La historia que dejamos pasar
Capítulo 20
Por enésima vez Kotoko se reprendió haber olvidado que debía comprar antes de llegar a casa; si lo hubiera hecho, no estaría de nuevo saliendo, justamente cuando le apetecía arrebujarse entre las sábanas después de un día interminable. Sus horas en el hospital se habían alargado al cuidar de Risa, que no era tarea fácil, por la curiosidad de la niña unida a la inquietud por el estado de su niñera, la cual había aparecido una hora después de los sucesos.
Estaba cansada, pero ya había cambiado su turno con su padre las últimas dos veces y era injusto de su parte.
Contuvo un bostezo, dándose cuenta que a su cuerpo ya le urgía reponer fuerzas, aunque solo fueran las pocas horas que tendría previo a su siguiente jornada, que comenzaba muy temprano.
Y había una cirugía en ella.
Gimió. Le faltaba el repaso del día antes.
Su distracción le valió casi tropezar con el carrito de mandado y asintió en agradecimiento al joven que le preguntó si todo iba bien.
—Tienes que apurarte, Kotoko —refunfuñó para sí en voz alta.
De pronto, oyó un "Irie-san" a su espalda y se congeló durante un instante. Únicamente ella reaccionaba cuando el apellido de alguien especial era pronunciado.
Agitó su cabeza y continuó su camino, frunciendo el ceño cuando escuchó que la persona repetía dos veces el apellido, cada vez más cerca; curiosa, observó a su alrededor para investigar si alguno de los transeúntes huía o reaccionaba a este.
—¡Irie Kotoko-san!
El aire se estancó de golpe en sus pulmones con la misma brusquedad con que se detuvo.
No imaginó eso, ¿cierto? Solo dentro de sus ensoñaciones se había llamado a sí misma de aquella forma.
—Qué bueno que te detuviste, Irie-san.
Sin alcanzar a descifrar a la dueña de la voz, Kotoko se giró para corregirla… y jadeó.
—Oizu-mi-san —musitó de modo entrecortado observando a la mujer que fue prometida de Irie-kun.
¿Podía empeorar su día?
La guapa heredera rió suavemente.
—Es Arisugawa desde hace un par de años.
Kotoko asintió y, con extrañeza, pensó que la joven actuaba con más soltura que antes.
—Fui maleducada al llamarte así, pero estaba segura que te había visto y no iba a alcanzarte en zapatillas.
—Yo… disculpa, no pensé que… me hablabas a mí. No soy… Irie-san —aclaró con la boca reseca y el corazón ralentizándose.
Arisugawa Sahoko pestañeó con asombro.
—Lo siento, no sabía, Aihara-san. Estoy apenada. —Ella inclinó la cabeza. —Cometí un error, creí que Irie-san y tú ya estaban casados.
Podrían haberlo estado.
—No te preocupes, Arisugawa-san —dijo tras pasar saliva.
—¿Vas al supermercado, asumo? Puedo acompañarte, no tengo planes esta tarde.
—Si está bien para ti.
La castaña sonrió y juntas caminaron los metros que restaban hasta la tienda, mientras charlaban un poco sobre el clima, como si fuera el tema más interesante del mundo. Kotoko se preguntaba por qué la otra fingía que eran grandes amigas, si ella le quitó a su prometido —aunque Irie-kun le fue robado en primer lugar—. Asimismo, le parecía rara la actitud abierta de la comedida joven del pasado, a pesar de que no la conoció bien para juzgar su carácter.
—Gracias por dejarme venir contigo, paré de trabajar hace unas semanas, desde que me enteré de mi embarazo, y las tardes han sido un poco aburridas —comentó Arisugawa en el momento que Kotoko iba a coger un carrito de compra.
Las palabras le provocaron una sensación agridulce. No era lo que necesitaba después de que Risa le recordara lo que no tendría.
Se sintió una persona horrible.
