Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a J.K. Rowling. Lo demás (trama, personajes originales...) pertenecen a Ada P Rix.


¡Ya vamos casi por la mitad! A partir de ahora la temperatura sube muchísimo en todos los capítulos ;)

PD: ¡Millones de gracias por todos vuestros comentarios! Agradezco muchísimo que os toméis la molestia de escribir lo que pensáis de la historia y valoréis mi trabajo como traductora. ¡Le haré llegar a la autora original todas vuestras opiniones!


CAPITULO NUEVE


Santa María madre de Dios, ten piedad de su alma pecadora.

Esa puta mierda no se había acabado.

Había decidido que Blaise era un auténtico gilipollas y que Pansy debería irse a la mierda. Seguían pensando que su situación era muy divertida.

Aunque estaba claro que a Blaise no le había parecido tan divertido correr desnudo en los campos de Quidditch esa mañana…

Debía tratarse de vírgenes, definitivamente. Sólo a él le pasaban ese tipo de cosas. No es que le importara, obviamente. Ya había desvirgado unas cuantas vírgenes en su día.

Perdónale, Padre, por el pecado que estaba a punto de cometer.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...

Estaba a punto de ser crucificado por lo que iba a hacer, porque iba en contra de todo lo que había hecho y creido hasta ese momento.

Todo.

En ese momento parecía un maldito pervertido, escondido a la vuelta de la esquina, esperando a que su próxima víctima cayera en sus redes.

Lo que realmente pretendía era parecer tranquilo y sereno, apoyándose de forma sexy contra la pared mientras esperaba a que Granger pasara por ahí para poder hablar con ella coherentemente por un segundo y así impresionarla con su maduro comportamiento.

Pero entonces tuvo que pasar Rachel Killet, poniendo prácticamente en su cara sus innombrables, y Draco ahora farfullaba apoyado contra la pared, ligeramente encorbado, mientras intentaba disimular y controlar su molesta erección.

Todo el mundo se había enterado.

Todo el mundo pensaba que era jodidamente gracioso.

Por alguna razón, a la mayoría de las chicas ni siquiera parecía importarle. Lo único que notó fue que de repente todas habían empezado a ir con mejores conjuntos de lencería. Para ser sincero, se sentía alagado. Debería agradecerselo a todas individualmente...

...una vez hubiera resuelto todo ese asunto con Granger, por supuesto.

Había decidido que tenía que enfrentar sus miedos y tener "la charla" con ella.

Ya sabes cual...

Esa en la que se disculpaba por haberse restregado contra su muslo hasta correrse, y también por haber salido corriendo como un niño pequeño al hacer una travesura después de haberse corrido.

¿No? No, tampoco sabía qué charla era esa.

Para ser justos, estaba siendo la persona madura en toda esa situación. Realmente iba a disculparse con la chica. Algo que nunca había hecho antes, jamás. Nunca, en todos esos años de ser crueles el uno con el otro. Pero también era cierto que ella tampoco le había pedido perdón nunca.

Por supuesto, todo esto no tenía nada que ver con esa ardiente necesidad de estar cerca de ella otra vez. De respirar ese embriagador olor único de ella. Ese olor a arvejilla y jazmín silvestre...

No.

No tiene absolutamente nada que ver con eso.

― ¡Malfoy! ― oyó una sorprendida voz femenina frente a él, al llegar a la esquina y chocarse contra él. Sus rizados mechones golpearon su cara y sus libros cayeron desparramados por el suelo.

Primer instinto: Disculparse, agacharse y recoger sus libros del suelo.

Cumplido.

Segundo instinto: mirarla seriamente al recoger los libros que se le han caído al suelo.

Cumplido.

Tercer instinto: Mirar directamente a sus tetas y perder todo pensamiento coherente.

Lo has bordado, amigo. Bien hecho...

Suspiró internamente mientras ella lo miraba, sus brazos ahora cruzados sobre sus pechos de forma protectora. Hoy llevaba un conjunto amarillo sol, y tenía un efecto jodidamente encantador en su piel tostada, haciendo brillar sus ojos color canela... Algo que notó cuando finalmente la miró a los ojos después de dejar que los suyos recorrieran el resto de su cuerpo.

