El asesinato de Mori fue el principio del efecto bola de nieve. Los peones caen al frente de la batalla, la Port Mafia tuvo muchos bajas cuando Mimic entró en combate. Estaban tan bajo las sombras que nadie podía culparlos por no haberlos detectado hasta que entraron a la oficina clamando por la cabeza del Jefe. Dazai estaba fuera del país junto a Chuuya, Atsushi y Kyouka en esa ocasión atendiendo ciertos negocios. La noticia les llegó cuando ellos estaban experimentando sus propias problemáticas porque la forma Corrupta de la habilidad de Chuuya se hizo presente dejándolo al borde la muerte. No había alternativa, Kyouka y Atsushi debieron volver a controlar las revueltas que habían comenzado porque obviamente Dazai fue nombrado el sucesor de Mori y no todos estaban de acuerdo con esto. El miedo era su mejor carta y dos de sus tres ases de oro eran suficientes para mantenerlo todo en orden. Mantener el orden era todo lo que importaba para Dazai.
Era la tarde del segundo día después que colapsara y apenas los ojos de Chuuya hicieron un movimiento que Dazai ignoró, más ocupado en leer ese libro en sus manos, susurrando y haciendo una mueca de desacuerdo, borrando y reescribiendo algo. Chuuya intentó enfocar mejor la vista, pensando que había interpretado mal y aquello debía ser una libreta. Podía que Dazai no fuera la persona más correcta del planeta pero no lo veía tan poco civilizado como para rayonear un libro. Pestañeó sintiendo que incluso los vellos de su rostro le dolían.
— Por fin despiertas.
Lo vio cerrar el libro y ocultarlo en su inmensa gabardina negra sin una sola línea de sorpresa en su rostro, ni siquiera una de esas enyesadas sonrisas. Chuuya comprendió que lo había descubierto en algo extremadamente privado y una sola palabra sobre eso le costaría mucho más de lo que pudiera poseer. Entrecerró los ojos intentando fingir que su vista seguía borrosa y Dazai aceptó el gesto, dejando la incómoda silla para sentarse en la orilla de la cama, llenando un vaso con agua fría que hizo a la garganta de Chuuya recordar su resequedad. Dazai le dio un largo trago al vaso con una cadencia infantil en todo el cuerpo, como si no notara el estado del muchacho.
— ¿Recuerdas lo que ocurrió?
Sus labios intentaron separarse pero no tenía energía ni siquiera para eso. ¿Recordarlo? Chuuya rogaba por poder olvidarlo. Todo dentro le quemaba, no con un ardor de acidez sino como si se estuviera realmente incinerando. El olor a carne quemada, la sangre brotando hasta por los oídos por la presión que estaba soportando su cuerpo, los músculos perdiendo tono como si estuviera en gravedad cero. Toda la materia oscura se había abierto en sus entrañas y le estaba devorando pero al mismo tiempo otro espacio se había abierto fuera de él, comprimiéndolo bajo otras leyes gravitacionales como si fuera a explotar para crear otro big-bang. La sensación de la muerte no fue lo que le aterró sino que ésta no llegara, que él realmente fuera a convertirse en otro espacio, en toda la materia oscura que sostiene galaxias y planetas y debiera permanecer allí por los siglos de los siglos, inerte pero con una extraña conciencia.
Carraspeó, sintiendo la garganta totalmente seca. Dazai lo miraba con los labios mojados por el agua, con esa mueca de no maldad, sino de vacío. Dazai era un ser completamente carente de empatía.
— Tengo sed.
Sintió vergüenza por lo terriblemente rota que salió su voz pero Dazai ni siquiera se inmutó, acomodando su cabeza en su regazo ayudándose de una almohada para que quedara a una altura adecuada, tomando un algodón y mojándolo en su vaso, con cuidado llevándolo a los labios de Chuuya quien entrecerró los ojos por el dolor que el solo roce del algodón en sus labios le produjo, ni decir del agua al bajar por su garganta.
— Te jodiste todo, pequeño .
— Si vuelves a llamarme así el jodido será otro.
Balbuceó, tosiendo para disimular el reflejo de su estómago ante la invasión del líquido. Los párpados le pesaron de nuevo pero estaba harto de dormir. Suspiró con pesadez, deseando con el alma poder llegar vivo al fin de mes para cobrarse los dos días de asueto que Dazai le daba. Para ese entonces sus heridas ya estarían sanadas y ni su madre ni el tío Oda lo mirarían con preocupación. Era horrible que se hubieran acostumbrado tan bien a esa nueva rutina, a la desgracia pero si el ser humano tuviera un rango de resiliencia muy estrecho la especie ya se hubiera extinto hacía miles de años. Oda juró guardar el secreto de su domicilio y oficio, pero con la condición que no perdieran contacto. Era arriesgado, claro, pero Chuuya valía poner su trasero en peligro, le había dicho una noche que bebió demasiado. Lo recordaba con un poco de tristeza porque esa noche tras obligar a su madre a tomar sus medicamentos ( la depresión que atravesó el año entero que estuvo sin saber nada de su hijo le había dejado un par de secuelas) ellos dos se quedaron a la mesa con una botella de vino. Oda le contó su sueño insospechado de ser escritor y Chuuya lo alentó, jurándole que sería el primero en comprar su primer libro y él le prometió que le dedicaría su primera novela. Se rió con amargura, meneando el vino sin atreverse a decir lo que estaba pensando en ese momento. Pero Oda pareció haberlo adivinado, abriéndose para él.
" Siempre vas a ser mi pequeña ovejita."
Le dijo con tanta tristeza y resignación que incluso las lágrimas salían sobrando.
— Por cierto, quizá te interese saber que Mimic asesinó a Mori mientras tú estabas descansando. Sé que no le tenías un particular afecto pero ya que es era el Jefe cuando volvamos deberemos presentar nuestros recuerdos a su tumba.
— Así que el viejo dejó de serte útil ¿No? ¿Encontraste lo que buscabas?
Los ojos cafés, el único visible a través de la venda se fijó en Chuuya como si hubieran salido ranas de su boca, haciendo que resoplara con cansancio. Físico y espiritual.
— No es de mi incumbencia, pero no me gusta que me trates como si yo también fuera una de tus estúpidas piezas, Dazai. Puedo ver claramente que te inmiscuiste en la Mafia por una única razón y al parecer ya lograste tu cometido. Deberías rechazar el título y largarte.
— ¿Y dejarte libre para que corras a los brazos de tu madre? No suena tan divertido.
— Tú qué vas a entender de amor si incluso las prostitutas dudan para tomar tu dinero.
— Oh ¿Y tú crees que puedas enseñarme algo al respecto?— la columna vertebral de Chuuya se volvió de hierro ante la mano de Dazai en sus labios—. Deberías aprovechar la oferta antes que tome el cargo de la Port Mafia y todo el mundo quiera dormir conmigo.
— Ya te dije que no estoy interesado en ti.
— Ni yo en ti.
Sonrió, repasando su mejilla con el dorso de su mano, disfrutando sinceramente que Chuuya no pudiera siquiera levantar un dedo. Era uno de sus tres ases de oro, una de sus adquisiciones más difíciles de obtener, pero por sobre todas las cosas, era su vínculo más directo con Odasaku.
No podía dejarlo huir.
