HOLA, AQUÍ OS DEJO LA SEGUNADA PARTE DEL ESPECIAL DE FIN DE AÑO CON DOBLE CAPÍTULO, QUE LO DISFRUTÉIS, ME AGRADARÍA SABER QUE PENSÁIS DE EL RUMBO DE LA HISTORIA MEDIANTE LOS Y FELIZ AÑO NUEVO.
Desde que Nico había abandonado a su madre y se había instalado con la familia de Pedro había mejorado bastante, poco a poco iba teniendo más confianza en sí mismo, aunque todavía quedaba mucho por hacer, de momento, el pequeño canario era más que feliz al levantarse con una madre sobria y un padre a su lado, además había ganado un hermano.
La noche en que Nico fue a vivir con la familia de Pedro ambos polluelos compartieron dormitorio y se hicieron mejores amigos, no tardaron poco en hacerse casi hermanos, Pedro, de hecho, lo consideraba como tal, pues siempre quiso un hermano para poder jugar con alguien; por su parte, Nico tardó un poco en acostumbrarse a la familia, le resultaba extraño pero agradable al mismo tiempo.
Había pasado ya un tiempo de aquello, pero Nico aún tenía que asumir bastantes cosas, algo así no se olvidaría nunca y eso el canario lo sabía.
Esa mañana, Nico se levantó de su cama un poco nervioso, había tenido una pesadilla sobre unas garras de ave que lo agarraban, pero quien lo hacía era una sombra desconocida, aunque por el contorno era un ave semejante a él y por la voz con la que pronunciaba su nombre parecía ser una hembra, era la voz de su madre, nunca se quitaría esos recuerdos de la cabeza, por mucho que lo intentase.
En esa época, Nico y Pedro eran ya adolescentes, casi adultos, de unos 19 años, en breve, ambos deben marcharse del nido de sus padres e independizarse. Pedro y Nico lo ha estado hablado desde hace algún tiempo, y echado el ojo a un par deidos en una de las zonas de selva cercana a Río, al oeste de la ciudad.
-Buenos días Nico.- dijo Pedro quien se había despertado un par de minutes antes de que lo hiciera Nico.
-Hola Pedro.- Nico se levantó de su nido y se colocó frente a el cardenal que los últimos meses había llamado hermano.
-¿Estás bien? - preguntó el pájaro rojo al ver a su amigo empapado en sudor.
-Sí, solo era una pesadilla.-
-Tenemos que decirles a papá y mamá sobre lo del nido.-
-Tienes razón, a mamá la va a dar algo.- contestó Nico.
-Bueno, pero primero, vamos a desayunar.- dijo Pedro, ambos adolescentes bajaron al piso principal del nido donde sus padres han preparado el desayuno.
-Buenos días dormilones.- dijo Ember, la cardenal que lo había adoptado hace ya mucho tiempo. Sus plumas rojas empezado a perder intensidad a la edad.
-Buenos días mamá.- dijeron ambos al unísonos.
-Vamos, vuestro padre ha vuelto del mercado, ha conseguido algunas frutas de los puestos.
Los cuatro miembros de la familia empezaron a comer una mandarina del mercado de frutas.
-Bueno, qué tenéis pensado hacer hoy.-dijo Sam a sus dos hijos quienes se miraron a los ojos, tarde o temprano tendrían que decírselo. Nico tragó el trozo de fruta que tenía en el pico y respondió.
-Bueno, veréis, ambos sabéis que ya somos prácticamente adultos, y tarde o temprano ... tendremos que construir nuestros propios nidos. Hemos estado echando un vistazo a unos nidos dentro de la zona sureste de la selva.
-Chicos, me parece bien que queráis tener vuestro propio hogar, pero ... ¿no es un poco pronto? - dijo Ember.
-Querida, por favor, tienen la edad perfecta, tal vez si se van del nido nos den nietos.- se rió Sam.
-¡Papá por favor! - dijo Pedro causando que Nico ahogase una risa.
-No digáis que no lo primero.- pidió Nico.- Por lo menos, echadles un vistazo a los nidos a ver que os parecen.-
-Podríamos ir esta mañana a dar el visto bueno.- dijo Ember, provocando una sonrisa en ambos jóvenes.- Y si están en condiciones podéis mudaros en unos días.-
-Rafael prometió ayudarnos con la construcción de los nidos, nos traerá materiales, no puede hacer mucho más, tiene que cuidar a sus cinco hijos.- dijo el cardenal refriéndose al tucán que recientemente conocido cuando buscaban sus propios nidos.
