?

Zelda negó.

—Lo transcribió. Consiguió un libro en blanco y tinta de no sé de dónde y lo transcribió, palabra por palabra durante noches cuando yo dormía y tenía el tiempo para hacerlo. —una sonrisa surcó sus labios. — Me lo entregó un día varias semanas después, nunca en mi vida me sentí tan feliz como cuando vi lo que era.

Sus ojos se abrieron ante el sonido de tres golpes, estaba sentado en su silla con aquel libro de cuentos entre sus manos. Sus recuerdos y sueños seguían mezclándose.

Se puso de pie sabiendo quien llamaba a su puerta y cuando abrió vio a Ilia.

—Los niños insisten en que quieren jugar contigo.

Link, vamos a jugar.

El recuerdo de una chica más joven y el llamado que hacía cada día en su puerta llegó a él.

Vamos, quiero ir a buscar insectos, ayer vi mariposas.

Sonrió.

De la misma forma que le sonreía suavemente cuando eran niños, de la misma forma que le había sonreído antes del crepúsculo y probablemente lo haría hasta el fin de sus días.

Ilia, papá me mostró un lugar nuevo del bosque, vamos...

—Vamos a jugar. —fue todo lo que dijo mientras salía de su casa.

Talo, Malo, Colin y Beth le esperaban a las afueras de su casa, ahí donde se encontraba aquel destartalado maniquí.

Su nombre sonó con alegría al unísono de parte de los niños quienes corrieron hacia él. Cargaban espadas de madera y parecían haber estado usándolas hace bastante pues Talo y Colin tenían un par de magulladuras en sus brazos y rostros.

La escena donde él era rodeado por sus pequeños hermanos y le rogaban atención era algo que desde hacía mucho tiempo Ordon acostumbraba, no solo siendo el varón mayor, sino también alguien tan especial como él, Link siempre atrajo la atención de los niños hasta convertirse en un ejemplo para ellos.

Talo admiraba su fuerza, Beth su capacidad para poder hacer tanto trabajo y aun así tener tiempo para relajarse, Malo aunque no lo admitiera le agradaba la confianza que sentía a su lado aparte de su generosidad con las rupias y Colin, él siempre admiraría el valor que su hermano le infundaba a él y a todos cuando estaba cerca.

Como había sido desde hace años los hijos de Ordon jugaron, guiados por su héroe y guardián mientras se mantenían bajo la constante vigilancia de su hermana mayor los niños alzaron sus espadas y cargaron.

Habían recuperado su espada de madera de alguna forma y ahora a pesar de tener que usar su mano derecha Link combatía contra Colin y Talo, autoproclamados héroes mientras Malo insistía en lanzarle semillas deku desde la retaguardia con un tirachinas mientras la princesa Beth observaba a un costado de una imaginaría barrera, pues por supuesto querían jugar a la batalla final que tuvo lugar en la llanura de Eldin y por supuesto que Link sería Ganondorf incluso aunque fuera una contradicción hasta biológica, pero todo por verles sonreír.

Talo seguía siendo demasiado pasional y errático con sus movimientos, pero a pesar de su edad tenían ya cierta fuerza, por otro lado Colin había heredado la técnica de su padre, probablemente le estuviera enseñando, pues sus movimientos no era los gráciles o fuertes, pero ya denotaban cierta práctica. Estaban creciendo, no le cabía duda, aún eran jóvenes, pero su camino lentamente se estaba formando ante ellos, y cuando el momento llegará ellos tomarían su lugar, pues el deber de los hijos de Ordon era proteger Ordon.

Protege a quienes amas, protégelos incluso si eres destruido en el proceso.

Los minutos pasaron y el juego continuó más como una ligera práctica de esgrima que otra cosa, pues Link discretamente los llevó a terrenos donde probó sus habilidades y explotó cada una de sus falencias mientras fingía una risa malvada y describía sus fallos como una debilidad. Todo continuó de aquella forma hasta que en la distancia Link sintió un ruido ajeno a la aldea y de pronto se detuvo.

No...

Volteó en dirección hacia el manantial de Ordona y rápidamente miró hacia el lado contrario mientras los niños e Ilia le miraban extraños por su cambio súbito.

Tenía que salir de ahí.

— ¡Señor Link! —gritó el cartero jadeante justo antes de que pudiera reaccionar. —Saludos, señor Link, tengo una carta para usted. —dijo una vez estuvo frente a él y el resto. —Es la de la princesa Zelda.

Los murmullos sorprendidos a sus espaldas simplemente le hicieron sentirse peor.

—Gracias. —dijo mientras recibía el sobre con el sello personal de Zelda en él. — ¿Te dieron alguna instrucción cuando te entregaron la carta?

—No, la princesa no dijo nada.

— ¿Su alteza te entrego la carta en persona? —dijo un tanto incrédulo.

—Si, al igual que el resto, la princesa Zelda me convocó al castillo donde me entregó todas y cada una de las cartas que le ha enviado. —el cartero giró su cabeza ligeramente hacia un lado y preguntó con inocencia. — ¿Hay algo que quiera enviarle a su alteza? Han sido bastantes cartas y hasta ahora nunca he podido hallarle para saber si tiene algún mensaje para ella.

Pudo sentir la mirada fija de la chica tras él y el palpitar sin piedad de su corazón.

—No, no tengo nada que enviarle a la princesa.

Eres de lo peor.

—Bien, si es así entonces me retiro. Hasta luego.

El hombre dio la vuelta y salió a toda velocidad hacia Hyrule mientras que Link simplemente observó la carta entre sus manos.

—Link. —la voz de Ilia le sacó de su mente, sin embargo cuando volteó no fue capaz de alzar una vez su máscara de estoicismo y solo negó mientras caminaba hacia su casa en silencio.

No hay peor enemigo que uno mismo y él lo estaba aprendiendo de la peor forma...

