Ver con otros ojos

.-.

Fin del principio, principio del fin

.-.

.-.

Algo de la teoría de videojuegos de Tomura se le había pegado.

Por ejemplo, podía comprender bien qué acciones tomar, dependiendo de cómo la situación había influido en los personajes de esa situación. Si se llegaba a ciertos parámetros, entonces su plan iría como quería. Si no, tenía alternativas. No tenía puntos de guardado, pero sí varias vidas... por edad o por cuerpos. Y aún no había encontrado los límites de este.

Qué belleza.

Qué saludable.

Qué joven, y qué bien había reaccionado al encontrarse en su cuerpo viejo, moribundo, sin poder comunicarse, hasta que llegó la hora de desecharlo, sin dejar cabos sueltos.

Los policías les habían agradecido por su cooperación, y les dijeron que eran libres de irse. Bakugo le dijo a Aizawa que quería ayudar en lo que pudiese, y si no era posible, que al menos lo enviasen a una agencia donde sus habilidades pudiesen ser de utilidad. Erasehead sabía qué otra cosa le estaba pidiendo, y le contestó que aún había mucho por hacer, y que su comportamiento desde el torneo hasta ese día había demostrado que era capaz, talentoso, trabajador y con deseos de mejorar en el mundo de los héroes, lo que siempre era buena señal.

Así y todo, debía regresar a su casa.

Al menos por unos días, le dijo, porque iban a hacerse algunos cambios en la escuela, y mientras ponía cara de decepción apenas disimulada (y algunos de los sentimientos que ese cuerpo recordaba cuando su madre le gritó que la bisexualidad no existía), asintió. Sintió una mano en el hombro, contacto directo de piel con piel, y activó una de sus habilidades nuevas.

-Apenas podamos, te conseguiremos una pasantía rentada. Tus circunstancias son particulares- dijo, y era como un gato, que aparentaba indiferencia, pero se preocupaba por sus seres queridos -y, por eso, no permitiré que estés allá ni un segundo más de lo indispensable.

Sonrió, con algo de tristeza pero más animado, y le agradeció.

Ah, Erasehead. Cuánto bien le haría a la Liga tenerlo de su lado, sea como miembro o en un Nomu. Lo bien que habría hecho en caer en la desesperación, en el odio, en el verse acorralado en una sociedad que no valoraba héroes sin poderes que les hiciera soldados. Obedientes a un gobierno que no hacía nada para paliar el dolor que eso traía, dejando a todas las gentes sin don como el blanco preferido de todos los crímenes. Un mundo tan podrido que sólo serviría para abono, luego de ser destruido por Shigaraki.

Y, claro, él haría su parte.

.-.

Esperaba.

Escuchaba más de lo que pensaban que escuchaba, y cada vez entraban en más confianza. Había un par de miembros de la clase 1 A que estarían mucho mejor en la Liga, pero ese no era su trabajo. Para eso no le pagaban. Le pagaban para echarle un ojo a esa clase e informar de todo lo que sucediese.

Cuando arrestaron a Hakagure, su sorpresa fue genuina: no esperaba que ella fuese la primera, ya que su colega, que no podía ocultarle su nerviosismo, parecía ser ideal para meter la pata primero. Tenía mucho menos cuidado y aún no había dejado de lado sus nervios. A veces hasta chispeaba de los nervios.

Oh bueno.

Bakugo actuaba algo raro, pero quizás sólo fuese por el secuestro y lo que vino después. O, quizás, lo que sucedía era que ya no escondía tras su carácter explosivo lo que le pasaba. El estar con Midoriya (y había oído suficiente como para saber lo que hacían) parecía haber sido positivo para los dos... casi demasiado.

No creía en casualidades.

Por otra parte, ¿qué otras opciones había? Su jefe estaba muerto y la bomba de mecha corta había recibido el impacto. Nada como una experiencia cercana a la muerte como para cambiar el rumbo. Y mientras le siguieran pagando, él seguiría haciendo su labor.

.-.

La casa se sentía pesada.

El ambiente en el auto había sido tenso, hirviendo a fuego lento, y Aizawa pensaba en lo bien que le vendría dormir por una semana y despertarse con todo eso resuelto. Pero alguien tenía que ser adulto responsable y...

-¿Cuándo se los dijo?

