MOMENTAZOS

{-}

La noche transcurrió tranquila para los tres por lo tanto, Hans y Elsa se dejaron de pelear.

Al día siguiente, una visita para Hansel se suscito, aunque tenía unos cuantos planes, el mismo y aparente cobrizo tuvo que cancelarlos.

Un hombre de 65 años apareció.

Cuándo fue encontrado ya hacía durmiendo en la puerta de salida; estaba acostado cerca y roncando.

Cuando la versión más joven del aparente pelirrojo abrió la puerta para recoger el periódico como era costumbre y lo vio al viejo, se sorprendió entonces sin dudarlo lo llamó a su yo más envejecido para que atendiera el asunto.

Hansel a ver al viejo intuyo que éste estaba acostado desde el anochecer entonces se acercó hasta él.

Y sin dudarlo le dio una fuerte patada en el talón, lo cual lo termino despertando – Eh, levántate viejo…– incomodándolo, el viejo abrió de manera sorpresiva los ojos y se despertó muy confundido – Aah, ehh, oh ¿Qué día es hoy?–.

Con esa confusión inesperada y esa pregunta, Hansel le contesta algo enojado – El día exacto para que me expliques, ¿Quién te envío y como me encontraste?– ante esto último, lo cuestiona, mientras lo mira como se levanta del suelo el viejo.

Una vez de pie, el viejo sin dudarlo, lo procede a abrazar directamente – Hanselsito... Que alegría me da volver a verte– recibiendo el abrazo, Hansel no le corresponde la muestra de afecto y le niega con la cabeza – A mi no–.

Tratando de evitar tocarlo mira a la joven pareja con algo de incomodidad y luego lo empuja del abrazo al viejo; separándolo.

– Vamos, por favor. Creí que te gustaría volver a verme– dice al percatarse de que el aparente cobrizo lo empuja, ante eso Hansel le responde de mala gana – Está bien, volver a verte es solo un tormento. Void, el fue quien te envío, ¿Verdad?– preguntándole el porque de su presencia, el viejo le responde con algo de pena fingida – No seas así Hansel–.

Viendo este último al viejo un poco más de cerca y percatándose de que el viejo le pega como un camarada en el pecho, el aparente pelirrojo le contesta muy molesto – No soy así, pero respóndeme– negándose a contestarle, Hansel niega con lentitud y luego sonríe de manera maligna, siendo en ese momento en que le dice – ¿Sabes? Olaf–.

Y en efecto, el viejo dormilón, no es más ni menos que una versión alternativa del muñeco de nieve.

Mientras en la realidad dónde están, Olaf es un niño adolescente, el nuevo Olaf con el que se topa Hansel no es más que nada un viejo borracho y sin vergüenza; vestido con una camisa blanca, un pantalón de mezclilla blanco, un gorrito navideño blanco, un collar de zanahoria y caracterizándose por una cara arrugada con un bigote y una barba casi amarillentas producto del alcohol. Este nuevo Olaf es lo que ninguna versión de Elsa o Anna quisieran ver.

Venido de una realidad alterna dónde fue hecho a partir de barro y nieve, es ilegítimo decir lo que hizo en su propia realidad está versión de Olaf.

Continuando con su sonrisa de maldad, Hansel, le dice con burla – Vienes a ver el claro ejemplo de la sociedad de Oslo– procediendo en ese instante a señalar a la pareja de Hans y Elsa.

Sin muchas cosas que agregar, Olaf agita su cabeza, contestándole con esa misma particularidad – Si, si, por lo que veo, Rojito– agrega mientras se aleja del aparente pelirrojo y le informa – Bueno, Void me envió para vigilarte–.

Hansel sin mostrar ya algo de disconformidad le dice – No necesito que me vigilen– niega en ese momento en que saca un cigarrillo y un cerrillo y lo enciende este último con la suela de su zapato.

Mientras fuma, se encamina dentro de la casa, siendo seguido por Olaf quién le insiste – Oh vamos, te conozco mejor que nadie, Rojo– negándose solemnemente; el aparente cobrizo niega con lentitud.

Mientras es seguido al interior, escucha al viejo Olaf informarle una noticia – Las monitoras están locas, desde que murió la principal–.

Sabiendo a quien se refiere le responde con simplicidad – "Ella"...–.