Las había leído, todas y cada una, intentó cada noche escribirle, explicarle, hallar el valor y decirle que era aquello que con tanto recelo se había empeñado en ocultarle desde el primer momento, incluso intentaba hallar el valor para decirle que la amaba como el cobarde que era escudándose en la fría distancia de una carta, pero no podía, no podía escribir tales verdades sin sentirse como el peor de los hombres o al menos creía que así se sentía el peor de los hombres.

Hasta que leyó aquella carta.

Basura se quedaba corto.

Era menos que basura, menos que una bestia o incluso un insecto, porque lo que había causado le atormentaría hasta el fin de sus días.

Tres palabras, tres insignificantes palabras y las manchas de lágrimas sobre el papel fueron suficientes para hacer que el héroe del crepúsculo sintiera que su alma se destrozaba por la culpa como nunca antes.

¿Qué había hecho?

¿Qué es lo que he hecho?

Se preguntó mientras en una desesperación y furia ciega estrelló su frente contra una pared.

Ni siquiera podía llorar, sin duda le dolía, le dolía como ninguna otra herida lo haría jamás, pero incluso así las lágrimas se rehusaban a salir, porque la furia contra sí mismo era más.

Eres un imbécil. Un cobarde. Una mierda.

No eres nada.

Cuando el dolor se volvió sordo la ira fue lo único que pudo hacerle mantener la poca cordura que le quedaba.

Zelda...

Perdóname...

(...)

Os he hablado de la ocarina y la espada, he contado todos los secretos que estas ocultan y como su uso podría llevar a la salvación o perdición de tanto el mundo como de quién le use, pero la última reliquia de la cual debo hablar no tiene tal concepto en su explicación, pues esta reliquia en su máximo líder como tal está más allá del bien o el mal y quien sea capaz de ejercer su poder al completo nunca podría hacer el mal, sin embargo su poder de forma parcial está sujeto a las pasiones mortales y es ahí donde reside el peligro.

Mis siguientes palabras podrían crearme un sitio en la horca, pero es mi deber entregar este conocimiento incluso si mi vida es el precio a pagar.

La última de las reliquias de Hyrule es aquella que las diosas doradas dejaron una vez abandonaron este mundo, me refiero a la Trifuerza.

(...) La Trifuerza es un poder capaz de cambiar la creación misma, se rige bajo la idea del principio universal del equilibrio y por ello solo alguien con perfecto equilibrio de las virtudes sagradas puede usarle por completo, si no solamente la virtud a la que sea más propicio residiera en él, pero no por ello la idea del equilibrio se deja de lado incluso siendo portador de una pieza de la Trifuerza se debe mantener un mínimo de equilibrio en nuestra alma y ser, pues el poder dorado busca su firma original, busca unirse con sus otras piezas y cuando un portador pierde aunque sea una parte del equilibrio que le hace digno de portar el poder de las diosas este se sale de control.

Y cuando esto sucede solo la unión entre virtudes trae el equilibrio.

(...) He hablado de la Trifuerza como una unidad y también como tres poderes distintos, en donde la pieza del poder y la sabiduría parecen las más peligrosas, pero permíteme detener tal pensamiento de tu mente mi lector, pues aunque ciertamente las piezas del poder y la sabiduría llenan de habilidades mágicas a sus usuarios no es en ellas donde el verdadero peligro de la Trifuerza se halla, sino que lo es la pieza restante.

Es la Trifuerza del valor de la cual debo advertiros.

Ligado al ideal del héroe el valor, coraje o valentía ha sido evocado a través de las eras tanto como lo han sido las princesas Zelda o la Espada Maestra, siempre describiendo al héroe y dándole el poder que necesita para salir victorioso, el coraje siempre habita sus corazones.

Por supuesto que la Trifuerza ligada a la diosa Farore iba a ser algo tan puro y elemental como lo es el valor, pero es en esta simpleza donde se oculta una terrible amenaza, pues así como las otras dos piezas dotan de habilidades a quienes le lleguen a portar la pieza del valor también lo hace.

La Trifuerza del valor no llena de magia a su portador, tampoco mejora sus habilidades, sino que simplemente llena de valor a su portador o mejor dicho, potencia el valor de su portador.

¿Entonces cuál es el peligro?

El valor es bueno, te da fuerzas cuando la moral flaquea, nada malo podría pasar con un exceso de valor.

Eso es un pensamiento equivocado.

¿Habéis olvidado que todo en exceso puede ser un veneno? ¿Qué incluso las virtudes pueden ser vicios?

Cuando el valor llena tu mente hasta el punto de sedar tu propio instinto de auto conservación es cuando la Trifuerza toma su lugar. A cambio de todo tu deseo de vivir la Trifuerza te dará la fuerza para vencer.

Para ejercer la tercera pieza de la Trifuerza has de estar dispuesto a abandonar tu propio ser con tal de proteger lo que más deseas y amas.

Tu espada no tendrá rival, pero harás arder tu vida hasta que no quede nada.

No existe nada imposible para aquellos que han olvidado lo que es ser algo más que una herramienta del diseño divino.

.

.

.

Link solo salía de casa para pastorear a las cabras, cada mañana al alba incluso antes de que Fado las sacará él lo hacía y simplemente se quedaba bajo el árbol más alejado observándoles hasta el atardecer en el que volvía a casa luego de meter a los animales en el corral.

Ilia les dijo a los niños que no hablaran con nadie sobre la carta que Link recibió, pero no hubo duda que fuera lo fuera que estuviera afectando a su amigo.

Tenía que hacer algo.

Iba de vuelta a casa a la hora que el sol se ponía, justo como lo había estado haciendo los últimos días.

Ya ni siquiera se esforzaba en intentar aparentar estar bien, no, se sentía vacío, como si nada tuviera sentido, como si nada valiera la pena.

Ni él, ni el resto, ni la vida.

Salió del rancho mientras Epona le seguía a tres pasos de distancia.

