AVISO: RATED M
Viene otro relato lleno de sangre y alusiones fuertes por todas partes. Y el personaje de Tony Torrance (el Gastly), aunque se expresa con cierto lirismo, también es adepto del humor negro y el sarcasmo crudo; así que, quien crea que puede sentirse ofendido por ello, mejor que no siga leyendo, porque no es mi intención molestar a nadie: se supone que este es un cuento de terror para entretenerse con él. A quienes decidan seguir adelante ¡gracias por la lectura! ^^
Aquello se parecía cada vez más a un sueño particularmente rocambolesco. Cristal observó, todavía con apenas aliento, cómo Arcapeon y Cupeon se acercaban a Tony con curiosidad, y este les explicaba algo en el misterioso lenguaje de los pokémon; con aquella voz arrastrada característica de los Gastly que, desde luego, la joven entrenadora había oído varias veces mucho antes de llegar a Pueblo Lavanda.
De repente, algo dentro de ella, una de aquellas habitaciones a oscuras a las que asomarse le había provocado escalofríos y sensaciones de disonancia durante toda la noche, se iluminó misteriosamente al ser atravesada por un pensamiento peregrino.
"Así que, cuando los lavandeses se refieren a un 'compañero', se refieren a esto. A la relación entre un humano y su pokémon… o entre un pokémon y su humano."
Había oído varias veces esa palabra en boca de varios de los trabajadores con los que había conseguido hablar. Entre ellos, Dulce y Kira, que habían dicho que Hallorann había compartido su despacho con un ahora excompañero ¿Se referían, tal vez, a un pokémon ahora muerto? Si era así ¿era posible que siguiera, de alguna manera, en contacto con él, y que esta fuera la razón por la que tenía conocimientos que otros no tenían?
Estaba demasiado cerca del pozo negro que se había propuesto no escudriñar con demasiada insistencia esa noche, e iba a tener que apartar la vista para sequir avanzando. Pero todavía le quedaban algunos misterios que intentar resolver antes de enfrentarse a ese en concreto. De hecho, también había algo en aquellas cuestiones, algo más prácticas y mundanas, que no terminaba de cuadrarle; detalles que le concernían en especial debido a su misión de aquella noche.
—¿Qué ha pasado exactamente, Tony? —le preguntó, cuando por fin pudo articular sonido sin parecer más una niña perdida en un cementerio de madrugada que una Campeona en acto servicio— He venido en cuanto he podido. Incluso hubiera ido a buscar al señor Fuji, si supiera donde está.
—¡Cómo! ¿No está aquí? —Replicó el Gastly, sorprendido.
Las tres chicas y los dos pokémon que las acompañaban se miraron, también sorprendidas.
—¿Es que se supone que debería estar aquí? —contestó Kira, perpleja— Yo no lo he visto en toda la noche.
—Y yo tampoco —confirmó Dulce, con los ojos tan abiertos que parecían del doble de su tamaño—. Si lo hubiera sabido, hubiera llevado directamente a Cristal con él en cuanto rescatamos a Kira.
La joven entrenadora estaba completamente segura de no haber visto jamás a un pokémon fantasma con semejante expresión de desconcierto en la cara. Aunque, claro, tampoco había visto nunca a un pokémon fantasma jugando a ser humano. Al menos, no con tanto éxito.
—¿Por qué has cambiado de aspecto? —Se le escapó, por genuina curiosidad.
La sonrisa con la que contestó él, indudablemente, le hubiera parecido mucho menos aterradora en el rostro de un pokémon: no creía que pudiera acostumbrarse a ver la expresión ávida más o menos propia de los Gastly en un rostro humano.
—Oh… digamos que… me gusta fundirme con el ambiente. Evidentemente, nunca me vas a ver hacerlo en compañía de Danny, mientras estamos trabajando. De hecho (ahora que lo pienso), ni él ni sus colegas humanos me han visto nunca con este aspecto. Como tampoco han sido nunca testigos del verdadero alcance de mis poderes… aunque Danny sabe que existen, desde luego. Como también sabe que la Torre es mi ecosistema natural, razón de más para pasar cuatro ratos en ella, sobre todo por la noche. El personal está ya tan acostumbrado a que empiecen a pasar cosas raras en cuanto se pone el sol que hasta están tranquilos sabiendo que hay un pokémon fantasma aquí para plantarle cara a los muertos más díscolos llegado el momento, así que todos contentos.
—Entonces… Danniel sabe que estás aquí ahora mismo. —Aseveró la joven entrenadora, agarrándose a la nueva información que estaba recibiendo, y a la necesidad de encajarla entre los demás datos que tenía, para asegurarse de que Tony no se percataba demasiado de las reacciones que le provocaba. Más por dignidad que por tacto, porque sabía perfectamente que a la mayoría de los pokémon de tipo fantasma, al contrario que a los espíritus de los difuntos, rara vez les importaba mucho causar terror. De hecho, tenían fama de disfrutarlo, e incluso de alimentarse de ello.
Si era cierto lo que el joven locutor le había dicho aquella tarde, que todos los entrenadores de pokémon fantasma se parecían, tampoco tenía que sorprenderle demasiado encontrarse a su compañero dándose un paseo nocturno en solitario por un lugar espeluznante. Creía recordar que la familia de pokémon gas de Morti también entraba y salía a su aire, además de rondar alegremente por la Torre Quemada, con todo el beneplácito de su entrenador. El Gastly corroboró sus pensamientos asintiendo con renovada seriedad.
—Como que nos llamamos Torrance. Quería venirse conmigo, pero Fuji y yo no lo hemos dejado: nuestra investigación se ha convertido de la noche a la mañana en tarea peligrosa hasta para los pokémon fantasma, así que no digo nada de cuánto debe serlo para los humanos seglares. La cuestión está en que me cree en compañía del sacerdote, que se suponía que iba a venir a encontrarse conmigo sobre las doce. Pero no ha llegado a venir.
Kira y Dulce tragaron saliva al unísono.
—El señor Fuji jamás ha faltado a sus deberes —dijo la pelirroja, casi susurrando—. Y, si le hubiera surgido algo, te lo hubiera dicho. Debe de haberle ocurrido algo por el camino
—¿Estáis diciendo… que creéis que el guardián puede haberle hecho daño? —preguntó Dulce, horrorizada— Pe-pero… ¡no puede ser! ¡Si hay alguien en Pueblo Lavanda que puede entrar y salir… libremente de la Torre sin que nada ni nadie le toque un pelo, es precisamente el señor Fuji!
El Gastly caminó erráticamente por el pasillo, con aire reflexivo. Estaba tan perdido en sus pensamientos que incluso empezó a levitar suavemente, mientras las chicas y los dos pokémon lo seguían con la vista. A cada segundo que pasaba, parecía más y más preocupado.
—Tal vez… ¿el Memorial? Sí, tendría sentido. Es una de las pocas personas que está al tanto… Pero, entonces, ¡llevamos varias horas de retraso! ¡Puede haber pasado prácticamente cualquier cosa!
La campeona intercambió una mirada rápida con cada uno de sus compañeros. Todos los rostros reflejaban la misma impresión de no estar enterándose absolutamente de nada. Así que le concedió Tony unos instantes más para pensar en voz alta antes de decirle:
—Tony, todo parece cada más confuso a cada segundo que pasa. Dices que has sido atacado por el guardián; pero aquí estás.
—Sí… Cristal tiene razón —dijo Dulce, con aire repentinamente suspicaz— El guardián lleva varios siglos atrapado en este plano… y la rabia que lo consume le da aún más poder. Hasta los espectros más viejos y poderosos reconocen… que no tendrían nada que hacer contra él en un cara a cara ¿Y tú te has librado de él tú solo, sin ayuda de un exorcista?
—Además dices que se supone que Fuji también tendría que estar aquí… pero lo único que nos hemos encontrado hasta ahora ha sido gente… que no tenía ni idea de nada —añadió Kira, cruzando los brazos firmemente sobre el pecho y con un tono de voz algo más duro de lo que tal vez pretendía—. Ni siquiera Hallorann... con quien hemos estado hablando un buen rato sobre la leyenda del guardián... tenía ni idea de qué podía haber sido de ninguno de vosotros dos. La única pista potable era un reguero... de fantasmas sometidos, que nos han atacado prácticamente a traición. A mí me ha tenido atrapada durante un buen rato… a Dulce la manipuló para que luchara contra Cristal... ¿Y a ti, que supuestamente lo sabes todo… te ha dejado marchar? ¿Qué nos dice que no estás poseído tú también?