Con una ceja arqueada, Olaf afirma verazmente – Si, ¿No te enteraste?– ante esa cuestión, Hansel le dice con una negatividad confundida – No, no lo hice, estaba tan ocupado en otras cosas que no me di cuenta– mientras se dirige a preparar algo de café y desayuno para los chicos, Olaf se acerca a la mesa de la cocina y procede a sentarse cómodamente mientras le reitera con algo de seriedad – Vendrán los chicos, a verte pronto–.

Conociendo a sus camaradas, Hansel le responde mientras prepara el chocolate caliente para la joven blonda – Los quiero lejos– agrega una vez que termina de preparar el chocolate y una vez que se lo entrega a la rubia mientras está se encuentra con algo de timidez en su semblante – Por cierto, no me dijiste de que murió–.

Con una risita, Olaf le responde sin pena ni gloria – Hizo Void estallar su cerebro contra la pared… Le disparo en la cabeza–.

Resultándole divertido lo relatado, Hansel sabe que hay una crisis que fragua a los monitores, incluso cuando atacó las realidades que años atrás habían creado.

– Mmm, interesante– es lo que dice, mientras está convencido del relato del viejo – Y pensar que siempre se han visto muy interesantes– comenta consecutivamente después de lo anterior.

Una vez que termina el desayuno, después de haberlo preparado se sienta aún lado de Olaf y le pregunta – Entonces, ¿viniste a…?– sin querer terminar la pregunta y esperando alguna frase de Olaf, este último le responde con una sonrisa coqueta – Pasar contigo, abrazarte, besarte y admirarte, Hanselsito–.

Negando todo lo dicho por el viejo, el aparente cobrizo le comenta – Viejo, no soy un buen hombre para que me admires. Soy un asesino, un violador y un ladrón de poca monta– sonríe de la dignidad que lo enorgullece y lo caracteriza poco.

– No, no lo eres– le contesta el viejo Olaf.

En ese momento, Hansel sisea y le aclara – Claro que si, Olaf–.

Después de una pequeña pausa, Olaf interviene diciéndole – Bueno, también te vengo a ver porque…– con un rostro que aparenta dolor, le responde con pena – Lumbago, es una muerte dolorosa y lenta–.

No creyendo en sus palabras, Hansel ríe muy conmocionado por lo dicho por el viejo – Vamos, ¿Es una excusa tuya, verdad?– ante la interrogante muy marcada de parte del aparente pelirrojo, Olaf se excusa de forma penosa, sin denotar vergüenza en su semblante – Claro que no, soy un vejete, solo que necesito tu ayuda–.

Negándose rotundamente, Hansel llega a decir con una sonrisa algo disconforme – Si claro–.

En ese instante en que platican ambos, se escucha el timbre de la residencia.

Afuera de la casa, 5 chicas jóvenes de la edad de Elsa esperan a esta última para que salga y las acompañe al mercado.

Hansel al escuchar el timbre, se dirige a atender el asunto, siendo seguido sin detenimientos por el viejo dormilón de Olaf.

Al abrir la puerta y verlas a las 5 chicas jóvenes ahí afuera, todas lo saludan, iniciando con Belle quién dice mientras saluda – Buen día señor, ¿Se encuentra Elsa de casualidad?–.

Algo confundido por la repentina aparición de las chicas, Hansel la cuestiona a la joven – ¿De parte de?–.

Ante la incomodidad que tiene él y que provoca en las chicas, la pequeña Anna es quien en consecuencia le contesta a Hansel, mientras está algo temblorosa – De parte nuestra, se-señor–.

Hans mientras está ahí y al salir de la casa se percata de la presencia de las chicas, al hacerlo dice con mofa – Pero si son las amigas de Elsa– ya casi burlándose, Hansel le procede a advertir de que no intente nada – ¿Miren quién habla? El infeliz que no se comporta–.

Sin miramientos, Hansel vuelve a mirar a las chicas, siendo estás quienes le dicen a que vienen – Venimos a verla– pensando que solo son unas fiesteras, llega a escuchar a la joven Aurora decirle – La invitamos a salir y…– sin lograr terminar la joven, Hansel la interrumpe contestándole de manera negativa – Espera un momento, Elsa no tiene permiso de nada–.

Siendo firme con la joven blonda, Hansel se percata de la evidente timidez de las chicas, por un lado cuando estás jóvenes están en contacto con Hans, ellas mandan pero delante de Hansel se sienten débiles e intimidadas – Señor, es que…– logra decir Jasmine mientras se siente mal, al lado de sus amigas.

