Los recuerdos de Andy siguieron mostrando imágenes de batallas, sólo que ahora a quien protegía era a Keops y Nitocris.
Hubo varias batallas, hasta que la imagen volvió a cambiar y mostró de nuevo a Nitocris. Ella lucía más grande, tenía varias canas en su cabello, pero continuaba siendo hermosa y elegante.
Andy se sorprendió cuando encontró a Nitocris en su habitación. La otra mujer evitaba tener contacto con ella desde que se había casado y tenido hijos.
— Mañana vas a votar a favor de la ley de esclavos. — Ordenó Nitocris autoritariamente.
— ¿Por qué tendría que hacer eso? — Pidió saber ella.
— Porque yo soy tu faraona y te lo ordeno. — Contestó Nitocris enojada.
— Ambas sabemos que esa ley es una mentira. Tomar como esclavos a enemigos de batalla, eso puedo aceptarlo en algún punto. Pero, ¿a personas pobres que no pueden pagar sus impuestos? Eso es crueldad. — Expusó ella pasionalmente su opinión.
— La ley no es cruel ni buena, es simplemente la ley. Y la hago yo. — Retrucó Nitocris.
— Entonces haz tu ley, no la de Keops. — La acusó ella.
De pronto, Nitocris la besó. Eso la hizo olvidar la pelea y le devolvió el beso. Hace tanto tiempo que no se besaban, que aprovechó para disfrutar nuevamente todo lo que la otra mujer le hacía sentir. Pero Nitocris había tenido otra idea, lo había usado solo como distracción. Y mientras la besaba le clavó una daga en el estómago.
— Si no haces lo que te pido te convertiré en la enemiga del imperio. — Le advirtió Nitocris, cuando la otra revivió.
— ¿Y crees que me importa? — Preguntó ella, riendo irónicamente. — No es como si podrías matarme. — Le recordó.
— Tal vez no pueda matarte, pero si encerrarte. Todos te tienen miedo Anubis, no es normal que una persona no pueda morir. Y si yo lo digo, todos van a estar en tu contra. — Dijo Nitocris, en tono amenazador.
Cuando Nitocris se fue de su habitación, ella se derrumbó al piso y lloró un largo rato.
Al otro día, votó a favor de la ley. No dijo nada a favor de la esclavitud, porque no iba a mentir en lo que pensaba y sentía. Simplemente dijo "la faraona es quien hace la ley, confíen en ella".
— No entiendo. — Se quejó Nile. — ¿Qué sucede? ¿Sobre qué fue la pelea y el acto público? ¿Qué tienen que ver una cosa con la otra? — Pidió saber.
— Me parece que sobre una ley relacionada la esclavitud. — Informó Joe lo que había logrado entender. — Andy no estaba de acuerdo, pero Nitocris la amenazó con algo. — Agregó en forma explicativa.
Lo siguiente que vieron fue la muerte de Nitocris. Y luego más muertes en batallas, Andy siempre protegiendo al faraón de turno. Pasaron un día entero viendo más imágenes de batallas egipcias, hasta que una vez más la imagen cambió.
Micerino, el faraón de turno que era el bisnieto de Keops y Nitocris, armó una celebración para alabar a Anubis. Pero lo que Andy no sabía era que en realidad era una trampa. Le dieron de beber veneno y cuando despertó la estaban momificando.
Las siguientes imágenes fueron oscuras. Andy muriendo ahogada una y otra vez. Hasta que de alguna manera logró sacar sangre de su boca, seguramente habría cortado sus labios y su lengua con sus dientes. Con la sangre pudo mojar las vendas de su cara para empezar a aflojarlas. Fue un proceso muy lento y murió varias veces por la falta de aire. Recién cuando sus brazos estuvieron libres, todo fue más sencillo. Una vez que logró salir de su ataúd, se encontró en la bóveda de una pirámide. Le llevó un par de días salir, y un par de muertes por picaduras de serpientes, pero finalmente lo logró.
A partir de eso, las imágenes la mostraron recorriendo un par de desiertos y praderas. Tuvo muertes por pelear contra algunos animales y por agotamiento, lo que significaba que no debería estar durmiendo lo suficiente.
Las imágenes continuaron cambiando y empezaron a mostrar distintas pequeñas tribus en la selva. Pero las imágenes eran de corta duración. Cuando había alguna muerte en la tribu, Andy la abandonaba y se marchaba a la siguiente.
— No entiendo, ¿por qué no se queda en ningún lado? — Preguntó Nile confundida.
— Me parece que está intentando desapegarse. Se va de las tribus antes de formar un vínculo fuerte con las personas, porque cree que si se queda luego va a sufrir más que si se va. — Expresó Nicky su opinión.
— Creo que hubo una sola cosa en la que tuve razón con lo de Merrick. — Comentó Booker de repente, ganándose la mirada acusadora de los otros ante la mención de ese hombre. — Andy siempre tuvo el dolor de estar sola. — Dejó saber aquello sobre lo que creía que tenía razón.