—Link, mi muchacho. —le habló el alcalde Bo a las afueras de su casa. — ¿Quieres practicar un poco de sumo?

Él solo negó y continuó su marcha.

—Link ¿Jugamos? —preguntó Talo a medio camino junto a Beth y Malo. —Esta vez Malo y yo seremos el gigante, ha verás cómo te venceremos.

Una sonrisa amable y un suave no, fue todo lo que dijo antes de continuar.

—Eh, Link, amigo ¿Quieres ir a pescar? A esta hora los peces son más activos. —Hanch sostenía una caña y carnada.

Así continuó hasta que logró salir de la aldea todos y cada uno de los habitantes le habló con amabilidad ofreciéndole hacer distintas cosas, invitaciones que rechazó de la mejor forma que pudo concebir.

Hasta que finalmente llegó a su casa a las afueras de la aldea y la visión que tuvo ahí terminó de partir su maltrecho corazón.

Rusl estaba ahí esperándole, junto a Colin y Uli que sostenía a Nadine en sus brazos.

Se detuvo frente a ellos y simplemente les observó con tristeza.

—Hijo...—fue la única palabra que logró escuchar antes de simplemente salir de ahí caminado lo más rápido que pudo.

Mamá, papá es muy fuerte, cuando sea grande quiero ser como él y protegerlos a todos.

Quiero proteger a mamá, a Ilia y a mi hermanito.

Dijo mientras llevaba su mano hacia el abdomen abultado de la mujer.

Debo protegerlos a todos.

Incluso si yo soy destruido en el proceso.

.

.

.

Estaba a las afueras del bosque en aquel camino que conducía a las llanuras de Hyrule, al castillo. Ahí en medio de la penumbra observaba la magnificencia de la construcción nuevamente completa, observaba preguntándose si ella también miraba hacia donde estaba él.

¿Si alguna vez pudiera soñar con un mundo donde él fuera digno?

Los suaves relinchos de Epona le hicieron voltear y ahí vio a su fiel compañera observándole con cabizbajo es una pregunta que incluso en su forma actual podría entender.

¿Estás bien?

Sus manos envolvieron su cuellos y sin dudar le abrazó con más fuerza que nunca.

—Estoy bien, niña. —dijo con suavidad sintiendo el tibio respirar de ella en su espalda. —Solo necesito tiempo, estaré bien, lo prometo.

Incluso un caballo podría entender la mentira en sus palabras.

Pasaron varios minutos hasta que finalmente Link se separó de Epona y ambos partieron a casa.

Su mano se mantuvo envuelta en el cuello de la yegua quien caminaba más apegada de lo normal a él y simplemente avanzaron hasta llegar al manantial de Ordona y se detuvieron una vez vieron a illa esperando por ellos.

Se mantenía firme, sin embargo la mirada llena de confianza que acostumbraba había desaparecido y ahora solo había temor en ella.

—Ilia. —le llamó en voz baja, aunque aún audible en medio del silencio.

—No estás bien. —no fue una pregunta y esta vez la determinación brilló en sus ojos.

Link dejó caer su mano del cuello de Epona y con calma le ordenó que fuera a casa, ante lo que la yegua obedeció no sin antes acariciar su hocico por última vez contra su rostro.

Le miró fijamente y con un suave movimiento de cabeza le indicó caminar hacia el manantial y una vez ambos estuvieron mirando hacia él hablaron.

— ¿Qué fue lo que viste? —inició ella.

— ¿En dónde?

—En la invasión, tu padre dice que lo que viste te ha cambiado, que es lo normal, que debemos entenderlo ¿Pero cómo se supone que debo entender si no me dices nada?

Esta vez guardó silencio.

— ¿Acaso no ves que estamos preocupados? Todos lo estamos, incluso los niños lo están. Tu madre lo está.

De todos en Ordon Ilia nunca dejó de referirse a Rusl y Uli como el padre y la madre de Link, incluso si nunca supo por qué dejó de llamarles de tal forma, nunca nadie, ni siquiera él se atrevería a negar tales roles en su vida.

—Incluso si les dijera la verdad ¿Qué cambiaría? Dime si yo no pude con todo lo que vi ¿Qué les haría distintos a ustedes?

— ¿Nos estás menospreciado? —volteo a verle con indignación y furia.

—No. —dijo también volteando mientras sus ojos reflejaban el vacío en su interior. —Intento protegerlos.

— ¿De qué?

Link volteó su mirada hacia las aguas y sintiendo el ligero sonido de ellas suspiró profundamente.

¿Realmente crees que puedes ser parte de aquel pueblo?

Les has mentido a todos desde un principio.

Miró sus manos y las vendas que cubrían sus brazos.

—De mí—dijo con amargura.

Las vendas cayeron al suelo seguido de su camiseta y ahí bajo la tenue luz de la luna las marcas de viejas heridas fueron visibles.

—No se trata de que vi, Ilia. Se trata de lo que el crepúsculo hizo conmigo. De lo que yo mismo me hice. Fallé, muchas veces, justo como te falle ese día hace siete años, les falle a los niños, le falle a Midna y le falle a Zelda. —dijo con amargura. —Incluso ahora sigo fallando en proteger todo lo que amo.

Porque no soy digno de ello.

Ella solo miró estupefacta la visión del chico, de su amigo, de su amado Link completamente destrozado.

No había un solo lugar que no tuviera una cicatriz.

¿Cómo? ¿Cómo es que pudo salir vivo?

¿Cómo es pudo continuar luchando a costa de su propio ser?

¿Cómo es que ese hombre frente a ella podía llamarse a sí mismo un fracaso cuando seguía de pie después de recibir todo ese castigo?

¿Y por qué?

Por ellos, por todos ellos. Por su familia, sus amigos y todo un reino.

Ese hombre no podía ser un fracaso. Nadie que fuera capaz de dar tanto podría serlo.