Por un momento y dándose codazos entre ellas, Hansel niega muy seriamente y poniendo en evidencia la incompetitividad de las chicas sobre la mesa, siendo en ese acalorado momento en que Olaf le comenta – Es una buena oportunidad para comprar algo de comida y provisiones, bien niñas, ya que van a salir, indíquenos–.

Ante lo dicho camina hasta el Jeep cercano y consecuentemente es seguido el viejo por las chicas mientras esperan a Hansel.

Este último gruñe, maldiciendo a la joven blonda – Está pequeña puta– percatándose del enfado y desde la posición del Jeep, Olaf le grita – Tranquilo, Rojo–.

No quedándole otra, les informa con algo de paciencia – Bueno, espérenme aquí, ahora vuelvo enseguida–.

Regresa a la casa y se dirige a la habitación de Elsa, la cual está cerrada con llave para evitar que entre tanto Hansel como Hans.

– Elsa…– procede a llamarla mientras trata de abrir la puerta.

Elsa mientras chatea con su novio, Jack, le logra decir – Si, será un tormento vivir con el y… Oh no creo que ahí viene– ante esto último, logra escuchar el forcejeo de la puerta de parte de Hansel quien le insiste a Elsa que abra la puerta.

Negándose a abrir la puerta, escucha a Hansel decirle – Elsa, vamos a salir, sal…– insistiendo y no sabiendo que hacer, observa como la puerta es empujada con fuerza – Abre la puerta–.

Tratando de evitar que entre, se excusa diciéndole – ¡Estoy enferma, puede dejarme sola!– ante esa cuestión, Hansel interroga de manera sospechosa – ¿Enferma?– dándose cuenta en ese instante de la intención de no querer salir, Hansel le grita desde atrás de la puerta cerrada – ¡Maldita!–.

Sin pensarlo, el aparente cobrizo entra a la habitación pateando la puerta y llegando hasta donde esta Elsa.

Al estar cerca de ella, le arrebata su teléfono, provocando que ella lo cuestioné por lo que hará – Oiga, ¿Qué rayos hace?– sin importarle lo mucho que la llegue a lastimar, Hansel arroja el teléfono celular contra la pared, destruyéndole el preciado objeto a la pobre chica.

– ¡No!– grita asustada al ver el cometido de parte del aparente pelirrojo, en eso se enfada tanto mientras se cae de rodillas en el suelo y mientras le grita furiosa – ¡Hijo de perra!–.

Sin más que pueda hacer, Elsa trata de reparar su teléfono, pero siendo en vano ese intento – ¡No, mi teléfono!–.

Hansel mirándola fijamente, niega mientras la levanta y ella se resiste a que el la toque – ¡No!– agrega mientras patalea en la espalda del musculoso hombre, el cual la levanta mientras la saca de la habitación – ¡Es un monstruo! ¡Lo odio!–.

Sin rodeos sale Hansel de la casa mientras carga a Elsa y siendo expectantes las amigas de Elsa, las cuales la ven muy triste a la pobre chica.

– ¡Púdrase y déjeme en paz!– grita con lágrimas en sus ojos.

Una vez que llega al Jeep y la deja cerca de la puerta, sin darse cuenta, Elsa trata de escaparse, pero al darse cuenta posteriormente de que intenta irse – Con que esas tenemos– corre detrás de ella y la logra derribar al suelo.

Mientras la carga, le dice – Ven para acá–.

Viéndose obligada a que el hombre la trate así, ella le grita con lágrimas en sus ojos – ¡No suélteme!–.

Mientras nuevamente la lleva cargando en su espalda; la trata de consolar, diciéndole con algo de pena – Ya, tranquila niña–.

– Púdrase– le responde mientras no deja de sollozarse y lamentarse por lo que le hizo.

Desde la posición de Olaf, este comenta una vez que Hansel se acerca al Jeep – Uy, que modales–

– Cállate, viejo– le dice muy molesto y mientras baja de su espalda a Elsa, la cual corre hasta sus amigas, las cuales la consuelan sin más no poder y viéndose imponentes en decirle algo al aparente cobrizo – Tranquila, Elsie. Todo estará bien–.

El aparente cobrizo al ver que las chicas están listas ya, e incluso el viejo está listo, procede el mismo Hansel a preguntar por el paradero de Hans – ¿Y Hans?–.

Negado tanto las chicas como el viejo, responden al unísono la interrogante – No sé–.

Viendo que se escabullo Hans después de que intentaba pasarse de la raya con las chicas, Hansel niega y grita – ¡Hans! ¡Pedazo de cabrón!–.