Bakugo no se había movido, pero era su voz, y fue eso, y sólo eso, lo que lo convenció que sí, que había hablado.

-¿Decirles qué a quiénes?

-Que no era una fase- empezó algo tenso, pero luego salieron más fácil -Que no estaba confundido. Que no era una excusa para ser... promiscuo.

Por unos minutos, Aizawa lo miró, y Katsuki miró el mundo moviéndose tras la ventana.

-Dijeron que si alguien me interesaba, ya sería un milagro. Y que los milagros no se cuestionan- suspiró, recordando lo nervioso que se había sentido, porque su padre era religioso y, a veces, demasiado severo al respecto. Había tenido suerte.

Esa no era la norma.

-Siguen diciendo que eso no existe. Que tenía un, ja, una obsesión con Izuku- apoyó el codo en la puerta, y la boca en la palma. Cuando volvió a hablar, se oía algo amortiguado -Que más me valía que no me gustasen los hombres.

-Si hay problemas...

-Atraparon a Kurogiri, el de los portales, ¿no?- dijo, de repente, mirándolo -Ese era el que podía entrar y salir de todos lados.

-Sí, está en prisión. Y no hay ningún interés en que salga pronto de allí.

-Entonces, no van a entrar y... - calló.

El auto se detuvo frente a la residencia Bakugo. Best Jeanist le había dicho, el algún momento, que era un apellido conocido en la industria de la moda, y que no tenían poca fortuna. Después de todo, UA no era una institución gratuita: si no era pagando, se entraba por recomendación, por beca, o por desempeño durante la prueba. De otro modo, Uraraka jamás habría podido entrar más allá de la eliminación de entrada.

-Apenas pueda, te sacaremos de allí.

Katsuki ni siquiera se molestó en darle una falsa sonrisa.

.-.

Sábado

-Izu, puedes llamarlo si quieres.

-Me pidió que no lo hiciera. Dice que altera a su madre.

Domingo

-Lo siento, es el único sitio donde pudo llamarte.

-No hay problema, Kat. ¿Estás bien?

-Estoy mejor ahora. Y estaré mejor en unos días.

Lunes

-¿Has visto la propaganda de Momo?

-Sí, se veía muy bonita.

-Una pena que no se resalten sus habilidades estratégicas, o su conocimiento, o su evolución. ¿No habría estado mejor con FatGum?

-Sí. Habría sido interesante cómo podría haber combinado sus habilidades con Kirishima.

-O Kirishima contigo. Eijirou es muy duro y sería un buen proyectil a distancia.

-¿Y Yayorozu contigo? Podría darte buenas ideas sobre cómo usar tu don.

-Tengo buenas ideas sobre cómo podrías usar el tuyo conmigo, Izu.

-...

-Y también en batalla, claro.

Martes

-Quizás Endeavour sería una buena opción.

-¿Kat? ¿Estás seguro?

-Como persona es horrendo, pero como héroe tiene más casos resueltos que ningún otro. Es mejor detective que otra cosa. No debería depender sólo de mi don.

-¡Katsuki! ¡Ven ahora mismo!

-Te hablo mañana.

Miércoles

-Soñé con la noche que pasamos en tu habitación. Casi creí que estabas conmigo al despertar.

-...

-¿Estás sonrojado?

-...No.

-Eres adorable, querido. Extraño abrazarte. Sin ropa de por medio.

-Kat...

-¿¡Con quién hablas!? ¿Es con un chico? ¿Te has metido con un chico, Katsuki?

-¡No, mamá, no! ¡Baja eso!

Jueves

"El número que ha marcado no se encuentra en servicio"

Viernes

-Midoriya, Katsuki se encuentra en las instalaciones de UA. Será mejor que su madre no obtenga más información que esa. Se encuentra bien y en un ambiente seguro. Es todo lo que puedo decirte.

-...

-¿Midoriya?

-Sí. Gracias, Aizawa-sensei.

.-.

Bakugo estaba acostumbrado a los gritos.

Golpes, gritos, amenazas, ese cuerpo se movía por memoria muscular a veces, y que los golpes diesen en lugares muy visibles era, por supuesto, un accidente. Accidente que esa mujer intentaba evitar, porque como buena golpeadora, no quería que se ensuciase su reputación.

Hay gente que no debería reproducirse.