De repente, las imágenes volvieron a cambiar y Andy se encontraba nuevamente en el océano. La especie de barco en la que viajaba se rompió en una tormenta. Esta vez naufragó flotando en algunos restos de madera, hasta que llegó nuevamente a tierra.
Las siguientes imágenes mostraron bosques y estepas. Andy no se quedaba quieta, iba de un lado a otro, como si toda tierra le perteneciera. Tuvo un par de muertes por deshidratación, hambre y enfrentamientos con grupos de personas nómadas.
Hasta que Andy conoció a los caballos. El primer encuentro que tuvo con ellos no fue bueno, y murió pisoteada y pateada por ellos. Pero las siguientes imágenes la empezaron a mostrar en batallas, peleando a caballo. Al parecer había logrado formar una buena conexión con esos animales, porque se manejaba con ellos como si fueran parte de ella misma.
— Está con los scythians. — Informó Booker.
— ¿Cómo sabes? — Preguntó Joe.
— Los scythians fueron los primeros en dominar las batallas a caballo, esto tiene que ser esto. — Contestó Booker, exponiendo su teoría.
— Book tiene razón, ese es un símbolo scythian. — Dijo Nicky, señalando un símbolo que había en el escudo que podían ver que Andy llevaba con ella.
De repente, pudieron ver por primera vez a Quynh en los recuerdos de Andy. Ella soñó con su muerte. Quynh había muerto en una batalla, defendiendo la aldea en la que vivía.
Durante la siguiente semana lo único que pudieron observar fue batalla tras batalla. Andy cambió su forma de pelear estando con los scythians. Ella ya había aprendido a pelear tan bien que podía esquivar la muerte la mayoría de las veces. Ella se convirtió en la líder de los scythians y los guió en cada batalla, llenándolos de victorias.
A veces moría en algún enfrentamiento, pero ya no era algo constante. La etapa de ser ella un escudo había quedado atrás. Ella lideraba, pero no a costas de tener que sufrir el dolor de morir reiteradas veces en una misma batalla. Ella ya sabía pelear y sabía protegerse a sí misma, probablemente mejor que cualquier persona.
Y cuando todavía moría en alguna batalla, en general era por proteger a otros, porque siempre estaba dispuesta a morir por alguna persona de su grupo. Pero cada vez se recuperaba más rápido, y volvía a la batalla aún con más fuerzas que antes. Estaban observando literalmente cómo Andy se había convertido en la gran guerrera que era. También observaron como la elección de su arma empezó a volverse constante, eligiendo generalmente algún tipo de hacha.
Otro hecho que pudieron observar era que los scythians, como toda comunidad de la época, también tenían esclavos. Para este grupo, los esclavos eran las personas que perdían batallas contra ellos o los violadores.
Andy se había quedado dormida mientras observaba las estrellas y disfrutaba el aire fresco de la noche. Había estado durmiendo tranquilamente, cuando sintió un fuerte dolor en su pecho. Abrió los ojos y pudo ver qué era lo que lo había causado, una flecha había atravesado su estómago.
— ¿Eres Andromache the Scythian? — Preguntó el extraño que le había disparado, haciendo conocer su presencia.
— ¿No deberías haberlo preguntado antes de clavarme esta flecha? — Retrucó ella.
— Eres vos. — Dijo el extraño, convencido de ese hecho. — La gran guerrera que ha estado atemorizando a los griegos, los espartanos y los romanos. Pero ya no, yo voy a terminar con eso. — Expusó.
El hombre empuñó su espada y la hundió con todas sus fuerzas, al lado de donde estaba la flecha. Andy murió. A los minutos revivió, dejando al hombre totalmente shockeado. Andy se quitó la espada y le flecha de su pecho, y luego se puso de pie.
— ¿Sabes por qué me llaman Andromache? — Le preguntó ella, avanzando hacia él. — Andromache significa "la que lucha contra los hombres y les gana en batalla". Y yo siempre gano, porque a diferencia de ustedes, los hombres, no puedo morir. — Informó drásticamente.
Andy clavó la espada en el cuello de su dueño. Cuando el hombre cayó muerto a la hierba, lo escupió y le dedicó un par de malas palabras.
— Andromache. — Dijo Nile, probando decir aquel nombre. Le resultaba un poco raro porque para ella siempre había sido Andy. — Aquí es cuando comenzaron a llamarla así. — Concluyó sorprendida.
— Si. — Asintió Booke, observando la pantalla con admiración y respeto.
— Su nombre es más viejo que todos nosotros. — Comentó Nile divertida. — ¿Pueden creerlo? — Les preguntó, haciéndolos reír.