En ese momento, la Campeona se dio cuenta de que, en realidad, nunca había visto a un pokémon fantasma verdaderamente furioso, y desde esa noche, rezó a menudo para no volver a ver uno nunca más. La expresión de Tony se ensombreció y sus ojos resplandecieron como fuegos fatuos ensangrentados. Cuando extendió la mano, envuelta en un aura negra y pulsante, para señalar a Kira, esta parecía más la garra de un Haunter que una mano humana. El único que pudo reaccionar fue Arcapeon, que se plantó entre el pokémon gas y su amiga, con el hocico entreabierto lleno de amenazantes llamas. Solo entonces, Cristal pudo reaccionar.
—¡No, por favor! —exclamó, preocupada— ¡No os peleéis! Tony… ya me he enfrentado a varios pokémon poseídos, y he visto cómo se comportan. Sé que no estás poseído, ni sometido. Pero Kira y Dulce han sufrido en sus carnes los métodos del guardián no hace todavía ni tres horas, y no han tenido tanto éxito como tú. Por favor… entiéndelas.
El Gastly bajó despacio la mano levantada, que dejó de brillar poco a poco, y emitió un suspiro largo y pesaroso. De pronto, pareció tan agotado como un humano que llevara varias noches sin dormir un solo minuto. Las fauces de Arcapeon también se apagaron, y el pokémon se sentó tranquilamente en el suelo, mientras Kira le revolvía, agradecida, la abundante melena marfileña que le cubría la cabeza.
—Lo siento —dijo Tony, inclinándose ante las dos muchachas que lo habían interpelado, con la voz más arrastrada que nunca—. Suponía que os había costado llegar hasta aquí, pero no estaba al tanto de que habíais tenido también vuestra dosis de choques con el guardián… aunque también supongo que, precisamente por eso, sabéis por qué esta "victoria" me preocupa tanto.
Dulce y Kira respondieron al unísono a la inclinación.
—Perdónanos tú a nosotras. Precisamente porque sabemos por… nosotras mismas lo mal que has debido pasarlo, no deberíamos… habernos tomado tu situación a la ligera. —Se disculpó Kira.
—Sentimos haberte ofendido —dijo Dulce—. No pretendíamos llamarte mentiroso.
—Dices que tu "victoria" te preocupa —le dijo la Campeona, retomando el hilo de la conversación que casi habían dejado atrás— ¿Por qué, exactamente? ¿Y qué tiene que ver en todo esto el hecho de que el señor Fuji no se haya presentado?
—Porque creo que, en realidad, no se puede decir que haya vencido al guardián —contestó él, con una seriedad casi tan aterradora como había sido su ira—. Lo que pasa es que me he resistido el tiempo suficiente como para que él ya no necesitara utilizarme… o silenciarme. Así que, al final, me ha dejado ir voluntariamente.
"Veréis… todo empezó hace un par de meses, cuando le encargaron a Danny que preparara un especial sobre Pueblo Lavanda para nuestro programa. Ni que decirse tiene que lo consideró un honor, y que se lo tomó más que en serio. Decidió que iba a dedicar su especial a la Torre Pokémon y al Memorial, a modo de homenaje al cementerio desmantelado y de denuncia del estado de las cosas en cuanto al… nuevo cementerio, si es que se le puede llamar así a esa chapuza aberrante. Y, ni que decirse tiene, yo lo ayudé con la investigación más que encantado. Concretamente, me dediqué a trabajar con Mazakala Hallorann, nuestra gran autoridad local, mientras él estudiaba toda la documentación que caía en sus manos acerca de la Torre: leyendas, cuentos, tradiciones, rumores, descripciones en folletos… todo le valía, todo lo investigaba, todo lo contrastaba; aunque luego lo tuviera que desechar. Incluso le pedimos permiso al señor Fuji para acompañarlo durante sus quehaceres como sacerdote, para criticar con conocimiento de causa. Y aquí está lo más interesante de todo: a mí me permitió escoltarlo durante un par de sesiones, pero se negó a permitirle a Danniel pleno acceso al Memorial."
—Todos sabemos que hay cámaras en el Memorial… a las que solo puede entrar el señor Fuji —comentó Dulce, con interés. Cristal, sentada en el suelo con Arcapeon y Cupeon a su alrededor para soportar mejor el frío, no se perdía ni una sola palabra—. Pero nadie está del todo seguro de por qué… aunque creemos que tiene algo que ver con el mal estado en que se encuentran.
—Sí y no —contestó Tony—. Si eso fuera todo, el señor Fuji nos hubiera dejado entrar a los dos. Apoya sin la menor reserva cualquier cosa que pueda ayudarnos a hacer esta situación mínimamente sostenible. Lo que yo descubrí mientras lo acompañaba fue… interesante para mí; pero tal vez podría ser muy fuerte para un humano vivo, como Danny. A veces, hasta el propio Fuji necesita varios días de descanso para reponerse adecuadamente de las cosas que se ha llegado a encontrar ahí dentro; así que imaginaos lo terrible que puede ser para alguien que carece de la preparación requerida como sacerdote o exorcista. Pero no adelantemos acontecimientos.
"La cuestión es que, mientras yo trabajaba con él, Danny se fue a la Universidad Azulona en busca de documentación de archivo; esperando encontrar por escrito la información que no podía obtener en persona, ya que las descripciones que yo podía aportarle eran bastante vagas. Sabrina y Erica, descendientes de los señores de Sion, lo ayudaron todo lo que pudieron con los medios de que disponen, que son bastantes. Y cuando confrontamos los resultados de nuestras respectivas pesquisas, descubrimos algo que podía cambiar por completo la situación."
"En la biblioteca privada de la familia Tamamuchi, Danniel encontró los planos originales de la Torre Sion, elaborados bajo la supervisión directa del señor Isamu durante los años que se estuvo acondicionando la morada ancestral de la familia como cementerio, y pasó un día entero solo comparando ese documento con los planos más recientes tanto de la Torre Pokémon como de la Torre de Radio, e incluso de todo Pueblo Lavanda. Y yo pude hablarle aproximadamente del auténtico tamaño de lo que llamamos el Memorial, aún sin tener en cuenta las cámaras en las que ni el señor Fuji mismo se atreve a entrar y en las que, naturalmente, tampoco yo entré."
"Así fue como descubrimos que, en realidad la Torre Pokémon no cuenta solo con siete plantas… sino con nueve."
En un primer momento, Cristal se preguntó cómo era eso posible. Pero, de pronto, le vinieron a la mente algunos pequeños detalles del relato que les había contado Hallorann sobre el sitio de la Torre Sion, además de las maniobras que ella misma había llevado a cabo para liberar Ciudad Trigal del Team Rocket, y comprendió lo que el Gastly pretendía decir.
—¿Sótanos?
—Exactamente, Campeona —respondió Tony, con una gran sonrisa y un guiño sardónicos— ¡Sotanos! Esas mazmorras y pasadizos a los que tanto y tan excelente partido gustaba de sacar Canalla Tamamuchi ¡siguen tal y donde él los dejó! Y, naturalmente, están incluidos en los terrenos de la Torre Pokémon original.
Ahora entiendo cómo es que Hallorann y Tony se llevan tan bien, se dijo Cristal. El anciano psíquico debía de haber encontrado en él a un auténtico compañero con el que pasar todo el tiempo libre de que dispusiera reuniéndose en cualquier rincón que pareciera más o menos disponible para escucharse el uno al otro desbordar pasión sobre la historia de Pueblo Lavanda (ya fuera mientras tomaban café o mientras hacían grullas de papel). Casi podía imaginárselos sentados en cubos o cajas dentro de un armario para escobas, compartiendo una bandeja tras otra de aperitivos mientras se retaban a contar una curiosidad que el otro no supiera, cotilleaban sobre los personajes históricos como si fueran vecinos vivos del pueblo e inventaban juntos nuevos apelativos con que designar al difunto tirano. Hubiera sonreído ante la surrealista imagen de no ser porque lo que el Gastly le estaba contando, pese al tono distendido con que lo decía, le insinuaba algo que no le hacía la menor gracia, y menos aún en aquella situación.