Los Katsuki eran un excelente ejemplo de eso: una madre violenta, abusadora, narcisista y sin ningún motivo para cambiar, y un padre débil y cobarde. Quizás, con unos cortes bien apuntados, podría solucionarlo, pero eso había quedado en el pasado. No usaría ni un cuchillo ni varios dones que había tenido en el pasado, pero funcionaría igual de bien. No tenía por qué esterilizarles, la justicia impediría que criasen a nadie más.

Y, de momento, valían más vivos que muertos.

Así que, cuando logró su objetivo, corrió hacia una habitación con teléfono y llave, la cerró y llamó a Hound dog. Pidió auxilio y dejó que escuchase todo, esquivando los golpes y corriendo hasta que vinieron a su rescate. Que haya sido Aizawa, y que lo primero que viese fuera a su "madre" golpeándolo, había sido fríamente calculado, por supuesto.

-¿Qué está pasando aquí?- la voz era tan fría que apaciguó la furia de su "madre".

Esa mirada furiosa se movió, con algo de alarma, hacia el recién llegado. Lo reconoció enseguida como docente y héroe profesional, alguien cuya palabra podría tener algo de peso, y cambió de táctica.

-Katsuki destrozó su teléfono y nos estaba exigiendo uno nuevo, o diría mentiras sobre nuestra familia- dijo, rápida, y su voz sólo sonó algo ronca de tanto grito y amenaza. Casi convincente.

-Hijo, por favor, no te metas en más problemas... - la voz, de perro dominado a golpes y gritos, de su "padre" era vergonzosa. Qué desgracia de hombre. Qué vergüenza de padre.

Su cuerpo (no el de Bakugo Katsuki, ya no, sino el suyo) se movió como si tuviera miedo, y se quedó muy quieto en el sitio cuando su madre le echó una mirada.

-Eso lo veremos- dijo Aizawa, y los ojos de su madre volvieron al héroe profesional -Yo he visto cómo golpeaba a un menor.

-Usted no sabe lo que es criar a un pequeño monstruo como él- resopló ella, como si fuese un dolor indescriptible.

-Katsuki, ven, vamos adentro...

Retrocedió, bajando la mirada, como si le avergonzase que le viesen así.

-Vamos a calmar los ánimos- la voz era serena, pero conocía ese tono de enojo subyacente -y aclararemos la situación enseguida- dijo.

Hubo unos momentos de silencio, en donde su madre pareció querer lanzarse hacia ese hombre que estaba parado en su tapial, pero se contuvo. El aire cambió, moviéndose menos pero tensándole más.

-Habla Erasehead. Necesitamos un móvil. Violencia intra familiar hacia un menor.

-¡Eso no es verdad! ¿Por qué quiere difamarnos? Y no hay dones involucrados, ¡así que no tiene autoridad!

-Tengo responsabilidad, como adulto, de reportar violencia contra menores. Dones o no.

-Hijo...

Las manos de su padre entraron en su campo de visión y retrocedió, mirando a su madre, quien miraba a Aizawa, quien la miraba a ella. La furia hirviente de la mirada de ella no hacía mella en el hielo que él tenía en la de él.

-Aléjese del menor, señor Bakugo- dijo, sin apartar la mirada de la mujer.

.-.

Fue en la tarde del domingo cuando la vio en persona.

-Hola- dijo, con su vocesita asustada.

-Hola, nena- dijo, sonriendo despacio. Aún le dolía el costado de la boca. Sin Recovery Girl, había tenido que someterse a una de sus discípulas, que no era tan buena -Está lindo el día para tomar el sol hoy.

-Shota dice que a los gatos les gusta el sol.

-Y a las plantas también. Quizás con algunas flores o árboles, esto estaría más bonito.

El espacio entre edificios tenía césped y algún que otro árbol. Cementoss era bueno haciendo edificios, pero como paisajista no salía de las plantillas básicas, un copiar y pegar sin gracia.

-¿Te gustan las flores? Hay algunas muy bonitas.

-Orquídeas y rosas- dijo, despacio.

Él no se movió. La niña aún parecía algo asustadiza y, dado lo que le había pasado por años, no era de sorprender.

-Que son geniales para los gatos- sonrió un poco.

-Son lindos los gatitos.

-Y si un gato te quiere, es que te lo has ganado. Son muy selectivos eligiendo a qué gente querer, y no te están encima todo el tiempo, como los perros. ¿A quién te recuerdan?