—No nos has fallado, tampoco me fallaste aquel día. Éramos niños, Link, casi morimos y aun así no dudaste en enfrentar a una bestia cuando no teníamos escapatoria. Has dedicado tu vida a todos nosotros...

— ¡No lo entiendes! —Alzó la voz como nunca lo había hecho con ella. — ¡Fue mi culpa! Justo como ese día en que insistí en ir al bosque a pesar de que no querías, mi ineptitud casi te mata. —apretó sus puños sintiendo la frustración crecer. —Y por mi ineptitud le deje morir, aunque puede salvarle la culpa me corroe, porque no soy digno, sin importar que haga nunca seré digno de que dedique sus sonrisas a un hombre miserable como yo.

Nunca podré ser más que esto.

Fue solo un momento en que la sorpresa cubrió su mente y luego vino la asimilación de sus palabras.

Él...

—Te enamoraste de la princesa. —dijo con incredulidad. —Por eso miras en dirección hacia el castillo cada día, por eso tu ánimo cambió cuando el cartero vino y...te estuviste ocultando de él ¿Tú estás huyendo de ella?

No iré a ningún lado, no más.

—Tú no le dijiste que no volverías, ni has estado respondiendo sus cartas... ¿Ella te corresponde? ¿Le dijiste que la amabas y solo huiste?

—No, ella no lo sabe y nunca lo hará...

La bofetada resonó con dureza de la misma forma que lo hicieron las siguientes palabras de la chica.

— ¿Cómo te atreves?—dijo con ira y frustración. — ¿Cómo te atreves a llamarte a ti mismo un hombre? No solo me mentiste sino que también le mentiste a ella ¿Sabes cómo está? ¿Si se culpa de tu silencio? ¿Si sufre? Te haces llamar héroe y haces sufrir a las personas sin medir tus actos ¿Cómo te atreves?

Él solo le miró y una vez asimiló sus palabras una suave risa salió de él. No con burla o siquiera ánimo, simplemente rio con amargura y antes de que ella pudiera decir algo, habló.

—Tienes razón... No soy un héroe, no más y nunca lo fui.

Tú solo eres una herramienta.

Incluso sin importarle su ropa o intentar escuchar la réplica de su vieja amiga, Link dio la vuelta y volvió a su casa.

¿Quién salva a aquel que los salva a todos?

¿Qué hace digna a una persona?

¿Qué hace el amor en quienes no se pueden aceptar?

.

.

.

Otro día terminó, el anochecer había llegado y Link simplemente caminaba nuevamente hacia su casa, nadie le hablaba y él no les hablaba, Ilia había desistido de tratar con él e incluso los niños le evitaban.

Recibes lo que mereces.

Avanzó hasta la entrada de la aldea y desde ahí los relinchos alegres de Epona llamaron su atención.

Pues Epona solo le sonreía a tres personas y ese solo pensamiento, abrió paso a una simple idea que fue lo suficientemente fuerte como para que apurara el paso y una vez se detuvo frente a su casa lo que vio le dejó fuera de sí.

No debería estar ahí, era imposible, debía ser una broma, una terrible.

Sus piernas temblaron cuando su mirada se posó en él.

El lobo dorado estaba ahí.

Su maestro había vuelto.

Abrió su boca, pero nada salió de ella, logró dar un paso tambaleante y simplemente logró que la bestia diera la vuelta y marchara hacia el bosque.

—Espera. —alcanzó a decir de alguna forma, sin embargo no fue tomado en cuenta y el espíritu siguió su camino.

Sus piernas volvieron a ser firmes y su espíritu pareció haber recordado la bendición que portaba, pues salió a toda velocidad y sin dudar en persecución de él, pero no había forma de que una persona pudiera alcanzar a un lobo cuando corría por ello no tardó en detenerse exhausto en medio del bosque.

¿A dónde fue? ¿Por qué estaba ahí?

La primera vez que le vio fue cuando su destino fue declarado, cuando la misión de acabar con el mal que asolaba Hyrule había iniciado, él fue el verdadero heraldo quien le guío hacia la verdad.

Y si estaba aquí, solo podía significar que algo había sucedido u iba a suceder.

Si Hyrule estaba en peligro, si Zelda lo estaba...

Ignoro el dolor en su mano y simplemente tomó la empuñadura de la Espada Maestra oculta por la tela, incluso si la espada le rechazaba o tomaba su vida, no permitiría que nada ni nadie le tocara.

Sería un alma errante hasta el fin de los tiempos si no podía proteger a Zelda.

Su vista se centró en el paisaje a su alrededor y con aquella determinación nuevamente encontrada logró notar el rastro de huellas en el suelo.

Huellas frescas de lobo e iban solo hacia un lugar.

La arboleda sagrada.

.

.

.

No había vuelto a ese lugar desde la última vez hace ya casi dos semanas y una vez llegó a su entrada simplemente se encontró con el Skull Kid quien bailaba mientras su trompeta llenaba de aquella canción todo el lugar.

Si nuevamente tenía que pasar por sobre el espíritu para llegar hasta su maestro lo haría, no le importaba que le probaran. Link se preparó para tomar sus armas cuando la trompeta dejó de sonar y el risueño ser se detuvo y simplemente le miró.

—Está aquí. —Dijo para sorpresa del joven con una voz aguda. —Está aquí. —repitió con más ánimo. —El amigo de Saria está aquí.

— ¿Saria? ¿Quién es...

Incluso antes de que pudiera comprender que estaba sucediendo el niño simplemente retomó su tonada y desapareció.

¿Pero qué demonios?

No hubo nada que le detuviera hasta el pedestal de la espada y una vez ahí le encontró, sentado a cuatro patas mientras contemplaba el pedestal vacío.

Link se acercó con lentitud y una vez estuvo a tres pasos de él, le llamó.

—Maestro.

De inmediato el escenario cambió y la bruma cubrió todo mientras a la distancia el castillo de Hyrule se alzaba.

—Te has encontrado con un destino terrible ¿No? —fue lo único que recibió como respuesta del espectro de quién alguna vez fue un héroe.

