Capítulo 21

Su primer impulso fue retroceder unos pasos, su primer encuentro después de diez años terminó en discusión, él quería que le explicara todo en ese momento, pero sabía que sería imposible, pues la función aun no terminaba y debía regresar al escenario. Aunque ese tal Andrew tampoco se lo había hecho tan fácil, rogaba porque no se lo encontrara una vez más, pero eso no iba pasar, pues estaba seguro que probablemente él estuviera ahí. Tal vez Rin le había pedido que no dejara entrar después de los sucesos de la noche pasada, pero debía intentarlo.

Entró por la puerta trasera del teatro, estaba completamente solo todos los pasillos a comparación de ayer, pero eso no lo detuvo.

Escuchó una melodía tranquila que provenía desde el escenario, esa voz era incomparable, era ella.

—No Señorita Brightman – la reprendió el pianista, deteniendo la música – Se ha saltado muchas notas ¿Está bien, señorita?

Ella asintió.

—Bien – asintió el hombre – Continuemos – dijo y volvió a tocar el piano.

Pero la verdad era que estaba mal, el haber visto a Sesshomaru no hizo otra cosa más que provocarle estragos en su vida, ella pensaba que después de esos años ya lo había olvidado, pero lo cierto era que no. ¡Dios! Seguía igual de atractivo que siempre, incluso esa mirada llena de rencor lo hacía mucho más guapo que antes.

Nunca olvidó su imponente mirada, esos labios delineados y carnosos que cada vez que la besaban –en el pasado – la hacían perder la cordura y pedir más de él. Sus ojos, cada vez que se miraba en ellos podría perderse durante horas.

Y ese cuerpo…

—No, no, no – dijo aún más frustrado el anciano músico – Lo mejor es descansar un par de minutos ¿Le parece?

—Sí, maestro – ella asintió.

— Iré afuera.

El anciano hombre se levantó del banquillo y salió del escenario, dejando a la joven sola.

Tomó asiento en el suelo de madera y miró a su alrededor, los asientos estaban completamente solos, ninguna alma que pudiera verla o incluso que percibiera su sufrimiento.

Después del debut de anoche, Shippo no dejaba de hacerle preguntas sobre quién era el hombre que la había visitado en su camerino, su pequeño hijo, tantas veces que él le preguntaba sobre su padre y ella cada año le inventaba una mentira, ahora era diferente, ya no tenía una mentalidad ingenua en que se creía cada mentira. Y de pronto allí estaba él, mirando a su hijo y preguntándole si era de uno de sus tantos amantes.

Cuando en realidad fue el primero y el último con quien tuvo intimidad, al que amó y…

—Debo confesar que no esperaba encontrarte aquí.

Al escuchar su voz, levantó la cabeza alarmada, volteó y ahí estaba él, recargado en el piano ¿En qué momento había llegado allí y por qué no lo había escuchado venir?

Se levantó del suelo y se aclaró la mente.

—¿Qué haces aquí? – Preguntó ella — ¿Y cómo entraste?

—Entré por la puerta trasera – respondió esbozando sonrisa sarcástica, mientras le echaba un vistazo al piano.

—No debes estar aquí – dijo ella – Si alguien te ve…

—Pero no va a pasar eso – la interrumpió al mismo tiempo que tomaba asiento en el banquillo que estaba en frente del piano, deslizó sus dedos por las teclas, deseoso de tocar aunque fuera una nota – Hace mucho que no tocaba un piano – confesó – Después de que marchaste.

Una de las principales cualidades por las que ella se había enamorado de él, era precisamente esa, porque tocaba el piano como los ángeles.

Algo lo motivó a tocar el piano y lo hizo, pero sus notas no eran dulces y alegres, eran más bien notas oscuras, llenas de dolor.

Rin se acercó a él…

—Dime ¿Ha que has venido?

Sesshomaru dejó de tocas, agachó la cabeza y suspiró y la miró.