Eri se rio, algo vergonzosa.

-Son como cacatúa y gato, ¿no? Y de los buenos.

-Pero no tienen cola.

-Uno tiene una bufanda larga. Es por eso, pequeñina. Quizás tenga orejas también.

-¿Orejas de bufanda?

-He visto gorros de lana con orejas, así que quién sabe.

Un ave empezó a cantar en una rama, y desvió su mirada hacia el origen del sonido. Percibió que ella también lo hacía, con cautela, teniéndolo a él en su campo visual. Era un cambio respecto a cómo había sido antes, pero aún le faltaba mucho por hacer.

-Hay pajaritos que se alimentan de las flores.

-¿Se las comen?- había algo de alarma en esa sorpresa.

-No, no, las flores tienen adentro un juguito dulce, que se llama néctar. Hay picaflores que beben eso para alimentarse, y son aves pequeñas de colores brillantes. ¿Has visto alguno?

-No. ¿No se comen las flores?

-Algunos animales sí, pero los gatos no. Y las aves tampoco. También les gustan las plantas bonitas, y veo que alguien empezó a plantar algunas por aquí.

El jardín de la casa donde vivía Aizawa con Yamada era el único espacio verde con algo de personalidad. Además de plantas variadas (bambú, cactus cebra, albahaca) había una hamaca colgando de una rama de un robusto roble, y espacios donde sentarse al sol, como el banco de piedra que él había elegido esa tarde. Que era el más visible desde el piso donde los dos héroes tenían a la pequeña a su cuidado. Era un sitio agradable para sentarse, había dicho Aizawa, y había recibido una dolorida sonrisa por respuesta.

-Cuando era pequeño, me gustaban las hamacas- la niña lo miró -Me impulsaba con mi don para ir más y más alto, y entonces me soltaba y trataba de dar piruetas y vueltas antes de aterrizar.

-¿Dabas muchas vueltas?

-Sí, y cuando veía el piso cerca, mi don me ayudaba a no caer tan fuerte. Pero una vez no calculé bien y me caí de panza al suelo. Y eso no fue divertido. Así que, si te sueltas, fíjate bien cuándo.

-La hamaca es divertida.

-Sí, ¿verdad? Es parecido a volar, cuando el viento te peina. O te despeina.

El secreto para atraer una mariposa no era ir a por ellas, era esperar a que se acercasen a ti. A que se posen sobre tu cabeza o tu hombro.

-Las manzanas estaban deliciosas.

-Por supuesto- sonrió con orgullo -las hice yo para una damita muy especial.

Eri rio, algo avergonzada.

-Si quieres, te puedo enseñar a cocinar algunas cosas sencillas, así vas aprendiendo.

-¿Manzanas acarameladas también?- preguntó, con los ojos brillantes.

-Eso es algo peligroso, por el azúcar, que quema cuando está caliente. Hay que empezar con cosas simples y de ahí seguimos. ¿Te gustaría?

-¿Es difícil?

-No, si empiezas por lo básico y alguien te enseña. Y te hace aprender muchas cosas. Como qué bien te hace cada ingrediente.

-¿Qué es un ingrediente?

-Algo que se puede comer como está pero es mucho más rico cuando se combina con otras cosas. Como el azúcar con las manzanas.

-Quiero... aprender- dijo, con los puñitos cerrados (los pulgares tras los cuatro dedos) y la mirada lo más firme que podía -para agradecerles...

-Yo también tengo mucho que agradecer.

-¿Tú?- esos ojos curiosos eran adorables.

Qué pena.

-Estoy aquí gracias a la ayuda de muchas personas. Personas que me ayudaron. Y, como me ayudaron, yo puedo ayudar a otras personas. Como tú.

-¿Yo... podría ayudar?

-Sí, podrás. Despacio, claro, que nadie nace sabiendo, pero podrás. Eres adorable.

La niña se rio, algo nerviosa.

-¿Sabes cómo hacer una torta esponjosa de frutillas y crema? Hacen una muy rica en un café de gatos al que va Aizawa-sensei.

-¿Qué es torta esponja?

Entrelazó los dedos, encantado ante la curiosidad infantil.

-Oh, pequeña, qué cosas maravillosas te esperan.

.-.

Sus pies no podían ir lo rápido que necesitaba que fuesen.