Y al él tampoco debía de gustarle mucho la idea, a juzgar la rapidez con que su mueca sarcástica se quebró, sustituida de nuevo por una expresión de mortal seriedad, casi de dolor.
—Mazmorras y pasadizos… que se extienden a más de dos kilómetros a la redonda como un enorme laberinto —dijo, como masticando las palabras—. Imaginaos la cara que puso Fuji cuando le mostramos las copias que habíamos sacado de los planos. Otros sacerdotes más devotos que él hubieran colgado los hábitos en ese preciso instante… pero el nuestro, como ya sabéis, además de devoción, tiene más coraje que todos sus predecesores juntos: se limitó a pedirnos que siguiéramos investigando, y le informáramos de todo lo que encontráramos que pudiera competerle al ejercicio de su labor y la protección de los residentes, temporales o permanentes, de Pueblo Lavanda. Es todo lo que le preocupaba.
"Esto ya se salía de los cauces de nuestro especial para 'Pokémon Mundo Misterioso'. De hecho, acordamos con el señor Fuji no hacer público absolutamente nada, a menos que se convirtiera en una cuestión de vida o muerte, hasta que la investigación no estuviera completa. No queríamos cometer un error de cara a nuestros paisanos que luego hubiera que intentar corregir. Así que hemos pasado estos dos meses trabajando en ese proyecto como podíamos y cuando podíamos, tanto juntos como cada uno por nuestro lado, y hemos decidido emitir en su lugar un especial sobre Ciudad Iris (ese en el que, si sigues interesada a pesar de todo este follón, vas a participar tú, Cristal). Danniel siguió devorando todo el material que encontraba que pudiera acercarle a la más remota pista; yo, haciéndole preguntas a las almas en pena que me encontraba aquí y allí. No ha sido nada fácil: la mayoría de los fallecidos a lo largo de los siglos han ido trascendiendo, así que no había casi nadie que pudiera contarme nada útil."
"No obstante, nosotros dos estamos acostumbrados a tener que arrancarle hechos reales a las leyendas más oscuras y retorcidas. Es nuestra especialidad, acceder a recuerdos perdidos por los callejones adyacentes, como el protagonista de la novela El Golurk[1]. En este caso, nuestra palanca para abrir la puerta ha sido, curiosamente, los rastros que ha dejado nuestra historia local en las leyendas johtenses: también se habla de la Torre Pokémon en el antiguo feudo de los señores Dragones (y casi más que aquí; ya que ellos están lejos de la sombra de sus muros, así que nuestros tabúes no son tan fuertes para ellos), aunque desde una perspectiva distinta a la que tenemos los lavandeses y los safranios. Cotejando los testimonios recogidos en los documentos de archivo que estaba consultado Danniel con algunas de las viejas leyendas y rumores más o menos olvidados que podían contarme algunos espíritus de fallecidos antes de la guerra que habían tenido interés en este tipo de temas en vida (como el Alakazam de Dick Hallorann; o una Kingdra del clan Wataru, que ha trascendido hace unos días ¡Descanse en paz! Era una buena muchacha) conseguimos encontrar algunos patrones, que nos permitieron reconstruir algunos hechos históricos oscuros… y elaborar alguna que otra teoría. Conjeturas, tal vez… pero que nos daban una idea un poco más clara sobre el estado de las cosas. Y Fuji, con su experiencia propia, nos podía ayudar a contrastar algunas de ellas."
"Según cuenta la tradición compartida en Kanto y Johto, una leyenda que ya era antiquísima antes de que los Tamamuchi construyeran la Torre Sion, el alma del primer difunto enterrado en un cementerio debe convertirse en su guardián eterno, a menos que alguien, humano o pokémon, vivo o muerto, se ofrezca a ocupar su lugar. En nuestro caso, se realizaron los rituales oportunos para depositar esa responsabilidad en Growlithe, antiguo compañero de Yellow del Bosque Verde, para que pudiera purgar su alma mediante el servicio a los muertos."
"Desde entonces, ha cumplido con su deber fielmente… en ocasiones, incluso, con excesivo celo. Hasta tal punto que ha habido momentos en los que se ha llegado a dudar de la decisión de la princesa Tamamuchi: siempre ha habido quien ha opinado que a lo mejor no fue buena idea depositar la custodia del cementerio en las patas de un espíritu cegado por el rencor. Pero, una y otra vez, se acaba llegando a la conclusión de que fue la mejor opción posible: Growlithe no descansa en paz; pero, al menos, ha conseguido instrumentalizar su rabia, en lugar de sembrar muerte y terror por toda la zona esparciéndola por doquier sin control en una venganza sin objeto ni sentido. En vida fue un pokémon diligente, con dotes naturales de líder, incondicionalmente leal e incorruptiblemente honorable. Y ha seguido siéndolo en la muerte, incluso con el corazón lleno de cicatrices negras. A pesar de lo expeditivo de sus métodos, no podemos decir que sea un mal guardián. Y tampoco me sorprendería demasiado enterarme de que, en otros cementerios, hay guardianes mucho más temibles que él."
"La cuestión es la que sigue: desde el momento en que la Torre Sion se convirtió en la Torre Pokémon, esta zona del mundo (como todas aquellas de las que se tiene noticia, en realidad) ha conocido rachas tranquilas, rachas convulsas y rachas apocalípticas. Aquella Baya del árbol Tamamuchi estaba tan podrida que hasta a sus propias descendientes les parece sorprendente que su semilla resultara ser buena; se comportaba con tal monstruosidad que, probablemente, la única razón por la que Giratina no lo repudió sin dilación fue que mantenerlo a Este Lado hubiera sido peor tormento para los demás que para él… pero, como bien demostró el legendario Rojo, a efectos prácticos seguía siendo solo un hombre: un gran problema para sus siervos, un pequeño problema para la Historia. Su sangre era tan roja, y tan fácil de derramar, como toda la que había hecho derramar con deleite él mismo. Pero estaréis de acuerdo conmigo en que hay calamidades que no se solucionan precisamente cortando cabezas, como se demostró en los siglos que siguieron."
"Después de él, vino una guerra especialmente cruenta entre los Tamamuchi y los Natsume, que duró casi una década (concretamente, hasta que los hijos primogénitos de cada clan tuvieron edad suficiente como para saldar sus absurdas rivalidades humanas con un matrimonio que, obviamente, fue celebrado más por el resto de la región que por los recién casados) y que acabó con las vidas de casi todos los machos humanos jóvenes de las montañas del Este y de sus compañeros pokémon respectivos; por no tener en cuenta todas las que se llevó por delante fuera de los campos de batalla, de manera directa e indirecta, a través de las razias y los crímenes de guerra. Durante casi una década, apenas pudieron nacer niños humanos en esta zona; tan mermada se quedó la población en edad de procrear. Tres generaciones después de que los herederos Tamamuchi y Natsume resolvieran sus rencillas en la alcoba matrimonial, cuando los que habían celebrado la paz apenas se habían reunido con sus padres en la tierra, los señores Dragones se aliaron con el joven y belicoso Emperador y procedieron a la conquista de los territorios al Este del Monte Plateado para él. Naturalmente, nuestros señores se resistieron bastante; lo cual resultó en una guerra aún más sangrienta que la anterior, pero mucho más corta: en aquel entonces, poco podían hacer los plantas, los psíquicos y los veneno que solemos andar por las tierras del Este contra los dragones voladores de Ciudad Endrino, como poco podemos hacer ahora. Hasta a los que tenemos poderes de ultratumba nos resulta complicado lidiar con un dragón en el apogeo de su poder, y tened por seguro que los endrinos estaban acostumbrados a guardar la frontera desde los albores de su clan: no subestimaban ni siquiera a los Magikarp, a los que entrenaban a menudo con suma alegría para hacerlos convertirse en Gyarados. Gracias a Arceus, el Emperador era despiadado como conquistador, pero también un gobernante astuto y un excelente estadista: una vez sometidos a él, respetó los señoríos de los grandes clanes de Kanto al mismo tiempo que impedía que se atacaran entre sí; de manera que las guerras internas se acabaron tras la unificación. Así que el país se recuperó, y hasta prosperó. Pero antes de que hubiera pasado siquiera un siglo, hubo una sequía espantosa, que no necesitó durar los tres años que había durado la conquista para que la ahora conocida como prefectura de Kanto empezara a languidecer hasta casi morir de inanición. Hasta varios de los señores llegaron a acusar la espantosa escasez, que devoraba a los siervos como si tuviera ella misma un hambre de siglos. Y luego, cuando los niños y pokémon engendrados durante los últimos días de bonanza no estaban todavía acostumbrados a ver llover, ni a ver hojas verdes y bayas frescas colgando de los árboles… llegó la Peste, que se cebó sin misericordia en la población todavía debilitada por la hambruna. Hubo un momento en que las calles se llenaron de cadáveres que nadie se atrevía a intentar recoger ni, mucho menos, enterrar. Algunas aldeas fueron quemadas enteras por este motivo."