—Hay muchas cosas de que hablar Rin y bien lo sabes – explicó él sin dejar de verla –No me iré esta vez hasta que respondas cada una de mis preguntas.

Antes de que ella pudiera responder, se escucharon pasos que provenían atrás del escenario, Rin asintió, muy bien, había llegado el momento de hablar con él, de explicarle los motivos por los cuales ella lo había dejado.

—Está bien – dijo ella – Pero no será hoy

—¿Esta noche?

Ella asintió una vez más.

—Después de que termine la función.

—De acuerdo

—Pero ahora vete, si te ven te echaran de aquí

Sesshomaru se levantó del banquillo y se acercó a ella.

—Espero que no lo olvides – susurró para que solo ella lo escuchara –Te veo después de la función, pequeña arpía.

Rin suspiró, no le agradaba que le dijera arpía pero después de todo de algún modo se lo merecía.

—Te doy mi palabra de que estaré ahí.

Sesshomaru no dijo nada, solo giró sobre sus talones y se alejó de ahí.

—Si – Kagome asintió – Ese "tipo" está protegiéndome.

—No lo quiero ver cerca de ti – comentó él— — Así que dile que ya no necesitas de tus servicios.

Kagome detuvo su andar, se cruzó de brazos y lo miró fijamente.

—¿Qué? – Inuyasha se encogió de hombros al verla seria.

—Lo siento, pero no lo haré – ella negó con la cabeza – Esta vez no va ser como tú quieras Inuyasha.

Inuyasha se llevó una mano al pelo, no quería alzar la voz y mucho menos que esta conversación terminara en otra pelea, pero a veces, por más que intentara hablar de una manera más civilizada, no podía, ella era desesperante.

—¿No te das cuenta que puedes salir lastimada? – preguntó, tratando de hacerle entrar en razón.

—Estoy consiente – ella asintió

Él suspiró resignado y la miró.

—¿No voy hacerte cambiar de opinión verdad?

Kagome se encogió de hombros y esbozó una pequeña sonrisa.

—No

—Bien – Inuyasha asintió, acercándose un poco a ella— – Al menos déjame estar a tu lado cuando este con Naraku – dijo él, apoyando su frente en la de ella, mirando sus labios con intención de quererla besar.

El corazón de Kagome dio un pequeño salto, si dejaba que la besara se estaría poniendo ella misma en una bandeja de plata ante él y no podía permitirlo, pero por el otro lado, ansiaba esos labios, no podía seguir negando que aún lo amaba, pero el daño era que él le había hecho era más fuerte que sus sentimientos.

—No lo hagas – susurró ella.

—¿Hacer qué? – Preguntó él, esbozando una sonrisa — ¿Besarte? – él se acercó un poco más a sus labios.

—Por favor – suplicó ella – No me obligues hacerlo.

Inuyasha cerró los ojos, quería besarla, pero seguramente ella terminaría odiándolo más de lo que ya lo hacía, así que se apartó un poco de ella, tomó sus manos y se las llevó a sus labios, depositando un único y terno beso en ella.

Llegaron a un parque donde ya los esperaban dos caballos, Kagome se sorprendió al verlos.

—Antes de ir a buscarte, mandé a un mozo que los trajera aquí – explicó él al leer el rosto de Kagome.

Paseaban en silencio, ninguno de los dos se atrevía hablar.

—Dime – dijo Inuyasha — ¿Cómo fue que aceptaste esa propuesta de disfrazarte de hombre? – le preguntó en un susurro para que nadie oyera.

—No fue sencillo. Koga me enseñó hablar como uno, caminar, incluso llegó a enseñarme Polo y la verdad odiaba el Polo.

—¿Lo odiabas?

—Así es – asintió – Terminó por gustarme – hizo una pausa, ya habían hablado mucho de ella y de cómo había sobrevivido esos siete años, ahora le tocaba a ella hacerle preguntas a él — ¿Y qué hay de ti? ¿Qué has hecho en estos siete años?

"Apare de estar con tu amante".