Ambos jóvenes terminaron de desayunar y se marcharon a la zona en donde se encontró la localización de sus nidos, los dos nidos estaban prácticamente uno frente a otro, apenas con tres metros de distancia uno de otro, los árboles eran bastante grandes y gruesos, por lo que tenían también otros nidos de diferentes aves.
Primero, por una parte, Pedro había fabricado su propio nido de paja y poco más. Pero Nico era distinto, tenía su propio nido, bastante grande, además había fabricado unas cortinas con hojas y enredaderas del árbol para tapar la entrada de su nido, que al igual que el de Pedro, poseía dos plantas, Nico había pedido un favor a un pájaro carpintero para realizar un agujero en el techo y conectar el segundo piso con el primero. En la zona superior no había nada de momento y la parte de abajo tenía un nido grande. El canario quería buscar algunos objetos humanos para decorar el lugar, tal vez collares, pulseras y sobre todo, telas. Pedro y él acordaron que al terminar los nidos, irían a buscar objetos en la ciudad para decorar sus casas.
-¿Nico? .- llamó el cardenal a su medio hermano desde la entrada del nido.
-Hola Pedro, ¿ha terminado? -
-Sí, vamos a la ciudad, seguro que encontramos algo interesante para los nidos.-
Ambos pájaros volaron hacia la ciudad; primero, registraron la zona norte, revisando los cubos de basura, hacía poco había sido el carnaval, en parte, motivo por el que ambos se había decidido mudar por esas fechas, tras la festividad, los humanos desecharían muchos objetos, entre ellos telas y objetos que podrían usar de decoración para su nuevo hogar.
En ese momento, Nico se encontró dentro de un cubo de restos de basura proveniente del carnaval, su pequeño tamaño le permitió desplazarse a través de los objetos sin quedar atrapado o atascado. Encontró algunos objetos que pudieron resultar útiles comenzaron a sacarlos del cubo hacia el exterior.
No había tanto donde elegir, pero lo bueno es que al menos tenían trozos de tela bastante grandes y lo siguiente que buscaron fueron plantas de algodón para hacer sus nidos más cómodos.
Pasaron media hora recogiendo ramas y otros objetos con los que ambos siguieron modificando sus nidos, durante dos horas trabajaron sin descanso, querían tener los nidos preparados ese día; después hicieron una pequeña parada para realizar un descanso y comer algo y seguidamente se pusieron de nuevo a trabajar. Nico había tomado medidas y cortó de forma muy basta, con la ayuda de una roca afilada un trozo de tela para tapar la entrada de su nido.
-¿Qué haces? - dijo Pedro al ver el trabajo de su amigo.
-Quiero tener intimidad, vale.-
-Oh, ya entiendo ...- Pedro le guiñó un ojo al canario y este en respuesta rodó los ojos.
-¿Tienes algo como clavos o agujas para fijar esto? -
El cardenal le dio un par de chinchetas que el canario clavó en la parte superior de la puerta por la parte de dentro, dejando que la tela tapase la entrada, dándole intimidad, después, clavó un trozo de metal a uno de los laterales para que pudiera sujetar la tela en caso de querer apartarla.
Tras media hora más de trabajo ambos pájaros se dieron por satisfechos.
-¿Le has dado algún uso a la segunda planta? - preguntó Pedro a su hermano cuando le vio admirar su trabajo.
-No, de momento no necesito ese espacio, lo he limpiado y he visto que una pequeña grieta que
permite la entrada de luz. Ya se me ocurrirá algo.-
-¡Esto es el comienzo de algo fantástico Nico! .- dijo Pedro abrazándolo.-Y por si fuera poco tenemos el club.-
-Pedro, no lo tenemos, tenemos que hablar con el supervisor para que nos dejen trabajar allí.-aclaró Nico.
-sí, claro, bueno, deberíamos irnos hacia allí, si no llegaremos tarde.-
Ambos pájaros volvieron a la ciudad, esta vez a una zona escondida del mercado de frutas, desde donde se oía música.
-¡NICO, PEDRO! Os estaba esperando, ya pensé que no vendríais.- dijo una voz tras ellos. Un tucán toco de pico anaranjado y plumas blancas y negras.
-Siento el retraso Rafie, ya sabes que estamos en plena mudanza.-
-Espero que mis hijos se vaya de casa a vuestra misma edad y después ... la paz.- dijo Rafael, que por esa época solo tenía cinco hijos.
-Creo que cinco polluelos son demasiados, incluso para tí.- dijo Nico.
-Bueno a ti también gustan los niños Nico.- respondió el tucán.