"Imaginaos cuántos espectros pueden haber surgido de ahí: asesinatos de civiles inocentes durante las operaciones militares (no tenemos muchos fantasmas de soldados aquí, la verdad: parece ser que la gente que ha hecho del asesinato un oficio suele estar preparada también para ser asesinada); padres y abuelos que han enterrado a hijos y nietos antes de morir también ellos; niños abandonados a la muerte por sus padres porque ya no podían alimentarlos y preferían fingir que se habían perdido en alguna cueva o escapado de casa a la tortura de verlos agonizar por inanición; crueldades e injusticias por ajustes de cuentas entre señores que alcanzaban a sus siervos como una cascada de agua contaminada envenena todo un bosque; seres humanos y pokémon cuyos cuerpos han estado abandonados durante días, o incluso semanas, en su propia casa, antes de que esta se convirtiera en una pira funeraria sin funeral… tanta rabia, tanto rencor, tanto dolor ahogado sin llegar a ser escuchado jamás, sin duda, han resonado por todos los pasillos de la Torre Pokémon durante siglos. A Danniel y a mí, sinceramente, nos sorprende horrores que este sitio no se haya devorado a sí mismo en su propia oscuridad… y deducimos que se lo debemos, precisamente, al guardián. Porque sus métodos, aunque aterradores tanto para vivos como para muertos, son extremadamente eficaces."
"Es un hecho registrado que, para cuando se empezó a construir Pueblo Lavanda, ya había varias generaciones de pokémon sepultadas en la Torre. Existen diversas teorías sobre por qué se creó este asentamiento, algunas incluso contradictorias entre sí: que si para establecer un núcleo urbano entre la Ciudad Azulona y la Ciudad Fucsia por orden del Emperador tras la desaparición de varias aldeas durante la Peste, que si porque los descendientes de Isamu Tamamuchi deseaban que hubiera seres humanos viviendo cerca del cementerio para mantenerlo en buen estado, que si porque las cuevas de las montañas facilitaban ocultarse de los ejércitos durante los sucesivos periodos de guerra… pero hay una de ellas que, aunque bastante poco conocida, es compatible con todas las demás, pudiendo incluso ser el origen de todas ellas: que, en un momento dado (no se ha recogido en ningún documento el momento exacto), ocurrió algo particularmente grave en la Torre Pokémon estando esta todavía sin vigilancia humana. Algo que causó un auténtico desastre, y que exigió que se tomasen medidas drásticas por parte de las autoridades de entonces para evitar que fuera a peor… o que pudiera, llegado el momento, volver a repetirse."
"Esta teoría está respaldada por un buen puñado de historias, de esas que mantienen despiertos toda la noche hasta a los que ya no necesitan dormir. Las versiones menos contradictorias la ubican en algún momento de la conquista de los Dragones del Oeste, antes de que la región pasara a la tutela del Emperador definitivamente, y suelen empezar con uno de los ejércitos endrinos buscando maneras de desplazarse por las provincias ya conquistadas o avasalladas de Kanto."
"De alguna manera, habían averiguado que había un viejo túnel en las montañas, excavado por pokémon pero practicable también para los humanos, que les permitiría conectar por el Este la zona sur de la prefectura con las rutas y ciudades del norte; tal y como está a día de hoy. Así que el general endrino que había ocupado con sus tropas la que hoy día es Ciudad Azafrán envió a una escuadra, en compañía de un lugareño, para explorar el lugar, y ver hasta qué punto podía un grupo de personas pasar por ese túnel sin problemas."
"Todas las versiones coinciden en que el involuntario guía era un chico con algún tipo de capacidad extrasensorial, así que tal vez tuviera sangre Natsume, aunque no estuviera reconocido como tal por la noble familia (Hallorann ya os habrá contado que algunos señores de Sion eran de carne débil). El desdichado muchacho no tendría ni once años, y había sido obligado por el general a acompañar a sus soldados mediante los siempre convincentes argumentos de los poderosos de entonces (ya conocéis el estilo habitual entre los señores de la guerra cuando se les concede la patente de corso en nombre de la "sumisión del enemigo": quemar su casa con su familia dentro, violar a sus hijas y hermanas, degollar a un aldeano al azar por cada vez que se negara a hacer lo que se le pedía… cosas de ese tipo). Kingdra hizo especial hincapié en el detalle de que los soldados endrinos mantenían como rehén a su compañero Pokémon, un Drowzee, con la amenaza de matarlo si él moría; según decía ella, porque intentó suicidarse varias veces por el camino para no traicionar a su gente. Aunque otras versiones del relato que ella había conocía dicen que lo hizo porque había visto en sueños lo que iba a pasar."
"Se suponía que la escuadra tenía que tardar dos días en volver, y no se contaba con acusar ni una sola baja. Pero el sol salía y se ponía una y otra vez, y no había ni rastro de los soldados. El general no podía estar más furioso. La gente del asentamiento, en cambio, lloraba al niño y a su Drowzee como si hubieran sufrido un destino aún peor que la muerte; pero la única explicación que parecían atreverse a dar era que esperaban que a la escuadra no se le hubiera ocurrido pernoctar a la sombra de las montañas, porque el lugar estaba maldito. Por más que los dragones hicieron preguntas, nadie fue capaz de explicarles nada más: ni a qué tipo de maldición se referían, ni por qué el lugar estaba maldito, ni siquiera cómo podían estar tan seguros de que fuera cierto. La gente parecía temer mucho más a lo que quiera que hubiese allí que al poder aplastante de los señores del Oeste. Finalmente, el general, ahora más asustado que verdaderamente enfadado, decidió marchar hacia las montañas en persona, llevando consigo a varios guerreros con equipos pokémon experimentados de distintos tipos."
"El destacamento no debió tardar mucho en llegar a las faldas de las montañas, y al principio no encontraron nada allí que les indicara que estaban en un sitio especial. Solo una especie de torreón brotando sobre los riscos; en un lugar de acceso relativamente fácil, pero que no les pillaba de camino. Fue desde la entrada de la cueva, que estaba excavada en la roca viva al pie de la montaña, desde donde tuvieron una vista clara de ese torreón, que no era otro que la Torre Pokémon."
"Al darse cuenta, por su aspecto, de que el lugar estaba completamente deshabitado, el general les habló de cierta historia que había oído una y otra vez en otros lugares de la prefectura, contada por gente que había ido a aquel lugar a enterrar a un pokémon: el relato de cómo el último señor de la Torre Sion, Kanaye Tamamuchi, había atraído la maldición sobre su morada con sus ultrajes reiterados hacia sus siervos para satisfacer su morbosa libido; de manera que la única manera de aplacar a los espíritus de sus víctimas había sido hacerles la ofrenda del hogar ancestral de la familia como morada eterna. Dicen que, pese a haber librado decenas de cruentísimas batallas, no pudo reprimir un escalofrío al ver aquella vieja mansión de la Muerte, decrépita tras años y años de descuido, recortándose contra el cielo dorado del ocaso; arrojando sobre todos ellos una sombra que parecía tener vida propia. Así que decidió que acamparían en una explanada guarecida entre las peñas, justo a la entrada del túnel y fuera de la vista de las ventanas de la Torre. Al día siguiente, ya entrada la mañana, reiniciarían el viaje a través de la cueva, dejando allí a un grupo de entrenadores con pokémon siniestros y fantasma para entrar en el cementerio e intentar averiguar qué había sido de sus camaradas desaparecidos. La consigna era explorar el lugar a plena luz del día y haberse refugiado en el túnel antes de que el sol se hubiera ocultado tras las montañas."