No dijo nada.

—¿Oh? ¿Te ha comido la lengua el gato? Te he hecho una pregunta. —dijo con cierta impaciencia en su voz.

—¿Por qué estás aquí? ¿Ha pasado algo? ¿Hyrule está bien? ¿Zel...la princesa está bien?

—¿Ahora te preocupas por su alteza? —rio secamente.

—Por supuesto que me preocupo por ella, es importante para mí.

Ni siquiera vio venir el revés que le golpeó el rostro con dureza.

—No sé si solo eres estúpido o si realmente tienes cojones como para decir aquello frente a mí.

Él solo guardó silencio mientras tocaba su mejilla.

—¿Nada que decir? Bien, porque yo tengo mucho que decir ¿Por qué no has vuelto?

Nuevamente silencio.

—¿Por qué la Espada Maestra no ha sido devuelta?

Apretó sus dientes.

—¿Por qué insistes en ser un necio? ¿Acaso no lo ves? ¿Realmente eres tan estúpido? Ella está esperando por ti.

Agachó su mirada con vergüenza sin decir nada.

Esta vez el puño de su maestro le envío al suelo.

—¿Y se supone que un cobarde como tú eres el héroe de Hyrule? Me das asco.

El sonido del metal chocando contra el suelo le hizo alzar la mirada solo para hallar una espada a sus pies.

—Defiéndete. —dijo con frialdad.

—¿Qué?

Una patada le dio de lleno en el estómago enviándole de espaldas al suelo. Lentos pasos resonaron y el rostro esquelético lleno su visión.

—He dicho que te defiendas, toma esa espada y lucha. —dijo para luego alzar su pie y dar un pisotón en dirección hacia su cabeza.

Link rodó por el suelo esquivando un golpe que sin duda le habría matado.

Él no estaba jugando, realmente quería matarle. Su mano subió hasta la empuñadura de la Espada Maestra, mas se detuvo antes de poder tocarle y sintiendo el avance de su maestro rápidamente tomó el arma tendida en el suelo.

—Traes vergüenza a nuestro linaje, a nuestra espada, a mí y sobre todo a la sagrada misión que se nos ha encomendado. No lo voy a permitir, no más.—su ojo brillo con una malicia hasta ahora desconocida y su carga comenzó.

Se movió en lo que prácticamente fue un parpadeo hasta quedar frente a él y sin mayor preámbulo lanzó un nuevo golpe directo a su cara el cual esquivó agachándose aunque solo consiguió recibir un rodillazo que le alzó de vuelta a su posición.

—¿Es todo? —Pregunto mientras tiraba de su cabello para mantenerle de pie.— ¿Este es el aclamado héroe del crepúsculo? ¿Una pequeña mierda como tú salvó al reino? Las diosas los eligen cada vez con menos tino.

La sangre emanó de su boca y nariz con fuerza, pero incluso antes de que pudiera pensar en algo más su maestro continuó.

—¡Lucha! —grito mientras le daba otro golpe en el estómago. —Si quieres vivir, lucha. —otro golpe. —Si quieres volver a casa, lucha. —uno más. —¡Si tanto deseas ver a Zelda entonces lucha!

¿Qué estás dispuesto a hacer por Hyrule, héroe?

¿Por qué solo siento tristeza en tu ser?

¿Qué eres sin esa espada?

¿Es esto lo que realmente deseas, Link?

Lucha.

Lucha para volver con ellos.

Un nuevo golpe se dirigía a su rostro, pero esta vez reaccionó y le detuvo con su frente lo que dio un espacio de tiempo para poder tomarle de su muñeca y con fuerzas que no creía tener alzar su espada y cortar su brazo sin dudar.

Lucha.

Para ser digno y corresponder los sentimientos de todos.

Lucha para volver a ver a Zelda con la frente en alto.

Ten coraje, Link.

El espectro retrocedió sorprendido ante su actuar aunque rápidamente lo dejó y su brazo volvió a materializarse en su lugar.

De haber podido habría sonreído.

—¿Has hallado tu determinación?

Link alzó su hoja con una postura firme mientras ignoraba el dolor y simplemente observó cómo ante él su oponente tomaba un arma desde su espalda.

Era la Espada Maestra.

La espada que se suponía estaba en su espalda, aquella que pesaba y sin embargo ya no estaba al igual que su maestro.

—Muéstrame tu valor, Link. —dijo quien ahora era un hombre alto de cabello rubio, vestido de verde bosque y con un ojo cerrado por una cicatriz.

Fue así como el último duelo entre maestro y pupilo comenzó.

Su mano no dolía, la herida que ni siquiera las aguas de los manantiales de luz pudieron curar ya no dolía, quizás era la adrenalina o quizás el resto de sus heridas estaba afectando sus sentidos, pero fuera como fuera, Link debía luchar.

Sus espadas chocaron con fuerza y ambos se miraron, estaba en desventaja, no solo su oponente estaba ileso, sino que también tenía un escudo, uno con la cresta real y de acero como el que solía cargar, aunque mucho más grande acorde a la estatura de su maestro, pero eso no podía detenerle.

Arremetió contra él en una rápida combinación de ataques la cual fue evadida por el espectro al rodar por el suelo hacia un costado de y logrando posicionarse hacia atrás dándole espacio para un rápido contraataque con una de sus técnicas.

Link a duras penas logró dar un salto hacia atrás evitando que el tajo trasero le matara.

—No muchos lograron evitar eso. —dijo el héroe de antaño de pronto con cierta gracia en su voz. —¿Podrás con esto? —alzó la Espada Maestra hacia el cielo y logrando que brillara de un intenso azul y una vez le hizo descender en un veloz movimiento un haz de luz salió disparado hacia él.

Rodó hacia un lado y volteó inmediatamente para ver cómo la cuchilla de energía destruía parte del suelo.

¿La Espada Maestra siempre pudo hacer eso?