No se podía correr, no debía correr, pero nadie había dicho nada sobre caminar rápido. Le habían dicho, eso sí, que nada de sonidos de golpes, así que se detuvo ante la puerta de entrada, sintiendo que le temblaba todo el cuerpo, antes de buscar su llave y usarla.

Respiró hondo.

Al abrir la puerta, un aroma dulce llegó hasta él, una voz masculina y baja muy conocida junto a una vocesita infantil y emocionada, una calidez que no sólo era física. Conforme se fue acercando, despacio, pese a que todo su cuerpo quería correr, saber lo antes posible, apurarse, se obligó a caminar y a no hacer ruidos bruscos.

-...enfriarse, que si no, la crema se derrite y así no es rica. Es una torta de heladera, porque tiene crema, ¿entiendes?

-Sí- las dos voces le eran conocidas, pero esa nunca había hablado así, y sintió que algo cálido empezaba a derretir los nervios -Y, después, a lo último, las frutillas y los copetes de crema.

-Muy bien. Vamos aprendiendo.

-Sí.

Cuando dobló la esquina, vio a Kat y a Eri, los dos con delantales, los dos ante la mesada con una torta enfriándose sobre una rejilla, y los dos tan concentrados en su charla que no lo notaron. Kat no tenía esa mirada de antes, sino una llena de paciencia y calidez, calidez que le desbordó el corazón y casi se le escapa por los ojos.

-Kat...

El muchacho se giró hacia él, y al verlo una gran sonrisa apareció en su rostro.

-Hola, Izu. Estamos aprendiendo a hacer torta.

-De frutillas y crema- dijo Eri, sobre un taburete para poder llegar a ver lo que pasaba en la mesada, despejada para dejar espacio para la torta -Pero es de heladera porque tiene crema.

Despacio, fue hacia Katsuki, quien lo recibió con los brazos abiertos, y lo abrazó, suave, sabiendo que aún no había sanado de...

-¿Estás bien?

Era al revés lo que pasaba. Él debía preguntarle a Katsuki si estaba bien, si podía ayudarlo, si... no sabía qué.

-Qué bueno que estés aquí.

.-.

Midoriya no lloró, pero los ojos los tenía húmedos cuando se separaron, y lo besó con labios temblorosos. Le acarició el cabello, asegurándole que ahora ya estaba todo mucho mejor, y luego Eri dijo que tenían que hacer la crema para la torta. Izuku no la abrazó, pero le tomó las manos con una sonrisa cálida, y luego de lavarse la cara, volvió a ayudar, que si no no comía torta, le dijo él.

Cuando la obra terminada estaba enfriándose, ya era hora de la cena, y Aizawa y Yamada vinieron a ver cómo iba todo. Se quedaron a cenar, hablando de cualquier cosa menos de los motivos por los cuales Katsuki estaba allí antes que nadie, y por qué Midoriya había llegado la noche anterior al resto de la clase. Eri contó lo que había aprendido, y cuando llegó el momento del postre, su carita de felicidad opacaba las sonrisas de Izuku.

Era refrescante.

Era efímero.

Era delicioso.

Sus dos espías restantes en Yuuei estaban haciendo su trabajo.

.-.

Esa muchacha era talentosa.

Era una pena, a veces, ver cómo alguien con potencial se decantaba por ser parte de un ejército ciudadano de menores, que juraban morir por un gobierno y un sistema que los desechaba cuando no servían para generar dinero. Y ahora, al verla allí, en vivo y en directo, por televisión, sintió pena. Qué talento desperdiciado. Qué excelente adición habría sido a la Liga, y más ahora que estaban en sus momentos más bajos, que precederían a su primera gran victoria contra los héroes.

Su don era indispensable para que esa operación tuviera éxito. Siempre y cuando estuviera consciente, podría mantenerlo cuanto tiempo quisiera. Y ni siquiera debía estar presente en el lugar de los hechos, sólo tenía que ver el lugar en cuestión, y podía activarlo. Lo que era una suerte, ya que su salud empeoraba cada día.

Su soporte vital funcionaba electricidad.