En eso, comienza a buscarlo por toda la casa, sin lograr encontrar al pelirrojo.

Ante la tardanza, Olaf le insiste en que ya no le de importancia a Hans – Ya déjalo– negándose rotundamente, Hansel le responde con mucha ira y preocupación – No, ese pendejo está bajo mi cuidado–.

Ante lo que escucho, niega el viejo dormilón y le dice en tono de broma – Sí, claro–.

Llamándolo continuamente por los alrededores de la casa – Hans…– este último aparece de la nada mientras se sube la cremallera de su pantalón – Hola, vejete…– con un semblante arribista y cínico, Hansel niega furioso y sin pensarlo lo noquea mientras le grita – ¡Infeliz!–.

Habiéndolo ya noqueado, Hansel procede a cargar a Hans para luego llevarlo hasta el Jeep.

Mientras se encamina con Hans en su lomo, se da cuenta de que el pelirrojo lo intentaba engañar, pero no logrando su cometido.

– Bien, estamos todos, hora de Irse– exclama ya preparando para el viaje el viejo dormilón y mientras Hansel entra al vehículo y mientras subsecuentemente entran al vehículo las chicas con una Elsa que no para de llorar y un Hans dormido por el golpe.

{-}

Mientras conduce en dirección al mercado de la ciudad, Hansel se muestra impaciente, por lo tanto procede a preguntar – Y bien, ¿Qué vamos a comprar en el mercado?–.

Con esa picardía que lo hace un tipo agradable, el viejo dormilón le responde, diciéndole – Oh, Rojo, espera y verás…– en eso, Hansel procede a interrogar a las chicas las cuales la continúan consolando a la inocente blonda – ¿Qué van a comprar ustedes, niñas?– con algo de pena y miedo le responden al aparente pelirrojo – Helado y algunos yogurts…–.

Con eso último contestado, Olaf se relame los labios y dice mientras se acaricia su estómago en señal de tener hambre – Mmm... Que delicia, ¿no crees, Rojo?– ante la interrogante, Hansel le responde con algo de pereza – Ajá, sí claro–.

Continuando con el largo camino, Hansel durante un momento le procede a decir al viejo dormilón, algo que no comprende – Olaf, no me respondiste a que viniste, del todo muy bien– el mencionado ante la falta de comprensión de parte del aparente cobrizo, le informa con mofa – Como dije. Void me pidió que te vigilará, tras las últimas cosas que hiciste–.

No recordando a que se refiere, lo cuestiona – ¿Cuáles cosas?– en eso, Olaf le dice – ¿No las recuerdas?– comenzando a partir de ese momento a enumerarle las cuántas cosas que hizo cuando era un hombre muy malo – Golpear, violar, matar, compararte con otros, etcétera–.

Negando su pasado, Hansel aprieta su rostro algo incomodado y molesto – No, no, no, no, no me lo recuerdes–.

Al mirar como se cae de la vergüenza, Olaf se termina riendo y luego le comenta – Je je, tienes una vida traumática, Hansel, ¿No es así?– el aludido responde mientras se suaviza su semblante – Puede ser…–.

Consecutivamente después de eso, Olaf le informa – Te iba a decir que Void dentro de unos meses se reunirá contigo y obvio, conmigo– no pensando a que se refiere mucho, le pregunta con delicadeza – ¿Para?– limitándose Olaf solo a decirle – Oh, bueno, todo fluye y lo persigue el destino, el cual quiere algo de privacidad– finaliza con una sonrisa coqueta mientras Hansel asienta y dice – Ok–.

{-}

Una vez que llegan al mercado, Hansel declara – Ya llegamos–.

Cuando estaciona el vehículo en el lugar indicado se gira en posición para ver a las chicas, en eso les indica – Hans, Elsa, chicas, vayan a ver qué encuentran, tal vez me animé a comprar algo– negando un poco, sale él primero del vehículo.

– Sí, señor…– responden las chicas mientras ayudan a Elsa y a Hans a salir del vehículo y mientras se adelantan hasta el mercado.

Mientras Hansel se encamina con pasos lentos hasta el lugar, acompañado por el viejo, el cual, Hansel lo interroga con – ¿Qué vas a comprar, Olaf?– este último le dice con algo de seriedad – Una botella de Bourbon Kentucky–.

Sabiendo el aparente pelirrojo a que se refiere, murmulla un poco – ¿Whisky?–.