Otro haz de luz cortó sus pensamientos y rápidamente le esquivó mientras intentaba acercarse.

Si tuviera su escudo podría reflectar esos ataques o al menos bloquearles, pensó mientras rodaba por el suelo, eran ataques potentes y relativamente rápidos, sin embargo, no parecía posible que lanzará dos al mismo tiempo, no, cada vez que alzaba la espada hacia el cielo está parecía acumular alguna clase de poder y una vez obtenido podía lanzar el ataque y así cada vez.

Ello bastó para idear un plan, volvió a rodar para acortar distancias y una vez se puso de pie un nuevo ataque estaba listo para ser lanzado y así fue, pero en vez de rodar como lo había hecho hasta ahora simplemente corrió hacia adelante y salto logrando esquivarle y una vez en medio del aire alzó su espada y apuntó directamente hacia su cabeza.

El rompe yelmos falló.

Su ataque parecía listo para conectar, no había forma que pudiera alzar su escudo a tiempo y tenía razón, pero siempre se puede esquivar. Su maestro con una calma fuera de toda lógica simplemente dio un paso hacia la izquierda y le esquivó como si no fuera más que alguien en su camino, Link aterrizó sobre sus pies incrédulos de la brecha entre ellos.

—El rompe yelmos solo sirve si tu oponente es capaz de ser sorprendido, por ello no funcionó con Ganondorf. —dijo mientras le golpeaba de lleno con su escudo en el rostro. —Mucho menos va a funcionar conmigo que soy más inteligente que ese cerdo. —agregó mientras le tomaba de los hombros y le daba un rodillazo en el vientre enviándole al suelo.

¿Luchar?

No había forma en el mundo que le venciera, él simplemente era algo ajeno a todo lo que podía concebir.

—¿Ya estás dudando? ¿Eso fue todo? ¿Un poco de adversidad y ya estás con el rabo entre las patas? —habló secamente nuevamente viéndole desde arriba. —Te dije que me mostraras tu coraje, que es lo que te hace digno. —Le pateó las costillas con brutalidad y haciéndole rodar por el suelo.— ¿Cuál es tu valor como hombre, Link? ¿Qué eres sin estos ropajes verdes y espada?

Cállate...

Un gruñido reverbero en su garganta mientras se ponía de pie con dificultad.

—¿A qué le temes? —insistió su maestro mientras cargaba hacia él. —¿Por qué insistes en ser un necio? — lanzó una estocada que el menor esquivó moviéndose hacia un lado. —¿Por qué le mentiste a Zelda? —Un golpe en diagonal que bloqueó con su espada. —¿Por qué le mentiste a tu familia?

Cállate...

—Dime cuál es el secreto que te trae tanto tormento.

¿Qué es lo que harás, héroe? ¿O debería decir bestia divina?

—¡Cállate! —grito de pronto el menor al mismo tiempo que movió su espada con violencia y simplemente arremetió fuera de sí contra su maestro. —¡Cállate! —grito mientras se movía en un frenesí. —¡Cállate! —sus golpes eran erráticos, sin embargo la fuerza tras ellos era inmensa, tanto así que incluso el legendario héroe de antaño sintió sus pies retroceder contra su voluntad con cada bloqueó.—¡Tú no sabes nada! ¡No lo entiendes! —su voz comenzó a ser cada vez más desesperada al igual que sus movimientos comenzaron a cesar. —¿Qué podrías saber tú? Yo no soy como tú. No soy un héroe, no soy digno de la Espada Maestra, de mi familia, de Ordon ¡De Zelda! —un último golpe descendente impactó contra la espada destructora del mal y al mismo tiempo que gritaba toda su desesperación su arma se quebró.—No soy más que un fracaso. —dijo en voz baja mientras baja sus brazos y cabeza.—Enamorándome de mi soberana, fallándole a mi amiga de la infancia, decepcionado a mi madre. Viviendo creyendo que podría ser algo más que esto. —cerró sus puños con frustración. —Yo...

—No eres un fracaso, mucho menos débil. —de pronto la suave voz de su maestro le detuvo. —Has sido fuerte todo este tiempo, Link y lo seguirás siendo, porque solo aquellos realmente fuertes son bondadosos incluso si a veces pierden el camino.

Cruzó su mano tras su nuca y con la misma delicadeza que un padre con su hijo le atrajo hasta su pecho donde con calma le abrazó.

—Has sido fuerte, has dado más de lo que inclusive yo alguna vez estuve dispuesto a dar y si eso no es ser un héroe entonces no sé lo que es. Pero es momento de que te detengas, abandona este camino, hijo mío, deja que quienes te aman te protejan como tú has cuidado de ellos.

Protege a quienes amas.

Protege a tu familia.

Lo prometo siempre y cuando prometas cuidar de ti cómo cuidas de mí.

"Por favor vuelve..."

Sus manos se aferraron al hombre con apremio y simplemente correspondió mientras sus un sollozo desgarrador salía de él.

—Te he estado escuchando todo es tiempo, Link, cada vez que ibas a mi tumba por las noches a escondidas, he oído tus lamentos y tormentos y es por ello que no puedo dejarte continuar con esto. No voy a dejar que te destruyas a ti mismo.

.

.

.

Las horas pasaron y ambos se encontraban ahora sentado frente a una fogata, las heridas de Link habían desaparecido, mientras que su maestro mantenía su forma verdadera.

Habían hablado, de mucho, de todo, de nada, pero aún había algo que se debía decir, algo que finalmente debía ser transmitido a las nuevas generaciones y Link era él indicando para ello.

—Déjame contarte una historia, niño. —dijo de pronto con seriedad el héroe del pasado. —mientras miraba el fuego. — Una que nadie en este reino sabe, una historia que se perdió en el mar del tiempo.

Alguna vez hubo un héroe que viajó a la deriva en el tiempo.

