001 la miró sorprendido, analizando en su mente la respuesta recién dada por Hiro hace apenas unos segundos.

Agudizó las su mirada, en busca de mentiras o vacilación, sorprendiéndose más al no ver ningún rastro de eso tanto en sus ojos como en sus facciones.

Únicamente, vislumbrándose la determinación y firmeza que irradiaba. Estremeciéndola.

Se apartó entonces, sintiendo que la timidez —algo extraño para ella—, se apoderaba de su ser.

¿...Yo te gusto?

Hiro se sentó sobre sus rodillas, mirándola fijamente y asintió, con las mejillas ligeramente ruborizadas. Estremeciéndola una vez más.

¿Por qué te gusto? No hice nada para gustarte.

— Yo tampoco lo sé — respondió, un poco nervioso, rascándose la mejilla y sonriendo del mismo nerviosismo —. Sólo... Pasó.

Ichi permaneció en silencio, aunque notablemente inquieta y nerviosa. Incluso un pequeño rubor azulado se comenzaba a notar en sus mejillas.

Nawabari y Orochi miraban todo desde atrás y en silencio, preguntándose la razón del nerviosismo de su maestra.

— ¡P-Pero el hecho de que me gustes no si-significa que debas corresponder! — aclaró apresurado el pelinegro, sintiendo el rubor crecer todavía más y extenderse hasta sus orejas —. D-Después de todo, las cosas que se forzan, nunca terminan bien.

Nawabari y Orochi miraron a Hiro y luego a su maestra, expectantes.

Hasta que Ichi, se acercó gateando a Hiro. Quedando así, frente a frente, aunque ella todavía no se dignaba a mirarlo a la cara, solamente a las manos del chico, las cuales estaban hechas puño en sus rodillas.

Toma mis manos.

Hiro, sorprendido y desconcertado por su extraño pedido, acercó sus manos a las de ella, tomándolas entre las suyas. Ella miró sus manos, apacible a pesar de la tormenta de emociones en su interior.

Entrelaza tus dedos.

Él hizo lo pedido, sin rechistar, sintiendo la diferencia entre ambas pieles. Fascinándolo internamente, reluciendo en un pequeño brillo en sus ojos.

001 entrelazó también sus dedos, sintiendo el calor que estás emanaban y también, la diferencia entre ambas pieles. Haciéndola sentir extrañamente complacida.

Hiro, otra vez... Te pido perdón por lo que hice, en verdad.

— Está bien, ya pasó, Ichi.

... Lo digo porque deseo hacer las cosas bien — finalmente lo miró a la cara, a los ojos —. No quiero lastimarte, Hiro. Yo deseo que estés bien y a gusto, cuidarte... Quererte.

Hiro sonrió, e inclinándose ligeramente, apoyó su frente con cuidado sobre la de ella. Sintiéndose pleno.

— Entonces yo también, quiero disculparme por las veces que te hablé mal. Por también subestimar tu conocimiento en cuanto a lazos... También quiero hacer las cosas bien, Princesa.

La klaxo-sapiens cerró los ojos, apoyando también su frente contra la de él, con cuidado.

¿Qué se dice en estas situaciones, Hiro?

Esforcémonos, supongo.

... Esforcémonos, los dos.

Su sonrisa creció un poco más.

— Sí.