—Se ve que ese tipo era más inteligente para protegerse a sí mismo que para proteger a sus hombres. —Comentó Cristal, con disgusto. Arcapeon y Cupeon emitieron exclamaciones de indignación, y Kira, que estaba completamente absorta en la historia, se limitó a asentir con energía.
—Desde luego, ya podría haber empezado a hacer preguntas sobre la Torre Pokémon… antes de mandar allí una escuadra entera… ¡además de a un chiquillo con su Drowzee… por muy psíquico que fuera! —se indignó Dulce. Luego la mirada se le enterneció— Es horrible, esa… capacidad para mandar a uno a luchar por él… y a morir por él.
Tony contestó a aquellas muestras de desagrado con una irónica risa queda.
—Incluso a él mismo no les quedaría más remedio que daros la razón —dijo—. Precisamente, porque todas aquellas precauciones para mantener a salvo el pellejo le sirvieron de más bien poco: aunque habían sido poco precisas con los detalles al respecto, las gentes de Ciudad Azafrán le habían advertido, una y mil veces, de que el paraje entero estaba maldito… y era verdad.
"Algunas versiones dicen que pasó apenas el cielo se hubo oscurecido por completo; pero yo creo que todos los sucesos que han ido ocurriendo desde entonces a lo largo de los siglos le dan más crédito a las que dicen que ocurrió sobre la media noche, con el primer cambio de guardia. Como tú misma habrás comprobado, Campeona, estas cosas tienden a suceder entre las doce de la noche y las tres de la mañana: es una especie de constante que se repite una y otra vez en diferentes historias de este tipo. El caso es que, fuera la hora que fuera, los pokémon que venían con los soldados empezaron a gruñir, rugir o sollozar, y algunos de ellos incluso arrastraron a sus entrenadores a toda velocidad consigo, echando a volar hacia el cielo estrellado o corriendo a toda velocidad hacia el interior de la cueva. Era como si se hubieran vuelto repentinamente locos de puro terror."
"Naturalmente, esto despertó al resto de la partida; así que todos los que quedaban allí, unas diez personas, fueron testigos de lo que ocurrió."
"De repente, se encontraron con una silueta menuda a apenas unos metros de ellos y, aparentemente, salida de la nada. Cuando le dieron el alto, se acercó un poco más y permitió que la luz de la fogata cayera sobre él."
"Se parecía mucho al niño que había sido utilizado como guía por los soldados, pero había algo particularmente extraño en él. Estaba ileso, aunque pálido y desorientado, y se había acercado a la cueva al ver que había luz justo delante de la entrada."
"Naturalmente, lo acogieron con alivio, casi con alegría. Lo invitaron a sentarse con ellos y le ofrecieron comida, pero él no la aceptó. Pero sí se sentó frente al general, que procedió a intentar averiguar qué demonios había pasado con su escuadra desaparecida."
"Por desgracia, el chico no recordaba absolutamente nada de lo que había pasado en los últimos días; solo una especie de pesadilla recurrente, en la que la oscuridad tomaba de repente la forma de un guerrero sin más rostro que unos grandes ojos llameantes como ascuas y le arrancaba el alma del cuerpo con unas garras negras. Le preguntaron qué había pasado con los soldados, pero no supo decir nada. Lo último que recordaba de ellos era que, al encontrarse aquella torre ya deslustrada pero todavía señorial construida en medio de la nada, habían querido saber qué era; así que él les había contado que era un cementerio pokémon, y que estaba custodiada por una criatura de fuego, que solo permitía la entrada a quienes iban a dar sepultura a un pokémon o realizar plegarias por las almas de los fallecidos. Que aquel que se atreviera a profanar el lugar sufriría la cólera del guardián, y sería maldecido hasta más allá de la muerte. Pero la explicación no hizo sino atizar la curiosidad de los soldados. Sabían que es habitual en los castillos kantianos (como sucede en los johtenses, de hecho) que haya un extenso entramado en el subsuelo; lo cual significaba que era probable que la Torre estuviera comunicada de alguna manera con otros puntos de la zona, incluida la cueva en la que se disponían a entrar. Así que, sin hacerle el menor caso, se empeñaron en explorar el lugar, para tomar nota del estado en que se encontraban los pasadizos y mazmorras."
"Parece ser que el niño dijo: 'Luego, señor, me desperté junto a mi compañero… que estaba vivo aún, pero cubierto de espantosas heridas. Su muerte era inevitable, y hubiera pasado… días y días agonizando antes de que le llegara. Así que Growlithe me ordenó que le diera muerte... de manera rápida e indolora. Descansa en paz desde antes de que la cólera del guardián… cayera sobre vuestra escuadra de soldados.'"
"—¿Por qué no lo hizo él mismo? —Cuentan que preguntó el general, espantado."
"—Porque el guardián mismo está maldito —les contestó el chiquillo—. Por eso cuantos caen a sus manos… quedan atados a él en su muerte eterna. Y mi compañero era inocente."
"—Entonces…—lo interrogó de nuevo el general, ahora tragando saliva— ¿Cómo es que tú estás aquí?"
"Y el niño los miró, con una sonrisa siniestra. Una sonrisa inhumana, que los dejó petrificados de terror pesar de todo su valor de guerreros."
"—Porque, en realidad… no estoy aquí —les dijo, con una nota de macabra diversión—. Estoy ahí… al pie de la escalera… con mi amo. Esperándoos."
"Con una mano casi redonda, que no podía ser la de un hombre, señalaba un punto detrás de él, en dirección a la Torre Pokémon. Demasiado tarde, se percataron de que el cuerpo de muchacho no proyectaba ninguna sombra, y que incluso se podía percibir borrosamente el paisaje a través de él. El soldado que estaba más cerca intentó sujetarle por el brazo; pero su mano pasó limpiamente a través de la harapienta figura, como si estuviera esculpida en aire."
"Con una última risa de hielo, el muchacho se desvaneció sin dejar rastro."
"Y, según se cuenta en Ciudad Endrino, ese fue el primer contacto que tuvieron los dragones con la maldición ancestral de la que ni siquiera los sabios de Ciudad Azafrán se habían atrevido a hablar."
"¿A qué habría venido aquel espectro? se preguntó el general. Fuera cual fuera la respuesta, ahora que podía estar seguro del destino que habían corrido sus hombres no podía marcharse de allí sin, al menos, darles un entierro digno a ellos y a sus pokémon. En ese sentido, se dijo, para tranquilizarse a sí mismo y a su tropa, el guardián debe permitirnos hacer."
"Aun así, pasaron la noche temblando a pesar de la fogata, rodeados de corrientes gélidas e invisibles que los rozaban como manos fantasmales y murmullos remotos que no podían considerarse ecos. Los soldados que habían sido arrastrados por sus pokémon no regresaron."
"A la mañana siguiente, la escuadra se dirigió hacia la Torre, encabezada por el general en persona, enarbolando el pabellón de su señor y precedidos por el sonido del cuerno, en formación militar solemne; con el objetivo de hacerle ver a guardián que no eran ladrones ni profanadores, sino gentes que venían a rendir homenaje a sus caídos."
"Tal y como había esperado el general, no fueron atacados; pero, desde luego, no estaban preparados para lo que encontraron allí dentro. Basta con decir que algunos de los mitos más crudos asociados a la Torre Pokémon nacieron, al parecer, durante esa expedición."
"Esta anécdota se utiliza todavía para recordar en Johto la crueldad de un tiempo en el que no había más ley que la espada. En la escalera que ascendía a los pisos superiores de la Torre, que estaba empapada de sangre ya seca, los soldados encontraron los cadáveres del niño y su Drowzee; tal y como el fantasma les había indicado la noche anterior. Sin embargo, para su sorpresa e infinito desagrado, se encontraron con que el cuerpo del pokémon solo presentaba una herida visible: la del lanzazo con que había sido clavado despiadadamente contra uno de los escalones; con una lanza que todavía lo mantenía firmemente sujeto al suelo y que no podía resultarles más familiar, puesto que era idéntica a las que ellos mismos llevaban consigo. El cadáver que estaba cubierto de heridas, algunas en el vientre, el cuello y el pecho, todas ellas abiertas por espadas tan mundanas como las suyas, era el del niño; que, además, tenía el cuello roto por lo que debía de haber sido, bien unas manos monstruosamente poderosas, bien un movimiento telequinético letal: el arma de un pokémon de tipo psíquico."