Le contó todo, su vida entre los niños del bosque, la soledad de ser el único sin hada, sobre su amiga, el comienzo de todo aquella mañana en que una hada llego hasta su casa, el llamado y muerte de su padre, la verdad sobre su origen, las piedras espirituales, su encuentro con la princesa, el rey del desierto, los sabios, la ocarina; todo. Durante horas le hablo sobre todo lo que vivió, todo lo que hizo y nadie recordaba, pues nunca había sucedido, no en este tiempo.

—Cuando ella me dijo que lamentaba tanto el haberme arrastrado a aquella lucha, que lamentaba haberme privado de mi infancia. Solo por una vez fui capaz de decir aquello que durante cada día pensaba cada vez que su recuerdo me asaltaba. He luchado por ti. —su expresión se tiñó de ligera tristeza y con mirada nostálgica continuó. —Al final ella me envió de vuelta al pasado, al mismo punto antes de que le conociera en aquellos jardines y fue ahí donde la historia que todos conocen comenzó, pero mi historia, no término ahí, no, mi sufrimiento estaba solo comenzado.

El crepúsculo fue un infierno para Link, pero Termina le hacía ver pequeño.

Ver a las personas que conocías morir, fallarles una y otra vez y comenzar todo desde un principio sin que nadie te recuerde, ese era un destino peor que la muerte.

Pero su maestro no se detuvo ahí, le siguió contando su vida, sus viajes, lo que descubrió y todos los que ayudó hasta que finalmente volvió, se casó, tuvo una familia y sirvió a Hyrule hasta el fin de sus días.

—Solo una vez en mi vida me permití ser egoísta y expresar mi mayor deseo. La guerra estaba próxima y debía marchar a la mañana, la reina estaba reacia a ello especialmente luego de la muerte del rey y su hijo menor el invierno pasado. Nuestra relación nunca fue más allá de la un soberano y su protector, sin embargo a lo largo de nuestra vida siempre tuvimos una conexión profunda.

Has dado tanto por esta tierra, por su gente, por mí, incluso ahora sigues dando más de lo que cualquier hombre daría y mañana partirás a batallar una vez más en mi nombre. Nunca podré pagártelo.

No merezco tales palabras, su majestad, para mí Hyrule lo es todo y servir a él mi mayor orgullo.

Ella sonrió con tristeza.

La primera vez que te vi siendo una niña supe que no eras como los demás, no solamente porque literalmente saliste de mis sueños sino que algo muy profundo dentro de mí me dijo que eras especial por eso le di la ocarina, especialmente porque entendía que no permanecería a mi lado. En esa entonces pensé que esa sería el fin de nuestra historia, pero las diosas te trajeron de vuelta ya no siendo un niño de suave sonrisa y tenues palabras si no un guerrero silente y fría mirada. Nunca imaginarias cuan feliz fui el día que escuche mi canción de cuna desde los jardines, ni tampoco cuán triste me sentí cuando vi lo que tus viajes te hicieron. Cambiaste, creciste, maduraste y también te apagaste, poco quedaba del niño kokiri que conocí y sin embargo seguías siendo él. Siempre dispuesto ayudar, valiente y noble. Y fue así como desde tus diecisiete años dedicaste tu vida a la corona, entrenaste a mi ejército, protegiste a mi gente, jugaste con mis hijos, todo sin pedir nada a cambio más que unas pocas rupias. Pero si por un momento dejaras toda tu bondad y amor por esta tierra ¿Serías capaz de decirme que es lo que más deseas? ¿Qué es lo que encierra tu corazón?

—Nunca tuve derecho a decirlo, no en esta era donde era nadie, no cuando era un insulto al sacrificio que todos hicieron en aquel otro tiempo, no cuando le falle al dejar morir a su familia, pero quizás sabiendo que no habría otra oportunidad hablé y dije las palabras más sinceras y crueles de toda mi vida.

Solo hay una cosa que he deseado toda mi vida, mi reina, pero ese deseo es un sacrilegio a quien me lo dio todo, por ello me he negado a buscar algo más, pero sí le puedo decir cuál sería mi mayor deseo en la próxima vida.

A pesar de mi herida mi ojo derecho aún podía abrirse aunque era algo que evitaba por su aspecto, pero en aquel instante solo quería que me viera como en aquel otro tiempo lo hizo por una última vez.

Permítame descansar bajo un árbol sagrado como fue mi padre y desde ahí velar por este castillo y usted por la eternidad.

.

.

.

—Link, te he contado mi viaje, mis angustias y alegrías, pero no para que pienses que has sufrido poco en comparación, sino porque quiero que entiendas que todo tu dolor no está mal, eres mortal como cualquier otro, no un objeto del diseño divino, no una herramienta y es por ello que sufres, pero tu sufrimiento no es un castigo a tus faltas.—negó mientras dejaba caer su mano sobre su hombro. —Has llenado de orgullo a esta alma penitente, tú mi propio descendiente has acabado con mi enemigo, has protegido al reino que ame, a la descendencia de mi reina, la naturaleza que mi esposa amaba. Tú eres mi orgullo y alegría, Link, por ello debes crecer, debes aprender, así como estás dispuesto proteger al resto también debes estar dispuesto a pensar en ti, a aceptar ayuda, a seguir siendo humano incluso a pesar de las angustias que te pueden esperar.

Así como proteges a todos, permite que otros cuiden de ti.

Ve a donde tu corazón se llena y pide perdón a quienes has dañado, especialmente a quien siempre va a estar para ti.

Sé valiente, Link y avanza con la frente en alto.

.

.

.

Sus ojos se abrieron de golpe, estaba en su casa, sobre la esterilla que usaba de cama, el amanecer estaba próximo y una vez entendió dónde estaba se puso de pie de golpe.

¿Fue un sueño?

Su maestro nunca estuvo con él.

La espada rota a su lado le dio la respuesta que necesitaba.

Miró hacia la mesa donde las cartas de Zelda se encontraban y desde ahí podía leer con claridad la última de ellas.