Sin embargo, estaba claro que ella no estaba de humor para bromas. Parecía que iba a patearlo en la cara. Se levantó rápidamente hasta quedar una cabeza más alto que ella. Lo que le daba la gran ventaja de ver sus tetas desde arriba, donde no podía esconderlas.

Ventaja, Malfoy. Punto para Slytherin.

― ¿Necesitas algo, Malfoy?― preguntó ella con orgullo, cogiendo los libros que él había recogido del suelo.

― Un gracias no estaría mal...― murmuró, frotándose la nuca y sintiéndose increíblemente incómodo.

― ¿Gracias por qué, Malfoy? ― dijo con firmeza ― ¿Por recoger los libros que tú has tirado? ¿O por dejar que ayer prácticamente te corrieras en mis muslos?― terminó la última parte en voz alta y con una ligera sonrisa en sus labios.

Oooh, sus muslos...

Basta ya, joder. Ahora no es el momento.

Espera -¿prácticamente?

¿Prácticamente? ¿Cómo podía decir prácticamente cuando él había empapado sus calzoncillos con semen mientras estaba de pie entre sus muslos?

Amigo, esa imagen está mal a tantos niveles...

Ese pensamiento le sentó como una patada en el culo.

Ella no sabía... no sabía que ella era la causa por la que se había corrido.

Tomando la iniciativa, Draco la hizo callar y miró a su alrededor, asegurándose de que nadie le oyera. Le daba demasiada vergüenza. Vio la puerta de una clase abierta a su izquierda y la hizo entrar para tener algo de privacidad. Al ver que estaba vacía, cerró la puerta tras ellos, manteniendo el mundo exterior a raya mientras hablaban.

La miró con todo el arrepentimiento que era capaz de reunir.

Con la mala suerte de que tenía el mismo aspecto que cuando está excitado y no tiene ningún control sobre su cuerpo. Porque Dios mío, esta chica... no le había hecho nada, y sin embargo le estaba haciendo de todo.

Había dejado sus libros sobre la mesa y lo miraba expectante. Su lenguaje corporal le decía que estaba cabreada. Tenía todo el derecho del mundo a estarlo... había sido asaltada y abandonada con las consecuencias el día anterior.

― Estoy seguro de que ya has oído...― empezó.

― ¿Que eres un auténtico pervertido y has estado mirando a todas las chicas en ropa interior? ― interrumpió ella, mirándolo directamente a los ojos.

Le tenía calado.

― Bueno, sí, pero...

― Y que parece que no puedes deshacerte del encantamiento aunque Zabini te dijo que sólo duraría un día...― interrumpió de nuevo, sin poder ocultar su diversión y sonriéndole.

Odiaba que le interrumpieran.

― También cierto, pero...

― ¿Y ayer perdiste el control por completo, así que te rendiste y te conformaste con el único cuerpo medio desnudo que tenías cerca en ese momento?

Muy jodidamente incorrecto.

Draco estaba que echaba humo.

Odiaba con todas sus fuerzas ser interrumpido, y ya la había dejado decir lo que pensaba demasiado.

Dando un paso al frente, le agarró los hombros con fuerza y la empujó contra el escritorio. En ese mismo instante recordó lo que hicieron el día anterior, y tuvo flashbacks de ese encantador cuerpo que estaba tan cerca de él una vez más. Su cuerpo, y lo que le provocaba... si sólo supiera cuántas veces había pensado en ella al masturbarse.

Ella le miraba muy sorprendida. Sus manos aún estaban sobre sus hombros, pero no se clavaban en su piel, teniendo en cuenta como la había empujado contra el escritorio. No, sus dedos eran ligeros y suaves y parecían estar haciendo pequeños círculos sobre su omóplato.