Olaf le responde con picardía y luego le pregunta – Algo así, y tú mi amigo, ¿Qué comprarás?–.

Ante la pregunta de Olaf, el aparente cobrizo solo se limita a decirle con pereza – No tengo dinero, vendré después a comprar algo. Te espero allá afuera– en eso se encamina a la salida del mercado y se sienta en una silla afuera del establecimiento, para esperar a su colega.

Al instante sale Olaf con la preciada botella de alcohol, lo cual hace que Hansel exclame asombrado por su rapidez – No te tardaste mucho, viejo– este último responde, diciéndole – Fue rápido ese amigo–.

Mientras toma asiento, a lado del aparente pelirrojo, Olaf le ofrece algo de su bebida – ¿Quieres un poco?– sin negarse, Hansel acepta, tomando la bebida y dándole sorbos al preciado líquido – Bueno…–.

Después de unos minutos de quedarse dormido, es despertado por las chicas, quienes lo mueven con algo de miedo – ¡Señor!–.

Al despertar, exclama muy alterado – Eh, ¿Qué…?– sin siquiera preguntarle más cosas, van directo al grano, dándole una mala noticia al hombre – Hans y Elsa están peleando, hicieron un desastre en la heladería–.

Ante la noticia, el aparente pelirrojo se alarma mucho y mientras mira a todos muy atónito, en eso, Olaf se ríe de lo que hacen esos chicos, comentando – Vaya par de niños–.

Sin pensarlo, Hansel se levanta del asiento y se dirige hasta donde están los dos chicos.

No sin antes decir – Discúlpame, Olaf. Vuelvo enseguida–

Al llegar hasta donde están las heladerías del mercado, logra percibir la pelea de los dos chicos.

Ambos llenos y empapados de helados y yogurts.

Estando ahí presente, escucha a Elsa decirle a Hans mientras lo empuja – ¡Maldito soquete!– en eso, el pelirrojo le contesta con rabia mientras le corresponde con el mismo empuje – ¡Pequeña sabandija, ahora verás!–.

Estando cerca de la chica, Hans la toma del rostro e intenta golpearla mientras ella intenta quitarse la mano del pelirrojo encima.

Al ver el cometido del pelirrojo, interviene gritándole – ¡Hans, infeliz!– acercándose peligrosamente hasta ambos, procede a amenazarlo al pelirrojo sin ningún remordimiento – ¡Suelta a Elsa o vas a lamentarte mucho, una vez que te golpeé!–.

Hans al ver el peligroso semblante de su yo; empieza a intentar excusarse, informándole – Ella empezó…– no creyéndole, Hansel le dice – Irónico que siempre la culpes a ella–.

Continúa en esos instantes insistiéndole a Hans que la suelte del rostro – Suéltala– negándose, escucha la voz prepotente de Elsa – Ya lo oíste, idiota–.

No soportándola intenta golpearla, gritándole con rabia – ¡Maldita perra!–.

Al no obedecer a Hansel, el mismo Hans recibe un poderoso puñetazo de parte del aparente cobrizo, el cual le vocifera – ¡Eh infeliz, no me escuchaste, es suficiente!–.

Después de haberlo noqueado, la joven blonda resopla muy conmovida – Fiu...– pero en eso el aparente pelirrojo le advierte mientras la señala – Ni se te ocurra agradecer–.

Viendo su evidente irá, Elsa se termina rebajando y limitando a decir – Si, señor–.

Percatándose del desastre hecho en el mercado, con yogurts y helados regados en el suelo, Hansel le reprocha a la pobre chica lo que hizo y lo que provocó – Mira nomás el desastre que hicieron– tratando de explicarle, siente su debilidad delante del hombre – Disculpé es que…– no termina ya que el aparente pelirrojo la interrumpe, diciéndole – Deja tus putas excusas aún lado y rápido, ve con el supervisor de este mercado para que te entregué un trapeador–.

Caminando lentamente ante la orden, Elsa responde con timidez – Si, señor–.

Sintiendo que es una lenta, el aparente pelirrojo le grita para que se movilice – ¡Pero ya, Elsa!–.

Ante el grito, Elsa corre en busca del supervisor del mercado para que le entregué una trapeador y comience a limpiar el desastre que ella causo junto al inconsciente pelirrojo, el cual está desmayado producto del golpe de parte de su contraparte más salvaje.

Hansel al ver a las amigas de Elsa como unas espectadoras, les pregunta con mucho enfado – ¿Ustedes que miran?– no sabiendo que responderle, les ordena que la ayuden a la blonda – Vayan y ayúdenla–.