-Pero yo no tengo hijos, no pienso tenerlos de momento.-
-Será mejor que no hagamos esperar más a Gowther.- Las tres aves entraron al club donde un macho de guacamayo rojo les recibió.
-¿Gowther? - dijo Nico al oír ese nombre y ver al guacamayo.
-Él mismo.¿tú eres? -
-Nico, ¿no te acuerdas de mí? - el guacamayo le miró unos segundos antes de abrir sus ojos como platos.
-Dios mío Nico, me alegro de verte, pensé que te habías marchado de Brasil.-
-¿Os conocéis? - dijo Rafael.
-Bueno ...- dijeron los dos.
-Nuestras madres fueron encerradas juntas por los traficantes, solo nos vimos una vez cuando éramos pequeños.- explicado el guacamayo rojo.
-Vaya.- dijo Rafael.
-Me alegro de ver que estás bien, sobre todo después de escuchar lo que pasó con tu madre.
-No me hables de eso, por favor.- Nico siempre evitaba el tema cuando alguien lo nombraba, al parecer el escándalo fue lo bastante grande como para que se conociera en toda la ciudad.
-Bueno, qué os parece si os digo como nos organizamos aquí y vamos preparando una actuación.¿podríais actuar esta noche? -
-Sin problema.- contestó Pedro rodeando con el ala a Nico.
Ambos pájaros hablaron con Gowther y unos minutos después salieron del club con la intención de volver a casa cuando escucharon el grito de una mujer joven cerca de su posición, rápidamente giraron a la izquierda, encontrándose a un grupo de tres gorriones europeos acosando a una hembra de canario.
Nico y Pedro les conocían, eran los tres hermanos que siempre se metían con ellos cuando eran pequeños. A Pedro le molestaban metiéndose con su peso, ya Nico, le acusaban de bastardo.
-Déjala en paz Scott.- dijo el canario.
-Vaya, vaya, mira quién está aquí ... el dúo dinámico; el gordo y el flaco.-
-Vete a la mierda Scott. Eres más mayor que nosotros y sigues viviendo con tu madre.- dijo Nico haciendo que los otros dos gorriones se rieran de su hermano.
Scott era el mayor, mientras que sus otros dos hermanos mellizos, que eran un par de años más jóvenes que él, de la misma edad que Nico y Pedro.
-Cierra el pico accidente de prostíbulo, esto no te incumbe.-Nico le dio un puñetazo a Scott. Estaba harto de los insultos que había sufrido toda su adolescencia.
Scott le devolvió el golpe y le lanzó a unas bolsas de basura.
-Voy a dejarte sin plumas enano.-
Nico se incorporó apoyándose en la basura buscando algo con lo que defenderse, agarró una chapa de botella y la lanzó contra Scott, la chapa le dio entre los ojos provocándole un pequeño corte, después repitió el movimiento con los otros dos pájaros que salieron huyendo al ver que Nico podía hacerles bastante daño si necesitaba defenderse.
-Cobardes ...- murmuró Pedro acercándose a su amigo.
-¿Estás bien? - dijo Nico levantándose y poniéndose en frente de la hembra, a la que ahora podía ver mejor.
Era preciosa, una hembra de su especie, de plumas de un amarillo brillante, redondeles anaranjados en sus ojos morados y su cuerpo delgado.
-Sí, -... gracias.- dijo de forma tímida mientras el macho la ayudaba a levantarse.
-Soy Nico, nunca te había visto por aquí.-
-Bueno, es que soy nueva en la ciudad, llegué hace un par de días y aún no conozco bien la localidad.-
-Río es una ciudad fantástica, acabarás acostumbrándote, créeme.-
-Me gustaría, la verdad no tengo ni idea de por dónde empezar y estoy un poco perdida, por eso me metí en este lío, supongo. Normalmente me defiendo sola, pero esta vez eran más fuertes de lo que pensaba, creía haberles dado esquinazo hace unas calles cuando les empujé, pero debieron seguirme.-
-Esos idiotas se meten con cualquiera más débil que ellos, créeme lo sabemos por experiencia.
-Chicos siento interrumpir.- dijo Pedro.- pero teníamos cosas pendientes.-
-Oh, sí, lo siento, debo irme. Ya nos veremos ...-
-Violette.-
-Oh, beno, ya nos veremos.-
Violette alzó el vuelo y se despidió de ambos machos mientras Nico la observaba desaparecer en la lejanía.
Nico quien seguía teniendo en cuenta la chapa de botella agarrada la hecho un vistazo.
- "sería un bonito sombrero" - pensó.