Ella emitió un pequeño sonido y él la miró, notando la forma en que sus ojos brillaban cuando sus manos viajaban por su piel. Podía pasar todo el día haciendo esto y no aburrirse, sólo mirando y escuchando la forma en que su cuerpo reaccionaba a él.

Lo llevó al límite de su determinación.

― Quería disculparme por dejarte...― sus ojos se fijaron en como sus pulgares rozaban los tirantes de su sujetador a cada lado. Vio cómo se le ponía la piel de gallina allí por donde sus dedos pasaban ― por dejarte así ayer ― balbuceó finalmente, como si hubiera estado conteniendo la respiración.

Agarró los tirantes lentamente y los arrastró hacia abajo, dejándolos caer a los lados, apoyados en sus brazos. Ahora podía ver completamente su hermosa clavícula de nuevo.

Si había una parte del cuerpo que nunca había apreciado de verdad antes, era ésta.

Infravalorada... muy infravalorada...

Sus dedos rozaron su larga clavícula y la oyó coger aire e inclinar la cabeza a un lado, como si le invitara silenciosamente a tocarla más. Ella estaba disfrutando de sus caricias, y su mente se volvió hambrienta, pensando en qué más le gustaría que le hiciera.

Ahora Granger tenía los ojos cerrados. No se había dado cuenta hasta que la miró a la cara para confirmar que le parecía bien cómo la estaba acariciando. Se estaba mordiendo el labio, como si estuviera concentrada en algo... Retiró las manos de sus hombros y en un caricia ligera como una pluma pasó sus dedos lentamente por su piel hasta llegar a sus antebrazos, sin dejar de mirar su rostro.

La respiración de la chica se aceleró y sus dientes se clavaron con más fuerza sobre su hinchado labio, y su piel se fue erizando allí por donde pasaban sus dedos. Estaba completamente absorta en la sensación de sus dedos, ni siquiera se había dado cuenta de que no había respondido a su disculpa.

Draco no pudo evitar la sonrisa que trataba de formarse en su cara. Ni pudo resistir la tentación de inclinarse hasta que sus labios estaban justo en su oreja, sus rizos sueltos haciéndole cosquillas mientras se acercaba.

Podía oír su respiración agitada y ver ese ese delicioso punto en su cuello en el que su pulso latía acelerado.

― ¿Me has oído, Granger?― Susurró, pero su voz sonó áspera por controlar sus emociones.

Abrió los ojos de par en par y le miró fijamente. Sus frentes estaban juntas, como ayer, pero ninguno de los dos parecía darse cuenta. Los pequeños círculos que dibujaba en sus antebrazos la estaban enviando claramente a una especie de aturdimiento lujurioso.

― Yo...― empezó, y Draco vio como movía las manos hasta apoyarlas sobre su pecho. Su labios se separaron y su boca se acercó a la suya muy ligeramente, volviéndolo loco; si ella le besaba, estaba seguro de que lo iba a disfrutar.

― ¿Qué? ― Le preguntó en voz baja, sus narices rozándose y sus tetas moviéndose contra él con cada respiración que daba, causando un gruñido en la parte posterior de su garganta. Sus labios estaban tan cerca uno del otro ahora, tan solo un respiro aparte.

Y entonces ocurrió.

Ella le miró fijamente, y sonriendo con intención le alejó.

Draco, aún dentro de su imaginación y atrapado en su aturdimiento lleno de lujuria, tropezó cuando ella pasó por su lado. Granger había recogido sus libros y estaba en la puerta antes de que él pudiera darse cuenta de lo que estaba pasando.

Cuando abrió la puerta, le miró, con el pelo cayendo por su espalda y dedicándole una de las miradas más sexys que jamás había visto.

― Te he oído, Malfoy― , le dijo en voz baja ―. Y acepto tus disculpas... ahora estamos empatados.

Y entonces se fue, salió por la puerta y lo dejó con una furiosa erección, sin poder hacer nada al respecto.

Pero no pudo evitar sonreír para sí mismo.

Así que Granger quería jugar a juegos traviesos, ¿no?

Ahora sí que estás jodido, amigo.

J-O-D-I-D-O