En su casa-base tenía varios generadores de emergencia, para asegurarse que, de suceder lo peor, tendría alternativas. Estaba más o menos bien el día del examen, pero luego empeoró, y ya no podía salir sin compañía. Ese día era el previo a hacer recambio de generadores, el día donde se revisaban y reparaban. Una vez terminada la misión, una periodista, frente a una de las bases donde se alojaba a veces (con su soporte, claro), empezó a hacerle preguntas. Ella estaba tras un vidrio polarizado: la muchacha podía verles, la periodista y el camarógrafo también, pero no podía transmitirse por ningún medio debido a la composición del vidrio. Algo hecho por Yayorozu, si mal no recordaba.

El sistema empezó a fallar.

El efecto fue inmediato: la jovencita empezó a agarrarse el pecho, a boquear, a pedir ayuda, y las puertas a su alrededor se cerraron, dejando a la vista su estado: el polarizado bajó y dejó ver a un cuerpo enfermo, que apenas se mantenía en pie. Tomó la silla en la que había estado sentada y golpeó una de las puertas, mientras del otro lado los héroes intentaban abrirla. La periodista, aterrorizada, no pudo dejar de mirar cómo sus esfuerzos se hacían cada vez más débiles, más lentos, y se encorvaba más y más, hasta que se desplomó en el piso.

Dos minutos después, las puertas se abrieron de nuevo.

De ella sólo quedaba un cadáver.

.-.

Ah, ahora sí.

Mientras estaba en su habitación, comprobó sus negocios. Iban viento en popa, en especial siendo que la sociedad heroica daba mucho de qué hablar. Tener un diario lleno de chismes sobre ellos era muy lucrativo, y le permitía tener pistas sobre qué dones geniales podía robar. O rescatar, en algunos casos. Algunas personas no los aprovechaban como debían, y eso era una pena. Él los iba a honrar.

Pero ese último había llegado a su tope.

Le costó un día de reposo, que le costó quedarse todo el domingo en cama. Que fuese el cumpleaños de su madre era pura coincidencia, claro, y no tenía nada que ver con su estado. Eri le llevó una magdalena que había horneado y bebió té con ella, con miel y limón para mejorar la salud. Le sonrió: era un encanto de niña. Cuánto bien le haría el no tener ese don.

De momento, no lo tomaría.

El nuevo don le permitía manifestar partes de su cuerpo en otros sitios, con forma de niebla o humo. No tenían que ser unos con la forma que tenía su cuerpo real: podía imaginarlos y, siempre y cuando estuviera debajo de cierto nivel de volumen, podía manipularla,si podía ver el lugar donde se materializaba. Lo que quería decir que empezaba con un ojo, que miraba a otro ojo, que miraba a otro, y así hasta llegar a su destino.

Con los últimos toques de su plan, uno de sus tantos planes, en marcha, decidió esperar a que llegase el momento de las pasantías.

.-.

Impresionantes, los Nomu nuevos, la verdad.

.-.

Después del entrenamiento conjunto, en donde había logrado un puntaje perfecto, se sentía genial. Era extraño el estar así, más con niños que habían conocido a un Bakugo Katsuki distinto al que ahora veían. Parecía que les gustaba el cambio, y él no iba a objetar. Menos que menos cuando eso significaba el poder besar a Izuku Midoriya, disfrutar de su cuerpo y saber que estaba a su merced, en cuerpo y alma.

A veces quería llevárselo.

Tanto talento desperdiciado en un héroe. Su capacidad de análisis, su inteligencia y determinación eran destacables. Le había hecho bien a Shigaraki el tener a un amigo como él. Podrían haber sido mucho más fuertes juntos... pero no se podía tenerlo todo. Y, bueno, él no iba a desaprovechar las delicias de ser adolescente de nuevo.

-¿Has decidido dónde irás por las pasantías?- preguntó al muchacho que estaba sobre su pecho, piel contra piel.

-Aún no. Tengo algunas ideas, pero... - suave y fuerte. Frágil y poderoso. Qué espécimen esplendido y deseable.

-Quizás vaya con Endeavour.

-¿Endeavour?- ojos verdes mirándolo con curiosidad.

-Podría ayudarme con mi don. Y Shouto va a ir con él también. Quién sabe, quizás aprenda algo de él y de su mal carácter- dijo, acariciándole la mejilla transpirada.

Iba a extrañar estos momentos.