"Eso significaba dos cosas, una conmovedora a pesar de ser terrorífica, la otra indignantemente repugnante. La primera era que el espectro que había acudido a ellos la noche anterior no era el del muchacho, sino el de su Drowzee; que había asumido el aspecto de su amo (como él mismo lo había llamado) para comunicarse con ellos. Había sido él quien había obtenido del guardián la gracia de dispensarle a su compañero una muerte rápida, que le asegurara poder trascender. Y, probablemente, había ido a verlos para que recuperaran el cuerpo; tal vez porque era la condición que necesitaba para trascender él mismo, y poder reunirse en el Más Allá con su amigo. La segunda… la segunda era que quienes habían matado a aquellos dos aldeanos, seguramente porque se habían resistido a continuar participando de lo que para ellos era poco menos grave que vender la Torre al mejor postor para convertirla en una emisora de Radio, no habían sido precisamente los espíritus enfurecidos que custodiaban la Torre, sino los soldados a los que estaba guiando."
―Entonces, ¿por qué atrajeron… la cólera del guardián aquellos soldados? ―preguntó Kira, con interés― ¿Por profanar el cementerio… o por derramar sangre en tierra consagrada? Aunque, según Dulce, ambas cosas se consideran... una profanación.
―Y una de las peores.―Confirmó la exorcista.
Tony meditó durante unos instantes antes de contestar.
―Imposible saberlo sin preguntárselo al propio Growlithe, como comprenderéis ―contestó, al fin―. Aunque lo más probable es que los asesinatos no ayudaran precisamente a que se les perdonara lo que hicieron después.
"Supongo que acordaron que sacarían de la Torre los cadáveres de humanos que encontraran, y enterrarían allí a los pokémon; ya que se suponía que era su parte del trato. Así que peinaron todo el lugar, recuperando los cuerpos de los soldados y recogiendo también los de sus compañeros para procurarles unas exequias. La labor debió de durar varios días, ya que carecían de materiales adecuados para construir tumbas para los pokémon. Lo que sí se sabe (porque yo mismo tengo pruebas irrefutables) es que alguien tuvo la idea de bajar los cuerpos de los pokémon a las cuevas excavadas bajo la Torre y enterrarlos ceremoniosamente allí, y eso hicieron. Seguramente, empezaban su fúnebre jornada estando ya el cielo azul, y la daban por terminada cuando empezaba a dejar de estarlo, y se iban religiosamente a la cueva a pasar las noches. El caso es que en ningún momento fueron molestados, ni por los espectros de los muertos comunes ni por el del guardián. En definitiva, parecía que lo estaban haciendo bien.
"A pesar de que la empresa progresaba adecuadamente, fue terrible para la moral de los soldados; porque el estado en que estaban los cadáveres delataba por sí mismo que habían sufrido una muerte muy distinta de la que está acostumbrado a ver un guerrero. Curiosamente, pocos de ellos tenían heridas que alguien que se dedica a destripar gente por cuenta ajena tenga que considerar particularmente llamativas. Seguro que Halloran os ha mencionado algo de esto, porque es lo que suele pasarle a los profanadores de la Torre impunes también a día de hoy."
"Alguno de ellos tenía la garganta arrancada, tal y como cuenta la leyenda de la Torre que debería haber muerto Cararrajada[2] Tamamuchi a manos de Growlithe: eran los que tenían restos de sangre en las espadas, además de que uno de ellos en concreto había 'perdido' la lanza 'por el camino'; así que debían de ser los que habían matado al niño guía y a su Drowzee. La historia posterior de la Torre nos dice que es el castigo favorito del guardián para los asesinos y los violadores: la que debería haber sido la ejecución del que ultrajó hasta la muerte a su entrenadora, Yellow del Bosque Verde. Pero el guardián no va por ahí arrancando cabezas sin mirar a quién. Según Kingdra, el capitán de la tropa (y, seguramente, también algunos otros más) apareció empalado en la cruz de una tumba; de tal manera que parecía que había caído sobre ella al tropezar con la propia sepultura. Y casi todos los demás yacían a los pies de las escaleras, o sobre alguna que otra lápida, con la cabeza o el cuello rotos. Uno de ellos parecía haberse caído, o tirado, por una de las ventanas. Cualquiera diría que aquellas muertes se habían debido a pequeños accidentes con muy mal final… de no ser por la idéntica expresión de infinito terror que había en todos y cada uno de los rostros, que delataba que debían de haber visto algo antes de caer. Dos soldados rasos se habían atravesado el corazón con la espada el uno al otro, pero la postura de los cadáveres delataba que se trataba de un suicidio pactado. Y otro de ellos, recordado todavía en Ciudad Endrino por pertenecer a una familia rica y poderosa con cadáveres en los armarios, no presentaba ninguna herida ni lesión de ningún tipo; pero en su cara había, además de miedo, un rictus de dolor, y tenía la mano apoyada en el pecho... de lo cual se podía deducir que había muerto de un ataque al corazón fulminante."
"El siguiente punto en el que convergen todas las versiones de la leyenda a ambos lados del Monte Plateado es en que todo hubiera acabado más o menos feliz mente ahí, de no ser porque el Smeargle no se resiste a ninguna pared blanca que se ponga a su alcance[3], a pesar de las advertencias de Drowzee: aun cuando terminaron de efectuar los enterramientos de sus camaradas y las plegarias oportunas, el general se resistía a marcharse, con el pretexto de que todavía podía haber cadáveres humanos abandonados en aquel cementerio. Decía que, aunque habían bajado a las catacumbas para enterrar a sus pokémon muertos, no las habían explorado. A pesar de todo lo que habían visto, el sensatísimo cabeza de chorlito en jefe estaba convencido de que sería buena idea seguir buscando a otros hermanos de raza que hubieran sufrido la cólera del guardián, para darles también un entierro digno."
―No sé por qué, pero algo me dice que no era del todo verdad. ―Comentó Cristal, con ironía. Tony se inclinó ante ella, quitándose un sombrero imaginario.
―Si yo hubiera estado viviendo en la cabeza de tan ilustre mentecato en aquel entonces, no la hubiera tenido tan vacía; pero seguro que has dado en el blanco ―coincidió―. Porque ya hemos visto que el guardián les había autorizado a hacer de enterradores. Y puedo decirte por experiencia que tampoco tiene un interés particular en mantener entre estos muros los cadáveres de sus profanadores; que siempre han podido ser recuperados sin dificultad por quien se lo ha propuesto: hasta el recluta del Team Rocket que mató a Marowak está ahora mucho mejor enterrado que muchas de sus víctimas. La cuestión es que dejaron a unos cuantos vigías a la entrada de los sótanos, y el general y los demás se adentraron en ellos."
"Las horas pasaban. Pero, esta vez, la tropa no regresó."
"La leyenda cuenta, y la lógica de la historia nos dice que debe de ser cierta, que un soldado raso salió de los túneles por su propio pie, completamente solo. Al parecer, se había quedado atrás un instante y, cuando intentó volver a ponerse a la altura del resto de la expedición, ya la había perdido de vista por completo entre las espesas paredes de roca viva. Parece ser que una de las tumbas que encontraron durante la exploración le llamó la atención de manera especial; porque era una de las más lujosas que había visto en toda su estancia, y la más hermosa de todas a pesar de su terrible lobreguez, ya que estaba construida íntegramente en mármol negro y tenía un misterioso epitafio que él mismo olvidó en el transcurso de los años. El caso era que dedujo, muy acertadamente, que se trataba de la tumba del guardián; así que se tomó unos minutos para arrodillarse ante ella, rezar por el alma de Growlithe y solicitarle su protección para poder regresar a casa de sus padres sano y salvo, con la solemne promesa de que se marcharía de la Torre en cuanto hubiera cumplido con su labor."
"Hay quien sospecha que ese homenaje, sencillísimo y humilde, que tal vez alguno de sus compañeros considerase incluso como una jaculatoria de niño asustado, le salvó la vida, y que el hecho de que consiguiera sobrevivir a aquella aventura siniestra fue cualquier cosa menos casualidad."