Ve a donde tu corazón se llena y pide perdón a quienes has dañado, especialmente a quien siempre va a estar para ti.

Ve y pide perdón.

Salió sin preocuparse de sí tenía sus vendas en sus brazos o si la Espada Maestra estaba con él, no le importaba, no ahora, tenía que hacer algo más importante.

Esta vez no iba a dudar.

Se detuvo frente a la puerta de la casa de Rusl y Uli mientras el coraje llenaba su ser golpeó la puerta.

Fue ella quién le recibió, con una cálida sonrisa y justo como recordaba le llamó llena de cariño.

Un nudo se formó en su garganta mientras sentía que su corazón no podía con la alegría que sentía al verle.

—Mamá. —fue lo único que dijo para luego simplemente abrazarle como si su vida dependiera de ello. —Lo siento, lo siento mucho... —dijo entre lágrimas mientras la mujer abrazaba a su hijo con todo el amor que solo una madre podría profesar.

Rusl mecía lentamente a Nadine dentro de la casa.

—¿Papá Link está bien? —preguntó Colin a su lado.

El mayor le sonrió con cariño y asintió.

—Lo estará, tu hermano ha vuelto, por fin ha vuelto.

.

.

.

La noche nuevamente había llegado, había pasado todo el día junto a su familia, hablando con su padre, cocinando con su madre, jugando con sus hermanitos. Había vuelto, el Link que se perdió aquel día que luchó contra un lobo siendo un niño había vuelto y está vez ninguna cicatriz o demonio interno le volvería a vencer, no, porque él no estaba solo.

Dos suaves golpes resonaron en su puerta y rápidamente se puso de pie para ir a ver quién era, quizás era Ilia que se enteró por el resto de que había mejorado, pues Pergie, Hanch y Jaggle fueron a hablar con sus padres y una vez le vieron y notaron que si expresión ya no era la melancólica o vacía de los últimos días, no dudaron el hablar con él como solían hacerlo. Quizás por eso era Ilia, que venía a verle y a quien sin duda le debía una gran disculpa.

Abrió su puerta con calma y sin embargo de pronto toda la paz que sentía desapareció junto con su aliento, pues frente a él no estaba su amiga de la infancia, no, era un recuerdo, uno demasiado vivido para ser un recuerdo.

Una capa negra le envolvía cubriendo sus ojos al igual que la primera vez que le vio y sin embargo ahora sabía quién era, por supuesto que lo sabía.

Zelda estaba en Ordon.


Notas del autor.

¿Cómo les va? a mi horrible, pero lo bueno es que básicamente escribí 5000 palabras entre anoche y hoy...de nada, de nada.

Bien al grano, porque esto no se va explicar solo.

Sí, tiene problemas de autoestima.

Creía que se entendía bastante bien, pero igual lo menciono ahora, pues la razón de esto nace un tanto de mi propia crítica al ideal del héroe perfecto, que siempre sale victorioso y no parece tener ni un problema con todo lo que llega a hacer, así mismo me tomo de la idea del manga de TP en la que Link tiene una ligera obsesión con ser parte de Ordon pues en dicho manga Link llega un año y medio antes de la historia huyendo de su pasado.

Así mismo, el incidente del lobo y la muerte de Zelda son catalizadores para todo lo que Link normalmente no expresa pero si siente sumado a la idea que se presenta de la Trifuerza, dando una combinación perfecta para el desastre.

¿Que la sombra del héroe no quiere que Link sea feliz?

Buen chiste, quiere que sea bastante feliz incluso si le dio una paliza para hacerle entender. Un poco de amor duro...

Este capítulo sigue con esa forma de narrar erratica a medida que Link se hunde más y más en su miseria, omitiendo detalles de forma arbitraria siendo el que más destacó el papel de Uli, Link fue expresamente a pedirlle perdón a ella de todas las personas y eso habla bastante del mismo personaje protagonista como de la importancia del secundario.

Respecto a Ilia solo diré, que realmente debió golpear más al rubio...no le di una caracterización particularmente agresiva como algunos hacen, ni siquiera celosa pero si empática incluso con una desconocida como la princesa.

Además estuve molestando bastante a alguien con cambiar el ship de esta historia a Iliaxlink solo por joder, aunque de todas formas me dí mi gusto y dejé claro que esos dos estaban bastante cerca el uno del otro antes del crepúsculo.

Siéntanse libres de quejarse de ello, voy a disfrutar cada razón que me den de porque Ilia es fea...(que forma más madura de justificar algo.)

Bien antes de pasar a responder comentarios tengo que dar un agradecimiento aquí.

Este capítulo se escribió rápido, al menos en tiempo real, pero desde que terminé el anterior tenía un bloqueó con cierta parte de este capítulo y alguien me ayudó con ello, de forma inconsciente.

Artemiss sé que vas a leer esto y te vas preguntar de qué habló, no te lo diré, solamente me ayudaste a ver algo con otra perspectiva y me ayudó a escribir mejor. Gracias por eso.

Bien pasando a los comentarios.

red dexholders.

Amigo si la gente ya pierde la cabeza por Iliaxlink en un juego con un romance como el de una piedra no quiero ni imaginar que harían si fuera un juego de citas.

No tengo nada que decir de la ocarina... aún.

Gracias por seguir leyendo.

Saludos.

No se qué es más errático si está nota o el capítulo, pero bien no importa estoy particularmente estresado...quiero una energética y uno de esos tubos de cáncer que tanto insisten que deje de consumir.

Asi que terminemos con esto.

Como siempre espero que hayan disfrutado de su lectura y así mismo mencionar que todo comentario, crítica o deseo de debatir algo sobre la historia sera bien recibido.

Dicho eso.

Se despide atentamente.

Starrk00.

PD: próximo capítulo en un máximo de un mes a contar de hoy y preparen las palomitas porque cambiamos a una narración desde la perspectiva de Zelda.