—Felicidades, Arisugawa-san —le respondió con una sonrisa. —Tu esposo y tú deben estar muy contentos.
—Lo estamos. Mi abuelo ahora está más feliz con mi matrimonio; no lo aprobaba porque su familia no era importante, pero Isao-kun es listo y ha alcanzado el puesto de Director Comercial en su empresa y le dará el bisnieto que será su sucesor.
—Qué bueno.
—Aihara-san, quiero agradecerte porque si Irie-san no hubiese estado enamorado de ti, ambos habríamos cometido un error. Isao-kun es el hombre perfecto para mí y no le habría encontrado si estuviera casada con otro.
Kotoko quiso reír y llorar. De su desgracia habían salido cosas buenas para la vida romántica de los demás.
Y tal vez podría estar en las mismas circunstancias que Arisugawa si no fuese impetuosa.
—Oh, basta de mí, platícame de ti, Aihara-san. ¿Estás trabajando?
La siguiente media hora fue ridículamente larga, pero Kotoko nunca le confesó que Irie-kun y ella no estaban juntos.
Por suerte, el tema no fue mencionado.
{…}
Acabada la operación, Kotoko se sentía como un zombi, y era un milagro que no cometiera ni una sola falla en su desempeño, sobre todo por su negligencia al entrar sin haber descansado el día anterior.
Tras despedirse de Arisugawa, regresó a casa, se alistó para dormir y repasó sus notas de instrumentos quirúrgicos antes de acostarse, mas apenas pegó un ojo en toda la noche, rumiando en mil cosas con sentimientos de melancolía y dolor. Los sucesos del día se habían juntado a los de la última semana y media, haciendo una mezcla angustiosa para ella.
No era fácil lidiar con la pena provocada por su encuentro con Irie-kun. Se empeñaba en seguir ahí, abandonando el cofre donde la tenía guardada para perturbarla.
Sabía que se iría, así como logró vivir con el desamor hace años, pero de momento la estaba marchitando y no tenía idea hasta cuando estaría satisfecha con el estado en que la convertía.
Una parte de ella deseaba no haberse enterado de la verdad, o haber confirmado que él no la quería, en lugar de lo que ocurrió. Estaría mejor y más tranquila ahora.
Frotó sus ojos y su estómago gruñó.
—Sería más grosero de mi parte comentar lo que pasa directamente, así que te invito algo de la cafetería, Kotoko-san.
Se sobresaltó al oír a Nishigaki, sonrojándose cuando entendió su implicación.
—No es necesario —le dijo al médico a su derecha.
—Entonces acompáñame en la mesa, allá me dirijo.
Su estómago aceptó por ella, le apetecía algo diferente a la máquina. Por consiguiente, avisó dónde estaría y ambos bajaron a la planta principal del hospital, conversando sobre nada en particular. Con el tiempo había descubierto que el médico era una persona con quien platicar fácilmente, siempre tenía temas que abordar y estaba dispuesto a escuchar cosas tontas, como los risibles sucesos de historias románticas que a ella le gustaban.
—Platícame más para que adivine el próximo capítulo.
—La autora siempre sorprende con algo inesperado, no creo que aciertes. —Soltó una risa baja. —Cuando estoy segura que los protagonistas tendrán un avance, ocurre un obstáculo, o lo hacen en un momento que nadie pensaría favorable para ambos. En el último volumen ella besó a su vecino, de quien estuvo enamorada por años, para ayudarlo a librarse de un acosador; el protagonista vio cómo fue que ella tomó la iniciativa, y cuando pretendía sacarla de su vida, apareció su hermana presentándole al vecino como el hombre con el que repentinamente va a casarse tras una semana de conocerse, pero al día siguiente su otro hermano demostró interés por la protagonista, que ha decidido pasar página porque sintió que el chico principal no la quería. Sus apellidos son diferentes, así que no sabe de su parentezco.
—Oh, rayos, son muchos enredos.
—Sí, él quiere mucho a sus hermanos y no querrá romperle el corazón a ninguno, tampoco a la protagonista.