De pronto, las imágenes cambiaron y mostraron a Andy enseñando a un grupo de mujeres a pelear. No eran mujeres cualquiera, sino las primeras guerreras amazonas. Al principio no entendían que podía tener eso de traumático, hasta que Andy empezó a dejar que la maten de diferentes maneras para que aprendieran. Además, algunos entrenamientos fueron interrumpidos por grupos de hombres, con quienes tuvieron que enfrentarse en batalla para que las dejaran en paz.
Andy ayudó al grupo de mujeres a aprender a pelear. Eran esclavas y tenían miedo de lo que pueda suceder cuando su amo las encuentre. La llenaron de historias sobre la violencia y crueldad con la que ese hombre las trataba. Así que se mantuvo con ellas hasta que el tan temido amo apareció.
— Es él, Heracles. — Le dejo saber una de las mujeres.
— ¿Quién te crees que eres para quitarme a mis esclavas? — Preguntó él, lleno de furia.
— Soy Andromache the Scythian. — Se presentó ella. — Las mujeres no somos propiedad de nadie. Ellas no te pertenecen, son libres. — Dijo con convicción.
— Son mías porque yo pagué por ellas, las compré, y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. — Argumentó él.
— No voy a permitir que te las lleves. — Dijo ella y preparó su hacha en señal de que estaba dispuesta a luchar.
— Ya vas a cambiar de opinión cuando te mate. — Advirtió él.
Ambos se fundieron en una fuerte e intensa pelea, hasta que Andy logró clavar su hacha en uno de sus hombros y luego en el medio de su pecho, quitándole así su vida.
Andy volvió con los scythians y las imágenes de batallas continuaron por un par de días más. Las imágenes se mezclaban con algunos sueños de Quynh.
De pronto las batallas empezaron a mostrar la presencia de un hombre, al que al parecer Andy le prestaba atención porque le importaba. Siempre chequeaba que estuviera vivo. Lo curioso era que ese hombre no era scythian, y cuando se cruzaban en las batallas era porque se habían aliado para pelear contra alguien más o porque estaban peleando en contra.
Andy se encontró con Aquiles en el río. Se saludaron con un pasional beso. Era difícil pertenecer a diferentes grupos, porque eso hacía que por largos períodos de tiempo tuvieran que permanecer separados. Pero cada vez que se reencontraban había algo que los unía.
Aquiles comenzó a contarle la historia sobre su última batalla, mientras Andy peinaba y acariciaba a su caballo. De pronto algo llamó la atención de ella, dos extraños arqueros. Al ver sus expresiones supo exactamente cuáles eran sus intenciones. Ellos apuntaron con sus flechas a Aquiles, pero ella se puso en el medio y las recibió por él.
— ¿Por qué hiciste esto? ¿Por qué? — Le preguntó Aquiles con desesperación, sosteniéndola para que no cayera.
— Te amo Aquiles. — Dijo ella débilmente.
Lo último que vio Andy antes de morir fue a Aquiles matando a esos hombres.
— ¿Cómo es posible? — Preguntó él, al verla abrir los ojos, luego de que le quitó las flechas. — Estabas muerta. — Dijo luciendo confundido.
— Yo no puedo morir. — Confesó ella. — Sé que te lo tendría que haber dicho antes y que probablemente ahora me vas a odiar, pero esto es lo que soy y no puedo cambiarlo. — Expusó sus temores.
— ¿Por qué habría de odiarte? — Pidió saber él. — Esta es la mejor noticia que recibí en mi vida, es fantástico. — Dijo entusiasmado.
— ¿Lo es? — Preguntó ella confundida.
— Si, yo siempre supe que había algo especial en vos. — Asintió él y le dio un pequeño beso.
— Entonces, ¿no te molesta que yo no pueda morir y vos si? — Continuó ella interrogándolo, porque le costaba creerlo.
— ¿Era verdad lo que dijiste antes? ¿Me amas? — Retrucó él.
— Si, te amo. — Respondió ella con sinceridad.
— Yo también te amo. — Dijo él con una gran sonrisa.
Luego de confesarse el amor que se tenían, unieron sus labios en un pasional beso.
— ¿Aquiles? ¿Él es Aquiles el guerrero de Troya? — Cuestionó Nile, totalmente sorprendida.
— En realidad no era de Troya, era griego. — Aclaró Joe.
— Sabes a lo que me refiero. — Se quejó Nile, haciendo al otro reír.
— Bueno, todos sabemos que Andy siempre tuvo el poder de llamar la atención de personajes históricos importantes, como Rodin. — Bromeó Booker, recordando el momento que los tres habían compartido en la mina.
Les hacía bien bromear de vez en cuando. Y les hacía bien observar, que aún después de todo el sufrimiento que Andy había vivido, amaba y se permitía amar. Sabían que la historia entre ellos probablemente no iba a terminar bien, que ella otra vez iba a quedarse con el corazón roto. Pero, en ese momento se conformaron con continuar observándola pelear con los scythians. Y verla actuar como escudo de Aquiles cuando compartían una batalla.