Inuyasha se quedó callado, ser sincero con ella y decirle que se la estaba pasando de lo lindo con Ayame no era exactamente la respuesta que un caballero le daba a una dama, debía inventarse algo.

—Nada interesante – respondió al fin – Atendiendo asuntos de negocios.

Kagome quería reír, esa era la respuesta más tonta que le pudo dar el Lord Inalcanzable, lo conocía bien y no tenía caso que él siguiera mintiendo, su amante y lo que pasó hace días con aquella chica del club de apuestas y coquetear con "Safira", la hacían pensar que su esposo seguía siendo el mismo de siempre.

Ella esbozó una sonrisa y se echó a reír.

—¿Por qué te ríes? – preguntó él.

—Disculpe que no le crea "Lord Inalcanzable" – respondió ella – Pero sus actos de los días pasados me hacen suponer que sigue siendo el mismo libertino con el que me case hace siete años.

—…

Él quería responder, pero sabía que era la verdad y no podía contra eso.

—Hay que seguir – sugirió él.

Ella asintió y continuaron su camino, entonces ahora le tocaba a él hacer una pregunta.

—¿Esta noche vas a ir al club? – Preguntó— Ya sabes a que me refiero.

Kagome asintió – Tengo que ir, no he tenido tiempo de averiguar cosas sobre él.

—Bien – dijo Inuyasha – Iré también, si quieres podría ayudarte.

—Gracias pero no – ella se reusó a que él la ayudara, a pesar de que quería vengarse de él, muy en el fondo no quería que algo malo le pasara – Es peligroso, podría pasarte algo.

Inuyasha se echó a reír por el comentario de Kagome.

"¿Peligroso? Mira quien lo decía".

—En ese caso estaríamos en peligro los dos ¿No lo crees?— comentó él.

—Supongo que sí – Kagome se encogió de hombros y asintió.

—De acuerdo – él asintió – Veré a Derek Claymore en el club de apuestas.

—Ahí estará

Sesshomaru caminaba de un lado a otro, mientras observaba la obra, alguien llegó y le entregó un papel, por supuesto que era de Rin, donde le explicaba que lo vería en el parque que estaba en frente del teatro.

La noche era fría, pero eso no le importaba, había llegado el momento de saber toda la verdad, pero tenía miedo, no quería escuchar de esa dulce voz tan venenosa que solo lo había utilizado, que nunca lo amo, que lo había dejado por…

—Hola

Interrumpió sus pensamientos al escuchar esa voz, giró sobre sus talones y se encontró con ella.

—Pensé que no ibas a venir – comentó él – Ya que tienes la habilidad de escabullirte.

—Te di mi palabra que vendría – explicó ella.

—A veces, confiar en la palabra de una mujer es muy peligroso – repuso él – Porque no sabes si te van a clavar una daga en la espalda como tú lo hiciste.

—¿A eso me has hecho venir? – Preguntó ella — ¿Para qué digas esas cosas?

—¿Te duele que te diga la verdad, pequeña arpía?

—Suficiente, no pienso seguir escuchando un insulto más.

Ella pasó a un lado de él, pero cuando lo hizo, Sesshomaru la tomó del antebrazo y la acercó hacia sí.

—De aquí no te vas hasta que aclaremos un par de cosas que tenemos pendientes.

Rin cerró los ojos y dejó que su cuerpo se tranquilizara, Sesshomaru debía saber la verdad, de los principales motivos por los cuales lo había dejado de esa manera.

—¿Te importa si caminamos? – sugirió ella

Sesshomaru la soltó y así, ambos comenzaron a caminar.

—Puedes preguntar lo que quieras – volvió a sugerir ella.

—¿Es verdad que fui un error en tu vida?– preguntó

Ella se mordió el labio inferior, se acordaba de cada una de esas líneas que había escrito en esa maldita carta, pues con cada palabra comenzaba a sentir como el corazón se le partía en mil pedazos.

—Oh, por qué fuiste una cobarde, en lugar de haberme mandado esa carta me lo hubieras dicho en persona – continuó él.