Un enfermero se paró ante ellos. —Nishigaki-sensei, ¿puedo molestarle un minuto?
—Claro. ¿Por qué no apartas un lugar para nosotros? —le pidió el pelinegro a ella, que asintió y se adelantó a la cafetería.
Al llegar a la esquina, una figura alta se cruzó en su camino y brincó hacia atrás para no chocarse.
Sintió que perdía el paso.
Unas manos varoniles se posaron en sus hombros y su espalda cayó sobre un pecho firme.
—Te tengo, Kotoko-san.
Alzando la cabeza, vio ojiabierta que Irie-kun tenía los brazos extendidos para atraparla, aunque fue Nishigaki, detrás de ella, quien consiguió hacerlo.
Le sorprendió que él tuviera intenciones de detener su caída; con la excepción de esa vez en el hielo, Irie-kun no se ofrecía para auxiliarla.
—Gracias, Nishigaki-sensei. —Girando la cabeza, le sonrió al médico, que le permitió incorporarse con un asentimiento.
—Siempre es un placer ayudar a una bella dama en apuros. Y le gané a Irie-sensei.
Frente a ella, notó que el aludido había devuelto los brazos a sus costados y fruncido el ceño, rezumando frialdad y malestar, el último asociado a unas bolsas considerables bajo sus ojos.
¿Estaría enfermo, por lo que sus reflejos eran más lentos?
—¿Te encuentras bien, Irie-sensei? —preguntó Nishigaki y pensó que su tono alegre de muchas veces no era tan apropiado para el asunto. —Creo que luces distinto.
Irie-kun agitó su cabeza y los rodeó. Ella se giró y alcanzó a ver que empuñaba sus manos al alejarse.
—¿Se habrá enojado por mi comentario? —cuestionó Nishigaki por arriba de ella, en forma de susurro.
Como si lo hubiera oído, Irie-kun miró sobre su hombro, crispándose al instante. Los observó unos segundos con los ojos entornados y retomó su partida.
—Bueno, si Irie-sensei quiere decir algo, sabe dónde encontrarnos. Vamos, me muero de hambre.
Hizo un mohín y asintió. No podía esperar que él se sintiera cómodo hablando de su molestia con ella, ni siquiera eran amigos.
{…}
Kotoko celebró que las historias que había llenado en su turno no presentaran errores por su somnolencia. Acababa de terminar su revisión y había hecho un trabajo decente. Suspirando, se levantó para colocarlas en sus respectivos lugares, donde los médicos las podrían coger.
La tarea le tomó unos veinte minutos, pues algunas debían ser llevadas a las habitaciones, pero con eso listo no le restó nada a su labor del día, por lo que podía irse. Algo que ansiaba, aunque le encantaba su trabajo; el descanso era necesario.
—¿Has acabado por hoy? —preguntó Moto-chan coincidiendo con ella en el pasillo que daba a las escaleras que usaría. Había visto mucha gente esperando por el ascensor y no quería cruzar todo el piso para tomar el de empleados.
—Sí, y estoy agotada.
—Te vendrá bien tu día libre de mañana.
Inspiró. —No he dormido adecuadamente desde la semana pasada —admitió por fin, después de eludir el tema en el mismo tiempo.
Su amiga le puso una mano en el hombro.
—Eso me parecía, pero quería respetar tu deseo de no hablar al respecto.
—Hay más. Ayer me encontré con la ex prometida de Irie-kun, que es feliz ahora y estaba agradecida porque él me prefirió y… recordé ese momento. No sobrevivió a las dudas e inseguridad de sus sentimientos por mí. Me impidió dormir anoche. Estoy conforme con mi vida ahora… pero… no puedo evitar pensar que pude tener ambas cosas, mi carrera y él. Solo… solo necesito encontrar la paz con eso —confesó bajando la mirada.