Por eso, cuando estaba con él, era cariñoso y dulce. Apasionado, también. No era el mejor de sus amantes, pero sí el más delicioso, y el cambio en la dinámica de poder era una novedad que no recordaba haber experimentado nunca. Midoriya creía que eran más o menos iguales, y las veces en que se veía como inferior, él acudía a recordarle que no lo era. Omitía decirle que, si así lo quería, podía destruir todo Yuuei en un minuto, o menos.

Los nanobots estaban activos.

Luego de un par de pruebas, sabía qué podían hacer y por cuánto tiempo. Tenía todos los dones que este cuerpo podía soportar con buena salud. Era hora de poner sus planes a otra velocidad. Proteger al portador del OFA era una orden que le había dado a sus dos espías restantes, y se aseguraría de hacerlo crecer hasta que estuviera listo, maduro, y el golpe lo destruyese.

Él podría quedarse a juntar los pedazos, y denunciar el sistema de héroes.

O podría destruirlo y dejar ni siquiera las cenizas, para que la sociedad se ocupase de eso.

Había veinte planes posibles que podía usar, y el camino, con alguna que otra desviación, era claro para él. No tenía por qué hacerlo todo, menos aún en persona. Podía quedarse aquí y oler las rosas mientras todo seguía en marcha. Tenía muy buenas posaderas como para dejarlas pasar.

Meintras Midoriya se duchaba, usó uno de sus nuevos dones, y espió dónde estaban Jirou y Koda. Con Present Mic, por supuesto. Sería una pena que pasase algo en ese momento, con todo el público mirando. Que notasen. De una vez por todas, que eran adolescentes a los que se les exigía que peleasen como si fuesen soldados en una guerra (y quizás empezasen a sospechar la que se venía, pero no las sorpresas extra).

"En caso de que surja una emergencia, ofrézcase con coraje al Estado"

Ah, qué recuerdos.

Los dones de Jirou y Koda habrían sido buenos, pero no los mejores que tenía a disposición. En especial, el de Koda. Ese muchacho era demasiado bueno como para ser héroe, lo iban a destrozar. Y ya que iba a suceder de todos modos, qué mejor que cuando estaba en vivo, para demostrar lo bien que le hacía a la minoridad el estar luchando como soldados.

O reaccionaban a tiempo, o iban a morir más.

Ya tenía a varios candidatos de otras escuelas, desde lo del examen, en vista. Los que tenían dones menos aprovechables, claro, que el resto mejor que madurasen para cuando él pudiera robárselos.

Esta vez se limitaría a observar.

Los criminales se batían en retirada, hacia una zona céntrica, en hora pico.

Fin de semana.

Día libre de él y de Midoriya.

Día de patrullaje para Present Mic y sus discípulos.

Con un ojo observaba la escena, y con sus oídos prestaba atención a cualquier sonido que delatase que Midoriya volvía a la habitación.

La prioridad era proteger a la gente, luego a lo material, más siendo que había grupos de menores, a veces que ni siquiera habían empezado el jardín de infantes, con sus familiares por allí. Había algunos que no tenían edad para despertar su don. Una pena. Pero la iba a hacer valer.

Entraron en un centro comercial bajo techo, héroes tras villanos.

Su dedo presionó un botón escondido, imposible de acceder a no ser que se pudiera atravesar varios arreglos recientes, sabiendo lo que se estaba buscando.

Los vidrios se hicieron añicos, explotando en todas direcciones.

Gritos, algunos que se cortaban enseguida.

Gente corriendo.

Autos chocando, héroes profesionales heridos, un par muertos, muchos civiles en el suelo, sangrando, corriendo o caminando en medio del shock.

Más explosiones.

La prensa transmitiéndolo todo.

Cuando sintió que dejaba de percibir a Jirou y a Koda, hizo explotar el resto, para no dejar pistas. Además de las que iban a ver por todo el mundo, claro. Era un cierre de acto acorde al prestigio de Yuuei: había media docena de escuelas donde sus espías iban a poder llevar a cabo sus órdenes, y podría cultivar más dones. Para que no se pensase que tenía entre ceja y ceja sólo a quienes iban a UA. No era verdad. Sólo era los que más iban a llamar la atención, luego se ocuparía del resto hasta que nadie más quisiera ser parte de ese sistema.

Cuando Midoriya regresó, diciéndole que iba a hacer el almuerzo, él le sonrió y dijo que iba a ducharse.

Sí, iba a ser una buena vida.