"Según contó este hombre más adelante al informar a los señores del Oeste, en aquellos túneles había incluso más tumbas que en el edificio de la Torre. Tumbas que, seguramente, pertenecían a pokémon de familias pobres, que no habían podido costearse mausoleos o nichos, y por lo tanto habían sido sencillamente inhumados en el suelo, como ellos mismos habían enterrado a sus propios camaradas pokémon muertos. Uno no podía adentrarse en un corredor sin encontrarse al menos una basta cruz de madera con el nombre y el apellido familiar de un pokémon difunto. Hasta el búnker donde el Carnicero Tamamuchi solía encerrar a su mujer y su hijo para pasarse unos cuantos días seguidos violando jovencitos de ambos sexos a sus anchas se había convertido en la pequeña cripta dedicada a los pokémon caídos en la rebelión, y estaba lleno de hornacinas para urnas funerarias."
"Por eso todo el paraje que se extendía a la sombra de la Torre Pokémon estaba embrujado, como les habían advertido los safranios: en realidad, la Torre era solo la parte visible del cementerio, que se extendía dos o tres kilómetros por debajo del suelo."
"Él y los vigías apuraron su vigilancia todo lo que pudieron y, aun así, nadie más salió de las catacumbas. La noche los sorprendió intentando escapar de los aledaños de la Torre."
"Una semana después, llegó a la que hoy es Ciudad Celeste, a través del que hoy es el Túnel Roca, un único soldado. Tenía la ropa sucia y desgarrada, el cuerpo cubierto de magulladuras y arañazos por haberse caído varias veces mientras atravesaba las cuevas, y estaba pálido como un cadáver, hambriento, deshidratado por el sudor frío y el llanto, y medio loco de terror. Su compañero, un Pikachu que traía dentro de una Bonguri, estaba completamente ileso, y él mismo se recuperó físicamente sin la menor dificultad tras unos días de sueño regular, comida abundante y la compañía asidua de pokémon y humanos vivos. Los soldados que habían sido arrastrados por sus pokémon la noche que Drowzee había visitado el vivac junto a la entrada del Túnel Roca lo reconocieron sin dificultad como compañero suyo, y él mismo se identificó en cuanto pudo hablar coherentemente."
"Fue interrogado una y otra vez al respecto de lo que había ocurrido con el resto de la escuadra; pero todo lo que pudo decirles fue que estaban todos muertos, al igual que los integrantes de la escuadra que había precedido a la suya. Cada vez que alguien intentaba hacerle contar algún detalle más, sufría una espantosa crisis de pánico; cuando se le ordenó que se integrara en la partida de rescate de los cuerpos, amenazó con suicidarse si se le obligaba a ir de nuevo a ese lugar, y se pasó varios años teniendo pesadillas en las que huía por llanos repletos de tumbas a la luz de la luna mientras los muertos lo perseguían para reclamar su sangre. El general que comandaba las tropas establecidas en Ciudad Celeste, un señor dragón que, según dijo Kingdra (con mucho orgullo), era el mismísimo legendario Siegfried Wataru (de quien quizás los niños humanos de Pueblo Primavera hayáis oído hablar también en vuestra escuela, Campeona: vuestro asentamiento, que está en la frontera de Johto con Kanto, entra dentro de los límites del antiguo señorío de los dragones; además de que es ancestro directo de tu predecesor) y mucho más sensato que el que había sido comandante de las tropas de Ciudad Azafrán, no pudo sonsacarle nada más ni bajo amenaza de tortura; pero captó bastante rápido la esencia de sus pavorosas vaguedades. Él mismo dirigió la abundante partida de rescate a través del Túnel Roca, y la trajo de vuelta a Ciudad Celeste sin haber acusado una sola baja, junto con los cadáveres de los soldados muertos y el del niño guía. Dicen que perdonó la insubordinación del único superviviente, y que incluso lo destinó a otro punto de Kanto para que pudiera estar lo más lejos posible de la Torre Pokémon, porque la expedición lo había dejado tan espantado y asqueado como lo estaba él".
"En este punto de la historia, nos encontramos ya con algunos documentos, que son los que nos han permitido encontrar la base histórica de todas las leyendas de las que estamos hablando. En la Biblioteca de Historia Medieval de la Universidad Azulona se conserva un informe escrito de puño y letra de Siegfried Wataru para el Estado Mayor del Imperio; en el que habla de las pésimas condiciones en que se encuentra el cementerio pokémon del Este de Kanto, al que los aldeanos no se atreven a acercarse ni siquiera para intentar mantenerlo en buen estado, porque los muertos que lo guardan son particularmente hostiles a la intervención humana excepto en lo que respecta a los servicios y homenajes funerarios, y solicitaba permiso para tomar cartas en el asunto en nombre del Emperador y llegar a un trato con las gentes de la zona."
"No se conserva la carta que se envió como respuesta, si es que la autoridad competente respondió por carta. Pero, según las crónicas locales, es más o menos de esa época que data la fundación de la orden que tiene como labor la custodia y el mantenimiento de la Torre Pokémon, y Pueblo Lavanda fue creado más o menos al mismo tiempo, ya que los sacerdotes y exorcistas trajeron consigo a sus familias y se construyeron un hogar allí."
"El compromiso de los vivos para con los muertos debió de calmar un poco a Growlithe, ya que no se tiene noticia de que ni los exorcistas y sacerdotes que han ejercido su ministerio en la Torre Pokémon ni los lavandeses que han vivido desde entonces a la sombra de esta hayan tenido nunca problemas con él."
"Y aquí es donde Danniel y yo hemos añadido nuestra propia conjetura al respecto de esta historia. No tenemos pruebas documentales al respecto; pero los hechos nos demuestran que vamos por el camino indicado, a menos que hayamos acertado de lleno: uno de los primeros ritos que se llevaron a cabo para pacificar a Growlithe y a los demás muertos que cumplían condena con él, o que embrujaban el cementerio en aquel entonces, fue precisamente el sellado definitivo de las catacumbas; de manera que, desde ese momento, nadie pudiera acceder nunca más a ellas, ni deliberadamente ni por accidente, alejando para siempre esas tumbas de toda posibilidad de profanación. A cambio, se le solicitó al guardián que los humanos tuvieran acceso totalmente libre, siempre dentro de los límites del respeto, a la Torre Pokémon. Así que podríamos decir que los humanos llegaron con Growlithe a una especie de ¿cómo lo llamáis los humanos? ¿'Pacto de no agresión'?"
―Sí, creo que ese es el término ―Confirmó Cristal.
―Gracias, Campeona. Entonces: nuestra teoría es que la orden de exorcistas humanos propuso un "pacto de no agresión" al guardián. Ambos cedieron en sus pretensiones para que quedaran garantizados los derechos más importantes de todas las partes: el de los vivos a permanecer a salvo en el cementerio; el de los muertos, a castigar las profanaciones. Como señal de buena voluntad, se renunció permanentemente a una parte del cementerio.
―Entonces, esa es la razón por la que, actualmente, no solo… no se puede acceder a los sótanos de la Torre… sino que la mayoría de la gente ni siquiera sabe que existen ―comentó Dulce, con interés― Ni siquiera hay material histórico que corrobore que todos esos… cuentos para no dormir que se cuentan a los niños lavandeses para que no… se sientan tentados a colarse en el cementerio por las noches tienen una base real ¡Según nos ha contado Hallorann, hasta la historia del guardián… es considerada por muchos como un mito!
Cristal llevaba ya unos minutos con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho. Cuanto más hablaba el Gastly, peor espina le daba toda aquella historia. Resultaba demasiado sencillo reconocer en la anécdota macabra de la advertencia del Drowzee algunos de los patrones de los que Hallorann le había hablado, así como la reiterada petición que había recibido desde el momento en que puso sus pies allí, tanto por parte del guardián como por parte de los trabajadores del turno de noche en cuanto les informaba de la alerta por código rojo que había lanzado Tony: que se marchara cuanto antes de allí.