Moto-chan le abrazó. —Es de humanos caer en los hubiera —susurró—, no te sientas culpable por pensar así. Cuando menos te des cuenta, estarás lista para pasar esa página, eres muy fuerte y lo demuestras todos los días. No pongas energías en negarte tus sentimientos, déjalos ser, o se llevarán a la gran Kotoko que eres.
Apretó sus brazos alrededor del torso de su amiga, agradecida.
—Siempre que necesites hablar, puedes contar conmigo. Era equipo Irie, pero ahora soy del tuyo.
Rió.
—No importa si sigue gustándote —dijo al apartarse.
Moto-chan exhaló con una mano sobre el pecho. —Qué alivio, es como admirar a un famoso, ya sabes que es difícil ser ajena, aunque sepas que nunca tendrás una oportunidad. Solo es su físico y su inteligencia, tiene pésimo carácter; a ti te prefiero por toda tú, me caes mejor.
Se cubrió la boca mientras reía.
—Hay algo en lo que puedo superarlo.
—Me gustan los tsunderes, pero él definitivamente no es uno.
—No va con él.
—¡Lo sé! Potencial desperdiciado.
—Irie-kun se enojará si dices que es un desperdicio.
Moto-chan soltó una carcajada estrepitosa y alzó sus cejas repetidamente con los ojos muy abiertos.
—Ay, qué cosas dices, yo nunca diría eso de él. Sí, necesitas dormir, la falta de sueño te hace oír cosas que no son.
—¿Eh? Pero…
—Nos vemos pasado mañana, descansa.
Antes de irse su amiga señaló con sus ojos hacia arriba y Kotoko se giró para ver que en el barandal del piso superior se encontraba el objeto de su conversación, mirándole con los ojos entre rendijas.
¿Cuánto habría escuchado?
Ella bajó la cabeza y comenzó su descenso por las escaleras, soltando un suspiro de alivio cuando no oyó que la siguiera. No estaba preparada para un reclamo suyo. Aparte contaba los minutos que la alejaban de su preciado descanso.
De hecho, el cuerpo le ordenaba recostarse en la próxima superficie blanda en su camino, poniendo sus miembros pesados y cerrando sus ojos cada poco tiempo.
Bostezó y le pareció que las escaleras se movían. Quizá debía regresar y echar una pequeña siesta arriba; caería dormida a mitad de la calle.
Se dio la vuelta en el escalón y sintió que sus pies se enredaban.
—¡Cuidado!
Sus brazos fueron muy lentos para coger dónde sujetarse. El corazón le latió con fuerza al perder el equilibrio y comenzar a caer.
Gimió al sentir una punzada en el cuello.
—¡Kotoko! —Escuchó mientras dolorosamente rodaba por los peldaños de la escalera, sintiendo golpes en su espalda, pecho, brazos y piernas, hasta que dejó de hacerlo.
¿Irie-kun?, fue lo último que pensó antes de que el mundo se volviera negro.
NA: Vaya, vaya.
Por un segundo quise hacerles pensar que Sahoko venía a interponerse ja,ja, y casi coloqué que quisiera ponerle Kotomi a su bebé. Demasiada maldad de mi parte. Ahora, ¿quién se esperaba a esa muchacha?
¿O la caída?
Nishigaki tortura a Naoki y la otra ni se entera, qué novedad.
¡Hasta la próxima!
Besos, Karo.
Samy: Ja,ja, el 20 no tardó en llegar, pero quedó en cliffhanger XD. La pobre Kotoko volvió a caer de las escaleras como otras veces, mientras las amigas no crean que él la empujó, Irie estará bien. Gracias por tus reviews y la espera, ojalá que tengas una gran semana.
Charlie: ¡Gracias a ti! Me encanta que te gusten mis historias y te emociones las actualizaciones, más si sufre Irie, esa es la energía que necesitamos. El punto de vista de Irie se viene en el siguiente, aunque hay más para alterarlo al ser testigo de ese accidente ja,ja,ja.