Mientras sale del establecimiento nuevamente, le indica en el camino corto a Olaf – Viejo, paga los helados, y todo lo que se tenga que comprar– el mencionado asiente algo conforme y le contesta con algo de pena – Si, Rojo–.

Mientras está afuera, le informa Hansel a Olaf – Los voy a esperar en el auto–.

Estando cerca del auto, agrega en ese instante – Viejo, otra cosa. Dile a las chicas que no tarden, ok–.

Nuevamente, Olaf vuelve a afirmar con la cabeza mientras se adentra al establecimiento a pagar los daños y a pagar los productos comprados, quedándole claro que es posible que no vuelvan dentro de poco.

Después de una hora, todos regresan al vehículo, ahí el aparente cobrizo les pregunta – ¿Ya tienen todo listo?– las chicas afirman mientras contestan en conjunto – Sí, señor…–.

Quedándole que ya está todo ordenado, declara mientras enciende el motor del vehículo y mientras avanzan poco a poco – Bien, vamos–.

Poco tiempo después, Hansel fue y dejo a las amigas de Elsa a la casa de Anna, aunque claramente no le daría permiso a Elsa de que fuera con sus amigas, si que le daría la orden de que una vez que llegará a casa se diera una ducha para limpiar el desastre que hizo junto con Hans, con los helados del establecimiento.

Al llegar nuevamente a casa y después de estacionar el vehículo, les indico con autoritarismo – Hans, Elsa, vayan a darse una ducha. Ahorita los alcanzo–.

Dentro del auto y al ver que los chicos salían del vehículo a su modo, le procedió a decir a Olaf – No sé que pensar, viejo–.

Con esa pintoresca personalidad que tiene, el mencionado le respondió con – Uh, Rojo, esto que vives es vida, la verdad me gusta– ante lo dicho, Hansel recargo su cabeza en el volante y le informo – No Olaf, yo me refería a que estamos hasta la madre– agrega algo desconcertado – Que venga aquí Void, será… Confuso–.

Conociendo sus palabras, Olaf asiente levemente y le responde mientras le coloca la mano en el hombro – Ya lo veo, Rojo. Verás, Void y los nuestros huyen muy despavoridos– añade mientras va saliendo del auto – Hay que organizarse–.

Posteriormente y después de que sale del vehículo, el viejo, Hansel sale también del vehículo y le comenta con relajación – Bueno, por el momento solo estamos, nosotros, viejo–.

– Si, claro que sí– afirma de manera veraz Olaf y mientras ambos se encaminan a la casa donde les espera una larga jornada de cuidados a los hijos de la adinerada familia de banqueros.

Mientras caminan lentamente, Hansel finaliza con – Vamos, tengo un plan… Pero necesitamos dinero–.

Terminando así este capítulo.

{-}

Cambios Beta:

Hola de nuevo, está vez les traigo un nuevo capítulo de esta historia.

Para esta parte, nuevamente me inspire en dos cosas un capítulo de un fanfic y una misión del Red Dead Redemption 2.

También hay referencias a mi primera versión de esta historia, la cual es demasiado antigua para enfatizar como fue.

La particularidad de este capítulo es que introduje una versión de Olaf que imaginé y que le platique a una amiga. Dicha versión de Olaf se caracteriza por estar fuertemente influenciada en el viejo borracho de Uncle, del primer y segundo Red Dead Redemption.

Uncle es tan divertido como Olaf, en este caso Uncle es como el Olaf de Rockstar games para Red Dead Redemption por ello, me sorprende pensar que muchas autoras nunca hayan imaginado un Olaf con el aspecto de un viejo como Uncle o Norte del origen de los guardianes. Mayormente Olaf es descrito e imaginado por muchas autoras como un niño, un niño adolescente, un adolescente, un joven adulto, un bebé, una mascota o como lo que realmente es: un muñeco de nieve viviente.

En este caso, este Olaf servirá como sirve el viejo Uncle, para decir: LUMBAGO.

Bueno, ya dentro de poco, empezarán a salir los capítulos de Tácticas Destructivas, empezando el descontinuado avance que ya había dejado; nuevamente me he reestructurado y también he reestructurado las líneas de diálogo para los futuros capítulos, las cuales ya están completadas, aunque no prometo cuando y que día, simplemente los subiré cuando se puedan.

Sin más, me despido. Review si deseas