También quedaba explicada, de alguna manera, la naturaleza de la extraña prueba a la que había sido sometida una y otra vez; que parecía ser más o menos la misma a la que habían sido sometidos, en su momento, el desdichado niño psíquico y el soldado superviviente de la partida de exploración, y que ambos parecían haber pasado (ya que el soldado sobrevivió, y el niño fue absuelto, y luego vengado, por el guardián en persona). No obstante, también había una advertencia en esa anécdota siniestra: basta con desviarse un paso del camino para perder el beneplácito de Growlithe. Ahora entendía mucho mejor que Hallorann hubiera querido explorar tan a fondo su personalidad antes de decidirse a ayudarla con su misión; al parecer, no era la primera vez que un invitado manifestaba tener segundas intenciones enmascaradas con argumentos piadosos. El voto de confianza que había detrás del hecho de que se le hubieran abierto las puertas la hacía sentirse honrada; pero también sumamente abrumada, porque tampoco había necesitado escuchar aquellas dos grandes historias para darse cuenta de que estaba sumida en un asunto con el que, tal vez, ni siquiera Lance hubiera podido hacer gran cosa. Y a cada segundo que pasaba estaba más convencida de que el título de Campeona le quedaba demasiado grande.
No obstante, no era eso lo que la inquietaba; sino el hecho de que, a cada palabra que pronunciaba Tony, la situación que daba a entender le parecía más y más precaria. No solo porque ahora conocía mucho mejor la auténtica gravedad de la profanación que había supuesto el desmantelamiento del cementerio, sino porque una de las razones por las que era científica, y curiosa por naturaleza, era que consideraba que había pocos enemigos de la humanidad que pudieran ser más dañinos, tanto para su especie como para todas las que convivían con él, que su propia ignorancia.
―Pero no termino de entender qué tiene que ver todo esto… con lo que nos está pasando ahora, la verdad ―reconoció finalmente Dulce―. Supongo que he llegado a este cementerio… demasiado tarde como para entenderlo. Cuando yo llegué aquí… esto ya era oficialmente una Torre de Radio. Además, soy de Ciudad Trigal. No puedo comparar… lo que está pasando con lo que había antes.
―Pero Tony y yo sí podemos ―contestó Kira―, porque somos de aquí, de siempre. Ya has oído a Hallorann… todo este desbarajuste empezó con el traslado del cementerio y la construcción del Memorial.
―Pero ¿qué tiene que ver el Memorial con todo esto? ―Insistió la exorcista.
Gastly le dedicó a la joven una lobuna sonrisa llena de sarcasmo. Aunque Cristal hubiera dicho que esta vez era, más bien, amargura.
―Piénsalo, querida ¿qué haces en esta Torre de Radio? ―preguntó, y la joven entrenadora sintió que se le helaba la sangre al escucharlo― ¿Qué hace Stinky, que también ha muerto hace relativamente poco, jugando a hacer como que revienta sus cañerías? Ambos fuisteis enterrados directamente en el Memorial… por llamarle de alguna manera a lo que han hecho con vosotros. Si los espíritus de los muertos están atados a su cuerpo, o al lugar de su muerte… ¿por qué estáis aquí, en esta Torre Pokémon que ya no lo es?
La súbita comprensión que sacudió a Cristal fue como si, de pronto, se hiciera la luz violentamente en su cerebro a oscuras, y todos los pozos de negrura en los que había estado nadando desde que recibió la alerta radiofónica estallaran repentinamente en llamas. O, más bien, como si, en lugar de un suave impulso eléctrico, lo que hubiera atravesado su cerebro al venirle a la mente aquella asociación de ideas fuera un auténtico rayo.
Ahora sí que lo entendía todo.
Solo se dio cuenta de que se estaba dejando caer al suelo cuando Arcapeon se plantó detrás de ella y, con ayuda de Kira, la sujetó con suavidad, y el grito de terror que se le escapó de los labios le hubiera parecido ajeno de no ser porque le picó en la garganta al salir.
La amargura de Tony se reflejó definitivamente en su rostro al volver a dirigirse a ella. De nuevo, parecía más cansado de lo que un humano jamás podría llegar a estar, y daba la impresión de que hasta su ironía se había agotado.
―Al final lo has comprendido ¿no, Cristal? ―inquirió, esta vez con infinita tristeza― Ya sabes a dónde lleva todo esto.
Necesitó al menos un minuto o dos más para poder volver a hablar, porque sentía la lengua pegada al paladar y los labios cuarteados.
―El Memorial es la Torre Pokémon ¿verdad? ―contestó, al fin, para resumir la conclusión a la que había llegado―. El cementerio, en realidad… nunca ha sido desplazado.
Tony asintió despacio, casi con solemnidad; pero en los rostros de Kira, Dulce, Cupeon y Arcapeon había una idéntica expresión de perplejidad. Era obvio que no la habían entendido, así que la joven entrenadora respiró hondo, para ganar tiempo mientras buscaba las palabras para expresarse. El corazón, que parecía habérsele parado durante unos instantes, le latía ahora a un ritmo enloquecedor, casi doloroso. No obstante, eso le ayudó a romper el mutismo provocado por el impacto:
―Chicos… no se puede desplazar el cementerio… porque Pueblo Lavanda es el cementerio ―dijo. Estaba temblando; pero, para su sorpresa, su voz sonaba firme, aunque tan fría que casi le dio miedo―. Cerrar los túneles tal vez fuera buena idea en su momento… pero es obvio que, al construir el Memorial para reubicar el cementerio… se encontraron de nuevo por casualidad. Así que lo que llamamos el Memorial es, en realidad… una nueva entrada a las viejas catacumbas de Pueblo Lavanda.
Kira se puso pálida como un cadáver.
―Entonces… el pacto… se ha… roto por completo ―balbució. No era una pregunta, sino una aseveración―. No solo se ha desmantelado el cementerio… hemos invadido el territorio… concedido a Growlithe…
―… que ha interpretado esto como una renuncia total a los términos del acuerdo ―terminó el Gastly―. Por lo tanto, hemos vuelto a las viejas normas. La labor del señor Fuji ha conseguido capear el temporal, desde luego; pero eso no va a durar eternamente: ya habéis visto que el guardián solo te perdona la vida con la condición de no volver a verte vivo nunca más. Ahora mismo, la presencia del sacerdote en Pueblo Lavanda es lo único que nos mantiene a salvo. Y… bueno, ya sabéis que es un hombre viejo. Los humanos tenéis vidas cortas y frágiles, y Fuji, a pesar de todo su coraje y bondad, está apurando la suya. Cada día le cuesta más ejercer su ministerio, y tener que bajar a las catacumbas es… una experiencia muy desgastante. Hasta a mí, que solo he bajado dos veces y voy a vivir para siempre, me hubiera dejado la cabeza llena de canas, si tuviera pelo. Y él, ya calvo y más débil de lo que parece, cuyo tiempo puede que esté ya contado, lo hace todos los días desde hace ya más de dos años ¿Entendéis ahora por qué me preocupa tanto que no haya venido?
El silencio fue tan espantoso que hasta la noche de hielo que los rodeaba le pareció aún más negra. Ahora entendía por qué el espíritu de Growlithe, tan lleno de rabia y tristeza, parecía traer consigo la oscuridad donde quiera que iba; como si ni siquiera pudiera controlarlo. La joven entrenadora no pudo soportar esa atroz ausencia de sonido más de un instante; aunque sabía que lo que iba a decir era terrible, era mucho mejor que no decirlo:
―Entonces ¿estás diciendo que es posible… que el señor Fuji haya muerto?
NOTAS AL PIE (A este Gastly en concreto le gustan las referencias literarias y los dichos populares XD)
[1] Versión pokémon, inventada por mí para la ocasión ;), de la novela El Golem, de Gustav Meyrink.
[2] Mote que aparece en la novela Miguel Strogoff, de Julio Verne, para el villano Ivan Ogareff; a quien le hacen una cicatriz en la cara para vengar un insulto.
[3] Versión inventada por mí del dicho "la cabra tira al monte" XD
¡Otro misterio resuelto! Ahora, Cristal ya tiene más o menos claro el lío en que se ha metido. De lo que no está del todo segura es de cómo salir de él. Además, ya sabemos que el secreto del Memorial no es el único misterio por resolver que le queda a la Campeona ¿Qué más ha comprendido nuestra protagonista al quedar desvelada para ella la terrorífica realidad de la situación en que se encuentra? ¿Estarán a tiempo ella y sus compañeros de encontrar y salvar al señor Fuji? ¿Estarán a tiempo de evitar que el código rojo se convierta en código negro? Continuará...