—No es que haya sido una cobarde Sesshomaru, lo que pasa es que aquella noche todo fue premeditado — trató de explicar – Todos los del teatro iban a realizar una gira por Francia y tuve que irme con ellos, sabía que no ibas a dejarme ir, por eso invente eso.

Sesshomaru frunció el cejo, no le creía una sola palabra.

—No te creo.

—Es verdad – se apresuró ella – Además había algo más…—hizo una pausa.

—Rin, deja de hacer pausas – dijo un Sesshomaru muy desesperado – Y mejor explícate bien, porque no lo estás haciendo.

—Bien – explotó ella, ya no podía seguir guardando ese sentimiento — ¡¿Quieres saber por qué te deje hace diez años?!

—¡Es lo que quiero saber, maldita sea!

—Porque te amaba – lo dijo al fin.

—Qué extraña forma de amar – comentó sarcásticamente.

Rin levantó aún más la mirada y lo miró a los ojos, con lágrimas a punto de salir.

—Cuando comenzamos a salir, me juré a mí misma que no me iba a enamorar de ti – explicó, exhalando un suspiro – Fue inevitable, cualquier mujer que este a tu lado, termina enamorada de Sesshomaru. Pero tú, eres muy frio, nunca dijiste "te amo" o al menos "Gracias, por estar a mi lado y compartir este momento" – hizo una pausa, el sentimiento poco a poco comenzaba a ganarle – La verdad eso nunca me importo, mientras estuvieras a mi lado lo demás podía pasar a segundo término.

Sesshomaru escuchaba esas palabras, era verdad, nunca le había dicho un "te amo" pero él no necesitaba decirlo, para él era expresarlo con acciones y no con palabras.

—Pensé que había quedado claro con mis acciones – comentó, sin perder su control, aun y cuando ella estuviera al borde de las lágrimas, lagrima por lagrima.

—No – ella negó – Hay mujeres que deseamos escuchar esas palabras.

—Si tú lo dices – él se encogió de hombros – En resumen, me dejaste porque nunca te dije que te amaba.

—No sabes cuánto deseo responderte que sí, pero no así. Tres días antes de que me marchara, supe que estaba embarazada – lo miró, pero él no se sorprendía – Quise decírtelo, pero tenía miedo, de tu reacción de que me dejaras en ese momento.

—Espera…— Sesshomaru la interrumpió — ¿Me estas tratando de decir, que ese niño es mi…

—Si Sesshomaru – Rin asintió – Es tu hijo

Él se apartó un poco de ella, de pronto comenzaba a sentir mucho calor, tenía sus sospechas, pero no podía creerle, seguramente se había acostado con más hombres después que él o incluso antes.

—¿Qué haces aquí? – preguntó al verla

La pelirroja esbozó una pequeña sonrisa.

—Necesito un pequeño favor, y sé que me puedes ayudar.

Aquel hombre miró hacía ambos lados, esperando que nadie más los viera, no tardarían en llegar los visitantes del club y debía hacerlo rápido para que no descubrieran a la dama.

Él la dejó entrar a una sala privada, le ofreció whisky y aceptó.

—Muy bien ¿Qué favor quiere, señora?

—Sé quién es usted – comentó ella, dando un pequeño trago al licor.

—¿Y quién se supone que soy, según usted?

—Milord – ella arqueó una ceja y esbozó una sonrisa — ¿No es usted el líder de una banda de…

—Silencio mujer – él alzó la voz, esperando que nadie los escuchara – Será mejor que hable de una vez señora, no me gustaría que la vieran salir de aquí.

—Necesito un favor – ella dejó la copa sobre una mesita, y se acercó a ese hombre – Hay una mujerzuela que me está robando a mi hombre – explicó – Y quiero que…la desaparezca.

—¿Y qué me ofrece? – Preguntó, mirando los senos de la dama – Este trabajo no le saldrá gratis, señora.

La pelirroja se acercó a él y le susurró al odio.

—Usted ponga el precio y yo pongo lo demás…